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LA AMENAZA DE BOLSONARO. EDITORIAL DE LA JORNADA

La Jornada
Se ha señalado en días recientes que el gobierno que en breve encabezará en Brasil el ultraderechista Jair Bolsonaro plantea graves amenazas para la democracia, la economía y la sociedad brasileñas. Los propósitos autoritarios, el fundamentalismo neoliberal y las expresiones misóginas, homofóbicas y racistas del presidente electo hacen temer severas regresiones del mayor país de Latinoamérica. Por añadidura, en los medios brasileños cunde la justificada preocupación por los recientes amagos de intolerancia y favoritismo del ex capitán, quien en días pasados anunció su propósito de excluir del reparto de los fondos de publicidad oficial –500 milones de dólares– a las instancias de información que lo han criticado, como el diario Folha de Sao Paulo, al que prometió acabar, en lo que constituye un amago dictatorial e inadmisible. A ello se suman las cerca de 75 amenazas que partidarios de Bolsonaro han formulado en contra de informadores y que derivaron en violencia física.

Así pues, a sus elogios de la represión y la exclusión, el próximo mandatario brasileño ha sumado el elogio de la censura, y es imposible desvincular semejante ofensiva en contra de medios y comunicadores –que hace palidecer los virulentos ataques de Donald Trump a periodistas, diarios y cadenas de televisión estadunidenses–, de una arremetida en contra de la democracia, la civilidad y la convivencia, de por sí difíciles en el polarizado contexto político y social del Brasil contemporáneo. Es claro que varios de los designios gubernamentales de Bolsonaro son de imposible o muy difícil materialización en presencia de una información diversa y crítica y que para su cumplimiento requieren del silencio de las dictaduras. Por ello, la situación comentada debiera ser tomada como un mensaje de alerta por el conjunto de la sociedad brasileña, la cual padeció en el pasado los horrores de un régimen totalitario.

Por lo demás, el peligro de Bolsonaro no se restringe al territorio brasileño, sino que se extiende a la proyección internacional del próximo gobierno. En una entrevista publicada el viernes de la semana pasada por el Correio Braziliense, el político glicerense manifestó su determinación de romper las relaciones diplomáticas entre su país y Cuba –porque, según dijo, no tiene sentido mantenerlas–, una medida que ningún gobierno latinoamericano, por derechista que haya sido, se ha atrevido a tomar desde el fin del ciclo de dictaduras militares que asolaron a la región. Por su parte, el general retirado Hamilton Mourao, vicepresidente electo de Brasil, amenazó con intensificar la presión diplomática hacia Venezuela con el propósito de deponer al régimen chavista, en lo que constituye una actitud injerencista que violenta la legalidad internacional e introduce tensiones adicionales en un entorno sudamericano que hasta hace dos años avanzaba hacia la armonía, la cooperación y la integración bajo gobiernos de signo progresista y que hoy está dominado por las derechas regresivas.

Como signo de estos tiempos, el mandatario chileno, el derechista Sebastián Piñera, acaso envalentonado por la reciente victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, abandonó la mesura verbal que lo había caracterizado y arremetió en contra de las autoridades de Cuba y Venezuela; de las ex presidentas de Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, respectivamente; de los ex mandatarios brasileño y ecuatoriano, Luiz Inácio Lula da Silva y Rafael Correa, y del actual jefe de Estado boliviano, Evo Morales.

En suma, el fenómeno de Bolsonaro no sólo amenaza con destruir la democracia brasileña sino también con convertirse en un factor tóxico y desestabilizador para toda América Latina.

Fuente: LA JORNADA

LA PESTE EN RED. JORGE ELBAUM

El rol de las nuevas aplicaciones en el irresistible ascenso de Bolsonaro.

 

JORGE ELBAUM

ELBAUM 1El rol de las redes sociales y las aplicaciones de mensajes directos (básicamente WhatsApp) en la campaña electoral de Jair Messias Bolsonaro es uno de los temas centrales de las nuevas formas de configuración política en Latinoamérica. Las noticias falsas, la propaganda, la construcción de un sentido común acrítico y la siembra de odio no son prácticas innovadoras ni en la historia política ni en la guerra. El intento de configurar sujetos pasivos y maleables ha sido estudiando desde hace siglos como sustrato de las luchas ideológicas orientadas a captar la voluntad social colectiva y dirigirla en provecho de intereses corporativos. Lo que ha cambiado es el canal de su propagación, su direccionalidad y el territorio donde se hacen más efectivas la circulación de mitos, versiones y consignas convincentes y sensibilizadoras.

La viralidad y la interactividad han suplantado la histórica verticalidad del discurso político. Estas han sustituido la característica direccionalidad descendente de los contenidos propuestos por el partido, el programa y el candidato. La campaña de Bolsonaro se sostuvo con gestualidades brutales y se apoyó en mitologías presentes en los miedos sociales acumulados, mucho más que en propuestas y proyectos. Para una gran parte de la población brasileña, sobre todo a aquella que posee menos capacidad crítica de evaluación de contenidos, la complejidad intrínseca de las políticas públicas es percibida como una entelequia enrevesada e incomprensible. Lula, un obrero metalúrgico, ha dejado su lugar a un brillante académico paulista. Bolsonaro es la retórica desnuda y brutal del cuartel. El PT endosó la simplicidad en un militar.

Los brasileños han cambiado las formas de interacción comunicacional y el acceso a la información. El celular ha pasado a ser el receptor prioritario de los intercambios noticiosos y sus habitantes acceden a novedades a partir de WhatsApp que cuenta con 120 millones de usuarios jóvenes y adultos, integrados en redes de afinidad que brindan una significativa pátina de confiabilidad sobre lo que envían y reciben. Dichos usuarios representan el 80 por ciento de todos los votantes brasileños y la campaña de Bolsonaro se efectivizó fundamentalmente por esa vía, sumada a la plataforma de cuatro redes sociales; Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Según un informe elaborado por la Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, (CELAG) la distribución entre receptores de redes sociales de Bolsonaro, Haddad y Lula muestra una clara preponderancia del primero sobre los otros dos, incluso en la sumatoria de ambos dirigentes petistas. La particularidad de estos datos es que el peso etario de los seguidores se asienta en los más jóvenes, los denominados millenials, que tienen limitada exposición a la TV, no escuchan radio de frecuencia sino de internet y que se informan únicamente a través de redes segmentadas por grupos de interés. [1]

Seguidores de Redes Sociales (en millones de usuarios)
Bolsonaro Lula Haddad
Facebook 7 5 1
Twitter 1,5 0,5 0,8
Instagram 4,5 0,5 0,5
13 6 2,3

Una gran parte de la campaña fue instrumentada por consultoras expertas en algoritmos y análisis de audiencias, capaces de detectar los miedos y rechazos emocionales más profundos que atraviesan la sociedad. Varios de esos temores fueron previamente inoculados con inusitada persistencia por los medios hegemónicos, y luego dirigidos a específicos segmentos detectados con precisión demográfica y estadística. Estos últimos terminaron constituyéndose en el activismo político central del capitán del ejército, exonerado en 1988, bajo la acusación de programar atentados con explosivos en la central de abastecimiento Adutora del Guandu, que proveía de agua potable al municipio de Río de Janeiro. El paso subsiguiente consistió en utilizar a miles de influencers de redes (previamente detectados por poseer gran cantidad de seguidores) para multiplicar geométricamente las amenazas, las mentiras y las ocasionales tergiversaciones que pudieran maximizarse en la campaña. El paso final incluyó el uso de aplicaciones robotizadas capaces de analizar la big data inicial (provista por los ensayos de recepción), y dispuestas a evaluar el éxito o fracaso de las fake-news. Con esa información, los analistas se reorientaban y reposicionaban de forma precisa y ajustada en los ejes más consentidos.  Seguir leyendo LA PESTE EN RED. JORGE ELBAUM

LE SIGUEN CERRANDO EL PASO A LULA

Distintas lecturas tras el atentado a Bolsonaro

El binomio Lula-Haddad no encuentra el visto bueno  del Tribunal Supremo Electoral, y continúan las maniobras contra el Partido de los Trabajadores.
El binomio Lula-Haddad no encuentra el visto bueno del Tribunal Supremo Electoral, y continúan las maniobras contra el Partido de los Trabajadores. 

BRASILIA, septiembre 7.— Las posibilidades de que Lula participe en las elecciones presidenciales de octubre siguen cerradas luego de que el ministro del Tribunal Supremo Federal, Celso de Mello, rechazara el alegato interpuesto por la defensa para suspender la decisión del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que votó en contra.

En el entendimiento del magistrado, no sería posible suspender la decisión del poder electoral porque el recurso presentado contra ese dictamen aún no llegó oficialmente al Supremo de Justicia.

En las declaraciones del jueves que divulgó el periódico Brasil de Fato, De Mello arguyó que era prematuro el análisis del dictamen del TSE en virtud de que «el recurso extraordinario mencionado aún no ha sufrido el necesario control previo de admisibilidad por parte de la presidencia del TSE», en alusión a la magistrada Rosa Weber.

El rotativo explicó que los abogados prefirieron no aguardar el análisis de admisibilidad del recurso para permitir que su alegato fuera al plenario del Supremo antes del 11 de septiembre, fecha límite impuesta por el TSE para que el PT presente un nuevo candidato en lugar de Lula.

Por los cálculos de la defensa, el STF no tendría cómo juzgar el recurso a tiempo, pues la Presidenta del TSE ofreció tres días para que los impugnadores y la Fiscalía General de la República se pronunciaran, antes de decidir en el poder judicial si hay discusión constitucional involucrada en el proceso, dijo el rotativo.

Mientras, el ataque que casi le cuesta la vida al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro durante un acto de campaña en Juiz de Fora, es entendido por algunos analistas como un terremoto que, sin embargo, puede impulsar su campaña proselitista al convertirlo en víctima.

Bolsonaro fue atacado con un cuchillo por un sujeto que lo hirió en el abdomen y fue llevado a la comisaría por sus propios seguidores. Según ha trascendido sufrió laceraciones en el intestino y el hígado, pero pasó la noche en calma.

Sicólogos entrevistados por Brasil de Fato manifestaron que «un tipo que predica el odio recibió una respuesta de odio», dijo la sicoanalista María Rita Kehl.

«La violencia en las calles aumenta, la violencia contra las mujeres aumenta, en fin, la “sicopatización” de la sociedad en su conjunto aumenta», dijo la especialista, quien señaló que ello ocurre en un país donde la democracia está en duda luego de la maniobra política que depuso a Dilma Rousseff, y la misma manipulación judicial que ahora le cierra el paso a Lula.

El rotativo añadió que Bolsonaro, a quien las encuestas le otorgan un 22 por ciento de preferencias, es una figura conocida por un discurso repleto de prejuicios contra mujeres, negros y pobres, además de atacar con rencor a movimientos populares como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y el Movimiento de los Trabajadores sin techo, además de los partidos identificados con la izquierda.

Su atacante dijo que la agresión era resultado de una decisión personal por estar en desacuerdo con lo que Bolsonaro preconiza.