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SOBRE LA DISCUSIÓN EN TORNO AL SOCIALISMO, ERNESTO NOVÁEZ GUERRERO

Debate en torno al socialismo

Las calles más comerciales de Shanghai | Absolut Viajes
Calle de la ciudad de Shanghai, China

ERNESTO NOVÁEZ GUERRERO

Creo que el debate en torno al socialismo, de emprenderlo, debe partir del estado de desarrollo que ha tenido la reflexión en torno al tema dentro de la tradición marxista. Sin pretender agotar acá está tradición, si quisiera apuntar algunas ideas, en diálogo fraterno con el artículo Discutiendo acerca del socialismo, publicado recientemente en este blog.

Sin dudas, una de las aspiraciones del socialismo ha de ser la de lograr el mayor nivel de vida posible, pero lograr esto no puede divorciarse del cómo lo logramos y, desde luego, siempre cabe la discusión en torno a cuál es el mejor nivel de vida posible en una sociedad determinada.

En los primeros años de la experiencia soviética se dio un estimulante debate referente a lo que debía hacer una economía atrasada como la rusa para llegar a niveles de desarrollo productivo con los cuales pudiera, verdaderamente, comenzar a construirse el comunismo. Siguiendo la idea de Marx, se planteó que si el capitalismo había tenido una etapa de acumulación originaria, el socialismo debería tener una acumulación originaria del socialismo. Independientemente de las peculiaridades que tuviera este proceso, todo proceso de acumulación originaria, se apellide de una forma u otra, implica relaciones de explotación.

Se vuelve entonces sobre el problema esencial: ¿es posible construir el socialismo en sociedades atrasadas como Rusia, China, Cuba o Vietnam?
Lenin consideraba que sí, pero solo como un primer paso para una revolución posterior de las sociedades más avanzadas, únicas capaces de garantizar un intercambio de saberes que nivelara las profundas desigualdades sociales, fruto del orden colonial.

La práctica histórica demostró que el optimismo leninista debía repensarse. No bastaba con la firme disciplina y educada voluntad de un partido de vanguardia. Las condiciones objetivas del país donde había triunfado la revolución, sumado al formidable asedio internacional, determinaron una serie de decisiones que dieron la victoria en la guerra civil, pero al costo de fracturar definitivamente la democracia interna del partido y establecer un régimen de control burocrático a todos los niveles que, a la larga, permitirían el triunfo de la reacción pequeño burguesa y gran rusa, de la cual Stalin fue el rostro político.

Las profundas contradicciones de la sociedad rusa determinaron el análisis de un Trotsky en la década del treinta sobre las deformaciones de la práctica soviética, aunque la lectura de éste todavía conservaba un viso de optimismo, o la afirmación mucho más tajante del Che en la década del sesenta respecto a que la URSS y las restantes sociedades de Europa del Este estaban regresando al capitalismo.
Vemos entonces que el debate en torno al socialismo no se puede resolver a la ligera ni con fórmulas ambivalentes, que de tanto que parecen decir, no dicen nada.

Volviendo a lo del mayor nivel de vida posible, este ideal así planteado no excede las aspiraciones de cualquier república burguesa con aspiraciones de clase media. Ese estado de bienestar, por llamarlo de alguna forma, no sigue siendo más que el derecho irrestricto de explotación del capital, lo que colocando una cómoda capa de clase media entre los verdaderamente ricos y los verdaderamente pobres.
Tampoco creo que el ejemplo de Vietnam sea feliz, sobre todo porque el relativo desarrollo alcanzado por el país no se ha logrado sin pagar un alto costo de abandono social, y porque además el petróleo del Golfo de Tonkin jugó un gran papel en su milagro económico.

Creo que en el debate en torno al socialismo conviene que, partiendo de las contradicciones reales que se han verificado en la práctica, levantemos un grupo de cuestiones sobre las cuales reflexionar.

La primera y más evidente es hasta qué punto una sociedad atrasada puede construir el socialismo. La evidente respuesta es no. Pero el hecho es que todas las sociedades que emprendieron la empresa socialista en el siglo XX eran atrasadas. Esto puede llevar, falsamente, a pensar de plano en el fracaso completo de esta práctica, pero lo cierto es que la aspiración socialista se mantiene en países como Cuba, donde con conflictos evidentes, todavía conserva un alto apoyo popular. Otras sociedades, como China, afirman la necesidad de construir el capitalismo para luego comenzar a transitar la senda socialista. Y en eso de construir el capitalismo, China ha sido muy exitosa. Queda la pregunta: ¿serán capaces de ir más allá? ¿Puede un partido comunista donde militan algunos de los hombres más ricos del mundo, emprender el camino de superación de la propiedad privada como premisa para la construcción del comunismo?

La segunda es hasta qué punto la voluntad de una vanguardia y la formación de una conciencia adecuada en el pueblo puede, por decirlo de alguna manera, violentar el imperativo de las condiciones materiales para emprender la construcción de una sociedad nueva. Esta parece haber sido la idea de una parte de la élite bolchevique y de los líderes de la Revolución cubana, al menos en los primeros años de voluntarismo.

La tercera es la referente al desarrollo de la burocracia. Si bien este fenómeno es herencia del capitalismo, lo cierto es que va a jugar un importante papel en la práctica histórica del socialismo del siglo XX y XXI. El problema con este grupo (no creo que deba considerarse como clase) es que, como bien apuntara Lenin, en épocas de revolución, el aparato burocrático se convierte en el refugio de elementos del régimen derrotado. Se convierte este aparato entonces en un espacio donde sobrevive y se fortalece la conciencia pequeño burguesa y los valores que le son afines. No es de extrañar, entonces, que del seno de este mismo aparato provenga la traición. En torno a este problema cabría repensar las soluciones de la Comuna de París, que el mismo Lenin reivindicó pero que no pudo aplicar, y que dan algunas claves necesarias.

Otro problema central es el de las relaciones de propiedad. La práctica histórica del socialismo hasta ahora no ha resuelto el problema de la sustitución de la propiedad privada por la social. El capitalista individual es sustituido por el estado como capitalista abstracto, pero las condiciones de alienación del trabajador con respecto al producto de su trabajo permanecen intactas. Cómo crear formas de propiedad verdaderamente colectiva, ese es el problema, que también ha tenido una larga de lista de tentativas de solución en la práctica teórica y práctica del socialismo.

Desde luego, esta no es ni de lejos la totalidad de los problemas que un debate sobre el socialismo verdaderamente responsable debe abordar, pero sean un primer paso, una invitación, a profundizar verdaderamente en la riqueza del problema y no quedarnos en soluciones pragmáticas y fórmulas vagas.

Fuente: DESDE TU TRINCHERA

NI RESPONSABILIDAD SOCIAL NI PERSONAL, SÁLVESE QUIEN PUEDA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Bill Gates en una charla TED en 2015

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Son tiempos de reflexión. Las consecuencias de haber sido educados en el egoísmo, la competitividad y la meritocracia afloran con el hedor de sus enseñanzas. Vivimos en el capitalismo, un orden de dominación y explotación sobre el cual se edifica una cultura a cuyos valores nadie es inmune. Es una sociedad enferma. Los síntomas hablan de un colapso general. Calentamiento global, desertización, sequías, contaminación ambiental, hambrunas y, por si fuera poco, pandemias. Los científicos atentos a los cambios han inventado una palabreja, sindemia. El término une dos conceptos: pandemia y sinergia.

Nuestra civilización occidental que se ufana de sus desastres, sufre pandemias como la obesidad, la malnutrición y el cambio climático, a la cual se unen atractores que multiplican sus consecuencias, provocando nuevas enfermedades. Hablamos de las desigualdades sociales. Sin atender a sus causas, desoyendo los avisos, las próximas sindemias no están lejanas. Asistimos a una crisis que afecta no sólo al sistema sanitario, compromete al orden económico, social, político, étnico, cultural y de género. Une factores sociológicos, históricos y sicofisiológicos, que arrastra una condensación de actos del ser humano contra la naturaleza, que han llevado a la especie humana a un callejón sin salida.

Asistimos a una concentración de grandes fortunas, cuyas proporciones son obscenas. Son el resultado de mantener, conscientemente, a cientos de millones de personas con salarios de hambre, sin acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación ni a una alimentación sana, al agua potable, la electricidad, a derechos laborales o sociales. Tampoco a la justicia. El capitalismo los excluye, margina y considera fracasados. Gente que no ha aprovechado sus oportunidades. Incapaces de labrarse un porvenir. Han tomado malas decisiones. Nadie más que ellos son culpables, deben pagar las consecuencias.

Los ricos, nos dice su ideología, tienen derecho a su riqueza, a disfrutarla, no deben avergonzarse. Las han levantado con su esfuerzo, sacrificio y compitiendo en un mercado que expulsa a los débiles. En esta ecuación, no se menciona la moral corrupta inherente al capitalismo, con una sola regla de oro, aprovechar al máximo sus oportunidades para explotar, engañar y especular. Conscientes de esta otra cara del capitalismo, quienes amasan billones acaban creando fundaciones y propagando actos de filantrocapitalismo.

Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Larry Page o Sergey Brin no le deben nada a nadie. Todo lo han conseguido por iniciativa personal. Es irrelevante la pertenencia a una clase social. Ellos se bastan y sobran. Pero son buena gente, hacen beneficencia. Donan material digital, patrocinan la OMS, se comprometen con la agricultura verde y digital, a eliminar la brecha de digital, apadrinan especies en extinción y ONG para luchar contra la contaminación, el hambre y la explotación. Seguramente comprarán vacunas contra el Covid-19 para ofrecerlas al tercer mundo, cuando ellos estén a salvo, claro. Evaden impuestos, mantienen a sus trabajadores en condiciones de sobrexplotación, con empleos basura y contratos temporales, deslocalizando la producción para emplear a niños en países asiáticos, maquilas o en la agroindustria de palma, soya o maíz transgénico en América Latina. Para ellos, al igual que para los gobiernos y las compañías trasnacionales, las desigualdades no son responsabilidad de nadie. Unos ganadores otros perdedores. Los segundos lo son por su escaso espíritu de sacrificio. Irresponsables que no han querido estudiar, ni progresar. Por consiguiente merecedores del desprecio. En este saco entran los pueblos originarios, los inmigrantes, las mujeres obligadas a esclavizarse sexualmente. Deben asumir su fracaso, obedecer y trabajar en beneficio de quien les da trabajo.

Hoy, los gobiernos, en medio del ­Covid-19, llaman a sus ciudadanos a ser responsables; a no salir de casa, mantener la distancia social, usar mascarillas, ser prudentes. Apelan a valores como el bien común, la solidaridad, el interés general. Es decir, lo que han despreciado, ninguneado y consideran un lastre para la iniciativa privada, el beneficio empresarial y la especulación financiera. Han avalado las conductas egoístas, han educado en la meritocracia y la competitividad. Pero hoy piden responsabilidad. Las mismas élites políticas, gobiernos, empresarios e instituciones (FMI, BM, OMC) que fomentan la desigualdad, desgravan las grandes fortunas, nos piden responsabilidad, de la cual han carecido a la hora de privatizar, desarticular los sistemas de salud y la educación pública. Sin olvidar que en esta pandemia han optado por salvar la economía y no a las personas. Su ejemplo, la irresponsabilidad, la mentira y la criminalización de los movimientos democráticos. No es coherente ni ético. Sin embargo, a contracorriente, la respuesta de las clases trabajadoras, de los pueblos originarios, del feminismo, ha sido ejemplar ante la pandemia. Han actuado con dignidad, sabiendo que del capitalismo sólo se puede esperar un sálvase quien pueda. En él no hay cabida para la responsabilidad social ni personal. Demandarla es hipocresía, tanto como las orgías, fiestas y transgresiones que sus dirigentes comenten todos los días.

Fuente: LA JORNADA

JOHN BELLAMY FOSTER: “ADEMÁS DE COMPRENDER LAS CONTRADICCIONES ACTUALES, EL PROPÓSITO DEL PENSAMIENTO ECOLÓGICO MARXISTA ES TRASCENDERLAS”. ALEJANDRO PEDREGAL

John Bellamy Foster

ALEJANDRO PEDREGAL

John Bellamy Foster (Seattle, 1953) me escribe antes de salir de Eugene, en Oregón: “Tuvimos que evacuar y tenemos un largo camino por delante. Pero intentaré enviarte la entrevista por la mañana”. Los incendios masivos en la costa oeste de Estados Unidos habían disparado el índice de calidad del aire (ICA) hasta valores de 450, sobre un máximo de 500; situación extremadamente peligrosa para la salud. 40.000 personas habían dejado sus casas y otro medio millón esperaba para huir si la amenaza crecía. “Así es el mundo del cambio climático”, sentencia Foster. Profesor de sociología en la Universidad de Oregón y editor de la emblemática revista Monthly Review, hace veinte años revolucionó el ecosocialismo marxista con La ecología de Marx 1/Su libro, junto a Marx and Nature de Paul Burkett, abrió el marxismo a una segunda ola de crítica ecosocialista que enfrentó todo tipo de paradigmas enquistados sobre el propio Marx, para elaborar un método y un programa que impactaron con fuerza en todo el panorama ecologista, como continúan haciéndolo hoy.

El gran desarrollo del ecologismo marxista en años recientes –que ha puesto de manifiesto cómo, a pesar de escribir en el siglo XIX, Marx resulta fundamental para reflexionar sobre la degradación ecológica– es en parte producto de aquel cambio protagonizado por Foster y otros autores vinculados a Monthly Review. Su corriente, que vino a denominarse la escuela de la fractura metabólica, por la noción central que Foster rescató del tomo 3 de El Capital, ha desarrollado todo tipo de líneas de investigación ecológico-materialistas en las ciencias sociales y naturales: desde el imperialismo o el estudio de la explotación de los océanos a la segregación social o la epidemiología (sobre este tema, véase Grandes granjas, grandes gripes, de Rob Wallace, de próxima publicación en castellano).

Lamentablemente, la extensa y muy destacada contribución de Foster y su corriente aún no ha sido lo suficientemente traducida a nuestro idioma. Obras tan importantes para explorar cuestiones centrales al ecosocialismo como, por poner solo dos ejemplos, The Ecological Rift (2010) o The Robbery of Nature (2020) –el primero de Foster, Brett Clark y Richard York; el segundo de Foster y Clark–, aún esperan su oportunidad para ser mejor descubiertas en nuestro contexto. Con motivo de la publicación de su último libro, The Return of Nature, una genealogía monumental de grandes pensadores ecosocialistas que le ha llevado veinte años completar, Foster nos habla del camino que recorrieron estos, desde la muerte de Marx hasta la eclosión del ecologismo en los 60 y 70, así como de la relación de su nuevo libro con La ecología de Marx y con los debates más destacados del ecologismo marxista actual. Sus reflexiones sirven así para repensar el significado de este legado ante la necesidad urgente de un proyecto que trascienda las condiciones que amenazan hoy la existencia en el planeta.

Alejandro Pedregal: En La ecología de Marx rebatiste algunas conjeturas sobre la relación entre Marx y la ecología muy establecidas, tanto dentro como fuera del marxismo, como que el pensamiento ecológico era algo marginal en Marx; que sus pocas ideas ecológicas se encontraban en su obra temprana; que mantenía puntos de vista prometeicos sobre el progreso; que veía en la tecnología y el desarrollo de las fuerzas productivas la solución a las contradicciones de la sociedad con la naturaleza, y que no mostró un interés científico genuino por los efectos de las intervenciones antropogénicas sobre el medio ambiente. Tu trabajo, junto a otros, refutó estos supuestos y modificó muchos paradigmas asociados a ellos. ¿Crees que estas ideas persisten en los debates actuales?

John Bellamy Foster: En los círculos socialistas y ecológicos de habla inglesa, y creo que en la mayor parte del mundo, estas primeras críticas a Marx sobre ecología están hoy refutadas. Están completamente contradichas por la muy poderosa crítica ecológica del propio Marx, que ha sido fundamental para el desarrollo del ecosocialismo y, cada vez más, para todo enfoque científico-social sobre las rupturas ecológicas generadas por el capitalismo. Esto es particularmente evidente en la influencia creciente y generalizada de la teoría de la fractura metabólica de Marx, cuya comprensión sigue expandiéndose, y que se ha aplicado a casi todos nuestros problemas ecológicos actuales. Fuera del mundo de habla inglesa, uno todavía encuentra ocasionalmente algunos de esos conceptos erróneos porque las obras más importantes hasta ahora han sido en inglés y gran parte de ellas aún no se ha traducido. Pero creo que podemos tratar esas críticas anteriores casi universalmente como inválidas, no solo por mi trabajo, sino también por el de Paul Burkett en Marx and Nature, Kohei Saito en Karl Marx’s Ecosocialism 2/y muchos otros. Casi nadie es tan simplista hoy para ver a Marx como un pensador prometeico, que promovía la industrialización por encima de todo. Existe una comprensión generalizada de cómo la ciencia y la concepción materialista de la naturaleza entraron en su pensamiento, reforzada por la publicación de algunos de sus cuadernos de extractos científicos y ecológicos en el proyecto Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA). Por tanto, no creo que la opinión de que el análisis ecológico de Marx sea algo marginal tenga mucha credibilidad, y esa idea está retrocediendo en todo el mundo (mientras el marxismo ecológico es cada vez más relevante). La única forma en que pudiera verse así sería adoptando una definición extremadamente estrecha y contraproducente de la ecología. Además, en ciencia a menudo son las percepciones más marginales de un pensador las que resultan más revolucionarias y avanzadas.

¿Por qué tantos autores estaban convencidos de que Marx ignoró la ecología? Creo que la respuesta más directa es que la mayoría de socialistas simplemente hicieron la vista gorda al análisis ecológico en Marx. Todo el mundo leía las mismas cosas de forma prescrita, saltándose lo que entonces se consideraba secundario. Otros problemas se debían a la traducción. En la traducción inglesa de El Capital, el uso Stoffwechsel o metabolismo por Marx se tradujo como intercambio material, lo que obstaculizaba más que ayudaba a su comprensión. Pero también había razones más profundas, que pasaban por alto lo que Marx entendía por el propio materialismo, y que abarcaba no solo la concepción materialista de la historia, sino también la concepción materialista de la naturaleza.

Lo importante de la crítica ecológica de Marx es que está unida a su crítica político-económica del capitalismo; de hecho, una no tiene sentido sin la otra. La crítica del valor de cambio bajo el capitalismo no tiene sentido fuera del valor de uso, relacionada con las condiciones naturales y materiales. La concepción materialista de la historia no tiene sentido al margen de la concepción materialista de la naturaleza. La alienación del trabajo no puede entenderse sin la alienación de la naturaleza. La explotación de la naturaleza se basa en la expropiación por parte del capital de los obsequios gratuitos de la naturaleza. La propia definición de Marx de los seres humanos como seres automediadores de la naturaleza, como explicó István Mészáros en La teoría de la alienación en Marx, se basa en una concepción del proceso de trabajo como metabolismo entre seres humanos y naturaleza. La ciencia como medio para mejorar la explotación del trabajo no puede separarse de la ciencia como dominio de la naturaleza. La noción de metabolismo social de Marx no puede separarse de la cuestión de la fractura metabólica. Y así sucesivamente. En Marx estas cosas no estaban separadas unas de otras, sino que fueron los pensadores de izquierda posteriores, que generalmente ignoraron las cuestiones ecológicas, o que emplearon perspectivas idealistas, mecanicistas o dualistas, quienes lo hicieron, y así despojaron a la crítica de la economía política de su base material real.

A. P.: A propósito del prometeísmo, en tu obra mostraste cómo las reflexiones de Marx sobre Prometeo debían leerse en relación con su propia investigación académica sobre Epicuro (y con Lucrecio) y repensarse vinculadas al conocimiento secular de la Ilustración, más que como defensa ciega del progreso. No obstante, el uso dominante del término prometeico sigue siendo muy común, también en la literatura marxista, lo que da pie a que ciertas tendencias aceleracionistas y tecno-fetichistas reivindiquen a Marx. ¿Debería disputarse esta noción de forma más efectiva, al menos en relación con Marx y su materialismo?

J. B. F.: Este es un tema muy complejo. Marx elogiaba a Prometeo y admiraba el Prometeo encadenado de Esquilo, que releía con frecuencia. En su tesis doctoral comparó Epicuro con Prometeo, y el propio Marx fue caricaturizado como Prometeo por la supresión de la Rheinische Zeitung [Gaceta Renana]; imagen que aparece en el volumen 1 de las Obras completas de Marx y Engels. Por tanto, fue común que algunos críticos, dentro y fuera del marxismo, caracterizaran a Marx como prometeico, en particular para sugerir que veía al productivismo extremo como el objetivo principal de la sociedad. Al no tener prueba de que Marx antepusiera la industrialización a las relaciones sociales (y ecológicas), sus críticos emplearon el término prometeico para exponer su punto de vista sin evidencia alguna, aprovechando esta asociación común.

Sin embargo, esto era una gran distorsión. En el mito griego, el titán Prometeo desafió a Zeus al entregar el fuego a la humanidad. El fuego, por supuesto, tiene dos cualidades: una es la luz y la otra es la energía o el poder. En la interpretación del mito en Lucrecio, Epicuro era tratado como el portador de la luz o el conocimiento en el sentido de Prometeo, y fue de esta idea que Voltaire tomó la noción de Ilustración3/. Es en este mismo sentido que Marx elogió a Epicuro como Prometeo, celebrándolo como la figura ilustrada de la antigüedad. Además, las referencias de Marx al Prometeo encadenado siempre enfatizaron al protagonista como revolucionario, en desafío a los dioses olímpicos.

Obviamente, durante la Ilustración Prometeo no se veía como un mito de la energía o la producción. Walt Sheasby, con quien trabajé al comienzo de Capitalism, Nature, Socialism mientras yo editaba Organization and Environment, escribió un artículo extraordinario para esta revista en 1999, demostrando que hasta el siglo XIX la noción prometeica era utilizada principalmente en ese sentido ilustrado. No estoy seguro cuándo cambió el uso, pero con Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley y Filosofía de la miseria de Proudhon, lo prometeico pasó a simbolizar la revolución industrial, viéndose a Prometeo como sinónimo de energía mecánica. Es interesante que Marx desafiara el prometeísmo mecanicista de Proudhon, atacando todas esas nociones en Miseria de la filosofía. Pero el mito de Prometeo se reificó como historia de industrialización, algo que los antiguos griegos nunca podrían haber imaginado, y la identificación de Marx con Prometeo se convirtió, por tanto, en una forma de criticarle por motivos ecológicos. Curiosamente, en Leszek Kolakowski, Anthony Giddens, Ted Benton y Joel Kovel esa acusación fue dirigida exclusivamente contra Marx y no contra ningún otro pensador, lo que apunta al carácter ideológico de tal acusación.

Lo más próximo a que Marx fuera prometeico (como glorificación de la industrialización) sería su panegírico a la burguesía en la primera parte del Manifiesto comunista, pero aquello era solo un preludio de su crítica a la propia burguesía, y páginas más adelante introducía todas las contradicciones del orden burgués: el aprendiz de brujo, las condiciones ecológicas (ciudad y campo), los ciclos económicos y, por supuesto, el proletariado como sepulturero del capitalismo. No hay ningún sitio donde promueva la industrialización como objetivo en sí mismo en oposición al desarrollo humano libre y sostenible. Explicar todo esto, sin embargo, lleva tiempo y, aunque he mencionado todos estos puntos en varias ocasiones, por lo general es suficiente con mostrar que Marx no fue en absoluto un pensador prometeico, si nos referimos a la adoración a la industria, la tecnología y al productivismo, o a la creencia en un enfoque mecanicista del medio ambiente.

A. P.: Veinte años después de La ecología de Marx, el abundante trabajo de la escuela de la fractura metabólica ha transformado los debates sobre marxismo y ecología. ¿Cuáles son las continuidades y los cambios entre aquel contexto y el actual?

J. B. F.: Hay diferentes líneas de debate. En parte se debe a la gran cantidad de investigación sobre la fractura metabólica como forma de entender la actual crisis ecológica planetaria, y a cómo construir un movimiento ecosocialista revolucionario en respuesta a ella. Básicamente, lo que ha cambiado es el espectacular auge de la propia ecología marxista, que ilumina tantas áreas diferentes, no solo en las ciencias sociales, sino también en las naturales. Por ejemplo, Mauricio Betancourt acaba de publicar un maravilloso estudio, “The Effect of Cuban Agroecology in Mitigating the Metabolic Rift”. Stefano Longo, Rebecca Clausen y Brett Clark aplicaron el método de Marx a la fractura oceánica en The Tragedy of the Commodity. Hannah Holleman lo utilizó para explorar los efectos dust bowls 4/ pasados y presentes en Dust Bowls of Empire. Un número considerable de trabajos han utilizado la fractura metabólica para comprender el problema del cambio climático, incluido nuestro The Ecological Rift, que escribí con Brett Clark y Richard York, y Facing the Anthropocene de Ian Angus. Estas obras, junto a otras de Andreas Malm, Eamonn Slater, Del Weston, Michael Friedman, Brian Napoletano y un número creciente de académicos y activistas, pueden verse desde esta perspectiva. Una organización importante en esa línea es la Global Ecosocialist Network, donde John Molyneux tiene un papel destacado, junto a System Change, Not Climate Change! en EE UU. El trabajo de Naomi Klein se ha basado en el concepto de fractura metabólica, y también ha jugado un papel en el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) en Brasil y en los debates sobre la civilización ecológica en China.

Otra línea ha explorado las relaciones entre la ecología marxista, la teoría de la reproducción social feminista marxista y los nuevos análisis del capitalismo racial. Estas tres perspectivas se han basado en el concepto de expropiación de Marx como parte integral de su crítica, yendo más allá de la explotación. Estas conexiones nos motivaron a Brett Clark y a mí a escribir nuestro The Robbery of Nature, sobre la relación entre el robo y la fractura; es decir, la expropiación de la tierra, los valores de uso y los cuerpos humanos, y su relación con la fractura metabólica. Un área importante es el ámbito del imperialismo ecológico y el intercambio ecológico desigual en el que he trabajado con Brett Clark y Hannah Holleman.

Han surgido algunas críticas nuevas, dirigidas a la teoría de la fractura metabólica, planteando que es más dualista que dialéctica. Esto es algo erróneo, porque para Marx el metabolismo social entre la humanidad y la naturaleza (extrahumana), a través del proceso de trabajo y producción, es por definición la mediación de naturaleza y sociedad. En el caso del capitalismo, esto se manifiesta como una mediación alienada en forma de fractura metabólica. Este enfoque, centrado en el trabajo/metabolismo como mediación dialéctica de la totalidad, no podría ser más opuesto al dualismo. Otros han dicho que si el marxismo clásico hubiera abordado las cuestiones ecológicas, habría aparecido en análisis socialistas posteriores a Marx, pero no lo hizo. Esa posición también está equivocada. De hecho, eso es lo que abordo en The Return of Nature, con la intención expresa de explorar la dialéctica entre continuidad y cambio en la ecología socialista y materialista durante el siglo posterior a las muertes de Darwin y Marx, en 1882 y 1883, respectivamente.

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SEMIÓTICA DE LA PANDEMIA (II). FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

¿Flexibilización laboral a la sombra del Coronavirus?

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FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

FERNANDO BUEN ABAD, ESCRITOR MEXICANO Y MÁSTER EN FILOSOFÍA PO

Sacudida planetaria. Aprendimos, a golpes de realidad “sorpresiva” (y avasallante) que poco será igual después de la pandemia del COVID-19. Especialmente los salarios y los empleos. Desde la palabra “virus” hasta la iconografía sanitaria, pasando por la noción de muerte y vida, tenemos “cambios” en marcha que darán por resultado territorios semánticos “nuevos” que, como todo campo semántico, es un escenario en disputa. Aprendimos, con la “nueva” didáctica del capitalismo, que nadie pide permiso y nadie ofrece disculpas por una tragedia global que ha costado millones de vidas y descalabros inmensos para la clase trabajadora.

Estamos asimilando los alfabetos actualizados de la dominación entre las ecuaciones malthusianas, y la didáctica del “sálvese quien pueda”: Inflación descontrolada, devaluaciones a placer, desempleo a mansalva y castración del poder adquisitivo. Nos han descargado sobre la espalda todo el paquete de las “reformas laborales” burguesas, en tiempo récord, mientras estamos en cuarentena. A la sombra de la pandemia un gran negocio camuflado. “A esta altura, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de “hecho social total”, en el sentido de que convulsiona al conjunto de las relaciones sociales y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores”. Ignacio Ramonet https://www.eldiplo.org/wp-content/uploads/2020/04/Ramonet-pandemia-sistema-mundo.pdf

Algunos salieron ganando. “Cambia” de significado el Estado burgués que resucita desde los sótanos del neoliberalismo y se apresta, si nos descuidamos, a repetir más de lo mismo. “Cambia” de significado la “democracia” que ahora seguirá siendo burguesa, plagada de contradicciones y “defectos” muy convenientes para el establishment. “Cambia” todo para que nada cambie. Incluso los progresistas parecen conservadores al lado de la catarata de “cambios” que aluden a la “propiedad privada” burguesa (que en un diccionario decente debería significar saqueo o hurto). “Cambian”, en teoría, las Leyes y la Justicia, “cambia” el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial… ahora sesionan a distancia. “Cambian” las academias y sus saberes. No cambia el peso de la barbarie contra los oprimidos. Sólo se incrementa el desempleo, el hambre, la insalubridad, la intemperie, la carencia de educación, la falta de agua, luz, medicamentos… y respeto.

Hay más pobreza y desigualdad. Por “alguna razón” se hacen esfuerzos denodados para hacernos creer que el mundo será “distinto” sin tener que modificar el sistema económico capitalista. Incluso algunos andan con el cuento de que puede “mejorarse”, hacerse “más humano”, hacerse “progresista”. Tratan de convencernos de que “cambio” es lo mismo que “reformas”. Que “distinto” es lo mismo que “igual”. Que las guerras son un negocio que puede “salvarnos”; que los bancos son nuestra mejor ayuda con sus “créditos”; que los “mass media” son imprescindibles para ayudarnos a entender la “realidad” y que es mentira que existan las “Fake News”. El paraíso post-pandemia. “La Organización Internacional del Trabajo advirtió este miércoles que casi la mitad de la población activa mundial, unos 1600 millones de trabajadores que laboran en el sector informal, están en riesgo de perder sus medios de subsistencia debido al constante descenso del número de horas trabajadas a causa del brote del COVID-19.”  https://news.un.org/es/story/2020/04/1473582

Esto todavía no termina. Lo “nuevo” es quedarse en lo mismo y hacer lo imposible para que nos dure. En la refriega ideológica por dominar el “sentido común” el capitalismo convierte su agonía en Apocalipsis para nosotros. Y anhela que lo salvemos –entre todos– para ofrecerlo a nuestra prole como su mejor herencia. Como un “cambio” radical. ¿Cuántos rebrotes de pandemia hacen falta hasta pulverizar (hasta donde el capitalismo anhela) los salarios de la clase trabajadora? Tienen la palabra los “anti-cuarentena” globales. Dentro del capitalismo no hay solución a los problemas sanitarios mundiales. Ni solución para los problemas del planeta y de la humanidad en general.

Bajo el capitalismo nada es suficiente para cuidar a los pueblos. Unos cuantos ricos serán más ricos gracias a que habrá más pobres y más empobrecidos. De esa semántica no se habla pero toda la burguesía trabaja para darle forma. Los gobiernos que quieran tener “sentido” de pueblo deberán cambiarse desde sus entrañas y sacudirse todo reformismo parásito. Incluso los viejos conservadores que se atrincheraron en la “ciencia” y en la “academia”, con sus relatos de estadísticas tecnócratas y positivistas, hoy parecen adalides del progresismo ad hoc que maquillará al nuevo viejo Estado. Sin tocarle un pelo al capital. Cuándo alguien se asume “dueño” de un campo semántico, de manera explícita o implícita, en lo teórico o en lo práctico, ejerce un tutelaje auto-referencial despótico propio de una lógica mediocre y de una ignorancia supina.

Suelen hablar con suficiencia y jerigonza. Con énfasis y con superioridad demuelen el poder adquisitivo. Desde su perspectiva somos todos discapacitados intelectuales. Se los puede encontrar en congresos, simposios y conferencias. Van y vienen con sus papers, ponencias o textos empapados de exageraciones y exaltados por el éxito acelerado que se atribuyen a sí mismos gracias a los puntos ganados en las lides burocráticas entre certificados, diplomas y “publicaciones”. Todo por la salud del mercado. Son latifundistas de la nada asombrados por su inteligencia alpinista que en el “reino de los ciegos” funda tronos de nadería exhibicionista. Antípodas de la humildad. Pero mansos ante el capital. Las propias reglas del Mercado académico burgués han creado esos monstruos de sabiduría sedicente que llegan a creerse sus propios cuentos “científicos” a costillas de la paciencia, la ignorancia o la abulia imperantes. Mientras tanto, en la proliferación de publicaciones, PowerPoint y saliva “docta”, la ciencia de la opresión económica avanza en manos de esos “vendedores ambulantes” de programas económicos de espaldas a los pueblos. Infestaron las carreras, los posgrados y las bibliotecas. Impusieron sus destrezas burocráticas y formalistas para vaciar de contenido a la producción teórica. La prestidigitación cuantitativa sin firmeza lógica. La flexibilización laboral infestada por “asesores científicos”.

Nos quieren dóciles. Están haciendo de las suyas con los salarios de la clase trabajadora bajo el abrigo de la pandemia. El viejo truco de esconder los libros contables se acompaña con el viejo truco de apoderarse de los “diccionarios”, de imponer los significados que a la clase dominante le convengan. Dicen que el “coronavirus” es causante de una crisis económica sin precedentes, que debemos ayudar o rescatar algunas empresas sin detenernos demasiado en revisarles las cuentas ni los prontuarios. Nos cueste lo que nos cueste. Dicen que se debe crear millones de empleos pero no se fijan blindajes ni políticas para que no desciendan los salarios ni la calidad del trabajo. ¿Llegaremos a los excesos insaciables que determinen los dueños del mundo? Seguir leyendo SEMIÓTICA DE LA PANDEMIA (II). FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

ERIC SADIN: “LA PANDEMIA FUE COMO UNA BURLA A NUESTRA VOLUNTAD DE CONTROLAR TODO.” EDUARDO FEBBRO

El filósofo francés desliza su denuncia en el momento más excesivo de la fascinación humana por la inteligencia artificial, desnudando la endeblez del transhumanismo futurista, y critica a quienes endiosan a las nuevas tecnologías. "Es la primera vez en la historia de la técnica que existen sistemas con el poder de mandar", sostiene.  

eric sadin
El filósofo francés Eric Sadin.

 EDUARDO FEBBRO 

Eduardo-Febbro (1)Desde París. Desafiar la modernidad es un gesto reservado a muy pocos. Algunos lo hacen desde la nostalgia del pasado porque son como viudos de un tiempo ido, otros, en cambio, deslindan los engaños, desarman las narrativas y los espejismos con los cuales los sistemas someten al presente del mundo. Eric Sadin pertenece a la segunda dinastía. Este filósofo francés forma parte del muy estrecho grupo de pensadores que sustentan una reflexión crítica sobre las nuevas tecnologías. Sadin tiene un pensamiento propio, una reflexión auténtica sobre lo que está realmente en juego dentro de la tecno ideología. Sus libros son una fuente imperdible de denuncia y reflexión y no uno de esos tediosos inventarios sobre tecnología que se limitan a enumerar sin entender el fenómeno. La elegancia de Eric Sadin está, entre muchos atributos, en que sus ensayos son en tiempo real y no un posteriori crítico, un diagnóstico post morten. Sadin desliza su reflexión en el momento más excesivo de la fascinación humana por las nuevas tecnologías. Lo hizo en 2011 con el libro “La société de l’anticipation : Le Web Précognitif ou la rupture anthropologique”(La sociedad de anticipación: investigación sobre las nuevas formas de control). El libro se publicó en francés dos años antes de que se conociera el espionaje mundial orquestado por los servicios secretos norteamericanos y revelado por el ex agente de la CIA y de la NSA Edward Snowden. En 2013 publicó “La Humanidad aumentada” (Editorial Caja Negra), donde exponía cómo las capacidades cognitivas de los sistemas digitales estaban gobernando los seres y las cosas. En 2015, apareció “La Vida Algorítmica, Crítica de la razón digital”, un ensayo donde Sadin abordaba el proceso de captación y explotación de los datos digitales con el único fin de identificar correlaciones y comportamientos. En 2016, Caja Negra tradujo otro de sus libros más contundentes, La siliconización del mundo. El libro era una suerte de alegato desconstructivo de uno de los mitos más mastodónticos de la modernidad: la Silicon Valley. Allí se forjó el modelo técnico-económico dominante aceptado con una mansedumbre global espeluznante. Era, en ese momento, un contrataque feroz contra un modelo que se presentaba a si mismo como un buen operador del progreso de la condición humana, pero que, al final, como con el conjunto de las tecnologías de la información, sólo maniobraba en beneficio de intereses privados. En 2020 Caja Negra publica en las próximas semanas otro ensayo de Sadin donde el pensador francés desmonta otra gran mentira del siglo XXI: la Inteligencia Artificial. El título del ensayo declara sin rodeos sus intenciones: “La Inteligencia Artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical” (traducción de Margarita Martínez).

Allí donde los medios baten la crema de un nuevo ser humano reparado de todas sus imperfecciones, Sadin le sigue la pista pasando del otro lado del espejo. Encuentra una impostura monumental cuyos contenidos desgrana en esta entrevista realizada en París. Se ha deslizado una tragedia global muy enriquecedora que da la razón a los análisis de Eric Sadin. La pandemia del coronavirus desarmó todas las retóricas sobre la utilidad humana de las nuevas tecnologías. No sirvieron ni para identificar el virus, ni para los pasos posteriores de la infección.

–La Inteligencia Artificial es, en los medios, poco menos que el nuevo El Dorado del horizonte humano. Sin embargo, usted ve en ella un proceso de deshumanización al mismo tiempo que un engreído discurso salvador y un trastorno mayor de los comportamientos humanos.

–Desde hace algunos años se expandió la idea de que la nueva lucha económica mundial se concentraba en la Inteligencia Artificial. Había dos ideas implícitas. La primera es que la Inteligencia Artificial era el horizonte económico ineluctable. La otra, que la IA ofrecería un montón de soluciones a muchísimos problemas individuales y colectivos. Esta idea se convirtió, entre 2015 y 2020, en la nueva doxa mundial que era preciso respaldar de forma masiva. Se produjo, en suma, una suerte de excitación colectiva a partir de la cual se estableció como una suerte de verdad probada, como un horizonte obligado. Nada puede ser menos verosímil. Son discursos entusiastas y luminosos muy alejados de la realidad. Se trata de una impostura. Desde el año 2010 estamos viviendo un cambio de estatuto. Las tecnologías digitales dejaron de ser un útil destinado a conservar, indexar o manipular la información para tener otra misión: se encargan de hacer un peritaje de lo real. Es decir que tienen por vocación revelarnos, a menudo en tiempo real, dimensiones que dependían de nuestra conciencia. Podemos recurrir al ejemplo de la aplicación Waze que se encarga de señalar el mejor recorrido para desplazarse de un lado a otro. Esa capacidad de hacer peritajes a velocidades infinitamente superiores a nuestras capacidades humanas caracteriza la Inteligencia Artificial. El sentido escondido de esto está en que la IA es como una instancia que nos dice la verdad. Y la verdad siempre reviste una función performática. Por ejemplo, la verdad religiosa enuncia dogmas e interpela a obedecerlos. La Inteligencia Artificial enuncia verdades con tal fuerza de peritaje que nos interpela a obedecerlas. Estamos entonces viviendo un momento donde las técnicas se dotan de un poder de mando. El problema radica en que nos plegamos al peritaje, nos conformamos con eso y ejecutamos las acciones correspondientes. Es la primera vez en la historia de la técnica que existen sistemas con el poder de mandar. Lo que ocurre de gravísimo es que esto tiene como objetivos responder a intereses privados u organizar a la sociedad de forma más optimizada.

–Este poder es, no obstante, apenas una etapa de ese proceso que funciona como una cadena de mando.

–Sí, el primero es el que acabo de describir: la técnica que da ordenes. Existe también el estado incitativo, que es como un primer nivel blando, digamos. Ese estado incitativo empezó a desarrollarse con la aparición de los Smartphones y las aplicaciones que nos aconsejaban sobre cosas cada vez más amplias de la realidad. Haga esto y no lo otro, vaya a este lugar que es mejor que el otro. Esto empezó con el IPhone y estaba ligado a la geolocalización. Su misión consistía en incitar a la gente a consumir. Es lícito reconocer que toda la esfera tecno industrial dio muestras de una genialidad sin igual. Inventaron constantemente nuevas cosas, forjaron discursos, supieron difundirlos y fueron y son una instancia de seducción desproporcionada. Algunos años después aparecieron los asistentes digitales virtuales, es el caso de Siri por ejemplo. Luego irrumpieron los altoparlantes conectados cuya particularidad es la de mantener una relación casi natural, intima, corpórea, con los usuarios gracias al conocimiento evolutivo de nuestros actos. Es turbador. La base de estos sistemas es el mismo: conducirnos a decidir esto o lo otro en función de la verdad enunciada. Encima, desde no hace mucho, esos sistemas hablan. La potencia de influencia de estos dispositivos es impresionante. Hablan, hacen peritajes, formulan, sugieren y dan órdenes. El grupo L’Oreal produce espejos conectados que, según el análisis de un rostro en el espejo, aconseja ponerse este producto, consumir este otro o ir a descansar a la montaña. La primera consecuencia de estas tecnologías es la mercantilización general de la vida. Esto le permite al liberalismo económico no verse confrontado por ninguna barrera y poder mercantilizar sin trabas el conocimiento de nuestros comportamientos. Casi a cada segundo y a escala planetaria, el liberalismo nos sugiere la mejor acción posible, es decir, la operación mercantil más pertinente. Vemos muy bien que el milagro de la Inteligencia Artificial no es para nosotros sino para la industria. Seguir leyendo ERIC SADIN: “LA PANDEMIA FUE COMO UNA BURLA A NUESTRA VOLUNTAD DE CONTROLAR TODO.” EDUARDO FEBBRO

COVID-19: POLÍGRAFO DE ESTOS TIEMPOS. PASQUALINA CURCIO

Abrebrecha

ILUSTRACIÓN PASQUALINA 2

PASQUALINA CURCIO

pasqualina 6Cual detector de mentiras, el covid-19 ha dejado en evidencia por lo menos dos fenómenos que se han venido sucediendo desde hace ya varios años: la decadencia del imperio estadounidense y el fracaso del capitalismo.

Decadencia del imperio estadounidense. Desde que finalizó la II Guerra Mundial, EEUU se perfiló y así se vendió como la gran superpotencia económica, militar, tecnológica y energética. Entre 1947 y 1991 y en el marco de una Guerra Fría sustentada en la Doctrina de Contención [del Comunismo] de Truman (1947), EEUU impuso su poder en el mundo. El Plan Marshall fue la carnada para incursionar sigilosamente en Europa Occidental y evitar la propagación del socialismo en esas tierras, claro que apoyado con su brazo armado, la OTAN (1949).

La principal arma utilizada por EEUU para imponerse ha sido el dólar, que desde 1944, en Bretton Woods, se decidió que fuese la moneda de referencia mundial. El haber otorgado el privilegio a un solo país de que su moneda rigiese todo el sistema monetario del planeta ha sido un grave error que hemos cometido como humanidad.

Pero es que la humanidad cometió un segundo error, y fue haber permitido que EEUU se desprendiese del patrón oro en 1971 y basara el precio del dólar, al cual seguían referenciadas el resto de las monedas, en algo tan etéreo y manipulable como la confianza/desconfianza. Un tercer error fue haberle permitido que se impusiera obligando a que todo el petróleo se comprase en dólares, lo que implicó graves consecuencias: la inundación de dólares en el mundo y el establecimiento de un sistema de compensación de pagos dominado por el país del norte, el Swift.

Hay que reconocerlo, fue la estrategia perfecta de dominación. Es por el poder del dólar que EEUU ha amenazado y chantajeado al mundo entero. Cuando los países no se doblegan a sus intereses, proceden a bloquearlos financieramente en el sistema Swift, y si tampoco les resulta, comienzan a atacar sus monedas y a manipular su precio referenciado al dólar.

Desde hace ya varios años, EEUU ha estado perdiendo ese súper poder, su economía ha perdido espacio y el dólar se ha venido a pique. Sus reservas internacionales no cubren ni siquiera el 2% de la exorbitante deuda externa y no les alcanzan ni para 2 meses de importaciones (por eso el desespero de abrir su economía en plena pandemia). Desde hace décadas, en EEUU es más lo que se importa que lo que se exporta, y su dependencia comercial sobre todo con China es cada vez mayor. No tiene el oro suficiente para respaldar su moneda y, por si fuera poco, desde hace rato se quedó sin reservas petroleras.

El covid-19 no solo ha dejado en evidencia la debilidad económica de EEUU, que se manifiesta en la actitud prepotente y malcriada de su gobierno en plena pandemia, además, pareciera ser un catalizador del reordenamiento mundial que desde hace años se está gestando.

El mundo está avanzando hacia un orden multipolar basado en nuevas rutas, pero sobre todo con normas comerciales no impuestas por EEUU y que respeten la autodeterminación de los pueblos. Un orden con un sistema monetario reconfigurado en el que no volvamos a cometer el error de referenciarlo a una sola moneda, sino que sean varias, muchas. Un mundo en el que no sea solo el Swift la alcabala financiera sino que una gran variedad de sistemas de compensación de pagos esté disponible y que sea decisión de los Estados soberanos, cuál o cuáles utilizar.

Fracaso del Capitalismo. Otra gran verdad que ha puesto al descubierto el covid-19 es el fracaso del capitalismo y en particular del neoliberalismo (su expresión más salvaje). Fracaso que no es precisamente para la burguesía la cual no ha dejado de acumular y concentrar capitales durante todo el siglo XX y lo que va del XXI, sino para las clases asalariadas, que a pesar de que con su fuerza de trabajo han generado un aumento de la producción mundial de 1127% después de la II Guerra Mundial, la desigualdad y la pobreza han sido cada vez mayores.

En estos tiempos de pandemia ha quedado claro que son los 3.700 millones de pobres, o sea, la mitad de la población mundial, los que se han visto más afectados por el virus. El Banco Mundial en su reciente informe estima un aumento de 180 millones de pobres en 2020.

Paradójicamente y con profunda indignación, el mundo entero lee la noticia de que “desde el 18 de marzo de 2020 los multimillonarios estadounidenses se han enriquecido en US$ 565.000 millones, han aumentado 19% su riqueza desde que comenzó la pandemia” mientras 42,5 millones de personas han perdido sus empleos en ese país. Seguir leyendo COVID-19: POLÍGRAFO DE ESTOS TIEMPOS. PASQUALINA CURCIO

LA POST-PANDEMIA Y EL CAPITALISMO QUE VIENE. MARCOS ROITMAN

PLANTAS LETALES

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS 2La versatilidad del capitalismo no tiene límite, salvo la extinción de la especie y el colapso del planeta. Pero mientras esto sucede, sus cambios se aceleran en busca de una mayor tasa de explotación e incremento de beneficios. Si la lucha por la apropiación del plusvalor es una de las características de la contradicción capital-trabajo, hoy nos enfrentamos a una reinvención de las formas de dominación, enajenación del excedente y construcción de hegemonía. El capitalismo digital se pone al día utilizando las nuevas tecnologías bajo la pandemia del Covid-19. Si hacemos historia, es un proceso similar al sufrido por el capitalismo histórico entre los siglos XVI y XVIII, donde la proto-industrialización y los descubrimientos científicos aceleraron el proceso de acumulación de capital y la revolución industrial. Sus fases van desde el capitalismo colonial, la esclavitud hasta el imperialismo y la consolidación de la dependencia industrial, tecnológica y financiera. Sin embargo, su evolución ha tenido reveses. Los proyectos emancipadores anticapitalistas han trastocado sus planes, aunque sea de forma momentánea. Las luchas de resistencia, los procesos revolucionarios y los movimientos populares han alterado su itinerario, obligándolo a retroceder. El siglo XX ha dejado una huella difícil de borrar en su desarrollo. Fueron dos guerras mundiales, seguido del holocausto nuclear no exento de conspiraciones, golpes de estado y procesos desestabilizadores cuyos efectos los reconocemos en un crecimiento exponencial de la desigualdad, el hambre, la miseria y la sobrexplotación de un tercio de la población mundial. En este recorrido, el fascismo, eje de la modernidad, se proyecta en el siglo XXI. El neoliberalismo asume sus principios y los gobernantes adoptan sus proclamas bajo un llamado a la xenofobia, el racismo y el discurso anticomunista. Como señaló George Mosse en su ensayo La nacionalización de las masas, Hitler y el nazismo se explican bajo un simbolismo, una liturgia y una estética que atrapó a la población bajo el culto al pueblo. Una nueva política que atrajo no sólo a los nacionalsocialistas, también a miembros de otros movimientos que encontraban su estilo atractivo y útil para sus propios propósitos. Léase Trump, Bolsonaro, Piñera o Duque.

En pleno siglo XXI, asistimos a tiempos convulsos. El capitalismo busca su reacomodo. Hacer frente a los problemas de organización, costos de explotación y reajustar la función del gobierno en la gestión privada de lo público. Igualmente debe pensar en una nueva división internacional de los mercados, la producción y el consumo. La digitalización, el big-data, la robotización y las tecnociencias se subsumen para responder a las lógicas del capital. Asimismo, la dinámica de la complejidad aplicada al proceso productivo fija pautas en la especialización flexible, la deslocalización y el proceso de toma de decisiones. La realidad aumentada acelera la concentración de las decisiones y el acceso inmediato a los datos modifica las lógicas de un poder que se hace más arbitrario, violento y omnímodo. El traslado del mando real del proceso de decisiones a una zona gris, de difícil acceso, facilita eludir las responsabilidades políticas o bien las oculta bajo el manto de la post-verdad o las mentiras en red.

La transición del capitalismo analógico al digital es ya una realidad. Algunos ejemplos nos dan pistas. Basta ver el mensaje lanzado por Inditex en España. El dueño de Zara, benefactor de la sanidad pública, hará desaparecer más de mil 200 tiendas en todo el mundo, bajo la necesidad de estar en sincronía con las nuevas formas de compra-venta on line. Así, realizará una inversión de mil millones de euros en su reconversión digital en dos años (2020-2022), destinando mil 700 millones para trasformar sus locales al concepto de tienda integrada. Un servicio permanente al cliente allá donde se encuentre. En otras palabras, tendrá en su dispositivo portátil una aplicación de Zara. En esta versión digital del capitalismo, otro de los cambios que llega para quedarse es el teletrabajo o trabajo en casa. Una vuelta de tuerca a la sobrexplotación. Los horarios, la disciplina y el control lo ejerce el trabajador sobre sí, lo cual supone un elevado nivel de estrés y jornadas ilimitadas. En cuanto a la educación, sólo en las universidades se baraja la idea de articular clases en las aulas con lecciones virtuales. Las lecciones presenciales irán perdiendo peso, hasta desdibujar el sentido que las vio nacer, forjar ciudadanía y aprender el valor de la crítica colectiva. La universidad se reducirá a expedir títulos donde el aprendizaje muta en autodidactismo.

El capitalismo post-pandemia acelera el cambio del mundo cotidiano. Las firmas digitales, las videoconferencias, el control biométrico, los diagnósticos por ordenador, son algunos de los cambios que terminarán generando una modificación antropobiológica del ser humano. Y tal vez en este sentido, la lenta sustitución del dinero en efectivo, por el pago con tarjetas será fuente no sólo de mayor control social y poder de la banca, supondrá una mayor exclusión social. Quiénes tendrán y quiénes no tendrán tarjetas de crédito o débito. Suecia anuncia que el papel moneda se extinguirá dentro de la siguiente década. Más pobres, más esclavos de los bancos. Ese es el futuro incierto del capitalismo que viene tras la pandemia.

Fuente: LA JORNADA

 

¿QUÉ ES LO NORMAL? ¿QUÉ ES LO NUEVO? FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Nueva “normalidad”, si, pero anticapitalista

normal buen abad

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Si nos descuidamos, una cierta emboscada conservadora nos atrapará en el reclamo que implora, a los cuatro vientos, “volver a la normalidad”. Es un “reclamo” que cree que lo “normal” es estar como antes. Volver a lo “normal” indica, acaso, estar como cuando no teníamos problemas o volver a los problemas a que estamos acostumbrados. No serán considerados aquí casos referidos a la Biología o la Química, por ejemplo. Lo “normal” sería: situación mundial de guerras, de falacias mediáticas, de usuras bancario-financieras… lo “normal” sería el capitalismo. Discúlpese la obviedad pero el diccionario de la RAE dice: Normal. Del lat. normālis. 1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. 2. adj. Habitual u ordinario. 3. adj. Que sirve de norma o regla 4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. 5. adj. Geom. Dicho de una línea recta o de un plano: Perpendicular a otra recta o a otro plano. Apl. a línea, u. t. c. s. f. 6. adj. Geom. Dicho de una línea: Perpendicular en el punto de contacto al plano o recta tangentes a una superficie o línea curvas. U. t. c. s. f. 7. f. escuela normal. condiciones normales diapasón normal onda normal valor normal. ¿Lo “normal” es según el cristal con que se impone?

¿Cuál sería la “novedad” en la “normalidad”. Es una “nueva” vieja historieta que ya Lenin, por ejemplo, combatió en su Materialismo y Empiriocriticismo[1] (1908) contra algunos vivales que traficaban con lo “novísimo”, que no era más que lo viejo sólo que disfrazado de nuevo con vocabularios enredosos. “Apoyándose en todas estas supuestas novísimas doctrinas, nuestros destructores del materialismo dialéctico llegan intrépidamente hasta el fideísmo neto…” La cosa parece ser ahora la misma. ¿De qué ilusionismo hay que echar mano para que lo viejo parezca nuevo? Hay que estar atentos a que la “Nueva Normalidad” no sea la misma vieja normalidad opresora sólo que refrita en las sartenes del Reformismo auto-remozado. “…toman las nuevas formulaciones de los antiguos errores por descubrimientos novísimos…” Lenin.

“Normal” sería, quizá, cierto estado en el que las cosas no cambian o cierta “estabilidad” de vida, de ánimo, de empleo, de salud, de felicidad… es decir, lo “normal” sería una ilusión, una utopía o un engaño. Ir a una “Nueva Normalidad” en oposición al estado de pandemia, por ejemplo, significaría haber superado los contagios, la debacle económica, la rutina laboral y los hábitos asentados antes de que el COVID-19 se detectara y se propagara. Sería una especie de “vuelta de página” superadora de un momento pretérito. Entonces ir a lo “normal” “nuevo” no debe ser un retroceso, una reversa del tiempo. Pero ¿cuándo hubo normalidad? ¿Podría temporizarse, fecharse, datarse? En un mundo azolado por la anarquía del capital, el dispendio y la fanfarronada oligarca, donde unos muy pocos controlan la inmensa mayoría de las riquezas… ¿es eso lo normal? ¿queremos volver a eso? Si es que alguna vez salimos.

Nada más anormal que el sistema económico que depreda al planeta y a la especie humana. Nada más anormal que poner al capital por encima de las personas; nada más anormal que el sufrimiento de la inmensa mayoría para el disfrute de una minoría insensible, indolente e irresponsable. Es absolutamente anormal lo que ocurre en el capitalismo, en su esencia y en su “ADN”. Aunque estemos muy acostumbrados. Siempre por imperativo ideológico, para afirmar categóricamente un acierto o un error, nos trafican el retruécano de la “normalidad” o la “anormalidad”. Algunos esconden así sus moralismos conservadores. “…impulsados por la ciega confianza que les inspiran los “novísimos” profesores reaccionarios…” Lenin. Pero esa parafernalia no es más que el núcleo contradictorio de la conciencia oligarca y sus patologías axiológicas. Lo “anormal” para ellos es lo distinto. Lo “normal” les permite diluir contradicciones en todos los fenómenos y su dialéctica. Lo “anormal” les complica el paisaje. No fue “normal” (aunque fuera lógica)  la revolución bolchevique, a los ojos de los enemigos que la combatieron –y la combaten– dentro y fuera de ella. A cierta burguesía le encanta la idea de “normalidad” porque con ella diluye los abismos de clase fingiéndonos a todos iguales, pero sin derechos iguales para todos. Lo “normal” es que los ricos vivan bien y que los pobres padezcan. Por eso la normalidad burguesa es ofrecer igualdad de oportunidades, pero jamás la igualdad de condiciones.

Aceptar esa “normalidad” hegemónica nos somete y nos diferencia, nos resta identidad, es la forma de tenernos asustados para no salirnos de los límites. Y la “normalidad” les sirve, también, para discriminar a personas y grupos que no aceptan los estereotipos. Para ellos las “periferias” somos “anormales”, raros, diferentes. Y la idea de “normalidad”, entonces, ratifica y amplifica los estigmas de clase por geografía, historias, género y etnia. Impone su religión y su opio mediático. “Es lo normal”, dicen ellos.

Al otro lado de la realidad, lo “normal” es la disidencia, implícita y explícita. Nadie quiere vivir en la miseria “normalizada”, aunque se la publicite como muy renovada. Nadie anhela el espectáculo macabro del belicismo imperial como la “norma” que heredará a su prole. Nadie anhela la ignorancia, la desnutrición, la intemperie ni el desempleo que son tan “normales” en la lógica burguesa. Lo “normal”, y lógico, es que cada vez más personas, lo expliquen o no, repudien la idea de entregarse a un sistema de explotación fabricante de esclavos, enfermos y pueblos despojados. Lo “nuevo” es que la rebeldía salga por algún lado, que se vuelva organización, consciente y transformadora, y se vuelva lucha contra las injusticias, las enfermedades, la frustración o las desesperaciones diversas. Objetiva y subjetivamente. Lo único realmente nuevo, que no ha sido norma, es la comunidad que se organiza para sí, libre de clases y sometimiento. Lo “normal” ha fracasado.

[1] http://ciml.250x.com/archive/lenin/spanish/lenin_materialismo_y_empiriocriticismo_spanish.pdf

LA CRONIFICACIÓN DE LAS ENFERMEDADES. PASQUALINA CURCIO CURCIO

Abrebrecha

MONOPOLIOS FARMACÉUTICOS 2

PASQUALINA CURCIO CURCIO

Hay enfermedades a las que llaman huérfanas, también se les conoce como olvidadas. Al parecer pocos se ocupan de investigar sobre ellas: la leishmaniasis, la malaria, la tuberculosis, la lepra, la enfermedad del sueño, el chagas.

Hay otras en cambio, que son las consentidas de la industria farmacéutica, encabezan la lista de prioridades en lo que a recursos para la Investigación y el Desarrollo (I+D) se refiere: el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las mentales, los desórdenes neurológicos, la calvicie, las arrugas, la impotencia sexual, la celulitis y hasta la adaptación a husos horarios.

Hoy la más consentida, por amplias y válidas razones, es el Covid-19.

De acuerdo con un informe publicado por Médicos sin Fronteras existe un desequilibrio fatal en el mundo: “a las enfermedades que representan el 90 % de la morbilidad se dedica solo el 10 % de la investigación mundial”. De los casi 150.000 ensayos clínicos que se desarrollan anualmente en el mundo, tan solo el 1,4% se centran en las enfermedades olvidadas que afectan a cientos de millones de personas.

Dicen que la industria farmacéutica le da prioridad a la I+D de medicamentos para las enfermedades cuya prevalencia e incidencia es mayor en los países más ricos, o sea, donde hay mejores mercados, y olvida las enfermedades de los pobres.

Esta afirmación en parte es cierta, pero no del todo o ¿cómo se explica que ante la gripe aviar y la H1N1 la industria farmacéutica buscó desesperadamente una vacuna, pero no así contra el VIH-Sida? ¿Por qué si la diabetes afecta a 246 millones de personas, la mayoría con altos niveles de ingreso, no se han invertido recursos para desarrollar una cura definitiva?

Otros factores influyen en la decisión de las farmacéuticas: el tipo de enfermedad y el tipo de medicamento que buscan.

Altamente contagiosas y letales

Las enfermedades altamente contagiosas y letales (la viruela, la gripe aviar, la H1N1, el Covid-19) no solo ponen en riesgo la vida de incluso los dueños de las empresas farmacéuticas, además siendo la cuarentena social el protocolo indicado para contener la propagación, afecta, nada más y nada menos que el producto interno bruto mundial. Motivo por el cual se ganarán el interés inmediato de la industria para desarrollar la vacuna o la cura, a diferencia de aquellas enfermedades cuya transmisión puede ser relativamente controlada, por ejemplo el VIH, o la influenza que aunque se contagia de manera directa no es tan letal.

Vacuna, cura, o cronificación de las enfermedades

A menos de que se trate de una enfermedad altamente contagiosa y muy letal, a la industria farmacéutica le resulta más rentable desarrollar mejoras a los tratamientos paliativos de las enfermedades que curarlas o prevenir su aparición. Por eso prefiere invertir en mejorar los tratamientos de la diabetes, el alzhéimer, la hipertensión arterial, el colesterol y el VIH, en lugar de hallar la cura definitiva y romper con la dependencia del medicamento.

Para poner un ejemplo, la industria farmacéutica dejaría de ganar, de aquí al 2050, unos 276 mil millones de dólares por la venta de tratamientos antirretrovirales si hallara la vacuna o la cura contra el VIH.

Richard Roberts, Premio Nobel de Medicina 1993 dijo en 2003: “Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación, no para curar, sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores, mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre.”

Por cierto y valga la cuña: Cuba, en cambio, ha avanzado en el desarrollo de una vacuna terapéutica contra el VIH/SIDA denominada Teravac-VIH. Seguir leyendo LA CRONIFICACIÓN DE LAS ENFERMEDADES. PASQUALINA CURCIO CURCIO

HORÓSCOPO DE LA PANDEMIA: EL CAPITALISMO NO MORIRÁ DE CORONAVIRUS. FERNANDO BUEN ABAD

¿Qué hicimos para cambiar? No hay futuro posible sin crítica y autocrítica severas

EINSTEIN

FERNANDO BUEN ABAD DOMIMGUEZ 

buen abad entrevista canal abierto¿Cómo será el mundo después de la pandemia?. Todo género de audacias imaginativas dan la vuelta al mundo y vuelven a darla. Unos claman por “volver a la normalidad”. Otros alientan la ilusión de que “muerto el virus se acabó la rabia” del capitalismo. Algunos más dan tono verde ecologista a sus lucubraciones y, desde luego, no faltan los predicadores que entienden el conjuro del mal gracias a providencias extraterrestres. Mientras atienden la suma de los “diezmos”. Pero están también los “think tanks”, los asesores intelectuales, los académicos o los “gurús” para toda ocasión. Ya despliegan las artes del oportunismo, y el menú completo del reformismo, para instalar los dispositivos de la falsa consciencia convertida en “sentido común”, actualizados con estadísticas e infografías. Les urge entretenernos con la ilusión de un “nuevo capitalismo” humano y progresista, redimido de sus horrores por gracia de la pandemia.

Una carrera loca por “adivinar” el futuro se ha desatado. Se encendieron las alarmas en los tableros del control ideológico dominante porque ven derrumbarse las emboscadas que el capital ha tendido contra los seres humanos. Están alarmados y han soltado a sus jaurías intelectuales para secuestrarnos el futuro (de nuevo) e impregnarlo rápidamente con más de lo mismo. Para los opresores es igualmente importante infestar el futuro con sus “nuevos” –viejos- valores que encontrar la vacuna contra el CODIV19. Ambos son, para ellos, grandes negocios.

Están tratando de maquillar el sistema económico dominante, sus salas de tortura laboral, sus refinamientos de usura bancaria, sus estrategias de despojo y privatización en educación, salud, vivienda, cultura… están tratando de maquillar las monstruosidades de la industria bélica capitalista, sus adláteres financieros y mediáticos… más todas las canalladas ideadas pertinazmente para humillar a la humanidad con hambre y pobreza. Durante siglos. Cirugía ideológica mayor presentada como lifting menor. Preparan un arsenal de paliativos, analgésicos y entretenimientos ideados para anestesiar la rebeldía, para diluir el espanto develado por la pandemia y para convencernos de que nada puede ser cambiado, que “la cosa es así” y que debemos resignarnos… que alguna migaja caerá de la mesa del capitalismo “renovado”. Los muchachos intelectuales serviles a tal canallada están trabajando arduamente. Ya tienen reservadas muchas páginas en los diarios “principales” y muchas horas en la radio-tv del circo monopólico trasnacional. Y en las “redes sociales” desde luego.

Entre los promotores del nuevo hermoseamiento del capitalismo están los mismos viejos ideólogos que contribuyeron al desastre horrendo que la humanidad padece. Son los mismos apellidos, las mismas universidades, las mismas escuelas financiero-rapaces… nada nuevo en esa “renovación” que tratan de imponernos para contestar ¿cuál es el futuro de la humanidad después de la pandemia? O dicho de otro modo, ellos responden: más de lo mismo, con algunas reformitas. Sin pérdidas de ganancias, claro.

En las tripas mismas del capitalismo está la fuerza que lo destruirá. No hay que buscar esa fuerza en otra parte. Es la fuerza que finiquitará y sepultará al capitalismo para crear una sociedad nueva. “La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros” Karl Marx. No se necesita mucha ciencia para verlo en plena acción, diariamente. Lo destruye la contradicción Capital-Trabajo, llevada a su más alta tensión que es una revolución en marcha. Aunque gasten mucho en ocultarla. De ese antagonismo se desprende la tensión que dilucidará, con la mayor amplitud, el papel histórico y los objetivos de la lucha de clase del proletariado. El capitalismo no sólo crea y recrea las crisis, inventa ilusiones para anunciar que logrará la “recuperación” de la economía mundial y renovará sus escenarios con estratagemas reformistas de largo plazo. Inoculará “nuevas” reformas y grandes engaños para mantener al capital por encima de los seres humanos.

Es necesario, también, un movimiento internacionalista de Filosofía para la transformación de la realidad. No se resolverán los problemas, que la acumulación del capital le impone a la humanidad, sólo con reformas fiscales ni sólo con reformas al aparato del Estado arrodillado ante las oligarquías. No se resolverá sólo con más hospitales, ni sólo con más escuelas ni con más de lo mismo. Hay que reformar integralmente los contenidos de cada institución. Aunque venga acicalado con palabrerío alambicado para el gusto de ciertas tribunas. Debe interpelarse profundamente el modo de producción y las relaciones de producción. La tenencia de la tierra, las “concesiones” a la minería, la soberanía de mares territoriales y en general el derecho de los pueblos a disfrutar las riquezas naturales y el producto del trabajo que a ellas se imprima y que de ellas provenga. Hay que discutir la democracia burguesa toda. Su historia, sus definiciones, sus legislaciones y sus miles de emboscadas ideológicas y leguleyas. Hay que filosofar para la revolución humanista en serio.

Es hora, también, de descolonizar a la Filosofía. Dar la lucha en las entrañas de las mafias que la secuestraron para esconder la lucha de clases y decorar al capital. Hay que interpelar a la educación en su totalidad y a sus servidumbres en el mercado de los saberes. Hay que interpelar al modelo de salud y a sus principios para emanciparla de la lógica mercantil y del individualismo mesiánico. Hay que interpelar, “hasta que duela”, toda la estructura de “valores” y “sentido común” inoculados por la red de “medios de comunicación” secuestrada para someternos al “síndrome de Estocolmo” que nos obliga a aceptarlo como si fuesen nuestros los valores de la clase opresora. Hay que interpelar íntegramente al aparato de justicia, al aparato de sanciones… al capitalismo íntegramente. Incluyéndonos todos. Hay que interpelar también nuestra crisis de dirección revolucionaria y resolverla para terminar con el capital. ¿Cómo será el mundo después de la pandemia?: lo mismo, sólo que con el peligro de que nos secuestren el futuro nuevamente… el mismo sólo que empeorando velozmente si no nos organizamos para transformarlo. “En la demora está el peligro”. Eloy Alfaro.

LA PANDEMIA ES LA DESIGUALDAD. PASQUALINA CURCIO CURCIO

PROLETARIOS DEL MUNDO, LA PANDEMIA ES LA DESIGUALDAD
Hay que cambiar el mundo de base, erradicar el origen de la desigualdad y revisar el sistema de producción y distribución basado en la propiedad desigual de los medios de producción. El mundo post pandemia debería avanzar hacia un sistema justo e igualitario. Es necesario contener al capitalismo y detener la propagación de la desigualdad y la pobreza que exponencialmente este sistema genera.

 

NASOBUCO DÓLAR

PASQUALINA CURCIO CURCIO

PASQUALINA 3No es del todo cierto que el Covid-19 no distingue al momento de atacar y sobre todo de provocar muertes. Es posible que biológicamente no haya diferencias en cuanto a color de piel, edad, o sexo, en todo caso son estudios que habrá que realizar con detenimiento una vez que se tenga el detalle de los casos de contagiados y fallecidos, pero, diferencias y desigualdades para combatir la pandemia y no morir en el intento, de hecho, las hay.

No es igual el riesgo a contagiarse que asume el repartidor de la empresa Amazon, quien debe salir a trabajar diariamente porque de lo contrario sus hijos irán a la cama sin comer, al riesgo que corre el dueño de la misma empresa, quien estando socialmente muy bien distanciado en su mansión figura de primero en la lista Forbes con un patrimonio de 138 mil millones de dólares.

No es igual sobrellevar la cuarentena siendo cajera de Walmart, con todo el riesgo a contagiarse que ello implica y teniendo un salario que no debe ser suficiente para pagar la prueba de despistaje del covid-19, que sobrellevar el distanciamiento social siendo uno de los accionistas de la empresa: el número 13 de la lista Forbes 2020 con 54 mil millones de dólares de patrimonio.

No es igual combatir el coronavirus sin un trozo de pan que comer porque, siendo asalariado y sin capacidad de ahorro, has sido despedido debido a que la empresa transnacional donde trabajas debió cerrar por la cuarentena, a ser el burgués dueño de la filial.

No es igual sobrellevar la pandemia viviendo en las calles, sin refugio permanente, sin tener que comer, sin trabajo ni salario, que perteneciendo al 1% de la población mundial que se apropia del 82% de la riqueza (Oxfam, 2019).

El verdadero mal que hoy se extiende por todo el mundo y que ataca a la humanidad es la desigualdad, a su vez consecuencia de un sistema de producción y distribución depredador a través del cual la burguesía, dueña del capital, con la complicidad de Estados que mínimamente participan en las economías y “los dejan hacer”, se ha ido apropiando cada vez más del esfuerzo del trabajador asalariado. Un sistema que, por lo tanto, genera cada vez más pobreza y que hoy, en tiempos de coronavirus, se hace más evidente.

Sobrellevar los embates de la pandemia por coronavirus en condiciones de pobreza obviamente resulta más difícil. Hoy, 3.700 millones de personas en el mundo son pobres, o sea, la mitad de la población.

¿Nos hemos preguntado por qué hay tantos pobres en el mundo? ¿O es que vamos a creer el discurso hegemónico defensor del capitalismo que cuenta que los pobres son pobres porque no trabajan lo suficiente, no se esfuerzan, no son productivos, despilfarran su salario, y por lo tanto, ellos mismos son los responsables de su condición de pobreza?

Veamos algunas cifras y desmontemos la mentira

La producción mundial asciende a 85.9  billones de dólares (es la suma del producto interno bruto de todos los países durante el 2018, según datos del Banco Mundial). ¿Quién se supone que produjo esa billonada? ¿Los ricos? ¿Los dueños del capital? ¿La burguesía?

Somos 7.594.270.356 de personas en el mundo, de las cuales, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 3.428.400.000, es decir, el 45% de la población total, pertenecemos a la fuerza de trabajo (estamos en edad productiva y en condiciones de trabajar). De estas 3.400 millones de personas que formamos parte de la fuerza de trabajo, estamos ocupados 3.294 millones. Según la OIT, solo 83 millones son empleadores, o sea, solo el 2,68% son dueños del negocio, propietarios del capital, llámense burgueses.

Eso significa que los 85,9 billones de dólares que se produjeron en el mundo en 2018 son resultado del esfuerzo de 3.208 millones de proletarios y 83 millones de burgueses.

Sin embargo, y siguiendo con las cuentas, según Oxfam, el 82% de los 85,9 billones de dólares que se produjeron fueron a parar a manos del 1 % de la población mundial (o sea, 70,4 billones de dólares fueron apropiados por tan solo 75 millones de personas). Cada uno de los de este grupito, que no son precisamente de la clase obrera, obtuvo en promedio 927.630 dólares en 2018, claro que unos más que otros.

El otro 18% de lo que se produjo en el mundo (15,4 billones de dólares) se distribuyó entre el 99% de la población mundial restante (entre 7 mil quinientos millones de personas) tocándole en promedio a cada uno 2 mil dólares al año, a unos más y a otros menos, a otros nada. Nos referimos a los que viven al día, a los que si no salen a trabajar no comen a pesar de que son los que producen los 85 billones. Léase los proletarios.

¿De verdad los pobres son pobres porque no trabajan? ¿Es en serio?

¿No será que el sistema capitalista explotador en un mundo globalizado y repleto de monopolios transnacionalizados, otorga el poder omnipotente al dueño del capital para fijar, no solo los precios sino también los salarios y por defecto la ganancia, subsumiendo cada vez más en la pobreza a los asalariados? ¿No será que el producto del trabajo de miles de millones de proletarios del mundo está cada vez más desigualmente distribuido? Seguir leyendo LA PANDEMIA ES LA DESIGUALDAD. PASQUALINA CURCIO CURCIO

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DEL “NUEVO ORDEN”? FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

¿Usurpación semántica para derrotarnos con nuestras propias banderas?

ILUSTRACIÓN NUEVO ORDEN

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Transformar al mundo es una consigna de los pueblos. Está en disputa (renovada) la hegemonía semántica sobre la idea de “Nuevo Orden”. No es la primera vez que una “crisis” internacional produce el antojo de esconder la basura, generada por la opresión, bajo la alfombra de lo “Nuevo”. Como si fuese un conjuro para saltar, sin solución de continuidad, de una estadio económico-político-social a “otro” idéntico pero desmemoriado∫. Aunque la vida no se comporte así. Un personaje de teleserie dijo: “el pasado nunca se queda donde lo dejas”.

Por ejemplo, las viejas manías reformistas, pertinaces e irritantes, pretenden anestesiarnos con una invocación “reloaded” hacia un “Nuevo Orden”. Añejo truco desvencijado que sólo tiene seguidores a sueldo o desprevenidos. Si los poderes fácticos hablan de otro “Nuevo Orden” hay que fijarles una agenda de mínima y de máxima, con los pies bien puestos sobre a realidad, objetiva y subjetiva, vigentes. Ya basta de “buenos propósitos” efímeros. Lo único Nuevo es el Socialismo; la comunidad organizada, por ella misma para poner como interés social supremo la vida buena, el buen vivir, inclusivo y diverso, en sociedades igualitarias. Lo único nuevo es la emancipación de los oprimidos, asumiendo su papel como dirección transformadora. Nada hay nuevo en el capitalismo, incubadora repetitiva de desorden y anarquía.

Avejentado el modelo económico que tiene al 1% de la población como poseedor del 99% de las riquezas mundiales… lo “nuevo” será crear un sistema riguroso de distribución equitativa, por ejemplo. Distribución nueva: a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades. Avejentado el modelo de valores, que impone respeto y pleitesía al aparato jurídico dominante, donde la ley pesa como maldición contra los pobres y la corrupción inclina la balanza de la “justicia” siempre hacia la impunidad de los adinerados… lo nuevo exigiría un modelo de Justicia Social capaz de impedir la apropiación de las riquezas en unas cuantas manos y eso implica las riquezas naturales, comunicacionales, artísticas, científicas, éticas… lo nuevo sería salir derrotar al capital. Y así con la educación, la salud, la ciencia… No es la pandemia lo que acelera en “Nuevo Orden”, tampoco es una liturgia.

Decir “avejentado” aquí, no implica amor por el novedosísmo. Tampoco es emboscada para echar a la basura la experiencia y mucho menos la historia que siempre debe ser analizada críticamente. Implica enfatizar el peso de una injusticia cometida contra la humanidad, en un plazo específico, y que hoy sólo tiende a empeorar los daños contra el planeta y contra la especie humana. Un modelo económico e ideológico que sólo hace felices a unos cuantos privilegiados y a algunos subalternos con el cerebro lavado. El capitalismo envejeció y hoy es un catálogo macabro de inmoralidades y peligros del que urge salir en consenso, con un plan superador. Sin amos, sin patrones, sin clases sociales, sin humillaciones ni desprecios. Nuevo, radicalmente…desde las raíces, pues. Seguir leyendo ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DEL “NUEVO ORDEN”? FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

EL CAPITALISMO, SUS MÉDICOS Y SUS MEDICAMENTOS. FILOSOFÍA DE LA SALUD. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Una sociedad enferma lucra, incluso, con las enfermedades

DOLARES

 

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

El Capitalismo, sus médicos y sus medicamentos Filosofía de la Salud

buen abad 1Mientras la salud (o las enfermedades) de los pueblos sean un negociado de mercachifles en el que estén prendidos como vampiros muchos laboratorios, universidades, instituciones gubernamentales, hospitales y médicos… mientras existan personas y pueblos enteros sin seguridad médica… mientras reinen los hábitos y las manías patológicas que inoculan las mafias publicitarias en contra de la salud pública… viviremos una injusticia monstruosa que se ha naturalizado como parte del decorado miserable de las sociedades divididas en clases. Todos los días, durante las madrugadas, las filas de personas a las puertas de los hospitales, en espera de una consulta, padecen listas enormes de violaciones a los derechos humanos mientras, por ejemplo, la industria farmacéutica (13 de los 20 más voraces) instalada en Puerto Rico, recibe beneficios fiscales caimánicos y mueve saludables fortunas en el orden de 60 000 millones de dólares.

El capitalismo entrena a los médicos, a las enfermeras y a los trabajadores de la salud como se entrena a un ejército de mercenarios vendedores de análisis cínicos, estudios diagnósticos, cirugías, medicamentos y terapias. Las materias y reflexiones humanísticas, la conciencia social, brillan fulgurosamente por su ausencia y precariedad. Les uniforman las cabezas con aspiraciones y sueños burgueses (estereotipados hasta las náuseas) para que exhiban impúdicamente su lealtad convenenciera a los negocios de dueños de los laboratorios que ya antes entrenaron a sus jefes. “Pfizer es actualmente la mayor compañía farmacéutica, y se reporta 45 mil millones de dólares de rentabilidad. Las empresas multinacionales, entre ellas Glaxo Smith Kline, Merck & CO., Bristol-Myers Squibb, AstraZeneca, Aventis, Johnson & Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly, acapararon el 58,4% del mercado, alrededor de 322 mil millones de dólares en ganancias”.[i]

Hay que ver los desplantes de prepotencia y petulancia que pasean muchos jefes de sección, de guardia, de departamento… en cada clínica, hospital o laboratorio frente a las enfermeras, los estudiantes y los trabajadores que deben aprender primordialmente a convertir su humillación en buenas calificaciones, diplomas, nombramientos especiales o premios… como la asistencia a congresos, la publicación de “papers” y los regalitos de los laboratorios. No nos asustan, ni silencian, los medicuchos que se envuelven con enjambres terminológicos y estadísticos para inmolarse en el reino de la erudición archi-especializada y donde no sólo no se aceptan las denuncias más obvias, sino que éstas son vistas como desplantes de “mal gusto”. De esos bonzos demagogos, tecnócratas y burócratas, están repletas las academias y asociaciones de especialistas… y muchos hospitales. No todos, claro… claro. Pero. Muchos estudiantes son adiestrados con excelencia “técnica” para sustentar la servidumbre de clase que justifica el negocito y justifica también algunas dádivas de la filantropía médica que, con su ética mesiánica, beneficia a algunos pobres en hospitales para pobres y con burocracia para pobres.

¿Es esto muy exagerado?

Los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud suelen ser amaestrados para que adopten, como suyas y originales, ideas reaccionarias y conductas mediocres. Sus heroicidades se reducen a ser serviles y mansos con el negocio y llevar al reino de su individualismo las glorias de las cuentas bancarias y los bienes terrenales. Su heroicidad tiene por alma mater una vanidad inmisericorde entrenada diariamente en el campo de concentración a que someten a sus “pacientes” y a los familiares de ellos. Muchos “doctorcitos” se hacen pagar su magnanimidad con agradecimientos eternos, y halagos, gracias a extorsionar a todo mundo con el viejo truco de regatear información, hablar con tono didáctico y condescendiente, jugar a que el tiempo nunca les alcanza y sacarse de la manga soluciones milagrosas. Muchas bajo el método de la escopeta… algún perdigón le pegará a la perdiz. Cuantos más medicamentos ensayen… mejores regalitos mandarán los laboratorios. Existe un ranquin internacional de premios en hoteles, líneas aéreas y merchandising variopinto. Lo aprenden los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud desde las primeras lecciones.

Sueñan con infectarnos la vida con saliva de burócratas serviles a la carnicería neoliberal. Son “doctores” inoculados de epidemia usurera entre los mercados farmacéuticos, caldo infecto de la demagogia neoliberal, el peso de la miseria y el crimen, el hambre, el desempleo, la injusticia galopante. Nosotros lo pagamos. Ellos se autonombran “doctores” para esconder su prepotencia y suficiencia de ignorantes funcionales indolentes a la miseria, desnutrición, hospitales destruidos, escuelas desvencijadas, podredumbre y hediondez a diestra y siniestra. Depresión, mal humor, desesperanza, hartazgo, tristeza, melancolía rabia… furia… odio. Cansancio y soledad, trabajadores humillados. Ancianos victimados con indolencia… enfermos carcomidos por la burocracia. Los niños miran atónitos el futuro que les heredamos. Es una Monstruosidad. Vivimos infestados de negligencia. Los más pobres están más desprotegidos, no están bien alimentados, no pueden ir al doctor, imposible pagar medicamentos y, en general, no tienen posibilidad de atender su salud. No es poca cosa. Seguir leyendo EL CAPITALISMO, SUS MÉDICOS Y SUS MEDICAMENTOS. FILOSOFÍA DE LA SALUD. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

EL CORONAVIRUS ES UN GOLPE AL CAPITALISMO AL ESTILO DE ‘KILL BILL’ Y PODRÍA CONDUCIR A LA REINVENCIÓN DEL COMUNISMO. SLAVOJ ŽIŽEK

El filósofo, psicoanalista y teórico cultural esloveno Slavoj Žižek dio a conocer el siguiente texto el pasado 27 de febrero a través de los servicios periodísticos de la agencia de comunicación Russia Today (RT). Como suele ocurrir con las publicaciones de Žižek --ante las cuales no cabe la indiferencia, incluso para discrepar de ellas--, el artículo en cuestión se convirtió rápidamente en un suceso mediático y académico en buena parte del mundo. También hay que reconocerle al autor de El sublime objeto de la ideología (Verso Books, 1989), que estuvo entre los primeros en arriesgarse a dar un criterio acerca del impacto del nuevo coronavirus en la sociedad contemporánea. Otros también lo hicieron entonces, como la norteamericana Judith Butler y el italiano Giorgio Agamben, la primera con muchísima más suerte que el segundo, quien, lamentablemente, esta vez extravió su mirada. 

La COVID-19 continúa generando textos y opiniones de interés –por ejemplo, acaba de publicarse digitalmente la compilación de artículos Sopa de Wuhan (Editorial ASPO**), un fenómeno viral que ya precisa de una edición ampliada o de un segundo, tercer o cuarto volumen si los autores (u otros) se propusieran algo más perdurable y completo--. En fin, mientras continúa el debate, del que hemos dado cuenta profusamente en este blog, los dejo con Slavoj Žižek y su texto sobre el coronavirus. 

FOTOGRAMA DE KILL BILL 2
Fotograma de la película Kill Bill 2, de Quentin Tarantino.

SLAVOJ ŽIŽEK

ZIZEK 2La propagación continua de la epidemia de coronavirus también ha desencadenado grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo.

La necesidad médica fundamentada de cuarentenas encontró un eco en la presión ideológica para establecer fronteras claras y poner en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza para nuestra identidad.

Pero quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global.

A menudo se escucha especulación de que el coronavirus puede conducir a la caída del gobierno comunista en China, de la misma manera que (como el mismo Gorbachov admitió) la catástrofe de Chernobyl fue el evento que desencadenó el fin del comunismo soviético.  Pero aquí hay una paradoja: el coronavirus también nos obligará a reinventar el comunismo basado en la confianza en las personas y en la ciencia

En la escena final de Kill Bill 2, de Quentin Tarantino, Beatrix deshabilita al malvado Bill y lo golpea con la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos”, el golpe más mortal en todas las artes marciales. El movimiento consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos a cinco puntos de presión diferentes en el cuerpo del objetivo. Después de que el objetivo se aleja y ha dado cinco pasos, su corazón explota en su cuerpo y caen al suelo.

Este ataque es parte de la mitología de las artes marciales y no es posible en un combate cuerpo a cuerpo real. Pero, volviendo a la película, después de que Beatrix lo hace, Bill tranquilamente hace las paces con ella, da cinco pasos y muere.

Lo que hace que este ataque sea tan fascinante es el tiempo entre ser golpeado y el momento de la muerte: puedo tener una conversación agradable mientras me siento tranquilo, pero soy consciente de todo este tiempo que en el momento en que empiezo a caminar, mi corazón explotará. y caeré muerto

¿La idea de quienes especulan sobre cómo la epidemia de coronavirus podría conducir a la caída del gobierno comunista en China no es similar? Al igual que una especie de “Técnica del Corazón Explotante de la Palma de Cinco Puntos” en el régimen comunista del país, las autoridades pueden sentarse, observar y pasar por los movimientos de cuarentena, pero cualquier cambio real en el orden social (como confiar en la gente) resultará en su caída.

Mi modesta opinión es mucho más radical: la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la “Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos” contra el sistema capitalista global, una señal de que no podemos seguir el camino hasta ahora, que un cambio radical es necesario.

Triste hecho, necesitamos una catástrofe 

Hace años, Fredric Jameson llamó la atención sobre el potencial utópico en las películas sobre una catástrofe cósmica (un asteroide que amenaza la vida en la Tierra o un virus que mata a la humanidad). Tal amenaza global da lugar a la solidaridad global, nuestras pequeñas diferencias se vuelven insignificantes, todos trabajamos juntos para encontrar una solución, y aquí estamos hoy, en la vida real. El punto no es disfrutar sádicamente el sufrimiento generalizado en la medida en que ayuda a nuestra causa; por el contrario, el punto es reflexionar sobre un hecho triste de que necesitamos una catástrofe para que podamos repensar las características básicas de la sociedad en la que nos encontramos. En Vivo. Seguir leyendo EL CORONAVIRUS ES UN GOLPE AL CAPITALISMO AL ESTILO DE ‘KILL BILL’ Y PODRÍA CONDUCIR A LA REINVENCIÓN DEL COMUNISMO. SLAVOJ ŽIŽEK

SEMIÓTICA DE LA PANDEMIA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Una lista larga de palabras, gestos, tecnicismos y decisiones proferidas por “autoridades”, de extracción muy diversa, abrió en campo semántico “nuevo” en el que reina la ignorancia -o la confusión- de las mayorías y no poca petulancia de algunas minorías especialmente repletas de burócratas en su peor acepción. Con sus honrosas excepciones. Sabiendo, muy relativamente, todo lo inédito del episodio que nos impone el “coronavirus”, (y en general las amenazas a la salud púbica) habríamos de exigirnos dosis generosas de humildad opuestas radicalmente al tonito doctoral de algunos “expertos” oportunistas con micrófonos o con títulos. Eso no implica suspender “lo categórico” de las recomendaciones más útiles para la defensa de la vida. Aunque existan muchos que confundan humildad con debilidad. Nos envuelve un miedo y una ignorancia enorme que estamos resolviendo planetariamente con ayuda de algunos talentos científicos no serviles al sistema. Y algunos “vivos” se aprovechan de eso.

Tal como fue declarada la pandemia del “coronavirus” (11-03-20) generó un paquete se “sentido” complejo, de dudas y certezas, para un escenario global en el que la salud de los pueblos ha sido mayormente abandonada a las aventuras mercantiles del capitalismo. Se trata de una red de “sentido” en la que transitan interrogaciones, y recomendaciones, tamizadas por el miedo (genuino o inducido) y la desconfianza generalizada. En plena crisis de credibilidad mundial nos piden confianza en su capacidad para manejar una crisis. Ahí donde el neoliberalismo pervirtió más rabiosamente el derecho humano a la salud, ahí se han multiplicado las muertes de manera desbordada. Aguardan con obscenidad la multiplicación de los muertos para dar rienda suelta a su circo macabro, interrumpido por avisos publicitarios. Algunos subieron el “rating”. Exacerban el individualismo, deslizan su xenofobia y aplauden soterradamente la lógica del sálvense quien pueda (o más tenga) pero con tono filantrópico burgués… o sea falso. Los “noticieros”, fabricados por los monopolios de medios, han exhibido toda su estulticia y su epistemología fascista de la información. Aunque la maquillen con sonrisas amables, medicuchos conservadores y caras de compungidos.

Demagogia de números. Nuevamente el sistema, mudo casi siempre de realidad, vuelve a relatarla casi exclusivamente con estadísticas. Cifras, porcentajes, comparaciones… y frases “ingeniosas” para hacer creer que se sienten “muy seguros” con las decisiones que asumen sin consultar a los pueblos. Opera una especie de “aristocracia académica” que, con el pretexto de que los pueblos “no saben”, dictan normas y decretos a granel para conducir la crisis por los senderos que, para ellos, son más seguros. En la lógica del combate al “coronavirus” reinan los silogismos del “estado presente” pero con pueblos desmovilizados a punta de pánico o de verdades a medias. “Todos a su casa” a fungir como espectadores de las cifras y de las acciones asumidas por quienes dicen saber qué hacer ante una amenaza de la que saben poco o nada. Nadie se imaginó una movilización de pueblos que, desde sus casas, desarrolle una experiencia de crítica política frente a los vacíos de sentido o contra el relleno semántico impuesto por el capitalismo para salir ganando a pesar de la pandemia. O por eso mismo.

Experimentamos la barbarie de una ocupación ideológica cuyo relato ha desfigurado –profundamente- el tejido social y ha forzado el sometimiento de comunidades enteras. Tal ocupación tiene por objeto establecer las hegemonías políticas y militares de la opresión y acceder a los territorios de la impunidad absoluta frente al saqueo y la explotación. La “guerra mediática” es también una estrategia para la apropiación y explotación de la memoria histórica, de la diversidad cultural y de la identidad de género. Consumimos el palabrerío hegemónico como si se tratase de la verdad.

Pero el “sentido” más importante que se produce, en el escenario de la pandemia, es esa solidaridad humana de la que se habla poco. Esa solidaridad que prospera en el caldo de cultivo que son las contradicciones de un sistema económico, político e ideológico destructor de fuerzas productivas (identidades y patrimonios culturales) a mansalva y ahora se disfraza de “salvador de la humanidad” vestido con “cubrebocas” y batas de salubridad. Nada de lo que hablan los técnicos, los científicos, los políticos, empresarios y farándula informativa del sistema, tiene importancia alguna si no mencionan la base económica y fraterna que aportan los pueblos a pesar del dolor, las incertidumbres, las contradicciones y los errores que (incluso lógicamente) se han cometido y cometerán en medio de una situación de “crisis” cuya dinámica no se reduce a la aparición del virus. Hemos vivido la crisis del capitalismo por demasiadas décadas.

El relato del poder sigue esperando que un “genio individual”, en un laboratorio privado, con dinero y poder suficiente, descubra la “vacuna milagrosa”, la salvación de coyuntura que traerá unos años más de respiro a un capitalismo en corrupción acelerada. Esperanzas del individualismo para un relato que, con su moraleja, nos adiestra para la resignación una vez más. Salvo excepciones, como la cubana, se construye un imaginario burgués que, de antemano, deja en manos de empresas trasnacionales de la salud el negocio inmenso de hacer, distribuir y vender las vacunas y sus adláteres. Ni una sola concepción comunitaria de las soluciones, los tratamientos, la responsabilidad colectiva. “Hay que confiar en los expertos”. Como si no supiésemos que todo el negocio oligarca de la salud, tan desastroso, costoso y mercenario como es, lo han construido y dirigido sus “expertos”. No se puede tapar la lucha de clases con un virus.

Una cosa es segura dentro de toda la parafernalia semiótico-mediática que envuelve y maquilla a la pandemia de estos días: los pueblos están entendiendo una dimensión de la barbarie capitalista que va quedando al desnudo según pasan las horas. El sistema tiembla por todas partes y para esconder sus temores habla en tono “científico” y derrama dinero que antes juraba no tener. Construye un sentido mesiánico de sí mismo. Descubre recursos donde dijo que no existían y reinventa soluciones que juró eran imposibles. Quieren demorar, con dinero, el despertar del los pueblos.

BLOGS DE TELESUR

‘GRETA, SAMIR, BERTA’. KATU ARKONADA

KATU ARKONADA

KATU 1Durante 2018 se documentó(1) el asesinato de 164 personas defensoras de la Madre Tierra, luchadoras sociales que defendían sus ríos, montañas y recursos naturales ante el avance depredador de la minería y la agroindustria, generalmente a manos de transnacionales del Norte.

La mitad de estos asesinatos –83– fueron cometidos en América Latina y el Caribe. De ellos, 14 en México.

Un caso paradigmático en México fue el asesinato, en febrero de este año, de Samir Flores. Activista del Frente en Defensa de la Tierra y del Agua, indígena náhuatl y campesino, se había opuesto radicalmente al Proyecto Integral Morelos, un plan de construcción de termoeléctricas en manos de la multinacional española Abengoa. Esta empresa, que acumula 18 mil 700 personas despedidas mediante 40 Expedientes de Regulación de Empleo, tuvo en 2018 pérdidas por mil 498 millones de euros.(2)

Tres años antes, en marzo de 2016, fue asesinada en Honduras Berta Cáceres, fundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras. Berta era indígena lenca, se oponía a la privatización del agua en Honduras y había recibido amenazas de la empresa Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima, responsable de la construcción de represas hidroeléctricas en Agua Zarca, río Gualcarque.

Sin embargo, los asesinatos de estos dos luchadores sociales en defensa de la tierra y de la vida, con gran impacto en los movimientos sociales latinoamericanos, apenas tuvieron eco en los medios de comunicación masivos y redes sociales en general.

Ha tenido que venir una activista sueca de 16 años, Greta Thunberg, quien, tras un discurso en la Cumbre para la Acción Climática de Naciones Unidas y un encuentro y posterior tuit de Donald Trump, se ha hecho mundialmente conocida. Las redes sociales no paran de mencionarla y las referencias que ella hizo a la reforestación, transición energética y comer menos carne, junto con críticas a las industrias contaminantes o el uso de plásticos desechables, todo ello como maneras de enfrentar el desastre ambiental que vive nuestro planeta.

Las críticas a Greta no se han hecho esperar. Una chica europea, blanca, apoyada por firmas de capital riesgo en energía verde, rodeada de una narrativa muy fuerte y simbólica, por su edad (16 años) y tener síndrome de Asperger.

La polémica está servida. ¿Es positivo que, aunque en otros casos no haya sucedido, surja una voz que conciencie a la sociedad global sobre el cambio climático y la crisis medioambiental en la que nos encontramos inmersos?, ¿o más bien debemos estar prevenidos ante un nuevo producto de los medios de comunicación masivos e intereses transnacionales que buscan crear un ecologismo de mercado new age?

Sin duda el debate siempre va a ser positivo. Pero también hay que ser muy conscientes de cómo el capitalismo intenta cooptar todas las expresiones de lucha, sean identitarias o formen parte del programa histórico de la izquierda. Lo hizo en primer lugar con el multiculturalismo, convirtiéndolo en la expresión posmoderna del propio capitalismo en el ámbito cultural, y lo está haciendo en la actualidad con luchas tan importantes y necesarias como el feminismo (ahí está Hillary Clinton) o la reivindicación de los derechos LGTBIQ (en México, la marcha del orgullo ha pasado de ser una reivindicación a un carnaval encabezado por carros alegóricos de Amazon o Facebook).

En un momento de financiarización y uberización de la economía, síntoma de una crisis estructural de un capitalismo en fase de descomposición; la economía verde intenta convertirse en alternativa que permita mantener el modo de producción capitalista, conteniendo y aplacando las luchas colectivas en pos de soluciones individuales y no estructurales.

Bienvenido sea por tanto el debate urgente sobre la crisis climática que sufrimos como humanidad, aunque venga de la manipulación de nuestras emociones por parte de una adolescente (y las transnacionales que la financian), que por su condición de clase y ubicación geográfica difícilmente pueda entender que el problema no es que las industrias contaminan y que las personas comen carne, sino un sistema capitalista colonial y patriarcal.

Debatamos en todos nuestros espacios, públicos y privados, cómo construir soluciones estructurales para lograr una verdadera justicia social y ambiental, la única forma de superar la emergencia climática, el ataque despiadado a nuestros bienes comunes y la doctrina del shock llevada al extremo del asesinato de luchadores medioambientales.

Que el discurso de Greta sirva para que la vida y lucha de Samir Flores, Berta Cáceres y tantas otras y otros luchadores sociales en defensa de la vida y de nuestra Madre Tierra no haya sido en vano.

Que la intersección entre la lucha por la justicia social, climática y el feminismo, dé a luz a un nuevo proyecto político construido desde abajo y a la izquierda.

NOTAS
1 ¿Enemigos del Estado? 
https://www.globalwitness.org/es/ campaigns/environmental-activists/enemigos-del-estado/
2 La estricta dieta para el empleo de Abengoa 
https://elpais.com/economia/ 2019/03/02/actualidad/1551531565_291366.html

TEORÍA DE LA DESMORALIZACIÓN INDUCIDA: LA METÁSTASIS DEL INDIVIDUALISMO SÍ SERÁ TELEVISADA. FERNANDO BUEN ABAD

BUEN ABAD 10

NO ES EL FUEGO, ES EL CAPITALISMO. KATU ARKONADA

ANACONDA

KATU ARKONADA

KATU 1El capitalismo ha entrado en una fase de descomposición que hace imposible, si quiere mantener la tasa de ganancia, garantizar la reproducción de la vida en condiciones dignas.

El modo de producción capitalista sólo puede mantenerse a costa de la explotación de las personas y de la naturaleza. La economía se financiariza y uberiza, explotando a un cada vez mayor porcentaje de la población mundial, al mismo tiempo que la minería y el agronegocio van destruyendo nuestras montañas, lagos y bosques, fundamentales para regular el clima y proveer alimentos y agua.

Al mismo tiempo, y como bien señalaba Gramsci, es en los momentos de crisis como este, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, cuando surgen los monstruos. La trumpización de la política es ya una realidad.

Es por todo lo anterior que en Brasil, y tras la aplicación de un golpe parlamentario contra Dilma y el lawfare contra Lula, ha surgido un monstruo como Bolsonaro, que avanza a paso firme en la destrucción social y ambiental del país más grande, geográfica y económicamente, de América Latina.

Los incendios que surcan la Amazonía, pulmón del planeta, son la cristalización del nuevo tiempo que nos toca vivir. Son más que un síntoma, son la metástasis de este mundo de monstruos regido por el modo de producción capitalista.

En primer lugar, no podemos obviar que Bolsonaro llegó al gobierno apoyado por la coalición BBB (Biblia, bala, buey), la unión de sectores evangélicos, milicias paramilitares y agronegocio. Y a ellos se debe y para ellos está modificando las leyes. En el caso del agronegocio, le recompensó entregándoles el control sobre agricultura, medio ambiente y pueblo indígenas.

El resultado: alrededor de 75 mil incendios en la Amazonia en los menos de 250 días que Bolsonaro lleva en el gobierno, la mayoría de ellos provocados con el objetivo de deforestar bosque y expandir el territorio del agronegocio, incendios que ya han afectado más de 3 mil kilómetros cuadrados de superficie.

El desastre ambiental es ya un hecho en un Amazonas que con su sola existencia impide la desertificación de toda su cuenca, conformada por 8 países: Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela y Surinam. Un Amazonas que produce 20 por ciento del oxígeno que respira el planeta, y captura asimismo otro 20 por ciento del CO₂, que es emitido a la atmósfera en la medida en que los árboles se van quemando, aumentando el calentamiento global.

Antes de la destrucción ambiental, y en menos de nueve meses de gobierno, Bolsonaro ya ha consumado una destrucción social en Brasil. La ofensiva contra los derechos sociales no tiene precedente. Desde la defensa de la dictadura militar o la tortura, a la legalización de facto de la posesión de armas, la flexibilización laboral, el recorte a las pensiones o la privatización de la educación universitaria.

En cualquier caso, que las ramas no nos impidan ver el bosque (si es que no se quema antes).

El debate en torno a la quema de la Amazonia está cargado de hipocresía. Desde quienes nunca denunciaron el encarcelamiento de Lula (germen de la tragedia social y ambiental que vive Brasil hoy), hasta veganos que critican a quienes consumen carne, pero no denuncian la explotación laboral de la clase trabajadora, especialmente quienes en el campo producen los vegetales que consumimos en las ciudades. Por no hablar, en un plano más estructural, de la hipocresía de los países del norte que quieren convertir a los países del sur en sus guardabosques. Un norte que pudo crecer y hacer sus revoluciones industriales y tecnológicas a costa de la explotación de los pueblos y recursos naturales del sur.

El debate sobre el modelo de desarrollo es uno de los grandes pendientes que tenemos como humanidad. El equilibrio entre el derecho al desarrollo, a sacar a cientos de millones de personas de la pobreza, y los derechos de la Madre Tierra, es un debate todavía no resuelto.

Es un debate en el que las responsabilidades deben ser compartidas, pero diferenciadas entre norte y sur. El 10 por ciento más rico de la población genera 50 por ciento de las emisiones de CO₂, mientras que la mitad más pobre de la población mundial genera tan sólo 10 por ciento de las emisiones. Está claro quienes son los responsables del problema y quienes deben ser los primeros en buscar soluciones. Seguir leyendo NO ES EL FUEGO, ES EL CAPITALISMO. KATU ARKONADA

¡SALVEMOS LA AMAZONIA! ¡SALVEMOS EL PLANETA! RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD

INCENDIO AMAZONIA 4

“Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.
Fidel Castro Ruz
Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo,
Río de Janeiro, 12 de junio de 1992

La Red en Defensa de la Humanidad se suma a la movilización mundial en protesta por el desastre ecológico que están produciendo los incendios en la Amazonia y en contra de las corporaciones transnacionales y los políticos directamente responsables de la catástrofe.

Como dijera Fidel hace veintisiete años, la especie humana “está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida”. Y añadía una categórica exhortación: “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño.”

En los últimos días, las extensas nubes de humo sobre la Amazonia constituyen una gravísima señal de alarma. Sin embargo, no puede verse como un hecho aislado. Su principal causa es el sistema capitalista y su concepción de crecimiento económico infinito que da prioridad a la producción y reproducción del capital en lugar de a la producción y reproducción de la vida. Lo que sucede hoy en la Amazonia, sucede también en vastas áreas en África y otras regiones del planeta.

Empresarios y políticos neoliberales, en su ambición desenfrenada en busca de mayores ganancias, no escuchan las crecientes e inquietantes advertencias de las instituciones científicas y de los defensores de la Amazonia, y emprenden y aprueban proyectos cada vez más agresivos sin tener en cuenta las consecuencias irreparables de su acción. Los intereses expansivos de las transnacionales mineras, petroleras, acuíferas, y del agronegocio, han encontrado un aliado incondicional en el actual gobierno neofascista de Brasil.

Bolsonaro ha venido promoviendo la deforestación de la Amazonia, el debilitamiento de todo control y fiscalización sobre las empresas y la reducción de los fondos para la protección y conservación de la región. Ha convertido en una práctica la persecución de líderes y comunidades indígenas y campesinas que defienden sus derechos y sus territorios. Estos pueblos, con sus culturas, cosmovisiones y saberes milenarios, son los que mejor han defendido –y en muchos casos lo han garantizado al precio de sus vidas–, la conservación de esta gran región como el mayor reservorio de biodiversidad del planeta, cuya pérdida o deterioro implicará un daño irreversible a la ya precaria salud de los ecosistemas a nivel global.

Ante estos hechos, la Red en Defensa de la Humanidad expresa su solidaridad con todos los pueblos originarios de nuestra Amazonia, víctimas de las políticas de despojo y de la más cruel violencia del capital transnacional, y denuncia la actitud del gobierno de Jair Bolsonaro, que además de propiciar el ecocidio, da la espalda a su gente, y solo después de veinte días de incendios anuncia, para enfrentarlo, la militarización de la región, lo que puede constituirse en un peligroso paso para propiciar el control de una zona geopolítica estratégica, a través del tutelaje internacional y la intervención directa de las transnacionales, escudados en una supuesta filantropía.

Es necesario recordar que la “ayuda” de otras naciones de sesgo imperial ante desastres similares, ha sido utilizada históricamente como pretexto para la intervención, la desestabilización y el saqueo, en lo cual las grandes potencias han contado siempre con las más diversas herramientas de dominación y, por supuesto, con la manipulación constante de la opinión pública. Debemos defender el principio de que si existe voluntad real de ayuda, esta debe encauzarse por la vía de los Estados y los organismos internacionales con pleno respeto a la soberanía.

Denunciamos la falsa moral de los países que han sido los mayores responsables de la crisis ecológica a nivel mundial, (entre ellos los miembros del G7) y que expresan hoy su preocupación por la Amazonia, obviando todo tipo de conexión entre los incendios y el desarrollismo capitalista. Son las transnacionales de estos mismos países las que se extienden por los reductos naturales del mundo en búsqueda de recursos de toda índole, tierras y fuentes de energía. Ninguna aparente polémica afecta al vínculo medular entre un gobierno neoliberal y entreguista como el de Bolsonaro, los poderes transnacionales y las grandes potencias. Apoyamos, en contraste, las acciones impulsadas por el gobierno del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, que ha demostrado un espíritu de unidad en la adversidad, y verdadera preocupación por enfrentar el incendio no sólo en su país, sino en la región, y aplaudimos también el llamado realizado por su gobierno y el de la República Bolivariana de Venezuela para que se concreten acciones regionales que permitan abordar la emergencia con celeridad y eficacia.

La Red en Defensa de la Humanidad, haciéndose eco de las expresiones de preocupación y dolor ante la tragedia de muchas personas sensibles del planeta, exige al gobierno de Brasil que sean tomadas medidas urgentes para salvaguardar la vida de los pueblos y culturas que están en peligro hoy en la Amazonia. Con los incendios, están siendo privados, además, del sustento material y espiritual de su existencia. Cuando arde un árbol, siempre arde una casa.

Exhortamos al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, a activar los recursos establecidos por los instrumentos normativos internacionales para garantizar de manera inmediata la protección de los más de cuatrocientos pueblos afectados y, a su vez, de la soberanía de los ocho países amazónicos. Instamos a promover denuncias ante la Corte Penal Internacional y otras instancias competentes de embestidas como éstas contra el medio ambiente, que deben ser consideradas como crímenes contra la Humanidad.

Alentamos a trabajar en la impostergable articulación de plataformas populares en un frente de acción común y coordinado ante los desastres ecológicos y sociales, que permita una comunicación alternativa, veraz, certera y oportuna, al tiempo que convocamos a revelar y difundir con énfasis la conexión causal existente entre el sistema capitalista y la debacle ambiental que estamos presenciando. Esto hace imprescindible enlazar las luchas anticapitalistas y la de los movimientos ambientales en defensa de la Amazonia y de otras zonas del planeta.

Convocamos a realizar actividades en todos nuestros países, movilizaciones populares, plantones, marchas, mítines y denuncias a través de las redes sociales, o lo que es lo mismo,  a utilizar toda posible tribuna para mostrar este crimen contra la naturaleza, acusar a sus responsables y advertir sobre el peligro de  que el impacto mediático que ha tenido esta tragedia sea utilizado por las grandes potencias imperialistas para  intervenir en la Amazonia y consolidar y legitimar el despojo de manera concertada con autoridades venales.

Hacemos un llamado, además, a la transformación de nuestras lógicas de consumo y contra la contaminación y degradación ambiental que estas producen, vinculadas al modo de producción capitalista y su inviable paradigma civilizatorio.

¡Salvemos la Amazonia! ¡Salvemos el planeta! Como dijera Fidel en 1992: “Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo.”

27 de agosto de 2019

Red en Defensa de la Humanidad

DE HEGEMONÍA Y EMPRENDEDORES: LA IDEOLOGÍA DE SILICON VALLEY. ALAN GRABINSKY

 

ALAN GRABINSKY / CULTURA Y RESISTENCIA

Alan GrabinskyEn un mundo marcado por la desigualdad, la idea de que todos podemos ser emprendedores es absolutamente incorrecta

Existen maneras sutiles, casi imperceptibles, de tener influencia. Lo que el filósofo político Joseph Nye denominó como “poder suave” –la capacidad de incidir en acciones de manera simbólica, sin utilizar la fuerza– es en verdad una reinterpretación de lo que Gramsci llamaba “hegemonía”: una forma de pensar en común que parece haber estado siempre presente pero que, en realidad, ha sido creada bajo condiciones históricas muy específicas y propagada por medio de instituciones como las que la escuela de Frankfurt llamaba las industrias culturales.

Este tipo de recursos es utilizado en tiempos de grandes cambios tecnológicos para propagar ciertas ideas. Libros, periódicos, canales de televisión y eventos especializados funcionan para posicionar a las nuevas fuerzas económicas y convertir sus narrativas en una especie de segunda naturaleza y, de esta manera, abrir nuevos espacios para la inversión de capital.

Una manera de localizar procesos hegemónicos es por medio del lenguaje, como cuando ciertas palabras empiezan a repetirse en contextos diferentes y, sobre todo, a emparentarse con la inversión y expansión de capital. Cualquier juego de lenguaje es excluyente por naturaleza, sin embargo, existen algunos contextos lingüísticos con mayor influencia que otros, como aquellos que se practican en las oficinas y que muchas veces le son inaccesibles a la población en general. Por eso, para poder delimitar las implicaciones de ciertos lenguajes, hay que analizar detenidamente la visión del mundo que estas palabras expresan y así ver los límites de su aplicación.

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