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“EL DECRETO LEY DEL CREADOR AUDIOVISUAL Y CINEMATOGRÁFICO INDEPENDIENTE CONSTITUYE UNA FORTALEZA CULTURAL”. MADELEINE SAUTIÉ

MADELEINE SAUTIÉ

madeleine 3El Decreto Ley No. 373 «Del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente» quedó aprobado por el Consejo de Estado el pasado 25 de marzo de 2019 y desde hoy se registra en la Gaceta Oficial de la República de Cuba.

Las políticas para fomentar la creación audiovisual y cinematográfica son el resultado de un largo proceso de análisis entre los creadores, el Icaic, el Ministerio de Cultura y numerosos especialistas de otros organismos. Para precisar los elementos que hilvanan el resultado final de este propósito, Granma conversó con Ramón Samada Suárez, presidente del Icaic, quien abordó sus antecedentes.

«La progresiva transformación del cine analógico al digital abrió nuevas posibilidades para la creación cinematográfica. En nuestro país este proceso transcurre desde los años 80 hasta principios de este siglo, donde se consolida la producción audiovisual y cinematográfica de forma digital. Este proceso socializó y diversificó las formas de hacer cine con la participación de muchos creadores de forma independiente».

–¿Cuándo se habla concretamente del creador audiovisual independiente?

–En el vii Congreso de la Uneac se analiza la necesidad de reconocer al creador audiovisual y cinematográfico independiente, y en el año 2013 se crea un grupo de trabajo para proponer a la Comisión de Implementación de los Lineamientos las transformaciones necesarias para el incremento de la producción cinematográfica. Estas propuestas, que implican también transformaciones en la institución, abordaron en toda su magnitud las necesidades expresadas por los creadores en el ámbito de la creación y producción de los proyectos de forma independiente. Con mayor énfasis se abordó la necesidad de abrigar, apoyar y regular jurídicamente esas necesidades, recordando que, desde años atrás, los artistas plásticos y los creadores literarios ya estaban reconocidos como creadores independientes.

–¿Cuál fue el paso subsiguiente?

–Después de un largo proceso de análisis, no exento de contradicciones y con una notable participación de los creadores, se elaboraron propuestas que resultan novedosas en el cine cubano y que abordan, desde una fuerte capacidad legal, la actualidad cinematográfica en el país. Seguir leyendo “EL DECRETO LEY DEL CREADOR AUDIOVISUAL Y CINEMATOGRÁFICO INDEPENDIENTE CONSTITUYE UNA FORTALEZA CULTURAL”. MADELEINE SAUTIÉ

HACIA UN CINE NACIONAL. TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA

Más allá del forcejeo de algún que otro aldeano vanidoso, Tomás Gutiérrez Alea (Titón) es el cineasta cubano por excelencia, y uno de los intelectuales más deslumbrantes, visionarios y universales de cuantos hayan surgido en la isla. No sólo fue agudo e incisivo en el hacer cinematográfico, sino a la hora de sistematizar sus ideas mediante la escritura y la conversación o la oralidad. Él fue, en la más genuina y comprometida acepción de la palabra, un artista. El texto que aparece a continuación, fue publicado en vísperas de la promulgación de la ley que diera lugar al surgimiento del  Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el 24 de marzo de 1959. Obviedades aparte, el director de La última cena --probablemente su película más importante, por el calado, la cualidad simbólica y el rigor en que se sustenta--, estuvo también en los orígenes, hizo y sabía de cine como pocos en este mundo, y no presumía de su genialidad ni de su bien ganado renombre.  
TITÓN 2
TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA

Primero fue casi un caos. Afortunadamente, las fuerzas vitales de la nación se manifestaban y se ordenaban dentro del desorden. Y triunfaron rápidamente. Había razones para estar preocupados en medio de la alegría con que despertó el día, con que despertó el año. (Un año que puede tener resonancias seculares. Eso depende de nosotros). La Revolución no es solo la fuga del tirano. Ya se sabe. No es solo el restablecimiento de la libertad de prensa, la supresión de las torturas, el afincamiento, por primera vez, de la honestidad administrativa, el castigo a los culpables, las depuraciones, etc. La Revolución, esta Revolución, irá más lejos. Hay razones sobradas para pensar que esto será así. La victoria sobre el pasado régimen no fue obra de una conspiración de militares o de civiles de espaldas al pueblo; no fue obra de un pequeño grupo de valientes sin compromisos con un pueblo en el que el crimen y el robo y el sometimiento se habían hecho costumbre. La Revolución, afortunadamente, tuvo un proceso largo y difícil. Y al pasar por este desesperante camino sembrado de muerte es que fruteció y maduró la conciencia de este pueblo. Así pudo caer el tirano en la mejor de las formas: empujado por el pueblo entero.

“La Revolución tuvo un proceso largo y difícil. Y al pasar por este desesperante camino
sembrado de muerte, maduró la conciencia de este pueblo”. Fotos: Internet

Y no solo esto. El pueblo no solo tiene una conciencia más clara de sus problemas y de los factores que dan origen a estos. No solo tiene la fuerza de la opinión pública alimentada por las mismas aspiraciones. Tiene además la fuerza de un ejército popular, nutrido por los elementos más sanos de la población, campesinos y obreros. Un ejército victorioso, que ha devuelto a todos la fe en la justicia, y que se mantiene vigilante, por primera vez al lado del pueblo. Y tiene hombres de clara visión que representan ampliamente las aspiraciones de este pueblo y que han sabido merecer su admiración y respeto.

Así podemos sentirnos optimistas y esperar que la Revolución no haya de detenerse en medidas superficiales de saneamiento, sino que ahondará más en las necesidades de este pueblo y llevará más lejos sus aspiraciones. Sustancialmente estas se traducen en ansia de emancipación en todos los órdenes, como condición primera para alcanzar la justicia social.

Ha crecido el cubano desde sus orígenes, sin haber dejado nunca de estar sometido a intereses extraños. Ha crecido maniatado, amordazado, y desde siempre su sudor ha servido para regar terrenos ajenos. Pero ha crecido el cubano y ha cuajado en nación su espíritu.

Y ha crecido más fuerte en medio de la opresión y por primera vez ha conquistado su derecho a manifestarse como nación libre y a proyectar su personalidad ante el mundo. Este ha de ser un camino largo y difícil, porque estamos muy lejos todavía de haber alcanzado la necesaria reestructuración de este país sobre las bases más firmes del pensamiento revolucionario. Pero ya avanza el cubano con nueva fe por ese camino.

La cultura de Cuba ha reflejado este proceso largo de sometimiento y lucha por la libertad. Si bien el balance final puede dejar en muchos una impresión de pobreza cultural, la luz de la historia brinda elementos de juicio más cabales y sin dudas más constructivos. Es interesante recordar que nuestro siglo XIX, de abierta rebeldía, ofrece un panorama cultural en consonancia con ese sentimiento. Por primera vez se siente que Cuba es, no una simple factoría, no un simple puerto de escala, no solo un simple instrumento de dominación en manos españolas, sino una tierra donde han ido tomando forma los elementos necesarios para hacer surgir una nueva nación ante el mundo. Con este sentimiento aparecen artistas e intelectuales cubanos que trabajan por la cultura con el entusiasmo de quien hace la cosa perdurable. La nación tiene personalidad propia y esta empieza a proyectarse ante el mundo a través de las obras de sus artistas. Los más sensibles sienten en su carne las limitaciones de todo tipo que se derivan del sometimiento al coloniaje más mediocre, y manifiestan su rebeldía en formas diversas. La cultura es un arma nueva en manos de los cubanos que luchan por su libertad.

Esta corriente de rebeldía se desarrolla y penetra en nuestro siglo con sus intervalos de explosiones de entusiasmo cuando todo parece ganado y de retrocesos inevitables cuando todo se ha vuelto a perder. En los largos períodos de escepticismo nacional que han sucedido siempre a las más tremendas derrotas, han proliferado también otras corrientes que insensiblemente, a su modo, también reflejan el más lamentable derrotismo, la entrega, la evasión. Hoy esto parece un poco fuera de lugar, porque hoy el cubano puede ver más hondas las aspiraciones nacionales, y esto es, en definitiva, lo que más le preocupa. Hoy esa corriente tradicional y cubanísima de rebeldía y preocupación por los problemas de nuestro pueblo ve ante sí los diques rotos, y su desbordamiento no será una casualidad. El núcleo de nuestra cultura, de una cultura cubana, nacional, tiene finalmente un terreno donde podrá desarrollarse y crecer más fuerte. El cine, como manifestación de un pueblo, ve ante sí los diques rotos, y su desbordamiento no será una casualidad. El cine, como manifestación de la cultura de un pueblo, es la actividad más comprometida con intereses ajenos a la cultura. Es la actividad que refleja más crudamente los factores reales que condicionan una sociedad. Y si se trata de una sociedad subdesarrollada y sometida como la nuestra, es natural que el cine cubano haya encontrado los más grandes obstáculos para desarrollarse tanto en el orden industrial como en el orden artístico.

Como industria, el problema del cine es muy complicado y depende de muchos factores disímiles, como son la extensión del mercado y su capacidad adquisitiva, los costos de producción, el control ejercido por diversas organizaciones monopolísticas sobre las redes de distribución, la presencia de estrellas de gran renombre, la capacidad de los realizadores, y otros más imponderables aún. Hasta ahora, como se sabe, en Cuba solo ha habido intentos con carácter aventurero en mayor o menor grado y no se ha logrado nunca estabilizar una industria. El Estado pudo haber jugado un papel importante en esto, pero todo lo que se hizo fue crear organismos burocráticos sin ningún resultado práctico, al menos para el cine. Ya el Estado había intervenido también en la confección de una película dizque para honrar la memoria de Martí.

A tenor con estos altos ideales parece que las cifras de las filtraciones fueron también bastante altas. La Rosa Blanca quedará como una muestra más del cinismo y la rapiña que caracterizó al anterior gobierno. Seguir leyendo HACIA UN CINE NACIONAL. TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA

JULIO, OCHENTA AÑOS DESPUÉS

Ahora que el ICAIC cumple 60, encontré en mis archivos estas palabritas pronunciadas con motivo del 80 cumpleaños de Julio García Espinosa, en septiembre de 2006. También recuerdo que La Jiribilla las publicó. Es basado en la versión de ésta y en mis apuntes de entonces, que logré reconstruirlas. Julio se comportó de tal modo conmigo a lo largo de su vida, que merecerá mi elogio y gratitud siempre. Es el ICAIC que mejor recuerdo. (OG)
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El gran cineasta e intelectual cubano Julio García Espinosa, uno de los fundadores del ICAIC.

Hace poco celebramos aquí mismo, en la sala Chaplin, el ochenta cumpleaños de Alfredo; ahora el motivo de nuestra alegría es la fiesta de Julio. Sin lugar a dudas ha pasado el tiempo, y nosotros, que llegamos después, sentimos un gran compromiso y la suerte de tener bajo la sombrilla del ICAIC a dos de sus fundadores y a sus dos primeros responsables.

Quizás esto sea bastante singular entre las instituciones cubanas: que exista una relación cimentada en el respeto, en la colaboración y en la ética, entre los compañeros que en diferentes momentos les ha tocado dirigir una institución como esta, de larga vida y muchísimo prestigio en la cultura cubana, en la cultura latinoamericana y, sin ninguna modestia pero con mucho realismo, en la cultura universal.

A esa relación que se dio durante muchos años entre Julio y Alfredo, ese one-two excepcional, se le echa de menos hoy en el ICAIC de nuestros días. Si bien están, su papel es diferente. Entonces el uno complementaba al otro y ambos hicieron posible un momento irrepetible, por el que hay sin lugar a dudas nostalgia entre los antiguos trabajadores del Instituto.

Con Julio nosotros hablamos muy a menudo y de muchos temas, es un asesor absolutamente comprometido, y lo más útil de esas conversaciones, de esos diálogos, es lo que él les aporta. Cada una de esas aproximaciones al cine, al destino del cine en Cuba, al momento que vive el mundo –en el caso del audiovisual, particularmente–, dejan un saldo muy provechoso en quienes participamos de tales pláticas, porque Julio es coherente absolutamente con todo lo que ha escrito y con todo lo que ha hecho.

En su obra cinematográfica a veces uno advierte la impronta de sus palabras, y en estos mismos pasajes que acabamos de ver, hemos sentido cómo se nos “conduce”, cómo se nos hace pensar y sentir lo que él quiere que pensemos o sintamos de una manera directa, no muy elíptica o parabólica precisamente. Eso hace que su obra y su vida tengan un estilo y, eso mismo, un sentido, aunque sea muy difícil lograrlo para cualquier creador. La obra cinematográfica de Julio es perfectamente identificable, reconocible, en el contexto de otras filmografías cubanas; tiene una huella suya, única y constantemente provocadora. Porque Julio es un provocador que con sus reflexiones mueve permanentemente el intelecto en la dirección de la inconformidad. Él es un inconforme dotado de una lucidez renacentista.

Yo digo siempre que a nosotros nos quedan pocos renacentistas, en el sentido en que lo fueron Alejo Carpentier o Lezama Lima. Retamar es uno de esos pocos renacentistas que nos quedan, y está, además y por suerte, en esta sala. Aquí están también otros muchos amigos de Julio: artistas de la Plástica, como Fabelo, cineastas, como Pepe Massip, que estuvo con Julio en la fundación del ICAIC, y muchos otros compañeros de fila. Pero nos están haciendo falta más pensadores y artistas de la talla de Julio.

Con gratitud y responsabilidad, he querido destacar su coherencia, su organicidad como intelectual revolucionario cubano; el hecho de haberse mantenido fiel a ese credo político y estético, su vocación de compartir, de enseñar –hoy es el director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, luego de haber sido también uno de sus fundadores–, precisamente cuando muchos a su edad se dedican a escribir memorias, que también serían enjundiosas en su caso, o a contar la historia de otra manera a como sucedió realmente .

Julio está constantemente buscándose “problemas” –y le quedan muchos todavía por buscarse–; así, está pensando qué va a hacer el año próximo cuando en la Escuela haya que decidir quién será el nuevo director de la institución. En este período que Julio ha sido su director, la escuela ha avanzado muchísimo en el campo de las humanidades, por ejemplo, y en la vinculación con la cultura y la realidad cubanas. A él, démoslo por seguro, jamás le faltará trabajo. Es un artista..

Julio ha estado en todos los momentos, en todas las convocatorias de la cultura cubana y de la sociedad contemporánea a los intelectuales, no sólo como adherente, también como protagonista. No hubo un hecho social o político importante en que él no estuviera aportando su inteligencia, su visión comprometida con el destino de la Patria. En cada espacio, en cada asesoría, en los debates, en los talleres, siempre lleva consigo, y para los demás, esa hondura, esa inconformidad fundamentada, que tan útil resulta en momentos de egoísmo y ligereza.

Cuando se llega a la edad de 80 años (y debo acotar que Julio me decía hace unos días que anhelaba que llegara el 2007, para ver si nadie le recordaba sus cumpleaños); cuando se ha vivido, decía yo, como ha vivido Julio, llegar a los 80 años significa ese signo de renovación al que se refería Víctor (Fowler): se siente que falta mucho, se siente que se está vivo, que queda muchísimo por hacer. (Ahora mismo, por ejemplo, él quiere, cuando deje la Escuela, filmar la película de su papá, y habrá que procurarle el financiamiento necesario para que haga su película.)

Julio querido, para terminar, te digo que todos los que hemos venido a celebrar tu cumpleaños en esta sala, y los muchos que faltan, estamos complacidos y felices contigo y con tu obra, aunque te lo estemos diciendo diecisiete días después de la fecha real de tu onomástico. Así es la vida, hermano, cuando entras y sales de la eternidad tan a menudo como tú.

22 de septiembre de 2006.

VOLVER A SANTIAGO. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

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ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

rolando-perezSin ser periodista de formación ni tener el cine como oficio, Santiago Álvarez pronto encontró el camino hacia la obra perdurable.

Dos factores fueron fundamentales en ese crecimiento comenzado cuando él ya tenía 40 años de edad: la sensibilidad y el talento. Después vendrían la pasión, el trabajo sin horarios, la vocación revolucionaria, que le hicieron dirigir clásicos del documental y cimas del mejor periodismo, concretadas en el Noticiero Icaic Latinoamericano.

Lo conocí en 1967, junto a Iván Nápoles, encaramados en el techo de una embarcación durante el Campeonato Mundial de Caza submarina celebrado en Cayo Ávalos. Como sucedería muchas veces, director y camarógrafo discutían sin ponerse de acuerdo (en pocas ocasiones un director de cine y su camarógrafo predilecto han sido tan disparejos. Viéndolos trabajar parecía como si no se entendieran. Santiago, un puro nervio inmerso en el trance creativo; Iván, la calma exterior, la búsqueda por dentro. Luego, el resultado de la obra vendría a demostrar que los dos habían nacido para complementarse gracias al arte).

En Santiago convivían el periodista y el poeta. ¿Cuál primero, cuál después?

Una posible respuesta pudiera encontrarse en la imaginación y en el poder asociativo que lo caracterizaban y Hanoi, martes 13 es una prueba de ello. En 1966 lo sorprende un bombardeo estadounidense a esa ciudad y no se limita a captar el genocidio del hecho noticioso, del cual es un testigo excepcional. Quiere más, mucho más, y arma un documental que hoy está considerado entre los clásicos mundiales del género, entre otros aspectos porque hace gala de un montaje asociativo que habrá de caracterizarlo a lo largo de su carrera. Combina en esa obra a Martí y los niños, Martí y su texto sobre los anamitas, hace una denuncia in situ al genocidio yanqui, recurre a imágenes de archivo y logra que la figura del presidente Lyndon Baines Johnson emerja, cual máximo representante de una arrogancia imperialista que no vacila en sembrar desolación y muerte a su paso por una tierra en la que, moralmente, no tienen nada que ir a buscar.

El documental corta el aliento, pero también deja una sensación nada panfletaria de que Vietnam vencerá. Y ello en los momentos más duros de la contienda.

Santiago hizo de la invasión de Estados Unidos a Vietnam (15 viajes allá) su propia guerra. Quienes lo conocieron saben que el tiempo era su obsesión. Llegaba, se encerraba en el Icaic y en unos pocos días el material estaba listo. La urgencia periodística marcó no pocas veces al artista responsabilizado con dar a conocer al mundo lo que en ese mismo minuto estaba sucediendo. En esa inmediatez indispensable, el periodista sí se le impuso al poeta, sin que el poeta dejara de aparecer.

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UN PIONERO DE LA COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI 

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El cineasta cubano Santiago Álvarez, creador del Noticiero ICAIC Latinoamericano.

GRAZIELLA 2Cuando tenía dos pesetas, allá en mi lejana juventud, me sumergía en una prolongada tanda cinematográfica. Frecuentaba los ya desaparecidos Verdún y Majestic, situados en una calle célebre por su fama prostibularia. Allí, ajena al mundo que me rodeaba, podía disfrutar un buen largometraje, un paréntesis de muñequitos, y soportaba con resignación la inevitable presencia del noticiero. Era el desfile gris de lo ya sabido, con más visos de crónica social que de información verdadera, sometido a la densa rutina de una cámara inmóvil.

A diferencia de lo ocurrido con la generación de nuestros padres, la mía creció bajo la influencia del cine, incorporado ya a la vida cotidiana. Para muchos constituía mero entretenimiento, tiempo de evasión dominical compartido con amigos y también espacio propio para la aproximación entre las parejas. Una minoría creciente se apasionaba por descifrar los secretos de una manifestación artística que convocaba el interés de las multitudes y que, en medio siglo, desde el mudo hasta el sonoro, había construido su  propia historia y abierto horizontes renovadores al concepto cultural. En algunos maduraba la aspiración —entonces puro sueño de una noche de verano— de convertirse en cineastas.

Los sueños se convirtieron en realidad con el triunfo de la Revolución y la consiguiente creación del Icaic. El auspicio al cine documental y de ficción se complementó con la aparición de un noticiero que, muy pronto, demostró probada eficacia comunicativa bajo la conducción de Santiago Álvarez. Avalada por la Unesco, su obra ha alcanzado reconocimiento internacional. Confieso, sin embargo, que no me gusta el silencio de los  panteones. Prefiero rescatarla viva, como fuente de conocimiento para desentrañar las claves del ayer y los rumbos de la contemporaneidad.

Con la distancia del tiempo podemos descubrir los caminos que se bifurcaban en los 60 del pasado siglo. El proceso descolonizador transitaba por el auge de su onda expansiva. En los intersticios de la Guerra Fría, el Movimiento de los Países No Alineados tomaba la palabra.

En Estados Unidos, la guerra de Vietnam era el detonante que promovía la resistencia entre los jóvenes universitarios. Al mismo tiempo, adquirían visibilidad otras fisuras latentes en la nación. Los excluidos de siempre se manifestaban a través de la acción y la palabra. Era el combate en favor de los derechos civiles de los negros. Las mujeres reclamaban el acceso a una auténtica igualdad, aún no conquistada. También se sumaban los excluidos por distintas razones, entre ellas, las de orientación sexual. De diferentes polos, en un amplio espectro ideológico que se movía entre el reformismo y las posiciones más radicales, convergían aspiraciones a edificar una sociedad más justa.

Menos visibles, otros fenómenos intervenían en la modelación de la realidad. La televisión desplazaba al cine en el monopolio de la comunicación audiovisual. Entraba a los hogares. De carácter comercial, su éxito se sustentaba en asociar la necesidad de reposo a una tendencia al acomodamiento evasivo, refugio del no pensar. Desde el territorio de la intimidad, forjaba gustos y formulaba un recetario acomodaticio y adormecedor.

Ante el embate, algunos Gobiernos subvencionaron alternativas más válidas en lo cultural, aunque han tenido que ceder terreno presionados por las demandas del mercado. En el plano de la economía, avanzaba la rápida transnacionalización del capital. Bajo ese auspicio, cobraba forma el pensamiento neoliberal. Ese contexto da la medida de la envergadura del proyecto emprendido por Santiago Álvarez en sus noticieros y documentales.

Cuba desempeña un papel de primera importancia en el enfrentamiento a las distintas formas de coloniaje. Para lograr ese propósito, había que plantearse también la indispensable descolonización de las mentalidades. Frente a quienes asumían una actitud paternalista de implícita subestimación de las capacidades de entendimiento de las grandes mayorías, se imponía la necesidad de estimular el desarrollo de un interlocutor avispado, inquieto, lúcido, crítico y participativo.

Se planteaba así una modificación sustantiva en las reglas de la comunicación. Había cesado el dominio absoluto del mensaje transmitido mediante la palabra. A través de medios cada vez más invasivos, la información y el relato de los acontecimientos se valían de la acción simultánea de la voz, el sonido y la imagen. Valiéndose de su dominio de los recursos del arte y de una perspectiva conceptual, Santiago Álvarez utilizó de manera consciente la conjunción de distintas expresiones de la creación para estimular el interés del espectador, para tocar las fibras del intelecto, la sensibilidad y la emoción. Tendía un puente dialógico —a veces cómplice y humorístico— con el destinatario, que compartía así la exploración de la realidad viviente.

El poder financiero coloca hoy la comunicación audiovisual al servicio de la manipulación de las conciencias. Como lo hizo Santiago Álvarez en su momento, nos corresponde ahora, descartando rutinas y tentaciones de trasplante mimético, convocar al talento, la creatividad y la imaginación para elaborar un modelo alternativo de comunicación audiovisual.

Fuente: Periódico Juventud Rebelde, 25 de marzo de 2018.

RAÚL RODRÍGUEZ: “SOY UN FOTÓGRAFO REALISTA”. OCTAVIO FRAGA

CUBA: PREMIO NACIONAL DE CINE 2017

A Raúl Rodríguez siempre le interesó el cine. Desde niño estuvo vinculado a este arte, entretenimiento fundamental en la Santa Clara de los años 40, cuando la oferta de espectáculos prácticamente se limitaba a la proyección de filmes, las visitas del circo o de compañías de teatro. Sus padres iban al cine dos o tres veces a la semana, y muchas veces lo llevaban, incluso a ver películas prohibidas para menores. Así creció su hábito y gusto por la gran pantalla.

Desde muy chiquito ya era un cinéfilo. Y a los 14 años, cuando estuvo tres meses en casa de su tía en Nueva York, caminaba por la calle 44, donde estaban las distribuidoras de películas, y de los basureros sacaba las revistas de cine para estar al tanto de los filmes que estaban en producción, en exhibición y en desarrollo.


Raúl Rodríguez Cabrera. Foto: Cortesía del autor

De vuelta a su natal Santa Clara, empezó a estudiar en el preuniversitario (lo que en aquel entonces se llamaba Instituto de Segunda Enseñanza) y allí, un día descubrió un proyector de 16 mm, en perfecto estado, que nadie usaba, y creó un cineclub estudiantil.

Enrolado desde entonces en los vaivenes del séptimo arte, el cineasta Raúl Rodríguez ha sido proyeccionista, editor, promotor de cine club e incursionó en la dirección de documentales. Pero hoy es, sobre todo, un sólido operador de cámara y, más aún, un experimentado director de fotografía, avalado por más de cien obras audiovisuales que son las mejores huellas de su talento.

Un cúmulo de experiencias que tomó muy en cuenta el jurado convocado por el ICAIC para otorgarle el Premio Nacional de Cine, en su última edición. El lauro, reconoce a los cineastas del país por la obra de la vida. Y Raúl, considerado por muchos uno de los fotógrafos más prominentes del cine cubano, lo agradece. Porque este es, más bien, la continuidad de su trabajo, de su sustantiva labor creativa.   Seguir leyendo RAÚL RODRÍGUEZ: “SOY UN FOTÓGRAFO REALISTA”. OCTAVIO FRAGA

LESTER HAMLET Y UN WEEKEND DIFERENTE. MIREYA CASTAÑEDA

Entrevista al cineasta cubano Lester Hamlet autor del largometraje «Ya no es antes»

MIREYA CASTAÑEDA / GRANMA

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El realizador cubano Lester Hamlet mereció el Premio del Público por la película Ya no es antes, en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. A su lado la destacada actriz cubana Mirta Ibarra. Foto: Yander Zamora

El cineasta Lester Hamlet (La Habana, 1971) presentó en el 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano su cuarto largometraje, «Ya no es antes», que ahora pasa por el circuito de estreno de la Isla.

Graduado de Dirección Teatral, su filmografía incluye desde los 90 obras de teatro de grupos como «Okantomí», «Almacén de los Mundos», y «El Público», pasando con mucha fuerza por videos clip (entre ellos «Transparencias», Sergio Vitier; «Leo Brouwer y la Orquesta Sinfónica Nacional»; «Santa Bárbara», Celina González y Lázaro Reutilio Jr., y «Una decepción», Chucho Valdés y Anaís Abreu) hasta que en 2004 hace su opera prima en largometraje de ficción: la historia de Lila en «Tres veces dos».

Seis años más tarde vuelve con «Casa vieja» y, con Mijaíl Rodríguez, asume la tremenda responsabilidad de llevar al cine el clásico teatral de Abelardo Estorino, «La casa vieja». Con este título recibe Mención del Jurado del 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Transcurre menos tiempo para lograr su tercer largo. En 2011 estrena «Fábula», basada en el cuento «Fábula de un amor feliz», del narrador y ensayista Alberto Garrandés, esta vez el guión a dos manos es con Alejandro Brugués. El palmarés es mayor: Tercer Premio Coral del 33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

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Isabel Santos y Luis Alberto García, bajo la dirección de Lester Hamlet, logran tal actuación que una película de hora y media, con solo dos personajes en una única locación es aceptada, agradecida, aplaudida. Foto: cubacine

Ahora llega su cuarto largometraje, «Ya no es antes», inspirado en la pieza teatral «Weekend en Bahía», un éxito en los 80 del dramaturgo Alberto Pedro (La Habana, 1954 – 2005), que aborda la separación familiar, la imposibilidad del amor en una relación de pareja que vive un limbo de emociones a partir de la emigración. En la pieza, y en el filme, el desnudo físico es mero divertimiento, el verdadero desnudo es el reconocerse, con la evocación del pasado, confesarse uno a otro, desentrañar los recuerdos de tiempos vividos se convierte en un amargo ritual de la memoria, en un descubrimiento mutuo.  Seguir leyendo LESTER HAMLET Y UN WEEKEND DIFERENTE. MIREYA CASTAÑEDA

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