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CULTURA Y DESARROLLLO SOSTENIBLE. LILLIAN ALVAREZ

LILLIAN ALVAREZ

Síntesis de la intervención en el Foro de la sociedad civil cubana convocado por la Agencia Cubana de Naciones Unidas en el marco de la XII Convención Internacional Sobre Medio Ambiente y Desarrollo “Por la integración y cooperación para la sostenibilidad”, La Habana,  julio 2019

lillian-alvarezLa Organización de las Naciones Unidas no incluyó la cultura como un objetivo independiente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No obstante, la Agenda resultante incluye varias referencias explícitas a los aspectos culturales, entre los que se destacan asegurar que todos los alumnos adquieran los conocimientos necesarios para promover el desarrollo sostenible; la promoción de las políticas que apoyen la creatividad y la innovación; la necesidad de aprobar políticas para promover un turismo sostenible y la referida a la protección y salvaguarda del patrimonio.

Fue la Resolución del 20 de diciembre de 2017, de la propia Asamblea General, denominada “Cultura y desarrollo sostenible”, la que destacó especialmente la importancia de los procesos culturales para el concepto del desarrollo sostenible e instó a los gobiernos a incorporar de forma más visible y eficaz a la cultura en las políticas y estrategias de desarrollo económico, social y ambiental a todos los niveles. Es plausible que esta Resolución reconozca la necesidad de “promover y aplicar nuevos patrones de consumo y producción sostenibles que contribuyan a la utilización responsable de los recursos y contrarresten los efectos adversos del cambio climático”, pero la sociedad en su conjunto, a nivel global, no está consciente de la profundidad de los cambios que son necesarios para revertir la peligrosa y dramática situación en la que nos encontramos.

Generalmente, cuando se habla de educación y cultura asociadas al medio ambiente, se tiende a aludir al deber ciudadano de cuidar los entornos naturales, a la elección de lo que comemos, o a fomentar la sensibilidad por el reciclaje de todo lo posible. Pero la influencia cultural tiene un alcance mucho mayor, y es esencial discutirlo a fondo.

La intervención de Fidel Castro en Rio de Janeiro en 1992, debe acompañarnos en los análisis de hoy: “Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente” para luego añadir: “Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana”

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Hágase más racional la vida humana

Con el advenimiento de la radio, el cine y la televisión en el siglo XX, y el acelerado desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el XXI –y su monopolización a niveles extremos–, los estilos de vida, costumbres, aspiraciones, lenguajes y símbolos de la ideología y la cultura dominantes han permeado a todas las capas sociales en todos los rincones del planeta. La publicidad, en todas sus variantes, incita constantemente a los potenciales compradores, ya sean del Norte desarrollado o del más pobre país del Sur, a “descubrir” necesidades no percibidas y a anhelar como paradigmas de vida los “vendidos” constantemente por la industria hegemónica del entretenimiento, o sea, los de la clase media- alta de los Estados Unidos.

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CRISIS DE PERSONALIDAD. JOHN F. SCHUMAKER

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JOHN F. SCHUMAKER

Viendo cómo la cultura del consumo provoca la destrucción del planeta, ¿por qué no entramos en acción? El psicólogo John F. Schumaker sitúa al terrible desgaste de la personalidad humana en el centro del problema.

En su clásico de 1883 “Los problemas sociales” (Social Problems), Henry Gerge escribe que para que una cultura evite su autodestrucción en marcha, esta debe desarrollar “una consciencia más elevada, un sentido de justicia más entusiasta, una hermandad más cálida, un espíritu público más amplio, más noble, más verdadero, mientras se asegura de contar con líderes responsables y visionarios que adopten “el universo mental y moral”. En clara contraposición, la cultura de consumo moderna se dirige a toda velocidad en la dirección opuesta, creando una variante de persona cada vez más trivializada e indiferente, desprovista de las cualidades “más nobles” necesarias para sustentar una sociedad viable y unos soportes vitales florecientes.

La personalidad humana – una crisis

Mientras que la creciente crisis de salud mental es bien conocida, se sabe menos de la “crisis de personalidad”, que es incluso más grave, y que ha dejado al público consumista incapacitado para la democracia y casi inútil ante las múltiples emergencias que requieren de una ciudadanía responsable y consciente.

En momentos de crisis, recurrimos por reflejo al “estado de la economía” sin considerar los posibles colapsos dentro del “estado general de la persona” o lo que el psicólogo Erich Fromm denominó el “carácter social” de una cultura. Con esto se refería a la constelación compartida entre la personalidad y los rasgos de carácter diseminados por unos modos dominantes de inculturación de la sociedad, que sirven para forjar los valores, las prioridades, la ética, los estilos de vida, las visiones del mundo, y también la llamada “voluntad del pueblo” comunes.

Cuando lo escribió hace más de 50 años, Fromm ya se daba cuenta de una creciente crisis de personalidad, utilizó el término “personalidad marketing” para describir al unidimensional, mercantilizado e insensibilizado “eterno lactante” que estaba, como predecía en su famosa conclusión en “Más allá de las cadenas de la ilusión” (Beyond the Chains of Illusion) en 1962, sucumbiendo a un “consenso de estupidez” fabricado culturalmente, que podría resultar ser nuestra destrucción definitiva. Desde entonces, el “carácter social” se ha convertido en algo tan desorientado, y el declive de la verdadera ciudadanía tan completo, que algunos hablan ahora de una “personalidad apocalíptica” que propulsa nuestra carrera hacia la autodestrucción. Pero en la actualidad el problema va mucho más allá de una “estupidez” acordada.

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THE TRANSFORMATION OF THE SUPER BOWL AD EXPERIENCE. MARK BARTHOLOMEW

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Neuroscientists have been scanning the brains of select Super Bowl viewers to see how they’re reacting to the commercials that air.thaikrit/Shutterstock.com

MARK BARTHOLOMEW* / THE CONVERSATION

super bowl 2In an era of increasing media fragmentation, you could describe the Super Bowl as the only annual media event where a substantial portion of the U.S. population gathers at the same time to watch the same thing: Over 100 million people tune in, and a good portion say the ads are the main reason they’re watching in the first place.

For these reasons, the Super Bowl is the granddaddy of all ad buys.

But in recent years, the tradition of millions of people simultaneously sharing the same commercial experience has become more complicated.

As I discuss in my new book, advertisers are leveraging new technologies to track our personal habits and target us with individualized advertising. In other words, they want to make sure the ads we see are aligned with our existing tastes and preferences. It’s based on research showing that a “personalized” ad is more likely to stick in our heads and trigger a sale.

This sort of thing happens when we receive direct mail based on the type of car we own. It happens in the supermarket checkout lane when our shopper’s loyalty card tells advertisers our purchase histories.

It’s happening during the Super Bowl, too. And it may even change the way we see Super Bowl ads in the future.

Companies build personal digital profiles

Journalists tend to make a sport out of Super Bowl advertising. Like the stock market, the prices of ads get analyzed. Like movie previews, teasers of ads for the big game are distributed and discussed before they air. And just like the game’s biggest plays, the ads get dissected afterward, with advertising experts breaking down which ones worked and which ones didn’t.

Others recognize the collective nature of this event by characterizing Super Bowl ads as important reflections of the national spirit. Apple’s famous “1984” ad channeled the Cold War. Other ads notoriously captured the dot-com bubble of the late 1990s. Last year, various commercials were praised and critiqued for their implicit rebukes of the nascent Trump administration.

But a Super Bowl ad doesn’t just end when its 30 seconds on TV are up; it creeps into our lives in ways you might not realize.

By one estimate, 78 percent of Super Bowl viewers will engage with social media while watching the game. When they do so, they will supply valuable data for hungry marketers. When individual audience members share an ad or make a comment about one on Facebook, Twitter or Instagram – either during the game or after – those posts are tracked and cataloged. They become part of our digital profiles, auctioned off to the highest advertising bidder.

Those who are more interested in the party or the game – but are nonetheless using social media – are still providing information that’s valuable to advertisers.  Seguir leyendo THE TRANSFORMATION OF THE SUPER BOWL AD EXPERIENCE. MARK BARTHOLOMEW

LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

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MARCO CORTÉS 

El capitalismo actual ha devenido en un capitalismo de consumo. Ha mutado en un mercado donde se transan, venden y acumulan emociones. A la economía actual no la constituye el valor de uso tanto como su valor emotivo. ¿No es precisamente en esta era, la de las mercancías inmateriales, cuando las emociones adquieren mayor importancia?

Las emociones cumplen una doble función, no sólo son mercancía, sino también medio de producción. Este nuevo mercado que nos arroja a un consumo constante hace transacciones con las emociones, pues sólo ellas pueden garantizar la productividad y el rendimiento no ya de los obreros, desechados por un capitalismo de tipo industrial, que tenía a la fábrica como modelo social, sino de los consumidores, con el centro comercial con sus vitrinas transparentes de exhibición permanente, como arquetipo social y personal. ¿Un acercamiento a la dictadura del proletariado? ¡Jamás! Convertir al obrero en consumidor, otorgarle la ilusión de la libertad, la de decisión y la felicidad que el pueda alcanzar. El mismo consumidor quien para su búsqueda incesante de la felicidad ve en lo racional el obstáculo de su “desarrollo personal”. De hecho, es interesante ver la forma como durante las décadas cuando más se impulsaron las medidas neoliberales en Occidente (los años 70 y 80 del siglo pasado) la economía también dio paso al despliegue de las emociones para explotar una especie de subjetividad liberada.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han afirma que efectivamente el neoliberalismo de nuestra era trae consigo nuevas técnicas de poder. Tomando como referencia la crítica marxista, y continuando aquella desplegada por el brillante francés Michel Foucault, afirma que nuestra era debe prescindir de la racionalidad porque esta es objetiva, general y permanente, opuesta a la situación subjetiva, situacional y volátil de la emocionalidad.

De hecho, los artefactos tecnológicos y el incremento exacerbado de las telecomunicaciones nos pulverizan cualquier tipo de “continuidad y construyen inestabilidad”. Y esta falta de certeza es terreno fértil para una economía de consumo que se alimenta de la obsolescencia programada en todos las esferas de nuestra vida. Nos cansamos de la misma pareja, necesitamos artefactos tecnológicos actualizados, incluso precisamos reinventarnos a nosotros mismos todo el tiempo. ¿Pero acaso no es propio del ser humano el cambio? Así es, ¿pero qué cuando ese cambio está basado en las necesidades que impone el mercado?

El capitalismo de consumo necesita generar emociones para estimular y crear necesidades en los compradores que aceleren la adquisición que maximice el consumo. En esta era, las necesidades no existen, se crean constantemente con los productos que la tecnología nos ofrece, que la imagen “hiperreal” que los mass media reproducen.  Seguir leyendo LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

NAVIDAD, NACER DE NUEVO. FREI BETTO

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FREI BETTO

La Navidad es un tiempo de desazón. Apremiados por la publicidad que cambia a Jesucristo por Papá Noel, se nos desdeña como ciudadanos y se nos seduce como consumidores.

Aunque tengamos dinero en el bolsillo, se instala un hueco en nuestro corazón. Aumenta la temperatura de nuestra fiebre consumista y, discípulos fundamentalistas de una secta extravagante, nos adentramos mediante una procesión motorizada en las catedrales de Mamón: los shopping centers.

En esas construcciones imponentes, brillantes falsos de la escenografía cosmopolita, nos aguardan las ofrendas de la salvación, premisas y promesas de felicidad. Exhibidas en elegantes anaqueles y vitrinas relucientes, escoltadas por bellas ninfas, las mercancías son como imágenes sagradas dotadas del milagroso poder de hacernos ingresar en el reino celestial de quienes hacen de todo para morir ricos.

Libres de las figuras profanas que contaminan el exterior, como los niños que transforman las ventanillas de nuestros carros en cuadros de pavor, recorremos silenciosos las naves góticas, elevados por la música aséptica y el aroma achocolatado de exquisitas golosinas.

Con ojos ávidos, inclinamos el espíritu de capilla en capilla, atendidos por solícitas sacerdotisas que, si bien no pueden ofrecer gratis el manjar de los dioses, al menos nos lo brindan con sus trajes de vestales romanas condenadas a la belleza obligatoria.

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SOCIEDAD DE CONSUMO: COSTO AMBIENTAL DE LAS FIESTAS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO

ECOTICIAS / UNA ESPECIE EN PELIGRO

madrid-navidad-luces-plaza-mayor-figuritas-belen-tio-vivo-adornos-navidad-bromas-00009No pretendemos en absoluto resultar “aguafiestas” sino simplemente concientizar de la realidad de que esta temporada, no solo dejará un gran agujero en nuestros bolsillos, sino que, si no hacemos algo por cambiar nuestros hábitos de consumo, también lo seguirá haciendo en la salud del Medio Ambiente. Estas son algunas de las formas en las que quizá sin querer, estamos perjudicando a nuestro entorno. La idea es que si sabemos dónde nos estamos equivocando, seamos capaces de usar el sentido común y subsanemos nuestros errores. Seguir leyendo SOCIEDAD DE CONSUMO: COSTO AMBIENTAL DE LAS FIESTAS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO