Archivo de la etiqueta: CRÓNICAS HABANERAS

LOS SIERVOS DEL APLAUSO. MADELEINE SAUTIÉ

Las palabras tienen sus vínculos. Los diccionarios etimológicos guardan con celo los «lazos» lingüísticos indisolubles entre ellas, pero más allá de sus orígenes hay otros parentescos. A veces ni siquiera cercanas son, y sin embargo, distando sus conceptos, se les antojan al que habla y se cuelan en la conversación.

No era precisamente de ella que estábamos hablando cuando se nos «atravesó» en la charla que ahora escribo una que no suena bien y luce peor: la adulonería. Fue suficiente para que quedara a un lado el tema sostenido y con la fusta de quien no la puede admitir le hicimos a cuatro manos un retrato «personalísimo», que cada lector desde su experiencia podrá incrementar.

Teme siempre quien elogia, que es acto sano y cortés, que se le tenga por lisonjero.

Teme porque no es lo mismo, y porque estando tan de moda el «arte» de adular –o mejor dicho, habiéndose ejercido desde siempre–, nadie que sabe bien de sus «simas» quiere para sí tal etiqueta. Apena saber que para unos cuantos la adulonería es un ejercicio cotidiano del que si se tomara conciencia  no pasaría de ser un remoto fósil y  basta asomarnos al mundo para ver que no es así.

La adulonería es una vergüenza de la conducta humana que no sabe de inocencia, calcula cada sílaba exhalada y sabe perfectamente a dónde quiere llegar aunque para ello se vista de fantoche.  Seguir leyendo LOS SIERVOS DEL APLAUSO. MADELEINE SAUTIÉ

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES. MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

 

MADELEINE 1

MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

Aunque así se titula un fabuloso cuento de Cortázar, no es de literatura que hablarán estas líneas. Profundamente entristecida contemplo la realidad actual del parque de mis amores y no encuentro consuelo para tanta destrucción.

Como una joya, por lo cuidado que siempre estuvo, y por el valor que para sus vecinos llegó a tener, podía considerarse el parque de mi comunidad, el que conocí desde niña, ubicado en la barriada de Lawton y llamado comúnmente el parque de la Asunción.

Paso por su lado y no lo reconozco. ¿Dónde está el parque de mi infancia, tan inmenso y colorido, al que como premio por las buenas conductas cotidianas nos llevaban el domingo a jugar? ¿Por qué no hallo la belleza que fue fondo de tantísimas emociones ubicadas no por azar en ese lugar?

Poco o nada queda de lo que fue aquel recinto con “aparatos” que regalaron horas de insuperable gozo a todos los niños del barrio. Poco o nada, no solo por el destrozo visible de columpios y canales, sino por el destino fatal de sus áreas exteriores, de hermosísimos árboles y bancos de madera, entre los que apenas unos pocos sobreviven.

El parque en más de una ocasión ha sido reparado. La vecindad es testigo de restauraciones que han tenido que llevarse a cabo más que por desperfectos propios del uso o el tiempo, por maltratos (que duele llamar simplemente indisciplinas sociales) a sus áreas. Para destruir un banco no siempre el malhechor se esconde. Acciones de lesa indolencia tienen lugar a veces a los ojos de los demás sin que el mal encuentre necesaria resistencia.  Seguir leyendo CONTINUIDAD DE LOS PARQUES. MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ