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¿BIDEN ES TRUMP? LAS ORIENTACIONES ESTRATÉGICAS DE LA ADMINISTRACIÓN BIDEN. LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Dónde se la juegan Trump y Biden - El Independiente

LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Siria ha sido durante años el blanco perfecto de una furiosa guerra imperialista. Es un teatro de operaciones militares “beneficioso” para Estados Unidos y sus aliados, ávidos de ganancias en la confrontación geopolítica y proclives al cambio de régimen, allí donde los intereses son contrapuestos a los occidentales.

Desde las postrimerías de la administración Trump, como en experiencias anteriores, estaba en preparación una acción militar contra un objetivo iraní o un bombardeo en la Siria martirizada. Recordaremos el jueves 25 de febrero de 2021, cuando el flamante presidente de Estados Unidos, Joseph Robinette Biden Jr, ordenó contra Siria la primera operación militar de su periodo de gobierno.

Había transcurrido apenas un mes y unos días de su centelleante y prometedora toma de posesión. Algunos soñaban con una etapa de calma, reflexión y diplomacia multilateral, pero el gobierno permanente, en una nación de naturaleza militarista, indicó al presidente Biden la orden, que ya se esperaba en el ejército, de un ataque aéreo contra Siria, con el pretexto de que el objetivo destruido pertenecía a milicias respaldadas por Irán, en represalia a los ataques recientes sufridos por el personal estadounidense y su coalición en Irak.

Cualquiera que fuese el argumento esgrimido y la situación militar sobre el terreno, los bombardeos estadounidenses están muy lejos de constituir un factor de paz o una acción que prestigie la política exterior del gobierno de los Estados Unidos, desacreditado por su sobredimensionamiento militarista en Irak, Afganistán y la propia Siria. La reacción de los principales actores internacionales no se hizo esperar. Siria, país agredido, lo calificó de cobarde bombardeo aéreo y condenable en términos enérgicos, recibiendo de inmediato el apoyo de Rusia al exigir el respeto absoluto a la soberanía y la integridad territorial de su principal aliado en la región, al tiempo que confirmó su oposición a cualquier intento de convertir el territorio sirio en un polígono de arreglo de cuentas geopolíticas, lo cual es un hecho desde el inicio de esta guerra que no termina.

Y como en los tiempos de los días agonizantes de la Unión Soviética o los más convulsos momentos de la unipolaridad del sistema internacional, Rusia recibió una advertencia de cuatro a cinco minutos sobre la primera acción militar de la administración Biden, y el canciller Sergei Lavrov confirmó que el aviso llegó demasiado tarde para aliviar la situación. Este hecho no es un problema de comunicación puntual entre grandes potencias en rivalidad geopolítica. Observamos en él una acción militar deliberada y criminal, concebida y ejecutada sin la autorización del Congreso estadounidense y del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A su turno, China, abogó porque todas las partes pertinentes respeten la soberanía, independencia e integridad territorial de Siria y sobre la necesidad de evitar nuevas complicaciones a la situación de ese país. Además de los dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Cuba reiteró su posición de principios con una condena unánime de su canciller Bruno Rodríguez Parrilla, quien condenó la agresión y la calificó una violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial de la hermana nación, pero también del Derecho Internacional y la Carta de la ONU. Se escucharon muchas más voces condenatorias, pero el contenido de esas tres declaraciones ejemplifica lo expresado en público y privado por otros actores del sistema internacional.

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DISFRACES. SANDRA RUSSO

Jake Angeli

SANDRA RUSSO

La imagen de Jake Angeli, con su gorro de piel con cuernos, su cara pintada de rojo, azul y blanco, y su torso tatuado, no fue casualmente la más difundida del intento de copamiento del Capitolio por parte de miembros de Qanon, uno de los grupos que alimentó y fogoneó el odio trumpista.

Hubo debate sobre a qué remitían los símbolos elegidos por esos descentrados cuya irrupción violenta provocó cuatro muertos. Este último número, cuatro, es el primer dato a destacar, porque los asaltantes eran blancos supremacistas. Si hubieran sido los negros que Trump estuvo instando a aplastar en todas las protestas que se vinieron desatando en los últimos años, después de cada asesinato a mansalva de ciudadanos negros por parte de la policía, los hubieran matado a todos.

Mucha gente aventuraba si esos supremacistas habían elegido evocar a Daniel Boom, si apelaban a disfraces para ser “neo-originarios”, si tomaban símbolos vikingos para adelantarse incluso a la primera colonización. Entre los disfrazados, posaban también los que llevaban remeras que decían que “6 millones no fue suficiente”: neonazismo explícito.

Roberto Pagani, un historiador italiano que se especializa, en una universidad de Islandia, en los estudios sobre la Edad Media nórdica, publicó esta semana en un sitio especializado en historia, un artículo en el que desmenuza los símbolos dispersos en las imágenes del Capitolio. Cuenta allí que los estudios filológicos germánicos comenzaron a tener auge en el siglo XIX, ya entonces motivados por la búsqueda ideológica en sentido racial: los propios nazis no ubicaron su supremacía aria en el territorio de lo que entonces era Alemania, sino precisamente en Islandia. Alemania era ya un entramado de sucesivas migraciones desde la Edad Media. El ideal lo colocaron en una prehistoria antojadiza pero como era desconocida, pasible de imaginerías: la supremacía blanca tenía su origen en el supremacismo nórdico, especialmente el islandés. Sólo allí existían viejos documentos sobre la mitología pagana germánica.

De allí sacaron el biotipo étnico que propulsaron y que estos nuevos grupos como Quanon retoman: hombres y mujeres altos, de piel transparente y ojos celestes muy claros, resistentes a los climas adversos y ansiosos por más conquistas. Ya entonces esos antecedentes eran viscosos: esos primeros documentos sobre los germánicos habían sido escritos doscientos años después por autores nórdicos convertidos al cristianismo. Pero el rigor histórico nunca fue un obstáculo para los nazis, ni los de antes ni los de ahora.

En esa mitología construida al servicio de una ideología supremacista, se encuentra el casco con cuernos. Muchos de los tatuajes de los Quanon, afirma el historiador, como el símbolo vegvisir y leyendas en alfabeto rúnico, también surgen de ese pasado que no existió tal como lo relatan.

De hecho, señala Pagani, a fines del año pasado la revista Science publicó un trabajo inconveniente para estos nuevos supremacistas que reivindican el medievalismo nórdico: se probó que ni siquiera entonces había ninguna “pureza”, y que los habitantes de las tierras heladas no eran una mayoría rubia, sino una mixtura con muchos habitantes castaños de tez mate.

Volviendo al Capitolio, Angeli volvió luego a ser noticia: se negó a comer nada que no sea vegano. Pura banalidad. Pura comedia. Disfraces. Ese eje es importante.

Las ultraderechas, como los nazis en su momento, no tienen argumentos ni pueden dar los debates para dar a conocer un proyecto político. Son pura antipolítica y lo dicen con sus disfraces. Son antidemocráticos, naturalmente, aunque su líder se sirvió de la política para ayudar a destruir el sistema político más hipócrita del mundo, y generar pseudomilicias armadas. No conciben nada que no implique la eliminación de otros.

Se disfrazan porque el disfraz es el uniforme de estos soldaditos que el plomo no lo llevan puesto sino listo para disparar sobre otros cuerpos. Se disfrazan como algunos que vemos por acá. El disfraz de lo primero que habla es de neoliberalismo, desde un baño de inmersión con patitos, o desde abajo de peinados que laboriosamente son pelucas bizarras.

A ninguno de estos exponentes en todo el mundo les importan tres balines las cosas públicas, aunque quienes los alentaron a juntarse y armarse sí están interesados en quedarse con todo. El líder inspirador de estos mamarrachos los habilitó como fuerza de choque. Los ubicó en un borde desde donde tarde o temprano saldría la violencia, aunque los demócratas pongan caras de asombro.

¿Y Trump, con su jopo de canario y su mujer barbie-florero no era un disfraz de político que se puso un hombre de negocios con otras intenciones? ¿Y Bolsonaro no es él mismo un disfraz de energúmeno que todos podríamos imitar, impostando la voz hasta la disfonía para decir cosas como que los brasileños no sirven para nada? ¿Carrió no es un disfraz de lo que fue ella misma, cuando usaba otros disfraces, como el de la mística de la cruz exagerada? ¿Su republiquita no es un disfraz de la república que ayuda a destruir? ¿Y Macri? ¿No era un disfraz de presidente ése que despreció a destajo a docentes y a alumnos pero ahora pide que se vuelvan ya, en un pico pandémico, las clases presenciales?

La ultraderecha no vendrá nunca a decirnos que tiene pensado copar el poder para alzarse con lo poco que queda, cueste las vidas que cueste. Con la ultraderecha no se puede pensar en debate, diálogo o intercambios armónicos. Su fuerte es el cinismo y su capacidad para atraer hacia su propia arena toda la luz mediática posible. La tienen.

No quieren nada parecido a la razón, porque su lógica es la del disfraz y no tienen idea de cómo contestarle a un argumento. Ahora mismo los vemos escupir sobre vacunas que la enorme mayoría del mundo espera ansiosamente.

Es mentira que descreen de la vacuna rusa o de la china. Puede que sus acólitos lo hagan pero los ideólogos de esas corrientes se podrían una de Corea del Norte si la hubiera porque también saben que la pandemia existe. Lo saben abajo del disfraz. Tampoco creen en lo que dicen. Repiten cualquier cosa que les convenga, sin pruritos por la verdad. Quieren inyectar todo el veneno posible, toda la confusión y el desequilibrio posible, porque es su llave del éxito. 

Las ultraderechas apuestan por el disfraz, que es fotogénico. Muy pronto Jake Angeli tendrá un club de fans. Así funciona la sociedad occidental que brotó al calor de la brutalidad neoliberal, como un circo en el que a veces parece que hay payasos, pero se trata de otro circo: casi siempre hay esclavos a los que ellos les sueltan los leones.

Fuente: PÁGINA 12

ESTADOS UNIDOS, LA DEMOCRACIA QUE NUNCA FUE. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Vaya por delante la condena. Pero de allí a lanzar loas a la democracia estadunidense es una falta de respeto. Menos aún señalar su ejemplaridad. Azuzados por el presidente Donald Trump, sus seguidores no dudaron en asaltar el Capitolio bajo la consigna de haber sido víctimas de fraude y robo en las elecciones presidenciales. Son muchos quienes le siguen, dentro y fuera de las instituciones. Cien representantes en la Cámara y siete senadores han negado validez al triunfo de Biden. Para ellos, América se encuentra secuestrada por vendepatrias. Por consiguiente, la sociedad estadunidense es víctima de una conspiración de negros, latinos, minorías sexuales, comunistas y socialistas, cuya finalidad es destruir el país.

Las imágenes de ciudadanos trepando paredes, rompiendo ventanas, invadiendo despachos, son un jarro de agua fría para quienes han aupado a Estados Unidos como salvaguarda de la democracia mundial. Analistas políticos, especialistas en relaciones internacionales, corresponsales, hacen piña. Sólo hay un responsable de la violencia: Donald Trump, un desequilibrado que no asume su derrota. Las cadenas de radio y televisión informan en tiempo real y a la par dan a conocer tuits de jefes de Estado y gobierno occidentales mostrando su rechazo a la toma del Capitolio y su reconocimiento a Joe Biden. El momento era relevante, se estaba validando formalmente, en sesión plenaria, la designación de Joe Biden como presidente. Penúltimo acto para el traspaso de poderes en la Casa Blanca el 20 de enero. Pero el ícono del poder legislativo, el Capitolio, era víctima de un ataque, según diría Hillary Clinton, perpetrado por terroristas nacionales. El acto protocolario se veía empañado, suspendiéndose la votación que ratificaba a Joe Biden como presidente. La invasión se cobraba la primera víctima, una mujer era abatida mientras trataba de colarse en la sala de sesiones.

Definir el sistema político estadunidense como una democracia, salvo que el concepto quede restringido a la mínima expresión, resulta poco serio. De ser así, son hechos auténticamente democráticos morirse de hambre o no tener cobertura médica. Pero vayamos a deshacer el entuerto. Esos senadores y diputados, reunidos en sesión plenaria, salvo excepciones, son los que, independientemente de su partido, han avalado anexiones territoriales, guerras, invasiones, golpes de Estado, bloqueos a terceros países, consolidado tiranías y financiado gobiernos autocráticos, lo cual contradice su respeto y apego a los valores democráticos. En América Latina, Asia y África hay ejemplos que harían enrojecer a cualquier demócrata. Sin olvidar que Trump no ha sido el primer presidente en mentir. Desde el genocidio de los pueblos originarios, la anexión de los territorios pertenecientes a México, la guerra contra Cuba, Vietnam y más recientemente la guerra contra Irak se fundan en mentiras. ¿Acaso se encontraron las armas de destrucción masiva? Ésa es la historia de Estados Unidos. Howard Zinn, Charles W. Mills, Sheldon Wolin o Noam Chomsky, entre otros, han cuestionado el sistema político que prevalece en Estados Unidos, tras sus actuaciones en Vietnam, Centroamérica, Chile e Irak, además de las leyes emergentes con posterioridad al 11 de septiembre de 2001. Totalitarismo invertido es la definición de Wolin para referirse al orden político en Estados Unidos, nacido de los atentados a las Torres Gemelas.

Presidentes como Kennedy, Nixon, Carter, Ford, Clinton, Reagan o Bush, padre e hijo, con todos los matices, se han saltado preceptos democráticos como la no intervención, el derecho de autodeterminación o el respeto a los derechos humanos. Además, durante sus administraciones, han utilizado mecanismos poco ortodoxos, democráticamente hablando, como avalar la tortura, crear noticias falsas, contratar mercenarios o desvalijar países enteros de sus riquezas. Sin despreciar la persecución a periodistas y aplicar la censura en las informaciones sobre las actividades de espionaje en su propio país o a sus aliados. Julian Assange y Edward Snowden son un ejemplo de lo dicho.

Crímenes y criminales de guerra, cuya impunidad está garantizada al no reconocer el Tribunal Internacional Penal, campan por su territorio, dan conferencias y reciben premios Nobel. Henry Kissinger, sin ir más lejos. Ninguna administración estadunidense está libre de haber patrocinado guerras, vender armas, traficar con estupefacientes, derrocar gobiernos democráticos y torcer el brazo a quienes se enfrentan y rechazan sus políticas unilaterales de corte autoritario. Pero si no es suficiente, debemos recordar que en su política doméstica Trump no ha sido una anomalía, al margen de sus excentricidades. Obtuvo más de setenta millones de votos. Además, las organizaciones supremacistas, neonazis, llevan décadas existiendo. La Asociación Nacional del Rifle y lobby, que van desde las farmacéuticas, compañías de seguros, multinacionales de la alimentación y las empresas tecnológicas de Silicon Valley, cuentan con un apoyo bipartidista. El Ku Klux Klan, el Tea Party, White Power, Skin Heads o Metal Militia no han sido creados por Trump, otra cosa es que los condene. Por otro lado, fue Barack Obama, premio Nobel de la Paz, quien aceleró la construcción del muro fronterizo con México, y según José Manuel Valenzuela Arce en Caminos del éxodo humano, durante su presidencia las deportaciones sumaron 2 millones 800 mil personas. En resumen, definir el sistema político bipartidista que rige Estados Unidos como un orden democrático es un despropósito si se trata de caracterizar el régimen político. Otra cosa es defender el imperialismo estadunidense, sus estructuras de poder y dominación y adjudicarles el papel de guardián de los valores occidentales, dizque democráticos. Pero ya sabemos, democracia y capitalismo son incompatibles.

Fuente: LA JORNADA

LA DERROTA DE TRUMP. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

La derrota del presidente Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre es un hecho irreversible. Fue lograda por la alianza tácita de fuerzas sociales diversas y hasta antagónicas, que hacía imposible la relección del magnate. Hasta ahora Trump no ha mostrado prueba del supuesto fraude y todos los pleitos presentados por sus abogados han sido desestimados, excepto uno, pero no modifica los resultados. La victoria de la fórmula Biden-Harris no es aplastante pero sí muy clara, como argumenté en este espacio el día posterior a los comicios ¿Adiós Trump? Entonces ya se podían apreciar la victoria segura del dúo demócrata en varios estados fundamentales, o las tendencias favorables en otros, que podían proporcionarle el predominio en el colegio electoral.

La proclamación del triunfo de Biden por los medios de difusión hegemónicos, incluida la ultraderechista Fox, responde a una antigua tradición en un país donde no hay árbitro electoral nacional. De esa misma manera, como observó David Brooks, fue cantada la victoria de Trump en 2016, quien inmediatamente recibió encantado los reconocimientos. La tradición se interrumpe cuando el magnate se niega a aceptar el resultado publicado como sí lo han hecho todos sus antecesores. No sorprende esta actitud del neoyorquino, que varios habíamos pronosticado. Durante meses, él mismo desacreditó el voto por correo como fraudulento y aseguró que sólo podía perder la elección si los demócratas le hacían fraude. Era sabido que su narcisismo, alimentado por lunáticos como Pompeo, le impediría aceptar un resultado adverso y lo llevaría a atrincherarse en la Casa Blanca.

La eventual victoria de la candidatura presidencial de Trump no le convenía a un amplio abanico de fuerzas, distintas y en algunos casos muy opuestas entre sí. No le convenía a los financieristas globalistas por la imprevisible y conflictiva relación de Trump con los aliados tradicionales de Estados Unidos –en particular la Unión Europea–, por su apoyo y simpatía hacia ultraderechistas salvajes como Bolsonaro o sus homólogos europeos, o por su negativa a aceptar –aunque sea formalmente– las reglas del multilateralismo, que lo llevaron a abandonar el Acuerdo de París sobre el cambio climático, el tratado nuclear 6+1 con Irán, la Organización Mundial de la Salud y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Tampoco las fuerzas de izquierda y progresistas de Estados Unidos aceptan, desde posiciones auténticamente democráticas, el unilateralismo de Trump, su desprecio por la democracia y los derechos humanos, su versión ultrasalvaje del neoliberalismo continental, sus posturas racistas, xenófobas, su reforzamiento cruel en medio de la pandemia de los bloqueos a Cuba y Venezuela, y su negación a la existencia del pueblo palestino, entre otros muchos atropellos que conforman una política cada vez más cercana al neofascismo. Varias de estas razones hacen también que los liberales, así como una mayoría de jóvenes, mujeres, negros y asiáticos, hayan votado por Biden. Los latinos, en su mayoría mexicanos, no como se esperaba; sólo 63 por ciento sufragó por el demócrata, pero ese partido no se ha ocupado de los iberoamericanos.

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TRUMP Y LA MEDIOCRACIA: LOS HEREDEROS DE HERMES. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

La venganza, reza el dicho, es un plato que se come frío. En pleno conflicto poselectoral, las grandes cadenas de comunicación, a las que el presidente Donald Trump atacó y demonizó durante más de cuatro años, se cobraron la revancha.

El pasado jueves 5 de noviembre, mientras el mandatario denunciaba un fraude electoral en su contra desde la Casa Blanca, varias de las principales cadenas de ese país como la MSNBC, la NBC News y la ABC News cortaron la transmisión, argumentando que el presidente estaba mintiendo.

Esto es un fraude al pueblo estadunidense, es una vergüenza para nuestro país, señaló Trump en la rueda de prensa, los canales de televisión, que durante años difundieron los mensajes del presidente, suspendieron la cobertura.

Los ataques de Trump a los medios de comunicación tienen tras de sí una larga historia. En 1981, el entonces empresario acusó: La prensa es mentirosa, está ahí para manipular a la gente y a eso se dedica.

En la misma línea, en 2017 tuiteó: “Los medios con noticias falsas (los perdedores New York Times, NBC, ABC, CBS, CNN) no son mi enemigo, son el enemigo del pueblo estadunidense”. Aseguró que éstos no hablan para la gente, lo hacen para intereses especiales. La gente ya no les cree. Y, encarrerado, acusó que los periodistas son los seres más deshonestos del planeta.

Stephen K. Bannon, uno de los más importantes ideólogos del trumpismo, descifró el sentido de esta ofensiva del magnate contra los medios. Los medios de comunicación son el partido de la oposición, declaró al New York Times.

Trump, de acuerdo con el especialista James Poniewozik, prueba que la televisión y los medios de comunicación son la fuerza más poderosa en la política es­tadunidense. Si los controlas, controlas la política. El mandatario, según explica en su libro Audience of One, era ya una relevante figura mediática antes de su triunfo electoral. Él supo entender cómo en una cultura tan imbricada con los medios como la estadunidense la apariencia era la realidad, y utilizó las herramientas de la televisión para su causa.

De la mano de Fox News (controlado por el magnate Rupert Murdoch), de va­rios tabloides y del uso de Twitter y Facebook, el millonario construyó una coalición y un imaginario social muy poderosos, muy cercanos a un proyecto neofascista.

La política de Trump hacia los grandes medios de comunicación y de éstos hacia el magnate parecería sacada de una novela de Lewis Carroll. No es un asunto de quién dice la verdad y quién miente, aunque la verdad esté en disputa. Tampoco de quién defiende la democracia. Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty a Alicia, la heroína de las obras del escritor inglés– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos. Y, añadió: La cuestión es saber quién es el que manda…, eso es todo.

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ALARMA. DAVID BROOKS

American curios

Joey Gibson, fundador del grupo de ultra-derecha Patriot Prayer, en imagen de archivo. El hombre que recibió antenoche un disparo mortal en Portland, Oregon, cuando partidarios del presidente Donald Trump se enfrentaron a manifestantes de Black Lives Matter, era simpatizante de dicha organización y buen amigo de Gibson. Foto Ap

DAVID BROOKS

Recuerdo que buscábamos la revista Alarma para leer historias “reales” de horror, para asustarnos, para confrontar con historias de horror –como ha explicado Guillermo del Toro varias veces– nuestros propios terrores. Pero eso era un acto voluntario. El reality show de horror político (nadie ha hecho uno antes, ¿verdad?) que se está produciendo en Estados Unidos es algo con consecuencias devastadoras reales no sólo para la superpotencia, sino para todos, y es momento de gritar: ¡Alarma!

Aquí hay nada menos que un intento para consolidar un régimen neofascista, con todo lo que eso implica: El régimen y su campaña de reelección proclaman que Trump es el único salvador de Estados Unidos, según Dios. La Casa Blanca, institución pública, ya fue convertida en la Casa Trump. Todos los días el régimen declara que los medios no alineados son el “enemigo del pueblo”; cada día más familias y niños son enjaulados por el régimen como parte de la persecución brutal de migrantes para frenar la “invasión” por “extranjeros ilegales”; todos los días hay amenazas y acciones de represión contra disidentes y sus protestas por fuerzas federales; el mandatario ha dado su bendición a fuerzas civiles paramilitares que buscan confrontar manifestantes opositores (según un nuevo informe, ultraderechistas se han presentado casi 500 veces en busca de enfrentamientos con manifestantes de Black Lives Matter este año, hiriendo a varios y matando a tres); procede la concentración extrema de riqueza (unos 467 multimillonarios ganaron 800 mil millones de dólares en los últimos cinco meses mientras decenas de millones sufren desempleo, pobreza y hasta hambre); avanza el desmantelamiento de la educación, salud pública y programas de bienestar social, como también la anulación de regulaciones y normas de protección ambientales y laborales. Todo esto, decorado por retórica de “la defensa del pueblo”, la libertad, la familia, Dios y “la ley y el orden” al construirse una “realidad alternativa” para anular la realidad empírica, la historia y la ciencia.

Uno de los mensajes centrales de la campaña de relección de Trump es algo que debería ser cómico, pero se vuelve alarmante, ya que parece funcionar: resulta que existe una “izquierda radical” conformada por anarquistas, socialistas, comunistas y marxistas tan poderosa que está al borde de tomar el poder (usando al neoliberal débil Joe Biden como su “caballo de Troya”). Aún no está claro si Cuba y Venezuela están detrás de todo esto, pero siguen asustando al país más poderoso del mundo. Trump declaró que sólo él puede salvar al país de tal amenaza. Ni la izquierda estadunidense se había dado cuenta de su poder antes de ser informada por el régimen. Esta narrativa nostálgica de la época de la guerra fría siempre ha sido empleada en este país para justificar pues, casi todo, desde represión interna hasta espionaje, intervenciones, etcétera.

A lo largo de las últimas dos semanas, ambas convenciones nacionales, la demócrata y la republicana, proclamaron en esencia el mismo mensaje: el triunfo del contrincante representa una amenaza existencial a la república democrática de Estados Unidos. La pregunta es: ¿qué tal si ambos tienen razón?

“Este es el momento más decisivo en la historia de este experimento que llamamos Estados Unidos de América…”, comentó el filósofo político Cornel West. “Hemos visto esta semana la cristalización de una forma estadunidense de neofascismo”. Agregó que votará por “el neoliberal débil Biden, pero sólo porque es un voto antifascista”. Aunque no es la solución, subrayó, primero “tenemos que sacar al gánster neofascista de la Casa Blanca”.

Casi todos saben que las cúpulas no tienen soluciones reales para la crisis democrática de este país. Ésas tendrán que salir de esa oposición vasta y dinámica, aunque fragmentada, que se ve en las calles, en las aulas y hasta en las arenas del deporte (la extraordinaria huelga de la semana pasada) y que es clave tanto para frenar el proyecto neofascista, como para la continuación del neoliberalismo dentro de Estados Unidos.

Fuente: LA JORNADA

CONTINGENCIAS DE NOVIEMBRE. RAFAEL DE ÁGUILA

“Podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”.
Donald Trump

Sioux Center, Iowa. Enero de 2016

RAFAEL DEHace ya trece años el hoy presidente norteamericano escribió un libro. Ha escrito varios, o coescrito. La obra a la que aludo lleva por título Think Big and kick ass in Bussiness and Life. El coautor esta vez fue Bill Zanker. Confieso no haberla leído, confieso que aun de tenerla a mano no la leería. Hay algo, sin embargo, de lo que estoy absolutamente convencido: al autor le agrada esa acción, la aludida en esa idiomatic phrase tan norteamericana, kick ass (patear traseros). Existen seres así, casi todos hemos conocido alguna vez a alguno. Se trata de personalidad, carácter, psiquis, maneras de ser, como decimos los cubanos. Solo que en este caso se trata del presidente de los Estados Unidos de América, la nación más poderosa del planeta. No pretendo pergeñar una diatriba ideológica u ofensiva, no es mi estilo. Donald Trump es presidente de la mano del voto de su pueblo, con arreglo a sus leyes y a su Constitución. Respeto eso.

Las causas —politológicas, sociológicas, económicas— que llevaron a Donald Trump a la Presidencia exceden el marco de este exiguo texto. A mi modo de ver todo se relaciona con el auge populista que, desde la desesperanza y la incertidumbre de los últimos años, se ha lanzado sobre el mundo, asociado a la capitis deminutio que sufre del ciudadano actual para juzgar y elegir. Porque Trump, a todas luces, es un populista. Solo procederé a analizar lo que como intelectual —como mero ciudadano del planeta, ciudadano de un país del III Mundo— me genera, he de confesarlo, cierto desvelo. Todos hemos sido testigos de las declaraciones y acciones de Donald Trump a lo largo de estos casi cuatro años. No adjetivaré, cada lector colocará el adjetivo que decida. Convengamos que —he asegurado que me mantendré lejos de toda diatriba— ha resultado un presidente sui generis —único en su género, para los no versados en latinajos—, impredecible, no convencional, nada ortodoxo y políticamente incorrecto según muchos, no lo digo yo. Y parece lógico: se trata de un magnate inmobiliario. Los de su tipo no resultan justo ejemplos de diplomacia o versados en las artes politológicas distintivas de un estadista. No es un político, no lo fue nunca; como no lo ha sido Kanye West, por ejemplo, que ahora runs for president: ¡A saber cuáles serían los dichos y hechos del rapero de Georgia en el hipotético caso —líbrennos de ello los Padres Fundadores— en que alcanzara a acomodarse (razonar o irrazonar) detrás del mítico escritorio Resolute en el no menos mítico Despacho Oval!

Volvamos a Trump: Han sido cuatro años impredecibles, asombrosos. Si nos lo hubieran contado nos habríamos negado a creerlo. Hemos constatado poses, discursos y acciones, sin olvidar el muy peculiar estilo de Twitter. Han sido, sin dudas, años peligrosos. Muy pocos en el mundo, sin importar filiación ideológica —me arriesgo a decirlo—, han valorado de manera positiva al mandatario; ni siquiera sus aliados europeos, con los que ha desarrollado no precisamente una relación íntima u óptima, al contrario. Una vez más me aventuro: quizá sea el presidente norteamericano peor valorado en el mundo desde el fin de la II Guerra Mundial, a las antípodas del respetado Roosevelt o del admirado y desdichado Kennedy. Ello ocurre cuando, quizás también, resulte el Presidente norteamericano cuyo círculo de partidarios en USA —ochenta millones de seguidores exhibe en Twitter—, lo que pudiéramos llamar su “núcleo duro” (su base) resulta en extremo fervoroso, militante y muy fiel, para desterrar epítetos que alguno pudiera tomar por inadecuados. En enero de 2020, hace tan solo un semestre, Donald Trump habría ganado, según opinión de la mayoría de los analistas —con facilidad— las próximas elecciones de noviembre. Una vez derrotado el intento de impeachment, la economía USA marchaba a todo gas, no se avizoraban nubes o vientos fuertes, todo era calma chicha y buenos augurios; pero… en la ciudad china de Wuhan asomó un virus…

…Y TORNAS VELEIDOSAS LAS DEL VIENTO…

…un virus que en muy poco tiempo devino pandemia, y en muy reducido lapso USA lideró al mundo —tristemente— en dramáticas cifras de contagios y luctuosos fallecimientos. Si millones han sufrido la enfermedad y más de ciento cincuenta mil han muerto, la economía —la principal de las fortalezas que exhibía el presidente en virtud de la reelección— ha recibido un golpe brutal: se reporta caída récord en materia de PIB (32,9 % en el segundo trimestre del año) y una pérdida significativa de empleos. El panorama es hoy otro, muy diferente, diametralmente opuesto. Muchos analistas sostienen que la conducta del presidente —declaraciones y acciones— ha resultado errática en materia de conducción y contención de la epidemia en USA. Según encuestas solo el 38 % cree que el presidente lo ha hecho bien. A ello se han sumado las protestas en el marco del movimiento Black Lives Matter, generadas a partir de la muerte, a manos de los cuerpos policiales de Minneapolis, del ciudadano afroamericano George Floyd —millones de seres en el mundo alcanzamos a presenciar las terribles imágenes—. Huelga decir que en modo alguno se trata de un hecho aislado: vicisitudes de ese talante han tenido lugar —de formas reiterada y angustiosa— por años en esa nación. Y tales vientos, agalerados y furibundos, han hecho mutar el panorama electoral: giro total, vuelta en U.

“El contrincante parece ser hoy un virus. Es Donald Trump versus Sarcov-2: un presidente lucha por su reelección frente a un virus envuelto en su genoma de ARN (…)”. Fotos: Tomada de Internet

Todas las encuestas, algunas de ellas ofreciendo ventaja al candidato demócrata por más de diez puntos, están hoy de acuerdo: a poco más de tres meses de las elecciones, Donald Trump tiene grandes probabilidades de perderlas. Y tres meses, convengamos, es poco tiempo; poco para revertir la situación al menos; poco cuando del otro lado no se mueve precisamente un contrincante político —desde enero no vemos una campaña a la usanza tradicional: el candidato demócrata, Joe Biden, se ha mantenido aislado en función de protegerse de la enfermedad—. El contrincante parece ser hoy un virus. Es Donald Trump versus Sarcov-2: un presidente lucha por su reelección frente a un virus envuelto en su genoma de ARN; un agente infeccioso acelular que, urge decirlo por raro que pueda resultar, se erige como mucho más impredecible que el magnate. Se vaticina improbable que en apenas tres meses se logre controlar la epidemia en territorio norteamericano. En apenas noventa días habría que, pongamos por caso, lograr una vacuna; improbable cuando los candidatos vacunales en apariencia más exitosos (como la anunciada por el consorcio biotecnológico Moderna Inc., con sede en Cambridge) de seguro excederán ese tiempo en función de ser aprobados y empleados. Resulta todavía más improbable que se adopten medidas de alta rigurosidad —al estilo de naciones asiáticas— que coadyuven al control de la epidemia. Virólogos y epidemiólogos, como el mismísimo Anthony Fauci, auguran que tal vez peores días puedan estar por llegar. El empleo de un medicamento antiviral que minimice fallecimientos tampoco está —al menos hasta hoy— muy a la vista. Y se precisa detener al virus como requisito indispensable que permita regenerar la economía, los negocios, los empleos, el consumo interno, el PIB. Y, desde luego, poner a salvo vidas. En los tres meses que se avecinan algunos fantasmas pueden incluso asomar su feo rostro: ahora mismo acontece un vendaval desde el sobredimensionamiento del precio del oro y la bitcoin. Seguir leyendo CONTINGENCIAS DE NOVIEMBRE. RAFAEL DE ÁGUILA

PARADOJALES RESULTADOS DE UNA “FAKE NEWS”. ATILIO A. BORÓN

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Los ojos con que Michelle Bachelet mira a Venezuela

 

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3Ayer por la tarde Clarín y La Nación titulaban su edición digital con grandes caracteres celebrando el pronunciamiento del gobierno argentino en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU reunida en Ginebra. Engullendo sin la menor perspicacia la noticia –incompleta y tendenciosa, y por lo tanto falsa– difundida por la “prensa independiente” la dirección del PRO no tardó en emitir una declaración en donde “felicitaba” al gobierno argentino por su “reconocimiento, tardío pero correcto, sobre la gravísima situación venezolana.” El comunicado titulado “Mejor tarde que nunca” fue firmado por Patricia Bullrich y Fulvio Pompeo (no confundir con Mike, el Secretario de Estado, aunque uno y otro piensen igual) culmina con una exhortación al gobierno para que sostenga esta actitud “en el tiempo, en los distintos ámbitos políticos y diplomáticos existentes, con el fin de apoyar un proceso que permita sin más demora la celebración de elecciones libres e independientes en Venezuela.” En este caso la verdad a medias que creó la “fake news” engañó y les hizo pasar un papelón a quienes son sus incansables promotores. En efecto, a poco andar se conoció la versión completa de la postura argentina en donde se ratificaba: a) el reconocimiento de Nicolás Maduro como el único presidente legítimo de Venezuela; b) la legalidad del llamado a elecciones parlamentarias convocadas por el gobierno bolivariano para diciembre de este año; c) se reafirmaba la condena al bloqueo y las sanciones económicas, que exacerbaban los sufrimientos de la población; d) y se hacía lo propio con el principio de no intervención tema sobre el cual, en el programa de Víctor Hugo Morales por la AM 750, el presidente reafirmó que nadie tenía derecho a decirle a los venezolanos como debían arreglar sus problemas. “Ni yo, ni Trump, ni nadie”, sentenció, para desconsuelo de una derecha colonizada que sí le asigna ese derecho al presidente de Estados Unidos. Además, en la entrevista Fernández recordó la frustrada intervención de José Luis Rodríguez Zapatero para normalizar el proceso electoral en Venezuela y que fue saboteada, a último momento y cuando estaba todo resuelto, por la actitud antidemocrática de la oposición.

El resultado: una fake news que le jugó una mala pasada a la derecha. Para colmo, con sus aclaraciones en el día de hoy, el presidente se alejó aún más del Grupo de Lima, al que juzgó como irrelevante e irrepresentativo; y descalificó explícitamente –y llamándolo por su nombre– los presuntos derechos que el ocupante de la Casa Blanca esgrime para inmiscuirse en los asuntos internos de Venezuela. Reafirmó también su rechazo al golpe y la dictadura en Bolivia y el compromiso de la Argentina con el ex presidente Evo Morales y cuantos bolivianos busquen asilo en este país.

Dos conclusiones surgen de este episodio: primera, que es imprescindible alinear a la Cancillería con las posturas de la Casa Rosada. No hay que ser un lince ni capaz de ver bajo el agua para percatarse que las melodías que resuenan en el Palacio San Martín no gozan del agrado del presidente. Y para jugar un papel positivo en el concierto regional o internacional este país tiene que tener una política exterior, no dos, y evitar que el presidente tenga que salir a aclarar ante los medios qué fue lo que hizo o dijo la Cancillería. Segunda conclusión: la Argentina podría haber ido un poco más lejos en su intervención en Ginebra. Por ejemplo, cuestionando la imperdonable –-y permanente– omisión que Michelle Bachelet hace del tema de las sanciones económicas y el bloqueo a Venezuela cada vez que examina la situación de los derechos humanos en ese país. Podría también haber manifestado su insatisfacción ante el hecho de que la funcionaria no hubiese utilizado la misma vara para juzgar el criminal accionar de las fuerzas policiales en Chile, con sus casi cuatrocientas personas que quedaron ciegas o perdieron un ojo, amén de las mujeres violadas y los miles de detenidos y la treintena de muertos durante la represión; o señalar la incongruencia de hablar de “tortura y malos tratos y la violencia de género” a manos de las fuerzas de seguridad en un continente en donde el maltrato (que no siempre es tortura) y la violencia de género son pan de cada día, incluyendo a la Argentina. Pese a ello, a esa señora sólo le preocupa lo que pueda ocurrir bajo el gobierno de Nicolás Maduro, al paso que ignora las masivas violaciones de los derechos humanos perpetradas en Chile por el régimen de Piñera o en la dictadura boliviana. Podría también el gobierno argentino haberle solicitado que tornase su inquisitiva mirada hacia la vecina Colombia en donde, según la agencia EFE, nada sospechosa de simpatías chavistas, el gobierno de Iván Duque fue responsable o cómplice del asesinato  de 100 activistas sociales y políticos entre el 1º de enero y el 15 de mayo de este año.* Pero Bogotá es un proxy del gobierno de Estados Unidos y Bachelet, en su papel de sumisa sirvienta de la Casa Blanca, ni se le pasa por la cabeza hacer tal cosa y prefiere lanzar sus dardos contra la República Bolivariana en lugar de hacerlo contra el narcogobierno colombiano. En fin, haciendo las sumas y las restas, gracias a la “fake news” de Clarín y La Nación la política del gobierno argentino hacia Venezuela quedó dibujada con perfiles más nítidos y esperanzadores. Y esto es una buena noticia.

*https://www.efe.com/efe/america/sociedad/sube-a-100-la-cifra-de-lideres-sociales-asesinados-en-colombia-2020-dice-ong/20000013-4248539

ESTADOS UNIDOS: MACHACADO POR LA PANDEMIA. ÁNGEL GUERRA CABRERA

COVID EN LA FLORIDA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITASi Florida, el estado sureño de Estados Unidos, fuera un país ocuparía el cuarto lugar mundial por el número de fallecidos a consecuencia de la covid-19. Pero muy cerca de allí, en Cuba -bloqueada inmisericordemente- el 94 por ciento de los pacientes diagnosticados ya están recuperados y 32 brigadas médicas de la isla con más de 3 mil miembros combaten la enfermedad en el mundo. Florida, con 221629  casos y 4409 fallecidos, en medio de un aumento diario espectacular del número de enfermos. Cuba, con 2438 casos y 87 fallecidos; excepto La Habana, la gran mayoría de las provincias no reportan contagios hace semanas. Florida tiene cerca de cuatro veces la población de Cuba, de modo que si hiciéramos una hipotética proyección proporcional de las cifras, la isla no llegaría a 400 fallecidos, 10 veces menos que los de la península floridana.

La situación de Florida es fruto de la desastrosa gestión de la epidemia en Estados Unidos, en lo que Donald Trump tiene una alta cuota de responsabilidad. Un epidemiólogo estadounidense lo ha calificado de “genocidio por default”. Pero hay una pregunta obligada: ¿por qué un personaje de su pésima catadura moral(llamado gánster por Chomsky y fascista por el filósofo Cornel West y otros, acusado de “peligro para la democracia” por generales, almirantes y políticos de ambos partidos) pudo llegar a la máxima responsabilidad gubernamental de la potencia del norte? Por cierto, no estoy seguro de que pierda la elección del 3 de noviembre.

Otra pregunta importante es cuán distinta habría sido la gerencia de la pandemia por otro presidente. No creo que habría habido una diferencia sustantiva, pues al margen del desajuste conductual de Trump, de su obsesión enfermiza por la reelección, su desprecio por la ciencia y subestimación de la enfermedad, lo que se observa en Estados Unidos hoy es una situación de caos, al parecer originada en una grave fractura en la cúpula como la que precede a las guerras civiles. Mucho antes de esto W. Bush fue incapaz de enfrentar el paso del huracán Katrina por Nueva Orleans, que terminó en una gran tragedia. Pero, además, en la mayoría de los países capitalistas los gobiernos hacen grandes concesiones a las presiones del capital para que no se confine a la población y se proteja su salud.  Los rebrotes de envergadura que vemos en las últimas semanas en América Latina y Estados Unidos se deben a la flexibilización prematura de las medidas preventivas debido a esas presiones del capital.

El problema principal de Estados Unidos es que no existe en rigor un sistema de salud pública, agravado por el avance cada vez mayor de la privatización de los servicios médicos, con crecientes ganancias de las compañías de seguros y una población enferma, víctima de la obesidad, la diabetes y las cardiopatías. No es casual que la mayoría de los fallecidos por covid sean latinos o afros. La industria farmacéutica estadounidense es emblemática del negocio a costa de la vida humana. En este campo Washington lleva de lejos la delantera entre los países capitalistas ricos, con los más caros e ineficientes servicios de salud en ese grupo de estados.

No obstante, lo mismo en Europa, que en naciones de América del sur como Chile, Brasil, Colombia, Perú y Ecuador, es evidente que no estaban preparados para enfrentar    la pandemia por la enorme disminución en los presupuestos de salud y la progresiva degradación de su infraestructura hospitalaria ocasionados por las política neoliberales. Brasil, segundo país en el mundo por número de muertos y contagiados sufre precisamente el desmantelamiento del sistema de salud pública edificado por los gobiernos del PT, la expulsión de los médicos cubanos, el negacionismo de Bolsonaro y su guerra contra los intentos de gobernadores y alcaldes de proteger a la población. Pero el caso de Chile es particularmente escandaloso y revelador de cuanto se ha mentido sobre las maravillas de su modelo económico.  Con unos 20 millones de habitantes, el país andino tiene 319 mil casos y 7019 muertes. Con la mitad de la población que el estado de Florida, lo supera en ambas categorías y exhibe una de las más altas tasas de muertes en el mundo por 100 000 habitantes. El presidente Piñera se ha caracterizado por obstaculizar todas las iniciativas dirigidas a atenuar el sufrimiento de los grandes sectores chilenos en pobreza y carentes de atención médica.

Pero mientras el nuevo coronavirus avanzaba a paso de carga en Estados Unidos, Trump visitó Florida y ni mencionó la pandemia. Todo su tiempo estuvo dedicado a proferir teatralmente amenazas contra Cuba y Venezuela desde el Comando Sur y a recoger donaciones para su campaña electoral. Allí se reunió con un grupo de mercenarios de origen cubano y venezolano, verdaderos payasos que entre carantoñas e increíbles elogios, le aseguraron que él será el presidente que libere a “nuestro hemisferio” del socialismo. Tampoco veo seguro que el magnate gane en Florida. Como le advirtió el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, el presidente está mal asesorado.

Twitter: @aguerraguerra

Fuente: LA JORNADA

COMO PRESIDENTE, TRUMP HA MENTIDO 20 MIL VECES. DAVID BROOKS

Incluso Wall Street se harta

Rechaza la ciencia sobre el Covid-19 y ve la pandemia como un enemigo personal, que intenta impedir su relección // Las crisis de salud, económica y social, causas de su derrumbe en bastiones republicanos

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El panorama electoral para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se oscurece. Aunque faltan 16 semanas para las elecciones del 3 de noviembre, no hay indicadores de que ni la pandemia ni la crisis económica mejoren en el corto plazo. Según los sondeos y los analistas, está perdiendo en gran medida por su manejo de estas dos contingencias. Foto Ap


david-brooksNueva York., Donald Trump ha mentido o engañado más de 20 mil veces, rechaza la ciencia sobre la pandemia que amenaza la relección del mejor presidente jamás, tal vez con excepción de Lincoln, o sea, él, y hasta Wall Street se está hartando.

El panorama electoral para Trump se va oscureciendo. Aunque falta una eternidad en términos electorales, 16 semanas, para los comicios del 3 de noviembre, no hay indicadores de que ni la pandemia ni la crisis económica mejoren en el corto plazo. Según los sondeos y los analistas, está perdiendo en gran medida por su manejo de estas dos contingencias.

Al mismo tiempo la insurgencia civil más grande de la historia del país bajo el lema de Black Lives Matter está fortaleciendo y consolidando fuerzas progresistas antes dispersas, y con su carácter multirracial y de fusión de varios sectores, ha demostrado su poder y potencial al impulsar un debate nacional nuevo sobre lo más antiguo del país, pero también cambios concretos, reformas iniciales y el rebautizo de marcas y hasta de equipos profesionales (los Pieles Rojas de Washington anunciaron que cambiarán de nombre y logo).

El presidente ha declarado que este movimiento de izquierda radical y sus aliados –que en las encuestas son la mayoría de la opinión pública– son el enemigo de la república.

Hasta Wall Street ha dejado de apostar por Trump, con el sector financiero ya preparándose por lo que anticipa como triunfo probable del candidato presidencial demócrata y ex vicepresidente Joe Biden, reporta Axios. Un sondeo a 140 gerentes de fondos por Citigroup encontró que 62 por ciento espera un triunfo de Biden. En los mercados de apuestas, Biden es el favorito por más de 20 puntos (estaban empatados hace seis semanas).

Biden ha mantenido una ventaja de nueve puntos sobre Trump a escala nacional. Pero aún más preocupante para Trump y su gente es que en los sondeos más recientes, el presidente se está debilitando en estados que los republicanos consideraban seguros.

El más sorprendente de estos es Texas. Esta semana, el Dallas Morning News sacudió a los republicanos con la noticia de que Biden gozaba de una ventaja de cinco puntos. Un candidato demócrata presidencial no ha ganado Texas desde 1976. Ahí, si el margen se mantiene así de cerrado, el voto latino podría ser determinante, al igual que en Arizona. Por ello, la campaña de Trump está ampliando su esfuerzos para elevar el apoyo del electorado latino en esas entidades.

Florida es otra entidad que preocupa cada vez más a la campaña de Trump, estado que ahora es epicentro de la pandemia (reportó un número récord de más de 15 mil nuevos contagios el domingo), mientras la contienda entre ambos políticos sigue más cerrada de lo esperado por los estrategas de Trump en otros estados considerados claves para el resultado, Pensilvania, Ohio, Virginia, Wisconsin y Michigan.

Frustración e ira brotan dentro de la campaña de Trump, llegando hasta los berrinches contra sus aliados más fieles. Ayer el presidente atacó a Fox News por ofrecer demasiadas noticias y sondeos negativos para él. “Tan difícil ver más a Fox News… La izquierda radical ha atemorizado a Fox News hasta la sumisión, igual que han hecho contra tantos otros. Triste, ¡pero sí GANAREMOS!”, escribió en un tuit.

Enfrentando la pandemia como si fuera un enemigo personal que le quiere robar la relección, Trump ha redoblado sus esfuerzos para minimizar los efectos del Covid-19 justo en momentos en los que los expertos han declarado que por ahora el contagio está fuera de control con unos 60 mil nuevos casos cada día. Florida y Texas, cuyos gobernadores obedecieron las recomendaciones del presidente de mantenerse abiertos, enfrentan ahora emergencias sin precedente. Otros, como California, que parecieron haber controlado la pandemia, se han visto obligados a retroceder de sus fases de reapertura con cierres de bares y restaurantes.

Trump insiste en que todo está bajo control, y para intentar imponer su versión de la realidad ha marginado a los propios expertos del gobierno, incluyendo al de mayor autoridad, el doctor Anthony Fauci, a tal extremo que no sólo ha rehúsado consultarlo en persona durante dos meses, sino ha intentado que no aparezca ante los medios e incluso ha buscado minar su credibilidad, con la Casa Blanca acusando que el experto principal de salud pública dentro del gobierno ha cometido muchos errores.

Trump insiste en la reapertura inmediata de las actividades económicas y ahora junto con su secretaria de Educación, Betsy DeVos, amenaza con suspender el financiamiento federal a las escuelas públicas si se atreven a permanecer cerradas al iniciar del próximo año académico en septiembre. El presidente afirma que todos están mintiendo sobre la severidad de la pandemia.

Hablando de mentiras, Trump ya logró emitir más de 20 mil mentiras, falsedades y engaños desde que inició su presidencia, según The Washington Post. Durante los pasados 14 meses, Trump ha mentido o engañado, en promedio, 23 veces cada día, lo que el rotativo califica de tsunami de no verdades. (https://cutt.ly/QpJ119L )

LA DIALÉCTICA DESTRUCTIVA DE BOLSONARO Y EL BOLSONARISMO: ALGUNAS CLAVES PARA DESCIFRARLA. RAFAEL HIDALGO FERNÁNDEZ

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RAFAEL HIDALGO FERNÁNDEZ*

RAFAELITOJair Messias Bolsonaro, el excapitán-presidente que desearía ser la encarnación de Donald Trump en esta parte del mundo, no es –-por paradójico que parezca– el principal problema del Brasil que las políticas de Lula llevaron a la condición de sexta economía mundial y transformaron en referente de lucha contra la pobreza, a partir de programas sociales con alcances sin precedentes en el país.

El excapitán que desconoce sus deberes republicanos y apoya de forma explícita el retorno de la dictadura como régimen político es, apenas, una de las expresiones grotescas de las múltiples crisis que hoy afectan, de manera simultánea, a esta nación sudamericana. Todas ellas agravadas por el desempeño, los intereses de dominación y el odio genético del llamado “bolsonarismo”, muy bien identificado por el excanciller Celso Amorín[1].

Sobran los análisis de la prensa que concentran en Bolsonaro la atención a la hora de explicar la conflictiva evolución de la política interna de su país, pero este es el camino más corto para confundir las ramas con el bosque. Las crisis que hoy laceran la vida de los brasileños y que ponen en peligro el régimen democrático en el país, tienen raíces más profundas.

En consecuencia, la historia y los nexos estructurales de los actuales problemas económicos, sociales, políticos y ambientales del gigante sudamericano, son mayores y más complejos que los derivados de la gestión reciente de un gobierno u otro, de un presidente u otro.

Una pandemia, la del Coronavirus SAR-COV2, se transformó en catalizador de todos ellos, los llevó al status de crisis multidimensional agudizada y puso al desnudo las iniquidades inherentes a un sistema político que sigue funcionando a favor de una insultante minoría privilegiada.

Los actuales problemas internos de Brasil guardan relación, en primer lugar, con el régimen de dominación de clases cuyas estructuras de desigualdad, desde la colonia a la fecha, nunca fueron rotas y hoy hacen estragos.

Se explican por el tipo de inserción a la economía mundial que hicieron las élites oligárquicas del país en el siglo XIX, luego de la independencia de Portugal,  a partir de un modelo de desarrollo capitalista dependiente y anuente a las principales potencias occidentales, que ahora retoma fuerza con el bolsonarismo.

Revelan, en un altísimo grado, los inevitables efectos del proceso de creciente transnacionalización de la propiedad y la riqueza en el país, sobre la cultura y la práctica políticas de los distintos grupos de poder que dominaron (y dominan) la economía y la vida nacional, siempre amparados en el papel tutelar de las fuerzas armadas. Así lo confirman las principales constituciones del país, incluida la vigente, aprobada en 1988 con contenidos mucho más avanzados que sus antecesoras. Ello explica por qué hoy Bolsonaro ataca con tanta vehemencia sus contenidos “izquierdistas”.

La comprensión del momento político pasa, además, por la necesidad de descifrar el alcance de los nexos orgánicos entre los intereses del gran capital brasileño y los del capital transnacional, al cual el primero está supeditado en diversos grados.

Demanda identificar cómo están operando en sistema las distintas expresiones institucionales (políticas, económicas, parlamentarias, judiciales, militares e ideológicas) de esta élite brasileña con sus pares externos, e incluye también conocer las zonas de conflicto que de hecho se están observando en el seno de ella, pero dentro de un marco de retrocesos múltiples para el país.

Desde las premisas expuestas[2], es factible anticipar que una eventual implosión del gobierno de Bolsonaro, sea vía Impeachment u otra, pasa hoy por el comportamiento que asuman las fuerzas armadas como corporación; depende del modo como se den las contradicciones de intereses en el seno de la derecha que facilitó su ascenso y, en particular, está sujeta al grado en que se debilite el “bolsonarismo”; y guarda relación con el nivel de apoyo externo que, de manera solapada y vía aliados internos, tengan Bolsonaro y la ultraderecha que le da sustento.

Para desenredar la madeja

Jair Bolsonaro deviene Presidente gracias a una vasta operación política de la derecha nacional e internacional, que logró sus objetivos retrógrados no porque portase banderas alternativas favorables a la mayoría de los brasileños, sino porque gracias a las aberraciones procesales del entonces juez Sergio Moro, Lula no pudo ser candidato presidencial.

Fue beneficiario, vía Operación Lava Jato, de una estrategia geopolítica articulada desde los Estados Unidos de objetivos múltiples. Entre ellos, poner al servicio de las petroleras estadounidenses, principalmente, las vastas riquezas del PRESAL, así como anular el protagonismo internacional de Brasil a partir de la política exterior activa y altiva instalada por Lula.

Logró la primera magistratura porque se mintió a todos sin escrúpulos de ningún tipo respecto al Partido de los Trabajadores (PT) y sus líderes, y en gran parte porque la derecha supo cabalgar con eficacia sobre ciertas fallas, omisiones y errores del PT y el campo aliado. Seguir leyendo LA DIALÉCTICA DESTRUCTIVA DE BOLSONARO Y EL BOLSONARISMO: ALGUNAS CLAVES PARA DESCIFRARLA. RAFAEL HIDALGO FERNÁNDEZ

TRUMP, EL MONTE RUSHMORE, LA COVID-19 Y EL KU KLUX KLAN. AMY GOODMAN y DENIS MOYNIHAN

MONTE RUSHMORE 1

AMY GOODMAN y DENIS MOYNIHAN

Amy Goodman y Denis MoynihanPaha Sapa es el nombre tradicional que el pueblo lakota le otorgó al centro sagrado de su universo. Esta región de Dakota del Sur también es conocida como “Colinas Negras” y es el hogar del icónico Monte Rushmore, que lleva el nombre de un abogado y especulador de la fiebre del oro. El Monumento Nacional Monte Rushmore luce las cabezas esculpidas en la montaña de cuatro presidentes de Estados Unidos: Washington, Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt. Las gigantescas cabezas fueron talladas en el granito entre 1927 y 1941 por 400 trabajadores, dirigidos por el escultor Gutzon Borglum. Previo a ese proyecto, Borglum había sido reclutado por las Hijas Unidas de la Confederación para tallar el enorme monumento de Stone Mountain a los líderes confederados en Georgia. Si bien abandonó ese proyecto tras una disputa, Stone Mountain le permitió al escultor perfeccionar sus habilidades de tallado en la montaña, con las que logró el monumento Rushmore. Borglum era allegado al Ku Klux Klan y probablemente fuera miembro.

Este viernes 3 de julio*, para dar inicio al feriado del Día de la Independencia que tendrá lugar este fin de semana, el presidente Donald Trump realizará un mitin en el Monte Rushmore con un sobrevuelo de aviones de combate y fuegos artificiales, que están prohibidos en el área debido al gran riesgo de incendio forestal. Mientras los organizadores esperan la participación de 7.500 personas, la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, acérrima aliada de Trump, declaró: “Regalaremos máscaras para cubrirse el rostro, para las personas que decidan usar una, pero no respetaremos el distanciamiento social”. Los tapabocas no serán obligatorios. Este evento de “retorno” ocurre al tiempo que Estados Unidos sufre un estallido de casos de COVID-19 y un cargado debate nacional sobre qué hacer con las estatuas y los símbolos que consagran el racismo sistémico.

Los gobiernos tribales y las organizaciones activistas de la región han reclamado la cancelación del evento. El presidente de la tribu oglala sioux Julian Bear Runner declaró al medio The Guardian: “Las tierras en las que está tallada esa montaña y las tierras que [Trump] está a punto de visitar pertenecen a la gran nación sioux”. Además, Runner aclaró: “No cuenta con el permiso de sus propietarios soberanos originales para ingresar al territorio en este momento. […] Va a desatar protestas si viene aquí”.

El incendiario y poco oportuno espectáculo de Trump evoca su fallido mitin del mes de junio en Tulsa, Oklahoma, que estaba programado para el 19 de junio, día en que se celebra el fin de la esclavitud en Estados Unidos desde 1865, en un lugar no muy lejano a la escena de una de las peores masacres de afroestadounidenses en la historia de Estados Unidos, la matanza racial de Tulsa de 1921. Bajo presión, Trump pospuso su evento para el 20 de junio, un día después de la importante fecha, conocida como Juneteenth. Un millón de personas se habían registrado para concurrir al mitin, pero la policía local estimó que hubo menos de 6.500 asistentes, lo que dejó miles de asientos del estadio vacíos. Un escenario al aire libre construido para que 40.000 personas más pudieran participar del evento desde afuera también quedó vacío. Este fracaso significó un desastre de proporciones épicas para las relaciones públicas de la campaña de Trump y Pence.

El gobierno de Estados Unidos reconoció la soberanía tribal sobre las Colinas Negras en dos tratados de Fort Laramie, en 1851 y 1868, donde se destinaba el territorio “para uso y ocupación absoluto e ininterrumpido de los sioux”. Sin embargo, en la década de 1870 se descubrió oro en esas tierras y el ejército estadounidense expulsó a los indígenas. La resistencia armada de los indígenas durante décadas contra las oleadas de colonos terminó efectivamente con la brutal masacre del ejército hacia mujeres, niños y ancianos lakota en la ciudad de Wounded Knee, el 29 de diciembre de 1890.

De todas formas, la resistencia nunca murió, a pesar de la pobreza y la violencia institucionalizadas por el sistema de reservas indígenas. A fines de los años sesenta y setenta, las ocupaciones de la isla de Alcatraz y la ciudad de Wounded Knee pusieron un foco en las demandas de justicia de los indígenas estadounidenses. Más recientemente, durante el enfrentamiento en Standing Rock, representantes de más de 200 tribus de todo el continente americano lograron retrasar la construcción del oleoducto Dakota Access. La resistencia indígena de primera línea todavía está a la vanguardia, y continúa desafiando esta construcción, así como la del oleoducto Keystone XL aprobado por Trump, las arenas alquitranadas de Alberta, en Canadá, y numerosos sitios de extracción de recursos en el Amazonas.

Los pueblos indígenas se han visto particularmente afectados por la pandemia de coronavirus y las tribus han tomado medidas para protegerse. Tanto la tribu sioux del río Cheyenne como la oglala sioux establecieron puntos de control en las carreteras, dejando ingresar a la reserva solamente a residentes e invitados de residentes. La gobernadora Kristi Noem amenazó con emprender acciones legales y le pidió auxilio al gobierno de Trump. Después de que la Casa Blanca amenazara con retener los fondos de ayuda para enfrentar la epidemia de COVID-19, la tribu sioux del río Cheyenne presentó una demanda contra Trump ante un tribunal federal. El caso está pendiente.

El presidente de la tribu sioux del río Cheyenne, Harold Frazier, se unió a Julian Bear Runner, de los oglala sioux, en un llamado a eliminar el Monumento Monte Rushmore. Frazier expresó: “Nada representa un mayor recordatorio para la Gran Nación Sioux de lo que significa un país que no puede cumplir promesas ni tratados que los rostros tallados en nuestra tierra sagrada en lo que Estados Unidos llama Monte Rushmore”. Los pueblos indígenas tienen planeado llevar a cabo fuertes manifestaciones de protesta.

Solamente en esta semana, Trump retuiteó el video de un seguidor que gritaba “¡poder blanco!”. Trump también firmó una orden ejecutiva para preservar monumentos, incluidas las estatuas confederadas. Desde Tulsa hasta las Colinas Negras, nuestro supremacista blanco en jefe aviva la llama del racismo, esperando que sea un impulso para su reelección.

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta.

*Este artículo fue publicado el 2 de julio de 2020 en Democracy Now! en español.

Fuente: DEMOCRACY NOW

CASO TRUMP: OBSOLESCENCIA PROGRAMADA. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

TRUMP DE ESPALDAS 1

OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

OLAZABAL 3En el año 2017, al ver mi reacción ante el discurso de Donald Trump en Miami, en el que anunciaba el fin de las medidas de la Administración Obama hacia Cuba, un amigo muy sabio me dijo: “Paciencia, Omar, paciencia”. Me explicó con lujo de detalles la diferencia entre un imberbe en la política y un presidente. Cómo dirigir un país tan poderoso necesita de mucha experiencia, de la cual carece Trump. Y concluyó diciendo: “su permanencia está programada por sus actos. En breve sus impulsos se harán ya obsoletos. Nadie le hará caso”

Tres años han transcurrido desde esa excepcional traducción de lo que sería la Administración Trump. Cuando la analizas desde todos los enfoques y ángulos posibles, se ratifica que ha estado plagada de errores y falta de liderazgo político, por mucho que el multimillonario se haya esforzado en dar una imagen de hombre poderoso. En su país, a pesar de tener un significativo número de fanáticos seguidores, las burlas y los “memes” son permanentes en las redes sociales e, incluso, en la gran prensa estadounidense. Sus bases, formadas sobre todo por supremacistas blancos y, en alguna medida, por temerosos inmigrantes o minorías que lo apoyan pensando que así salvarán su estatus, comienzan a debilitarse.

Poco a poco, sus acciones internas y a nivel internacional han provocado repulsa y enojo. Con golpes destinados solamente a llamar la atención, ha causado un gran daño al volátil equilibrio mundial. Desde aquella imagen grosera, cuando en una Cumbre en Europa empujó a un mandatario de un pequeño país para ponerse delante, pasando por los anuncios altaneros de retirada de tratados logrados con mucho esfuerzo, como el de la lucha contra el cambio climático, o el cese del financiamiento a la OMS, o los castigos a los jueces de la Corte Penal Internacional.

Más que peligrosos, por sus alcances, han sido sus arrebatos de odio contra Irán, así como el rompimiento definitivo con el pueblo árabe al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Ha intentado descollar como un caso único de desafío a lo logrado después de la Segunda Guerra Mundial, que ha sido muy poco, y ha colocado al mundo ante el peligro de un nuevo desequilibrio, esta vez posiblemente inmanejable. Con sus decisiones, que son apoyadas por un grupo de corruptos de los que se ha rodeado en su gobierno, ha tratado de minar el papel de la ONU como lugar para tratar los temas más peliagudos entre las naciones, convirtiendo la arena internacional en un circo de desacuerdos y encontronazos.

La corrupción y el mal uso de los recursos de los contribuyentes norteamericanos salen a la luz con pruebas. Sus continuos viajes a sus propiedades en la Florida causan un deterioro de muchos millones a las arcas públicas. Su Secretario de Estado, que se ha convertido en el vocero de las mentiras cotidianas de Trump, está envuelto también en acusaciones de uso de miembros del Servicio Secreto para pasear a su mascota personal. Ya de otros “asesores” de los que empujan a Trump a otras aventuras en América Latina hemos hablado y no vale la pena repetir sus historias de corrupción y negocios dudosos.

Y, para completar el cuadro, el horrible manejo de la crisis causada por la pandemia que ha provocado decenas de miles de norteamericanos fallecidos y millones de desempleados ha puesto sobre el tapete la falta de liderazgo de quien llegó a la Casa Blanca gracias a un sistema electoral que le permitió ser presidente, aunque haya perdido el voto popular por más de tres millones en relación con su rival. Un multimillonario mediático, acostumbrado a ofender y a satisfacer su ego en un programa llamado “El aprendiz”, en el cual les gritaba a los perdedores del show:  “You´re fired!” (¡Estás despedido!), ha tratado de trasladar ese modus vivendi a su accionar en el gobierno. Y ya ha sonado la alarma en el establishment.

Todos los expresidentes que aún viven, entre ellos un republicano, han declarado que votarán por el candidato demócrata. Han denunciado que Trump ha colocado la solemne figura presidencial en el máximo del ridículo. En el ejército (ojo con esto) es masiva, según los propios medios estadounidenses, la percepción de que el actual presidente no tiene la altura de un Comandante en Jefe, salvo las atribuciones que le otorga la Constitución norteamericana, así como el peligroso detalle del maletín nuclear que siempre viaja con los mandatarios de ese país. Pero muchos generales en retiro, que públicamente pueden hablar del tema, se refieren al clima de desconfianza en la capacidad de Trump para dirigir un país como los Estados Unidos. Los dos últimos ejemplos de esa incapacidad son el mal manejo de la crisis sanitaria y la reacción ante el estallido social por el abuso policial en el país.

Un presidente que, ante los ataques, ha reaccionado mandando 200 tweets en un día, en lugar de trabajar por tratar de salvar vidas de estadounidenses, no se ha dado cuenta que se ha convertido en una figura obsoleta. Que son ya mayoría, según las encuestas, los norteamericanos que exigen un cambio en la Casa Blanca y en el sistema. Tenía razón mi amigo el sabio, cuando hace tres años me dijo: “su obsolescencia está programada por sus actos”. Y muchos esperamos que, en noviembre, sea el pueblo de los Estados Unidos el que le espete en la cara a Donald Trump: “You´re fired!”

LA RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD DEMANDA JUSTICIA PARA GEORGE FLOYD

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La Red en Defensa de la Humanidad suma su voz a las de miles en Estados Unidos y alrededor del mundo para demandar Justicia para George Floyd.

 La imagen de un hombre de ascendencia africana siendo asesinado por un policía racista es muy común en Estados Unidos. De hecho, la policía asesina alrededor de mil personas anualmente; un desproporcionado número de ellas son negros.

El asesinato de George Floyd no fue diferente, pero lo ha sido a nivel exponencial ya que el escenario de su muerte por tortura fue documentado detalladamente mientras le decía al policía blanco “No puedo respirar” –primero apeló a su torturador, luego a otros para que lo escucharan y por undécima vez, mientras su vida se apagaba, pedía por su madre fallecida. Una imagen imborrable se grabó de inmediato en la conciencia de un mundo convulsionado que se tambalea bajo una pandemia y que explotó en las calles de 140 ciudades de los Estados Unidos.

Ni una palabra de compasión, ni un mensaje de conciliación por parte del Comandante en Jefe Trump sobre las causas que llevan a miles de personas a protestar en las calles. En cambio, coquetea con el fascismo y se burla de los gobernadores por no sacar a los militares a las calles para reprimir al pueblo estadounidense.

Ante la noticia de que debió ser llevado a un bunker para su propia protección, no perdió la oportunidad de salir de su guarida para tomarse una foto oportunista frente a una iglesia con una biblia en su mano mientras las fuerzas de seguridad reprimían a su paso a cientos de manifestantes que practicaban el derecho a protestar pacíficamente.

El Estado recibió un golpe de la magnitud del actual levantamiento. Las manifestaciones son multirraciales, compuestas en su mayoría por jóvenes que están tomando conciencia de su propia privación de derechos, debido a la crisis económica que se ha multiplicado por la COVID-19.  Aunque esta crisis parece diferente, ello no ha significado que la clase dominante haya dejado de emplear sus viejos remedios para volver a poner en orden el statu quo de opresión y pobreza.

Ahora, mientras los medios corporativos hacen una distinción entre los manifestantes buenos y los violentos, para tratar de dividir al renaciente movimiento, las palabras de Martin Luther King resuenan en las calles de las grandes ciudades: “un disturbio es el lenguaje de los no escuchados”.

La demanda de justicia para George Floyd es una cuestión básica de derechos humanos, término que Trump utiliza para vulnerar la soberanía de otros países, y la violación de ese derecho es un espejo de sus políticas internas en el que puede verse con claridad cómo el Estado ha fracasado rotundamente al combatir la pandemia de la COVID-19 y al no reconocer y proteger el derecho humano a la salud de los pobres y la clase trabajadora, incluidos las comunidades negras y los inmigrantes indocumentados.

El manejo de la violencia policial por parte de la actual administración es un pilar inherente a las doctrinas y valores de los EE.UU. y solo podrá ser reformado con cambios radicales y profundos.

¡Justicia para George Floyd!

Secretaría Ejecutiva REDH

5 de junio de 2020

ESTADOS UNIDOS, ¿BAJO ASEDIO DE TRUMP? JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

EE.UU. GUARDIA NACIONAL MONUMENTO A LINCOLN

JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

Aplazo la segunda entrega del trabajo sobre el sector energético bajo asedio porque tal parece que con Donald Trump, la ultraderecha y sus cuerpos de acción en la Casa Blanca, el que está bajo asedio es Estados Unidos. En la potencia norteña se sabe, desde el inicio mismo del siglo XXI, y el 11/ S, que es posible lanzar en EU una intentona contra la Constitución y los derechos civiles tan frecuentes en sus operativos diplo-militares en Latinoamérica y el Caribe. Al menos 40 ciudades de EU están bajo toque de queda con la Guardia Nacional en 15 estados, por la protesta general ante la atroz ejecución de George Floyd perpetrada por la policía de Minneapolis.

Asesinar afroestadunidenses: he ahí la marca de la esclavitud y del endémico racismo, admirado por el régimen nazi y alentado por un Trump agazapado en el búnker de la Casa Blanca durante días de protestas ¿en embeleso con el modus operandi de los nazis, lanzando dinamita al tanque del estallido social vía tuits, como queriendo incendiarlo todo como en el incendio del Reichstag? Él tampoco convocó a la unidad nacional. Jerrold Nadler, coordinador de Asuntos Judiciales de la Cámara de Diputados de EU dijo que Trump siempre ha querido ser un dictador.

Luego de varios días, sale Biblia en mano para la foto y mientras dice apoyar manifestaciones pacíficas, su policía en simultáneo lanzó gas lacrimógeno, granadas cegadoras y balas de goma. Acusa a demócratas y a terroristas de izquierda de los saqueos y amenaza con despliegues militares. A sabiendas que la ley permite al Ejecutivo ese despliegue sólo a petición de los gobernadores, Trump dijo si ante desmanes los gobernadores no me lo solicitan, lo haré por ellos. El sesgo hitleriano de Trump me lo advirtió Roberto Fernández Retamar, el notable historiador y presidente de Casa de las Américas, enviándome copia del libro de James Whitman, Hitler’s American Model (El modelo estadunidense de Hitler, Princeton, 2017).

Al revisar un acervo documental del Tercer Reich, Whitman se topó con valiosos testimonios en los abundantes registros taquigráficos de lo dicho en sesiones convocadas por Hitler desde el Ministerio de Justicia para generar las leyes raciales del Reich, tarea a cargo del ministro Franz Gurtner, quien presidió las reuniones entre abogados expertos en la elaboración e interpretación de leyes, con integrantes clave de la cúpula gubernamental nazi. Al inicio Gurtner presentó un memorándum especificando al detalle las leyes raciales de EU, material base en las sesiones, referido por los participantes como el modelo estadunidense de legislación racial. Para Whitman “es de lo más significativo que los nazis más radicales ahí presentes, de manera recurrente mencionaron esas leyes como la pauta a seguir por Alemania. De ahí emanó una atrocidad judicial: la feroz legislación antijudía, que incluyó a mestizos, mulatos y gente de color. Entre los admiradores del supremacismo blanco del sur de EU estaba Roland Freisler, quien luego presidió la Corte del Pueblo Nazi, cuya actuación fue aterrorizante, expresión clave de la salvajada judicial de las Leyes Nuremberg. En ese registro taquigráfico, Whitman encuentra sorprendente, en particular, descubrir que los nazis más radicales presentes eran los campeones más ardientes de las lecciones y perspectivas raciales de EU para Alemania”. Las fuentes del involucramiento nazi con la ley racial son variadas. A finales de los años 20 y 30, dice Whitman, “los nazis y el mismo Hitler se interesaron en la legislación racista de EU. En Mi Lucha, Hitler celebra a EU como el único estado que ha progresado hacia la creación de un orden racista del tipo de las Leyes de Nuremberg que estamos intentando establecer”.

El nacional trumpismo opera desde una base electoral que apoya la relección del magnate, objetivo central de su actuación orientada al fomento de la conflictividad, auxiliado por quienes saquean, queman y violentan ofreciéndole oportunidades para aparecer, según su preferencia electorera. La ley y el orden encubren su fracasado manejo del Covid-19 con resultados tan trágicos o aún más, que los cosechados por su par brasileño, el otro rotundo fracaso epidemiológico que arrastra enorme sufrimiento a millones de familias. A Trump sólo le importa su relección, con él de campeón de la mano dura, no como quien preside una economía que añade 40 millones de desempleados, en un medio global que va hacia una crisis, como advirtió Istvan Mészáros, que hará parecer a la Gran Depresión como una tarde de té en la vicaría, con EU como epicentro de eso y de la pandemia. El despliegue de la fuerza militar contra su población con la equívoca idea de eliminar su imagen como la personificación de la decadencia intelectual y moral de EU es asunto de alto riesgo mundial.

En EU persiste un atroz racismo escudado en un diseño judicial corrupto. Ambos deben desaparecer.

www.jsaxef.blogspot.com

Facebook: JohnSaxeF

Fuente: LA JORNADA

COVID–19, SECRETOS CUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

 ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITACuba posee varios medicamentos únicos en el mundo por su efectividad en la sobrevivencia de los pacientes graves y críticos de la COVID-19. Mientras a escala internacional solo se salva alrededor de 20% de los contagiados en esas categorías, en Cuba sobrevive el 80%, aproximadamente.

En cuanto a la tasa de mortalidad sobre el total de contagiados, la isla exhibe 4.2%, menor al 11.5 de España, 5.9 de Estados Unidos y 5.5 de Irlanda. Con 82 fallecidos hasta la fecha, cuando ya transcurren varios días sin que se reporten defunciones o una diaria cuando más, la mortalidad por 100 000 habitantes es 0.72, entre las más bajas. Hasta el 27 de mayo solo cinco países de América Latina y el Caribe han logrado recuperar más de 50% de sus contagiados detectados: Cuba, con 78.4; Uruguay, 75.5; México, 66.7; Panamá, 65.6, y Costa Rica, 64.3.

Los fármacos con que la isla combate la COVID-19 existían antes del surgimiento de la enfermedad para tratar patologías virales u otras como artritis y soriasis. No fueron diseñados expresamente para ese propósito, pero poseen cualidades fundamentales para fortalecer el sistema inmune, lo que se llama inmunidad no específica o innata, un escudo contra la entrada al aparato respiratorio del nuevo coronavirus.

Tienen también otras virtudes que les han permitido evitar el fallecimiento de la mayoría de pacientes cubanos en estado grave o crítico. En el caso del interferón (INF) alfa 2b humano recombinante, reseñado en este espacio anteriormente, existen nueve países que lo utilizan, entre ellos China y España. Sin embargo, los hospitales de Estados Unidos no pueden acceder a él, ni a ningún remedio cubano, debido al bloqueo contra Cuba.

“A mí me han llamado médicos desesperados de hospitales en Nueva York para preguntarme cómo pueden conseguir el interferón alfa 2B”, dice Helen Yaffe, académica latinoamericanista de la Universidad de Glasgow y autora del libro We are Cuba. “No va a ser posible”, añade.

Pero además del INF alfa 2b, Cuba dispone del CIGB 258, gestado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, y del itolizumab, desarrollado por el Centro de Inmunoensayo. De ambos, fue presentada la solicitud al Centro Estatal para el Control de los Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), para su uso en pacientes confirmados de COVID-19 en los estadios grave y crítico, la que fue aprobada.

Estos fármacos han sido muy efectivos para tratar la famosa tormenta de citosinas, con ostensible reacción favorable de una mayoría de pacientes en el curso de 72 horas. Estas medicinas, junto con otras, han formado parte del coctel con que se ha tratado a los contagiados de COVID-19. También se han aplicado con carácter preventivo a toda la población las gotas homeopáticas sublinguales PrevengHo Vir, y a pacientes confirmados o sospechosos con factores de riesgo, la biomodulina T, ambos para reforzar el sistema inmune.

Pero ello no explicaría por sí solo el enorme éxito alcanzado por la isla en el enfrentamiento a la enfermedad. Existen esos medicamentos porque hace décadas Fidel Castro impulsó con gran energía y previsión la creación de un verdadero sistema de centros de investigación, al que dedicó innumerables jornadas de trabajo y al que acicateó con ambiciosas metas.

No me refiero solo a la biomedicina, con todo y su principal protagonismo en el combate al nuevo coronavirus, pues también han tomado parte en él científicos de la matemática, la informática y las ciencias sociales.

Cuba previó un cuidadoso y detallado plan de combate a la COVID-19 desde enero, con activa participación de la comunidad científica, tanto de los centros de investigación como del Ministerio de Salud Pública y otras dependencias y sigue una política muy agresiva para acorralar al patógeno.

Miles de médicos de familia y estudiantes de medicina y estomatología recorren diariamente decenas de miles de hogares en la vigilancia epidemiológica. No se ha esperado por los contagiados, se les ha ido a buscar, además de establecer rigurosas medidas de aislamiento de los enfermos o de vigilancia en casa de los casos leves. Se acondicionaron suficientes camas y equipos para los pacientes sospechosos, los sin complicaciones y los graves. Las medidas de confinamiento y distancia social, las cuarentenas en zonas, municipios y provincias han permitido romper la cadena de contagios y que los hospitales no se hayan visto presionados por la demanda de enfermos.

Pese al asfixiante y criminal bloqueo de Estados Unidos, ahora recrudecido hasta el delirio, Cuba tiene un robusto sistema de salud pública totalmente gratuito. Atención primaria en las cuadras, policlínicos, hospitales generales y de especialidades, con el apoyo de una población consciente, organizada y disciplinada.

El país al que Washington despojó de miles de médicos, hoy es el que más galenos por habitante tiene en el mundo. Además de poder enviar personal sanitario a más de una veintena de países para combatir la pandemia.

II

Ha existido negligencia, dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel con relación a un nuevo brote de covid-19 reportado en La Habana. Este hecho “nos ha demostrado que, aun con la experiencia que tenemos en el enfrentamiento a la enfermedad”, todavía cometemos errores, y cuando hay un descuido, “miren lo que sucede”, añadió. En efecto, cuando parecía que la pandemia iba en retirada, sin nuevos casos ni defunciones en la inmensa mayoría de las provincias, la capital cubana sufrió dos nuevos brotes. El lunes 1 de junio se reportaron 38 nuevos casos, la cifra más alta de los últimos 28 días, 32 de ellos debidos al nuevo foco de que habló el presidente, causado por negligencias administrativas en la tienda La Época, donde una trabajadora estuvo asistiendo cinco días a laborar, a pesar de presentar síntomas. Díaz-Canel comentó que era el mayor brote enfrentado en el país. Mientras, el gobernador de La Habana explicó que de los 57 casos reportados en los dos últimos días, 44 corresponden al foco en la tienda, lo que ha modificado el ostensible descenso del mal que se venía observando en la capital. Seguir leyendo COVID–19, SECRETOS CUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

LA CHISPA DE MINNEAPOLIS. ATILIO A. BORÓN

ilustración atilio

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3En 1944 Gunnar Myrdal, un sueco que había recibido el Premio Nobel de economía, escribió un libro titulado “El dilema norteamericano” para desentrañar las raíces del llamado “problema negro” en Estados Unidos. Su investigación demostró que los afroamericanos eran percibidos y tratados por los blancos -salvo un sector que no compartía esa creencia- como una “raza inferior” a la cual se le negaba el disfrute de los derechos supuestamente garantizados por la Constitución. Por eso los afroamericanos quedaban en situación estructural de desventaja con los blancos: bajos ingresos, menor educación y mayor desempleo construyeron la trama profunda de un círculo vicioso heredado de la larga historia de la esclavitud y cuyas sombras se proyectan hasta el presente. Myrdal concluyó su estudio diciendo que Estados Unidos tenía un problema, pero era de otro color: blanco. Una población denostada, agredida y discriminada, que incluso después de un siglo de abolida la esclavitud debía luchar contra la cultura del esclavismo que sobrevivió largamente a la terminación de esa institución.

El Informe de la Oficina del Censo de EEUU del año 2019 confirma la validez de aquel lejano diagnóstico de Myrdal al demostrar que si el ingreso medio de los hogares estadounidenses era de $ 63.179 y  el de los hogares “blancos” $ 70.642 el de los afroamericanos se derrumbaba hasta los $ 41.361 y el de los “hispanos” caía pero estacionándose en $ 51.450. Los blancos son el 64 % del país, pero el 30 % de la población carcelaria; los negros suman el 33 % de los convictos siendo el 12 % de la población. El 72 % de los jóvenes blancos que terminan la secundaria ingresan ese mismo años a una institución terciaria, cosa que sólo hace el 44 % de los afrodescendientes. Las recurrentes revueltas de esa etnia oprimida atestiguan el fracaso de las tímidas medidas adoptadas para integrarla, como la tan discutida “acción afirmativa.” La pandemia del Covid-19 agravó la situación, poniendo de manifiesto la escandalosa discriminación existente: la tasa de mortalidad general por ese virus es de 322 por millón de habitantes y baja a 227 para los blancos, pero sube bruscamente entre los negros a 546 por millón. Y la depresión económica que la pandemia potenció exponencialmente tiene entre sus primeras víctimas a los afrodescendientes. Son ellos quienes figuran mayoritariamente entre los inscriptos para obtener el módico y temporario seguro de desempleo que ofrece el gobierno federal. Y además son el grupo étnico mayoritario que está en la primera línea del combate a la pandemia.

    Esta explosiva combinación de circunstancias sólo necesitaba un chispazo para incendiar la pradera. El asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis filmado minuto a minuto y viralizado en instantes aportó ese ingrediente con los resultados ya conocidos. La criminal estupidez de un Trump desquiciado por más de cien mil muertos a causa de su negacionismo y por el abismo económico que se abrió a sus pies a cinco meses de la elección presidencial hicieron el resto. En un tuit amenazó a los manifestantes con “meter bala” si proseguían los disturbios, igual que los esclavócratas sureños del siglo diecinueve. Signos inequívocos de un fin de ciclo, con violencia desatada, saqueos y toques de queda desafiados en las principales ciudades. Cualquier pretensión de “volver a la normalidad” que produjo tanta barbarie es una melancólica ilusión.

TERRORISMO IMPERIAL SIGLO XXI. CUBA, MEDIO SIGLO DE TERROR (SEGUNDA PARTE). STELLA CALLONI

Terrorismo imperial S. XXI. Cuba, medio siglo de terror

 

STELLA CALLONI

STELLA 1El terrorismo de Estados Unidos contra Cuba, ya existía bajo el gobierno del dictador Fulgencio Batista, que sometió al pueblo cubano por el terror y era sostenido por Washington y sus mafias, lo que terminó con el triunfo de la Revolución Cubana a inicios de 1959  y la fuga de los cómplices o beneficiarios de esa dictadura a Miami, lo que facilitó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el reclutamiento de sectores de los emigrados para accionar en principio contra la figura del líder cubano Fidel Castro Ruz.

En su libro “la Guerra Secreta Operación ZR/Rifle” el general cubano Fabián Escalante Font (Editorial Ciencias Sociales, Cuba 2006), hace un seguimiento de todos las operaciones y proyectos criminales (643 admitidos luego por la CIA) de Estados Unidos para asesinar a Fidel Castro entre 1958 y el año 2000, en una investigación con profusa documentación que nos lleva a entrar a los laberintos de un mundo -jamás imaginado- hasta la matriz del terrorismo que azotó a Cuba y lo sigue haciendo hasta hoy.

En el informe de la Comisión Church, del senado estadounidense, creada bajo la presidencia del senador Frank Church, quien investigó en 1975 los intentos de asesinato de la CIA contra líderes políticos extranjeros, figura el comandante Fidel Castro como el blanco número uno de los planes terroristas desde los años 60.

Sólo mencionaremos algunos datos asombrosos que figuran en ese informe con testimonios además de algunos  terroristas cubano-americanos, integrados a los organismos de inteligencia estadounidenses, conformando una serie de  organizaciones que desde Miami asolaron a Cuba, América Latina y a diversos países del mundo.

También se menciona en el informe -entre tantos otros- el período de marzo a agosto de 1960: “Durante el último año de la administración (Dwight) Eisenhower, la CIA estudió planes con vistas a socavar la simpatía carismática de Castro, por medio del sabotaje contra sus discursos (…) Según informaciones del Inspector General de la CIA en 1967, un funcionario de la División Servicios Técnicos (TDS) recordó haber discutido un plan para rociar el estudio de televisión de Castro, con un agente químico que producía efectos similares al LSD”. Pero que se había rechazado por no ser un agente químico confiable …”

“Durante ese período el TDS impregnó una caja de tabacos (cigarros) que producía una desorientación temporal, con la esperanza de lograr que Castro se fumara uno de los tabacos antes de empezar su discurso…”

Más adelante refiere que “una anotación en los expedientes de la División de Operaciones de Servicios Médicos de la CIA indica que el 16 de agosto de 1960 se le entregó una caja con los tabacos favoritos de Castro y las instrucciones de darle tratamiento con un veneno letal. A los tabacos se les impregnó una toxina de botulina tan potente que una persona moriría con sólo ponérselo en la boca-. El oficial informó que  el 7 de octubre de 1960 los tabacos estaban listos…”

De la misma manera figura que “en agosto de 1960, la CIA dio pasos para enrolar a miembros del bajo mundo criminal con contactos con el Sindicato del juego organizado, para que ayudasen a asesinar a Castro, según el informe del Inspector General de la CIA”.

La sola lectura de estos planes nos lleva a entender el mundo creado entre la CIA y otros servicios de inteligencia con los terroristas cubano-americanos, además de conocidos integrantes de las mafias y asesinos seriales utilizados por éstas. Fueron y son verdaderos “batallones de la muerte”, de guerras sucias y encubiertas, y del terrorismo que desde entonces nunca detuvo su siniestra mano.

A lo largo de este informe de la Comisión Church figuran operaciones que ni siquiera la ficción pudo concebir, planes delirantes para usar los más impensables recursos con el objetivo de matar y destruir. Desde entonces hasta ahora pasó más de medio siglo de asedio a Cuba, violando  la legislación internacional y humanitaria con absoluta impunidad.

La tercerización de la guerra no es tal, ya que las empresas de mercenarios a los que eufemísticamente llaman ahora “contratistas” pertenecen en realidad a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y otros, y están bajo dirección de ex oficiales de  tropas “especiales” de estos países.

Las “empresas” de mercenarios -algunas de la cuales figuran como Agencias de Seguridad Privadas– se crearon para utilizar menos tropas propias y tratando de difuminar la presencia de Estados Unidos y sus asociados en acciones terroristas.

Esto se vio y entres otros casos en Nicaragua, en la guerra encubierta contra los sandinistas en los años 80, en Libia (2011), Siria (2012), en Playa Girón, Cuba (1961) en la Guaira, Chuao y otros lugares de Venezuela (2020) con el intento de invasión o infiltración en el territorio del 3 de mayo pasado, donde fueron derrotados y detenidos por el gobierno, el pueblo y sus fuerzas armadas.

En cuanto al uso de mercenarios, como en el caso de Alazo Baró que llegó ante la embajada de Cuba portando un fusil AK-47, 32 casquillos de proyectiles que dejaron el mismo número de orificios de bala evidenciando que sabía perfectamente que había ido con la intención de agredir y de matar, tal como lo señaló el canciller cubano Bruno Rodríguez.

Sólo para no olvidar en esta larga historia de asedio Cuba, uno de los atentados más brutales contra ese país  sucedió el 6 de octubre de 1976, cuando hicieron explotar un avión de la compañía cubana de aviación en pleno vuelo, matando a 73 personas poco después de haber despegado del  Aeropuerto de Barbados y que fue  considerado el peor atentado del “hemisferio occidental”  en esos momentos. Seguir leyendo TERRORISMO IMPERIAL SIGLO XXI. CUBA, MEDIO SIGLO DE TERROR (SEGUNDA PARTE). STELLA CALLONI

MIS LECTURAS EN CUARENTENA Y UN AK- 47. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

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OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

Omar OlazabalSigo en mi autoaislamiento físico y aprovechando sus ventajas en relación con otros momentos. Me permito leer más de lo que normalmente hago. Mis amigos en las redes sociales comparten también lo que leen. Y heme aquí descubriendo a Douglas Kennedy, un novelista norteamericano, que vive entre Estados Unidos y Europa. Ahora, según relata a un periódico europeo, está pasando la cuarentena con su hija en Maine. Le sigo los pasos en Internet y me encuentro con una serie de análisis sobre la sociedad norteamericana que no tiene desperdicio. Primero, porque el que los hace es un estadounidense. Y segundo, porque difícilmente se le pueda acusar de socialista, ese término al que tanto acude el actual presidente de la Unión Americana para denostar a otros.

Les invito a que leamos lo que dice Kennedy (el escritor) sobre su país en la actualidad:

“..echando la vista atrás, (Richard) Nixon parece un progresista comparado con este payaso (Trump). El problema ahora es que hay dos Estados Unidos y se odian entre ellos.. Nixon empezó a dividir el país para poder ganar la Casa Blanca en 1968. Él entendió que tenía que dividir al país en un período en el que había grandes manifestaciones contra Vietnam, sexo, drogas, rock and roll… ya sabe. Se decía que había una mayoría silenciosa en el país, los verdaderos estadounidenses, y no esta banda de snobs y hippies feministas quemando sujetadores o estos gays.

Reagan siguió con aquello y las dos Américas empezaron a separarse. Lo cierto es que el 20 % de los estadounidenses son gente como yo, educada, con pasaportes… ¿Sabe que solo un 35 % de los estadounidenses tiene pasaporte? No lo necesitan porque no pueden permitirse viajar. Si tienes dinero puedes ir a las mejores universidades del mundo, si no, estás jodido (sic). Soy muy pesimista sobre mi país, vivo allí la mitad del año y lo amo, es mi hogar, pero, dios mío, es un lugar angustioso…”

Esa síntesis tan descriptiva podría explicar mucho lo que está ocurriendo en el vecino del Norte. Un país dividido en sectores muy antagónicamente opuestos, lo que se refleja de manera continua en las encuestas elaboradas para las elecciones de noviembre. No importan los errores y absurdos dichos del mandatario de la Casa Blanca en su manejo de la actual crisis sanitaria, esa Norteamérica que lo ve como su representante casi roza la mitad de los encuestados. Entre esos, los cinco millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), la organización creada supuestamente para defender la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, que estipula el derecho a portar armas para defenderse y entretenerse. Exacto, sí, entretenerse matando.

Trump y Marco Rubio, el ejecutor y el promotor, respectivamente, de la agresiva política hacia Cuba de estos tiempos, son admiradores, protectores y receptores de bondadosos donativos de esa organización. Participan de sus Asambleas, donde son agasajados y vitoreados. Trump firma decretos delante de los embelesados asistentes a las convenciones y Rubio los defiende en cada momento en que su desvergüenza se lo permita. Recuerdo cuando fue increpado por uno de los estudiantes de la escuela Stoneman Douglas de la Florida, aquella que fue víctima de una masacre que costó la vida a 17 jóvenes en 2018. El alumno le reclamó por qué no dejaba de recibir las donaciones de la NRA para su campaña, y el senador no supo qué responder. Así son ese tipo de políticos, sí, esos mismos que se proclaman cristianos y suben en sus tweets semanalmente salmos del Nuevo Testamento.

No importa que el Presidente de la NRA haya sido hasta el año pasado, nada más y nada menos, que Oliver North.  No se sorprenda, es el mismo Teniente Coronel del Ejército norteamericano que, en la época de Reagan, fue encarcelado por dirigir el operativo mediante el cual se le suministraba armas y dinero a la contrarrevolución nicaragüense. Para los más jóvenes que no conocieron esa historia: el oficial North trató con contrabandistas de armamento y narcotraficantes para lograr sus objetivos. Fue condenado, pero la sentencia se anuló en 1991, como es usual en estos casos. Esos son los “héroes” con los que comparten Trump y Rubio, por solo citar dos ejemplos de los que reciben dinero de esa infame organización.

Y al escuchar hablar a Trump y Rubio, se enaltecen entonces el odio y el deseo de venganza de muchos. Si el presidente y su asesor lo dicen, entonces debe ser cierto. Y como tienen luz verde para comprar y usar armas, pues adelante. Es la manera que tengo de explicarme que un hombre haya atravesado en su carro el país, con un AK 47, para tratar de matar a diplomáticos cubanos en Washington. O sea, el terrorismo en territorio norteamericano. Manejarán la teoría del asesino solitario, no es la primera vez, pero todos sabemos que detrás de él hay otros que impulsan estos hechos. Desde los podios de actos con electores o desde programas de radio y televisión de dudosa factura, y aún más dudoso financiamiento.

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DELIRIOS TRUMPISTAS ANTICUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

TRUMP PARAGUAS 2

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITACon inaudito cinismo el gobierno de Trump ha regresado a Cuba a su lista de países que “no colaboran” en la lucha contra el terrorismo. Incluida injustamente durante 33 años en la nómina, la isla fue retirada de ella en 2015 por el presidente Obama como parte de las disposiciones que tomó para iniciar la normalización de relaciones con la isla.  El autor de la lista es nada menos que el gobierno practicante del terrorismo de Estado sistemático en el mundo,  que arrojó las bombas en Hiroshima y Nagasaky, arrasó con Vietnam, Corea, Afganistán, Irak y Siria y comete delito de genocidio con sus unilaterales bloqueos – mantenidos intactos o recrudecidos durante la pandemia- contra Cuba, Venezuela, Irán, Palestina, Corea del Norte y Siria. No es casual que sean casi los mismos los países bloqueados y los incluidos en esa lista. Es el gobierno que con sus incursiones terroristas arrebató la vida a   3 mil 478 personas, dejó 2 mil 99 incapacitados y ocasionó cuantiosos daños económicos en Cuba.

Los argumentos para reinsertar a la isla en la lista no son seroos y muestran el absoluto desprecio de Washington por el derecho internacional. La estancia en Cuba y seguridad personal de miembros del ELN participantes en el proceso de paz son responsabilidades del gobierno cubano como garante de las negociaciones, precisamente  a solicitud de Bogotá. Otra cosa es que Trump le haya ordenado al subpresidente Duque dinamitar la paz y solicitar a La Habana, la extradición de esas personas, un acto ilegal.

El regreso a la lista es parte de la desaforada campaña de odio, agresión y linchamiento mediático contra Cuba iniciada poco después del arribo de Trump a la presidencia, cuando el control de la política hacia la isla ha sido tomado por la extrema derecha de origen cubano. Muy especialmente, el senador Marco Rubio. En esa campaña toman parte activa el secretario de Estado Mike Pompeo, el subsecretario de esa dependencia Michael Kozak y la propia embajada de Estados Unidos en La Habana.

Solo en el curso de 2019 fueron adoptadas más de 80 medidas contra Cuba; entre ellas, la activación total de la extraterritorial Ley Helms-Burton y las acciones punitivas contra las empresas que intervienen en la transportación de vital combustible a Cuba. El propósito es el de siempre: hacer que el pueblo, asfixiado por las carencias, se alce contra el gobierno. Recientemente el jefe del Comando Sur acusó a Cuba de participar con Venezuela en el narcotráfico, contrario a lo que dicen los propios informes de la DEA.

En este clima de odio exacerbado, no debe extrañar el ataque a la embajada de Cuba en Washington con 32 disparos de fusil AK 47. Un emigrado cubano, Alexander Alazo,  estacionó su camioneta  en la calle 16 Northwest, cerca de la Casa Blanca,  bajó de ella con una bandera cubana a la que intentó prender fuego y luego vació el cargador del arma contra la fachada de la sede diplomática.  Después se envolvió en una bandera de Estados Unidos y se entregó pacíficamente a  la policía. Curiosamente, todavía ninguna instancia del gobierno estadounidense ha hecho siquiera mención al atentado. Tómese en cuenta que en el momento del ataque había diez funcionarios cubanos en el edificio.  Mucho menos se ha publicado por Washington una expresión oficial de pesar ante una agresión tan grave, calificada de inmediato y con razón como un acto terrorista por el canciller de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla. Tal declaración era un paso obligado del país anfitrión luego del atentado. Así se desprende de la práctica de la más elemental decencia y cortesía, pero, sobre todo, de la obligación del Estado anfitrión de garantizar la seguridad de las sedes diplomáticas enclavadas en su territorio, según lo establece la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas(1964). Pero la decencia y la cortesía no forman parte del corrupto repertorio político del trumpismo.

Nuevos elementos de juicio sobre los antecedentes y ambiente socio-político del tirador Alazo, aportados el martes 12 por el canciller Rodríguez Parilla(http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/13/bruno-rodriguez-este-ataque-contra-la-embajada-de-cuba-de-naturaleza-terrorista) resultan muy sospechosos. Alazo, tratado como un caso siquiátrico a partir de su declaración después del atentado ante las autoridades estadounidenses, nunca manifestó ese trastorno durante su servicio militar ni en su actividad pastoral en la isla, ni una vez emigrado en su trato con funcionarios consulares. Más sospechosa aún es su inserción en una iglesia protestante de Miami, cuyo pastor, Frank López, es íntimo amigo de Marco Rubio y de Carlos Vecchio, “embajador” de Guaidó. Un miembro de la congregación, Leandro Pérez, que después del atentado afirmó ser su “amigo cercano”, ha llamado al asesinato de Raúl Castro y del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Algo está muy podrido en este caso y el gobierno de Trump debe explicaciones, no sólo a Cuba, sino a la comunidad diplomática en Washington y, claro, al pueblo estadounidense.

Twitter:@aguerraguerra

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