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QUE SE ME OLVIDE TODO, MENOS LA CLASE SOCIAL A LA QUE PERTENEZCO. ERNESTO VILLEGAS POLJAK

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ERNESTO VILLEGAS POLJAK

ERNESTO VILLEGAS 2Tenía 16 años cuando empecé en mi primer trabajo. Para poder formalizarlo, mi vieja tramitó un permiso. Un papel rosado plastificado en papel contact. Con ese papel pasé por varios talleres electrónicos, donde reparaba radios, televisores y “tres en uno” –si sabes a qué me refiero mejor sé estricto con tu cuarentena–, hasta que entré a trabajar en la Unidad de Medios Audiovisuales (UMAV) de la Universidad Simón Bolívar, con mi título de Técnico Medio Industrial mención Electrónica, obtenido en la Escuela Técnica Industrial Gregorio MacGregor, de Coche. En la USB aprendí a reparar y dar servicio técnico a máquinas de grabación de video de reel abierto, formato B (foto de arriba, junto al viejo José Funes en la Quebrada de Jaspe) y equipos Umatic (foto de abajo en el laboratorio de electrónica de la UMAV-USB), apoyado en imágenes de un osciloscopio. Mis estudios de Comunicación Social UCV los cursé en turno nocturno, mientras de día trabajaba en la USB. En 1991 cambié destornillador por grabador, cuando mi hermano Vladimir me consiguió trabajo en El Nuevo País, refugio de varios periodistas de izquierda dado el enfrentamiento de su dueño, Rafael Poleo, con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, su compañero de partido, AD. Allí inicié, antes de graduarme, como buena parte de los periodistas, mi periplo por varios medios de comunicación, donde he cumplido la mayor parte de mi vida laboral. Algunos ex compañeros de la USB están jubilados desde hace años, lo cual no me resulta “computable”, para decirlo en palabras del robot de Perdidos en el Espacio. En 2012, después de su triunfo electoral, el comandante Hugo Chávez me convocó a su Gabinete como ministro de Comunicación e Información. Desde entonces el trabajo nunca ha parado, a pesar de la bucólica imagen que en otros tiempos o latitudes se tiene de un funcionario de ese nivel. En casa, la familia demanda atención y reprueba la intromisión del trabajo en cada resquicio de tu tiempo, más todavía con el omnipresente aparato celular que no respeta lugares ni horarios. Quise compartir este resumen hoy 1 de Mayo. Si el Alzheimer toca algún día a mi puerta, que se me olvide todo, menos la clase social a la que pertenezco.

Fuente: FACEBOOK, ERNESTO VILLEGAS