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BRASIL Y SUS DOS CAMINOS. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

TOCAYO 3

TOCAYO 4Hoy me levanté buscando a Chico Buarque. Lo encontré en español y en portugués. Porque me pareció profético su incomparable aporte poético a la película que nos quitó el sueño hace ya 40 años, con Sonia Braga en todo el esplendor físico y erótico. El “qué será, que será..” me viene a la mente de manera constante en estas noches de pensamiento nostálgico por un Brasil donde tengo tantos amigos, hermanos, colegas.

Muchos pueden no explicarse lo que ha sucedido. Como mencionaba uno de los compositores más importantes del gigante latinoamericano en el siglo XX, Tom Jobim, “Brasil no es para principiantes”. Porque para entender lo que ha pasado en estas elecciones, tiene que meterse uno en la piel de los millones de brasileños que han visto caer sus esperanzas en una jornada. ¿Pero realmente es solo una jornada?

Desde hace años viene gestándose en ese país todo el entramado de imposición de la ideología del “ Nunca más”, al que se refieren las oligarquías dominantes y de cuyas garras no supieron sacudirse la mayoría de los gobiernos progresistas que llegaron al poder en las dos primeras décadas de este siglo. Porque en la inocente prédica de preservar las columnas de un sistema importado, se descuidó el hecho de que esas élites fueron precisamente las encargadas de traer a sus naciones el modelo diseñado para cumplir sus designios y preservar sus intereses.

De esta forma, los emporios mediáticos siguieron recibiendo sus ingresos fundamentales de las grandes corporaciones industriales y de servicios. Los órganos judiciales no cambiaban. La Constitución no se reformó para ponerla a tono con los cambios positivos para los menos favorecidos. En fin, no fue Revolución. Fue un intento de seguir las reglas para no levantar más resistencias.

Y al final, eso no lo perdonan quienes ya han demostrado la fragilidad de esos esquemas. Los golpes parlamentarios ensayados y puestos en práctica, el uso del poder judicial para perseguir a los ex gobernantes y la algarabía mediática, todos unidos en un puño cerrado para acabar, ¿de una vez por todas?, los intentos de hacer cambios desde el propio sistema.

De todas estas cosas hay que sacar lecciones. No pienso que sea demasiado tarde. Me niego a perder la esperanza. Eso sería rendirse ante lo que se viene en Brasil, que afectará a toda la región por el peso de ese gigante en la escena mundial. Las imágenes de la policía entrando en las universidades brasileñas para desmontar carteles contra el fascismo. El recrudecimiento de las sanciones legales contra todo lo que huela a “rojo”, como dice el flamante Presidente electo.

Y el ejército… el que ha estado desde el principio detrás del candidato que estuvo en sus filas, no importa si fue expulsado de las mismas. Porque lo siente suyo, representante del orden que pondrá en rigor todo lo que en doctrina de disciplina les fuera enseñado en las academias foráneas. Y el nuevo Presidente lo usará para esos fines. De hecho ya lo ha estado usando antes de las elecciones. Las fotos lo dicen todo. Y sus frases lo demuestran.

Por todo eso, amanecí pensando en Chico Buarque. Su manera de enfocar el infierno y de mostrar la resistencia contra el desgobierno, así me gusta interpretar la última parte de su eterna canción. Como los dos caminos que tiene Brasil ante sí: la resistencia o el Averno.

“Oh qué será qué será
Que todos los avisos no van a evitar
Porque todas las risas van a desafiar
Y todas las campanas van a repicar
Porque todos los himnos van a consagrar
Porque todos los niños se han de desatar
Y todos los destinos se irán a encontrar
Y el mismo padre eterno que nunca fue allá
Al ver aquel infierno lo bendecirá
Que no tiene gobierno ni nunca tendrá
Que no tiene vergüenza ni nunca tendrá
Lo que no tiene juicio…”

 

Fuente: CUBADEBATE

ELECCIONES BRASIL 2018: EL FACTOR EVANGÉLICO. MARCELO SILVA DE SOUSA

Aunque publicado el 14 de septiembre de 2018, este artículo conserva indudable vigencia para un análisis del papel de las iglesias evangélicas en la política brasileña, más allá del fenómeno Bolsonaro. 

El voto de los evangélicos cobra cada vez más relevancia en las elecciones de Brasil

evangélicos 3Jair Bolsonaro, el favorito de los evangelistas (Reuters)

MARCELO SILVA DE SOUSA

Muchos pastores ya han optado por un candidato, y se prevé que ejerzan una fuerte influencia en los comicios del 7 de octubre. Los aspirantes a la presidencia parecen actuar en consonancia

En un panorama permeado por la incertidumbre, una certeza emerge en la carrera por la presidencia de Brasil: el voto evangélico tendrá un fuerte impacto en la elección del próximo mandatario.

En las últimas semanas, algunos de los principales candidatos al palacio del Planalto salieron a cortejar al electorado religioso.

Antes de ser apuñalado, el militar nostálgico de la dictadura, Jair Bolsonaro, subió al púlpito de una iglesia evangélica en Río de Janeiro y entre lágrimas recibió la oración; el ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, fue invitado especial de un encuentro de pastores paulistas con representación internacional; y en Belo Horizonte la ecologista Marina Silva prometió a evangélicos mineros que si resulta electa cualquier cambio en la legislación del aborto será decidido en un plebiscito.

Bolsonaro y Alckmin se declaran católicos, de cuño conservador, mientras que Silva es la única evangélica entre los principales candidatos. No obstante, para ellos y los otros diez presidenciales por igual, el intento de estrechar vínculos con las iglesias es estratégico.

Aunque la campaña de Bolsonaro quedó circunscripta a las redes sociales tras el ataque del jueves pasado, que posiblemente puso fin anticipado a sus actividades públicas proselitistas, el diputado de ultraderecha se consolida en la cima de las preferencias. Según la última encuesta de la consultora privada Ibope publicada el martes, Bolsonaro tiene un 26% de intención de voto y lo siguen Silva; Alckmin; Ciro Gomes y Fernando Haddad, el candidato bendecido por ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, los cuatro en un virtual empate técnico, con entre un 11 y 8%.

En Brasil, donde la tradición religiosa es muy fuerte, los evangélicos representaban unos 42 millones de personas en 2010, cuando el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística realizó el último censo. De acuerdo con proyecciones de la consultora privada Ibope de este año, la población evangélica adulta habilitada para votar ronda los 40 millones -casi un tercio del total del electorado-. En una disputa electoral de final abierto como la del próximo 7 de octubre, esta porción de votos podría inclinar la balanza.

Según dijo el politólogo y especialista en marketing político Antonio Lavareda a The Associated Press, el voto evangélico cobrará un protagonismo inédito debido a lala reglamentación electoral que, por primera vez en una campaña presidencial, luego de que fuera revelada la trama del escándalo de corrupción del Lava Jato, prohíbe donaciones de empresas a los candidatos para hacer campaña.

Ante la escasez de recursos, todos los partidos necesitan del apoyo de corporaciones para garantizar votos, y el caso de las iglesias evangélicas es especial”, asegura Lavareda.

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El influyente pastor evangelista Silas Malafaia (AP Photo/Leo Correa)

Si bien el evangelismo tiene menos fieles que el catolicismo en Brasil, considerado el país con más católicos en el mundo con 123 millones según el censo de 2010, el voto suele dispersarse menos. Orientada por el mensaje de los pastores -osados para hablar de política-, la mayor parte de la comunidad acaba inclinándose por un mismo candidato, explican los especialistas.  Seguir leyendo ELECCIONES BRASIL 2018: EL FACTOR EVANGÉLICO. MARCELO SILVA DE SOUSA

LA PESTE EN RED. JORGE ELBAUM

El rol de las nuevas aplicaciones en el irresistible ascenso de Bolsonaro.

 

JORGE ELBAUM

ELBAUM 1El rol de las redes sociales y las aplicaciones de mensajes directos (básicamente WhatsApp) en la campaña electoral de Jair Messias Bolsonaro es uno de los temas centrales de las nuevas formas de configuración política en Latinoamérica. Las noticias falsas, la propaganda, la construcción de un sentido común acrítico y la siembra de odio no son prácticas innovadoras ni en la historia política ni en la guerra. El intento de configurar sujetos pasivos y maleables ha sido estudiando desde hace siglos como sustrato de las luchas ideológicas orientadas a captar la voluntad social colectiva y dirigirla en provecho de intereses corporativos. Lo que ha cambiado es el canal de su propagación, su direccionalidad y el territorio donde se hacen más efectivas la circulación de mitos, versiones y consignas convincentes y sensibilizadoras.

La viralidad y la interactividad han suplantado la histórica verticalidad del discurso político. Estas han sustituido la característica direccionalidad descendente de los contenidos propuestos por el partido, el programa y el candidato. La campaña de Bolsonaro se sostuvo con gestualidades brutales y se apoyó en mitologías presentes en los miedos sociales acumulados, mucho más que en propuestas y proyectos. Para una gran parte de la población brasileña, sobre todo a aquella que posee menos capacidad crítica de evaluación de contenidos, la complejidad intrínseca de las políticas públicas es percibida como una entelequia enrevesada e incomprensible. Lula, un obrero metalúrgico, ha dejado su lugar a un brillante académico paulista. Bolsonaro es la retórica desnuda y brutal del cuartel. El PT endosó la simplicidad en un militar.

Los brasileños han cambiado las formas de interacción comunicacional y el acceso a la información. El celular ha pasado a ser el receptor prioritario de los intercambios noticiosos y sus habitantes acceden a novedades a partir de WhatsApp que cuenta con 120 millones de usuarios jóvenes y adultos, integrados en redes de afinidad que brindan una significativa pátina de confiabilidad sobre lo que envían y reciben. Dichos usuarios representan el 80 por ciento de todos los votantes brasileños y la campaña de Bolsonaro se efectivizó fundamentalmente por esa vía, sumada a la plataforma de cuatro redes sociales; Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Según un informe elaborado por la Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, (CELAG) la distribución entre receptores de redes sociales de Bolsonaro, Haddad y Lula muestra una clara preponderancia del primero sobre los otros dos, incluso en la sumatoria de ambos dirigentes petistas. La particularidad de estos datos es que el peso etario de los seguidores se asienta en los más jóvenes, los denominados millenials, que tienen limitada exposición a la TV, no escuchan radio de frecuencia sino de internet y que se informan únicamente a través de redes segmentadas por grupos de interés. [1]

Seguidores de Redes Sociales (en millones de usuarios)
Bolsonaro Lula Haddad
Facebook 7 5 1
Twitter 1,5 0,5 0,8
Instagram 4,5 0,5 0,5
13 6 2,3

Una gran parte de la campaña fue instrumentada por consultoras expertas en algoritmos y análisis de audiencias, capaces de detectar los miedos y rechazos emocionales más profundos que atraviesan la sociedad. Varios de esos temores fueron previamente inoculados con inusitada persistencia por los medios hegemónicos, y luego dirigidos a específicos segmentos detectados con precisión demográfica y estadística. Estos últimos terminaron constituyéndose en el activismo político central del capitán del ejército, exonerado en 1988, bajo la acusación de programar atentados con explosivos en la central de abastecimiento Adutora del Guandu, que proveía de agua potable al municipio de Río de Janeiro. El paso subsiguiente consistió en utilizar a miles de influencers de redes (previamente detectados por poseer gran cantidad de seguidores) para multiplicar geométricamente las amenazas, las mentiras y las ocasionales tergiversaciones que pudieran maximizarse en la campaña. El paso final incluyó el uso de aplicaciones robotizadas capaces de analizar la big data inicial (provista por los ensayos de recepción), y dispuestas a evaluar el éxito o fracaso de las fake-news. Con esa información, los analistas se reorientaban y reposicionaban de forma precisa y ajustada en los ejes más consentidos.  Seguir leyendo LA PESTE EN RED. JORGE ELBAUM

BRASIL: MILITARES, DESINFORMACIÓN Y BATALLA POLÍTICA. RODRIGO LENTZ

Entenda a relação entre a disseminação de notícias falsas pró-Bolsonaro e os ensinamentos da Escola Superior de Guerra
Militares, (des)informação e batalha política
Palestra de Mourão em 2015: capacidade de análise ou exposição da estratégia?

RODRIGO LENTZ*

RODRIGO LENTZ, ANALISTA MILITARES BRASILO escândalo do caixa 2 de Jair Bolsonaro – “Whatsgate”, “Lavazap” e “Bolsolão” – estremeceu os resultados eleitorais surpreendentes do segundo turno, especialmente porque candidatos inexpressivos dispararam no voto em proporção semelhante ao disparo em massa de notícias falsas pelo aplicativo WhatsApp após contratações milionárias de empresários que configuram crime eleitoral.

Tal evento reforçou a estreita relação entre a candidatura de Bolsonaro e o uso de táticas militares de operações psicológicas na manipulação de massas de opinião, como apontou o antropólogo Piero Leirner.

Mais: a militarização da campanha pode ter participação do Estado brasileiro, conforme a suspeita grave de espionagem militar contra a campanha de Fernando Haddad, supostamente comandada pelo general Sérgio Etchegoyen, ministro do Gabinete de Segurança Institucional da Presidência.

Para compreender essa relação, crucial nessas eleições, é importante apontar o foco para três generais egressos do Alto Comando do Exército que ocupam posições estratégicas na candidatura:

  • Augusto Helenoo militar-articulador – tem facilidade em costurar aliados no exterior e em diferentes instituições, devido a sua atuação em missões da ONU;
  • Oswaldo Ferreira, o militar-profissional – ex-chefe de Engenharia do Exército, que cuida da operacionalidade da organização;
  • Hamilton Mourãoo militar-político – por ter chefiado o Comando Militar do Sul (2014-2016), estabeleceu fortes comunicações com empresários, juízes, jornalistas, latifundiários, políticos, igreja e demais líderes civis.

Somados a esses três perfis chaves, elencados por Leonardo Trevisan como típicos entre 1930-1964, acrescentaria o militar-popular, característico da democracia de massas 2.0, que atrai o desejo do eleitorado pelo medo e pelo ódio, sendo esse Bolsonaro.

Todos foram formados pela ideologia nacional autoritária dos militares das décadas de 60-70-80, a chamada Doutrina de Ação Política da Escola Superior de Guerra.

Baseada nas teorias de sistemas, do planejamento e da decisão, essa doutrina tem como pilar a informação estratégica e a busca pela racionalização da ação política, sempre buscando se antecipar aos acontecimentos futuros e atuar para interferir nos seus possíveis desdobramentos (ESG, 2014, p.8).

Nessa doutrina, a obtenção, produção e uso estratégico de informações são centrais. O levantamento de informações sobre os poderes nacionais (político, econômico, psicossocial, científico-tecnológico e militar) é imprescindível para avaliar a capacidade desses poderes (meios) de atingir e preservar os “objetivos nacionais permanentes” (fins) e para identificar ameaças e/ou óbices de forças consideradas como antagônicas a esses “interesses nacionais”.  Seguir leyendo BRASIL: MILITARES, DESINFORMACIÓN Y BATALLA POLÍTICA. RODRIGO LENTZ

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