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EL AMARGO ENCANTO DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Se ha hecho mucha literatura barata sobre las diferencias entre un texto escrito a mano y otro escrito a máquina. Lo único cierto, sin embargo, es que la diferencia se nota al leerlos, aunque no creo que nadie pueda explicarlo.
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Gabriel García Márquez en las oficinas de Prensa Latina, Bogotá, 1959. Foto tomada de Twitter 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Los escritores que escriben a mano, y que son más de lo que uno se imagina, defienden su sistema con el argumento de que la comunicación entre el pensamiento y la escritura es mucho más íntima, porque el hilo continuo y silencioso de la tinta hace las veces de una arteria inagotable. Los que escribimos a máquina no podemos ocultar por completo cierto sentimiento de superioridad técnica, y no entendemos cómo fue posible que en alguna época de la humanidad se haya escrito de otro modo. Ambos argumentos, desde luego, son de orden subjetivo. La verdad es que cada quien escribe como puede, pues lo más difícil de este oficio azaroso no es el manejo de sus instrumentos, sino el acierto con que se ponga una letra después de la otra.

Se ha hecho mucha literatura barata sobre las diferencias entre un texto escrito a mano y otro escrito a máquina. Lo único cierto, sin embargo, es que la diferencia se nota al leerlos, aunque no creo que nadie pueda explicarlo. Alejo Carpentier, que era escritor a máquina, me contó alguna vez que en el curso de la escritura tropezaba con párrafos de una dificultad especial, que sólo lograba resolver escribiéndolos a mano. También esto es tan comprensible como inexplicable, y sólo podrá admitirse como uno más de los tantos misterios del arte de escribir. En general, yo pienso que los escritores iniciados en el periodismo conservan para siempre la adicción a la máquina de escribir, mientras quienes no lo fueron permanecen fieles a la buena costumbre escolar de escribir despacio y con buena letra. Los franceses, en general, pertenecen a ese género. Hasta los periodistas: hace poco, en Cancún, me llamó la atención encontrar al director del Nouvel Observateur, Jean Daniel, escribiendo a mano su nota editorial con una caligrafía perfecta. El famoso café Flore, de París, llegó a ser uno de los más conocidos de su tiempo porque allí iba Jean Paul Sartre todas las tardes a escribir las obras que todos esperábamos con ansiedad en el mundo entero. Se sentaba muchas horas con su cuaderno de escolar y su estilógrafo rupestre, que muy poco tenía que envidiar a la pluma de ganso de Voltaire, y tal vez no era consciente de que el café se iba llenando poco a poco de los turistas de todas partes que habían atravesado los océanos sólo por venir a verle escribir. Sin embargo, no había necesidad de verlo para saber que era una obra escrita a mano.

En cambio, es difícil imaginar a un norteamericano que no escriba a máquina. Hemingway, hasta donde lo sabemos por sus confesiones y las infidencias de sus biógrafos, usaba los dos sistemas —como Carpentier—, y ambos del modo más extraño: de pie. En su casa de La Habana se había hecho construir un facistol especial en el que escribía con lápices de escuela primaria, a los cuales sacaba punta a cada instante con una navaja de afeitar. Su letra era redonda y clara, un poco dibujada, y de su oficio original de periodista le había quedado la costumbre de no contar por páginas el rendimiento de su trabajo, sino por el número de palabras. A su lado, en una mesa tan alta como el facistol tenía una máquina de escribir portátil y, al parecer,  en un estado más bien deplorable, de la cual se servía cuando dejaba de escribir a mano. Lo que no se ha podido establecer es cuándo y por qué usaba a veces un sistema y a veces el otro. En cuanto a la rara costumbre de escribir de pie, él mismo da una explicación muy suya, pero que no parece muy satisfactoria: «Las cosas importantes se hacen de pie», dijo, «como boxear». Hay el rumor de que sufría de alguna dolencia sin importancia pero que le impedía permanecer sentado durante mucho tiempo. En todo caso, lo envidiable no era sólo que pudiera escribir lo mismo a mano o a máquina, sino que pudiera hacerlo en cualquier parte y, al parecer, en cualquier circunstancia.  Seguir leyendo EL AMARGO ENCANTO DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

EL ASESINATO EN LA GUERRA. ERNEST HEMINGWAY

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Durante los últimos 15 meses he visto asesinatos en España, cometidos por los invasores fascistas. El asesinato es diferente de la guerra. Se puede odiar la guerra y ser contrario a ella como un modo de vida cuando se lucha para defender el propio país contra un invasor y por el derecho a vivir y trabajar como un hombre libre. En este caso ningún hombre que merezca el nombre de tal concede mucha importancia a su vida porque están en juego cosas mucho más importantes.

Así pues, cuando el Messerschmitt alemán baja en picado sobre tu coche, disparando sus cuatro ametralladoras, te desvías bruscamente hacia la cuneta y saltas del coche. Te echas bajo un árbol, si hay un árbol, o dentro de una zanja, si hay una zanja, o a veces en el campo abierto. Y cuando el avión vuelve para intentar matarte de nuevo y sus balas levantan surtidores de polvo sobre tu espalda, y yaces con la boca seca. Pero te ríes del avión porque estás vivo. guerra-civil-6

No sientes odio. Es la guerra. No hay amargura cuando los fascistas intentan matarte. Porque tienen derecho a hacerlo. Incluso por error. Sin embargo, sientes cólera y odio cuando los ves asesinar. Y los ves hacerlo casi todos los días.

Los ves hacerlo en Barcelona cuando bombardean los barrios obreros desde una altura tan grande que es imposible que su objetivo sea otro que los bloques de apartamentos donde vive la población. Ves a los niños asesinados con las piernas retorcidas, los brazos doblados en direcciones absurdas y los rostros espolvoreados de yeso. Ves a las mujeres, a veces sin marcas cuando mueren por conmoción, con las caras grises y una sustancia verde brotando de sus bocas. Y odias a los asesinos italianos y alemanes que hacen esto, como no has odiado nunca. Seguir leyendo EL ASESINATO EN LA GUERRA. ERNEST HEMINGWAY

DE CUANDO NORMAN MAILER PROPUSO A HEMINGWAY PARA CANDIDATO DEMÓCRATA A LA PRESIDENCIA DE EE.UU.

“… la falta de una vida política anterior de Hemingway es un valor, sostendría yo, más que un defecto. La política se ha vuelto estática en Norteamérica, y los norteamericanos siempre han desconfiado de los políticos.”
norman-mailerNORMAN MAILER / FUERA DE LA LEY

Sí, puede parecer un poco fantástico a primera vista, pero el hombre que creo que los demócratas tendrían que designar como su candidato presidencial en 1956 es Ernest Hemingway.

He tenido esta idea en la mente hace ya unos meses, y he tratado de considerar sus méritos y deméritos más de una vez. Vean, estoy lejos de ser un adorador de Hemingway, pero después de muchos años de menospreciarlo siempre en mi mente llegué a decidir que, le guste o no, él es una de las fuerzas estéticas contrapuestas en la novela norteamericana de hoy —siendo la otra Faulkner, desde luego— y así su marca sobre la historia es probable que esté asegurada.
hemingway-2Ahora bien, lo que pienso de Hemingway como escritor sería de interés para muy poca gente, pero remarco que no soy un devoto religioso de su obra para enfatizar que he pensado en él como candidato presidencial sin pasión o implicación personal (o al menos así lo creo). En cuanto a los méritos y, aun más importante, las posibilidades de victoria, trataré de discutirlos con rapidez en los límites de esta columna.

Para empezar, el Partido Demócrata tiene las posibilidades más pobres contra Eisenhower, y ya sea que se trate de Stevenson, Kefauver o algún otro político de medio pelo, la personalidad del candidato sufriría por la desafortunada semejanza con un empresario de pompas fúnebres próspero. No hay forma de esquivarlo: el pueblo norteamericano tiende a votar por el candidato que dé la impresión de haber experimentado algún placer en su vida, y Eisenhower, por más pasivas que fueran sus vicisitudes, se ve como alguien que ha tenido un buen momento de vez en cuando. Seguir leyendo DE CUANDO NORMAN MAILER PROPUSO A HEMINGWAY PARA CANDIDATO DEMÓCRATA A LA PRESIDENCIA DE EE.UU.