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EL ODIO SIEMPRE HA SIDO EL COMBUSTIBLE PARA ESTE TIPO DE AGRESIONES. JOSÉ VILLA SOBERÓN

Lo advierte el Premio Nacional de Artes Plásticas (2008), José Villa Soberón, en diálogo con el periódico Escambray en torno al reciente acto terrorista perpetrado contra la embajada de Cuba en Washington D. C., donde la escultura concebida por el reconocido artista, también recibió el impacto de los disparos

ENRIQUE OJITO

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Obras de Villa Soberón han sido emplazadas en más de 20 naciones.

Martí sigue vigilante en el jardín, mirando hacia la Avenida 16 de Washington D. C., en el barrio Adams Morgan, siempre bulliciosa, ahora en calma por la cuarentena debido a la COVID-19. Sigue erguido, aunque un disparo haya intentado eclipsar su estatura de héroe, ahí de bronce, gracias a las manos del escultor José Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas (2008).

Detrás, también baleados, muros, columnas y un ventanal de la mansión de estilo neoclásico marcada con el número 2630, sede de la embajada de Cuba en Estados Unidos, acto terrorista que algunos medios tratan de disfrazar como crimen de odio, cometido por un ciudadano identificado como Alexander Alazo, de 42 años, residente en Aubrey, Texas, pasadas las dos de la madrugada del 30 de abril.

—¡Dispárame si quieres, dispararme! ¡Estoy aquí! ¡Soy americano, soy yanqui!, gritó el atacante, hundido en la noche, AK-47 en mano.

A esa hora apenas había siete funcionarios en la sede diplomática. “Si esto hubiera ocurrido a mediodía hubiera habido una matanza”, expuso a la AP el embajador cubano en el país norteño, José Ramón Cabañas. A mitad de jornada habitualmente unas 50 personas, incluidos dignatarios extranjeros y otros visitantes, se encuentran en la misión.

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Oficiales del Servicio Secreto investigan en el lugar de los hechos. (Foto: AP)

EL MARTÍ DE WASHINGTON D. C.

José Villa Soberón, con creaciones desgranadas en América, Europa y África, le ha seguido el curso a la noticia del ataque a la sede de la representación de la isla caribeña en Washington D. C., donde quedó emplazada una escultura suya a José Martí el primero de julio del 2019, al conmemorarse el aniversario 130 de la salida a la luz en Nueva York, por primera vez, de La Edad de Oro.

En diálogo con Escambray, Villa Soberón sostuvo que este proyecto nació a instancias de Cabañas, cuando la Sección de Intereses de la Mayor de las Antillas en la capital estadounidense devino embajada, al restablecerse oficialmente las relaciones diplomáticas entre ambas naciones el 20 de julio del 2015.

La estatua ubicada en Washington D. C. tuvo como precedente la realizada por él con la colaboración de Gabriel Cisneros, e inaugurada en julio del 2017 en Santiago de Chile, en cuya base puede leerse la frase de Gabriela Mistral: “El mejor hombre de nuestra raza”.

“Cuando de Washington me pidieron una obra, utilicé ese modelo original; le hicimos transformaciones para que fuera más funcional en el emplazamiento en la embajada”, refiere el profesor de Escultura por varias décadas.

¿Qué referente fotográfico le sirvió de partida para realizar la escultura de la capital estadounidense?

Al menos hay dos o tres fotos en las que Martí aparece posando con las manos detrás, por ejemplo, la de Jamaica (octubre de 1892) y otra con uno de sus amigos (Fermín Valdés Domínguez, mayo de 1894 en Cayo Hueso). Ese gesto de tener las manos detrás no puedo especular que haya sido natural y común en él; pero siempre me ha resultado atractivo. Es una imagen atractiva en el sentido de que es delicada, muy personal y muy sugerente. Por eso me pareció una imagen potente, que podía expresar su personalidad. Martí era un hombre con mucho control; sin embargo, con pasión.

Martí tiene a su favor que prácticamente ha sido el tema permanente de los escultores cubanos del siglo XX. Cada generación de escultores, cada escultor importante siempre lo ha trabajado y eso vale, sirve como referente para las esculturas.

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Foto tomada a Martí en octubre de 1892 en Jamaica, referente para la escultura emplazada en Washington D. C.

Ud. sitúa a Martí en un momento histórico complejo: la organización de la Guerra Necesaria. ¿Qué rasgos de su personalidad optó por resaltar a partir de ese contexto?

Siempre me ha dado la impresión de que Martí no solo fue una persona brillante, culta, sensible; debió ser, un hombre contenido, no de acciones impulsivas, a pesar de lo difícil y la cantidad de contradicciones que tuvo que enfrentar en ese momento de su vida. Debió ser un hombre que se controlaba mucho para manejar esas situaciones complejas. Son apreciaciones, visiones que puede tener uno como artista a la hora de hacer una escultura. No soy un especialista, un estudioso de Martí; pero lo he sentido así.

En Miami, Florida, se fundió en bronce el molde original de esta obra en el taller de Lázaro Valdés y su equipo ASUbronze.

Yo conocía a Lázaro. Cuatro o cinco esculturas que he hecho para diferentes partes del mundo, las he modelado en Cuba y se las he enviado a él, que tiene un excelente taller de fundición. Nosotros enviamos el modelo hecho en resina para Washington. Yo no sabía que iba a ser con Lázaro, cuando la embajada lo contactó. Creo, incluso, que solo cobró por los materiales; fue una participación hermosa de su parte.

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Durante el acto terrorista, una bala impactó en la escultura de Villa Soberón. (Foto: AP)

Más allá del daño físico a la escultura en el ataque a la embajada, ¿cómo interpreta, desde lo simbólico, este acto contra el Maestro?

Ese es un fenómeno que merece estudiarse con profundidad. Este tipo de escultura es un arte público, que trabaja con muchos símbolos. Casi siempre cuando el odio se desencadena incontrolablemente, no sé por qué razón una de las primeras agresiones se hace contra las esculturas públicas, los símbolos. En los momentos turbios vimos muchas veces cómo se agredieron las de Lenin, cómo se han agredido en diferentes partes del mundo esculturas por ser símbolo de una ideología, de una nación. Seguir leyendo EL ODIO SIEMPRE HA SIDO EL COMBUSTIBLE PARA ESTE TIPO DE AGRESIONES. JOSÉ VILLA SOBERÓN

¿VOLVER A LA NORMALIDAD? ATILIO A. BORÓN

TRUMP ALLENDE

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 2La cruel pandemia que azota a la humanidad ha despertado reacciones de todo tipo. Unos pocos la ven como la cruel pero fecunda epifanía de un mundo mejor y más venturoso que brotará como remate inexorable de la generalizada destrucción desatada por el coronavirus. Si Edouard Bernstein creía que el solo despliegue de las contradicciones económicas ineluctablemente remataría en el capitalismo, sus actuales (e inconscientes) herederos apuestan a que el virus obrará el milagro de abolir el sistema social vigente y reemplazarlo por otro mejor El trasfondo religioso o mesiánico de esta creencia salta a la vista y nos exime de mayores análisis. Otros la perciben como una catástrofe que clausura un período histórico y coloca a la humanidad ante un inexorable dilema cuyo resultado es incierto. Quienes abrevan en este argumento están lejos de ser un conjunto homogéneo pues difieren en dos temas centrales: la causalidad, o la génesis de la pandemia, y el mundo que se perfila a su salida. En relación a lo primero hay quienes adjudican la responsabilidad de su aparición a una entelequia: “el hombre”, como los ecologistas ingenuos que dicen que aquél -entendido en un sentido genérico, como ser humano- es quien con su actividad destruye la naturaleza y entonces el Covid-19 habría también sido causado por “el hombre.” Pero la verdad es que no es éste sino un sistema, el capitalismo, quien destruye naturaleza y sociedades como lo demuestra el pensamiento marxista e, inclusive, aquellos que sin adherir a él son analistas rigurosos de la realidad, como Karl Polanyi. Sistema que con sus políticas privatizadoras y de “austeridad” (para los pobres, más no para los ricos) hizo posible la gran expansión de la pandemia.
Pruebas al canto: el Covid-19 desnudó la responsabilidad de las clases dominantes del capitalismo y sus gobiernos, comenzando por el de Estados Unidos y sus “vasallos” en el resto del mundo. Cuando se compara el número de muertes ocurridas en los países con gobiernos capitalistas con los que se registran en estados socialistas, como China, Vietnam, Cuba, Venezuela, los resultados son espeluznantes. En China los muertos por millón de habitantes son 3; en Vietnam hasta el 18 de mayo no había muerto nadie a causa del virus, y eso que tiene una población de 96 millones de personas; Cuba, con poco más de 11 millones tiene una tasa de muertos por millón igual a 7 y en la República Bolivariana de Venezuela esta ratio es de 0,4. En Argentina, con un gobierno acosado por el sicariato mediático y la gran burguesía el número es 9, pero se triplica cuando se observa al “oasis neoliberal” de Sebastián Piñera, con una ratio de 27 muertos por millón de habitantes. México, cuyo gobierno al principio cometió el error de subestimar al coronavirus está con 44 decesos por millón, por encima del promedio mundial que es 41,8. Pero luego viene el escándalo: Ecuador, donde manda el más rastrero lamebotas de Donald Trump, se lleva todas las fúnebres palmas de Nuestra América con 161 muertos por millón de habitantes, 54 veces más que China y 23 más que en Cuba. Suiza, la elegante guarida fiscal europea, registra una obscena ratio de 219 muertos por millón y Estados Unidos 283 por millón, o sea, 95 veces más que China y unas 40 veces mayor que la agredida y bloqueada Cuba. No les va mejor a la rica Bélgica, campeona mundial con un escandaloso récord de 790 muertos por millón de habitantes y a quienes le siguen en el podio: España con 594, Italia con 532 y el Reino Unido con 521.
Conclusión: los gobiernos que apostaron a la “magia de los mercados” para atender los problemas de salud de su población exhiben índices de mortalidad por millón de habitantes inmensamente superiores a los de los estados socialistas que conciben a la salud como un inalienable derecho humano. Esto se comprueba aún en países como Cuba y Venezuela pese a padecer múltiples sanciones económicas y los rigores del criminal bloqueo impuesto por Washington. En las antípodas se encuentra Brasil que con sus 18.130 muertos ocupa el sexto lugar en la luctuosa estadística de víctimas del coronavirus y con sus 85 muertos por millón de habitantes registra una incidencia 12 veces mayor que Cuba y 28 mayor que China. A su vez Chile, paradigma neoliberal por excelencia, tiene una tasa 9 veces mayor que la de China y casi cuatro veces superior a la de la acosada isla caribeña. Párrafo aparte merece el Uruguay, que gracias a los quince años de activismo estatal de los gobiernos frenteamplistas, en los cuales la inversión en salud pública fue prioritaria, registra una tasa de 6 muertos por millón de habitantes. Es de esperar que su actual presidente, Luis Lacalle Pou, confeso admirador de Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera, tome nota de esta lección y se abstenga de aplicar sus letales fantasías neoliberales al sistema de salud público del Uruguay.
Esta disímil respuesta ofrecida por los estados capitalistas y socialistas (más allá de algunas necesarias precisiones sobre esta caracterización, que deberían ser objeto de otro trabajo) es suficiente para fundamentar la necesidad de que el nuevo mundo que se asomará una vez concluida la pesadilla del Covid-19 se caracterice por la presencia de rasgos definitivamente no-capitalistas. Es decir, un ordenamiento socioeconómico y político que revierta el desvarío dominante durante cuatro décadas cuando al impulso de la traicionera melodía neoliberal casi todos los gobiernos del mundo se apresuraron a seguir las directivas emanadas de la Casa Blanca y privatizar y mercantilizar todo lo que fuera privatizable o mercantilizable, aún a costa de violar derechos humanos, la dignidad de las personas y los derechos de la Madre Tierra. Un mundo que, siguiendo algunos razonamientos de Salvador Allende, podría ser caracterizado como “protosocialista”; es decir, como una imprescindible fase previa para viabilizar la transición hacia el socialismo. Este período es requerido para robustecer al estado democrático; introducir rígidas limitaciones al “killing instinct” de los mercados y su descontrolada actividad, especialmente de su fracción financiera; la nacionalización y/o estatización de las riquezas básicas de nuestros países; la estatización del comercio exterior y los servicios públicos; la desmercantilización de la salud y los medicamentos; y una agresiva política de redistribución de la riqueza que supone una profunda reforma tributaria y una muy activa política social de eliminación del flagelo de la pobreza. Habida cuenta del tendal de víctimas que ha dejado el Covid-19 (que está lejos de haber llegado a su pico) sería una monumental insensatez intentar “volver a la normalidad”. Sólo espíritus pervertidos por un insaciable afán de lucro pueden pretender reincidir en sus crímenes y volver a sacrificar a millones de personas y a la propia naturaleza en el altar de la ganancia, considerando a tales crímenes como una “normalidad” que no puede ni debe ser puesta en cuestión. ¿Cómo pensar que un holocausto social y ecológico como el que produjo el capitalismo, potenciado hiperbólicamente por la pandemia, pueda ahora ser concebido como algo “normal”, como una situación beneficiosa a la cual deberíamos retornar sin mayor demora? Una “normalidad” como esa debe ser definitivamente desterrada como opción civilizatoria. Solo podría ser impuesta por una recomposición neofascista del capitalismo, poco probable ante el desprestigio y la deslegitimación que éste ha sufrido en tiempos recientes y la acumulación de fuerzas sociales alineadas en contra de los verdugos del pasado. Claro que la historia no está cerrada pero estoy seguro, volviendo a las palabras de Salvador Allende, que luego de la pandemia “se abrirán las grandes alamedas para que pasen hombres y mujeres para construir una sociedad mejor.”

RECUERDOS DEL TERRORISMO YANQUI. ÁNGEL GUERRA CABRERA

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Durante el acto terrorista contra la Embajada de Cuba en Washington, uno de las 32 proyectiles disparados impactó en la escultura dedicada a José Martí por el artista plástico cubano José Villa Soberón. Foto: AP

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITALa Seguridad del Estado de Cuba ha documentado 581 agresiones en 41 países contra representaciones de la isla en el exterior.

Aquí hablo de dos que me tocaron cerca afectivamente. La bomba de alto poder estalló en la embajada de Cuba en Lisboa cerca de las 5 de la tarde cuando estaban al entrar al lugar los pequeños hijos de los diplomáticos cubanos que regresaban de la escuela.  Como un rayo, fulminó a Adriana Corcho Calleja y a Efrén Monteagudo Rodríguez, de 35 y 33 años, funcionarios de la sede diplomática. El dispositivo fue dejado junto a la puerta de uno de los departamentos que formaban parte de la representación cubana por un individuo que entró al vetusto edificio y se retiró apresuradamente. Era el 22 de abril de 1976, cuatro meses después de que tropas cubanas derrotaran una importante agresión esmeradamente organizada por la CIA contra la naciente República Popular de Angola. Estados Unidos lanzó una potente columna del ejército racista surafricano, numerosas fuerzas del vecino Zaire y experimentados mercenarios blancos contra el joven Estado. Al percatarse de lo que se avecinaba el presidente angolano Agustino Neto, solicitó el apoyo de Cuba.

Yo había conocido a Adriana durante una misión reporteril en la Lisboa de la revolución “de los claveles” y esto hizo que  mi estremecimiento fuera mayor ante la noticia del atentado. Muy cerca de donde estalló la bomba conversamos en más de una ocasión y pude aquilatar su pensamiento revolucionario, competencia profesional y buen talante. Esta primera derrota militar ante Cuba en Angola -todavía faltaba otra mucho más contundente en 1988- enfureció al gobierno del presidente Gerald Ford y en particular a la CIA.  Justo seis meses después del crimen en Lisboa y en nuevas circunstancias luctuosas por el sabotaje contra un avión de Cubana en vuelo donde murieron sus 73 ocupantes, Fidel expresó: “En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por días y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas.”

El 11 de septiembre de 1979, Félix García, mi amigo y diplomático de la misión de Cuba ante la sede de la ONU en Nueva York, se dirigía a una cena en el barrio de Queens después de haber acompañado a amigos chilenos en la recordación al presidente Salvador Allende, asesinado exactamente seis años antes en un golpe de Estado orquestado por la CIA, pero no pudo llegar a su destino. Al detenerse su auto en un semáforo el terrorista Pedro Remón, entrenado en ese tipo de acciones por la central de inteligencia gringa, le descargó desde una moto una ráfaga de tiros que puso fin a su vida. Ya nunca más Félix iluminaría mi oficina en la revista Bohemia con sus dicharachos criollos y simpatía personal.

Félix es el único caso de un diplomático acreditado ante la ONU que haya sido asesinado en Nueva York. Remón reivindicó el crimen en llamadas a los medios pero no fue hasta avanzados los ochentas que resultó juzgado y condenado por un tribunal estadounidense, cuando sus sangrientas acciones terroristas habían comenzado a perjudicar intereses de Washington. Por cierto, en cuanto cumplió su condena continuó con absoluta impunidad su actividad terrorista contra Cuba dentro y fuera de Estados Unidos.

Los dos anteriores están entre los más notables atentados contra sedes y funcionarios diplomáticos cubanos, pero también en muchos otros ha corrido sangre, no solo cubana sino de personas de otras nacionalidades. Aquí mismo en México el ya mencionado terrorista Pedro Remón tomó parte en un intento de secuestro en 1976 de Daniel Ferrer Hernández, cónsul de Cuba en Mérida, en el que resultó asesinado el técnico de pesca cubano Artagnan Díaz Díaz. La historia del terrorismo contra Cuba y, en particular, contra sus sedes diplomáticas, es larga.  Pero hay razones para pensar que la mafia fascista de Miami y sus amigochos en el (des)gobierno de Trump se proponen estimular la vuelta a esas prácticas. Estados Unidos continúa su mutismo cómplice sobre el ametrallamiento de la embajada de Cuba en Washington. Ni una palabra sobre un hecho tan grave parece esconder algo inconfesable. Si este atentado no es investigado y esclarecido con apego a las leyes de Estados Unidos y a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas sentará un nefasto precedente.

Twitter: @aguerraguerra

LA VIOLENCIA SIMBÓLICA EN LA POLÍTICA ANTICUBANA. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

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OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

OLAZABALNo he encontrado otra forma de definir los actuales ataques permanentes contra nuestra realidad y nuestra gente, que acudir a Pierre Bourdieu y su concepto de” violencia simbólica”. El afamado sociólogo francés logró explicar, de una manera magistral, los esquemas de actuar, pensar y sentir en concordancia con la posición social. Estos esquemas, surgidos en una etapa precapitalista, salen a relucir definitivamente en las sociedades capitalistas desarrolladas, y cobran mayor fuerza en aquellas más relacionadas con el actuar imperialista.

El enardecimiento de algunas actitudes está íntimamente ligado a las directrices que emanan del poder político y económico. Algo que fue usual en los años 90s, cuando muchos se alegraban de las penurias de nuestro pueblo a causa de la crisis del Período Especial, retornaba con mayor inquina a partir del año 2018, cuando las políticas de la Administración Trump marcaban un total distanciamiento de los pasos emprendidos por Barak Obama al final de su mandato.

El 4 de febrero de este año, 2020, la periodista Gisela Salomon de la AFP, en un artículo reproducido en el Chicago Tribune, se preguntaba si había regresado la intolerancia, en la esfera cultural,  en la Florida: “Desde que asumió el poder en enero de 2017, Trump ha impuesto nuevamente sanciones y restricciones reclamadas por los sectores más conservadores del exilio cubano de Miami, un grupo pequeño pero influyente en la política local y codiciado por políticos que buscan sus votos. La legislatura de la ciudad de Miami, por su parte, aprobó en 2019 una resolución solicitándole al Congreso nacional que termine el intercambio cultural con los artistas provenientes de Cuba. “Hemos vuelto a la Guerra Fría”, dijo Andy Gómez, un analista político y exdirector del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. Y agregó que gran parte de la ofensiva contra los artistas cubanos estaba relacionada con las elecciones de 2020, tanto locales como nacionales.

La violencia física y económica es acompañada entonces por una forma más sutil, aunque no menos explícita. Se traduce en llamados a seguir ahogando en sanciones a nuestro país, disfrazando las arengas con un prometido final luminoso para un pueblo, no importa cuáles sean las consecuencias. Detrás de esos llamados hay todo un esquema bien pensado de mantener una presencia permanente en la palestra pública, que, además de ser coincidente con los aires que soplan desde el gobierno trumpista, permite retomar posiciones de poder hasta cierto punto perdidas hace unos años. Pudiera parecer un movimiento desorganizado, pero que no puede esconder sus similitudes cuando se acercan en algunos pasos que han dado, ya sea de “protestas” o de supuestos intentos de “ayudas”, otra de las formas descritas por Bourdieu tras las cuales se esconden las manifestaciones del “capital y la violencia simbólicos”.

Se crean nuevas alianzas a la luz de los tiempos. Estos encadenamientos, que se traducen en el uso de las redes sociales y el streaming acompañante, pueden aunar empresas y  personajes lejanos unos de otros en sus radios de acción económica, de manera  tal que unos financian y otros propagan. Al final se van apropiando de las nuevas maneras de comunicar. Y con ello ejercen esa violencia simbólica a la cual se refiere el sociólogo francés. O me agradeces y no te ataco, o te llevo a la pérdida de lo ganado. Me recuerda la famosa frase de Bush en 2002: “O estás conmigo o contra mí”.

Ante estas realidades, aquellos que no ven otra manera de subsistir que plegándose a los nuevos y otros no tan nuevos amos, recurren a las poses de adalides de la lucha contra el socialismo en cualquiera de sus formas, tal como ha dictado la política de Washington de manera pública. En esta subsistencia a lo que dé, se pierde el límite de la cordura para ofender y hacer parecer al pueblo cubano como un manso rebaño. El irrespeto a todo lo que emana de nuestra historia es cuestión cotidiana. Todo tiempo pasado fue mejor, gritan ellos y ellas. En 60 años no se hizo nada, solo destruir, alegan.

Lo peor es que el lenguaje va subiendo de tono en la medida en que se aproxima noviembre. Con esa convicción inyectada de que no cambiará nada en las elecciones por venir, siguen copando espacios. Detrás de ese apuro también está un poco de miedo subyacente. En caso de que no salgan las cosas como está previsto, al menos habrán aprovechado los espacios y el aliento que recibieron para ganar más dinero y presencia. Es la lógica del capital simbólico, que conlleva al ejercicio de esa violencia, también simbólica, en su concepto de defensa de símbolos.

Más difícil para esos personajes es ver, con impotencia, cómo un país organizado ha ido cumpliendo una estrategia ante la pandemia de la COVID 19, que se basa, antes que todo, en la defensa de la vida humana. Al no encontrar cómo negar un ejemplo visible, que traspasa fronteras, se mueven entonces hacia el continuo ataque y, lo más violento, a la burla. Porque no hay manera más cruel de ejercer la violencia que burlarse de las carencias. Y en ese mismo carro se montan aquellos que, en medio de una situación mundial como la actual, han olvidado que solo la solidaridad humana salvará al mundo. Aprovechar este momento para atacar un sistema que defiende la vida, los coloca como modelos de la “depreciación identitaria de los grupos sociales” a la cual se refería otro sociólogo francés, Philippe Braud, pues pierden la brújula de cómo actuar en un momento de definiciones humanas. Seguir leyendo LA VIOLENCIA SIMBÓLICA EN LA POLÍTICA ANTICUBANA. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

TERRORISMO IMPERIAL SIGLO XXI. CUBA, MEDIO SIGLO DE TERROR (SEGUNDA PARTE). STELLA CALLONI

Terrorismo imperial S. XXI. Cuba, medio siglo de terror

 

STELLA CALLONI

STELLA 1El terrorismo de Estados Unidos contra Cuba, ya existía bajo el gobierno del dictador Fulgencio Batista, que sometió al pueblo cubano por el terror y era sostenido por Washington y sus mafias, lo que terminó con el triunfo de la Revolución Cubana a inicios de 1959  y la fuga de los cómplices o beneficiarios de esa dictadura a Miami, lo que facilitó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el reclutamiento de sectores de los emigrados para accionar en principio contra la figura del líder cubano Fidel Castro Ruz.

En su libro “la Guerra Secreta Operación ZR/Rifle” el general cubano Fabián Escalante Font (Editorial Ciencias Sociales, Cuba 2006), hace un seguimiento de todos las operaciones y proyectos criminales (643 admitidos luego por la CIA) de Estados Unidos para asesinar a Fidel Castro entre 1958 y el año 2000, en una investigación con profusa documentación que nos lleva a entrar a los laberintos de un mundo -jamás imaginado- hasta la matriz del terrorismo que azotó a Cuba y lo sigue haciendo hasta hoy.

En el informe de la Comisión Church, del senado estadounidense, creada bajo la presidencia del senador Frank Church, quien investigó en 1975 los intentos de asesinato de la CIA contra líderes políticos extranjeros, figura el comandante Fidel Castro como el blanco número uno de los planes terroristas desde los años 60.

Sólo mencionaremos algunos datos asombrosos que figuran en ese informe con testimonios además de algunos  terroristas cubano-americanos, integrados a los organismos de inteligencia estadounidenses, conformando una serie de  organizaciones que desde Miami asolaron a Cuba, América Latina y a diversos países del mundo.

También se menciona en el informe -entre tantos otros- el período de marzo a agosto de 1960: “Durante el último año de la administración (Dwight) Eisenhower, la CIA estudió planes con vistas a socavar la simpatía carismática de Castro, por medio del sabotaje contra sus discursos (…) Según informaciones del Inspector General de la CIA en 1967, un funcionario de la División Servicios Técnicos (TDS) recordó haber discutido un plan para rociar el estudio de televisión de Castro, con un agente químico que producía efectos similares al LSD”. Pero que se había rechazado por no ser un agente químico confiable …”

“Durante ese período el TDS impregnó una caja de tabacos (cigarros) que producía una desorientación temporal, con la esperanza de lograr que Castro se fumara uno de los tabacos antes de empezar su discurso…”

Más adelante refiere que “una anotación en los expedientes de la División de Operaciones de Servicios Médicos de la CIA indica que el 16 de agosto de 1960 se le entregó una caja con los tabacos favoritos de Castro y las instrucciones de darle tratamiento con un veneno letal. A los tabacos se les impregnó una toxina de botulina tan potente que una persona moriría con sólo ponérselo en la boca-. El oficial informó que  el 7 de octubre de 1960 los tabacos estaban listos…”

De la misma manera figura que “en agosto de 1960, la CIA dio pasos para enrolar a miembros del bajo mundo criminal con contactos con el Sindicato del juego organizado, para que ayudasen a asesinar a Castro, según el informe del Inspector General de la CIA”.

La sola lectura de estos planes nos lleva a entender el mundo creado entre la CIA y otros servicios de inteligencia con los terroristas cubano-americanos, además de conocidos integrantes de las mafias y asesinos seriales utilizados por éstas. Fueron y son verdaderos “batallones de la muerte”, de guerras sucias y encubiertas, y del terrorismo que desde entonces nunca detuvo su siniestra mano.

A lo largo de este informe de la Comisión Church figuran operaciones que ni siquiera la ficción pudo concebir, planes delirantes para usar los más impensables recursos con el objetivo de matar y destruir. Desde entonces hasta ahora pasó más de medio siglo de asedio a Cuba, violando  la legislación internacional y humanitaria con absoluta impunidad.

La tercerización de la guerra no es tal, ya que las empresas de mercenarios a los que eufemísticamente llaman ahora “contratistas” pertenecen en realidad a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y otros, y están bajo dirección de ex oficiales de  tropas “especiales” de estos países.

Las “empresas” de mercenarios -algunas de la cuales figuran como Agencias de Seguridad Privadas– se crearon para utilizar menos tropas propias y tratando de difuminar la presencia de Estados Unidos y sus asociados en acciones terroristas.

Esto se vio y entres otros casos en Nicaragua, en la guerra encubierta contra los sandinistas en los años 80, en Libia (2011), Siria (2012), en Playa Girón, Cuba (1961) en la Guaira, Chuao y otros lugares de Venezuela (2020) con el intento de invasión o infiltración en el territorio del 3 de mayo pasado, donde fueron derrotados y detenidos por el gobierno, el pueblo y sus fuerzas armadas.

En cuanto al uso de mercenarios, como en el caso de Alazo Baró que llegó ante la embajada de Cuba portando un fusil AK-47, 32 casquillos de proyectiles que dejaron el mismo número de orificios de bala evidenciando que sabía perfectamente que había ido con la intención de agredir y de matar, tal como lo señaló el canciller cubano Bruno Rodríguez.

Sólo para no olvidar en esta larga historia de asedio Cuba, uno de los atentados más brutales contra ese país  sucedió el 6 de octubre de 1976, cuando hicieron explotar un avión de la compañía cubana de aviación en pleno vuelo, matando a 73 personas poco después de haber despegado del  Aeropuerto de Barbados y que fue  considerado el peor atentado del “hemisferio occidental”  en esos momentos. Seguir leyendo TERRORISMO IMPERIAL SIGLO XXI. CUBA, MEDIO SIGLO DE TERROR (SEGUNDA PARTE). STELLA CALLONI

MIS LECTURAS EN CUARENTENA Y UN AK- 47. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

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OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

Omar OlazabalSigo en mi autoaislamiento físico y aprovechando sus ventajas en relación con otros momentos. Me permito leer más de lo que normalmente hago. Mis amigos en las redes sociales comparten también lo que leen. Y heme aquí descubriendo a Douglas Kennedy, un novelista norteamericano, que vive entre Estados Unidos y Europa. Ahora, según relata a un periódico europeo, está pasando la cuarentena con su hija en Maine. Le sigo los pasos en Internet y me encuentro con una serie de análisis sobre la sociedad norteamericana que no tiene desperdicio. Primero, porque el que los hace es un estadounidense. Y segundo, porque difícilmente se le pueda acusar de socialista, ese término al que tanto acude el actual presidente de la Unión Americana para denostar a otros.

Les invito a que leamos lo que dice Kennedy (el escritor) sobre su país en la actualidad:

“..echando la vista atrás, (Richard) Nixon parece un progresista comparado con este payaso (Trump). El problema ahora es que hay dos Estados Unidos y se odian entre ellos.. Nixon empezó a dividir el país para poder ganar la Casa Blanca en 1968. Él entendió que tenía que dividir al país en un período en el que había grandes manifestaciones contra Vietnam, sexo, drogas, rock and roll… ya sabe. Se decía que había una mayoría silenciosa en el país, los verdaderos estadounidenses, y no esta banda de snobs y hippies feministas quemando sujetadores o estos gays.

Reagan siguió con aquello y las dos Américas empezaron a separarse. Lo cierto es que el 20 % de los estadounidenses son gente como yo, educada, con pasaportes… ¿Sabe que solo un 35 % de los estadounidenses tiene pasaporte? No lo necesitan porque no pueden permitirse viajar. Si tienes dinero puedes ir a las mejores universidades del mundo, si no, estás jodido (sic). Soy muy pesimista sobre mi país, vivo allí la mitad del año y lo amo, es mi hogar, pero, dios mío, es un lugar angustioso…”

Esa síntesis tan descriptiva podría explicar mucho lo que está ocurriendo en el vecino del Norte. Un país dividido en sectores muy antagónicamente opuestos, lo que se refleja de manera continua en las encuestas elaboradas para las elecciones de noviembre. No importan los errores y absurdos dichos del mandatario de la Casa Blanca en su manejo de la actual crisis sanitaria, esa Norteamérica que lo ve como su representante casi roza la mitad de los encuestados. Entre esos, los cinco millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), la organización creada supuestamente para defender la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, que estipula el derecho a portar armas para defenderse y entretenerse. Exacto, sí, entretenerse matando.

Trump y Marco Rubio, el ejecutor y el promotor, respectivamente, de la agresiva política hacia Cuba de estos tiempos, son admiradores, protectores y receptores de bondadosos donativos de esa organización. Participan de sus Asambleas, donde son agasajados y vitoreados. Trump firma decretos delante de los embelesados asistentes a las convenciones y Rubio los defiende en cada momento en que su desvergüenza se lo permita. Recuerdo cuando fue increpado por uno de los estudiantes de la escuela Stoneman Douglas de la Florida, aquella que fue víctima de una masacre que costó la vida a 17 jóvenes en 2018. El alumno le reclamó por qué no dejaba de recibir las donaciones de la NRA para su campaña, y el senador no supo qué responder. Así son ese tipo de políticos, sí, esos mismos que se proclaman cristianos y suben en sus tweets semanalmente salmos del Nuevo Testamento.

No importa que el Presidente de la NRA haya sido hasta el año pasado, nada más y nada menos, que Oliver North.  No se sorprenda, es el mismo Teniente Coronel del Ejército norteamericano que, en la época de Reagan, fue encarcelado por dirigir el operativo mediante el cual se le suministraba armas y dinero a la contrarrevolución nicaragüense. Para los más jóvenes que no conocieron esa historia: el oficial North trató con contrabandistas de armamento y narcotraficantes para lograr sus objetivos. Fue condenado, pero la sentencia se anuló en 1991, como es usual en estos casos. Esos son los “héroes” con los que comparten Trump y Rubio, por solo citar dos ejemplos de los que reciben dinero de esa infame organización.

Y al escuchar hablar a Trump y Rubio, se enaltecen entonces el odio y el deseo de venganza de muchos. Si el presidente y su asesor lo dicen, entonces debe ser cierto. Y como tienen luz verde para comprar y usar armas, pues adelante. Es la manera que tengo de explicarme que un hombre haya atravesado en su carro el país, con un AK 47, para tratar de matar a diplomáticos cubanos en Washington. O sea, el terrorismo en territorio norteamericano. Manejarán la teoría del asesino solitario, no es la primera vez, pero todos sabemos que detrás de él hay otros que impulsan estos hechos. Desde los podios de actos con electores o desde programas de radio y televisión de dudosa factura, y aún más dudoso financiamiento.

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ES NECESARIO DENUNCIAR EL SILENCIO CÓMPLICE DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS. BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA

BRUNO 12.O5.

BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA

Transcripción* de la conferencia virtual de Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, desde el MINREX, el 12 de mayo de 2020, “Año 62 de la Revolución”. 

Juan A. Fernández (Presentador).-  Buenas tardes.

Desde la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba damos inicio a la conferencia de prensa del ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla, en relación con el atentado terrorista perpetrado contra nuestra Embajada en los Estados Unidos el pasado 30 de abril.

Primero el Ministro realizará una intervención con información novedosa sobre estos graves acontecimientos y posteriormente pasaremos a una breve sesión de preguntas y respuestas.

Informamos que esta conferencia se desarrolla en un formato virtual cumpliendo con las medidas sanitarias establecidas para el enfrentamiento a la COVID-19.  Se transmite en vivo como parte de la emisión del Noticiero al Mediodía de la Televisión Cubana y por la página en Facebook y el canal YouTube de la Presidencia y la Cancillería cubanas.

Ministro, por favor, tiene usted la palabra.

Bruno Rodríguez.-  Muchas gracias a todos quienes desde sus casas siguen esta conferencia de prensa en Cuba o en otros países, y reitero la sugerencia de “Quédese en su casa”.

Como conoce nuestro pueblo, el pasado 30 de abril, a las dos y cinco de la madrugada se produjo un ataque con arma de fuego contra la Embajada de Cuba ante los Estados Unidos.

El autor, Alexander Alazo Baró, cuyas imágenes pueden verse (Señala), es una persona de origen cubano que vive en los Estados Unidos desde 2010.

Hemos reconocido la actuación profesional y rápida de las fuerzas de la policía local y del servicio secreto en el momento del ataque; sin embargo, debo decir que el Departamento de Estado demoró casi cinco días para ponerse en comunicación con las autoridades cubanas y emitir alguna comunicación de carácter oficial sobre este grave suceso.

El Departamento de Estado y el Gobierno de los Estados Unidos, lamentablemente, han optado por silenciar este grave ataque terrorista.  Hasta este mismo instante no se ha producido ninguna declaración pública de condena a este hecho, ni de rechazo a un acto terrorista; ante una situación de esta gravedad, es necesario denunciar el silencio cómplice del Gobierno de los Estados Unidos.

Como muestran las imágenes (Señala), el atacante se aproximó a la Embajada, gritó frases ofensivas y lanzó contra la reja una bandera cubana profanada con varias frases incoherentes y después trató de incendiarla con gasolina.

Se produjo entonces un ataque a tiros, como puede verse (Señala), contra la Embajada, que está en medio de la capital de los Estados Unidos, a unas cuadras de la Casa Blanca, utilizando un fusil semiautomático de asalto por parte de un individuo que viajó con el arma y las municiones desde el estado de Pensilvania.  Iba con la intención de batir lo que hubiera delante, incluso seres humanos si hubieren estado en su línea de fuego; él mismo confesó después que actuó con intención de matar.

Debe precisarse que en el momento del asalto y de los disparos —empleó 32 proyectiles— había 10 funcionarios cubanos en la sede de la Embajada bajo fuego.

Es necesario preguntar al Gobierno de los Estados Unidos cuáles son sus motivaciones para mantener silencio sobre el hecho, mantenerlo alejado de la opinión pública y no lanzar mensajes de disuasión de actos como este en cumplimiento de sus obligaciones legales como país sede de la sede diplomática.

Se trata de un acto terrorista, un acto cometido contra nuestra sede diplomática en Washington, pero que no puede verse separado, sino como un resultado directo de la política y del discurso agresivo del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, del discurso de odio y de la permanente instigación a la violencia de políticos estadounidenses y grupos extremistas anticubanos que han hecho de este tipo de ataques su medio de vida.

Se sabe que Alazo Baró planificó el atentado con suficiente antelación, que visitó el lugar de los hechos previamente y con fines de exploración unas dos semanas antes del ataque.

Se declaró en el momento de la agresión como un seguidor del actual Presidente de los Estados Unidos.   Vieron los carteles que profanaban la bandera cubana, y se arropó en la bandera de los Estados Unidos.  No ofreció resistencia al momento de ser arrestado, como acaban de ver en las imágenes de video (Señala).

En los documentos legales a los que el público ha tenido acceso, se establece que, según la esposa, Alazo Baró visitó un hospital, en el que seguramente expresó sus sentimientos y delirios de persecución de supuestos grupos criminales cubanos o del propio Gobierno cubano, y posteriormente visitó las oficinas de varias agencias de aplicación de la ley, es decir, de varias agencias de seguridad nacional de los Estados Unidos para formular acusaciones contra nuestro Gobierno y denunciar que este supuestamente pretendía asesinarlo.

Corresponde al Gobierno de los Estados Unidos explicar qué cursos dio a esas acusaciones de Alazo Baró o cómo actuó cuando un individuo con esas características y esos antecedentes formula ante las agencias de aplicación de la ley acusaciones de cualquier naturaleza contra un país que tiene una sede diplomática en territorio estadounidense.

Debo decir que se aprecia negligencia en la conducta del Gobierno de los Estados Unidos, que no actuó ante informaciones de esa naturaleza.

El señor Alazo Baró había visitado las agencias de aplicación de la ley, era poseedor de una licencia para portar armas, dueño de una pistola marca Glock; obtuvo en el periodo previo al ataque un fusil AK-47 y dos semanas antes, como dije, hizo una exploración in situ, en el lugar de la Embajada.

El Gobierno de los Estados Unidos incumplió su obligación de prevenir este ataque del cual recibió señales suficientes.

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En los documentos legales del arresto se registra que Alazo Baró es una persona que sufre algún trastorno mental, que, según dijo, utiliza medicamentos; sin embargo, también en el propio documento del Gobierno de los Estados Unidos se recoge que se encontró en su auto un paquete de polvo blanco que resultó ser cocaína.

Es sabido que Alazo Baró tenía dificultades económicas, había perdido un pequeño negocio y no tenía empleo en el momento del ataque.  Según declaró su esposa, ellos han transitado por períodos en que no han tenido siquiera vivienda, lo que los ha obligado a vivir en el auto.

Sin embargo, como ya dije, es una persona que tenía licencia para armas y licencia de conducir, ¿cómo pudo haber permitido el Gobierno de los Estados Unidos, disponiendo evidentemente de estos antecedentes, que esta persona actuara de esa manera premeditada con ánimo de agresión y de matar?  Corresponde al Gobierno de los Estados Unidos, también, realizar una investigación exhaustiva, a fondo que permita determinar de dónde salió el dinero utilizado.

Según documentos legales, Alazo Baró actuó motivado por odio a Cuba y por temor a agresiones de supuestos grupos criminales cubanos, que todo el mundo sabe que no existen.  Es sabido que en Cuba no hay organizaciones criminales ni crimen organizado, esto lo sabe el Gobierno de los Estados Unidos y todo el mundo.

Debo informar que Alazo Baró en su infancia y juventud y mientras vivió en Cuba mantuvo una conducta social totalmente normal, con inclinaciones religiosas, y en su etapa profesional se dedicó a la labor pastoral.  Cumplió de manera normal el Servicio Militar General, sin ninguna dificultad o suceso relevante alguno.

En el año 2003 Alazo Baró viajó a México con una visa religiosa para asentarse allí, habiéndose casado antes con una ciudadana mexicana de similar vocación.  Residió en México durante varios años y mantuvo una relación normal con Cuba.  Viajó a nuestro país en ocho ocasiones, la última vez en el año 2015, una relación como la que tienen con Cuba los cubanos que residen de manera permanente en el exterior.

Hay que recordar que en años normales, antes de las medidas de recrudecimiento del bloqueo y restricción de los viajes de cubanos a Cuba, nuestro país era visitado por más de 600 000 cubanos anualmente.  De manera que dentro de las relaciones normales que tiene el país con los cubanos que residen en el exterior, dentro de sus propósitos de reunificación familiar, facilitación de los viajes y del derecho a viajar, Alazo Baró visitó frecuentemente nuestro país, la última vez en el año 2015.

Debo decir que durante su período en el exterior también tuvo contacto regular y recibió servicios consulares de manera normal por parte de nuestras oficinas.  De manera que ha quedado establecido que el señor Alazo Baró nunca tuvo ni ha tenido ningún problema en Cuba ni con su país de origen.

Hay que preguntarse y hay que preguntar al Gobierno de los Estados Unidos cómo un individuo con una conducta normal, religiosa, pacífica se transforma en alguien con problemas mentales que, con escasos recursos económicos, se hace poseedor de un fusil de asalto, se traslada, viaja de un estado a otro de la Unión y se lanza a cometer una agresión armada contra una sede diplomática en la capital de esa nación. Seguir leyendo ES NECESARIO DENUNCIAR EL SILENCIO CÓMPLICE DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS. BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA

DELIRIOS TRUMPISTAS ANTICUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

TRUMP PARAGUAS 2

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITACon inaudito cinismo el gobierno de Trump ha regresado a Cuba a su lista de países que “no colaboran” en la lucha contra el terrorismo. Incluida injustamente durante 33 años en la nómina, la isla fue retirada de ella en 2015 por el presidente Obama como parte de las disposiciones que tomó para iniciar la normalización de relaciones con la isla.  El autor de la lista es nada menos que el gobierno practicante del terrorismo de Estado sistemático en el mundo,  que arrojó las bombas en Hiroshima y Nagasaky, arrasó con Vietnam, Corea, Afganistán, Irak y Siria y comete delito de genocidio con sus unilaterales bloqueos – mantenidos intactos o recrudecidos durante la pandemia- contra Cuba, Venezuela, Irán, Palestina, Corea del Norte y Siria. No es casual que sean casi los mismos los países bloqueados y los incluidos en esa lista. Es el gobierno que con sus incursiones terroristas arrebató la vida a   3 mil 478 personas, dejó 2 mil 99 incapacitados y ocasionó cuantiosos daños económicos en Cuba.

Los argumentos para reinsertar a la isla en la lista no son seroos y muestran el absoluto desprecio de Washington por el derecho internacional. La estancia en Cuba y seguridad personal de miembros del ELN participantes en el proceso de paz son responsabilidades del gobierno cubano como garante de las negociaciones, precisamente  a solicitud de Bogotá. Otra cosa es que Trump le haya ordenado al subpresidente Duque dinamitar la paz y solicitar a La Habana, la extradición de esas personas, un acto ilegal.

El regreso a la lista es parte de la desaforada campaña de odio, agresión y linchamiento mediático contra Cuba iniciada poco después del arribo de Trump a la presidencia, cuando el control de la política hacia la isla ha sido tomado por la extrema derecha de origen cubano. Muy especialmente, el senador Marco Rubio. En esa campaña toman parte activa el secretario de Estado Mike Pompeo, el subsecretario de esa dependencia Michael Kozak y la propia embajada de Estados Unidos en La Habana.

Solo en el curso de 2019 fueron adoptadas más de 80 medidas contra Cuba; entre ellas, la activación total de la extraterritorial Ley Helms-Burton y las acciones punitivas contra las empresas que intervienen en la transportación de vital combustible a Cuba. El propósito es el de siempre: hacer que el pueblo, asfixiado por las carencias, se alce contra el gobierno. Recientemente el jefe del Comando Sur acusó a Cuba de participar con Venezuela en el narcotráfico, contrario a lo que dicen los propios informes de la DEA.

En este clima de odio exacerbado, no debe extrañar el ataque a la embajada de Cuba en Washington con 32 disparos de fusil AK 47. Un emigrado cubano, Alexander Alazo,  estacionó su camioneta  en la calle 16 Northwest, cerca de la Casa Blanca,  bajó de ella con una bandera cubana a la que intentó prender fuego y luego vació el cargador del arma contra la fachada de la sede diplomática.  Después se envolvió en una bandera de Estados Unidos y se entregó pacíficamente a  la policía. Curiosamente, todavía ninguna instancia del gobierno estadounidense ha hecho siquiera mención al atentado. Tómese en cuenta que en el momento del ataque había diez funcionarios cubanos en el edificio.  Mucho menos se ha publicado por Washington una expresión oficial de pesar ante una agresión tan grave, calificada de inmediato y con razón como un acto terrorista por el canciller de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla. Tal declaración era un paso obligado del país anfitrión luego del atentado. Así se desprende de la práctica de la más elemental decencia y cortesía, pero, sobre todo, de la obligación del Estado anfitrión de garantizar la seguridad de las sedes diplomáticas enclavadas en su territorio, según lo establece la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas(1964). Pero la decencia y la cortesía no forman parte del corrupto repertorio político del trumpismo.

Nuevos elementos de juicio sobre los antecedentes y ambiente socio-político del tirador Alazo, aportados el martes 12 por el canciller Rodríguez Parilla(http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/13/bruno-rodriguez-este-ataque-contra-la-embajada-de-cuba-de-naturaleza-terrorista) resultan muy sospechosos. Alazo, tratado como un caso siquiátrico a partir de su declaración después del atentado ante las autoridades estadounidenses, nunca manifestó ese trastorno durante su servicio militar ni en su actividad pastoral en la isla, ni una vez emigrado en su trato con funcionarios consulares. Más sospechosa aún es su inserción en una iglesia protestante de Miami, cuyo pastor, Frank López, es íntimo amigo de Marco Rubio y de Carlos Vecchio, “embajador” de Guaidó. Un miembro de la congregación, Leandro Pérez, que después del atentado afirmó ser su “amigo cercano”, ha llamado al asesinato de Raúl Castro y del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Algo está muy podrido en este caso y el gobierno de Trump debe explicaciones, no sólo a Cuba, sino a la comunidad diplomática en Washington y, claro, al pueblo estadounidense.

Twitter:@aguerraguerra

VENEZUELA, DERROTA GRINGA. ÁNGEL GUERRA CABRERA

mercenarios, tasio

ÁNGEL GUERRA CABRERA

El 29 de abril Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense y ex director de la CIA, pidió, con apremio y no poca alucinación, el alistamiento de su embajada en Caracas “para cuando Maduro deje el poder”. No es necesario ser estratega político para percatarse de que era un guiño al grupo de mercenarios entrenados desde hacía meses por ex boinas verdes de Estados Unidos en tres campamentos situados en la vecina Colombia para realizar una incursión militar en Venezuela. Una incursión que 72 horas después recibió una soberana paliza de la unión cívico-militar-policial bolivariana y en la que participaban dos ex militares de Estados Unidos pertenecientes a la empresa de seguridad de ese país  Silvercorp USA. La existencia de los campamentos había sido denunciada varias veces por el presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ofreció detalles sobre la complicidad, el apoyo y el auspicio del gobierno colombiano a estas actividades. Poco después de la última visita a la Casa Blanca del presidente de Colombia, Iván Duque, Maduro, que evidentemente tiene excelentes fuentes en Bogotá, sentenció que este había regresado con orden de Trump de poner en práctica una agresión contra Venezuela.

Justamente, a la sazón había estallado un escándalo en el país vecino al declarar el ex general y desertor del ejército de Venezuela, Cliver Alcalá, que un alijo de armas ocupado por la fiscalía colombiana estaba bajo su responsabilidad y destinado al ingreso en Venezuela de tres grupos de ex militares venezolanos que atentarían contra la vida de Maduro y los principales líderes bolivarianos. Alcalá, que residía en Colombia hacía tres años hizo esta declaración a la emisora de radio W desde su casa y fue muy preciso: “Las armas incautadas en Colombia pertenecían al pueblo venezolano, en el marco de un pacto o de un convenio firmado por el presidente (Juan) Guaidó, el señor JJ Rendón, el señor (Sergio) Vergara y asesores norteamericanos”. Añadió que había informado este extremo a las autoridades colombianas. La firma del contrato y la participación de SivercorpUSA fue confirmada el domingo pasado en un video por el dueño de la firma, el también ex boina verde Jordan Goudreau.   Curiosamente, Alcalá no solo no fue molestado por los cuerpos de seguridad colombianos sino que estos facilitaron su entrega al gobierno de Estados Unidos, que extrañamente acababa de ofrecer una recompensa por su captura, por haber pertenecido al inexistente “cartel de los soles” cuando tenía posición de mando militar, un invento de la ruin campaña de difamación antivenezolana de Estados Unidos.

Después de todo esto, cuando no es secreto que Duque sea un lacayo de Trump ni que existen siete bases militares estadounidenses en Colombia, habría que ser muy ingenuo para creer que el pupilo de Uribe y Trump no están perfectamente informados de los planes subversivos contra Venezuela. Vamos, que estos se cocinan en el Palacio de Nariño con aliño directo de la Casa Blanca. Por ello tiene una importante carga política el fulminante desmantelamiento por el chavismo de la incursión mercenaria procedente de Colombia y confirma su unidad, cohesión y alta combatividad. Ha sido una acción de unidades navales y militares bolivarianas en la que han tenido un destacado papel la inteligencia popular y las milicias. Es muy aleccionadora la captura de uno de los grupos mercenarios por un puñado de pescadores milicianos y policías municipales que rindieron a los invasores a bordo de la misma lancha en la que pretendían desembarcar. Macuto, en el estado de  La Guaira el punto de la costa del Estado de la Guaira, por  donde pretendía penetrar el grupo terrorista desarticulado el domingo 3 con varias bajas, se encuentra situado a menos de 50 kilómetros de Caracas.  Ese dato y la composición  comando del contingente, que viajó en dos lanchas rápidas, tiende a confirmar los informes de los servicios de inteligencia bolivarianos, de que el plan de los terroristas era atacar el Palacio de Miraflores y asesinar el presidente  Maduro. Sin embargo, llama la atención la declaración de uno de los dos ex militares estadounidenses del grupo capturado en Venezuela, quien afirmó que tenía órdenes de su jefe, de apresar al ejecutivo venezolano y conducirlo a Estados Unidos. ¿Desinformación? ¿Delirio?

Estos hechos se producen en un contexto muy vicioso, cuando Trump acaba de lanzar “la mayor operación antidrogas realizada en el Caribe”. Pero, con inaudito cinismo dirigida contra Venezuela. No contra Colombia, que produce el 90 por ciento de la cocaína del mundo. En medio de la pandemia el grupo delictivo de la Casa Blanca siembra odios, racismo, supremacismo blanco, conflictos.  Acusa a la OMS y a China por la extensión mundial del coronavirus en el intento de desviar la atención de su irresponsable, inepto y criminal gestión de la pandemia en Estados Unidos.  Todo en busca de la reelección del peor presidente de la historia de Estados Unidos.

Twitter:@aguerraguerra

RACISMO EN LA CULTURA ‘MAINSTREAM’. VALENTÍN KHAL

el mayordomo
Forest Whitaker en El Mayordomo (2013)

VALENTÍN KHAL

El racismo es un hecho cultural que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión están dominados por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor.

Se podría afirmar que las cosas han cambiado, que el racismo en Hollywood o en el mundo del espectáculo ya no es como en años pretéritos, casi hay que agradecer que ya no se produzcan películas de añoranza de la esclavitud como Lo que el viento se llevó (1939), todo un largometraje que romantiza a los soldados confederados y presenta a unos personajes negros infantilizados, menores de edad, que tienen que ser tutelados por los blancos. Es cierto que han aparecido series tan interesantes como Master of None Dear White People, series que critican abiertamente los privilegios de los blancos. A ellas irán dedicadas unas palabras más adelante.

La intención de estas líneas es poner el foco de atención sobre aquellas producciones audiovisuales contemporáneas o recientes donde el racismo se expresa de diferentes modos, tanto en la gran pantalla como en series de televisión bien conocidas por todos. Se parte de la premisa de que el racismo no es, necesariamente, el agravio a una persona en razón de su etnia u origen, sino que también lo es su invisibilización, la no presencia de actores no blancos (negros, latinos, asiáticos, etc.) es también racismo.

No vamos a hablar de aquellas tan evidentes como El nacimiento de una nación (1915), Un día de furia (1992), Una tribu en la cancha (1994), El precio del poder (1983)2¿De qué color me quieres? (1986), El Planeta de los simios (1968) o Apocalipsis Now (1979), La lista, por cierto, es aún más larga, simplemente aquí se han expuesto algunas películas donde el racismo es evidente.

Veamos, pues, algunos ejemplos de películas en las que su racismo podría pasar desapercibido, puesto que este mantenimiento de los privilegios de los blancos tiene que seguir existiendo, pero de una manera más disimulada. Vamos a exponerlos según su fecha de estreno

  • La misión (1986): Este drama histórico dirigido por Roland Joffé nos cuenta la historia de unos jesuitas que quieren proteger a los indígenas de la caza furtiva de esclavos, para ello se enfrentan directamente a los intereses de las Coronas española y portuguesa. En ella vemos toda una justificación para la imposición cultural y la evangelización de los indígenas y, por otro lado, se disfraza la labor de los jesuitas, la presencia de los blancos como salvadores y civilizadores.
  • La guerra de las Galaxias Episodio I: La amenaza fantasma (1999): En la ya penúltima trilogía, George Lucas desarrolló una serie de personajes en los que se reflejaban estereotipos raciales como el jamaicano con rastas Jar Jar Binks, que si se ve la película en su versión original, podrá escucharse el acento que le adjudican. También tenemos al avaro mercader judío representado en Watto.
  • La milla verde (1999): El afable papel de Michael Clarke no es más que la representación del negro dócil, incapaz de hacer nada, excepto violar a blancos. Esta misma docilidad de los negros aparece en libros como La cabaña del Tío Tom, de la caucásica Harriet Beecher Stowe.
  • El último Samurai (2003): En esta película vemos una constante que aparece en otros largometrajes como Avatar (2009), Danza entre lobos (1990) o la reciente The Great Wall (2016) y que ya adelantamos en “La misión: El blanco como salvador”. Nathan Algren interpretado por Tom Cruise es un borracho soldado estadounidense que termina en Japón y, se desconoce cómo, decide que debe preservar el estilo de vida samurai. A esto lo llamamos apropiación cultural.
  • Apocalypto (2006): Si antisemita fue su Pasión de Cristo mucho mejor no lo pudo hacer con esta película. La intención de Mel Gibson era promover la cultura maya y aupar a los jóvenes a hablar en su lengua, de ahí que se filmara en maya yucateco. Sin embargo, Gibson se deja llevar por los estereotipos y muestra una cultura violenta, sangrienta, sedienta de sangre y sacrificios humanos, cuando no existe evidencia histórica que permita hacer tales afirmaciones sobre los mayas. Lo que pudo haber sido una bonita oportunidad para hablar sobre estos maravillosos pueblos precolombinos fue desaprovechada.
  • Transformers (2007): Esta superproducción contó con la subvención del Ejército de los Estados Unidos y con su ayuda para grabar en varias bases del propio ejército. El personaje de Jazz, uno de los Autobots, es un negro cuyas frases están llenas de estereotipos y palabras mal sonantes. Este personaje tiene muy pocas líneas en el guión, disminuyendo su visibilización y reduciéndolo a frases como What’s up, little bitches?, entre otras del mismo tipo.
  • El mayordomo (2013): Cecil Gaines (Forest Whitaker) es un afroamericano que comienza a servir como mayordomo en la Casa Blanca. En ella conoce a Eisenhower y a todos sus sucesores, al tiempo que se nos expone el crecimiento del descontento de los afroamericanos por la segregación racial existente. Aquí vemos dos líneas interesantes: por un lado a unos presidentes blancos preocupados por el racismo en su país, en una de las escenas aparece un John. F. Kennedy (James Marsden) realmente afligido por el ataque del Ku Klux Klan a un autobús lleno de afroamericanos, quien acaba promulgando la Ley de Derechos Civiles de 1964; de nuevo el blanco salvador. Por otro, uno de los hijos de Gaines comienza a militar en los Black Panther y a seguir a Malcolm X, a lo que su padre, el mayordomo, se opone. Así pues hay dos tendencias: la de los afroamericanos que buscan acabar con la segregación con la acción directa y los de quienes, a lo Martin Luther King, representan la docilidad y la obediencia al blanco.

A lo arriba comentado, hemos de sumar la práctica del whitewashing que sigue siendo muy habitual en el cine contemporáneo. Consiste en actores blancos que hacen de personas que no son blancas; el caso más famoso es el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes (1961), donde su papel es un japonés. Sin embargo, en la última década son muchas las películas que han usado el whitewashing, impidiendo así la aparición en la gran pantalla de actores y actrices no blancos. Entre los más recientes tenemos títulos como Dragonball Evolution (2009) donde Justin Chatwin interpreta a Goku. A esta podemos sumar otros,  como Prince of Persia: las arenas del tiempo (2010), Jake Gyllenhaal interpreta a un príncipe persa; The social Network (2010) en la que Max Minghella tiene el papel de Divya Narendra, confundador de ConnectU, quien es de origen indio; en Argo (2012), Ben Affleck interpreta al jefe de operaciones de la CIA, Tony Mendez; y más recientemente Ghost in the Shell (2017), donde Scarlett Johansson o Michael Pitt interpretan papeles que en los personajes animados son japoneses, por no hablar de toda la filosofía oriental que ha sido ignorada en el film. Seguir leyendo RACISMO EN LA CULTURA ‘MAINSTREAM’. VALENTÍN KHAL

TRUMP ENSAYA LA INVASIÓN A VENEZUELA. ATILIO A. BORÓN

EL HIJO DE BADUEL. INTENTO DE INVASIÓN VENEZUELA
Numerosos mercenarios fueron abatidos o capturados apenas desembarcaron en las costas venezolanas

ATILIO A. BORÓN

 La frustrada incursión de un grupo de mercenarios pretendiendo desembarcar en las costas de Macuto, estado de La Guaira, es la enésima prueba de que Estados Unidos, es un “estado canalla”; es decir, un país que viola sistemáticamente la legalidad internacional y al hacerlo pone en peligro la paz mundial. La tentativa de la madrugada del pasado domingo confirma que la Casa Blanca persiste en su criminal actitud de mantener el bloqueo e intentar por cualquier medio derrocar a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. E insiste en esta actitud en medio del desastre que la pandemia está produciendo en su país (69.000 muertos y más de 30 millones de desempleados). Imperturbable ante el caos, Trump tiene tiempo para ordenar que una banda de mercenarios ponga en marcha su criminal “licitación para una invasión tercerizada” tal como fuera formalmente anunciada por el bandolero neoyorquino.[1] El objetivo de este primer ataque fue testear la capacidad de respuesta de la FANB (Fuerza  Armada Nacional Bolivariana), su cohesión frente a los invasores y su eventual vulnerabilidad ante la tentación que despierta entre malhechores de todo tipo la millonaria recompensa ofrecida por Washington. A no confundirse: lo ocurrido en Macuto no es un incidente aislado sino un engranaje de un plan meticulosamente concebido y cuyo desenlace final, en la afiebrada alucinación de quienes lo pergeñaron, es el secuestro o el asesinato del presidente Nicolás Maduro y la concreción del tan ansiado como elusivo “cambio de régimen.” De hecho, al día siguiente del primer incidente en Macuto un nuevo colectivo mercenario fue interceptado y sometido por las milicias populares en Chuao, en la región costera del Estado Aragua.[2]

Es indudable que la escala de esta operación fue incomparablemente menor que la que lanzara un grupo de cubanos contrarrevolucionarios en el desembarco de Playa Girón, el 15 de abril de 1961. En aquella ocasión se movilizaron unos 1400 hombres, más de una docena de aviones de transporte y bombarderos, numerosos barcos, tanques y una impresionante armamento. La fulminante respuesta de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas impidió que los invasores lograran su primer objetivo estratégico, preámbulo de otros más ambiciosos: crear una “zona liberada” en donde se instalase un gobierno provisional que obtendría el inmediato reconocimiento de la Casa Blanca y de la OEA y que permitiría que los medios de comunicación y los políticos serviles y sirvientes del imperio presionar a otros gobiernos para que reconozcan el nuevo gobierno cubano y lanzar una campaña mundial para que la “comunidad internacional” avale esta maniobra.

Lo de Macuto tuvo otra dimensión, pero no se debería caer en el error de creer que ese era todo el plan. De hecho, la nueva incursión por Chuao prueba lo que venimos diciendo. Ambos operativos son  “globos de ensayo” para medir la rapidez y contundencia de la respuesta del chavismo y, también, operaciones de distracción para facilitar el eventual ingreso de contingentes de mercenarios –“contratistas militares privados”, según las leyes de Estados Unidos, como Academi (ex Blackwater) y Triple Canopy que cuentan con miles de efectivos- regularmente contratados por la CIA y el Departamento de Estado para realizar lo que eufemísticamente se llaman “operaciones especiales.” Por ejemplo, organizar micro-operaciones en el dilatado litoral atlántico-caribeño de Venezuela o por la extensa frontera colombo-venezolana (2.219 kilómetros) que ofrece muchas rutas alternativas de ingreso ilegal y de difícil detección. Por supuesto que el narcogobierno de Iván Duque en Colombia hará absolutamente cualquier cosa que le sea solicitada por Trump, pues es consciente que si desobedeciera la orden tanto él como su jefe político, Álvaro Uribe Vélez, podrían terminar sus días en una cárcel de máxima seguridad como el ex presidente panameño Manuel  Antonio Noriega. Por otra parte, no puede olvidarse el hecho de que la IVª Flota de Estados Unidos lleva semanas patrullando el Mar Caribe con el pretexto de desarticular las redes del narcotráfico cuando los informes de la DEA señalan que el 93 % de la cocaína que ingresa a ese país lo hace desde Colombia y vía el Océano Pacífico. Ese vasto despliegue naval fue diseñado para otorgar apoyo logístico, y eventualmente de tropas y equipos, a las operaciones desbaratadas en las últimas horas. La situación, por lo tanto, es de extrema gravedad y la subestimación de la prensa es la mejor prueba de que se quiere minimizar el peligro para que el gobierno bolivariano baje su guardia y piense que lo peor  ya pasó. Tal actitud subestima grandemente al liderazgo de Nicolás Maduro y el patriotismo de venezolanas y venezolanos que, de producirse el ataque, propinarán una tremenda derrota a los invasores. Sería bueno que alguien le cuente al ignorante de Trump qué fue lo que le ocurrió a Estados Unidos en Playa Girón y en Vietnam.

Los sicarios mediáticos del imperio dicen que las agresiones a Venezuela cuentan con el beneplácito, o al menos la aquiescencia,  de la “comunidad internacional”. Pero ocurre que esa tal comunidad no existe y es una engañosa entelequia. Así la describió un experto estadounidense, Samuel P. Huntington, conservador pero poco amigo de las “posverdades” y ardides propagandísticos de la derecha. Escribió que “los líderes estadounidenses constantemente dicen que hablan en nombre de ‘la comunidad internacional.’ ¿Pero a quiénes tienen en mente? A China, Rusia, India, Paquistán, Irán, el mundo árabe, América Latina, Francia? ¿Será que algunos de esos países o regiones perciben a Estados Unidos como el vocero de una comunidad de la cual son partes integrantes? La comunidad en cuyo nombre habla Estados Unidos incluye, como mucho, a sus primos anglo-sajones (Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda)… a Alemania y algunas pequeñas democracias europeas … a Israel en cuestiones relacionadas con Oriente Medio y a Japón. Son estados importantes, pero están muy lejos de ser la “comunidad internacional global”.[3]

Pese a ello Trump y sus secuaces de la Fundación Libertad siguen diciendo, por ejemplo, que a Juan Guaidó o el bloqueo a Cuba y Venezuela son apoyados por “la comunidad internacional”. O acusando de “populistas”, “autoritarios” o violatorios de la separación de poderes a los gobiernos latinoamericanos que priorizan la salud de sus poblaciones en lugar de garantizar el libérrimo funcionamiento de los mercados, algo que para Mario Vargas Llosa y su tropa de impresentables políticos comenzando por Álvaro Uribe Vélez, José María Aznar y Mauricio Macri refleja las aspiraciones de la “comunidad internacional.” Mienten a sabiendas y deberían recordar, antes de que tengan un abrupto despertar, la sabia sentencia de Abraham Lincoln cuando dijo que: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

Ante esta ofensiva de Washington lo primero que se impone es la necesidad de cerrar filas en defensa del gobierno bolivariano. La injerencia de Estados Unidos y su peón colombiano los asuntos internos de Venezuela es absolutamente inadmisible y debe ser condenada de modo rotundo. Este es un imperativo categórico, de raíz kantiana, imprescindible para evitar que el sistema internacional desate una espiral incontenible de caos, violencia y muertes. Segundo, será también inaceptable cualquier actitud ecléctica o que pretenda apelar a una imaginaria neutralidad, y menos en tiempos de una pandemia universal. Y si algunos gobernantes extravían el rumbo sea porque ceden a la coerción de la Casa Blanca o debido a sus propias debilidades ideológicas deberán saber que la repulsa popular ante esa conducta más pronto que tarde podría causar el derrumbe de sus gobiernos. Tercero y último: potenciar los dispositivos de coordinación a través de la Internet que nos hemos visto forzados a utilizar debido a la cuarentena para formar un gran movimiento de opinión continental repudiando la ofensiva norteamericana en contra del gobierno bolivariano y, por supuesto, de Cuba, Nicaragua e Irán. Y, agregaríamos, en contra de las políticas de sanciones económicas a Rusia y China y la “extraterritorialidad” de las leyes de Estados Unidos que exacerban las ya de por sí peligrosas tensiones del sistema internacional. Hemos aprendido que aún cuando no podamos reunirnos físicamente podemos hacerlo virtualmente, e impulsar iniciativas de autodefensa que impidan que el capital utilice los estragos de la pandemia para reconstruir, en clave aún más autoritaria, su dominación sobre los pueblos. Este “asociativismo digital” puede y debe convertirse en un significativo aporte para facilitar la coordinación internacional de las luchas antiimperialistas e idóneo instrumento para combatir las mentiras y manipulaciones mediáticas con las que se nos quiere subyugar.

 NOTAS

[1] Cf. María Fernanda Barreto, en Correo del Alba, 26 de Marzo de 2020, accesible en:     https://correodelalba.org/2020/03/26/trump-abre-la-licitacion-para-la-invasion-militar-a-venezuela-en-medio-de-la-pandemia/   La cifra de 55 millones de dólares resulta de sumar los 15 millones ofrecidos por la captura (o el asesinato) de Nicolás Maduro a los que se agregan los 10 millones por Diosdado Cabello y Tareck El Aissami y, además, por los traidores Hugo Carvajal y Clíver Alcalá que seguramente querrán capturarlos vivos. Cf. los datos en el periódico colombiano El Tiempohttps://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/quienes-estan-con-maduro-en-el-cartel-de-recompensas-de-ee-uu-477386

[2] https://twitter.com/oriolsabata/status/1257378597439967239

[3] Cf. “The lonely superpower”, en Foreign Affairs,  Marzo-Abril 1999, Vol. 78, Número 2

Fuente: BLOG DE ATILIO BORÓN

LOS VUELOS DEL CORONAVIRUS. JORGE ELBAUM

Estados Unidos deporta hacia América Latina y el Caribe a migrantes con Covid-19

elbaum, los vuelos trump

JORGE ELBAUM 

ELBAUM 3El gobierno de Donald Trump declaró la emergencia nacional el 13 de marzo pero desde febrero aplica un programa de deportación de latinoamericanos residentes en Estados Unidos, algunos de los cuales fueron trasladados compulsivamente a diversos países pese a ser portadores del virus. La oficina de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) realizó desde mediados de marzo 72 vuelos de destierro hacia 11 países de América Latina y el Caribe, incluidos Brasil y Ecuador, dos de los Estados más contaminados de la región. En un pormenorizado relevamiento realizado por Jake Johnston para el Centre for Economic and Police Research (CEPR), con sede en Washington, se registran los vuelos de destierro pese a su expreso camuflaje digitado por parte de las autoridades del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés), encargado de coordinar los vuelos.

Desde el 15 de marzo hasta el 24 de abril, la ICE efectivizó 21 deportaciones a Guatemala; 18 a Honduras; 12 a El Salvador; 6 a Brasil y 3 a Nicaragua, Ecuador, Haití y República Dominicana, respectivamente. Dado que la CDC implementó los traslados bajo secreto federal, Johnston consignó los mismos gracias al auxilio de un soporte tecnológico de relevamiento aéreo en el que se visualizan la totalidad de los vuelos, incluso en temporadas de clausura aérea.[1] Desde que se llevaron a cabo dichos destierros, varios de los países receptores denunciaron haber recibido pasajeros infectados con Covid-19 en forma compulsiva e inconsulta.

La mayoría de los vuelos detectados en el informe del CEPR partieron de dos aeropuertos: Brownsville, situado en Texas, y Alexandria, en Louisiana. Ambas pistas son administradas por la corporación GEO Group, una de las más grandes empresas privadas que gestiona prisiones estaduales y federales [2]. Luego de los 72 vuelos, las autoridades sanitarias de Brownsville y Alexandria informaron que 11 empleados de ambos aeropuertos han sido internados por ser portadores del virus. Por su parte, las autoridades guatemaltecas informaron, la última semana, que 40 casos confirmados de Covid-19 ingresaron al aeropuerto internacional de La Aurora provenientes de Alexandria. Luego de que el gobierno de Guatemala planteara su desconcierto por el traslado forzado de personas afectadas y clausurara el aeropuerto, las autoridades de Washington respondieron con un comunicado, el último 10 de abril, en el que amenazaban con la imposición de sanciones contra cualquier país que “niegue o demore injustificadamente la aceptación de extranjeros» [3].  Las autoridades guatemaltecas estiman que el 20 % de los casos confirmados de Covid-19 en el país son el resultado de la devolución no planificada de migrantes, cuya virosis se ha expandido fundamentalmente por la capital de ese país.

El 20 de marzo de 2020, el CDS –oficina federal de monitoreo epidemiológico de los Estados Unidos– encargó a la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la expulsión de miles de personas migrantes previamente detenidas. Según el informe oficial de dicho organismo, se llevaron a cabo 2.985 deportaciones en los primeros 11 días de abril. Entre esos deportados, 375 habían dado positivo en los testeos previos a su extradición impuesta. El informe subraya, además, que luego de detectar que muchas de esas personas se encontraban infectadas, se decidió interrumpir los controles para evitar evidencias de que se estaba exportando la virosis. Uno de los deportados, trasladado intempestivamente desde Houston a Nuevo Laredo, en México, provocó la inmediata infección de 13 habitantes de esa ciudad [4]. Se especula que los trasladados hacia Ecuador contribuyeron a la propagación de la enfermedad, cuya letalidad se constituyó en ese país en la más grave del mundo en términos relativos [5].

Exportación de la peste hacia patio trasero

Relevamiento de los vuelos realizados desde el 3 de febrero hasta el 24 de abril contratados por la agencia gubernamental de migraciones de Estados Unidos hacia destinos en América Latina y el Caribe.

 La expulsión de migrantes haitianos, llevada a cabo desde mediados de marzo, provocó un contagio generalizado. Dicha situación motivó la airada protesta de 27 miembros del Capitolio, quienes demandaron la interrupción de las deportaciones a Puerto Príncipe, antes de que las mismas generaran un catástrofe de proporciones, dadas las  deficitarias condiciones de atención sanitaria que posee el país caribeño [6]. El supremacismo xenófobo impulsado por Trump no se limitó únicamente a la exportación virológica, sino que se amplió al negarle la ayuda estatal de 1.200 dólares, conocida como CARES, aprobada en el Congreso para  enfrentar la cuarentena instituida por la pandemia, a 15 millones de desempleados. Dicho aporte tampoco podrá llegar a quienes poseen un reconocimiento de residencia provisorio, que pagan sus impuestos de forma directa en el marco del Individual Taxpayer Identification Number (ITIN). La exclusión alcanza, además, a 1 millón de inmigrantes que se encuentran en el país bajo los programas de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Seguir leyendo LOS VUELOS DEL CORONAVIRUS. JORGE ELBAUM

ALTO A LA AGRESIÓN CONTRA CUBA. TODA NUESTRA SOLIDARIDAD

Declaración del Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos.

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A la larga lista de atentados terroristas contra Cuba y sus representaciones diplomáticas en el exterior organizados y financiados desde EE.UU, se sumó hoy jueves 30 de abril, el ataque armado a la sede de la Embajada de Cuba en Washington.

Desde el Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos, repudiamos con todas nuestras fuerzas esta nueva agresión, que lejos de parecer un hecho aislado está estrechamente vinculado a la política de odio y agresividad extrema del gobierno de Donald Tump.

Junto al recrudecimiento brutal del bloqueo, que impide a Cuba adquirir equipos e insumos para enfrentar la pandemia, alimentos y combustible, con apenas 24 horas de diferencia el arrogante secretario de Estado Mike Pompeo fue portavoz de una campaña infame, basada en la calumnia y la mentira contra la cooperación médica internacional cubana que enfrenta la Covid-19 en el mundo.

Sin el menor pudor Pompeo, que ha reconocido que la CIA le enseñó a mentir, robar y engañar, criticó a Sudáfrica y Qatar por solicitar la cooperación de la Brigada Médica Cubana Henry Reeve especializada en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias para enfrentar la Covid-19.

En este clima de extrema hostilidad de EE.UU, que llega a límites inhumanos en medio de una pandemia, se ejecutó el atentado contra la Embajada.

Desde todo el mundo se expresa la condena a un acto cobarde y criminal que entre los daños materiales, hizo blanco en la escultura que preside la entrada de la Embajada, como agravio a todo el pueblo cubano, la sagrada escultura de José Martí, poniendo en serio peligro la integridad física de los funcionarios y diplomáticos cubanos que se encontraban allí y los vecinos estadounidenses que se horrorizaron ante la secuela de tiros que los despertaron en la madrugada.

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LA PANDEMIA Y LA BATALLA VENIDERA. ÁNGEL GUERRA CABRERA

Por más que Trump haya supeditado criminalmente la gestión de la crisis al éxito empresarial, a sus payasadas y a su afán reeleccionista, un sistema basado en el lucro y atravesado por una profunda crisis multidimensional, no podía conseguir mucho más.

ESCORPIONES SUCIDÁNDOSE

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITAUna formidable industria médica como la estadounidense,  dominada al extremo por la ganancia capitalista, se ha mostrado incapaz de enfrentar al coronavirus. Por más que Trump haya supeditado criminalmente la gestión de la crisis al éxito empresarial, a sus payasadas y a su afán reeleccionista, un sistema basado en el lucro y atravesado por una profunda crisis multidimensional, no podía conseguir mucho más.

El hecho es que Estados Unidos se ha visto superado en su desempeño frente al ataque del patógeno por el de países pobres y subdesarrollados como Argentina, Venezuela y México. No se diga Cuba, cuyo complejo científico y biomédico, con el apoyo de Raúl y Díaz-Canel, está consiguiendo valiosos hallazgos terapéuticos en el combate a la COVID-19, y, al final de la jornada, quedarán seguramente confirmados por sus positivos resultados. El férreo bloqueo de Estados Unidos no se lo ha podido impedir, como tampoco el rápido despliegue de 20 brigadas médicas para batir al virus desde el Caribe, pasando por África, hasta el mismo corazón de Europa occidental.

A diferencia de sus homólogos neoliberales, los presidentes Alberto Fernández y López Obrador han puesto en primer lugar el respeto a sus comunidades científicas y a la vida en la estrategia ante la enfermedad e impreso un sello social a la protección de los más necesitados. De la misma manera, Venezuela, donde el más despiadado cerco económico, la amenaza de acciones militares yanquis y los bajos precios del petróleo no han conseguido doblar al gobierno del presidente Maduro, que adoptó temprano una estrategia integral para proteger del patógeno a la población. La pandemia, magna tragedia planetaria, ha tenido en cambio la virtud de mostrar al total desnudo la incompatibilidad del neoliberalismo con la preservación de la vida y el carácter intrínsecamente genocida de este modelo.

Cuando Estados Unidos, no obstante su colosal avance científico y en medicina, encabeza tanto el conteo mundial de contagiados con casi 900 000 como el de fallecidos, con 45 150, queda claro que la ciencia, lejos de favorecer al ser humano, puede llegar a convertirse en su enemigo si no va acompañada del alto sentido humanista que le ha de ser intrínseco y no pasa de ser un instrumento al servicio exclusivo de las elites explotadoras del trabajo y depredadoras de la naturaleza. ¿Cómo es posible que médicos y enfermeros no hayan dispuesto ni siquiera de los equipos de protección personal indispensables para preservar su vida y la de los pacientes en la potencia del norte, que gasta anualmente 618 mil setecientos millones de dólares en publicidad y 8 mil billones de dólares en armamentos y guerras? ¿Que esos equipos hayan conformado, estimulado por una Casa Blanca de mercaderes, un lucrativo mercado negro especulativo, lejos del alcance de las instituciones de salud? He leído el conmovedor relato del  director de un hospital que para disponer de estos materiales tuvo que viajar lejos por ellos, haciendo pasar los camiones por trasportadores de alimentos para poder escapar al hostigamiento de las agencias federales. (www.commondreams./2020/04/20/ a snapshot for a system in breakdown )

De no haber sido por cuantiosos suministros chinos, México, Venezuela, Argentina  y Cuba no habrían dispuesto a tiempo de estos útiles indispensables para salvar la vida de médicos y pacientes. La Habana, por cierto, perdió un alijo de ventiladores debido a la compra de dos entidades proveedoras por una empresa estadounidense, que invocó el bloqueo para no entregarle el contrato pactado.

Ante el avance del virus, China y Rusia han mantenido un saludable espíritu de cooperación internacional en el marco de los principios de la ONU y de la Organización Mundial de la Salud, muy distante de las actitudes egoístas de Estados Unidos con respecto al mundo y de Alemania y Holanda con relación a los miembros mediterráneos de la Unión Europea (UE). Sería un milagro que la UE sobreviviera al doble embate de la pandemia y la magna depresión económica que se avecina con decenas de millones de desempleados. De la misma manera que asombra el liderazgo internacional que ha perdido Washington, una tendencia observada desde principios de siglo, pero extraordinariamente acelerada por Trump y su pandilla de blancos multimillonarios, sionistas tipo Jared Kushner y cristianos sionistas del talante del secretario de Estado Pompeo.

Ninguna epidemia es motor de cambio social, aunque dada la enorme magnitud de esta y la gigantesca crisis económica que la acompaña, sí puede servir de oportunidad para que las fuerzas populares y progresistas consigan avanzar resueltamente lo que no habían imaginado ni en sus sueños más optimistas. Pero en Washington es la ultraderecha trumpista la que hace aprobar ya en las cámaras planes que si acaso entregan migajas a los más necesitados y le sirven con cuchara gorda a los adinerados amiguetes. Ya Trump ha dicho que salvará a la maligna industria del petróleo de esquisto.

Twitter: @aguerraguerra

ATAQUE EXPONENCIALMENTE CRIMINAL. PASQUALINA CURCIO CURCIO

BOLIVARES 1

PASQUALINA CURCIO CURCIO

PASQUALINA 3Nuevamente el gobierno de EEUU ataca al pueblo venezolano. No es que lo hayan dejado de hacer en algún momento, realmente llevan 20 años en ese plan, sin embargo y a pesar de la pandemia que azota a la humanidad, uno esperaría por lo menos una tregua en esta guerra no convencional que el imperialismo declaró al pueblo venezolano por el solo hecho de que decidimos ser un pueblo libre y soberano. Pero no, por el contrario, arremeten y en escalada.

En plena pandemia intensificaron el bloqueo comercial y financiero, aterrorizan a quienes estén dispuestos a vendernos alimentos y medicamentos incluyendo a las navieras; nos tienen retenidos alrededor de 5 mil millones de dólares en sus bancos, los cuales, en esta emergencia sanitaria nos permitirían abastecer de alimentos a todo el pueblo venezolano durante un par de años. Por si fuera poco, embistieron con la denuncia infundada de que somos un narco Estado para justificar así la eventual invasión a territorio venezolano, lo que, entre paréntesis, resultó una gran torpeza, porque ni ellos mismos se lo creyeron, no obstante para completar el show enviaron buques al Mar Caribe a incautar la droga colombiana que nunca pasa por Venezuela sino que toma otra ruta para llegar a EEUU: la del Océano Pacífico.

Es el caso que, dada la crisis económica y humanitaria que en estos momentos atraviesa EEUU, estas amenazas de invasión no son más que fanfarronadas. EEUU no tiene en estos momentos ni la capacidad económica, ni logística para iniciar una invasión, a lo que debemos sumar que la humanidad entera que batalla contra el Covid-19 vería con muy malos ojos cualquier intento de agresión (aunque no es esto lo que más preocupa a la Casa Blanca).

Además de una deuda externa impagable de 24 billones de dólares, EEUU se enfrenta a una recesión económica consecuencia de la pandemia y a una crisis sanitaria con más de 700 mil personas contagiadas que han obligado a la Reserva Federal a imprimir 2.2 billones de dólares para salvar la Bolsa de Valores y otorgar bonos a la población estadounidense, que en un 40% se encuentra en situación de pobreza y sin acceso a los servicios de salud.

Es tal la crisis que atraviesa el país del norte que ha recurrido a la piratería y al pillaje para hacerse de mascarillas y respiradores. También nos acaba de robar nuestro dinero colocado en el City Bank girando la instrucción de que fuese transferido a la Reserva Federal y ni siquiera ha podido cumplir con sus compromisos de pago a la OMS.

Sumemos a esta crítica situación el miedo que invade a los marines estadounidenses de verse abandonados en altamar si estuviesen infectados por el covid-19.

En todo caso no hay que bajar la guardia ante tan impredecible enemigo, y en este sentido, nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, incluyendo los 4.156.567 de milicianos, están conscientes de ello.

Ataque exponencial contra el bolívar

En este escenario de limitaciones económicas y logísticas, escalar el ataque al bolívar y manipular su precio para inducir la hiperinflación resulta una opción para EEUU que, sin mayor requerimiento económico, ni movilización de tropas, busca desestabilizar económica y políticamente a Venezuela desde dentro. Con solo apretar un botón, en menos de un mes atacaron y “depreciaron” 74% el bolívar: pasó de 75.000 BsS/US$ a 138.000 BSS/US$.

Atacar la moneda e inducir la hiperinflación son actos criminales, pero accionar esta arma en una situación de cuarentena colectiva es exponencialmente genocida. Como el resto de la humanidad, en Venezuela estamos combatiendo a ese minúsculo enemigo invisible, disciplinadamente nos hemos quedado en casa, lo que ha implicado que las industrias, los comercios, las escuelas, han cerrado sus puertas, han dejado de producir. En estas circunstancias los trabajadores del sector privado que dependen de su salario para vivir, y sobre todo los que forman parte del sector informal de la economía se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Si a esta situación le sumamos el hecho de incrementos desproporcionados de los precios de los bienes esenciales inducidos por el ataque al bolívar, la capacidad de adquirirlos se reduce. Seguir leyendo ATAQUE EXPONENCIALMENTE CRIMINAL. PASQUALINA CURCIO CURCIO

LA IDEOLOGÍA ESTADOUNIDENSE. SAMIR AMÍN

Escrito y publicado en los albores del nuevo milenio, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, este texto del pensador egipcio Samir Amín conserva una vigencia admirable, digna de mayores visitas. De su lectura surgen, inevitablemente, asociaciones con la obra de otro grande del pensamiento contemporáneo, el intelectual norteamericano Howard Zinn, cuya visión de la historia de su país resulta igualmente lapidaria. Diríase que hoy todo está peor en lo que respecta a Estados Unidos, sumergido ahora mismo en uno de  los más hondos abismos de su ya larga crisis. El mundo, por otra parte, no está precisamente mejor, excepto para quienes saben (y humildemente me incluyo) que, no obstante la incertidumbre microbiológica que nos consume, cuando la noche es más oscura y pareciera que gobierna el silencio, es porque el amanecer está más cerca. Apretemos el paso, entonces, y no perdamos tiempo.

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SAMIR AMÍN*

samir 8Hoy EEUU está gobernado por una junta de criminales de guerra que llegaron al poder a través de une especie de golpe [de Estado]. Aquel golpe pudo haber sido precedido por unas (dudosas) elecciones: pero no debemos olvidar que Hitler fue igualmente un político elegido. En esta analogía, el 11 de septiembre cumple la función del «incendio del Reichstag» [1], permitiendo a la Junta garantizar sus poderes de fuerza policial similares a aquellos de la Gestapo. Tienen su propio Mein Kampf –la Estrategia de Seguridad Nacional [2]–, sus propias asociaciones de masas –-las organizaciones patrióticas– y sus propios predicadores [3]. Es vital que tengamos el coraje de decir estas verdades y de dejar de enmascararlas en frases como «nuestros amigos estadounidenses» que han dejado de tener significado.

La cultura política es el producto a largo plazo de la Historia. Como tal, es obviamente específica de cada país. La cultura política estadounidense es claramente distinta de lo que ha emergido en la historia del continente europeo: mediante el establecimiento de Nueva Inglaterra por sectas protestantes extremistas se ha configurado el genocidio de los pueblos indígenas del continente, la esclavitud de los africanos y la emergencia de comunidades segregadas por sus especificidades étnicas como resultado de sucesivas oleadas migratorias durante el siglo XIX.

La modernidad, el secularismo y la democracia no son el resultado de una evolución en las creencias religiosas o siquiera revolucionarias; por el contrario, es la fe la que ha tenido que ajustarse para satisfacer las exigencias de estas nuevas fuerzas. Este ajuste no se ha producido exclusivamente en el protestantismo; tuvo el mismo impacto en el mundo católico aunque de modo distinto. Se creó un nuevo espíritu religioso, liberado de todo dogma. En ese sentido, no fue la Reforma la que otorgó la precondición para el desarrollo capitalista, aunque la tesis de Weber ha sido ampliamente aceptada en las sociedades protestantes de Europa, que fueron favorecidas por la importancia que les dio. Tampoco la Reforma representa interpretaciones tempranas del cristianismo; al contrario, la Reforma fue simplemente la más primitiva y confusa forma de una ruptura.

Un aspecto de la Reforma fue el trabajo de las clases dominantes conducidas por la creación de iglesias nacionales (anglicana o luterana) controladas por dichas clases. Como tales, esas iglesias representaron un compromiso entre la burguesía emergente, la monarquía y los grandes terratenientes, a través del cual pudieron acorralar la amenaza que representaban los pobres y los campesinos.

Marginar con eficacia la idea católica de universalidad estableciendo iglesias nacionales sirvió, en particular, para reforzar el poder de la monarquía, fortaleciendo su autoridad como árbitro entre las fuerzas del Antiguo Régimen y aquéllas de la burguesía ascendiente, y reforzar el nacionalismo de esas clases, retrasando, con ello, la emergencia de nuevas formas de universalismo que serían promovidas más tarde por el socialismo internacionalista.

Sin embargo, otros aspectos de la Reforma fueron conducidos por las clases más bajas que eran las principales víctimas de las transformaciones sociales provocadas por el nacimiento del capitalismo. Esos movimientos recurrieron a formas de lucha tradicionales derivadas de los movimientos milenaristas de la Edad Media. Como resultado, lejos de abrir el camino, estuvieron predestinadas a retrasar las necesidades de su tiempo. Las clases dominantes tendrían que esperar hasta la Revolución Francesa –y a sus formas de movilización democrática, popular, laica y radical– y al advenimiento del socialismo para hallar vías [que permitieran] articular efectivamente sus exigencias al respecto de las nuevas condiciones en las que vivían. Los primeros grupos protestantes modernos, se cimentaron en ilusiones fundamentalistas y ello, en cambio, favoreció la réplica infinita de sectas esclavas del mismo tipo de visión apocalíptica que prolifera actualmente en EEUU.

Las sectas protestantes que se vieron obligadas a emigrar en el siglo XVII desde Inglaterra, habían desarrollado una forma de cristianismo diferenciado tanto del catolicismo como del dogma ortodoxo. Por ello, su imagen del cristianismo no era compartida siquiera por la mayoría de los protestantes europeos, incluidos los anglicanos, de donde emergió la mayoría de la clase gobernante británica. En términos generales, podemos decir que la genialidad esencial de la Reforma fue reclamar el Antiguo Testamento, que había sido marginado por el catolicismo y la Iglesia Ortodoxa cuando definieron al cristianismo como una ruptura con el Judaísmo. Los protestantes resituaron al cristianismo en su lugar como sucesor legítimo del Judaísmo.

Legitimidad bíblica

La particular forma de protestantismo que halló su vía en Nueva Inglaterra sigue configurando la ideología estadounidense en la actualidad. Primero, facilitó la conquista del «Nuevo Continente», instruyendo su legitimidad en base a referencias bíblicas (la referencia bíblica de la violenta conquista de Israel de la «Tierra Prometida» es un tema constantemente reiterado en el discurso de EEUU). Más tarde, EEUU extendió su misión encomendada por Dios hasta abarcar el mundo en su totalidad. Por ello, los estadounidenses han comenzado a verse a sí mismos como el «pueblo elegido» (en la práctica, un sinónimo del término nazi Herrenvolk). Esta es la amenaza a la que hacemos frente en la actualidad. Y por ello el imperialismo estadounidense (y no el Imperio) será incluso más brutal que sus predecesores, la mayoría de los cuales nunca reivindicaron estar investidos por una misión divina.

No estoy entre los que creen que el pasado puede repetirse. La Historia transforma a los pueblos. Eso es lo que ha pasado en Europa. Sin embargo, desgraciadamente, la historia de EEUU, lejos de trabajar por la erradicación de sus horribles orígenes, ha reforzado aquel horror y ha perpetuado sus efectos. Ello es así tanto para la «Revolución americana» como para la colonización del país mediante sucesivas oleadas migratorias.

A pesar de los intentos actuales de promover sus virtudes, la «Revolución americana» no fue más que una limitada guerra de independencia bastante desprovista de cualquier dimensión social. En ningún caso en el curso de su revuelta contra la monarquía británica intentaron los colonos americanos transformar las relaciones económicas y sociales: simplemente rechazaron seguir compartiendo los beneficios con las clases gobernantes de la metrópoli. Querían el poder para sí mismos no para cambiar las cosas, sino para seguir haciéndolas igual, aunque con más determinación y mayores márgenes. El objetivo prioritario era proceder a la colonización del Oeste que implicaba, entre otras cosas, el genocidio de los americanos nativos. Igualmente, los revolucionarios nunca cambiaron la esclavitud. De hecho, la mayoría de los líderes revolucionarios eran propietarios de esclavos y sus prejuicios sobre esta cuestión se mostraron inquebrantables.

El genocidio de los nativos americanos estaba implícito en la lógica de la nueva elección de la misión divina para los pueblos. Su masacre no puede ser condenada simplemente sobre la base de la moral de un pasado arcaico y distante. Hasta 1960, el acto del genocidio se proclamaba abierta y orgullosamente. Las películas de Hollywood oponían al bien de los cowboys el diablo nativo americano, y esta tergiversación del pasado ha sido central en la educación de sucesivas generaciones.

Lo mismo ocurre con la esclavitud. Tras la independencia, tuvo que pasar cerca de un siglo antes de que la esclavitud fuera abolida. Y a pesar de las demandas de la Revolución Francesa en el sentido contrario, cuando se produjo el hecho de la abolición no tuvo nada que ver con la moralidad (solo se produjo porque la esclavitud ya no servía a la causa de la expansión capitalista). Así, los afro-americanos tendrían que esperar otro siglo para que se les concediese unos mínimos derechos civiles. E incluso entonces, el racismo profundamente arraigado de las clases dirigentes ha sido difícilmente desafiado. Hasta la década de los 60 el linchamiento siguió siendo un hecho habitual que procuraba un pretexto en los pic-nics familiares. De hecho, la práctica del linchamiento persiste en la actualidad, de modo más discreto e indirecto, en las vías de un sistema judicial que envía a miles de personas a la muerte (la mayoría afro-americanos) a pesar del conocimiento general de que al menos la mitad de los condenados son inocentes.

Migración e individualismo

Las sucesivas olas de inmigración han ayudado igualmente al reforzamiento de la ideología estadounidense. Los inmigrantes no son en modo alguno responsables de la miseria y la opresión que causan sus exilios. Dejan su tierra como víctimas. Sin embargo, la emigración significa igualmente la renuncia a la lucha colectiva para cambiar las condiciones en sus países de origen; cambian su sufrimiento por la ideología individualista del país receptor desarraigándose. Este cambio ideológico sirve igualmente para retrasar la emergencia de la conciencia de clase que escasamente tiene tiempo para desarrollarse antes de que una nueva oleada de inmigrantes llegue para ayudar a abortar su expresión política. Desde luego, la migración contribuye también al «fortalecimiento étnico» de la sociedad estadounidense. La noción de «éxito individual» no excluye el desarrollo de fuertes comunidades étnicas de apoyo (irlandesa, o italiana, por ejemplo) sin las que el aislamiento individual resultaría insoportable. Sin embargo, también en esto, el fortalecimiento de identidades étnicas es un proceso que el sistema estadounidense cultiva únicamente para recuperarlo ya que debilita inevitablemente la conciencia de clase y la ciudadanía activa.

Así, mientras el pueblo de París se estaba preparando para «asaltar el cielo» (según la Comuna de 1871), las ciudades de EEUU proporcionaron el escenario para una serie de guerras asesinas entre bandas formadas por generaciones sucesivas de pobres emigrantes (irlandeses, italianos, etc.) cínicamente manipulados por las clases dirigentes. Seguir leyendo LA IDEOLOGÍA ESTADOUNIDENSE. SAMIR AMÍN

LA EXPANSIÓN VIRAL SE DETENDRÁ SI ACTUAMOS DE CONJUNTO  

Estados Unidos comete un crimen y lo saben sus funcionarios cuando, al atacar en medio de una pandemia la cooperación internacional que brinda Cuba, se propone privar a millones de personas del derecho humano universal a los servicios de salud. 

El impacto de la COVID19 puede medirse ya y podrá evaluarse en el futuro por la impresionante cantidad de personas infectadas, por las cifras inaceptables de muertes, por el daño indiscutible a la economía mundial, a la producción, el comercio, el empleo y los ingresos personales de millones de personas.  Es una crisis que rebasa con creces el ámbito sanitario.

La pandemia llega y se propaga en un escenario previamente caracterizado por la abrumadora desigualdad económica y social entre y dentro de las naciones, con flujos migratorios y de refugiados sin precedentes; en el que la xenofobia y la discriminación racial vuelven a aflorar; y en el que los impresionantes avances de la ciencia y la tecnología, particularmente en materia de salud, se concentran cada vez más en el negocio farmacéutico y la comercialización de la medicina, en vez de dirigirse a asegurar el bienestar y la vida saludable de las mayorías.

Llega a un mundo lastrado por patrones de producción y consumo que se sabe son insostenibles e incompatibles con la condición agotable de los recursos naturales de los que depende la vida en el planeta, particularmente en los países más industrializados y entre las élites de los países en desarrollo.

Antes de que se identificara al primer enfermo, había 820 millones de personas hambrientas en el mundo, 2 mil 200 millones sin servicios de agua potable, 4 mil 200 millones sin servicios de saneamiento gestionados de forma segura y 3 mil millones sin instalaciones básicas para el lavado de las manos.

Ese escenario resulta más inadmisible cuando se conoce que a nivel global se emplean al año unos 618 mil 700 millones de dólares estadounidenses solo en publicidad, junto a un billón 8 mil millones de dólares estadounidenses en gasto militar y de armamentos, que resultan totalmente inútiles para combatir la amenaza de la COVID19, con sus decenas de miles de muertes.

El virus no discrimina entre unos y otros. No lo hace entre ricos y pobres, pero sus efectos devastadores se multiplican allí donde están los más vulnerables, los de menos ingresos, en el mundo pobre y subdesarrollado, en los bolsones de pobreza de las grandes urbes industrializadas. Se siente con especial impacto ahí donde las políticas neoliberales y de reducción de los gastos sociales han limitado la capacidad del Estado en la gestión pública.

Cobra mayores víctimas donde se han recortado los presupuestos gubernamentales dedicados a la salud pública.  Provoca mayor daño económico donde el Estado tiene pocas posibilidades o carece de opciones para salir al rescate de quienes pierden el empleo, cierran sus negocios y sufren la reducción dramática o el fin de sus fuentes de ingresos personales y familiares. En los países más desarrollados, produce más muertes entre los pobres, los inmigrantes y, específicamente en Estados Unidos, entre los afroamericanos y los latinos.

Como agravante, la comunidad internacional afronta esta amenaza global en momentos en que la mayor potencia militar, económica, tecnológica y comunicacional del planeta despliega una política exterior dirigida a atizar y promover los conflictos, las divisiones, el chauvinismo y posiciones supremacistas y racistas.

En instantes en que enfrentar globalmente la pandemia requiere impulsar la cooperación y estimular el importante papel de las organizaciones internacionales, particularmente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el actual gobierno de los Estados Unidos ataca al multilateralismo y busca descalificar el reconocido liderazgo de la OMS. Continúa, además, en su mezquina intención de aprovechar el momento para imponer su dominación y agredir a países con cuyos gobiernos tiene discrepancias.

Son ejemplos ilustrativos las recientes y graves amenazas militares contra la República Bolivariana de Venezuela y la proclamación anteayer, por parte del presidente de los Estados Unidos, del Día y la Semana Panamericanos del 14 al 18 de abril, acompañada de declaraciones neocoloniales e inspiradas en la Doctrina Monroe contra Venezuela, Nicaragua y Cuba, en recordación de la Conferencia Panamericana, condenada hace 130 años por José Martí. Por esos mismos días, se produjeron, en 1961, los combates de Playa Girón.

Otro ejemplo es el ataque inmoral y persistente contra el esfuerzo cubano de brindar solidaridad a aquellos países que han solicitado cooperación para enfrentar la COVID19. En vez de dedicarse a promover la cooperación y estimular una respuesta conjunta, altos funcionarios del Departamento de Estado de ese país dedican su tiempo a emitir declaraciones de amenaza contra aquellos gobiernos que, ante el drama de la pandemia, optan soberanamente por solicitar ayuda a Cuba.

Estados Unidos comete un crimen y lo saben sus funcionarios cuando, al atacar en medio de una pandemia la cooperación internacional que brinda Cuba, se propone privar a millones de personas del derecho humano universal a los servicios de salud. Seguir leyendo LA EXPANSIÓN VIRAL SE DETENDRÁ SI ACTUAMOS DE CONJUNTO  

OAKLAND, LA SOBRECOGEDORA SENCILLEZ DE UN GESTO

En estos días de expansión incontrolada y devastadora del nuevo coronavirus en Estados Unidos, Alicia JRAPKO me envía estas fotos, realizadas por su compañero Bill HACKWELL en la ciudad de Oakland. La intensa sencillez de las imágenes, revela solidaridad entre la gente y, al mismo tiempo, un innegable desamparo. 

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En una rotonda de un barrio de Oakland, los pobladores agradecen tambén de este modo los “trabajadores esenciales”. Foto: Bill HACKWELL
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Ante la incontrolada embestida del nuevo coronavirus, los vecinos de la calle Shafter proclaman su fortaleza, Foto: Bill HACKWELL

TRUMP, EL PEOR PRESIDENTE EN LA HISTORIA DE ESTADOS UNIDOS. MAX BOOT

THE WASHINGTON POST

TRUMP DE ESPALDAS 3

MAX BOOT*

MAX BOOTHasta ahora, había sido reacio a etiquetar a Donald Trump como el peor presidente en la historia de Estados Unidos. Como historiador, sé cuán importante es permitir el paso del tiempo para obtener un sentido de perspectiva. Algunos presidentes que les parecieron espantosos a sus contemporáneos (Harry S. Truman) o simplemente mediocres (Dwight D. Eisenhower y George H.W. Bush), lucen mucho mejor en retrospectiva. Otros, como Thomas Jefferson y Woodrow Wilson, ya no se ven tan bien como solían hacerlo.

Ya había escrito, el 12 de marzo, que Trump es el peor presidente de los tiempos modernos, pero no de todos los tiempos. Eso dejó abierta la posibilidad de que James Buchanan, Andrew Johnson, Franklin Pierce, Warren Harding o algún otro don nadie, pudiera ser juzgado con mayor severidad. Pero en el último mes, ya hemos visto lo suficiente como para eliminar la clasificación “de los tiempos modernos”. Con su catastrófica gestión ante el coronavirus, Trump ya es el peor presidente en la historia de Estados Unidos.

Su único gran competidor por ese dudoso honor sigue siendo Buchanan, cuya indecisión contribuyó a que termináramos en la Guerra de Secesión, el conflicto más letal en la historia de Estados Unidos. Buchanan podría seguir siendo el perdedor más grande. Sin embargo, hay buenas razones para creer que la Guerra Civil se hubiera desatado de cualquier manera. En cambio, no hubo nada inevitable acerca de la magnitud del desastre que enfrentamos actualmente.

La situación es tan crítica que es difícil aceptarla. The Atlantic destaca: “Durante la Gran Recesión de 2007 a 2009, la economía sufrió una pérdida neta de aproximadamente 9 millones de empleos. La recesión de la pandemia ha visto casi 10 millones de solicitudes de prestaciones por desempleo en apenas dos semanas”. The New York Times estima que el índice de desempleo está alrededor de 13%, el más alto desde el fin de la Gran Depresión, hace 80 años.

Mucho peor que eso es la mortandad. Ya tenemos más casos confirmados de coronavirus que cualquier otro país. Trump declaró el 26 de febrero que la epidemia pronto estaría “casi en cero”. Ahora sostiene que si el número de muertos es de 100,000 a 200,000 —una cantidad mayor que todas las muertes estadounidenses en todas nuestras guerras combinadas desde 1945— será una demostración de que ha hecho “un muy buen trabajo”.

No. Será una señal de que él es un miserable fracaso, porque el coronavirus es la catástrofe más previsible en la historia de Estados Unidos. Las advertencias sobre los ataques de Pearl Harbor y el 11 de septiembre fueron evidentes solo en retrospectiva. Esta vez, no se requirió de ninguna inteligencia ultrasecreta para ver lo que se venía. La alarma fue activada en enero en los medios por expertos y por líderes demócratas como el ahora candidato presidencial, Joe Biden.

Algunos funcionarios del gobierno ofrecieron advertencias similares directamente a Trump. Un equipo de reporteros del Post escribió el 4 de abril: “El gobierno de Trump recibió su primera notificación formal sobre la epidemia del coronavirus en China el 3 de enero. En cuestión de días, las agencias de espionaje estadounidenses le confirmaron la seriedad de la amenaza a Trump, incluyendo una advertencia sobre el coronavirus —la primera de muchas— en el informe diario presidencial”. Pero Trump no estaba escuchando.

El artículo del Post es la disección más minuciosa del fracaso de Trump en prepararse para la tormenta inminente. Trump fue informado por primera vez sobre el coronavirus por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, el 18 de enero. Sin embargo, de acuerdo con la nota del Post, “Azar le comentó a varios allegados que el presidente creía que estaba siendo ‘alarmista’ y Azar tuvo dificultades para captar la atención de Trump para que se concentrara en el problema”. Cuando se le preguntó públicamente por primera vez a Trump sobre el virus, el 22 de enero, afirmó: “Lo tenemos totalmente bajo control. Es una persona que viene de China”.

En los días y semanas siguientes a que Azar lo alertara sobre el virus, Trump habló en ocho mítines y se fue a jugar golf seis veces, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

La incapacidad de Trump en enfocarse en el problema, señala el Post, “sembró una importante confusión en el público y contradijo los mensajes urgentes de los expertos en salud pública”. También permitió que varios errores burocráticos no fueran atendidos como fallas graves, como realizar suficientes pruebas de diagnóstico o almacenar suficientes equipos de protección y respiradores. Seguir leyendo TRUMP, EL PEOR PRESIDENTE EN LA HISTORIA DE ESTADOS UNIDOS. MAX BOOT