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Una exposición de SÁNDOR GONZÁLEZ VILAR: “EXORCISMOS DEL HORROR Y OTROS DEMONIOS”, palabras de CLAUDIA GONZÁLEZ MACHADO

2270 Tornado 160x130 cm mixta lienzo 2019)

CLAUDIA GONZÁLEZ MACHADO*

Mefistófeles: Parte soy de esa fuerza que pretende
siempre lo malo, y siempre hace lo bueno.
(…) ¡El espíritu soy que siempre niega!
(…) Digo la verdad pura.
Aunque el hombre, mundillo de locura,
suele tenerse por un todo entero,
soy parte de esa parte que fue todo
al principio, una parte de la sombra
que a la luz diera luz, la luz soberbia,
que disputa a la Madre Noche el sitio
y el rango, sin lograrlo, aunque se esfuerce,
porque en los cuerpos queda detenida.

Fausto: ¡Conozco tus dignísimos deberes!
No puedes destrozar nada en lo grande.

Wolfgang Goethe, Fausto

claudia 2La vida cotidiana se ha vuelto un espectáculo de exorcismos, del que todos somos coautores. Exorcizamos la fealdad, el dolor, la angustia, en cada acto que nos llega por los medios de comunicación o en cada suceso que presenciamos. El ser humano está asediado constantemente por un gigantesco cúmulo de información no siempre placentera, que no es capaz de procesar o que prefiere ignorar porque le aterroriza.

Estamos rodeados de imágenes desgarradoras que exponen desastres y desequilibrios de toda índole: niños muriendo de hambre con barrigas hinchadas, reducidos a meros esqueletos; inmigrantes ahogados en el mar tras largas horas de viaje, mujeres y niñas violadas, torturas, secuestros, asesinatos, suicidios, bombas, guerra, desastres naturales… Ante esa realidad, en gran parte creada por el propio ser humano, no pocos deciden cambiar el canal o mirar hacia otra dirección, para refugiarse en la soledad de sus hogares o en la colectividad no menos triste de sus centros de trabajo, como patéticos cucarachones de tierra. Pero, por más enajenación que podamos engendrar, siempre queda en nosotros el terror de que todo el desastre que vemos pueda también ocurrirnos a nosotros. La repulsión y la evasión hacia/de nosotros mismos es un hecho, independientemente de que todos estos actos puedan inspirar piedad, solidaridad, rebeliones, huelgas, manifestaciones y revoluciones.

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Sándor González nos habla de todo esto, en un lenguaje que se me antoja “crudo”, donde la “cocción” –dígase la interpretación- depende de cada uno de nosotros, primero como seres humanos, luego como espectadores. El horror y los demonios viven en cada una de estas obras, no como simples nociones expositivas sin el más mínimo trasfondo subjetivo; están allí para “tocarnos”, para convidarnos a actuar, a tomar una postura activa ante esta apocalíptica sociedad de la que todos somos parte. Sándor critica mientras también se exorciza de sus miedos y pesares, mediante un lenguaje pictórico que traduce un compromiso visceral con la época que le ha tocado vivir.

Obras como “Tornado” son de una vigencia doliente, en un momento tan crítico como la realidad cubana actual, donde más de mil personas perdieron sus viviendas, por solo citar uno de los terribles efectos del tornado que recientemente azotara a La Habana, ciudad que, cual mujer, lleva en sus espaldas el peso de tanta angustia y desolación. “La Caja”, por su parte, es como un grito ensordecedor, que nos estremece física y espiritualmente; de hecho nos repele, porque preferimos no presenciar tanto sufrimiento y alejarnos para “salvarnos”. “ReVolver” nos habla del fin de una vida, pero ¿qué es el fin a ciencia cierta? ¿Será que el fin no es más que un eterno renacer? Un arma, el casquillo de una bala… son metáforas del exterminio a gran escala de nuestros tiempos. “La hija de Ochosi”, cual diosa Artemisa, es esa mujer fuerte que se enfrenta al futuro, por más incierto que este pueda ser, para proteger a su especie. Es una guerrera que no teme a nada ni a nadie, es la mujer de estos tiempos y de los que vienen; capaz de afrontar adversidades y de llevar luz y equilibrio a todos.

NUBE. Foto, tinta, carbon-Cartulina.2017

La mujer es la protagonista de muchas de las piezas de esta exposición. La mujer como ser generador de vida, pero también como ser sufrido, que ha tenido que lidiar con una longeva carga histórica de represiones, maltratos, humillaciones y violaciones a su integridad y a su cuerpo. La mujer como isla, que muchas veces está sola, abatida por temporales de todo tipo (naturales y humanos) que intentan derrotarla en vano. La mujer que lleva en sí todo el peso de una larga tradición machista, que no tiene permitido alzar su voz pero que jamás renunciará a su libertad. Mujer maga, mujer maravilla, mujer guerrera.

En el mundo del arte, hay artistas que insinúan y hay artistas que expresan casi gritando. Sándor no es un artista que guste de ambigüedades ni muchas sutilezas; él no sugiere, él dice sin velos ni máscaras, sin necesidad de traductores. Sándor cuestiona, critica, siente y lo plasma con trazos fuertes que parecen rasgar el lienzo. Él se exorciza de sus demonios, pero no para ahogarnos a nosotros con ellos, no para atormentarnos ni horrorizarnos; sino para convocarnos a salir de nuestra zona de confort, a actuar y asumir la realidad de manera responsable, a hacer más que a decir.

A diferencia de lo que pudiera pensarse, “Del horror y otros demonios” no es una muestra fatalista. El pequeño hombrecito con su escalera a cuestas que veremos en muchas piezas, no es otra cosa que un símbolo de optimismo y esperanza. Él, como Sándor, sabe que no todo está perdido, aunque no olvide que en este mundo hay algo irreductible y tristemente maligno.

La Habana, Febrero de 2019

*Palabras para el catálogo de la exposición personal de Sándor González Vilar. Centro de Artes Plásticas y Diseño. Luz y Oficios. 12 de febrero de 2019.

Del horror y otros Demonios