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A 60 AÑOS DEL TRIUNFO PODEMOS AFIRMAR QUE ESTAMOS CURADOS DE ESPANTO, NO NOS INTIMIDAN EL LENGUAJE DE FUERZA NI LAS AMENAZAS. RAÚL CASTRO RUZ

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RAÚL CASTRO RUZ

Discurso del Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el Acto Central con motivo del  60 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, celebrado en Santiago de Cuba el 1ro. de enero de 2019, Año 61 de la Revolución

Santiagueras y santiagueros;
Compatriotas de toda Cuba:

Nos reunimos hoy para celebrar el aniversario 60 del triunfo revolucionario del Primero de Enero, y lo hacemos nuevamente en Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, aquí en el cementerio de Santa Ifigenia, donde se veneran los restos inmortales de muchos de los mejores hijos de la nación, muy cerca de las tumbas del Héroe Nacional, del Padre y la Madre de la Patria y del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

No vengo a aquí a hablar a título personal, lo hago en nombre de los heroicos sacrificios de nuestro pueblo y de los miles de combatientes que ofrendaron su vida a lo largo de más de 150 años de lucha.

Parece increíble que el destino nos haya reservado el privilegio de poder dirigirnos a nuestros compatriotas un día como hoy, al conmemorar seis décadas del triunfo, ocasión en que, bajo el mando de Fidel, por primera vez el pueblo cubano alcanzó el poder político y los mambises sí pudieron entrar victoriosos a Santiago de Cuba, coincidentemente 60 años después de que se instaurara el dominio absoluto del imperialismo norteamericano sobre Cuba.

Hace pocos meses, en La Demajagua, nos reunimos para recordar el aniversario 150 del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, el 10 de Octubre de 1868, fecha que marca el comienzo de nuestra Revolución, que sobrevivió momentos de amargura y desunión, como el Pacto del Zanjón, y episodios luminosos como el protagonizado por Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.

La Revolución revivió, en 1895, gracias al genio y la capacidad de Martí para aglutinar a los mejores y más experimentados jefes de la contienda de los 10 años y preparar la «guerra necesaria» contra el colonialismo español.

Cuando el ejército colonial estaba prácticamente derrotado, con escasa moral combativa, asediado por los mambises en casi toda la isla y mermado por las enfermedades tropicales, que, en 1897, por solo citar un ejemplo, provocaron 201 000 bajas entre sus efectivos; la victoria fue usurpada con la intervención norteamericana y la ocupación militar del país, lo que dio paso a un largo período de opresión y gobiernos corruptos y serviles a sus designios hegemónicos.

Ni siquiera en esas difíciles circunstancias se apagó la llama redentora del pueblo cubano, puesta de manifiesto en figuras de la talla de Baliño, Mella, Villena, Guiteras y Jesús Menéndez, entre muchos otros que no se resignaron a vivir en afrenta y oprobio sumidos.

Tampoco la Generación del Centenario, que bajo el liderazgo de Fidel asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de Julio de 1953, estaba dispuesta a tolerar, a 100 años del natalicio de Martí, los crímenes y abusos de una tiranía sangrienta totalmente subordinada a los intereses de los Estados Unidos.

Sobrevinieron entonces momentos de profundo dolor y tristeza luego del revés y el vil asesinato de muchos de los combatientes revolucionarios participantes en esas acciones, denunciado virilmente por Fidel en su histórico alegato «La historia me absolverá», que se convirtió en el programa de la Revolución.  A pocos metros de aquí yacen los restos de los caídos aquel 26 de julio y de otros mártires de la gesta insurreccional, incluidos también los valientes jóvenes santiagueros de la lucha clandestina y los hijos de esta ciudad que cayeron en las gloriosas misiones internacionalistas.

En los duros años de presidio y vejaciones no desfalleció el fervor y el compromiso de reiniciar la lucha, creció el prestigio y la autoridad del líder revolucionario para sumar nuevas fuerzas contra la dictadura.

El exilio en México no conoció el descanso; sirvió para preparar la próxima y decisiva etapa de batallar que nos trajo en el yate Granma a las Coloradas el 2 de diciembre de 1956.  La demora en arribar a costas cubanas, debido a la azarosa navegación, no permitió la sincronización prevista con el Alzamiento de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre, organizado por el audaz y valeroso joven dirigente del Movimiento 26 de Julio, Frank País García, quien todavía no había cumplido los 22 años, edad que tenía cuando fue brutalmente asesinado por los esbirros de la tiranía el 30 de julio de 1957.

Tampoco el desastre de Alegría de Pío, que casi aniquiló a los expedicionarios, pudo extinguir el optimismo y la fe de Fidel en la victoria, convicciones que lo llevaron a exclamar el 18 de diciembre cuando nos reencontramos, con apenas siete fusiles: ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Desde Santiago de Cuba, como resultado de los infatigables esfuerzos del movimiento clandestino dirigido por Frank País, recibimos en la Sierra Maestra el primer refuerzo de jóvenes combatientes, armas y municiones, que significó un aporte crucial a la capacidad combativa del naciente Ejército Rebelde.

Prosiguieron meses de incesantes combates, primero en la Sierra Maestra y luego la lucha se extendió a otras regiones con la apertura de nuevos frentes y columnas, y con la derrota de la gran ofensiva de las tropas batistianas contra el Primer Frente dirigido por Fidel, que marcó el inicio de la contraofensiva estratégica y el viraje radical de la guerra que condujo a la derrota del régimen y la toma del poder revolucionario.

Ya el 8 de enero de 1959, a su llegada a La Habana, el Jefe de la Revolución expresaba, (cito): «La tiranía ha sido derrocada, la alegría es inmensa y sin embargo queda mucho por hacer todavía.  No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo sea más difícil». (Fin de la cita).

Las premonitorias palabras de Fidel no tardaron en hacerse realidad.  Se iniciaba una etapa de luchas que estremeció los cimientos de la sociedad cubana.  El 17 de mayo, a escasos cuatro meses y medio del triunfo, en la Comandancia de la Plata, en el corazón de la Sierra Maestra, se promulgó la primera Ley de Reforma Agraria en cumplimiento del Programa del Moncada, hecho que afectó a los poderosos intereses económicos de los monopolios norteamericanos y la burguesía criolla, que redoblaron las conspiraciones contra el proceso revolucionario.

La naciente Revolución se vio sometida a todo tipo de agresiones y amenazas, como el accionar de bandas armadas y financiadas por el Gobierno norteamericano, los planes de atentado contra Fidel y otros dirigentes, el asesinato de jóvenes alfabetizadores, muchos de ellos todavía adolescentes; el sabotaje y el terrorismo en todo el país con el terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados; el bloqueo económico, comercial y financiero y otras acciones políticas y diplomáticas con el fin de aislarnos; las campañas de mentiras para denigrar a la Revolución y a sus líderes; la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961; la Crisis de Octubre en 1962 cuando en Estados Unidos se preparaba la invasión militar a Cuba y una interminable lista de hechos hostiles contra nuestra patria.

Nadie puede negar que la Revolución que nacía aquel Primero de Enero no ha tenido, a lo largo de 60 años, un minuto de sosiego, ya vamos por 12  administraciones norteamericanas que no han cejado en el empeño de forzar un cambio de régimen en Cuba utilizando una u otra vía, con mayor o menor agresividad. Seguir leyendo A 60 AÑOS DEL TRIUNFO PODEMOS AFIRMAR QUE ESTAMOS CURADOS DE ESPANTO, NO NOS INTIMIDAN EL LENGUAJE DE FUERZA NI LAS AMENAZAS. RAÚL CASTRO RUZ

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SILVIO RODRÍGUEZ: “CUANDO ESCRIBÍ ‘EL NECIO’ ESTABA PENSANDO EN FIDEL”. (VÍDEO DE LA CANCIÓN)

Hace una década, en medio de una entrevista con Radio Nacional de Venezuela, Silvio Rodríguez contó la historia tras “El necio”, una canción publicada en 1992, en un disco titulado simplemente Silvio, donde el trovador evoca al líder de la Revolución cubana, a quien llamó “un maestro del humanismo”.

“Cuando escribí ‘El necio’, estaba pensando en Fidel y, hasta cierto punto, en mí”, comienza el relato de Silvio Rodríguez.

“Lo que me llevó a escribir —dijo el músico— fue el ambiente ideológico de fines de los 80, principios de los 90, el derrumbe del campo socialista. Ya estaba la glásnost en la Unión Soviética y se veía que aquello apuntaba hacia algo catastrófico. Hubo varios periodistas en La Habana que me preguntaban por qué no me pronunciaba al respecto. Y yo pensaba, sigo pensando y siempre pensé igual, que no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede. Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote. Mientras tanto, no puedo hacer nada, ni forzar las cosas, porque no me sale una buena canción”.

Según el trovador cubano, “es mejor quedarse con la boca cerrada a hablar boberías. Y en el caso de la canción, es más imperdonable todavía, porque, ¿cómo tú vas a hacer trascender algo que no vale la pena?”.

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EL CHE ACERCA DE FIDEL

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Fidel y el Che en el presidio en México. Foto: Archivo

De la amistad y la admiración que Ernesto Che Guevara le profesaba a Fidel hablan de forma elocuente varios de los documen­tos dejados por el Guerrillero He­roico. Cartas, frases y artículos denotan cuán profundo caló el Comandan­te en Jefe en aquel argentino, que con solo un encuentro se sintió identificado con el revolucionario cubano y sus ideas.

Sobre el surgimiento de esa a­mistad el Che diría en una ocasión: “Lo conocí en una de esas frías noches de México […] a las pocas horas de la misma noche de la madrugada era yo uno de los futuros expedicionarios […]”.

Y no es casual entonces que en su carta de despedida, vuelva sobre ese recuerdo, pues marcó el inicio de una etapa vital en la lucha por la libertad de Cuba, de América; y también en la profundización y radicalización del pensamiento de ambos hombres.

Los días de preparación de la expedición del Granma, le permitieron al joven médico aquilatar las cualidades morales del líder cubano. Cuando la persecu­ción a los revolucionarios de la Isla los alcanzó en tierras mexicanas y llevó a muchos a la prisión, la actitud de Fidel conmovió a todos.

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En los días de la Sierra Maestra. Foto: Archivo

“[…] Hubo quienes estuvieron en prisión 57 días […] con la amenaza perenne de la extradición […] pero en ningún momento perdimos nuestra confianza personal en Fidel Castro. Y es que Fidel tuvo algunos gestos que, casi podríamos decir, com­prometía su actitud revolucionaria en pro de la amistad. Recuerdo que le expuse específicamente mi caso: un extranjero, ilegal en México, con toda una serie de cargos encima. Le dije que no debía de manera alguna, pararse por mí la Revolución, y que podía dejarme; que yo comprendía la situación y trataría de ir a pelear desde donde me lo mandaran y que el único esfuerzo debía hacerse para que me enviaran a un país cercano y no a la Argentina. También recuerdo la respuesta tajante de Fidel: “Yo no te abandono” […] Esas actitudes personales de Fidel con la gente que aprecia son la clave del fanatismo que crea a su alrededor […]”.

Fidel impresionó al Che como “un hombre extraordinario”, de esos que sin importar cuán imposibles son las cosas, las encara y las resuelve. Esa capacidad, su inteligencia y el humanismo que emanan de su persona, fueron las que hicieron que reconociera en él a un líder indiscutible.

“[…] Fidel es un hombre de tan enorme personalidad que en cualquier movimiento donde participe, debe llevar la conducción”, escribió en uno de sus ar­tículos, donde también lo denomina como una “fuerza telúrica” y valora que “(…) El futuro colocará en su lugar exacto los méritos de nuestro primer ministro”.

Porque para el Che, “[…] si no­sotros estamos hoy aquí y la Revolución Cubana está aquí, es sencillamente porque Fidel entró primero en el Moncada, porque bajó primero del Granma, porque estuvo primero en la Sierra, porque fue a Playa Girón en un tanque, porque cuando había una inundación fue allá y hubo hasta pelea porque no lo dejaban entrar […], porque tiene como nadie en Cuba, la cualidad de tener todas las autoridades morales posibles para pedir cualquier sacrificio en nombre de la Revolución”.

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Antes de partir de Cuba en 1965. Foto: Archivo

En el Granma, los combates de la Sierra y la invasión; en los amenazantes días de Girón y la Crisis de Octubre; en la necesaria lucha por la sobrevivencia económica, por sacar adelante el país, el Che estuvo al lado de los cubanos, su sangre y su sudor construyeron también la Revolución y edificaron un nuevo país que hizo suyo y al cual amó entrañablemente.

También en esa cercanía, en ese amor, estuvo la mano de Fidel, el primero que lo hizo sentir cuán justa era la causa de la gente noble de esta tierra. De ello testimonia la carta de despedida que le dejara al Comandante en Jefe antes de ofrecer en otras partes del mundo, el concurso de sus modestos esfuerzos.

“Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos”.

Fuente: Granma

LA VERDAD Y LA MENTIRA. FIDEL CASTRO RUZ

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Desde luego que no faltará quien se haga cruces, quien se asombre, quien se ponga malo del hígado cuando uno dice estas cosas, y es lógico, porque nos enseñaron a ser cobardes, porque nos enseñaron a ser tímidos, porque nos enseñaron a ser miedosos y porque nos enseñaron a ser poco patriotas.  Entonces, ante las verdades se asustan, aunque sean verdades históricas.  Nos casaron con la mentira y nos han obligado a vivir con ella en vergonzoso contubernio; nos acostumbraron a la mentira, y nos asustamos de la verdad.  Nos parece como que el mundo se hunde cuando una verdad se dice, ¡como si no valiera más la pena de que el mundo se hundiera, antes de que vivir en la mentira! 

Tomado del discurso pronunciado en la sesión plenaria del Comité Conjunto de Instituciones Cívicas Cubanas, efectuado en el Salón de Actos del Colegio Médico Nacional el 16 de marzo de 1959.

LA REVOLUCIÓN MARXISTA DE CORAZÓN CUBANO

ARLIN ALBERTY LOFORTE

En la Mayor de las Antillas, Fidel y Raúl convirtieron al marxismo en patrimonio de millones y lo enriquecieron en la construcción del socialismo que hacemos cada día

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Fidel durante la creación del Comité Central del PCC. Foto: Jorge Oller

A tan temprana edad de la Revolución cubana –diciembre de 1961– el periódico Revolución publicaba en una de sus portadas de entonces: «Soy marxista leninista y lo seré siempre». Eran palabras de Fidel, y en ese ideario, también se sostendrían las bases del proyecto de país que desde mucho antes viniera gestándose y que viera la luz el 1ro. de enero de 1959.

«(…) el caudal extraordinario de conocimientos que el marxismo encierra, significa para nosotros una ventaja extraordinaria en esta lucha».

«(…) el marxismo no es solo la única verdadera ciencia de la política y de la revolución, sino que desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, es la única interpretación verdadera del proceso de desarrollo de la historia humana», diría también el Comandante en Jefe, en junio de 1962.

Y Fidel alertaba, además, sobre las maneras de acercarnos a la obra de Marx: «Quizás una de las cosas, sin embargo, más difíciles de comprender es que ninguna de esas interpretaciones son interpretaciones mecánicas, que ninguna de esas interpretaciones tienen que ser interpretaciones de cliché, y que el marxismo no es un conjunto de “formulitas” para tratar de aplicar a la fuerza la explicación de cada problema concreto, sino una visión dialéctica de los problemas, una aplicación viva de esos principios, una guía, un método».

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MARTÍ, PROFETA Y FORJADOR. FIDEL CASTRO RUZ

Entre los cubanos de alma limpia hay un pacto simbólico: Martí es la idea del bien que nos une y nos alumbra. Fidel, discípulo preclaro del apostolado martiano, comprendió siempre el compromiso ético con el legado de El Maestro

FIDEL CASTRO RUZ

MARTÍ 1Obra Yugo y estrellas, de José Luis Fariñas.

FIDEL 1Martí, admirador de Bolívar, bolivariano hasta la médula, compartió con éste hasta la muerte su sueño de liberación y unión de los países de nuestra América: «…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber  –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso», escribió horas antes de su muerte en combate. Para nosotros, José Martí fue como un Sucre: al servicio de la libertad alcanzó con su pensamiento lo que el gran mariscal de Ayacucho alcanzó con su gloriosa espada.

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Guía y apóstol de nuestra guerra de independencia contra España, nos enseñó ese espíritu internacionalista que Marx, Engels y Lenin confirmaron en la conciencia de nuestro pueblo. Martí pensaba que «patria es humanidad», y nos trazó la imagen de una América Latina unida frente a la otra América imperialista y soberbia, «revuelta y brutal» –como él decía–, que nos despreciaba.

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Nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo.  En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada.  Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.

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Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje, la esclavitud y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal. Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de sus ­cenizas, como Ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

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Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

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¿Qué significa Martí para los cubanos?

En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies, afirmó: «Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno».

Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

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Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.  ¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

(Fragmentos de discursos pronunciados por el Comandante en Jefe)

Fuente: Periódico Granma, 26 de marzo de 2018, La Habana, Cuba.

EL ARTE DE ESCUCHAR. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

Más vigente que nunca, el pensamiento vivo de Fidel se orienta estratégicamente hacia un horizonte de emancipación, teniendo en cuenta siempre la percepción concreta de la realidad. Así, en sus Reflexiones, avizoró las grandes amenazas que penden sobre el destino de nuestra especie. Enraizada en el conocimiento de los procesos históricos que han conformado nuestro país, su visión no es localista. Tiene alcance universal.

La gran tarea de hurgar en su ideario, indispensable en medio de los desafíos de la contemporaneidad, exige seguir paso a paso, en su integralidad y en sus contextos, la secuencia de sus discursos, adheridos siempre a las demandas de la inmediatez e inscritos en un marco conceptual riguroso y asequible a todos, nunca aferrado a doctrinarismos abstractos. Su rasgo característico reside quizás en su naturaleza dialógica señalada por el Che al describir en El socialismo y el hombre en Cuba su intercambio productivo con las masas en el inmenso espacio de nuestra Plaza de la Revolución. Otra clave imprescindible se encuentra en la singular capacidad de escuchar, aun en esos multitudinarios encuentros, las interrogantes de sus interlocutores. De ese toma y daca dimana la organicidad de sus respuestas y la consiguiente autenticidad de su palabra, hecha de verdad y de convicción profunda.

Para los que no habían nacido entonces y para quienes vivimos esa etapa, vale la pena recordar el inicio de los noventa del pasado siglo. Fidel preparó al pueblo, cuando todavía no se había producido el acontecimiento, ante la posibilidad de que la Unión Soviética se desgajara. Aunque resulte dura, la verdad constituye cimiento de unidad, fuente de confianza y plataforma indispensable para el diálogo. A lo largo de los difíciles años del periodo especial, tuve el privilegio de participar en numerosos encuentros con el Comandante. Había que juntar voluntades para emprender el áspero ascenso hacia la resistencia por la salvaguarda de cada uno y de la patria conquistada. La precariedad económica tenía inevitable repercusión en la vida de la sociedad. En esa coyuntura, los escritores y artistas reunidos en el seno de la Uneac concedieron prioridad al análisis de los problemas que emergían en su entorno.

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LEGADO DE FIDEL. MIGUEL BARNET

Miguel Barnet

MIGUEL BARNET

Es cierto que el presbítero Félix Varela nos enseñó a pensar, pero a pensar en nosotros y hacia nuestros ideales, pero también es cierto que José Martí esclareció con su pensamiento cuáles debían ser nuestros ideales y cómo enfrentar el pensamiento hegemónico del Norte al que calificó de «revuelto y brutal». Su apotegma de Patria es Humanidad ha adquirido con la Revolución Cubana su más claro sentido. Asimismo, Fernando Ortiz, desde una óptica cóncava, nos aclaró qué era la cubanía y cómo se debía definir la cubanidad, su prima hermana, y enfatizó en que la vocación de ser cubano era tan legítima o más que la del simple hecho de nacer en Cuba. Pero Fidel Castro, en lúcido corolario, nos demostró que en la acción y el pensamiento contemporáneos estaba la clave de una nación verdadera, aquella que se construyó en la Revolución y de la cual él fue su mayor artífice. Una nación digna y soberana sin enmiendas foráneas ni concesiones sino con la realización plena de un socialismo cada vez más democrático y participativo.

Esa ha sido su más profunda y conspicua lección. Seamos fieles a su pensamiento y ese será el mejor homenaje que los buenos cubanos le haremos para que su memoria no quede como una reliquia sino como un ejemplo vivo del diario quehacer.

Fidel

Es cierto que los poetas

atrapan instantes de la vida

y los fijan en la historia

Generalmente el pasado

vago y nostálgico

O el presente inmediato con sus fuegos sutiles

y sus reverberaciones

Pero qué difícil atrapar el futuro

y colocarlo para siempre

en la vida de todos los poetas,

de todos los hombres.

FIDEL Y LOS INTELECTUALES. FREI BETTO

FreiBetto

FREI BETTO

Muchas veces nuestros movimientos sociales y políticos hablar por el pueblo, quieren ser vanguardias del pueblo, escriben para el pueblo, mas no se comprometen con el pueblo —enfaticé, en presencia de Fidel, la noche del 10 de febrero de 2012, en La Habana, en encuentro que él, a los 85 años, sostuvo durante nueve horas con dos centenas de intelectuales cubanos y extranjeros.

Comandante  —proseguí—, con profunda tristeza para los enemigos de este país y enorme alegría para nosotros, amigos de Cuba, constatamos su excelente estado de salud y su brillante lucidez. Aprecio el sistema cubano de división social del trabajo: el pueblo cuida de la producción; Raúl de la política y Fidel de la ideología, tal como usted lo ha acaba de demostrar a todos nosotros aquí.

Hay sin embargo, dos temas que aun no fueron abordados —agregué. Comienzo por aquel que mencionara brevemente Adolfo Pérez Esquivel [1], porque cuando me preguntan sobre cómo conocer bien la Revolución Cubana, respondo que para ello no basta con conocer la historia de Cuba y el marxismo, sino que es necesario conocer además la vioda y obra de José Martí.  Por tanto, para entender a Fidel, como hace Katiuska Blanco [2], es necesario conocer la pedagogía de los jesuitas.

Muchos aquí, como Santiago Alba, compañero de Túnez, ya experimentaron lo que significa una prueba oral en una escuela de jesuitas. Es difícil. De esa formación proviene Fidel. Yo no soy jesuita, así que no estoy haciendo auto propaganda. Soy dominico, pero en el caso de mi amistad con Fidel, hemos logrado poner de acuerda a un dominico y un jesuita. Entre los jesuita existe por práctica el examen de conciencia, que ahora se hace en este país, aunque con otros nombres.

Hubo un tiempo —vengo a Cuba desde hace más de 30 años—, en que se hablaba de emulación; después, de alimentación; ahora de lineamientos.

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“Soy dominico, pero en el caso de mi amistad con Fidel, hemos logrado poner de acuerdo a un dominico y a un jesuita”. Foto: Prensa Latina

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FIDEL, HUMANISTA. PEDRO PABLO RODRÍGUEZ

Pedro Pablo Rodriguez

PEDRO PABLO RODRÍGUEZ

Son numerosas las referencias de quienes trataron con frecuencia a Fidel o de quienes compartieron con él, ya fuera a solas o en grupos, acerca de su constante preocupación por atender los más diversos asuntos propios de esas personas o de cualquiera otra relacionada con él o con su trabajo. Tales testimonios rememoran ejemplos y momentos diversos, desde los preparativos para el asalto al cuartel Moncada hasta sus años finales, cuando su vida pública se redujo notablemente.

No deja de admirar cómo un líder político que alcanzó dimensiones de talla universal, y que manifestó sistemáticamente estar muy atento a los grandes problemas de la humanidad contemporánea, no dejara de tener sus sentidos enfocados también hacia una multitud de asuntos de su propio país y de sus conciudadanos, a menudo con sus nombres y apellidos. Como tampoco deja de asombrar y conmover su preocupación por los problemas del mundo y especialmente por los pueblos más pobres y desposeídos.

Es cierto que ya como jefe de Estado dispuso de un aparato de apoyo y de colaboradores, casi siempre imbuidos de similares anchas preocupaciones humanistas. Basta recordar a Celia Sánchez Manduley, quien desde los días de la Sierra Maestra y hasta su deceso fue su más sensible y eficaz asistenta, cuya lealtad y perspicaz ojo crítico lo mantenían al tanto de lo que pensaban y sentían hasta los cubanos más humildes y sufridos.

Mas no caben dudas de que la personalidad de Fidel justamente exigía semejante contacto, directo y sistemático por sí mismo, y también por parte de quienes le rodeaban o ejercían cualquier función en nombre de la Revolución. Por eso prácticamente no ha quedado rincón de Cuba, centro de trabajo, escuela, hospital, campo deportivo, que él no visitara y hablara con quienes allí residían, estudiaban o laboraban. Por eso no exageran aquellos que atribuyen a su gestión personal, a su atento seguimiento, la obra de la que forman parte o en la que están involucrados de una u otra manera, y que es parte de su trayectoria personal, la de cada uno de ellos. Por eso hizo parte del modo de ser del cubano actual lo mismo defender con las armas la independencia de Angola y contribuir al fin del apartheid, que enseñar a leer y escribir en Nicaragua, que volcar todo tipo de solidaridad activa en Venezuela, que brindar asistencia médica por Latinoamérica, África, Asia, las islas del océano Pacífico. Por eso maravillaba su conocimiento al detalle de tantos asuntos del país y del mundo, su insistente manera de preguntar lo mismo a los más altos responsables que a los más sencillos participantes de una obra cualquiera.  Seguir leyendo FIDEL, HUMANISTA. PEDRO PABLO RODRÍGUEZ

TIEMPOS GUEVARISTAS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

La acampada de miles de personas, principalmente jóvenes de todo el mundo, en Vallegrande, Bolivia, muy cerca del lugar donde el Che Guevara pasó a la inmortalidad, simboliza la permanente influencia y necesidad en el mundo del ejemplo y las ideas del revolucionario cubano-argentino. Entre los acampados, el presidente Evo Morales, principal convocante a las decenas de actividades culturales y políticas que se han llevado a cabo allí para recordar al guerrillero heroico a medio siglo de su caída en combate y posterior asesinato por órdenes de la CIA. Junto a Evo, los hijos y el hermano del Che, Roberto, así como el comandante Ramiro Valdés Menéndez, un peso pesado del liderazgo cubano y cercano compañero de Guevara en la Sierra Maestra, la invasión de Occidente y la batalla de Santa Clara.

Difícilmente un indio revolucionario habría llegado a la presidencia y refundado Bolivia sin el antecedente de la guerrilla del Che, el ejemplo moral que sentó, y el ciclo de luchas populares que inspiró a partir de entonces en el territorio de lo que es hoy el Estado Plurinacional. Junto a Bolivia, también Venezuela, Ecuador y Cuba viven experiencias de transformación social en las que resulta evidente la presencia del fresco y renovador pensamiento del Che. Pero en muchos otros lugares del mundo, las luchas populares encuentran estímulo en ese pensamiento y ese ejemplo.

Es conocido el fervor que despierta el Che en el neozapatismo, en las universidades de América Latina y entre jóvenes de las cuatro esquinas del planeta.

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PINOS NUEVOS PODEMOS SER TODOS. LUIS TOLEDO SANDE

Luis Toledo Sande

LUIS TOLEDO SANDE / LA JIRIBILLA

No quería privarme de venir a hablar con los estudiantes de esta que para mí sigue siendo —ustedes me perdonan— la Escuela de Letras y de Arte, aunque hace años que se convirtió en Facultad y ha tenido otros nombres. Le debemos mucho. Del tema que ahora se analiza lo que yo tendría que decir está esencialmente en “Quince notas sencillas” que escribí a propósito de los 50 años del discurso y se publicaron entonces en la revista Bohemia. Luego las reprodujo el compañero Elier en el volumen colectivo que preparó con textos sobre ese discurso. Como no deseo repetir lo que está allí, trataré de decir algunas otras cosas.

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“Fidel dijo: contra la Revolución nada; pues entonces pudo pensarse: nada que no parezca revolución”. Fotos: Alex Castro (exposición accesible en la Casa del Alba hasta el 15 de septiembre)

Cuando se produjo la reunión de la cual nació el discurso, yo estaba por cumplir 11 años, y ni tenía idea de lo que era un intelectual, porque fui hijo de un campesino y una ama de casa, y nací en un pueblo pequeño, lo que yo llamo la República Federativa Autónoma de Velasco, que está rodeada por la provincia de Holguín. Ni siquiera se me ocurría pensar que yo iba a ser alguna vez algo clasificable como un intelectual. Después la Revolución cubana vino y sin darse cuenta lo hizo a uno un intelectual, lo cual hay que decir con mucha modestia porque, como decía Beatriz Maggi en estas aulas: “Ustedes se están formando como intelectuales, pero no se confíen, ser intelectual no es sinónimo de ser inteligente”. Sí, una cosa es ser intelectual y otra es ser inteligente; y otra cosa es estar vinculado con la cultura literaria, y otra cosa es ser capaz de salvar la cultura, que incluye el arte,la literatura y otras muchas cosas, como la gastronomía, los comportamientos, el arte de la fineza, la convivencia, que son más importantes a veces que una gran obra literaria. No estoy tratando de minimizar la importancia de la obra literaria. Pienso que por ahí habría que empezar a pensar algunas cosas: ¿qué es lo que tenemos que salvar?, ¿cómo hay que salvarlo?, y, en cuanto a ‘‘Palabras a los intelectuales’’, creo que nació para salvarnos;la gran meta de este discurso no fue epatar a nadie, ni impresionar a nadie, ni sobornar a nadie, sino salvar un proyecto que estaba naciendo. Y respondió a la necesidad de defensa de una revolución.

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FIDEL ENTRE DOS INFANCIAS. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO RODRÍGUEZ / SEGUNDA CITA

Escuché hablar de Fidel por primera vez en mi infancia, bastante antes del 1º de enero de 1959. Por entonces su nombre se decía en voz baja y a veces se percibía en los murmullos de los mayores. Una noche lo escuché mencionar en la radio, también a bajo volumen, en casa de unos parientes que tenían onda corta. Allí escuchábamos una emisora clandestina que trasmitía desde las montañas de la Sierra Maestra, donde aquel nombre prohibido y sus amigos se peleaban a tiros con el ejército.

Así que lo primero que aprendí de Fidel es que a veces había que ser discreto: no se podía decir su nombre, no se podía decir que escuchábamos aquella emisora, como tampoco se podía decir que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Por lo mismo también fue secreto que, de mis soldaditos de juguete, mis afines eran los rebeldes, y que sus enemigos eran los mismos enemigos de los rebeldes de la realidad.

Apenas dos años después del triunfo revolucionario, Fidel, para mi, fue aquel hombre joven, enérgico y barbudo que a unos metros por encima de mi cabeza, en la playa de Varadero, despedía a un ejército de la enseñanza que al amanecer partiría a los campos y montañas de Cuba, armados de faroles y cartillas de alfabetización.

Aquel fue el primer discurso en directo que le escuché, y se me quedó el gusto, porque desde entonces muchas veces volví a estar cerca de donde Fidel se paraba a hacer historia. Incluso cuando mi servicio militar, si alguno de mis escasos permisos coincidía con un acto público, ahí estaba yo, lo más cerca posible de la tribuna. Puedo contar que estuve en el estadio en que aquel joven colombiano, armado de su acordeón, nos dio a conocer “Cuba sí, yanquis no”. Y también aquella vez de la escalinata universitaria, cuando alguien omitió la palabra Dios de un escrito de José Antonio Echeverría, y Fidel se indignó e hizo el memorable discurso donde nombró a los estrechos de miras como “mancos mentales”.  Seguir leyendo FIDEL ENTRE DOS INFANCIAS. SILVIO RODRÍGUEZ

EN CUBA: TRIBUTO DE NICOLÁS MADURO EN SANTA IFIGENIA

GRANMA

Hasta el cementerio Santa Ifigenia llegó en la tarde de este martes el Presidente venezolano Nicolás Maduro Moros, acompañado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, para rendir tributo al Héroe Nacional José Martí y al Comandante en Jefe de la Revolución cubana, en el 91 aniversario de su natalicio.

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Ambos mandatarios, junto a la Primera Combatiente Cilia Flores y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, presenciaron el cambio de las guardias de honor que custodian las tumbas donde descansan los restos mortales de Martí y Fidel.

El primer homenaje fue para el Maestro. En el Mausoleo, junto a la bandera de la estrella solitaria que lo acompaña, depositaron rosas blancas.

Frente a la piedra de granito que guarda las cenizas de Fidel también colocaron flores; y es que en el cumpleaños 91 del Comandante en Jefe no podía faltar el tributo del Presidente de Venezuela a quien siempre estuvo al lado de la Revolución Bolivariana.

Foto: Estudios Revolución

Igualmente, rindieron homenaje a los mártires del 26 de Julio y a los caídos por el internacionalismo después del triunfo de Enero de 1959.

En un breve recorrido por Santa Ifigenia, Raúl habló a Maduro sobre nuestra historia; le explicó por qué Carlos Manuel de Céspedes es considerado el Padre de la Patria; recordó a Mariana Grajales y María Cabrales, madre y viuda del General Antonio Maceo, respectivamente; y le contó acerca de algunos oficiales de la Guerra de Independencia.

Al detenerse ante la tumba de Frank País García también depositaron flores; y entonces el General de Ejército evocó a este valeroso joven, asesinado al igual que su hermano Josué por la dictadura de Batista.

ORÍGENES Y VIGENCIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE FIDEL. FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA

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FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA (1939-2017) / CUBADEBATE

Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de México, San Ildefonso no. 72, Ciudad de México, 18 de marzo de 2017.

Agradezco esta oportunidad a las mexicanas y los mexicanos tan abnegados y generosos que realizan y mantienen estos encuentros.

Comienzo mi intervención por el primer indicador de la vigencia de Fidel. El homenaje que recibió, en los nueve días que siguieron a su partida, fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y no solo del XX, y también que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y la ganó; al mismo tiempo, volvió a mostrarles a todos el camino verdadero, como vino haciendo desde 1953.

Entiendo que ha sido muy atinado el tema que me han fijado los organizadores, porque en la compleja y difícil situación que estamos viviendo en nuestro continente los orígenes, los rasgos fundamentales y la vigencia del pensamiento político de Fidel pueden constituir una ayuda inapreciable. Hoy podemos avanzar mejor con esa ayuda de Fidel, pero a condición de emular con sus ideas y sus actos, para sacarles provecho en lo decisivo, que serán nuestras actuaciones. No imitando simplemente a Fidel, que nunca imitó a nadie, sino traduciéndolo a nuestras necesidades, situaciones y acciones.

Fidel brinda un gran caudal de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Puede aportarnos mucho conocer mejor sus creaciones y sus ideas, las razones que lo condujeron a sus victorias, cómo enfrentó Fidel las dificultades y los reveses, su capacidad de identificar lo esencial de cada situación y los problemas principales, plantear bien la estrategia y la táctica, tomar decisiones y actuar con determinación y firmeza. Si lo hacemos, será más grande su legado. Seguir leyendo ORÍGENES Y VIGENCIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE FIDEL. FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA

LA MERCADOTECNIA PUEDE CONVERTIR EN CARICATURA EL SUEÑO DE FIDEL

RENÉ CAMILO GARCÍA RIVERA /JUVENTUD REBELDE

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Entrevista a Abel Prieto sobre los quehaceres de la cultura cubana

Tal vez Abel Prieto sea uno de los ministros más accesibles del Gobierno cubano. Aparece en cada resquicio del mundo cultural. Anda con la seguridad de quien domina su espacio. Una vez lo vi en Pogolotti, donde vivo, en un espectáculo humorístico con la comunidad.

En estos días de Feria se le puede hallar en La Cabaña. Recorre las calles empedradas con su impecable traje oscuro. Cruza de salón a salón, de evento a evento, con la fluidez de una buena prosa.

Abel Prieto no impone barreras. Cuando te le acercas, esboza una sonrisa y extiende la mano (delicadeza del político), y al hablar demuestra el pensamiento que habita en su cabeza (rasgo del intelectual). Al abordarlo pregunta tu nombre, y luego, cuando conversa, te llama por él (valioso recurso empático). Seguir leyendo LA MERCADOTECNIA PUEDE CONVERTIR EN CARICATURA EL SUEÑO DE FIDEL

DEL ALMA DE FIDEL. JOSÉ STEINSLEGER

JOSÉ STEINSLEGER / LA JORNADA

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Ilustración: Ernesto Rancaño

Un loco se dijo hace 2 mil años hijo de Dios, y otro, que apenas somos un chispazo en la infinitud del Universo. Un tercero probó que no fuimos ni seremos primeros ni últimos en la cadena de la evolución; un cuarto, que el ser es antes que el pensar, y un quinto, que la sexualidad sin alegría hace mal a la salud.

Los cinco surgieron de la cultura judeo-greco-latina y cavilaron en torno a ideas sacrílegas para la época. Entonces, los cuerdos crucificaron al primero, excomulgaron al segundo, tergiversaron al tercero, persiguieron al cuarto y frivolizaron al quinto. Pero en 1926, en una isla del Caribe, los hados procrearon a un ser al que también dotaron de un alma loca y sublime, nacida en el año del Gran Ciclón.
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FACETAS POCO CONOCIDAS DE FIDEL CASTRO. LEONARDO BOFF

LEONARDO BOFF / CUBADEBATE

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Cada cosa o cada persona tiene muchas facetas. Como dije en cierta ocasión, cada punto de vista es la vista desde un punto. Cada uno ocupa un punto en este planeta y en la sociedad de la que forma parte.  Y desde ese punto ve la realidad que ese punto permite ver. Así que no podemos absolutizar ningún punto de vista como si fuese el único.  Esto da origen a los fundamentalismos y a las discriminaciones.

Tal pensamiento vale para los muchos puntos de vista que se están haciendo de la saga de Fidel Castro. Ningún punto puede abarcar todas las vistas . Seguir leyendo FACETAS POCO CONOCIDAS DE FIDEL CASTRO. LEONARDO BOFF

GRACIAS, CUBA. GRACIAS, FIDEL. FARRUCO SESTO

FARRUCO SESTO BLOG DEL AUTOR

Roberto Chile

Conocí Cuba por primera vez, en marzo de 1974. Regresé a ella en los noventa. Y desde entonces no he dejado de visitarla. ¿Cuántas veces? Es muy difícil precisarlo, pero seguramente en varias decenas de oportunidades. Algunas de ellas con el privilegio de acompañar a Chávez.

La conozco a lo largo, en sus distintas provincias, desde Santiago a Pinar del Río, que creo que las crucé todas.

Cuba hermosa, vibrante, humana, sencilla pero orgullosa, acogedora y combativa.

Son ya cuarenta y dos años de Cuba en el contacto directo, y muchos más desde que se metió en mi corazón en los cincuenta para nunca más salirse.

Siempre Cuba.

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GRACIAS, FIDEL. GUILLE VILAR

GUILLE VILAR

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Cumplí 8 años el mismo día de enero en que la Caravana de la Libertad recorría la Avenida 41 del municipio capitalino de Marianao y recuerdo que desde los hombros de mi padre, veía asombrado pasar a los barbudos montados en sus tanques. Y si esa imagen no se me ha podido borrar, tampoco he podido olvidar esta otra, que precisamente por estos días me ha vuelto a la mente. Consiste en la remembranza de una pegatina que aparecía lo mismo en la puerta de cualquier casa que en los parabrisas de cualquier carro. Dicha pegatina, pequeña, pero de colores vivos, solo decía: Gracias, Fidel.

Desde fechas tan tempranas, el pueblo cubano le agradecía al líder revolucionario tanto por sus combates en las montañas del mismo modo que por las medidas populares tomadas al triunfo de la Revolución como la Ley de la Reforma Agraria o la Ley de la Reforma Urbana entre tantas otras. Por tal motivo, quiero homenajear al invicto Comandante desde la gratitud de este cubano más, que como millones de compatriotas, ha tenido el privilegio de  vivir en su tiempo:

Gracias, Fidel por haber cambiado para siempre la mentalidad apolítica del cubano medio quien antes de la Revolución, una conversación en torno al tema en cuestión, podía ser rechazada, argumentando que no le interesa tratar cualquier situación de esa índole si no se es un político.  Seguir leyendo GRACIAS, FIDEL. GUILLE VILAR

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