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AMÉRICA LATINA 50 AÑOS: GABO Y CHE. EMIR SADER

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EMIR SADER / LA VENTANA

Ya teníamos tres Premios Nobel de Literatura –Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias y Pablo Neruda–, pero la cultura del continente era todavía conocida sólo de manera fragmentada, individualizada, sin que la imagen que tenemos de nosotros mismos fuera difundida por el mundo. La publicación de Cien años de soledad fue el marco definitivo, sin retorno, de la proyección de la capacidad creativa de los latinoamericanos respecto a su propio mundo.cheorbita

Gabo no se imaginaba qué destino tendría el paquete que mandó desde el correo de México hacia la Editorial Sudamericana, en Buenos Aires, juntando los pocos pesos que tenían –sólo pudieron mandar la mitad del libro y, por error, siguió la segunda parte. Cuando las ediciones del libro sumaron el primer millón de ejemplares, Gabo se dio cuenta de lo que había pasado con aquel envío por correo.
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ASÍ DE SIMPLE, Y ASÍ DE DESMESURADO. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

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Discurso pronunciado por Gabriel García Márquez, presidente de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, en el acto de inauguración de la sede de la misma, el 4 de diciembre de 1986

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Fidel, Gabo, Hart, Edmundito Aray, Fernando Birri y Carlos Rafael Rodríguez (detrás de Gabo) en la inauguración de la sede de la FNCL

Todo empezó con esas dos torres de alta tensión que están a la entrada de esta casa. Dos torres horribles, como dos jirafas de concreto bárbaro, que un funcionario sin corazón ordenó plantar dentro del jardín frontal sin prevenir siquiera a sus dueños legítimos, y las cuales sostienen sobre nuestras cabezas, aun en este mismo momento, una corriente de alta tensión de ciento diez millones de watts, bastantes para mantener encendidos un millón de receptores de televisión o sustentar veintitrés mil proyectores de cine de treinta y cinco milímetros.

Alarmado con la noticia, el Presidente Fidel Castro estuvo aquí hace unos seis meses, tratando de ver si había alguna forma de enderezar el entuerto, y fue así como descubrimos que la casa era buena para albergar los sueños de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

Las torres siguen ahí, por supuesto, cada vez más abominables a medida que se ha ido embelleciendo la casa. Hemos tratado de enmascararlas con palmeras reales, con ramazones floridos, pero su fealdad es tan imponente que se impone a todo artificio. Lo único que se nos ocurre, como recurso último para convertir en victoria nuestra derrota, es rogarles a ustedes que no las vean como lo que son, sino como una escultura irremediable.

Sólo después de adoptarla como sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, supimos que la historia de esta casa no empezaba ni terminaba con estas torres, y que mucho de lo que se cuenta de ella no es verdad ni es mentira. Es cine. Pues, como ya ustedes deben haberlo vislumbrado, fue aquí donde Tomás Gutiérrez Alea filmó Los Sobrevivientes, una película que a ocho años de su realización, y a veintisiete del triunfo de la Revolución Cubana, no es una verdad más en la historia de la imaginación ni una mentira menos de la historia de Cuba, sino parte de esta tercera realidad entre la vida real y la invención pura, que es la realidad del cine.  Seguir leyendo ASÍ DE SIMPLE, Y ASÍ DE DESMESURADO. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ