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GEOPOLÍTICA A TRES BANDAS. JORGE ELBAUM

El nuevo tablero mundial y sus potenciales efectos sobre América Latina y el Caribe

Joe Biden, Xi Jinping y Vladimir Putin.

JORGE ELBAUM

Durante las dos últimas semanas se produjeron cuatro sucesos que brindan claves para comprender el devenir de las relaciones internacionales y sus efectos sobre América Latina y el Caribe. El 12 de marzo, la Asamblea Nacional Popular (ANP) de la República Popular China aprobó el XIV Plan Quinquenal que orientará sus políticas domésticas y exteriores en el próximo lustro. Cuatro días después Joe Biden amenazó a Rusia y calificó a Vladimir Putin de asesino. El 18 y 19 –en Anchorage, Alaska– se llevó a cabo una gélida reunión bilateral entre el responsable del área de Asuntos Exteriores del Partido Comunista de China, Yang Jiechi, y el jefe de Departamento de Estado, Anthony Blinken. Para concluir con la seguidilla de encuentros trascendentes y conexos, el 22 y 23 de marzo el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, visitó a su par chino, Wang Yi.

El Plan Quinquenal plantea cambios respecto a su capítulo previo, el XIII, aprobado en 2015. Desde 1953 las orientaciones definidas por Beijing han marcado el itinerario de las políticas desarrolladas e implementadas por el gobierno. Los objetivos comunicados por Xi Jinping el 11 de marzo incluyen un marco de referencia conceptual denominado Visión 2035, en el que explicitan los objetivos de mediano plazo debatidos durante el último año en el seno del Partido Comunista chino y en su ANP. Las seis metas relevantes, esbozadas en ambos documentos, pueden ser sintetizadas en:

  • Expandir la demanda interna, combatir los monopolios y sostener la exportación.
  • Promover el cuidado del medio ambiente y adecuar la producción a formatos ecológicos.
  • Reemplazar el crecimiento de alta velocidad con un crecimiento de alta calidad.
  • Impulsar la innovación mediante la inversión en Ciencia y Tecnología.
  • Reducir la interdependencia económica, financiera, comercial y tecnológica con Estados Unidos.
  • Mantener un entorno externo cooperativo con el resto del mundo.

Respecto al primer objetivo, el nuevo Plan Quinquenal considera la necesidad de superar la etapa de apalancamiento exportador, para pasar a un modelo de circulación dual, consistente en privilegiar el mercado interno para blindarse de la potencial volatilidad de los mercados internacionales y los continuos cambios de políticas de Washington. Para promover políticas más amigables con la naturaleza, el proyecto se propone disminuir la velocidad del crecimiento económico y priorizar la calidad de vida de su población por sobre el incremento del PBI. Ese concepto es denominado en el documento Visión 2035 como la cimentación de una futura sociedad moderadamente próspera, distante de la opulencia y la acumulación material desmedida. Con ese cometido, se estipula el cumplimiento del Acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático y la reducción sistemática de las emisiones de dióxido de carbono, para llegar al 2030 en equilibrio neutral con la naturaleza.

El planteo supone además una reconfiguración del modelo productivo, orientando la inversión pública y privada hacia la tecnología aeroespacial, la neurociencia, los circuitos integrados, la computación cuántica, la inteligencia artificial, la biotecnología, las energías renovables, la investigación genética y la exploración espacial. La mayor parte de las inversiones estará orientada –señala el Plan– al mercado interno, para mejorar la calidad de vida de la población, siguiendo la idea cardinal de que para el año 2049, cuando se cumplan los cien años de la República Popular China, los ciudadanos chinos gocen de una prosperidad moderada, lema del desarrollo planteado. Para su logro, advierte el Plan, se deberán combatir las prácticas monopólicas, hecho que ha quedado demostrado en los dos últimos años con las limitaciones impuestas a la empresa Alibaba –similar a MercadoLibre en Argentina–, propiedad del empresario Jack Ma.

La propuesta de Beijing ha sido calificada por diferentes analistas internacionales como tecnonacionalismo. En la actualidad, China y Estados Unidos controlan el 78% de las patentes de inteligencia artificial, el 50% de la inversión global de proyectos de 5G (denominado también como la internet de las cosas), el 75% del mercado informático en la nube y el 90 % de las principales plataformas digitales existentes. Según el primer ministro chino, Li Keqiang, el valor añadido al PBI de la Investigación y el Desarrollo (I+D) debería pasar del 7,8% de 2020 al 10% en 2025. «Mejoraremos nuestras capacidades en innovación independiente porque las innovaciones no se pueden comprar», afirmó Wang Zhigang, ministro de Ciencia y Tecnología. Cada vez más la productividad se articula con la producción de conocimiento. Las patentes, por su parte, expresan la acreditación futura de dicha acumulación de saberes, competencias y aplicaciones prácticas.

 Expansión sin injerencia 

https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2021/03/Patentes.jpgPaíses con mayor solicitud de Patentes (2018).

En términos de su articulación internacional, Beijing propone multiplicar las inversiones de infraestructura en Asia, África y América Latina, profundizando su liderazgo en el sudeste asiático, su articulación con Rusia y su relación con la Unión Europea, con el claro objetivo de desacoplarse de Washington. Ante la perspectiva de posibles restricciones de las cadenas de suministro ligadas a Estados Unidos, el Plan Quinquenal impulsa la diversificación de las relaciones político-económicas y el fortalecimiento de su autosuficiencia, sustentada en el mercado interno de 1.400 millones de habitantes.

En 2020 la economía de China supuso el 16,8% del PBI global y exhibió un superávit en su cuenta corriente equivalente al récord histórico expuesto por cualquier otro país en la historia. A pesar de la ofensiva profundizada por el trumpismo, Beijing se convirtió en el mayor receptor de Inversión Extranjera Directa (IED), desplazando a Estados Unidos en ese rubro. También en 2020, el conjunto de 14 países integrantes del acuerdo del sudeste asiático conocido como RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership) se consolidó como el primer socio comercial de Beijing. La Unión Europea se ubicó en el segundo puesto y Estados Unidos fue desplazado al tercer lugar, prologando la desconexión y el desacoplamiento planteado por el Plan. El proyecto respecto a su vínculo con terceros países asume el compromiso de no injerencia político-gubernamental en los asuntos internos de ningún país, en un claro indicador diferencial respecto de Washington. En ese sentido se proyecta como una potencia dispuesta a contribuir a la generación de bienes públicos globales (medio ambiente, infraestructura, previsibilidad financiera, control de pandemias).

Pocos días después de la aprobación del XIV Plan Quinquenal se desarrolló en Alaska la reunión bilateral ente Estados Unidos y China, de la que participaron Antony Blinken y el consejero de Estado de Relaciones Exteriores Yang Jiechi. El encuentro escenificó el desacuerdo que Washington necesita exhibir para no exteriorizar debilidad frente al trumpismo residual. Como respuesta a esa dramatización de la administración estadounidense, que tuvo como prólogo el agravio de Biden a Putin, la cancillería china planificó una reunión con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, en la ciudad de Guilin, ubicada en la Región Autónoma de Guangxi Zhuang.

Según el jefe de la diplomacia rusa, el objetivo estratégico de Washington es impedir el desarrollo tecnológico de China y Rusia para frustrar la consolidación de un mundo multipolar. En ese cónclave, China y Rusia acordaron cooperar en aspectos de infraestructura, de seguridad y de investigación espacial pero priorizado las alternativas disponibles para abandonar el dólar como moneda de cambio comercial y de atesoramiento. En la reunión el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, anunció la decisión de contrarrestar las sanciones impuestas por Washington a través de la sustitución del sistema de transferencias interbancarias, el Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT)

En la última década, China impulsó la utilización global del yuan, y la participación del dólar en el comercio bilateral entre Moscú y Beijing se redujo de un 90% en 2015 a un 46% en el primer trimestre de 2020. A nivel global, el dólar cayó del 40% en 2019 al 38% en 2020, mientras que el euro subió más de tres puntos porcentuales. El yuan, por su parte, creció de 0,77 puntos porcentuales hasta el 2,42%. A pesar de los intentos de Washington por utilizar SWIFT para multiplicar sanciones contra Rusia, China, Venezuela, Irán y otros países soberanos, la moneda de Bruselas y la de Beijing, combinadas, superaron por primera vez en 2020 a la divisa de Washington como dispositivo de compensación de valor.

La geopolítica a tres bandas ofrece a América Latina y el Caribe una progresiva posibilidad de limitar la condena de la subordinación hemisférica. La intensificación de la disputa hegemónica muestra una creciente debilidad relativa de Washington y al mismo tiempo una búsqueda por parte de Moscú y de Beijing de auspiciar modelos no injerencistas, cooperativos y multipolares. La enorme economía china requiere materias primas y recursos naturales que pueden fijar la productividad latinoamericana en un orden primarizador y extractivista. Sin embargo, su expansión y su necesidad de legitimidad global ofrecen la posibilidad de concretar inversiones en infraestructura y la eventualidad de articular joint-ventures tecnológicas con empresas privadas, mixtas y estatales instaladas en el sudeste asiático.

La animosidad de Washington contra Putin y Jinping no tiene como fundamento el subterfugio institucionalista que apela a los valores democráticos como justificativo para imponer condenas y sanciones. Existen múltiples evidencias que dan cuenta de la simpatía de Washington con diferentes dictaduras que ejecutaron variados genocidios en América Latina. El aval actual a las monarquías absolutistas de la península arábiga y el apoyo a grupos insurgentes del África subsahariana comprueban que no es el espíritu republicano el factor que guía su política exterior.

Lo que Washington busca en forma denodada es obstaculizar el desarrollo de quienes pueden transformarse en países decididamente soberanos y autónomos, capaces de desafiar o autonomizarse de las decisiones del sistema monopólico, corporativo y financiarizado. Cuanto más independientes son los Estados, menos autoridad poseen las lógicas imperiales para imponer su voluntad. Cuanto más pobres, menos desarrollados y más dependientes son los países, mayor preponderancia detenta el Departamento de Estado para seguir imponiendo sus políticas. Washington elogia a las elites que endeudan a sus sociedades y valora positivamente la desconexión de los países en vías de desarrollo respecto a nuevos centros de poder emergente como China y Rusia. En forma paralela, las guerras mediáticas y tribunalicias contra todos los proyectos emancipatorios impulsan y consolidan un formato de sometimiento al Departamento de Estado.

Las relaciones internacionales se están reconfigurando y se presentan oportunidades novedosas para América Latina y el Caribe. El multilateralismo no sólo implica una diversidad del tablero global. Supone, además, la oportunidad para tomar distancia (o liberarse) de la maldición hemisférica, planteada con desprecio por quienes siguen considerándonos como su patio trasero.

Fuente: EL COHETE A LA LUNA

EL ESCORPIÓN Y LA RANA. JORGE ELBAUM

El documento de seguridad estratégica presentado por Joe Biden y el regreso al belicismo globalista

JORGE ELBAUM 

El último miércoles el Presidente de Estados Unidos Joe Biden calificó a su par ruso Vladimir Putin como un asesino y al líder chino Xi Jinping como un matón, en una sobreactuación orientada al doble objetivo de licuar la grieta con los republicanos trumpistas y al mismo tiempo recuperar un liderazgo global que cada vez se ve más desafiado por el multilateralismo creciente. La bravuconada que tensa las relaciones internacionales muestra que el regreso a la diplomacia anunciado por los aparatos de propaganda mediáticos globales fue solo un espectro: el bombardeo a Siria a fines de febrero y la seguidilla de agravios contra dos de los líderes más importantes del mundo exhiben una lógica estructural.

Una semana antes, el 3 de marzo, el Presidente Biden presentó junto a la Vicepresidenta Kamala Harris y el Secretario de Estado Antony Blinken la nueva Guía Estratégica Provisional de Seguridad Nacional, orientada a reemplazar la estrategia de seguridad nacional difundida en 2017 por la administración de Donald Trump. Durante la conferencia celebrada en la Casa Blanca, se informó que el documento pretende alinear a todas las agencias gubernamentales en una política exterior unificada.

El contenido de la Guía es coherente con el discurso belicista aplicado por las administraciones precedentes, todas ellas opuestas a la cooperación y al respeto de la soberanía de terceros países. La única diferencia planteada con la gestión anterior es que el trumpismo planteaba la inserción global como secundaria, mientras que Biden pretende recuperar el liderazgo para garantizar la supremacía hegemónica. Ambos modelos piensan sus relaciones con el resto del mundo en términos de subordinación y sometimiento.

El documento se plantea un doble objetivo. Por un lado, marcar las diferencias con el modelo trumpista en gestión global. Por el otro, otorgar certezas al entramado corporativo monopólico trasnacionalizado –de cuño neoliberal y financiarista– acerca de la defensa irrestricta de sus prerrogativas internacionales, tanto en sus aspectos de presencia como de acceso a los recursos naturales. El documento hace una única referencia explícita a América Latina y el Caribe para detallar el incremento de la pobreza, la corrupción, la violencia criminal, la recesión y la crisis de deuda, que se han agravado por la pandemia. No se nombra a Cuba ni a Venezuela, pero el documento señala como alarmante la presencia de  China y Rusia en el hemisferio occidental, dando por sobreentendido que dicho espacio continental es de su incumbencia exclusiva.

En las dos docenas de páginas, China es aludida en 15 oportunidades y se la califica como potencia asertiva. Rusia, por su parte, es denominada como potencia desestabilizadora y es mencionada en 5 oportunidades. Para el Departamento de Estado, Beijing desafía la visión del mundo exigida por Washington porque no reproduce el sistema institucional estadounidense: la concepción subyacente muestra que la única forma de gestión social estatal legítima, según Washington, debe imitar el modelo impuesto por el Departamento de Estado, so pena de ser considerado réprobo e ilegítimo. Salvo en los casos, como Arabia Saudita, en que los intereses estratégicos permiten omitir esas nimiedades.

El documento se compromete a que “países como China rindan cuentas» ante una coalición democrática formada por sus socios y aliados, articulados a través de una ofensiva diplomática a formalizarse durante los próximos años. Con ese cometido, la Guía adelanta que intentará fragmentar a la Asociación Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), de la cual forman parte Beijing y otros 14 países del sudeste asiático. La RCEP fue suscrita en noviembre de 2020 y congrega un mercado de 2.200 millones de personas, equivalente a un tercio de la producción económica mundial. Para ese cometido, diversos medios de Washington anuncian una próxima reunión virtual del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, conocido como QUAD, conformado por Estados Unidos, Japón, Australia e India, los tres últimos integrantes del RCEP.

 De Beijing a Moscú

Xi Jinping y Vladimir Putin. El nuevo eje del mal para Estados Unidos

.Según la Guía, China es el único competidor capaz de articular potencialidad económica, diplomática, militar y tecnológica para sostener un desafío al actual equilibrio global. Para legitimar el enfrentamiento contra Beijing, Washington ha necesitado –al igual que en periodos anteriores– estereotipar al nuevo enemigo: en una reciente encuesta del Pew Research Center, el 67% de los estadounidenses tiene una opinión negativa o muy negativa hacia los chinos. La misma pesquisa de opinión pública realizada en 2017 mostraba a un 46% de opiniones similares. En el último informe de 2021, el 89 % considera a Beijing como un competidor o un enemigo. El 84% considera peligroso su creciente poder tecnológico y la mitad de la población considera que es necesario y/o imprescindible limitar el poder y la influencia china en el mundo.

La construcción del enemigo en la que está comprometido Estados Unidos desde hace una década –cuando advirtió que el desarrollo económico y tecnológico implicaba un desafío a su hegemonía– ha llevado a una creciente estigmatización de los poseedores de rasgos fenotípicos orientales. El martes 16 un supremacista asesinó a ocho personas en Atlanta, seis de ellas asiático-estadounidenses, en un atentado que las autoridades caracterizaron de racista contra esa minoría. En 2020, las personas de esa identidad fueron víctimas de 3.800 incidentes de odio.

Tanto Beijing como Moscú han sido exitosos en sus esfuerzos destinados a limitar las históricas ventajas de Estados Unidos. Ambos han aprovechado la última década para extender sus espacios de interacción: China en América Latina, África y el sudeste asiático, y Rusia en el Cáucaso y en Medio Oriente. Si bien la Guía no menciona a la vacuna Sputnik, el texto deja entrever que la innovación del laboratorio Gamaleya ha lesionado la pretendida superioridad científico-tecnológica de Occidente, sobre todo después de las dudas planteadas en torno a la británica AstraZeneca.

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¿BIDEN ES TRUMP? LAS ORIENTACIONES ESTRATÉGICAS DE LA ADMINISTRACIÓN BIDEN. LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Dónde se la juegan Trump y Biden - El Independiente

LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Siria ha sido durante años el blanco perfecto de una furiosa guerra imperialista. Es un teatro de operaciones militares “beneficioso” para Estados Unidos y sus aliados, ávidos de ganancias en la confrontación geopolítica y proclives al cambio de régimen, allí donde los intereses son contrapuestos a los occidentales.

Desde las postrimerías de la administración Trump, como en experiencias anteriores, estaba en preparación una acción militar contra un objetivo iraní o un bombardeo en la Siria martirizada. Recordaremos el jueves 25 de febrero de 2021, cuando el flamante presidente de Estados Unidos, Joseph Robinette Biden Jr, ordenó contra Siria la primera operación militar de su periodo de gobierno.

Había transcurrido apenas un mes y unos días de su centelleante y prometedora toma de posesión. Algunos soñaban con una etapa de calma, reflexión y diplomacia multilateral, pero el gobierno permanente, en una nación de naturaleza militarista, indicó al presidente Biden la orden, que ya se esperaba en el ejército, de un ataque aéreo contra Siria, con el pretexto de que el objetivo destruido pertenecía a milicias respaldadas por Irán, en represalia a los ataques recientes sufridos por el personal estadounidense y su coalición en Irak.

Cualquiera que fuese el argumento esgrimido y la situación militar sobre el terreno, los bombardeos estadounidenses están muy lejos de constituir un factor de paz o una acción que prestigie la política exterior del gobierno de los Estados Unidos, desacreditado por su sobredimensionamiento militarista en Irak, Afganistán y la propia Siria. La reacción de los principales actores internacionales no se hizo esperar. Siria, país agredido, lo calificó de cobarde bombardeo aéreo y condenable en términos enérgicos, recibiendo de inmediato el apoyo de Rusia al exigir el respeto absoluto a la soberanía y la integridad territorial de su principal aliado en la región, al tiempo que confirmó su oposición a cualquier intento de convertir el territorio sirio en un polígono de arreglo de cuentas geopolíticas, lo cual es un hecho desde el inicio de esta guerra que no termina.

Y como en los tiempos de los días agonizantes de la Unión Soviética o los más convulsos momentos de la unipolaridad del sistema internacional, Rusia recibió una advertencia de cuatro a cinco minutos sobre la primera acción militar de la administración Biden, y el canciller Sergei Lavrov confirmó que el aviso llegó demasiado tarde para aliviar la situación. Este hecho no es un problema de comunicación puntual entre grandes potencias en rivalidad geopolítica. Observamos en él una acción militar deliberada y criminal, concebida y ejecutada sin la autorización del Congreso estadounidense y del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A su turno, China, abogó porque todas las partes pertinentes respeten la soberanía, independencia e integridad territorial de Siria y sobre la necesidad de evitar nuevas complicaciones a la situación de ese país. Además de los dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Cuba reiteró su posición de principios con una condena unánime de su canciller Bruno Rodríguez Parrilla, quien condenó la agresión y la calificó una violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial de la hermana nación, pero también del Derecho Internacional y la Carta de la ONU. Se escucharon muchas más voces condenatorias, pero el contenido de esas tres declaraciones ejemplifica lo expresado en público y privado por otros actores del sistema internacional.

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EUROPA: DESILUSIONES Y DESAFÍOS GEOPOLÍTICOS. LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

EUROPA 1

Dr. LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ*

LEYDE 3En los últimos años he dedicado un espacio de mi actividad docente a la investigación sobre las problemáticas relacionadas con Europa y, especialmente, sobre los procesos y fenómenos que aturden a la Unión Europea.

Así surgieron algunas publicaciones sobre esos temas: “Unión Europea: múltiples crisis y estrategia global en el siglo XXI”; “El Brexit[1] en las relaciones Reino Unido-Unión Europea. Impactos geopolíticos”; “La Unión Europea: múltiples crisis, desafíos y oportunidades en el siglo XXI”; “La Unión Europea: Imperfecciones, desafíos y oportunidades”, entre otras, que se pueden encontrar en referencias académicas cubanas e internacionales con políticas de Acceso Abierto. [2]

Ahora pretendo, en plena pandemia del SARS-CoV-2 enfermedad COVID-19, comentar que las tesis expuestas en aquellos trabajos han mantenido vigencia y que la pandemia de Covid-19 no hizo más que evidenciarlas en toda su magnitud y crueldad, acelerando sus impactos en la geopolítica europea a escala regional  e internacional.

La pandemia de la Covid-19 demostró lo que algunos analistas políticos no deseaban reconocer: la fragilidad de Europa y de sus instituciones de integración en relación con las múltiples crisis que la aquejan desde el 2008.

Las causas de las vulnerabilidades y de la irrisoria efectividad frente al coronavirus, no se debieron al poderío destructivo del virus, sino a la incapacidad de acción colectiva de una Unión que venía paralizada en sus metas supremas de integración y obtención de mayores cuotas de poder e influencia estratégica global. Así los ciudadanos europeos pudieron constatar que el llamado “Estado de Bienestar General” ya no existía o era microscópico, equiparándose en ese sentido a la COVID-19, pues solo esos servicios continúan disponibles en beneficio de aquellos con posibilidades o recursos financieros para alcanzar sus bondades.

Y eso se debe a que Europa ha permanecido afectada por la crisis sistémica capitalista manifiesta en múltiples problemáticas de índole: económico, político, social, moral e institucional. De ahí el retroceso o pérdida de valor simbólico de la Unión Europea a nivel local, regional y global, a pesar de sus incuestionables avances históricos en el proceso de integración, que han servido de referencia para otras organizaciones regionales. La integración europea fue deteriorada por los líderes políticos que impulsaron la salvaje economía neoliberal en beneficio propio, de las transnacionales y de los sectores ricos, empobreciendo a las mayorías.

En el contexto del trágico azote de la COVID-19, la Unión Europea  mantuvo su tradicional conducta neoliberal. Bajo ese signo proliferaron acciones de salvamento de la economía mediante la inyección de dinero para amortiguar los daños de la crisis económica capitalista (2008-2020), agudizada con los nuevos impactos de las cuarentenas y las interrupciones en los procesos productivos. Esta particular gestión deshumanizada no es nueva, recordemos que durante la crisis iniciada en el 2008 las instituciones europeas decidieron salvar los bancos y no a las personas. Las entidades bancarias capitalistas son muy poderosas, pero millones de personas permanecen, al mismo tiempo,  vulnerables y desamparadas.

En el neoliberalismo identificamos la verdadera causa de las múltiples crisis, de los daños humanos y materiales provocados antes y durante el desarrollo de la pandemia. Y seguramente también después, si el rol del estado en la economía no se instaura con rapidez o en calidad de una lección aprendida.

Al priorizar -a toda costa-, la economía y subestimar el entramado social, los máximos representantes de la referida Unión no encontraron una respuesta estratégica al colapso de los sistemas sanitarios y fue imposible evitar la muerte diaria de cientos y miles de personas en toda Europa. En la observación de esas perdurables condiciones uno se pregunta: ¿Qué pasará con la integridad de la Unión Europea? ¿Qué ocurrirá si surgen nuevas pandemias o una catástrofe natural afecta el continente europeo? ¿Cuál será el lugar de la Unión Europea y de la propia Europa en el sistema internacional en transición hacia la multipolaridad en el siglo XXI?

Tendencias contradictorias y geopolítica global 

La llamada etapa pospandemia abre un escenario de tendencias contradictorias. En esa atmósfera de incertidumbre no pocas personas en el mundo aspiran a una auténtica normalidad de signo  posneoliberal y poscapitalista.

Otro mundo es posible, pero el peor de los mundos –capitalismo- sobrevive a una pandemia amparado por un “orden” de la arrogancia, el militarismo, las guerras, la pobreza, el hambre y las sanciones económicas unilaterales. Ese rumbo suicida significa inexorablemente la destrucción de la especie humana. O el mantenimiento de un modo de vida capitalista consumista, caracterizado por el lujo y la concentración de las riquezas en beneficio de unos pocos.

La pandemia de coronavirus rememoró otros momentos pocos estelares de la Unión Europea no muy lejanos en el tiempo: la crisis migratoria, del Euro y el Brexit. Prevaleció la invalidez de la Unión para conciliar y establecer acciones conjuntas favorables a la unidad en el enfrentamiento a la pandemia. Así se demostró que este espacio europeo es de hecho un mercado único económico y monetario, pero está muy lejos de ser un proyecto social común. Ha quedado evidenciado, una vez más,  el predominio de una Unión Europea al servicio de las elites e incapaz de coordinar y hacer funcionar los resortes de la diplomacia intraregional. Seguir leyendo EUROPA: DESILUSIONES Y DESAFÍOS GEOPOLÍTICOS. LEYDE ERNESTO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

VENEZUELA Y LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL. ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

 

Venezuela fue foco y manzana de la discordia fundamental de la reunión sostenida en Sochi el 14 de mayo por los jefes de las diplomacias de Rusia y Estados Unidos, Sergéi Lavrov y Mike Pompeo. Seguida por un encuentro de los dos altos funcionarios con el presidente Vladimir Putin, la centralidad del país bolivariano en la cita resulta más significativa por tratarse de la primera visita de Pompeo como secretario de Estado al país eslavo en el contexto de un largo período de envenenadas relaciones bilaterales entre las dos potencias, que se remonta al primer gobierno de Obama. También, por haberse contemplado en la agenda varios de los temas candentes de la relación bilateral y, a la vez, de la escena internacional, entre ellos Ucrania, el programa nuclear de Irán, Siria, Corea del Norte, la supuesta interferencia rusa en las elecciones y la política interior de Estados Unidos, y los tratados de control de armas nucleares.

Las posturas sobre la patria de Bolívar no pudieron ser más distantes.

Así, Lavrov manifestó: “Rusia está a favor de que el pueblo(de Venezuela) determine su futuro, y… es de suma importancia que todas las fuerzas patrióticas responsables de la política de ese país inicien un diálogo entre ellas… en el marco del llamado Mecanismo de Montevideo. Y el gobierno… ha afirmado Maduro, está dispuesto a ese diálogo”.

Más adelante: “Las amenazas contra el gobierno de Maduro… de los representantes… de la administración estadounidense y de Guaidó, que constantemente recuerda su derecho a invitar a la intervención armada desde el exterior, no tienen nada en común con la democracia”.

A su vez, Pompeo: “Insto a que mis colegas rusos apoyen al pueblo venezolano mientras devuelven la democracia a su país. Estados Unidos y más de 50 otras naciones coinciden en que ha llegado el momento de que Nicolás Maduro se vaya… esperamos que el apoyo de Rusia a Maduro termine”. Lavrov, en una fina estocada, recordó cómo han terminado los intentos de llevar la democracia a Irak, Libia y otras naciones.

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SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA. LUIS BRITTO GARCÍA

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LUIS BRITTO GARCÍA

El adversario intenta arrebatarnos hasta la luz;  esclarezcamos el panorama de lo posible.

Vuelve Venezuela a estar en condiciones de determinar su propio destino, el de América Latina y el del mundo.

El destino  económico del planeta depende de la energía fósil, que mantiene funcionando el sistema productivo, y del oro, único respaldo real del sistema monetario.

Venezuela es el país con mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, con 302.810 millones de barriles. Le siguen en orden decreciente Arabia Saudita, Canadá, Irán, Irak,  Kuwait, Emiratos Árabes, Rusia, Libia, Nigeria, Kazajistán, y Estados Unidos, en un melancólico puesto 12, con 36.520 millones, apenas algo más de la décima parte de las reservas de Venezuela, muy poco para el mayor consumidor de energía fósil del planeta.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) calcula para 2014 que en el planeta habría 1.65 billones de barriles (2014), y que si se mantuviera la producción de 83 millones de barriles al día, quedaría petróleo apenas para unos 54 años  contados desde esa fecha. (https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_proven_oil_reserves)

Quien controle esas reservas  controlará el mundo.

El sistema financiero global fundado en un dólar  no  respaldado por nada salvo por la obligación de los exportadores de petróleo de recibir el pago en papel verde, está a punto de ser sustituido por el de otra moneda que, como el yuan, esté respaldada en oro.

El 15 de diciembre de 2018 Víctor Cano, Ministro del Desarrollo Minero Ecológico, declaró que “Sólo en el área cuatro del Arco Minero del Orinoco, estamos estimando que existan 8 mil toneladas de oro inferido. Tenemos certificadas 2.300 toneladas de esas 8 mil. Eso nos colocaría como la segunda reserva de oro del mundo, pero podríamos ser la primera”. (https://www.conelmazodando.com.ve/venezuela-podria-tener-la-reserva-de-oro-mas-grande-del-planeta)

Quien controle el oro controlará el sistema financiero global.

Por no agobiar al lector no añadimos un inventario de las demás riquezas del país, comenzando por la energía hidroeléctrica de Guayana, el agua, la biodiversidad, el hierro, el aluminio, el coltán, el cobre, el torio, sin omitir una espléndida fuerza de trabajo de 14.167.281 personas, casi la mitad de la población, de la cual  unos 6.274.817 son trabajadores intelectuales, y 2.267.003 específicamente califican como profesionales, técnicos y afines.

Gracias a estas riquezas, Venezuela puede ser dueña de  su propio destino, o esclava de quien se las robe.

Que conservemos  las riquezas que asegurarían el destino  del mundo, de nuestro país y de la integración latinoamericana depende de que mantengamos la coherencia interna necesaria para defenderlas.

Esta coherencia por lo pronto no parece vulnerable ante un ataque externo. Las advertencias de China y de Rusia, respectivamente  primera potencia económica y militar  del planeta, han paralizado la intervención armada estadounidense directa o mediante país títere: si no la han ejecutado, es porque ha dejado de ser  factible.

Esa cohesión tampoco parece vulnerable al ataque violento interno. En dos décadas la oposición ha intentado todo, desde el golpe de Estado hasta el magnicidio, desde la oleada terrorista al sabotaje, sin más resultado que fraccionarse y debilitarse cada vez más.

Esta coherencia es medida por lo menos una vez al año por el sistema electoral más perfecto del mundo, que ha realizado 24 consultas en el curso de dos décadas.

La única forma en que podríamos perderlo absolutamente todo es mediante la derrota electoral. El 6 de diciembre de 2015 evidencia que ésta es posible, y revela cómo podría producirse.

El pueblo podría abstenerse masivamente ante el empeoramiento de las condiciones de vida provocadas por el aumento incontenible e injustificado de precios, la desaparición masiva de bienes por las fronteras, la impunidad de la delincuencia económica, la inseguridad impuesta por bandas de paramilitares.

Si queremos controlar nuestro destino y en alguna forma el del mundo, no tenemos más que seguir cohesionados en la defensa de nuestras riquezas y de la redistribución igualitaria de ellas.

Si queremos depender de otros como esclavos y súbditos, la receta es sencilla: sigamos dejando que el oligopolio de una docena de parásitos  mate de hambre al pueblo con precios incontrolados, que un hampa impune de “bachaqueros” siga desviando en provecho propio los bienes subsidiados destinados a las masas, que un puñado de ratas continúe hambreándolo con  el contrabando de extracción, que  ineptos o cómplices lo sepulten permitiendo la proliferación de terroristas paramilitares, hasta que el elector hastiado retire su apoyo al sistema político y de Venezuela no quede más que un agregado confuso de botín y falsos positivos.

Antes de que  tantos sean inmolados para satisfacer la vileza de tan pocos, actuemos para defender los derechos de todos.

Fuente: BLOG DE LUIS BRITTO GARCÍA 

GEOPOLÍTICA DEL SIGLO XXI: VOLATILIDAD POR TODOS LADOS. INMANUEL WALLERSTEIN

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INMANUEL WALLERSTEIN / LA JORNADA

Puede argüirse que el ámbito más fluido en el sistema-mundo moderno, que está en crisis estructural, es el geopolítico. Ningún país está cercano a dominar este ámbito. La última potencia hegemónica, Estados Unidos, ya lleva tiempo actuando como un gigante incapaz. Tiene poder para destruir pero no para controlar la situación. Sigue proclamando reglas que espera que otros sigan, pero puede ser, y es, ignorado.

Hay ahora una larga lista de países que se consideran listos para desempeñarse de maneras específicas pese a las presiones de otros países. Una mirada por todo el globo confirmará puntualmente la incapacidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Los dos países que además de Estados Unidos tienen el poderío militar más fuerte son Rusia y China. Alguna vez se movían con cuidado para evitar la reprimenda de Estados Unidos. La retórica de la guerra fría hablaba de dos campos geopolíticos en competencia. La realidad era otra cosa. La retórica simplemente enmascaraba la efectividad relativa de la hegemonía estadunidense.

Ahora, virtualmente es lo contrario. Estados Unidos tiene que moverse con cuidado vis-à-vis Rusia y China para evitar perder la capacidad de obtener su cooperación en las prioridades geopolíticas de Estados Unidos.

Miremos a los así llamados aliados más fuertes de Estados Unidos. Podemos enredarnos discutiendo quién es el aliado más cercano, o ha sido ya por largo tiempo. Escojan entre Gran Bretaña e Israel o aun, ­algunos dirían, Arabia Saudita. O hagamos una lista de los que alguna vez han sido socios confiables de Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, Canadá, Brasil y Alemania. Llamémosles los números dos.

Ahora revisemos el proceder de todos estos países en los 20 años pasados. Digo veinte porque la nueva realidad precede al régimen de Donald Trump, pese a que sin duda él ha sido quien ha empeorado la habilidad de Estados Unidos para imponer sus modos.  Seguir leyendo GEOPOLÍTICA DEL SIGLO XXI: VOLATILIDAD POR TODOS LADOS. INMANUEL WALLERSTEIN

G20 DE HAMBURGO: FIN DEL ORDEN NEOLIBERAL GLOBAL POR EL G3 (EE.UU./RUSIA/CHINA). ALFREDO JALIFE-RAHME

Si se toman como parámetros de medición los conceptos de estabilidad estratégica, en materia nuclear (https://goo.gl/ePVvCw), y del triángulo estratégico de EU/Rusia/China (https://goo.gl/fdqwMA), la primera semana de julio de 2017 parece haber significado un punto de inflexión metahistórico que se encamina a un nuevo orden tripolar entre las dos grandes superpotencias nucleares (EU y Rusia) y la máxima superpotencia geoeconómica (China).

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HAMBURGO 2017: La manifestante conocida como WONDER WOMAN.

Lo relevante del primer encuentro exitoso del zar Vlady Putin y el presidente empresario Trump fue: 1) que haya ocurrido y haya durado cinco veces más de lo programado; 2) que haya detenido el deterioro estrepitoso de la relación bilateral de Estados Unidos (EU) y Rusia que legó la dupla Obama/Hillary, y 3) más allá de los supuestos avances de la agenda abordada, lo primordial radicó en los acuerdos secretos que catalizaron la química entre ambos mandatarios y su postura constructiva, en particular, el contencioso nuclear de Norcorea, en el que irrumpió con fuerza Rusia para intermediar entre Trump y el mandarín Xi.

El gran triunfador de la cumbre bilateral, y hasta del G20, fue el zar Putin, quien rompe su supuesto aislamiento por el mundo occidental.

Suena paradójico que Trump haya sido aislado por los 19 integrantes del G20 por el tema del cambio climático y del libre (sic) comercio, mientras Putin se haya brincado las sanciones occidentales de EU y Europa.

Nunca he escuchado algo más absurdo que el término propagandístico y ahistórico de Occidente que incorpora a Japón (país oriental) y a Israel (artefacto medioriental), mientras exorciza a Rusia: cuando San Petersburgo, capital occidental por antonomasia, fue fundada 73 años antes que la independencia de EU.  Seguir leyendo G20 DE HAMBURGO: FIN DEL ORDEN NEOLIBERAL GLOBAL POR EL G3 (EE.UU./RUSIA/CHINA). ALFREDO JALIFE-RAHME