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LA HABITACIÓN EN LA QUE GOETHE TRABAJABA. WALTER BENJAMIN

GOETHE - HABITACIÓN DE TRABAJO
Despacho de Goethe en el Goethe National Museum

WALTER BENJAMIN

Se sabe cuán sencilla era la habitación en la que Goethe trabajaba. Es baja, no hay alfombras ni ventanas dobles, los muebles no son imponentes. Fácilmente podía haber conseguido una habitación mejor. Ya por entonces había sillones de cuero y almohadones, aunque la habitación no se adelanta en absoluto a su tiempo. La voluntad mantiene las figuras y las formas de los armarios. Nada debía avergonzar la luz de las velas bajo las que el anciano se sentaba a estudiar por las noches, con la camisa de dormir y los brazos extendidos sobre la almohada desteñida. Pensar que hoy en día sólo se vuelve a encontrar el silencio de esas horas en la oscuridad de la noche, pero si se pudiera escuchar ese silencio se podría rescatar la conducta decidida e íntegra, la gracia irrepetible de esas últimas décadas en las que el rico tenía que sentir el rigor de la vida en su propio cuerpo. Aquí se homenajeaba el anciano en las inmensas noches en compañía de la preocupación, la culpa y la necesidad antes de que la endiablada aurora del confort burgués se asomara a la ventana. Todavía esperamos una filología que descubra ante nosotros ese ambiente próximo y determinante de la verdadera antigüedad del poeta. Esta habitación era el pilar de la pequeña construcción que Goethe dedicó a dos cosas: al sueño y al trabajo. No se puede llegar a apreciar lo que significó la vecindad en ese pequeño dormitorio y en esa pequeña habitación de trabajo tan aislada como un cuarto de dormir. Sólo el umbral y un escalón lo separaban de la cama mientras trabajaba, y, al dormir le esperaba su obra para separarlo todas las noches de sus fantasmas. El que por una feliz casualidad se encuentra en estos espacios puede reconocer la disposición de las cuatro habitaciones en las que Goethe dormía, leía, dictaba y escribía, y puede reconocer la fuerza que hacía que el mundo le contestara cuando tocaba en lo más íntimo. En cambio nosotros debemos conseguir un mundo de matices para hacer sonar ese débil tono sostenido en nuestro interior.

Walter Benjamin
Kleine Prosa Baudelaure
Traducción: Marian Merino Zorita

Tomado de CALLE DEL ORCO, blog de Literatura / Grandes encuentros

 

GOETHE EN ITALIA, SUEÑOS DE JUVENTUD. HIGINIO POLO

GOETHE ITASLIA 1

HIGINIO POLO / EL VIEJO TOPO

higinio polo 3En la segunda mitad del siglo XVIII, el viaje a Italia era una de las obligaciones para cualquier persona culta. Para Goethe, Italia fue mucho más que una obligación: fue una pasión, finalmente satisfecha.

En el número 18 de la Via del Corso romana, frente al palazzo Rondanini, se alojó Goethe durante su estancia en la ciudad, entre 1786 y 1788. Al menos eso afirman los administradores de la casa donde vivió, aunque en realidad llegó a Roma el 1 de noviembre de 1786 y se marchó a Nápoles el 22 de febrero de 1787, para seguir después a Sicilia. No regresó hasta el 8 de junio de 1787, y se marchó para siempre en abril de 1788. Goethe cumplía con los rituales de su época. En la segunda mitad del siglo XVIII, el viaje a Italia era una de las obligaciones para cualquier persona culta: Winckelmann había puesto Pompeya y la civilización romana en el centro del interés de los nobles desocupados y los nuevos burgueses enriquecidos, y creía su deber llevar la grandeza del arte griego a todos los gabinetes de Europa. Inventando disciplinas, dotando al espolio y el robo de la dignidad del estudio y la arqueología, los contemporáneos ricos de Goethe viajaban a Italia para entretener sus días y educar su espíritu. “No se viaja para llegar, sino por viajar”, escribió Goethe, y esa convicción se encuentra a cada paso en sus páginas sobre Italia.

Los rituales modernos y el fetichismo llevaron al municipio romano a abrir esa “Casa de Goethe”, en el centro mismo donde se desbordaban en los días del escritor los carnavales romanos. En ella, en salas silenciosas y solitarias, se ve una edición del Viaggio in Italia, de 1740, cuya primera impresión italiana fue hecha en 1923, junto a vistas de Roma del Piranesi; facsímiles, dibujos, un pequeño cuadro de Franz Ludwig Castel (1778-1856), Veduta del golfo di Napoli con il Vesuvio. Más allá, una copia del célebre óleo de Tischbein, Goethe en la campagna romana, de 1786-87, cuyo original se encuentra en el Instituto Städel de Frankfurt del Meno, la patria del escritor: allí fue el sobrevalorado Warhol, para inspirarse en la tela de Tischbein. Incluso curiosos documentos, como la Carta de una romana desconocida. Al lado, el Retrato de von J. W. Goethe, de Heinrich Kolbe (1771-1836), un óleo pintado en 1826. En su habitación, un molde de yeso de la Juno Ludovisi, como el que tenía en su casa de Weimar; y el Retrato de Goethe, de Angelika Kauffmann (1741-1807), aunque también es una copia. Kauffmann, amiga del escritor, dejaría anotado que el momento de la partida de Goethe “fue uno de los días más tristes de mi vida”. Y, más allá, extractos del Diario de viaje de 1786; vitrinas y documentos, y una pequeña biblioteca. Goethe se quejaba de su habitación, que no tenía chimenea ni estufa, y que apenas utiliza para dormir o “en caso de enfermedad”.

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GOETHE ITALIA 2
Cy Twombly. Naples, 1961

Goethe prepara durante años su viaje a Italia, lo aplaza, vuelve a soñar con él, siempre postergando la marcha, hasta que, finalmente, parte de Karlsbad sin avisar a nadie. Hacía una década que vivía en Weimar (a donde había llegado por la invitación del duque Karl August de Sajonia-Weimar-Eisenach y, también, huyendo del fallido compromiso amoroso con Lili Schönemann), donde se entrega a asuntos administrativos e intrigas políticas como miembro del consejo privado, secreto, del duque, un joven inclinado a las intrigas alemanas, a la masonería y a las sociedades secretas, que anudará una gran amistad con el escritor. Meticuloso, Goethe irá tomando notas de los largos meses de viaje por la península italiana: con esos apuntes escribirá y publicará, casi cuarenta años después, su Viaje a Italia. Parte con la guía de Volkmann, entonces imprescindible, un repertorio útil, pero cuyas afirmaciones el escritor no duda en corregir; por ejemplo, cuando discrepa de que en Nápoles haya casi cuarenta mil holgazanes: Goethe no los ve, ni los encuentra, pese a su interés y sus preguntas.  Seguir leyendo GOETHE EN ITALIA, SUEÑOS DE JUVENTUD. HIGINIO POLO