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DEMOCRACIA NEOLIBERAL. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

La inhabilitación de Evo Morales para candidato a senador y la condena de ocho años y proscripción política por vida a Rafael Correa, ambas el 7 de septiembre, confirman que los neoliberales juegan a la democracia solo hasta que comienzan a perder elecciones. Me refiero, claro, a la democracia formal, toda vez que el neoliberalismo es la antítesis de la democracia sustantiva, participativa, generadora de poder popular, como la que se practica en Cuba y Venezuela. Monumentales ejemplos de esa incompatibilidad son la imposición, en supuestos países democráticos –entre ellos, por cierto, el Chile de la Concertación, heredera entusiasta de la política económica de Pinochet y también el México de la transición “democrática”–, de los tratados de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, evidentemente contrarios a los intereses populares y dirigidos a profundizar la sujeción de nuestros pueblos al imperio. A partir de los TLC y las privatizaciones se afianzó como nunca la tiranía del mercado sobre millones, a quienes la mafia mediática ocultó las empobrecedoras consecuencias de esas políticas para sus vidas, cuya aplicación nunca les fue consultada.

No utilizaré este reducido espacio para argumentar contra la inconsistencia jurídica de las espurias medidas impuestas a Evo y a Correa por jueces venales o intimidados. Esos adefesios judiciales forman parte de la misma familia de los golpes de Estado contra los presidentes Zelaya (Honduras, 2009), Lugo (Paraguay, 2012), Dilma Roussef (Brasil, 2016) y Evo Morales (Bolivia, 2019). Todos justificados por los medios de comunicación hegemónicos; en algunos casos promovidos, o aprobados, por los parlamentos y hasta convalidados por los órganos de administración de “justicia”, como en el caso brasileño. También tienen cercano parentesco con la embestida mediática que linchó al kirchnerismo en Argentina y abrió la puerta, en gran medida, al gobierno saqueador de Macri y al ensañamiento judicial contra Cristina Fernández de Kirchner y su familia. Además, con la desacreditada farsa del juez Moro para impedir la candidatura de Lula a la presidencia, que le puso la alfombra de plata a la privatización del rico yacimiento petrolero presal y a la irrupción de Bolsonaro. Estas acciones, cuando interviene el aparato de administración de justicia para perseguir o inhabilitar a políticos de raigambre popular, de tan reiteradas, han dado ya lugar al surgimiento del vocablo inglés lawfare (guerra judicial) para calificarlas. Por cierto, un caso escandaloso fue el intento de desafuero contra López Obrador. Pero debe quedar claro que el lawfare es solo una línea de acción, muy importante, sin duda, entre el repertorio de atropellos que la derecha ha ido perfeccionando para interrumpir los procesos de cambio o evitar que lleguen, o retornen al gobierno, candidatos que los promueven.   

Paola Pabón, Virgilio Hernández y Christian González, distinguidos militantes del Movimiento de la Revolución Ciudadana constituyen, en Ecuador, un caso paradigmático de persecución judicial únicamente por motivos políticos. Los tres fueron acusados de rebelión armada a raíz del gran levantamiento indígena en Ecuador de octubre de 2019, que dejó más de mil prisioneros y 11 muertos. Sí se identificaron con las demandas del movimiento pero sin participar en su organización y llamando a ventilar políticamente sus reclamos a través de la Asamblea Nacional. Las “pruebas” presentadas contra los tres no son más que tuits, uno de ellos de Paola, llamando al no ejercicio de la violencia y en todo caso, por su contenido están dentro del campo del derecho a disentir. Paola, prefecta electa de la provincia de Pichincha fue detenida de madrugada y allanada su casa brutalmente.Los tres recibieron condena a prisión preventiva, hasta que el 25 de diciembre de ese año les fue conmutada por medidas sustitutivas de presentación semanal en la fiscalía y fijación de un brazalete electrónico, gracias a la presión ejercida por una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También la acusación disminuyó a solo rebelión pues lo de “armada” ponía en aprietos a los mismos jueces.  Pero en estos días ha continuado el juicio y ahora Paola deberá presentarse ante la fiscalía tres veces por semana en lugar de una mientras dure la investigación.  En una extraordinaria entrevista en la que muestra la entereza y convicciones de que está hecha, Paola afirma:  Aquí hay también unos intereses transnacionales que… no estaban cómodos con nuestros regímenes progresistas, y las embajadas de Estados Unidos han jugado un papel en estos procesos que hemos llamado Nuevo Plan Cóndor. Entonces, ya no es el caso de Paola Pabón, ya no es el caso de Lula, de Rafael Correa. El problema es que ya no se trata de Estados democráticos y con el tiempo se hablará y se escribirá sobre cómo actuaron los regímenes neoliberales-autoritarios en esta época en América Latina.

Twitter: @aguerraguerra

UNA MIRADA HACIA AMÉRICA LATINA. GRAZIELLA POGOLOTTI

AMÉRICA LATINA 3

GRAZIELLA 1Algo, quizá insuficiente, nos enseñaron los programas escolares acerca de América Latina. De manera superficial, supimos de la conquista y la colonización y de los héroes de la guerra de independencia. A pesar de la advertencia martiana no entendimos las razones esenciales de nuestra americanidad. Nos faltó comprender la sustancia concreta y las complejidades del tejido social de países construidos desde la violencia que castró el desarrollo orgánico de sus habitantes originarios y los convirtió en marginados. Proveer brazos para la extracción de materias primas introdujo la brutal esclavitud africana. En ese contexto, distintas culturas entrechocaban, se contaminaban en cierto grado, aunque sobre todo se ejerciera el dominio de unas por encima de las otras con el sustento, en el plano objetivo, de la opresión económica y, en el plano subjetivo, de un racismo que caló en la conciencia de muchos y subsistió en términos de mala memoria, lesivo a la unidad de nuestros pueblos. Sin embargo, los marginados y olvidados han demostrado una enorme capacidad de resistencia. Empiezan a emerger en situaciones muy adversas. Sus voces y sus valores comienzan a hacerse reconocibles. Contra sus proyectos de renovación, el neoliberalismo desata el poder económico y su instrumento de acción sobre las subjetividades, el monopolio de los medios de comunicación, incluido el trabajo personalizado a través del sofisticado empleo de las redes sociales.

Los acontecimientos ocurridos tras el triunfo de la Revolución nos entregaron un aprendizaje de las realidades profundas de América, ocultas tras las vitrinas esplendorosas de algunas de sus grandes ciudades. Después de la victoria de enero de 1959, muchos vinieron a compartir nuestro trabajo, a intercambiar ideas, a ofrecer conocimientos. Algunos permanecieron para siempre con nosotros. Otros encontraron aquí refugio en días aciagos de exilio. Descubrimos el cine y la música del Brasil. Nos tocó de cerca el drama de las dictaduras que cercenaron vidas y produjeron millares de desaparecidos. Nos familiarizamos con la imagen de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Vivimos con intensidad la oleada transformadora que invadió el continente.

El vuelco progresista que se extendió desde Venezuela hasta el sur acrecentó nuestra proximidad. América Latina asumía un nuevo lenguaje, afirmaba simultáneamente sus valores identitarios y proponía, según las circunstancias de cada cual, modelos de desarrollo que mejoraban las condiciones de existencia de millones de ciudadanos en contraposición a las fórmulas establecidas por el neoliberalismo. Por primera vez, se escuchaba la voz de nuestros pueblos originarios.

Las derrotas electorales en algunos países nos desconcertaron y nos plantearon numerosas interrogantes. Para algunos, los recién salidos de la pobreza comienzan a pensar de otro modo. Hacen suyas las aspiraciones de la pequeña burguesía. Sin tener en cuenta lo ganado, olvidan que el regreso del neoliberalismo los privará de sus conquistas. El argumento no me resulta del todo satisfactorio. Los cambios en la conciencia no se producen con tanta rapidez, sobre todo cuando los beneficios materiales se suman a un trabajo sistemático de educación ciudadana. El asunto merece un estudio en profundidad, porque los fenómenos sociales responden a causas multifactoriales.

La vicepresidenta electa de la Argentina, Cristina Fernández, ha narrado la infame campaña difamatoria a que fue sometida por la gran prensa y por los canales privados de la televisión. Contraviniendo todo principio ético, la infamia transgredió los límites de su vida personal, llegando a poner en dudas su salud mental. Acusada sin pruebas de toda clase de delitos, sufrió el deterioro de su imagen pública y pagó un alto costo en el plano familiar con el quebranto del estado físico de su hija. El barraje propagandístico socavó lo esencial de un proyecto gubernamental de rescate de la nación, ampliación de oportunidades para los más desvalidos, impulso a la ciencia y amparo a la cultura.

El panorama actual evidencia una profunda perversión de las instituciones democráticas. Los golpes de Estado se llevan a cabo con el empleo de otros métodos. La transparencia informativa implica conocimiento y constituye una vía de ejercicio del poder mediante el acceso a la realidad en su complejidad y en las contradicciones propias de la dialéctica de todo devenir histórico. Los sucesos ocurridos en Brasil son reveladores al respecto. La feroz campaña mediática se complementó con el golpe de Estado parlamentario perpetrado contra la presidenta Dilma Rousseff, a pesar de no habérsele imputado delito alguno. Con la complicidad activa del Poder Judicial, en nombre de una causa justa, la lucha contra la corrupción, las condenas se concentran en los personeros del PT. Para conjurar su gran respaldo popular y marginarlo del proceso electoral, sin contar con pruebas y vulnerando principios constitucionales, Luis Inácio Lula da Silva es encarcelado y, por ende, privado de sus derechos políticos con el propósito de ceder el terreno a la extrema derecha.

Es lo que se denomina judicialización de la política. En verdad, la operación responde a las enormes reservas de petróleo existentes en los mares del Brasil y a las materias primas —agua incluida— conservadas en el inmenso territorio del país. Las fórmulas pueden ser aún más extremas. En el caso de Bolivia, se organizan grupos violentos con la intención de desestabilizar la nación en términos de guerra civil. En un trasfondo todavía más siniestro, en un territorio plurinacional, donde han sido reivindicadas las demandas históricas de los pueblos originarios, se recurre al racismo latente.

En todos los casos, el papel tradicional de los tres poderes ha sido anulado. En nombre de la libertad de prensa, se coartan las posibilidades de tomar medidas contra el uso sistemático de la calumnia y la difamación. Meticulosamente preparado, el golpe de Estado fascista se consumó, como trágico vuelco del desarrollo de un proyecto nacional, de rescate de la soberanía, de los riquísimos recursos mineros y de reivindicación de los plenos derechos de nuestros pueblos originarios.

Es una lección que tenemos que aprender. Nuestro conocimiento en profundidad de la América Latina sigue siendo una asignatura pendiente. De la mano del imperio, la derecha oligárquica actúa de manera cohesionada y articula el uso de la violencia con el sistemático empleo de los medios de comunicación y las redes sociales. Paliando diferencias de matices, la izquierda y los movimientos progresistas tienen que forjar, en la teoría y en la práctica, una plataforma común contra el capitalismo salvaje representado por el neoliberalismo. Lo que está en juego en este momento decisivo es mucho. Es nuestro derecho a la vida y el porvenir de nuestros hijos.

HONDURAS: DIEZ AÑOS DE GOLPES Y NEOLIBERALISMO. KATU ARKONADA

HONDURAS 1

KATU ARKONADA

KATU 2.jpgLas movilizaciones populares se suceden en Honduras. En estos días, son 60.000 médicos y maestros en pie de guerra contra un sistema político que busca, por imposición del Fondo Monetario Internacional, la privatización de la salud y la educación. Las movilizaciones cuentan con tal grado de apoyo popular, que hasta la Policía Nacional se ha sumado al paro, forzando al gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH) a desplegar a las Fuerzas Armadas en tareas de represión de las protestas populares.

Pero esta historia comienza hace 10 años, un 28 de junio de 2018, cuando 200 militares encapuchados entran con nocturnidad y alevosía en la residencia presidencial de Tegucigalpa y sacan en pijama al Presidente Mel Zelaya para, tras un breve paso por una base militar, deportarlo a Costa Rica, a pesar de que el artículo 102 de la Constitución prohíbe expresamente que ningún hondureño puede ser expatriado ni entregado a un Estado extranjero.

El argumento para el golpe de Estado era la intención de Mel Zelaya de colocar una urna en la siguiente elección, promoviendo un referéndum que diese paso a reformas constitucionales. Pero eso era la forma. El fondo era que Zelaya, un terrateniente que había ganado las elecciones con el apoyo del Partido Liberal, había dado un giro a la izquierda tras conocer las penurias del pueblo hondureño, sumido en la pobreza y violencia, e incluso, con la autorización del Parlamento, había incorporado Honduras primero a Petrocaribe, y luego al ALBA.

Ese fue el primer golpe exitoso contra los gobiernos del ciclo progresista, y lo fue contra su eslabón más débil, inaugurando un periodo de restauración conservadora a lo largo y ancho de América Latina, al que le sucedieron los golpes parlamentarios en Paraguay contra Fernando Lugo, o en Brasil contra Dilma Rousseff, al mismo tiempo que se desataba el lawfare, la guerra judicial contra líderes progresistas como Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, o Rafael Correa.

Pero Honduras vivió dos golpes más, en este caso electorales. Seguir leyendo HONDURAS: DIEZ AÑOS DE GOLPES Y NEOLIBERALISMO. KATU ARKONADA

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