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LA MARRANA DE ARMILLA. LUIS GARCÍA MONTERO

VERSO LIBRE

ARMILLA

LUIS GARCÍA MONTERO

LUIS GARACÍA MONTERO 5Muy cerca de Granada, a la salida de la carretera que va hacia la costa, está Armilla. Es un pueblo al que le tengo especial afecto desde niño, porque pasar entre sus calles y por delante de su base aérea, siempre vigilada por soldados vestidos de azul, suponía empezar el camino hacia el mar. El coche de mis padres iba cargado de cestos y niños, soportaba la orquesta veraniega de las chicharras y cruzaba por pueblos, canciones, curvas, caracolillos, mareos, adivinanzas, aplausos, túneles, pantanos, churrerías y abucheos, hasta llegar al puerto de Motril y a la playa de las Azucenas. Las distancias cambian con el tiempo; 70 kilómetros eran entonces algo parecido al infinito.

La alegría con la que identifico el nombre de Armilla ha cambiado también. La autovía que une Madrid con Granada acaba para mí en un cruce marcado ahora por la salida a este pueblo. Doblando hacia el río Genil, mi coche, cargado de ausencias, noticias radiofónicas, recuerdos y necesidad de abrazos, se dirige a casa de mis padres. Así que la palabra Armilla ocupa un lugar en mi vida.

Por eso recuerdo una escena de finales de los años 80 que también identifico con la alegría. Rafael Alberti habitaba un piso en la calle Juan Gris, en el que, con la ayuda de su sobrina Teresa, terminaba de recuperarse de un accidente de tráfico. Una mañana coincidí allí con el pintor granadino Manolo Rivera, uno de los componentes del grupo El Paso, y con Mari, su mujer. Llevaba conmigo a mi hija Irene, a la que Rafael acabó llamando con mucho cariño La Guerrillera por las batallas que nos daba mientras intentábamos hablar de política o de poesía. Aquella mañana, entre Manolo y Rafael, de mano a mano, la niña dio sus primeros pasos. Ahora que lo escribo me parece que, sin saberlo nadie, se estaba marcando su destino: una profesora de historia del arte dedicada a estudiar las relaciones entre los poetas del 27 y los pintores de vanguardia.

La vida es una mezcla de curvas, orillas, sonrisas y lágrimas, y con todo eso la memoria conforma nuestra personalidad. Después de jugar con La Guerrillera, empezamos a discutir sobre la actuación de cierto personaje poco fiable en sus reacciones y sus argumentos. Manolo Rivera dijo entonces: “Mira, Rafael, ese es como la marrana de Armilla, que si se la meten llora y si se la sacan chilla”. A lo largo de mi vida he recordado en muchas oportunidades ese refrán, dicho, proverbio o sentencia. Hay gente que necesita llevar la contraria no por rebeldía ante alguna injusticia o por disidencia doctrinal, sino por la necesidad imperiosa de escenificar su poder, ocultando su vacío. Protestan al mismo tiempo por lo uno y por lo otro, por una decisión y por su contraria. El grito se convierte en el negocio.

Cuando no se tiene programa verdadero o cuando se quieren ocultar los errores propios, la política se parece mucho a la marrana de Armilla. Vamos a cerrar esto, pues a llorar, llorar, llorar; que vamos a abrir, pues a chillar, chillar, chillar. Vamos a aprobar tal cosa, pues a chillar, chillar, chillar; bueno, pues no la aprobamos, ¿cómo?, a llorar, llorar, llorar. Del mismo modo que Cádiz levantó un monumento a la Constitución de 1812 para homenajear la lucha de los liberales españoles contra el absolutismo, creo que a mi querido pueblo de Armilla le asiste todo el derecho del mundo para hacer un gran monumento a su marrana, símbolo de una política enfangada, turbia y peligrosa. Es una manera de entender la política a la que no le importa degradar los espacios públicos, porque suele estar al servicio de los que no quieren un Estado fuerte y prefieren tener las manos libres para sus negocios. Todo lo que sea ensuciar y gritar, da beneficios para los suyos, aunque se acabe preparando un San Martín.

Menos gritos, menos llantos, y a ver qué podemos hacer para ayudarnos. A mantener en alto las energías cívicas, ayuda la costumbre de cultivar con decencia las alegrías personales. Yo, por ejemplo, me dedico a recordar los buenos momentos vividos con mis hermanos en el coche de mis padres, con mis hijos en mi coche y con mis amigos en cualquier esquina de la vida. Me dedico también a disfrutar con los poemas de Rafael Alberti y con los alambres resueltos en vida de Manolo Rivera.

Luis García Montero@lgm_com

Fuente: INFOLIBRE

 

CÓMO LOGRÉ PONERLE ROSTRO A LOS ASESINOS DE GARCÍA LORCA. MIGUEL CABALLERO PÉREZ

A cambio del crimen, los asesinos recibieron 500 pesetas y ascensos

Han tenido que transcurrir nada menos que 80 años – ¡casi un siglo! – para lograr que los rostros de los asesinos de Federico García Lorca hayan sido identificados y, por fin, sus nombres sean conocidos . Un guardia civil, tres guardias de asalto, dos policías y un fascista exaltado, fueron los sicarios que acabaron con su vida. Ya se conoce cuales fueron sus biografías, que revelan que no sólo acabaron con la vida de Lorca, sino también con la de otras muchas víctimas. El autor de la investigación, Miguel Caballero, descubrió a través de un arduo su trabajo de investigación, la identidad y el rostro de los asesinos de nuestro insigne poeta.

MIGUEL CABALLERO PEREZ (*)

Desde que Gerald Brenan iniciara el camino hace ya décadas, numerosos investigadores (Penon, Vila San Juan, Couffon, Auclair, Molina Fajardo y, finalmente, Gibson) han tratado de desentrañar las claves de la muerte de García Lorca.

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MARIANO AJENJO MORENO Sargento de la Guardia de Asalto, nacido en 1883 en Huerta de Valdecarábanos, Toledo,
De todos, quien más y mejor ha documentado algunas de las incógnitas que rodean ese crimen ha sido el granadino Eduardo Molina Fajardo, quien en su libro Los últimos días de García Lorca aporta datos fundamentales sobre los postreros momentos del poeta y el lugar de su ejecución. Aparte de que nadie le negó en Granada ningún documento en razón de su posición social, Molina contó con importantes testimonios orales de personas que intervinieron en los hechos y los describieron con la confianza de contárselo a un viejo camarada de Falange Española, director del diario “Patria”.

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MANUEL MARTÍNEZ BUESO Jefe de los servicios motorizados de la columna de Nestares.
De este modo pudo recoger los relatos de varios falangistas: José María Nestares, capitán y jefe del sector militar donde se produjo el crimen; Joaquín Espigares Díaz, agricultor y panadero de Víznar, jefe de Centuria de Falange en dicha zona; Pedro Cuesta Hernández, agricultor y jefe de escuadra de Falange, que fue durante años el alcalde del pueblo granadino de Güevejar y que custodió el edificio donde el poeta paso su ultima noche y, asimismo, del masón granadino,  que  el  investigador  esconde tras las siglas A.M.de la F., detenido junto al poeta.

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SALVADOR BARO LEYVA distinguió en la desarticulación de células anarquistas con Nestares.
También colaboró  el  hijo  de  Nestares,  Fernando,  que  entrevistaría  a  un desganado y reticente Ruiz Alonso.  Una  de  las  virtudes  fidedignas  de  estas  declaraciones  es que  fueron  hechas  en  distintas épocas  y  fechas  –pues  cuando Molina Fajardo habló con los diversos  testigos,  – éstos  no  mantenían  ningún  tipo  de  relación entre  sí  y ni  se  habían  tratado entre ellos desde  el  final  de  la  Guerra  Civil–  y  que  son coincidentes  en las  circunstancias y  hechos.

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FERNANDO CORREA CARRASCO, del Cuerpo de Vigilancia
Partiendo  de ahí,  mi  investigación consistió en comprobar documentalmente los mencionados testimonios, labor que  realicé  durante varios  años,  cotejando multitud de documentos oficiales  y consultando numerosos  archivos. Así  quedó demostrado  que  las  confesiones  recogidas  por  Molina  tienen  un  alto  grado  de  verosimilitud.  y  que  sus  autores  no  mintieron  cuando  los  entrevistó.  Sin embargo, el prematuro fallecimiento del periodista dejó pendiente  la  identificación certera de  los autores  materiales  de  la muerte de García Lorca, aunque me dio las pistas necesarias, con ciertas confusiones, para poder llevarla a término. Y a este empeño he dedicado buena parte de mi labor, de la que puede servir de ejemplo el proceso que condujo a identificar al jefe del pelotón asesino: Mariano Ajenjo.

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ANTONIO BENAVIDES BENAVIDES presumía de habar matado al poeta.
Molina afirma que los ejecutores formaban parte de una escuadra destacada en el sector de Víznar, perteneciente a la 30ª compañía de  la  Guardia  de  Asalto,  con base en Granada, al mando de  un  cabo  que  identifica como Mariano Asenjo  y  natural  del pueblo  granadino  de Jun. A partir de ahí, inicié una laboriosa búsqueda, sin ningún   éxito, entre  las  personas    mayores de esa localidad que pudieran conocerle y en el cementerio. Sin embargo, tuve mejor suerte con los libros del Registro Civil y encontré la partida de su matrimonio, en 1915, con una mujer de Jun, lo que demostraba que se llamaba Mariano Ajeno Moreno y era natural del pueblo toledano de Huerta de Valdecarábanos. Conocido su verdadero y completo nombre, procedí a comprobar si había sido guardia de asalto y, tras confirmarlo con su familia, una consulta de su propio expediente personal, conservado en la Dirección Geneal de Policía, demostró inequívocamente que era el jefe del pelotón que asesinó a Lorca en la fecha en que fue fusilado el poeta, en la madrugada que va del día 16 al 17 de agosto.
antonio benavides, asesinos de lorca
ANTONIO BENAVIDES, presumía de haber sido el que mató a Lorca.
Pesquisas semejantes me llevaron a descubrir y comprobar la identidad de los restantes miembros del grupo que acabó con la vida del poeta, así como la de quienes le condujeron de Granada a Víznar y le vigilaron en sus últimas horas.

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SALVIO RODRÍGUEZ GARCÍA . Miembro de la Escuadras negras fascistas
Cabe añadir que las lápidas de los cementerios, convenientemente rastreadas, me aportaron indicios clave para poner rostro y seguir la peripecia, tras la Guerra Civil, de los asesinos de Lorca y de otras tantas personas inocentes que reposan forzosamente en las fosas de Víznar y Alfacar.
Asimismo, conservo un listado oficial bastante completo de los participantes en aquellas matanzas selectivas, ocurridas entre julio y diciembre de 1936, período álgido por el número de  asesinatos. Los verdugos, unos voluntarios y otros forzados, recibieron un premio en metálico de 500 pesetas y un ascenso en el escalafón del cuerpo de la Guardia de Asalto y Seguridad, posteriormente conocida como  Policía Armada y de Tráfico.

(*) MIGUEL CABALLERO PÉREZ,  es autor  del libro Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, Madrid, editorial La Esfera.

Fuente: CANARIAS SEMANAL

INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR

el embrujo del alhambra

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

ÁNGEL GONZÁLEZ

El poeta español Ángel González Muñiz  nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925 y falleció en Madrid el 12 de enero de 2008.

Fuente: POESÍA UNIVERSAL

Foto: Detalle de uno de los techos del Alhambra, Granada, España

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