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UN HOMBRE Y UNA MUJER. ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

Si un hombre y una mujer atraviesan calles que nadie ve
                sino ellos,
calles populares que van a dar al atardecer, al aire,
con un fondo de paisaje nuevo y antiguo más parecido
a una música que a un paisaje;
si un hombre y una mujer hacen salir árboles a su paso,
y dejan encendidas las paredes,
y hacen volver las caras como atraídas por un toque de
                trompeta
o por un desfile multicolor de saltimbanquis;
si cuando un hombre y una mujer atraviesan se detiene
la conversación del barrio,
se refrenan los sillones sobre la acera, caen los llaveros
                de las esquinas,
las respiraciones fatigadas se hacen suspiros:
¿es que el amor cruza tan pocas veces que verlo es motivo
de extrañeza, de sobresalto, de asombro, de nostalgia,
como oír hablar un idioma que acaso alguna vez se ha
                sabido
y del que apenas quedan en las bocas
murmullos y ruinas de murmullos?

CENTENARIO DE UN GRAN POETA: ELISEO DIEGO. Por VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

El 2 de julio de 1920 fue un gran día para Cuba: nació uno de los mayores poetas de su historia. Eliseo Diego iba a tener una infancia tranquila en su natal La Habana, y crecería hasta convertirse en lo que es, una firma capital de las letras cubanas, de las latinoamericanas y de la lengua española

ELISEO DIEGO 3
El poeta Eliseo Diego. Foto; tomada de cubasi.cu

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

El 2 de julio de 1920 fue un gran día para Cuba: nació uno de los mayores poetas de su historia. Eliseo Diego iba a tener una infancia tranquila en su natal La Habana, y crecería hasta convertirse en lo que es, una firma capital de las letras cubanas, de las latinoamericanas y de la lengua española.

Comenzó por la narrativa con En las oscuras manos del olvido (1942), ya integrado al famoso grupo de la revista Orígenes, capitaneado por su figura descollante, José Lezama Lima, quien saludó ese libro por la prosa prístina, ordenada y de real belleza, propia de quien, solo unos años después, ofrecería en plena juventud biológica una obra esencial de la poesía cubana: En la Calzada de Jesús del Monte (1949), que sigue ofreciendo disfrute y enseñanzas. Da gusto comenzar silabeando el primer verso: En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte. Pareciera que se nos va a introducir en un cuento de hadas, para proseguir: donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo / cansa mi principal costumbre de recordar un nombre… Este libro se convirtió en legendario. Una de las calles de La Habana, hoy llamada 10 de Octubre, alcanzó el privilegio de una oda, de un himno a su populosa existencia.

Eliseo nunca dejó de escribir una excelente prosa, llena de sorpresas de la pincelada exacta, como su propia poesía. Divertimentos (1946) fue su segundo libro de relatos, y también lo fueron Versiones (prosa poética) (1970) y Noticias de la Quimera (1975), para volver a seducirnos con su gracia expresiva. Pero la poesía es el coto suyo de mayor realeza, de resonancias singulares. Poeta del detalle, su labor resulta un nombrar las cosas desde sus intimidades, con puntilloso deseo de que las cosas mismas vivan en los versos. Eliseo Diego es el mayor poeta minimalista de Cuba, capaz de detenerse en lo mínimo para ver en ello la inmensidad del universo.

La secuencia de sus poemarios muestra una poética implícita que tiene en cuenta la levedad, la vida y la muerte, el paisaje urbano, el sentido profundo del ser cubano, la patria, el amor, la familia y la fe. Son ellos: Por los extraños pueblos (1958), El oscuro esplendor (1966), Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña (1967), Los días de tu vida (1977), A través de mi espejo (1981), Inventario de asombros (1982), Cuatro de Oros (1990). Todos los publicó en vida, junto a su volumen de ensayos Libro de quizás y de quién sabe (1989). Tras su deceso en 1994, y bajo el amoroso cuidado de su hija Josefina de Diego, aparecieron, entre otras obras: En otro reino frágil (1999), Aquí he vivido (2000) y Poemas al margen (2000).

Cuatro de oros pareciera jugar con las cartas de la baraja o evocar a la esposa y los tres hijos: así es la poesía de Eliseo, sutil, con dobles lecturas dadas por sus sugerencias, sus juegos de imágenes. Nunca se torna inaccesible, y, como muchas veces él se refirió a las reminiscencias de la infancia, no es raro que publicase su Soñar despierto (1988), ilustrado por su hijo Rapi Diego, donde nos recuerda, entre otros poemas para los niños, la experiencia juguetona de los años felices: Tú solo y el viento de raros silbidos / así son los juegos de los escondidos. Eliseo supo mostrarnos el valor trascendente de lo que parece efímero y de la necesidad humana de la poesía.

Como poeta del centro de la revista Orígenes, compartió con sus coetáneos origenistas muchos puntos de aprehensión poética, como la mirada al campo desde la historia y desde la ciudad, la fijeza de los parques y pequeños pueblos, la idea sobre una tradición cubana que parte de las costumbres del hogar, de las comidas, de los diálogos en familia, del susurro filial, del aposento. Es una intimidad que sale de su escenario doméstico para definir la vida de una comunidad mediante lo que llamamos «lo cubano». Allí está la cercanía al maestro José Lezama Lima, no por el barroquismo sumo de su lenguaje, sino por su esencia captadora de lo peculiar de ser cubano, o la visión pueblerina de Fina García Marruz, o de los parques de Cleva Solís. Allí la aprehensión sutil de un Cintio Vitier y el abanico culto de un Gastón Baquero, pero también el esplendor de la naturaleza insular, tan llena en la obra de Samuel Feijóo.

Eliseo Diego no es (vivo está en su obra) un poeta en soledad. Participa de un conjunto, incluso generacional, que observa la realidad objetiva y de ella extrajo, subjetividad mediante, lo prístino poético, lo delicado y a la vez resistente: la resistencia al tiempo, ese que en su poema Testamento nos dejó como herencia: «Les dejo / el tiempo, todo el tiempo». Si recomendase al lector una breve selección de sus poemas, entre ellos estarían: El primer discursoVoy a nombrar las cosas, Lamentaciones, En el pueblo perdido, Con un gesto, Entre las aguas, La noche, Oro, Oda a la joven luzCristóbal Colón inventa el Nuevo Mundo, Pequeña historia de Cuba, en un manojo de entre la mejor poesía cubana de todos los tiempos.

Eliseo Diego fue un gran conocedor de la obra literaria de lengua inglesa, desde la cual tradujo varios textos, sobre todo poesía, pero también estuvo atento a la literatura para la infancia. Tras el triunfo de la Revolución, se desempeñó de manera continuada en diversas labores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la que fue uno de los fundadores. Recibió en 1986 el Premio Nacional de Literatura y en 1993 el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Alcanzó otros muchos galardones y llegó a publicar sus Prosas escogidas en 1983.

El gran poeta llega ahora a su centenario. Honra de Cuba, el hecho no puede pasar sin la necesaria reverencia a quien nos ofrece el honor de la calidad de su obra, la de aquel que con su mirada aguda nos dijo: La Luz / en mi país resiste a la memoria / como el oro al sudor de la codicia, / perdura entre sí misma, nos ignora / desde su ajenos ser, su transparencia.

Fuente: GRANMA

 

FIVE O CLOCK TEA. REGINO PEDROSO

REGINO 3

REGINO PEDROSO

FIVE O CLOCK TEA

Voy con las manos sucias de grasa.
Los hermosos vehículos no se detienen cuando los llamo;
y marcho por las calles, pródigo de saludos,
pero los hombres me ignoran, y pasan;
porque en la fiesta espléndida de la ciudad lujosa
llevo las manos sucias de grasa.
Sólo el paisaje y el crepúsculo me abrazan cordiales
y el viejo pavimento
que recuenta el cansado rosario de mis pasos.

Pero las grandes vitrinas de lujo
me cierran sus puertas;
el ascensor de la opulencia no me conduce a las terrazas
donde la vida canta y ríe;
porque en la hora ebria del té fragante de oro,
de enriquecer al mundo,
llevo las manos sucias de grasa.

UN PUÑAL EN LA TERNURA DE LA TIERRA. WALDO LEYVA PORTAL

Durante los próximos días publicaré varios textos del poeta cubano Waldo Leyva Portal, quien se desempeña en la actualidad como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en México. Comenzaré por estos dos poemas, estrechamente ligados a la ciudad de Santiago de Cuba y a su historia. Conozco a Waldo hace casi cincuenta años, y siempre ha sido un amigo leal, un intelectual inequívocamente revolucionario y un extraordinario poeta. En estos días de pesares, ocupaciones y pensamientos cercanos y distantes, nada mejor que darnos este abrazo al amparo de un atribulado, aunque optimista, ciervo herido. 

WALDO LEYVA

WALDO LEYVA PORTAL

PARA UNA DEFINICIÓN DE LA CIUDAD

Si encuentras alguna piedra
que no haya sido lanzada contra el enemigo.
Si descubres una calle
por donde no haya pasado nunca un héroe.
Si desde el Tívoli no se ve el mar.
Si descubres alguna ventana
que no se haya abierto nunca a las guitarras.
Si no encuentras ninguna puerta abierta
puedes decir entonces: que Santiago no existe.
 

POR FRANK

I
Frank nació en Santiago,
en la Ciudad,
un siete de diciembre.
Su padre era un pastor evangelista
que a los setenta años
se bañaba en el mar con los muchachos,
que detuvo un tranvía con el cuerpo
y le dijo a la muerte que ahora no,
que ya habrá tiempo después para esas cosas;
y entonces,
como la Ciudad estaba triste
y ya ni siquiera se oían los tambores,
se montó con un órgano en un camión
y se fue, por todas las calles de Santiago,
sin sombrero,
asustando con su bastón el aire,
llenando de música las plazas.
Supo entonces que a la Ciudad
se le habían muerto todos los héroes,
y fue a Doña Rosario y la tocó en el vientre
y Frank nació en Santiago, en la Ciudad,
un siete de diciembre.

II
Si hablas con Rosario
hallarás vivo al Señor País;
es un recuerdo, una secreta rebeldía,
una mano abriendo las ventanas
y ofreciendo el pecho como la casa más segura.
Todo es su consecuencia,
y todo llegó a Frank desde la cuna,
porque para el niño de cinco años
no hubo muerte,
su padre se lo bajó del hombro,
lo puso sobre la tierra,
lo empujó suavemente
y se sentó a la orilla del camino.

III
Por eso hablar de Frank,
del hijo del pastor,
del maestro,
del joven capitán que un día vistió
de comandante a la Ciudad,
y se fue con ella hecho un grito ronco por las calles
hasta el mar,
hasta más allá del mar
y las montañas.

Hablar de Frank,
del organista que una tarde cualquiera de Santiago
hizo su comunión con el heroísmo.

Hablar de Frank,
del poeta empujado hacia los techos de la Ciudad
por los sonidos de las balas del Moncada.

Hablar de Frank,
del jefe de acción y sabotaje
que recogía violetas en las calles
después de haber hecho que la muerte muriera otro
poquito.

Hablar de Frank
y luego de David
y siempre de Frank
es saber hasta dónde su padre y la Ciudad
le llenaron de fuego el corazón.

IV
Al entierro de Frank fue toda la Ciudad
habían clavado un puñal en la ternura de la tierra.


Hoy Frank es un país,
su corazón es un camino por donde andan los niños
con los ojos abiertos.

Hoy Frank es una Isla violenta
un surco
el canto de una semilla reventando la tierra;
porque Frank está ahí, encima de la muerte
montado sobre una muerte que sólo logró regarlo
por la Isla, convertirlo en escuelas,
repartirlo en la risa de los niños
que andan tocándole el corazón caliente todavía.
La muerte nos lo puso más cerca, más adentro;
ya no anda su cuerpo por las calles
pero el sonido de sus pasos golpea todas las puertas;
ya sus dedos no son una rebeldía sobre el órgano,
pero el mar está lleno de música
y en las tardes violentas de Santiago
se oye una melodía que nos hace abrirnos la camisa.
Ya sus pies no son una angustia sobre los techos,
pero aún están sonando las balas del Moncada
y Frank sigue naciendo de la Ciudad,
saliendo de las calles,
creciendo de los techos,
repartiendo el corazón
como único pan posible para matar la muerte.