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UN AÑO DE LA FICCIÓN DE GOBIERNO DE JUAN GUAIDÓ. MARCO TERUGGI

GUAIDÓ EN DAVOS 2020
El diputado opositor en el Foro  de Davos 2020. Detalle de una foto de AFP.

marco teruggiDesde Caracas. Juan Guaidó cumplió un año de su autoproclamación como presidente encargado de Venezuela. Aquel 23 de enero del 2019 levantó la mano y juró desde una plaza alejada del Palacio de Miraflores, en una zona adinerada de Caracas. No fue una fecha casual: el 23 de enero de 1958 es el día en fue derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Su autoproclamación quedará como el punto de inicio de una de las operaciones más importantes montadas por el gobierno norteamericanos en América Latina. Se trató, y aún se trata, de crear una realidad ficcional, un gobierno paralelo que nunca existió y, sin embargo, ha sido, y es, real.

Ocurrió a una velocidad que debía ser imparable: el reconocimiento de Guaidó por parte del presidente de Estados Unidos (EEUU), la construcción de una diplomacia de asfixia con el Grupo de Lima y la Unión Europea, la presión a gran escala para lograr el quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) crucial en la estrategia golpista. El cálculo falló.

Siempre estuvo claro al interior del país que Guaidó no tenía capacidad de ejercer poder. Quien hasta principio de enero del 2019 era un diputado desconocido para la mayoría del país, nunca tuvo territorio ni mando sobre un cuerpo armado del Estado. Fue 2.0 desde su inicio y su poder vino de afuera, es decir del despliegue norteamericano.

La ficción del presidente encargado fue acompañada por una ingeniería comunicacional: tapa de redes de Reuters como líder épico, tapa de la revista GQ con pose de actor, análisis en La Nación hablando de dos presidentes en Venezuela, para citar tres casos entre centenares. Guaidó se hizo real sin gravitar nunca al interior del país, salvo en el plazo breve entre enero y el 30 de abril, cuando tomó las armas junto al jefe de su partido, Leopoldo López, y un grupo de militares.

Ese episodio armado fue rápidamente olvidado por los grandes medios. También borraron de su historia su aparición junto al grupo paramilitar Los Rastrojos que, de la mano con el gobierno de Colombia, le permitieron cruzar la frontera a Cúcuta desde donde intentó un ingreso por la fuerza a territorio venezolano el 23 de febrero.

De esa fecha quedan las imágenes de la maquinaria musical que puso sobre el escenario a cantantes como Maluma, Diego Torres, Carlos Vives, la presencia del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y los miles de dólares para ayuda humanitaria que fueron malversados y generaron un escándalo de corrupción.

Ese despliegue construido desde EEUU decayó en la segunda mitad del 2019. Quedó un Guaidó sin peso, sin capacidad de movilizar a la base social de oposición, sin noticias nuevas, triste, solitario y final.

Su reaparición, luego casi ocho meses sin impacto dentro del país, ocurrió el domingo pasado, cuando el gobierno norteamericano volvió a montarlo sobre los escenarios internacionales. Primero en Colombia, con el presidente Iván Duque, luego en Gran Bretaña, con Boris Johnson, luego en Bruselas con el representante de asuntos exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell, y en una serie de fotografías en el Foro de Davos junto a Angela Merkel, Ivanka Trump, Tony Blair, John Kerry, entre otros.

Guaidó recobró notoriedad internacional en una demostración de la capacidad diplomática, política y mediática de EEUU para crearle nuevamente una narrativa internacional sin correlato al interior de Venezuela. Guaidó es ficción, y, sin embargo, es real.

Tan real como que, a partir de su autoproclamación, el gobierno norteamericano profundizó los ataques sobre la economía venezolana y anunció congelamiento de fondos, el robo de la refinería Citgo, entre otras acciones unilaterales. Creó su justificación necesaria: un presidente 2.0 que le autoriza a bloquear y quedarse con activos del Estado venezolano.

Esa misma arquitectura es la que continúa su avance en un objetivo que el gobierno norteamericano presenta de manera suave: un gobierno de transición para lograr elecciones libres. La realidad, tras esas palabras, se asemeja al golpe de Estado ocurrido en Bolivia.

El regreso de Guaidó a los escenarios internacionales a un año de su autoproclamación es una oxigenación del gobierno paralelo 2.0. Se trata de una nueva operación de legitimación, el simulacro de realidad sustentada con la política de fotografiarse como la mayor cantidad de líderes europeos.

Esa nueva maniobra para instalarlo ocurre en simultáneo con la profundización de la demonización del gobierno de Nicolás Maduro. El gobierno norteamericano lo acusa nuevamente de albergar en Venezuela a fuerzas de Hezbollah, el ELN colombiano, y las FARC que retornaron a las armas. Sienta así las bases para legitimar acciones de fuerza.

Aún no se sabe cuándo ni cómo será el regreso de Guaidó a Venezuela. Buscarán hacer de eso un hecho político. Sin embargo, así como desde el 23 de enero del 2019 el asunto nunca fue Guaidó: seguir su actual gira por Europa es observar lo que la estrategia norteamericana quiere que sea observado. Guaidó es un distractivo, la cuestión está en otro lado.

Fuente; PÁGINA 12

URIBE, GUAIDÓ Y EL NARCOTERRORISMO. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITALa revelación por el gobierno de Venezuela de fotos del autoproclamado Juan Guaidó en pose amistosa con líderes de Los Rastrojos, grupo notoriamente multihomicida de los narcoparamilitares colombianos, colmó la copa. El asunto trascendió rápidamente a los medios colombianos, donde ha causado doble revuelo debido a la evidente complicidad con el hecho al más alto nivel de ese país, y se agravó cuando los servicios de inteligencia de Venezuela divulgaron un video donde se podían apreciar aun mayores muestras de afecto del “presidente encargado” hacia los criminales. Ya no podía seguir alegando que esas fotos formaban parte de las muchas que se había tomado el 23 de febrero, durante el fracasado concierto celebrado en Cúcuta previo al frustrado intento de paso ilegal a Venezuela de la “ayuda humanitaria”.

Pero en medio de las dudas y cuestionamientos por las fotos cayó una verdadera bomba. Wilfredo Cañizares, director de la reconocida ONG colombiana Progresa, con 30 años de trabajo en defensa de los derechos humanos en la zona de la frontera común por dónde presuntamente Guaidó entró a Colombia, hizo a numerosos medios una denuncia demoledora. A riesgo de su vida, afirmó: del ingreso del señor Guaidó, obviamente tenemos las pruebas y los testimonios de que fue facilitado y coordinado por Los Rastrojos.  Asegura que 24 horas, antes del ingreso del autoproclamado, Los Rastrojos decretaron un toque de queda en la zona para protegerlo y para que nadie se percatara de su paso. “Nada se mueve en la frontera, sin que lo controlen “Los Rastrojos”… venimos años advirtiéndolo (…) lo que estamos haciendo evidente es que hubo una coordinación porque no permitieron(los paramilitares) que nadie saliera, ni se movilizaran carros o motocicletas hasta cuando el señor Guaidó pasó por el territorio”. Añadió que el político debe haber sido entregado a autoridades colombianas por los paramilitares.  Enviamos un escrito al canciller Carlos Holmes Trujillo, “para que nos diga cuál fue la participación de la cancillería que estaba coordinando todo el tema del 23 de febrero, cuál fue la participación de la policía metropolitana de Cúcuta en esto, porque es un acto realmente grave“.

El presidente Iván Duque y no se diga su patrón Álvaro Uribe, creador y promotor del narcoparamilitarismo, odian ferozmente a Venezuela y junto a sectores de la oligarquía santanderiana se empeñan en ahogar en sangre al chavismo. No hay prácticamente una actividad terrorista contra la Revolución Bolivariana donde no aparezca la mano de Bogotá. El atentado con drones contra Maduro y otras muchas acciones subversivas antivenezolanas desde la presidencia de Chávez, se organizaron en Colombia. De hecho, es Colombia la carta principal que juega Estados Unidos contra el chavismo habida cuenta del fracaso monumental del títere Guaidó.  Acompañado del gobierno de Uribe-Duque, Estados Unidos invocó ilegal y canallescamente en la OEA la activación contra Venezuela del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca(TIAR). Al parecer una medida desesperada al ver que el Grupo de Lima se desmorona, como se veía venir desde que el nuevo gobierno de México rescató la digna postura de no intervención, favorable a la paz y a la solución pacífica de los conflictos; confirmado al abandonar Costa Rica, Panamá, Perú y Trinidad-Tobago  el barco de la guerra. Diez países que votaron a favor del TIAR no constituyen ni la tercera parte de los 35 gobiernos de las dos Américas. Además, es una gravísima violación trumpiana del derecho internacional y un chiste de mal gusto contar como gobierno a los payasos de Guaidó.

El autoproclamado depende totalmente del apoyo de Washington pues no tiene ningún otro. Existen pruebas de que sus colaboradores gastaron a manos llenas fondos de la “ayuda humanitaria” en cantinas, prostíbulos y hoteles de Colombia. La entrega de Citgo la filial de PDVSA en Estados Unidos al gobierno de ese país, fue pactada desde antes de autoproclamarse, no se sabe dónde está el dinero del concierto de febrero, ni están claras las cuentas de los fondos venezolanos transferidos por Washington a su “gobierno”. Con la mayor desvergüenza, el títere aprueba la entrega del territorio en disputa de la Guyana Esequiba a Guyana, apoyando así un antiguo despojo imperialista a Venezuela.

Para colmo, al dar a conocer Maduro y partidos opositores venezolanos no guerreristas los acuerdos parciales pero muy importantes a que llegaron con Caracas bajo el patrocinio de Noruega, el sector ultraderechista, proyanqui y guerrerista de la oposición y sus bases han tronado contra Guaidó. Maduro tiene la iniciativa política y ese sector corre el riesgo de quedar en la orilla si no se sienta a dialogar con el gobierno. Fuera del poco factible camino de la guerra y el bloqueo genocida, Washington no tiene nada que ofrecer a Venezuela. Sin embargo, conversa con Caracas aunque dice no reconocer a Maduro. ¿No que el presidente era Guaidó?

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