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MUERTE A LOS NORMIES: AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA (CULTURAL). ÁNGEL FERRERO

ÁNGEL FERRERO

ANGEL FERRERO 3No tenía que pasar. Primero nos dijeron que Donald Trump no sería nunca candidato. Cuando fue candidato, nos dijeron que nunca ganaría las elecciones. En los medios de comunicación –lo recordaréis– aparecían encuestas, gráficas y estadísticas que nos aseguraban que la victoria de Trump era prácticamente imposible. Y, sin embargo, ocurrió. Pasado el shock, la elite del Partido Demócrata y los medios de comunicación se apresuraron a buscar un culpable para no reconocer sus propios errores durante la campaña que los llevaron a la derrota: Rusia, Wikileaks, Cambridge Analytica. Pero más allá del pánico del centro-izquierda liberal y sus medios ha habido obras que se han destacado a la hora de diseccionar el fenómeno Trump. El documental de Netflix Get me Roger Stone (2017) y Devil’s Bargain (Penguin, 2017), el libro de Joshua Green sobre Steve Bannon –el último director de campaña de Trump y uno de los principales ideólogos de la alt-right– son dos buenos ejemplos. Muerte a los normies de Angela Nagle, que Orciny Press acaba de editar en español, es otro. Colaboradora de Jacobin The Baffler, Nagle se adentra en las subculturas digitales y sus guerras culturales para explicar, de manera accesible al lector, los cambios experimentados por la derecha (pero también por la izquierda) que explican, en parte, la victoria de Trump en 2016. Es importante destacar también la tarea del traductor, Hugo Camacho, por adaptar al español los términos utilizados en los foros digitales sin tener que recorrer a un pesado aparato de notas.

Nagle describe a lo largo de su libro la “polinización cruzada” entre diferentes subculturas digitales, desde la cultura del meme y la incorrección política del foro 4Chan hasta la ‘manosphere’ –la comunidad informal de blogueros y tuiteros detractores del feminismo– en los que Bannon vio un importante potencial electoral que supo canalizar para dar la victoria a Trump en 2016. Aparte de cartografiar estas subculturas, la autora sabe situarlas en una perspectiva histórica, identificando la filosofía elitista de Nietzsche o la lamentación por una supuesta decadencia occidental –propia de los autores de la ‘revolución conservadora’ de los treinta del siglo pasado– como fuentes ideológicas de la nueva derecha estadounidense. La novedad respecto a otros movimientos conservadores y reaccionarios radica en su estilo transgresor e irreverente hacia las ideas establecidas de una determinada izquierda. Seguir leyendo MUERTE A LOS NORMIES: AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA (CULTURAL). ÁNGEL FERRERO

POR UNA CULTURA DE VIDA DIFERENTE. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

La ideología revolucionaria, aún cuando sea la vencedora en una Revolución, convive en permanente combate con la ideología contrarrevolucionaria. No llega empaquetada como regalo de cumpleaños: avanza entre obuses y minas enemigas.

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ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

En la historia, los cubanos siempre han interpuesto algún recurso de impugnación a las declaraciones derrotistas: ante el Pacto del Zanjón (la firma en 1878 de un pacto de paz sin independencia con España), la Protesta de Baraguá ese mismo año y luego la Guerra de 1895; ante la debacle del llamado campo socialista europeo, el grito de «socialismo o muerte»; una tradición cultural que engendró y sostuvo a la Revolución antes y después de su triunfo en 1959.

Es una combinación de fe en la victoria –irreconciliable con la idea de la derrota– y de no aceptación de compromisos desmovilizadores, que nos hagan desistir del ideal soñado. «Convertir el revés en victoria», es la frase que Fidel enarboló ante el fracaso de la llamada Zafra de los Diez Millones en 1970, y que puede tomarse como símbolo del espíritu de la Revolución Cubana.

La guerra de las conciencias, la que transcurre en los medios, intenta pautar esa fe y achicar la noción de lo posible. En la década de los noventa, declaró el fin de la historia, es decir, la imposibilidad de superar el capitalismo. Sin embargo, a partir de 1998 fue evidente que la historia se movía y mucho, al menos en América Latina y el Caribe. Veinte años después se habla del fin del ciclo de las izquierdas. Pero los hechos demuestran lo contrario: los pueblos de la región no han renunciado a sus sueños de paz y justicia social, la ofensiva imperialista no se apoya en la reconquista del electorado, sino en actos criminales, golpes de estado, enjuiciamiento de líderes de izquierda que tendrían las mayores posibilidades de victoria en las urnas, asesinato de líderes políticos y sociales.

La ofensiva imperialista intenta arrasar con cada gobierno o líder rebelde, se apropia con cinismo del discurso tradicional de la izquierda y deshuesa sus contenidos, para mellar su alcance. A pesar de ello, casi la mitad del electorado colombiano votó por un candidato de izquierda, y en México no fue posible arrebatarle el triunfo, como otras veces, a López Obrador.

Sin embargo, los triunfos electorales de la izquierda descolonizadora y no sistémica –son no sistémicos todos aquellos gobiernos que rompen un eslabón de la cadena de control imperialista, por pequeño que sea– expresan una «rotura del sistema», porque este es infranqueable, no está hecho para que esa izquierda venza.

Ello no minimiza la conquista, ni escamotea el trabajo en las bases, pero ubica en su contexto el resultado. Una vez conseguida la victoria, la izquierda no puede olvidar que no solo hay que entregar tierras y casas, que no basta con legislar a favor del pueblo; el impulso concientizador de la victoria debe conducir a un cambio de paradigma de vida, debe convertir a las masas en colectividades de individuos, en protagonistas, para iniciar la construcción permanente de una cultura diferente a la capitalista.  Seguir leyendo POR UNA CULTURA DE VIDA DIFERENTE. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

COLONIALISMO 2.0 EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: ¿QUÉ HACER?* ROSA MIRIAM ELIZALDE

COLONIALISMO 2.0
De los cien sitios de Internet más populares en la región, solo 21 corresponden a contenido local y, por tanto, se transfiere riqueza a Estados Unidos. Foto: www.123rf.com

ROSA MIRIAM ELIZALDE 

ROSA MIRIAM 2Muy tempranamente, el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro alertó que, de la mano de una tecnología revolucionaria, «hay una verdadera colonización en curso. Norteamérica está cumpliendo su papel con enorme eficacia en el sentido de buscar complementariedades que nos harán dependientes permanentemente de ellos»

Desde que internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria. Solo Estados Unidos y sus empresas son soberanos, no existe Estado-nación que pueda remodelar la red por sí solo ni frenar el colonialismo 2.0, aun cuando ejecute normativas locales de protección antimonopólicas e impecables políticas de sostenibilidad en el orden social, ecológico, económico y tecnológico. Todavía menos puede construir una alternativa viable desconectado de la llamada «sociedad informacional».

Muy tempranamente, el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro alertó que, de la mano de una tecnología revolucionaria, «hay una verdadera colonización en curso. Norteamérica está cumpliendo su papel con enorme eficacia en el sentido de buscar complementariedades que nos harán dependientes permanentemente de ellos». Y añadió: «Viendo esta nueva civilización y todas sus amenazas, tengo temor de que otra vez seamos pueblos que no cuajen, pueblos que a pesar de todas sus potencialidades se queden como pueblos de segunda».

Tal escenario está encadenado con un programa para América Latina y el Caribe de control de los contenidos y de los entornos de participación de la ciudadanía que se ha ejecutado con total impunidad, sin que la izquierda le haya prestado la más mínima atención. En el 2011, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE. UU. aprobó lo que en algunos círculos académicos se conoce como operación de «conectividad efectiva»: plan declarado en un documento público del Congreso estadounidense para «expandir» los nuevos medios sociales en el continente, enfocados en la promoción de los intereses norteamericanos en la región.

El documento explica cuál es el interés en las llamadas redes sociales del continente: «Con más del 50 % de la población del mundo menor de 30 años de edad, los nuevos medios sociales y las tecnologías asociadas, que son tan populares dentro de este grupo demográfico, seguirán revolucionando las comunicaciones en el futuro. Los medios sociales y los incentivos tecnológicos en América Latina sobre la base de las realidades políticas, económicas y sociales serán cruciales para el éxito de los esfuerzos gubernamentales de EE. UU. en la región».

Resume también la visita de una comisión de expertos a varios países de América Latina para conocer in situ las políticas y financiamientos en esta área y concluye con recomendaciones específicas para cada uno de nuestros países, que implican «aumentar la conectividad y reducir al mínimo los riesgos críticos para EE. UU.», gobierno líder en la inversión de infraestructura. «El número de usuarios de los medios sociales se incrementa exponencialmente y como la novedad se convierte en la norma, las posibilidades de influir en el discurso político y la política en el futuro están ahí», señala.

¿Qué hay detrás de este modelo de «conectividad efectiva» para América Latina? La visión instrumental del ser humano, susceptible a ser dominado por las tecnologías digitales; la certeza de que en ningún caso las llamadas plataformas sociales son un servicio neutral que explotan un servicio genérico; se fundan en cimientos tecnológicos e ideológicos y son sistemas institucionalizados y automatizados que inevitablemente diseñan y manipulan las conexiones.  Seguir leyendo COLONIALISMO 2.0 EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: ¿QUÉ HACER?* ROSA MIRIAM ELIZALDE

NETFLIX: LA ANTIPOLÍTICA COMO ENTRETENIMIENTO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

REBELIÓN / INSTITUTO DE CULTURA Y COMUNICACIÓN UNLa

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FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Ya hoy es virtualmente inabarcable la cantidad de producciones, propias o ajenas, que “vende” la empresa Netflix. Otra cosa es la calidad. Se trata de un festín audiovisual variopinto signado por altibajos e irregularidades de todo género y en donde la falencia dominante es la superficialidad de sus contenidos. Con algunas honrosas excepciones. Quizá lo único en lo que profundizan es en el discurso de la anti-política. Así, a veces, se disfrazan de “progres”. La no siempre confiable Wikipedia dice: “Netflix, Inc. es una empresa comercial estadounidense de entretenimiento que proporciona mediante tarifa plana mensual streaming (flujo) multimedia (principalmente, películas y series de televisión) bajo demanda por Internet…”

No será objeto de estudio aquí la paupérrima calidad de las “reseñas”, las traducciones ni los “doblajes”. No será parada extensa el método de clasificación de géneros ni la desorganización frecuente de títulos. No será objeto de trabajo la asimétrica calidad de las producciones ni su “fordismo audiovisual” impuesto para saciar el hambre espectacular de los usuarios. Asuntos, por cierto, que parecen no ser de interés para la masa inmensa de suscripciones que hoy disfrutan su Netflix incluso como una nueva “adicción” simpática. Importa aquí el flujo ideológico que transita impune (a veces imperceptible) gracias al “vehículo excipiente” llamado “entretenimiento”.  Paremos un poco en la anti-política.

Pocas cosas parecen más urgentes, para las burguesías, que ahuyentar a las masas de cualquier interés por participar desde las bases en “política” (y en su transformación democrático-participativa de manera radical). Ha sido histórico el beneficio que las burguesías le arrancan a la abulia, el desinterés y la alergia fabricada para que los pueblos odien a la “política” y a los “políticos”. Cuanto más se desprestigiada la “política” más contentos se ponen los oligarcas porque consiguen así que los pueblos dejen vacío un territorio (que les es propio) y que queda usurpado por los “poderosos” para reinar a sus anchas mientras la gente los odia pero con apatía. Por decir lo más suave. Se trata de un desprestigio rentable y morboso que produce dos efectos (al menos) muy jugosos: por una parte deja abierta la esperanza del “cambio” y la “libertad” (palabras que la burguesía manosea a destajo) y permite hacer del estercolero de corrupción burguesa, sus crímenes, su servilismo y su entreguismo un espectáculo y un negocio muy rentable. Y lo pasan por la “tele” y parece muy “porgre”.  Seguir leyendo NETFLIX: LA ANTIPOLÍTICA COMO ENTRETENIMIENTO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

¿POR QUÉ SE HABLA DE GUERRA CULTURAL? ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

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ELIER RAMÍREZ CAÑEDO / GRANMA

Estados Unidos tiene una vasta experiencia en la práctica de la guerra cultural contra todo proyecto alternativo a su hegemonía en el escenario internacional. La CIA y la guerra fría cultural, de Frances Stonor Saunders, constituye un libro imprescindible –la investigación más completa sobre el tema– para comprender esta realidad. Este libro demuestra cómo, en los años de la Guerra Fría, el programa de guerra sicológica y cultural de la CIA contra el campo socialista fue su joya más preciada.

«Un rasgo importante –señala Stonor– de las acciones emprendidas por la Agencia para movilizar la cultura como arma de la guerra fría era la sistemática organización de una red de “grupos” privados y “amigos”, dentro de un oficioso consorcio. Se trataba de una coalición de tipo empresarial de fundaciones filantrópicas, empresas y otras instituciones e individuos que trabajaban codo a codo con la CIA, como tapadera y como vía de financiación de sus programas secretos en Europa occidental».

La guerra cultural es aquella que promueve el imperialismo cultural, en especial Estados Unidos como potencia líder del sistema capitalista, por el dominio humano en el terreno afectivo y cognitivo, con la intención de imponer sus valores a determinados grupos y naciones. Es un concepto que, entendido como sistema, integra o se relaciona con elementos de otros términos que han sido de mayor uso como el de guerra política, guerra sicológica, guerra de cuarta generación, smart power, golpe blando, guerra no convencional y subversión política ideológica.   Seguir leyendo ¿POR QUÉ SE HABLA DE GUERRA CULTURAL? ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

LA CIA ESTUDIA A LOS TEÓRICOS FRANCESES. CÓMO DESMANTELAR A LA IZQUIERDA CULTURAL. G. ROCKHILL

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GABRIEL ROCKHILL / DIALOGAR, DIALOGAR / REBELIÓN / THE PHILOSOPHICAL SALON

Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.

De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intrincada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.

La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro Radical History & the Politics os Art).

Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles [i] o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield. Seguir leyendo LA CIA ESTUDIA A LOS TEÓRICOS FRANCESES. CÓMO DESMANTELAR A LA IZQUIERDA CULTURAL. G. ROCKHILL

DE VALENCIA Y ESPAÑA, DE LAS GUERRAS QUE SOMOS. OMAR GONZÁLEZ

Siempre que he visitado la ciudad española de ValeCartellncia, lo he hecho bajo la advocación del Segundo Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura, o de Escritores Antifascistas, efectuado en julio de 1937. Y como yo, muchísimos otros latinoamericanos y latinoamericanas. Por eso, más allá de nuestras preferencias literarias, siempre llegamos de la mano de Alejo Carpentier, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Octavio Paz, Vicente Huidobro, César Vallejo, Juan Marinello, Carlos Pellicer, Félix Pita Rodríguez, y Rafael Alberti, María Teresa León, Manuel Altolaguirre, Miguel Hernández, León Felipe, André Malraux, Ilya Ehremburg y todos los que, hasta sumar más de ciento cincuenta, se dieron cita mientras llovía metralla y España se desangraba en ríos de muerte y valentía. En fin, jamás llegamos solos.

Pocas veces como durante la Guerra Civil Española, e inmediatamente después, “el paso de las ideas entre los mares” fue tan humano y acendrado; nunca como entonces caló tan hondo el sentimiento de hermandad entre los hombres y mujeres de la cultura de habla española. Nuesbombas36tra identidad, forjada en siglos de lucha contra el colonialismo –sin excluir el fardo de la perenne injerencia norteamericana–, los intercambios, las negaciones y apropiaciones recíprocas; nuestra identidad, decía, creció hasta que sentimos que éramos uno frente a la extensión del páramo y la barbarie que comportaba (y comporta) el fascismo. Después fue el mundo el que volvió los ojos sobre sí mismo, y tras su despertar –ojalá que para toda la vida–, sobrevinieron las causas de Cuba y de Vietnam, que ahora pudieran llamarse Gaza, Cuba todavía, Venezuela, Argentina, Ecuador o el calvario de la globalización neoliberal, con su secuela de injusticia y la persistente impunidad del crimen y la incivilidad. Seguir leyendo DE VALENCIA Y ESPAÑA, DE LAS GUERRAS QUE SOMOS. OMAR GONZÁLEZ