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LA INGRAVIDEZ Y EL SUEÑO. GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA

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GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA

Ese juego, esa dualidad, se expresa en dos constantes de la historia cubana. La primera de ellas es la burla del cubano, eso que los estudiosos de su forma de ser han llamado el “choteo”, como en la famosa Indagación…, que Jorge Mañach publicó en 1928. La otra —casi su envés—, es esa presencia del ideal, la tendencia a entregarlo todo por una causa, el alto principio que regresa siempre en nuestra historia, cuando más muerto se le piensa.

Vitier habla —muchos han hablado— de la corruptora experiencia que vivió el pueblo de Cuba en las décadas que precedieron a la Revolución.

Pero ese pueblo burlón, que coexistía con y a veces vivía de la corrupción de la administración pública, el juego, la incredulidad en los fines de una existencia superior, demostró haber acumulado reservas morales que el entorno adverso no hizo sino, dialécticamente, potenciar.

La juventud que había vivido en el ámbito de la burla de los valores cívicos, del enriquecimiento ilícito de sus presidentes, ministros, parlamentarios, se entregó denodadamente a un proyecto que venía reclamando su materialización desde el gran siglo épico de Cuba.

Por ello, quisiera hacer ver que “choteo” e ideal son cara y cruz de una misma moneda.

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El choteo le sirvió al pueblo cubano a denunciar la corrupción que precedió a la Revolución. Foto: Internet

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GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA: UN HIJO DE MARTÍ. IROEL SÁNCHEZ

IROEL SÁNCHEZ / LA PUPILA INSOMNE

Hoy es 19 de mayo, día en que  en 1895 José Martí cayó combatiendo contra el colonialismo  español. Poco antes había escrito: 

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

En palabras sobre un libro de Guillermo Rodríguez Rivera, Cintio Vitier dijo de Martí: “desde su caída en Dos Ríos, todos los cubanos somos o debemos ser sus hijos.” Sin dudas, Guillermo lo fue. 

Pocos libros han tenido en tan breve plazo una vida tan intensa como Por el camino de la mar o Nosotros los cubanos. No menos intenso fue su autor que llegó a definirnos con este ensayo que según Vitier es un “tratado de historia de Cuba que sólo pudo escribirse desde los años que hemos vivido de Revolución”. Ahora que El Guille se nos ha ido, su “clásico”, que sólo pudo ser escrito por quien como él fue un cubano esencial y cultísimo, nos es cada vez más imprescindible para conocernos y mejorarnos como hijos de Martí. 

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Palabras en la presentación de la primera edición del libro Por el camino de la mar o Nosotros los cubanos*. Por Cintio Vitier

Ojo avizor para la política ha tenido nuestra poesía desde Heredia hasta hoy. La completez del hombre se nos dio en la figura de José Martí, encarnación unitiva de palabra y acción, de historia y poesía, de inmanencia y trascendencia. Mayores o menores, desde su caída en Dos Ríos, todos los cubanos somos o debemos ser sus hijos.

Cuando parecía que la palabra poética se hermetizaba hasta su total separación de la política, José Lezama Lima escribió en Orígenes, en enero de 1953, “Secularidad de José Martí”, donde se lee: “Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”. Seguir leyendo GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA: UN HIJO DE MARTÍ. IROEL SÁNCHEZ

DILMA

Fuente: Comentarios, Segunda Cita

Guillermo Rodríguez Rivera dijo…
Silvio: Hoy estuve viendo a Dilma en el vergonzoso juicio al que la someten.
Me salió esto. Un abrazo de Guilermo


DILMA

Debajo de un cabello dorado
que sus 68 años han devuelto otra vez
a su fogosa juventud;
detrás de una sonrisa que resulta esquiva
salvo si va a entregarse como entregó su vida a los demás
esta mujer que frecuentó la cárcel, la tortura,
el pau de arará, la silla del dragón,
que lo hizo todo
para la posibilidad remota
de sacar a su pueblo del hambre,
esa mujer, esa muchacha
está ahora respondiendo las preguntas
de una señora que rechaza que Dilma la avergüence
contándole su biografía.
Dilma sabía que la vida que eligió
O la vida que la eligió entre tantas muchachas,
incluía al ilustre capitán Albernaz, los puñetazos,
las descargas eléctricas y la señora senadora
que la está interrogando.
Todo –no es tanto –,
para sacar a su pueblo del hambre.

GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA

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A Fidel, en sus noventa

Guillermo Rodríguez Rivera
Fuente: Blog Segunda Cita

Fidel entre nosotrosAlguna vez afirmó Fidel Castro que su mérito mayor es haber sobrevivido. Ahora que lo escribo, no sé si pensaba en él o en la revolución que forjó y dirigió por más de cincuenta años. Las dos supervivencias fueron igualmente muy difíciles y meritorias. Podría decirse que excepcionales.

Los líderes latinoamericanos que habían osado desafiar el poderío del gran capital de los Estados Unidos, habían tenido que huir de sus propios países o habían sido muertos o asesinados como retribución por la osadía. Tampoco habían perdurado los cambios sociales que llevaron a cabo. Seguir leyendo A Fidel, en sus noventa

LOS MISMOS ESTADOS UNIDOS

Guillermo Rodríguez Rivera
Foto, para esta edición: Claudia González Machado
Fuente: Segunda Cita

Hay un verso de César Vallejo, en Poemas humanos, que me complace en especial, porque más allá de su logro artístico, encierra una enorme verdad:

           No hay Dios, ni hijo de Dios, sin desarrollo.

El hombre no nace siendo quien va a ser: ese hombre experimenta, aprende, dice y se desdice, porque en ese proceso va siendo el que será.

Nubes. Foto de Claudia González Machado
Nubes. Foto de Claudia González Machado

José Martí llega a los Estados Unidos en 1881 para una larga estadía. Quien llega a Nueva York es el hombre nacido en una colonia opresivamente tratada por su metrópoli. No ya la independencia que disfrutaban –y a veces sufrían– sus antiguas posesiones: ni siquiera el derecho de los propios españoles podían tener los cubanos en su isla. Aquí, ser español, haber nacido en Madrid o en Sevilla,  era un privilegio que no tenían los cubanos en el lugar donde habían nacido.

Cuba ya había librado su larga guerra de los diez años, pero no había conseguido la independencia ni la abolición de la esclavitud.  La divisiones, los regionalismos, los egoísmos personales se han impuesto sobre el gran proyecto nacional. Pero esos años han sido cualquier cosa menos tiempo perdido: allí terminaron de cuajar la patria y su cultura.

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