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BOLSONARO DICE QUE DESEA SUMAR A BRASIL AL PODERÍO MILITAR DE EE.UU. EN LA REGIÓN

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Estados Unidos cuenta con más de 75 bases militares en la región. Foto: Perú al día

EE.UU. le viró la cara al Acuerdo de París sobre cambio climático y ya Bolsonaro ha dicho que daría también ese paso, de hecho la COP 25 que debía celebrarse en su país ha sido transferida a Chile, pues el nuevo mandatario rechazó la sede; EE. UU. injustamente consideró a Cuba, Venezuela y Nicaragua como la troika del mal y Jair dinamitó con sus ofensas y condiciones el programa Más Médicos, en detrimento de la salud de su pueblo; EE. UU. arremete contra el Gobierno legítimo y democráticamente electo de Venezuela y el mimetismo del inquilino del Palacio de Planalto se repite, Estados Unidos trasladó su embajada en Israel a Jerusalén y su alumno ya prometió lo mismo.

Ahora dejó entrever, en entrevista al Sistema Brasileño de Televisión, que contaría con una base militar del imperio en territorio brasileño para sumar a su nación al poderío estadounidense en la región, expresado en más de 75 bases en América Latina y el Caribe, incluyendo la que ocupa ilegalmente y en contra de la voluntad soberana de Cuba, en Guantánamo.

EE. UU. sigue obrando en la región con acciones que niegan la voluntad de sus países expresada en La Habana, en el 2014, cuando la CELAC declaró a América Latina y el Caribe como Zona de Paz. (Redacción Internacional)

FUENTE: GRANMA

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2018: EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE. KATU ARKONADA

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KATU ARKONADA

Se cierra un 2018 intenso en emociones y hechos políticos. Un año donde en los dos países más grandes de América Latina han ganado dos polos opuestos, que a la vez son dos caras de una misma moneda, tintada de oxímoron: la crisis de la democracia neoliberal, o del neoliberalismo democrático.

La victoria de Andrés Manuel López Obrador en México es una derrota del proyecto neoliberal que nunca pudo desarrollar un modelo de crecimiento basado en la apertura del mercado al capital financiero trasnacional, vía instrumentos como el Tratado de Libre Comercio, la Alianza del Pacífico, o la reforma energética fruto del Pacto por México. Un modelo que, además, necesitó de la doctrina del shock para imponerse, dejando un saldo de más de 200 mil muertos y desaparecidos,y centenares de fosas comunes en una guerra contra las drogas que en realidad sólo sirvió para ceder soberanía territorial, dejando amplias zonas del territorio mexicano en manos del narco.

De alguna manera, cuando AMLO enarbola la bandera de la lucha contra la corrupción, la gente humilde, sin necesidad de tanta teoría, ha votado contra un modelo económico, el neoliberal, que ha hecho retroceder a México a los niveles de pobreza y desigualdad de los 90.

La otra cara de esa moneda es la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, que más allá de todos los errores cometidos por el PT y las izquierdas brasileñas, es también fruto de la crisis del mismo sistema, que nunca pudo imponer a su candidato, y derivó en la victoria de un monstruo llamado Bolsonaro. Porque, al igual que en Estados Unidos la candidata de Wall Street y el complejo industrial-militar era Hillary Clinton, y no Trump, en Brasil el candidato de las élites económicas era Alckmin (con un 4 por ciento de votación en la primera vuelta) y no Bolsonaro. Seguir leyendo 2018: EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE. KATU ARKONADA

CAUSAS Y PELIGROS DEL AUGE EVANGÉLICO EN LA POLÍTICA LATINOAMERICANA. FRANCO VIELMA

EVANGÉLICOS - VIELMA

FRANCO VIELMA

VIELMA 1En su libro Los nuevos partidos políticos confesionales evangélicos y su relación con el Estado en América Latina, el sociólogo Jean-Pierre Bastian advertía desde finales de los 90 el auge silencioso de una tendencia política que ha alcanzado un nuevo pináculo con el ascenso de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil.

En efecto, el alcance del poder en Brasil reviste un precedente importantísimo por estar aderezado de otros componentes, entre ellos el fascismo ultraliberal y el marco de judicialización de la política que precedieron la elección de Bolsonaro en medio de un gobierno de facto y precedido por un golpe de Estado institucional contra Dilma Rousseff. Un evento de suma gravedad que contraviene la tradición reciente de los esquemas democráticos en la región latinoamericana y caribeña.

El ascenso de un gobierno con matices abiertamente clericales en uno de los países más industrializados y potencia emergente del mundo desnuda el auge del poder evangélico como un proceso político y social mucho más complejo, con incidencias en todo el continente.

El problema de las estructuras políticas

Bastian señala el sistémico agotamiento de los “esquemas duales” de ejercicio de la política y el poder en Latinoamérica, o lo que regularmente entendemos como la mal llamada “alternabilidad” política entre gobiernos de derecha y la izquierda socialdemócrata, que como presentaciones políticas han desarrollado un único esquema de consolidación del modelo capitalista y sus variantes neoliberales.

Un proceso signado también por las deficiencias congénitas de la gestión de la política pública que devienen en el desgaste de los modelos institucionales: corrupción, burocratismo, clientelismo, pérdida de la gobernabilidad, perpetuidad de las brechas sociales y exclusión. Un entramado de relaciones que socava las formas de patronato estatal en su versión tradicional.

Para Bastian, ese marco político dualista caracteriza la región latinoamericana. Es un modelo político que sigue siendo una ficción jurídica, por lo tanto, los movimientos evangélicos como nuevos actores en la política “buscan una negociación eficaz a partir de la cultura política real, la del corporativismo”. Mediante el intercambio del voto religioso cautivo, o lo que en términos políticos significa captación y cooptación de la masa evangélica, “estos actores entablan una relación clientelar con el Estado y buscan ante todo desalojar a la Iglesia católica de su relación privilegiada con el aparato estatal”.

Así, señala Bastian, “la multiplicación de actores político-religiosos en competencia podría quebrar la lógica del corporativismo estatal e inscribir estos movimientos en una transición democrática en la que el dirigente religioso, de patrón-cliente, podría transformarse en mandatario”.

De ahí que los grupos evangélicos, organizados en iglesias mediante una ardua labor de abordaje en barrios y caseríos, luego como actores en los espacios mediáticos y ahora como figuras en los parlamentos y algunos gobiernos, han trascendido en la escena como figuras políticas que actúan en favor de sus intereses de grupo de manera muy pragmática y efectiva. Alcanzando y tomando espacios de poder, han dado un salto no solo al desplazamiento de la Iglesia católica como instancia tradicionalmente clientelar de los gobiernos, también aprovechando la imposibilidad de que ella por sí sola sea expresión de ejercicio directo de poder y ni pueda ser reconocida como un factor de “adecentamiento” de la política.

Los liderazgos evangélicos se erigen como fuerzas sociales de multitud, supuestamente diversos, pero claramente inferidos por grupos clericales concretos, donde no hay doctrina política, sino dogma religioso. Una abierta transgresión al sentido de pluralidad democrática que en teoría predomina en los partidos de masas. Pero pocas instituciones electorales parecen notar ello.

Otro de los problemas de fondo de la estructura política tradicional en Latinoamérica está dado por la insuficiencia en los partidos tradicionales en asumir posturas sobre temas de gran interés social. Las iglesias evangélicas ejercen una creciente presión en el debate político sobre cuestiones de familia, género y sexualidad.

“Esa es la fuerza política más nueva y que más adelanto ha tenido en América Latina desde que surgieron los movimientos sociales de los 90”, ha dicho Javier Corrales, un profesor de ciencia política en Amherst College de Massachusetts, a BBC Mundo. La construcción del poder real para la influencia de capas sociales cada vez más grandes es un factor indudablemente conectado con el ascenso político de sus partidos y líderes, y desde ella se decantan posiciones ultraconservadoras que, sin tapujos, han asumido posturas sobre estos temas capitalizando cuotas significativas de la masa política.

Los evangélicos pragmáticamente han conectado su agenda política con componentes de la subjetividad latinoamericana. Por ejemplo, la creciente influencia del movimiento evangélico en la política electoral podría ser una amenaza para el avance en términos del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI, un tema que sigue siendo espinoso en la región. La moral es la bandera de los evangélicos en la política, sus campañas se basan en la oposición al reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI y su rechazo de toda iniciativa que permita despenalizar el aborto.

Por otro lado y en otros temas, “la credibilidad de la clase política en América Latina está en el suelo. La política es vista como un negocio sucio por la gran masa de la población. Muchos representantes de las iglesias evangélicas (y también de la católica) reaccionan con llamamientos morales”, afirma Thomas Wieland, jefe de la sección de proyectos de la obra episcopal alemana Adveniat, en entrevista para la agencia de noticias Deutsche Welle.

Wieland agrega que el éxito electoral de candidatos evangélicos viene dado porque “la gente ve en ellos una alternativa, piensa que por lo menos son personas que no van a robar. Por eso, la popularidad de los candidatos evangélicos va en ascenso”. Como vemos, el problema del “adecentamiento” de la política y la sociedad ha sido uno de los asuntos de fondo con que los partidos y tendencias tradicionales no han sabido lidiar. Seguir leyendo CAUSAS Y PELIGROS DEL AUGE EVANGÉLICO EN LA POLÍTICA LATINOAMERICANA. FRANCO VIELMA

SERGIO AMADEU: “BOLSONARIO DESTRUYÓ LOS PARÁMETROS DE LA REALIDAD EN BRASIL”

Si WhatsApp quiere contribuir con la democracia, que entregue los metadatos de la elección
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El sociólogo brasileño Sérgio Amadeu. Foto: Tânia Rêgo / Agencia Brasil

NINA FIDELES Y MAYARA PAIXAO

“El debate electoral en Brasil fue anulado, nadie discutió nada, es una situación atípica que va a dar mucho trabajo para deconstruir”. La frase es del sociólogo Sérgio Amadeu, en respuesta al papel de las redes sociales en las elecciones de 2018 en Brasil.

Amadeu, profesor de la Universidade Federal do ABC, Doctor en Ciencias Política por la Universidad de Sao Paulo y defensor del software libre, estuvo en los estudios de Brasil de Fato, para participar en el programa No Jardim da Política.

En la entrevista, el científico social analiza el papel de las redes sociales, en especial de WhatsApp, en las elecciones de este año, y lo compara con el proceso electoral que llevó a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2016. Amadeo habla sobre las características de las organizaciones de derecha y la influencia internacional que han adquirido recientemente.

Sobre el papel de WhatsApp en la política brasileña actual, el autor del libro digital Tudo Sobre Tod@s: redes digitais, privacidade e venda de dados pessoais, dijo: “Si el WhatsApp quiere contribuir a una democracia efectiva, que entregue los metadatos de los dos meses en que se produjeron esas elecciones”.

A continuación, la entrevista en su totalidad.

¿Cómo evalúa el uso de WhatsApp en las elecciones y qué maneras hay de contener los “fake news”?

Lo que sucedió en Brasil fue un proceso de deconstrucción de los parámetros de la realidad. Esto ya había ocurrido en la elección de Donald Trump, en Estados Unidos. Un grupo nuevo de la extrema derecha norteamericana considera que el capitalismo no se desarrolla correctamente porque existe un predominio en todo el mundo de lo que ellos llaman “marxismo cultural”. Ellos se colocan en posición de lucha contra el sistema y, obviamente, lo que usan para ello no es razonable ni históricamente sostenible, entonces se proponen destruir el debate y trabajar con dogmas. Lo hicieron en una parte de los Estados Unidos, en la elección de Trump, y funcionó.

En Brasil, lo que ocurrió fue que durante el proceso del golpe se destruyeron los parámetros de la realidad. Es obvio que los políticos son complicados, y que el PT es un partido que tiene gente que se vinculó con la corrupción. Ahora, transformar al PT en el partido más corrupto de Brasil, es perder la noción de la realidad. Con sólo mirar cualquier indicador, se logra apreciar que la corrupción es estructural en la elite brasileña y está en el poder judicial, además de ser alimentada, principalmente, por partidos de derecha. El PT se resistió mucho contra la corrupción y eso se puede demostrar.

Quien ayudó en ese proceso fue O Globo, el núcleo duro del tucanato (apelativo a los miembros del PSDB), (Rodrigo) Janot. Ellos no percibieron la nueva derecha que se aprovechaba de eso mejor que ellos. WhatsApp entró en los grupos con técnicas de big data dirigida a personas específicas con un cierto sesgo. Este preconcepto fue amplificado y la gente empezó a recibir información con “caritas bonitas”, pero los textos eran hechos por profesionales que inoculaban quirúrgicamente el odio gracias a los datos comprados en el exterior.

Si el WhatsApp quiere contribuir con la democracia, que entregue los metadatos de los dos meses en que se produjeron esas elecciones. No quiero saber lo que la gente ha hablado y cuál es el contenido de los mensajes, sólo quiero ver los datos disparados desde el exterior. No los entregan porque están protegiendo a esos grupos que asaltaron y contaminaron las elecciones en Brasil, y eso, la gente lo necesita saber. No estoy diciendo que no hay fascismo en Brasil, que no existen grupos de extrema derecha, que no exista un antipetismo. Pero eso se catapultó con una ola que nunca se vio venir. El debate electoral fue anulado, nadie discutió nada, e hicieron esa acción. Es una situación atípica que va a dar mucho trabajo deconstruir.

¿Fue preparado el camino y Bolsonaro se aprovechó de eso?

Él tomó la hegemonía. El núcleo duro del golpe no incluía a Bolsonaro. Bolsonaro es un sujeto execrable que no era tomado en serio, pero él movilizó el fascismo en Brasil. Esta derecha estadounidense conocida como alt-right o derecha alternativa, tiene un proyecto de poder mundial para radicalizar el neoliberalismo y, desde el punto de vista político, es la Dark Enlightment, una Ilustración hacia la oscuridad. Quiere destruir los parámetros de la razón.

Estos chicos tienen un proyecto de hegemonía, y usan ese término incluso. El libro Kill All Normies (Muerte a los normies: Las guerras culturales en internet que han dado lugar al ascenso de Trump y la alt-right)de la investigadora estadounidense Angela Nagel, estudia la forma en que funciona la derecha alt-right.

No es una disputa donde aparece un político desaliñado y devoto de los datos falsos, condenado a perder votos. La realidad tiene que ser destruida desde el punto de vista simbólico para que ese político, sea el que sea, tenga oportunidad en el debate. Para destruir los derechos que se alcanzaron en Brasil, tienen que convencer a las personas de que lo que tienen es malo. Cuando no se puede convencer, entonces el camino es subvertir los hechos con mentiras, “kit gay” (como llama Bolsonaro al proyecto “ escuelas sin homofobia”) y persecución.

¿Por qué Sergio Moro, que no era del grupo del Bolsonaro, se convirtió en un converso? Porque él se adecuó. Él es una correa de transmisión que sirve para destruir la economía nacional. Ahora va a perseguir a los sindicatos y a las universidades, que son los centros que van a ofrecer resistencia a esa política de desmontaje del país. Seguir leyendo SERGIO AMADEU: “BOLSONARIO DESTRUYÓ LOS PARÁMETROS DE LA REALIDAD EN BRASIL”

BOLSONARO, WHATSAPP Y CÓMO LLEGAR AL PODER CON LA MENTIRA. ROSA MIRIAM ELIZALDE

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ROSA MIRIAM ELIZALDE

Los ingenuos que creen en la democracia digital han olvidado que la información no fluye en el vacío, sino en un espacio político que ya está ocupado, organizado y estructurado en términos de poder. Y si alguien tenía alguna duda, ahí está Brasil para confirmarlo.

La lección de la reciente campaña electoral, en particular la del candidato Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), es haber logrado organizar a una potente cibertropa integrada por individuos con experiencia militar que se han involucrado activa y conscientemente en la manipulación de la opinión pública, junto a usuarios comunes políticamente motivados y compañías de comunicación estratégica locales e internacionales que fueron contratadas para intervenir en las redes sociales durante el proceso eleccionario.

El término cibertropas (Cyber troops) fue descrito en el 2017 por el Oxford Internet Institute como “la acción en redes de grupos de cuentas falsas, robots y/o trolls organizados –ya sea rentados o no- cuyo objetivo es producir algún efecto en la opinión publica, en la circulación de la información o en la persecución de opiniones críticas”.

Son sistemas complejos, no centralizados, que funcionan de forma celular y no necesariamente tienen contactos unos con otros. Sin embargo, demuestran actividad coordinada y una agenda temática común. Para tener éxito necesitan de la convivencia de tres factores: redes sociales (individuos relacionados), una fuerte motivación y plataformas sociales.

Quien haya seguido de cerca las elecciones brasileñas encontrará cientos de evidencias que confirman que, detrás de la retórica antisistema y la aparente torpeza en el uso de las herramientas digitales que mostraba Bolsonaro, hubo un diseño de laboratorio y expertos que aprovecharon el contexto eleccionario para aplicar innovaciones en las tecnologías de comunicación política, como ha venido ocurriendo en otras contiendas de la última década, desde la de Barack Obama (2008), el Brexit (2016), Donald Trump (2016), Macron (2017)… hasta Bolsonaro.

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VOLVEMOS A LA DICTADURA, POR VÍAS DEMOCRÁTICAS. FREI BETTO

FreiBetto

FREI BETTO

En Brasil, el resultado electoral que acaba de consumarse le abre la puerta a nuevos tiempos de turbulencia, para una sociedad tan radicalizada como contaminada por impulsos y emociones, sin ninguna perspectiva histórica.

Volvieron.

Y están al acecho.

Esa derecha que hoy se fortalece desde Brasil viene a fomentar su enraizamiento y expansión, poniendo en peligro a toda la región, porque Bolsonaro representa la vuelta de la dictadura por vías democráticas, tal como sucedió en 1933 con el ascenso de Hitler en Alemania.

¿Puede ser? Pudo ser, gracias al caos político que atraviesa nuestro país, producto de un proceso que se viene dando desde 2013, con la sociedad totalmente descreída de las instituciones. Generaron el hueco y dejaron un vacío que cualquiera podía llenar, cualquiera que no fuera Lula, porque Lula estaba prohibido, porque hubo un fraude inapelable y porque dieron un golpe dentro del golpe, encarcelándolo con total impunidad.

Al “flamante presidente”, como a toda la derecha, no le interesa el bienestar ni el crecimiento de nuestra gente, puesto que no busca garantizar la educación ni la cultura para el pueblo.

Y mucho menos el desarrollo de alguna conciencia crítica.

Neoliberalismo puro y duro, que se propaga por el camino del consumismo, pregonando una Escuela “sin ideología”: léase, jóvenes sin protagonismo social, ni político.

¿Pero quién es Jair Bolsonaro?

Un fascista, un homofóbico, un antiambientalista, un racista que reivindica la tortura y el asesinato como métodos para combatir la criminalidad.

Tristemente, la primera vuelta nos trajo muchas sorpresas, porque hasta último momento confiábamos en las chances de Haddad y Manuela, sobre todo después del rechazo masivo que las mujeres manifestaron con mucha fuerza, ante su arenga machista y discriminadora. Nada fue suficiente para vencer tanto odio y ahora, efectivamente, llegó al poder. Pues entonces sí, esos pobres que representan el 90% del pueblo brasileño serán los más perjudicados, por una política contraria al desarrollo de los trabajadores. De hecho, temo que rompa relaciones con países progresistas.

¿Y entonces? Y entonces, no hay que desmoralizarse, porque aun ante las imágenes de su consagración, Bolsonaro debe tener muy en cuenta una cosa: con la solidaridad internacional, el fortalecimiento del pueblo y la unión de los movimientos sociales, Brasil ha resistido. Y seguirá resistiendo.

No tengan dudas, volveremos a ponernos de pie

ELECCIONES BRASIL 2018: EL FACTOR EVANGÉLICO. MARCELO SILVA DE SOUSA

Aunque publicado el 14 de septiembre de 2018, este artículo conserva indudable vigencia para un análisis del papel de las iglesias evangélicas en la política brasileña, más allá del fenómeno Bolsonaro. 

El voto de los evangélicos cobra cada vez más relevancia en las elecciones de Brasil

evangélicos 3Jair Bolsonaro, el favorito de los evangelistas (Reuters)

MARCELO SILVA DE SOUSA

Muchos pastores ya han optado por un candidato, y se prevé que ejerzan una fuerte influencia en los comicios del 7 de octubre. Los aspirantes a la presidencia parecen actuar en consonancia

En un panorama permeado por la incertidumbre, una certeza emerge en la carrera por la presidencia de Brasil: el voto evangélico tendrá un fuerte impacto en la elección del próximo mandatario.

En las últimas semanas, algunos de los principales candidatos al palacio del Planalto salieron a cortejar al electorado religioso.

Antes de ser apuñalado, el militar nostálgico de la dictadura, Jair Bolsonaro, subió al púlpito de una iglesia evangélica en Río de Janeiro y entre lágrimas recibió la oración; el ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, fue invitado especial de un encuentro de pastores paulistas con representación internacional; y en Belo Horizonte la ecologista Marina Silva prometió a evangélicos mineros que si resulta electa cualquier cambio en la legislación del aborto será decidido en un plebiscito.

Bolsonaro y Alckmin se declaran católicos, de cuño conservador, mientras que Silva es la única evangélica entre los principales candidatos. No obstante, para ellos y los otros diez presidenciales por igual, el intento de estrechar vínculos con las iglesias es estratégico.

Aunque la campaña de Bolsonaro quedó circunscripta a las redes sociales tras el ataque del jueves pasado, que posiblemente puso fin anticipado a sus actividades públicas proselitistas, el diputado de ultraderecha se consolida en la cima de las preferencias. Según la última encuesta de la consultora privada Ibope publicada el martes, Bolsonaro tiene un 26% de intención de voto y lo siguen Silva; Alckmin; Ciro Gomes y Fernando Haddad, el candidato bendecido por ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, los cuatro en un virtual empate técnico, con entre un 11 y 8%.

En Brasil, donde la tradición religiosa es muy fuerte, los evangélicos representaban unos 42 millones de personas en 2010, cuando el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística realizó el último censo. De acuerdo con proyecciones de la consultora privada Ibope de este año, la población evangélica adulta habilitada para votar ronda los 40 millones -casi un tercio del total del electorado-. En una disputa electoral de final abierto como la del próximo 7 de octubre, esta porción de votos podría inclinar la balanza.

Según dijo el politólogo y especialista en marketing político Antonio Lavareda a The Associated Press, el voto evangélico cobrará un protagonismo inédito debido a lala reglamentación electoral que, por primera vez en una campaña presidencial, luego de que fuera revelada la trama del escándalo de corrupción del Lava Jato, prohíbe donaciones de empresas a los candidatos para hacer campaña.

Ante la escasez de recursos, todos los partidos necesitan del apoyo de corporaciones para garantizar votos, y el caso de las iglesias evangélicas es especial”, asegura Lavareda.

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El influyente pastor evangelista Silas Malafaia (AP Photo/Leo Correa)

Si bien el evangelismo tiene menos fieles que el catolicismo en Brasil, considerado el país con más católicos en el mundo con 123 millones según el censo de 2010, el voto suele dispersarse menos. Orientada por el mensaje de los pastores -osados para hablar de política-, la mayor parte de la comunidad acaba inclinándose por un mismo candidato, explican los especialistas.  Seguir leyendo ELECCIONES BRASIL 2018: EL FACTOR EVANGÉLICO. MARCELO SILVA DE SOUSA

EL NEOLIBERALISMO MILLENIAL Y LA CAMPAÑA DE BOLSONARO. YAIR CYBEL Y SEBASTIÁN FURLONG

Comunicación política digital en la campaña presidencial de Jair Bolsonaro.

YAIR CYBEL Y SEBASTIÁN FURLONG

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La intensa campaña electoral en Brasil desencadenó un gigantesco respaldo en primera vuelta hacia la candidatura del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien obtuvo el 46% de los votos, pero también dejó como saldo una centralidad casi absoluta de las redes sociales dentro de la arena político-mediática del “gigante sudamericano”. Citando las palabras que Manuel Castells atribuye a Philip Howard (2006), este último fenómeno podría tratarse a primera vista de un nuevo episodio de “campañas hipermediáticas”. Sin embargo, el mediactivismo en redes sociales propias y “vinculadas” que desplegó Bolsonaro principalmente entre el pasado 6 de septiembre -jornada en que fue apuñalado en el abdomen durante un acto de campaña en Minas Gerais- hasta abandonar la vida hospitalaria el 29 de aquel mes resulta digno de ser analizado, puesto que durante este período de tiempo se vio obligado por circunstancias excepcionales a recurrir a las diferentes plataformas digitales para la difusión de su imagen y de sus propuestas en tiempo real. Este artículo pretende adentrarse en las características de la exitosa campaña presidencial del excapitán del Ejército desde la perspectiva de la comunicación política digital.

Fuente: https://twitter.com/jairbolsonaro/status/1041044562909777920

La campaña de Barack Obama del año 2008 significó un verdadero punto de inflexión en la utilización de las redes sociales para los fines de la comunicación política. De allí en adelante, los candidatos del arco político-ideológico más diverso se han valido de las nuevas tecnologías digitales para consolidar discursos tendientes a captar, alcanzar y organizar a sus efectivos y potenciales votantes, sin por ello relegar los actos territoriales, la interacción cara a cara y, por supuesto, la difusión de mensajes en los medios masivos de comunicación más tradicionales. La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, país con una penetración de Internet cercana al 70%, trajo consigo un escenario marcado por el crecimiento del impacto de la actividad en redes sociales y su primacía por sobre otros medios.

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OCHO CLAVES PARA ENTENDER LAS ELECCIONES EN BRASIL. KATU ARKONADA

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KATU ARKONADA

Este domingo se celebra la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, y en caso de triunfar el ganador en la primera vuelta, Jair Messias Bolsonaro, podría completarse un círculo que comenzó con el impeachment contra Dilma Rousseff y continuó con el encarcelamiento, sin pruebas, de Luiz Inácio Lula da Silva.

En caso de cerrarse este círculo se clausuraría también el equilibrio, aparente al menos, entre capitalismo y democracia, porque más allá de quien gane la elección presidencial, el ascenso de Bolsonaro representa el fracaso de la democracia neoliberal. Las élites se cansaron del juego liberal democrático y optaron por un neoliberalismo autoritario con rasgos de fascismo social.

Pero llamar fascista a Bolsonaro no ayuda a entender la complejidad del fenómeno que se está produciendo en Brasil. Pasemos a examinar las claves del ascenso de este ex militar, diputado de un pequeño partido, el Social Liberal (PSL), que en julio tenía 17 por ciento de intención de voto, comenzó septiembre con 24 por ciento y ganó la primera vuelta el 7 de octubre con 46 por ciento de los votos, rozando la mayoría absoluta.

1. Voto de clase. Bolsonaro ha arrasado en el Brasil rico y blanco. Es significativo que haya ganado en los 10 municipios más ricos del país, mientras Haddad lo hizo en nueve de los 10 más pobres.

2. Voto antisistema. El triunfo del candidato de ultraderecha se sustenta además en un rechazo al sistema de partidos políticos, a la corrupción de los partidos que simboliza el caso Lava Jato y que encarna sobre todo (en el imaginario de la gente) el Partido de los Trabajadores (PT).

3. Candidato outsider. Bolsonaro se ha presentado como outsider, como una renovación de la clase política, aunque no lo es ni puede ser un aspirante que lleva 28 años como diputado y sus tres hijos son políticos. Es necesario destacar también que uno de sus hijos, Eduardo Bolsonaro, se ha convertido en el diputado federal más votado de Brasil, con casi 2 millones de sufragios.

4. El factor militar. No sólo Bolsonaro sirvió en el ejército que mantuvo a Brasil 21 años bajo una dictadura más larga que la de Pinochet en Chile, sino que su candidato a vicepresidente es el general Antonio Hamilton Mourão. Y para encontrar más similitudes con el Chile pinochetista, Bolsonaro ha colocado a un Chicago Boy, Paulo Guedes, al frente del área económica.

5. El factor evangélico. Bolsonaro ha sustentado su triunfo en las iglesias evangélicas, cada vez más presentes en las favelas y barriadas populares brasileñas. La Rede Record, propiedad del fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, segunda televisión más vista de Brasil y quinta del mundo, ha sido determinante para que la bancada evangélica esté compuesta por 76 diputados, casi una quinta parte del Congreso.

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PREFACIO PARA UN DESASTRE. ATILIO BORÓN

ATILIO BORÓN

Habrá que luchar hasta el final, pero la victoria de Jair Bolsonaro parece ya la crónica de una muerte anunciada. Y la palabra muerte está bien usada porque eso es lo que representa este personaje de la “lumpen-política” que durante casi 28 años pasó desapercibido en el corrupto Congreso brasileño. Muerte cuando propuso entrar con un “lanzallamas” al ministerio de Educación para erradicar hasta el último vestigio de las enseñanzas del gran educador Paulo Freire. Muerte porque bajo su égida habrá un considerable refuerzo del autoritarismo en la escuela y en la sociedad, y se librará una guerra sin cuartel al pensamiento crítico en todas sus variantes. Muerte porque ha prometido represión y cárcel para todos quienes representan el pasado petista, aunque no pertenezcan a ese partido. Declaró en varias oportunidades que va a ilegalizar al marxismo y al “gramscismo” (aunque no  dijo cómo) y que recortará drásticamente el presupuesto de facultades e institutos de investigación en ciencias sociales. Según  este santo varón, su gobierno invertirá en ciencias “que produzcan cosas” (lavarropas, palas, tornillos, etcétera) y no palabras o ideologías.

Este verdadero troglodita, al que circunstancias fortuitas y un golpe de la Diosa Fortuna lo convirtieron en el casi seguro presidente de Brasil, fue favorecido con enormes sumas de dinero (por completo ilegales) una vez que la clase dominante brasileña cayó en la cuenta que los protegidos por Fernando H. Cardoso como candidatos del PSDB y la elite tradicional de Brasil agrupada en el PMDB eran repudiados o ignorados por el electorado.  Pragmática e inescrupulosa como siempre la derecha llegó a la conclusión que si no se podía derrotar al lulismo con sus candidatos “democráticos” propios – tal como antes ocurriera con José Serra (dos veces) Geraldo Alckmin, y Aecio Neves- debía hacerlo con cualquiera que pudiera, aún cuando fuese un patético emisario rescatado de las cloacas de la dictadura que asoló al país por más de veinte años. Se ratifica por enésima vez que la derecha no tiene la más mínima lealtad hacia la democracia, como lo demuestra su apoyo a Bolsonaro. Además éste cuenta con el respaldo de Donald Trump para reorganizar a la derecha en todo el hemisferio y el asesoramiento  del equipo que dirigió la campaña presidencial de Trump. Se dice además que Steve Bannon en persona está colaborando en la estrategia propagandística  del “candidato del orden”.

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BOLSONARO: TRES HIPÓTESIS Y UNA SOSPECHA. ATILIO A. BORON

ATILIO A. BORON

La sorprendente performance electoral de Jair Mesías Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del Brasil suscita numerosos interrogantes. Sorprende la meteórica evolución de su intención de voto hasta llegar a arañar la mayoría absoluta. Y no fue el atentado lo que lo catapultó la posibilidad de ganar en primera vuelta. Veamos: en los últimos dos años su intención de voto fluctuó alrededor del 15 por ciento, pese a que está próximo a cumplir 28 años consecutivos como diputado federal (y con sólo tres proyectos de ley presentados a lo largo de estos años). Ergo, no es un “outsider” y mucho menos la personificación de la “nueva política”. Es un astuto impostor, nada más. A comienzos de Julio su intención de voto era del 17 por ciento: el 22 de Agosto, Datafolha marcaba un 22 por ciento. El 6 de Septiembre sufre el atentado y pocos días después las preferencias crecieron ligeramente hasta alcanzar un 24 y un par de semanas después subía al 26 por ciento. En resumen: un módico aumento de 9 puntos porcentuales entre comienzos de Julio y mediados de Septiembre. Pero a escasos días de las elecciones su intención de voto trepó al 41 y en las elecciones obtuvo el 46 por ciento de los votos válidos. En resumen: en un mes prácticamente duplicó su caudal electoral. ¿Cómo explicar este irresistible ascenso de un personaje que durante casi treinta años jamás había salido de los sótanos de la política brasileña? A continuación ofreceré tres claves interpretativas.

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Primero, Bolsonaro tuvo éxito en aparecer como el hombre que puede restaurar el orden en un país que, según pregonan los voceros del establishment, fue desquiciado por la corrupción y la demagogia instaurada por los gobiernos del PT y cuyas secuelas son la inseguridad ciudadana, la criminalidad, el narcotráfico, los sobornos, la revuelta de las minorías sexuales, la tolerancia ante la homosexualidad y la degradación del papel de la mujer, extraída de sus roles tradicionales. El escándalo del Lava Jato y el desastroso gobierno de Michel Temer acentuaron los rasgos más negativos de esta situación, que en la percepción de los sectores más conservadores de la sociedad brasileña llegó a extremos inimaginables. En un país donde el orden es un valor supremo – recordar que la frase estampada en la bandera de Brasil es “Orden y Progreso”- y que fue el último en abolir la esclavitud en el mundo, el “desorden” producido por la irrupción de las “turbas plebeyas” desata en las clases dominantes y las capas medias subordinadas a su hegemonía una incandescente mezcla de pánico y odio, suficiente como para volcarlas en apoyo de quienquiera que sea percibido con las credenciales requeridas para restaurar el orden subvertido. En el desierto lunar de la derecha brasileña, que concurrió con seis candidatos a la elección presidencial y ninguno superó el 5 % de los votos, nadie mejor que el inescrupuloso y transgresor Bolsonaro, capaz de infringir todas las normas de la “corrección política” para realizar esta tarea de limpieza y remoción de legados políticos contestatarios. El ex capitán del Ejército, eligió como compañero de fórmula a Antonio Hamilton Mourau, un muy reaccionario general retirado que pese a sus orígenes indígenas cree necesario “blanquear la raza” y que no tuvo empachos en declarar que “Brasil está lastrado por una herencia producto de la indolencia de los indígenas y del espíritu taimado de los africanos” . Ambos son, en resumidas cuentas, la reencarnación de la dictadura militar de 1964 pero catapultada al gobierno no por la prepotencia de las armas sino por la voluntad de una población envenenada por los grandes medios de comunicación y que, hasta ahora, a dos semanas de la segunda vuelta, parece decidida a votar por sus verdugos.

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BRASIL: FRENTE AMPLIO ANTIFASCISTA. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

La abrumadora victoria del nazi Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas no debe ser subestimada. Brasil es la octava potencia mundial, con posición geopolítica de primer orden en América del Sur. Bolsonaro, descaradamente chovinista, misógino, racista, homófobo, proyanqui y prosionista, detesta los valores democráticos. Es la continuación del golpe de Estado contra la democracia, iniciado mucho antes del golpe parlamentario que tiró a Dilma con una extraña movilización de masas y una campaña mediática internacional que dibujó al PT como el único partido corrupto del país. Campaña salida del Departamento de Justicia estadunidense, promotor del caso Odebrecht y las miserables delaciones retribuidas.

Bolsonaro no es un hecho local. Se inscribe en una corriente mundial de ascenso del fascismo, que tuvo su primera expresión rotunda en la elección de Donald Trump, a quien casi nadie tomó en serio, igual que al ex militar hasta hace unos meses. Lo mismo ocurrió con Hitler. Esta corriente eslabona hoy a Trump, Le Pen, Salvini, Orban y, por supuesto, Netanyahu, entre otros. Está creando una internacional con articuladores como Steve Bannon, ex jefe de campaña del hoy inquilino de la Casa Blanca, y generosos donadores como los hermanos Koch, grandes entusiastas de Bolsonaro. Aunque no sean abiertamente fascistas, Duque, Macri y Piñera son fanáticos neoliberales y en un eventual triunfo de Bolsonaro el 28 de octubre, constituirían un peligroso polo reaccionario en América del Sur.

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BRASIL VAI AS URNAS SOB O OLHAR ATENTO E PREOCUPADO DO MUNDO. RIBAMAR FONSECA

RIBAMAR FONSECA

Ribamar FonsecaO Brasil vai às urnas neste domingo para escolher seu novo Presidente. Será uma eleição atípica, nervosa e tensa, porque embalada pela intolerância e pelo ódio e, também, porque tutelada por uma justiça vergonhosamente partidarizada, que tirou do povo o direito de votar no candidato da sua preferência. Com uma ação política escancarada, pontilhada por manobras escandalosas, homens e mulheres de toga se empenharam em manter ilegalmente no cárcere o maior líder político do país, o ex-presidente Lula, de modo a impedi-lo, até com a restauração da censura à imprensa, de influenciar o processo sucessório presidencial. Com a valiosa ajuda da mídia, em especial da Globo, a mais alta Corte de Justiça do país criou, com esse comportamento condenado por juristas nacionais e internacionais, as condições ideais para a implantação do fascismo no território pátrio, favorecendo a candidatura extremista de Jair Bolsonaro, perigo percebido até pela imprensa mundial.

Os brasileiros, portanto, mergulham nas urnas neste domingo para eleger não apenas o Presidente, governadores, senadores e deputados mas, principalmente, para escolher o tipo de regime que vigorará no país a partir do próximo ano, se o democrático ou o autoritário, se a paz ou a violência. Será, no fundo, um plebiscito sobre o golpe de maio de 2016, que destituiu a presidenta Dilma Rousseff, e sobre o governo Temer, que destruiu a legislação trabalhista, programas sociais e entregou nosso petróleo para as multinacionais estrangeiras. Desse escrutínio, na verdade, ainda não sairá o novo Presidente, mas sim os dois candidatos que seguirão para o segundo turno, quando a batalha será mais encarniçada. Com base nas pesquisas de intenção de votos já é possível afirmar-se que irão para a segunda fase os candidatos Fernando Haddad, do PT, e Jair Bolsonaro, do PSL. O primeiro, indicado por Lula, representa a paz e o progresso, e o segundo, que defende o uso de armas para solucionar os problemas nacionais, representa o retrocesso, o atraso, o fascismo, a continuidade do governo Temer.

As eleições deste domingo se revestem de grande importância, não apenas para os brasileiros mas, também, para o mundo, dada a relevância do Brasil como o maior país da América Latina e, também, graças ao espaço conquistado entre as grandes potências do planeta pelo governo Lula. Por isso, a imprensa mundial acompanha com muito interesse o nosso pleito, visivelmente preocupada com a possibilidade de vitória do candidato da extrema direita, porque o resultado produzirá inevitáveis reflexos na comunidade internacional. O mais interessado em nossas eleições, ninguém tem dúvidas, são os Estados Unidos, que terão o Brasil de novo a seus pés com Bolsonaro na Presidência da República. Os norte-americanos, que participaram decisivamente da conspiração que culminou com o golpe de 2016 e atuaram em parceria com a Lava-Jato para garantir a prisão do ex-presidente Lula, de modo a impedir o seu retorno ao governo, também interferiram nestas eleições com o objetivo de assegurar a vitória do ex-capitão. Trouxeram para cá, inclusive, o esquema que elegeu Donald Trump: a inundação de fake news nas redes sociais, em especial no whattsapp, para eleger Bolsonaro.  Seguir leyendo BRASIL VAI AS URNAS SOB O OLHAR ATENTO E PREOCUPADO DO MUNDO. RIBAMAR FONSECA