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EL ASESOR POLACO. JORGE WEJEBE

La historia de la política exterior estadounidense en el siglo XX está ligada a Zbigniew Brzezinski, quien dirigió la Trilateral Commission del banquero Rockefeller y asesoró a los presidentes Kennedy y Johnson
BRZEZINSKI

JORGE WEJEBE«¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!» (…) ¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?».

Esos fueron cintillos de la prensa internacional sobre declaraciones realizadas en enero de 1998 por Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, en entrevista al semanario francés Le Nouvel Observateur.

La inspiración antisoviética con que Brzezinski hizo su trabajo parece tener origen en su formación profundamente antisoviética, impregnada por el padre, quien representó a su país, Polonia, en Alemania y la urss durante los convulsos años 30 del siglo xx.

La historia de política exterior estadounidense en el siglo XX está ligada a Zbigniew Brzezinski. Profesor de la Universidad Johns Hop­kins antes en Harvard y en Columbia, había dirigido la Trilateral Commission del banquero Rockefeller y había asesorado a los presidentes Kennedy y Johnson.

El polaco fue un gran defensor de la Guerra de Vietnam y en 1966 entró a formar parte del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado. Fue uno de los redactores del discurso «Construcción de puentes», pronunciado por el presidente Lyndon Johnson el 7 de octubre de 1966.

A los 49 años, Brzezinski se convirtió en un influyente asesor de Seguridad Nacional  del  presidente Jimmy Carter  y en un decisivo instigador de la Operación Ciclón, basada en la alianza de la cia  con los extremistas  musulmanes afganos, antes y durante la intervención soviética en Afganistán  en  la década de 1980.

Esa operación, costeada por más de diez años con alrededor de 40 000 millones de dólares en ayuda militar y logística de todo tipo por EE. UU., según cálculos de diversas fuentes públicas en la red, además de contribuir a la

retirada del Ejército Rojo y la propia desaparición de la urss, desencadenó  un funesto legado de miles de muertos en toda la región y la destrucción de países enteros, en una trama que parece  no tener fin.

LA TRAMPA

Para los años finales de la década de 1970, en Afganistán se instauró un régimen favorable a cambios socialistas, apoyado por la URSS, pero las autoridades afganas, al intentar infructuosamente quebrar siglos de costumbres medievales,  solo lograron concitar una fuerte oposición armada del fundamentalismo religioso que Brzezinski consideró importante sustentar militar y económicamente en julio de 1979, con la puesta en marcha de la Operación Ciclón, aprobada por el presidente Carter  antes de la intervención soviética en Afganistán en diciembre de 1979.

Desde entonces, una fuerte campaña mediática presentó la oposición armada del movimiento islamista con el apoyo estadounidense como reacción posterior a la invasión soviética, sin embargo, en 1998, Brzezinski, en la mencionada  entrevista, aportó luz sobre el siniestro entramado  de la Operación Ciclón.

«No presionamos a los rusos a intervenir, pero incrementamos a propósito la probabilidad de que lo hicieran… Esa operación secreta (Ciclón) fue una idea excelente. Tuvo el efecto de atraer a los soviéticos hacia la trampa afgana… El día en que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, escribí al presidente Carter: “Ahora tenemos la oportunidad de darle a la Unión Soviética su Guerra de Vietnam”».

La estrategia de enfrentar a la urss en Afganistán tuvo éxito, pero de los vestigios de esa victoria quedaron en Afganistán las bases de miles de combatientes fundamentalistas de donde emergió  Al Qaeda, concebido por un espigado joven millonario saudí, llamado Bin Laden, quien en su época resultó uno de los  nombrados combatientes por la libertad  contra los «infieles soviéticos» que tanto prohijó  Brzezinski.

El asesor de origen polaco murió en 2017 a los 89 años y no se arrepintió de las consecuencias de la trágica coalición con los extremistas islámicos, que promovió creyendo que así contribuía a los intereses de su patria adoptiva, a costa de la vida de miles de habitantes inocentes de todo el mundo. Seguir leyendo EL ASESOR POLACO. JORGE WEJEBE

EL FULGOR DE MIL SOLES. LUIS BRITTO GARCÍA

BOMBA ATÓMICA

LUIS BRITTO GARCÍA

Luis-Britto-Garcia

1

El viejo físico juega con un revólver cargado. Recuerda el día luminoso cuando descubrió la equivalencia entre materia y energía. La una puede ser convertida en la otra con un fulgor inimaginable. Tan inimaginable que quizá la materia no deje nunca de volverse energía y haga desaparecer todo lo creado. Por momentos apoya el arma en su sien, por momentos hace girar el tambor repleto de balas, por momentos apunta a los niños que juegan en el lejano parque de la Universidad de Princeton. No se atreve a apretar el gatillo, tampoco a dejar de hacerlo. Sabe que otros podrían también convertir un trozo de metal en un arma mortífera o una masa crítica de uranio en el Apocalipsis. Albert Einstein vuelve a su casita y escribe al Presidente de Estados Unidos Franklyn Roosevelt: “Dos de agosto de 1939. Recientes trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard, cuya versión manuscrita ha llegado a mi conocimiento, me hacen suponer que el elemento uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato[…] se ha abierto la posibilidad de realizar una reacción nuclear en cadena en una amplia masa de uranio mediante la cual se generaría una gran cantidad de energía[…] Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se puedan construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes.”

Albert Einstein sale de nuevo al parque, entrega a un niño el revólver cargado, y se encierra en la pequeña casa, esperando oír el disparo.

2

En 1941 en la Estocolmo ocupada por los nazis se reúnen casi clandestinamente el físico alemán Werner Heisenberg y el danés Niels Bohr para departir sobre deportes invernales y la aniquilación del mundo. Ambos son comisionados desde bandos opuestos para crear un arma nuclear; ambos se comprometen a no producir tal abominación. Heisenberg cumplirá su palabra, obstaculizando y desviando el proyecto alemán. Bohr faltará a la suya, y colaborará en el proyecto de los Aliados. Ese encuentro decide el destino y quizá el fin del mundo.

3

Los Messershmitt, Heinkel y Stukas de la Luftwaffe acribillan eficazmente estaciones de radar y aeropuertos de la Real Fuerza Aérea. De seguir así, pronto dejarán a Inglaterra indefensa y ganarán la guerra. El Comando Estratégico de los Aliados se reúne para decidir convertir las ciudades alemanas en piras funerarias de civiles indefensos, saturándolas con bombas incendiarias en la llamada “Tormenta de Fuego”. La idea es que por cada civil herido cinco deberán dedicarse a cuidarlo, y que así se incitará a Hitler a desperdiciar su Luftwaffe bombardeando a su vez ciudades inglesas. Así son incineradas Dresden, Hamburgo, Bremen, centros sin objetivos militares, con unos 75.000 civiles incinerados por ataque. Lo mismo se realiza contra las ciudades japonesas: Tokio, Nagoya, Kobe. Al final del conflicto, Curtis Le May se jacta de haber cremado un millón de japoneses. “Si hubiéramos perdido, nos habrían juzgado como criminales de guerra”, añadirá Robert McNamara. Hitler se enfurece, desperdicia sus bombarderos contra Londres, Liverpool y Coventry, y comienza a perder la guerra. Posteriormente, Kenneth Galbraith demostrará que la destrucción de ciudades indefensas, lejos de debilitar el esfuerzo bélico, no dejaba a los sobrevivientes más opción que trabajar en industrias militares, prolongando así el conflicto.

4

Albert Oppenheimer avanza con reluctancia el dedo hacia el tablero que hará reventar Little Boy, como llaman confianzudamente al rechoncho artefacto armado en Los Álamos, una ciudadela provisional construida en el desierto para acuartelar millares de científicos, técnicos y policías con el único propósito de armar la primera bomba atómica. Los cuerpos de seguridad acosan al director del Proyecto Manhattan. Oppenheimer es izquierdista; su ex amante Jean Tatlock es militante, y se ha suicidado al sentirse abandonada por Albert. El físico se cala los lentes de filtro oscuros, disipa sus dudas musitando: “El científico sólo debe responder ante la ciencia”, y aprieta el botón que desencadena el fulgor de mil soles. Sabe lo que ha hecho: atrapado entre la conciencia y el remordimiento recita un versículo del Baghava Ghita: “Me he convertido en la muerte, que avanza destruyendo mundos”. El padre de la bomba atómica será investigado por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas y despojado en 1954 de toda participación en investigaciones nucleares.

5

 El 6 de agosto de 1945 se preparaba un free beer party para las 2 pm en la base aérea de la isla de Tinian. No se requerirían cartas de racionamiento. Habría limonada para los abstemios. Para los cinéfilos, se proyectaría Ha sido un placer, con Sonja Henie y Michael O´Shea. “Use ropas viejas” suplicaban los cartelones: se debía estar cómodo. Las pancartas anunciaban el WELCOME PARTY FOR RETURN OF ENOLA GAY FROM HIROSHIMA MISSION. No estaba previsto cronista social. Nunca sabremos de las expresiones de los muchachos que bajaron tambaleándose del pesado B-29, encandilados por un fulgor que no ha cesado de arder. Ya no importa tanto distinguir entre Tidbits, que se enorgullecíó de haber aniquilado 90.000 prójimos en una fracción de segundo, Beser, que lamentó no haber arrojado la bomba en Berlín, y Eatherly, que enloqueció de remordimiento. A la larga, en los bancos de esa melancólica fiesta nos hemos ido sentando todos, gozosos o reluctantes, rusos o europeos, chinos e israelíes, sobrevivientes de Hiroshima o de los otros. Porque, hasta nueva orden, nuestra condición oficial es la de sobrevivientes.

6

El ex presidente Jimmy Carter afirma que “Estados Unidos es la nación más beligerante en la historia del mundo por haber disfrutado de tan solo 16 años de paz en sus 242 años de historia”. Cada día de esos 236 años de agresión está signado por crímenes de lesa humanidad. Conmemoremos con justicia el 6 de agosto como el Día de los Crímenes contra la Humanidad de Estados Unidos.

Fuente: ÚLTIMAS NOTICIAS