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INSTRUMENTO IMPRESCINDIBLE PARA EL ANÁLISIS DE LA CRISIS CIVILIZATORIA EN CURSO. GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS

Reseña de Tiempos de peligro: Estado de excepción y guerra mundial, de Luis Arizmendi y Jorge Beinstein

RESEÑA DE GILBERTO

GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS

“A la memoria de Jorge Beinstein, un antifascista del siglo XXI”

GILBERTO 3El libro de Luis Arizmendi y Jorge Beinstein. Tiempos de peligro: Estado de excepción y guerra mundial, (México: Universidad Autónoma de Zacatecas – Plaza y Valdés Editores, 2018), constituye un instrumento imprescindible para el análisis de la crisis civilizatoria o epocal en curso. Una crisis que, sin pretensiones apocalípticas, pone en riesgo la sobrevivencia misma de la especie humana, e, incluso, la existencia de la vida en el planeta.

Esta es una obra de gran calado que, desde el pensamiento crítico marxista, se constituye en una llamada urgente de atención, fundada, coherente y provocativa, sobre los trances y destinos inciertos que impone la forma actual de acumulación capitalista, con su violencia exponencial sobre millones de seres humanos, desplegada en formas y variantes que los autores identifican y conceptualizan a lo largo de sus ensayos.

Este trabajo se inscribe dentro de esa reflexión teórica que los mayas zapatistas identifican con la metáfora del centinela, la posta, que “no agota su capacidad de vigilancia”, esto es que vence la fatiga, que supera lo que llaman “el síndrome del Vigía”, que consiste en sólo ver una parte del todo, que no percibe los cambios ni las señales de peligro, sus indicios y cómo valorarlos e interpretarlos, para alertar la posibilidad, o la inminencia de lo que, también metafóricamente, los mayas zapatistas llaman “La Tormenta”, la catástrofe que se avecina. Arizmendi y Beinstein cumplen cabalmente esta tarea de la posta que alerta sobre los tiempos de peligro que acechan a la humanidad, a través de los cada vez más frecuentes estados de excepción, y sobre los riesgos reales de una guerra mundial.

Con una presentación por parte de Rubén de Jesús Ibarra Reyes, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, en la que sintéticamente da cuenta de los ejes analíticos de la investigación y la alta calidad académica y congruencia política de sus autores, la obra está dividida en tres secciones: 1a). – Tendencia a estado de excepción en América Latina; 2a). – Tendencia a estado de excepción y neofascismo a nivel mundial; y 3a). – Tendencia a Estado de excepción global, lumpenimperialismo y guerra. Cada sección se desdobla en dos capítulos escritos por cada uno de los autores y el libro concluye con un epilogo elaborado por ambos.

Arizmendi observa que el capitalismo actual radicaliza su relación con la devastación y la violencia, expandiendo, consolidando y apuntalando “como respuesta dominante y definitoria del poder planetario, para determinar su reconfiguración ante la crisis epocal del capitalismo del siglo XXI”, lo que cabe denominar como tendencia neoautoritaria . Una tendencia que, entrecruzando cada vez más agresivamente violencia económica anónima y violencia política destructiva, asimismo responde a la intensificación de la disputa por la hegemonía mundial, particularmente en América Latina. La única región que ha intentado ofrecer ciertas resistencias contrahegemónicas frente al “neoliberalismo”, pero en la que también la tendencia épocal hacia Estado de Excepción se ha abierto paso. Para dar cuenta de esta tendencia, el autor ofrece una información comparativa muy pertinente: “mientras la historia de la violencia política destructiva del poder capitalista en el siglo XX dio lugar a 111 golpes de Estado, lo que representa en promedio poco más de uno por año; el siglo XXI lleva ya, al menos 33, lo que arroja una media anual prácticamente del doble” (p. 22). Arizmendi analiza los golpes de Estado de nuevo tipo en América Latina, precisando que, en lugar de la articulación entre manu militari y Poder Legislativo, ahora recurren al vínculo estratégico entre Poder Legislativo y mass media como 4º Poder. Así, la acumulación por desposesión ha desplegado “como su desembocadura inevitable, la realización un nuevo tipo de golpes de Estado” y, como soporte de ellos, la tendencia hacia una reconfiguración cada vez más violenta del capitalismo imponiendo Estados de excepción de facto o, peor aún, de jure .” (p. 20)

El autor considera a México, como el espejo del futuro histórico que deberían visibilizar todas las fuerzas sociales reaccionarias que, de modo temerario, apoyan el coup d’etat de nuevo tipo y la tendencia neoautoritaria en América Latina. Aunque, en nuestra región, la transición violenta del capitalismo comenzó en Colombia, en el entrecruzamiento de violencia económico-anónima y violencia político-destructiva, México ha ido más lejos” (p. 28).

Coincido plenamente con Arizmendi en sus consideraciones sobre el caso mexicano, como el paradigma del llamado capitalismo necro-político, con “la política de muerte y la economía criminal como fundamento de aceleradas y decadentes formas de acumulación por desposesión”. Me parece muy importante la caracterización de nuestro país como prototipo de la tendencia neoautoritaria en América Latina, ya que, efectivamente, aquí “la acumulación por desposesión ha llegado muy lejos sin dictadura militar ni invasión armada” . Pero con una reconfiguración muy radical de la política de muerte . La descripción que hace Arizmendi de la coyuntura mexicana durante las décadas en que se impone esta acumulación militarizada del capitalismo necro-político es tan escalofriante como verídica en sus trágicas consecuencias para millones de mexicanos, quienes han sufrido la caída de los índices económico-sociales, violación de derechos humanos, feminicidios, anomia, destrucción de los tejidos sociales, por mencionar algunos de los factores clave de una compleja tragedia multidimensional. Una verdadera catástrofe humanitaria, en la que ha jugado un rol crucial una de las fuerzas armadas más letales del orbe, con sus miles de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, con sus desplazamientos internos y fuera del país. De tal magnitud, que una organización como el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres llegó a clasificar a México como el segundo país más letal del mundo, sólo después de Siria. O sea, como víctima de un “conflicto armado no reconocido”.

Lucidamente, Arizmendi observa el ciclo de los gobiernos progresistas, comprobado para casos como el argentino o el brasileño, “en el que un gobierno popular aumenta los niveles de vida de la clase media, para que luego ella empiece a apoyar a la derecha y ésta destruya a la clase media, desembocando en que la clase media empobrecida vuelva a apoyar a un gobierno popular” (p. 45). Esto coloca a la región latinoamericana, para Arizmendi, en una encrucijada “ineludible y cada vez más radical”: la confrontación entre la tendencia neoautoritaria, “que pugna por instalar la acumulación por desposesión en todos sus alcances, y una tendencia contrahegemonica , que pretende resistir, pero no va a abrirse paso remitiéndose puramente al proyecto del Estado liberal como contrapeso ante la violencia planetaria y la crisis épocal del capitalismo del siglo XXI” (p. 45).

Para enfrentar esta tendencia neoautoritaria, Arizmendi plantea un reto para la izquierda latinoamericana, por demás debatido y debatible, que consiste en pugnar por una articulación entre fuerzas políticas estadocéntricas progresistas y movimientos anticapitalistas autogestivos, esto es: “el proyecto del Estado contrahegemónico no puede enfrentar al poder planetario sin el apoyo de las fuerzas sociales autogestivas; a la vez, los movimientos autogestivos requieren, bajo una modalidad u otra, propulsar proyectos de Estado contrahegemónico para luchar por la integración del “autogobierno del país” –para expresarlo en los términos de Rosa Luxemburgo–“ (p. 48).

Estando de acuerdo en principio con este planteamiento para casos como Venezuela o Bolivia, a partir del caso mexicano, exteriorizo algunos interrogantes para la discusión: ¿Qué pasa cuando fuerzas políticas estadocéntricas en el gobierno no se plantean un proyecto contrahegemónico ni con respecto al poder planetario imperialista ni en lo que toca al modelo neoliberal de recolonización de los territorios? ¿Qué sucede cuando los megaproyectos, la militarización y paramilitarización, el uso del neoindigenismo como ingeniería de conflicto y la capitulación ante Estados Unidos –entre otros criterios esenciales de caracterización– hacen difícil, sino es que nulifican, cualquier planteamiento de articulación entre fuerzas políticas diametralmente opuestas?

Por su parte, también en la 1ª sección de la obra, Jorge Beinstein analiza las nuevas dictaduras latinoamericanas partiendo de la idea de que la radicalización reaccionaria de gobiernos como el de Paraguay, Argentina, Brasil, en ese momento el de México, no ha tenido lugar a partir de golpes de Estado militares, sino, en algunos de estos casos, a través de procedimientos o parodias parlamentarias. Aun en el caso de victorias electorales de un personaje como Macri, en Argentina, quien avanza en los otros poderes del Estado, recién asume la presidencia, logrando en poco tiempo la suma del poder público, al que se agrega el control de los medios de comunicación y del poder económico, “nos encontramos con una capacidad de control propia de una dictadura,” sostiene Beinstein. En la Argentina de Macri, como en México, se utilizó la cobertura de la lucha o guerra contra el narcotráfico y el terrorismo, para imponer la tendencia regional de factura estadounidense de reconvertir a las fuerzas armadas, policías y estructuras de seguridad en fuerzas de ocupación capaces de “controlar” poblaciones. Así, tenemos una imagen y una realidad, expone el autor: estas dictaduras tienen todas las características de presentar una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, mientras en realidad, se vive, por ejemplo, esa catástrofe humanitaria que ha padecido México. Nuestro autor hace una dramática descripción de esa “embrollada maraña de represiones, chantajes, crímenes selectivos, abusos judiciales, bombardeos mediáticos apabullantes disociadores o disciplinadores y fraudes electorales más o menos descarados según el problema concreto a resolver”.

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En suma, plantea Beinstein: “las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado parecen haber sido reemplazadas por dictaduras o protodictaduras grises, que ofrecen poco o nada montadas sobre aplanadoras mediáticas embrutecedoras”. Y añade, un colofón fundamental: “siempre por detrás (en realidad por encima) de estos fenómenos, se encuentran el aparato de inteligencia de EU y los de algunos de sus aliados. La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16, según los casos, manipulan los Ministerios de Seguridad o de Defensa, los de Relaciones Exteriores, las grandes estructuras policiales de esos regímenes vasallos y diseñan estrategias electorales y represivas puntuales” (p. 54). De esto resulta, acorde con nuestro autor, “articulaciones complejas, sistemas de dominación donde convergen élites locales (mediáticas, políticas, empresariales, policíaco-militares, etc.), con aparatos externos integrantes del sistema de poder de EU”. Asimismo, “estas fuerzas dominan sociedades marcadas por lo que podría ser calificado como capitalismo-de-desintegración, basado en el saqueo de recursos naturales y la especulación financiera, radicalmente diferente de los viejos capitalismos subdesarrollados estructurados en torno de actividades productivas (agrarias, mineras, industriales)” (p. 54).

Por lo que toca a la ofensiva de EU en América Latina y el Caribe, Beinstein plantea que su objetivo es recolonizar la región de manera integral, para controlar sus mercados y recursos naturales. “Para ello, viene utilizando a pleno sus estructuras de intervención mediáticas, políticas, paramilitares, gansteriles, económicas, etc. integradas en un paquete flexible de guerra total que los especialistas denominan ‘Guerra de Cuarta Generación’”. Seguir leyendo INSTRUMENTO IMPRESCINDIBLE PARA EL ANÁLISIS DE LA CRISIS CIVILIZATORIA EN CURSO. GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS