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SOBRE LA DISCUSIÓN EN TORNO AL SOCIALISMO, ERNESTO NOVÁEZ GUERRERO

Debate en torno al socialismo

Las calles más comerciales de Shanghai | Absolut Viajes
Calle de la ciudad de Shanghai, China

ERNESTO NOVÁEZ GUERRERO

Creo que el debate en torno al socialismo, de emprenderlo, debe partir del estado de desarrollo que ha tenido la reflexión en torno al tema dentro de la tradición marxista. Sin pretender agotar acá está tradición, si quisiera apuntar algunas ideas, en diálogo fraterno con el artículo Discutiendo acerca del socialismo, publicado recientemente en este blog.

Sin dudas, una de las aspiraciones del socialismo ha de ser la de lograr el mayor nivel de vida posible, pero lograr esto no puede divorciarse del cómo lo logramos y, desde luego, siempre cabe la discusión en torno a cuál es el mejor nivel de vida posible en una sociedad determinada.

En los primeros años de la experiencia soviética se dio un estimulante debate referente a lo que debía hacer una economía atrasada como la rusa para llegar a niveles de desarrollo productivo con los cuales pudiera, verdaderamente, comenzar a construirse el comunismo. Siguiendo la idea de Marx, se planteó que si el capitalismo había tenido una etapa de acumulación originaria, el socialismo debería tener una acumulación originaria del socialismo. Independientemente de las peculiaridades que tuviera este proceso, todo proceso de acumulación originaria, se apellide de una forma u otra, implica relaciones de explotación.

Se vuelve entonces sobre el problema esencial: ¿es posible construir el socialismo en sociedades atrasadas como Rusia, China, Cuba o Vietnam?
Lenin consideraba que sí, pero solo como un primer paso para una revolución posterior de las sociedades más avanzadas, únicas capaces de garantizar un intercambio de saberes que nivelara las profundas desigualdades sociales, fruto del orden colonial.

La práctica histórica demostró que el optimismo leninista debía repensarse. No bastaba con la firme disciplina y educada voluntad de un partido de vanguardia. Las condiciones objetivas del país donde había triunfado la revolución, sumado al formidable asedio internacional, determinaron una serie de decisiones que dieron la victoria en la guerra civil, pero al costo de fracturar definitivamente la democracia interna del partido y establecer un régimen de control burocrático a todos los niveles que, a la larga, permitirían el triunfo de la reacción pequeño burguesa y gran rusa, de la cual Stalin fue el rostro político.

Las profundas contradicciones de la sociedad rusa determinaron el análisis de un Trotsky en la década del treinta sobre las deformaciones de la práctica soviética, aunque la lectura de éste todavía conservaba un viso de optimismo, o la afirmación mucho más tajante del Che en la década del sesenta respecto a que la URSS y las restantes sociedades de Europa del Este estaban regresando al capitalismo.
Vemos entonces que el debate en torno al socialismo no se puede resolver a la ligera ni con fórmulas ambivalentes, que de tanto que parecen decir, no dicen nada.

Volviendo a lo del mayor nivel de vida posible, este ideal así planteado no excede las aspiraciones de cualquier república burguesa con aspiraciones de clase media. Ese estado de bienestar, por llamarlo de alguna forma, no sigue siendo más que el derecho irrestricto de explotación del capital, lo que colocando una cómoda capa de clase media entre los verdaderamente ricos y los verdaderamente pobres.
Tampoco creo que el ejemplo de Vietnam sea feliz, sobre todo porque el relativo desarrollo alcanzado por el país no se ha logrado sin pagar un alto costo de abandono social, y porque además el petróleo del Golfo de Tonkin jugó un gran papel en su milagro económico.

Creo que en el debate en torno al socialismo conviene que, partiendo de las contradicciones reales que se han verificado en la práctica, levantemos un grupo de cuestiones sobre las cuales reflexionar.

La primera y más evidente es hasta qué punto una sociedad atrasada puede construir el socialismo. La evidente respuesta es no. Pero el hecho es que todas las sociedades que emprendieron la empresa socialista en el siglo XX eran atrasadas. Esto puede llevar, falsamente, a pensar de plano en el fracaso completo de esta práctica, pero lo cierto es que la aspiración socialista se mantiene en países como Cuba, donde con conflictos evidentes, todavía conserva un alto apoyo popular. Otras sociedades, como China, afirman la necesidad de construir el capitalismo para luego comenzar a transitar la senda socialista. Y en eso de construir el capitalismo, China ha sido muy exitosa. Queda la pregunta: ¿serán capaces de ir más allá? ¿Puede un partido comunista donde militan algunos de los hombres más ricos del mundo, emprender el camino de superación de la propiedad privada como premisa para la construcción del comunismo?

La segunda es hasta qué punto la voluntad de una vanguardia y la formación de una conciencia adecuada en el pueblo puede, por decirlo de alguna manera, violentar el imperativo de las condiciones materiales para emprender la construcción de una sociedad nueva. Esta parece haber sido la idea de una parte de la élite bolchevique y de los líderes de la Revolución cubana, al menos en los primeros años de voluntarismo.

La tercera es la referente al desarrollo de la burocracia. Si bien este fenómeno es herencia del capitalismo, lo cierto es que va a jugar un importante papel en la práctica histórica del socialismo del siglo XX y XXI. El problema con este grupo (no creo que deba considerarse como clase) es que, como bien apuntara Lenin, en épocas de revolución, el aparato burocrático se convierte en el refugio de elementos del régimen derrotado. Se convierte este aparato entonces en un espacio donde sobrevive y se fortalece la conciencia pequeño burguesa y los valores que le son afines. No es de extrañar, entonces, que del seno de este mismo aparato provenga la traición. En torno a este problema cabría repensar las soluciones de la Comuna de París, que el mismo Lenin reivindicó pero que no pudo aplicar, y que dan algunas claves necesarias.

Otro problema central es el de las relaciones de propiedad. La práctica histórica del socialismo hasta ahora no ha resuelto el problema de la sustitución de la propiedad privada por la social. El capitalista individual es sustituido por el estado como capitalista abstracto, pero las condiciones de alienación del trabajador con respecto al producto de su trabajo permanecen intactas. Cómo crear formas de propiedad verdaderamente colectiva, ese es el problema, que también ha tenido una larga de lista de tentativas de solución en la práctica teórica y práctica del socialismo.

Desde luego, esta no es ni de lejos la totalidad de los problemas que un debate sobre el socialismo verdaderamente responsable debe abordar, pero sean un primer paso, una invitación, a profundizar verdaderamente en la riqueza del problema y no quedarnos en soluciones pragmáticas y fórmulas vagas.

Fuente: DESDE TU TRINCHERA

EL VERDADERO DILEMA DE LAS REDES SOCIALES. JOSÉ ERNESTO NOVÁEZ

JOSÉ ERNESTO NOVÁEZ

El documental The social dilemma (2020), dirigido por Jeff Orlowski, ha reavivado un debate cada vez más necesario sobre las redes sociales, su relevancia en las sociedades actuales y las implicaciones profundas que tienen.

Construido sobre el testimonio de numerosos exejecutivos de muchas de estas grandes compañías de comunicación, sicólogos y otros especialistas, el material audiovisual pretende diseccionar, desde una perspectiva fundamentalmente ética, el problema.

La gran verdad que nos reafirman todos los entrevistados, y que es uno de los problemas que desde hace años se viene denunciando, es que las redes sociales son, esencialmente, espacios para la manipulación. El objetivo fundamental de todas y cada una de sus numerosas prestaciones es lograr que pasemos cada vez más tiempo frente a las pantallas de nuestros dispositivos.

El lucrativo negocio detrás de estas empresas reside en vender nuestro tiempo y atención a terceros. Pero también, y esto a pesar de que algunos lo niegan, en vender las  gigantescas cantidades de metadatos que almacenan a gobiernos y compañías privadas que los usan con fines diversos.

La obra también pone el foco de atención en cómo están incidiendo estas redes en la mentalidad, autopercepción y percepción de la realidad de niños y adolescentes. Cómo, desde principios de la segunda década del siglo XXI, ha crecido exponencialmente la cantidad de adolescentes que atentan contra su vida como resultado de la interacción en redes sociales. Aunque los datos son solo de Estados Unidos, es fácil extrapolar a otras partes del mundo para comprender la magnitud de un problema que ya es global.

The social dilema se enfoca en cómo están incidiendo las redes sociales en la mentalidad, autopercepción y percepción de la realidad de niños y adolescentes.

Sin embargo, la principal limitación del documental reside en el hecho de quedarse solo en algunas de las implicaciones éticas de esta cuestión y no ir a las esencias del fenómeno. Las soluciones que propone, más bien escasas, competen, en primer lugar, al individuo: desconectar las notificaciones, regular el tiempo que tú y tus hijos pasan en internet, regular el uso que tus hijos hacen de esta herramienta, etc. Y, en segundo lugar, son un problema de derecho: aprobar más leyes que regulen la industria, gravar más significativamente los ingresos de estas compañías, etc.

Estas soluciones no pasan de ser paliativos y dejan sin tocar las cuestiones fundamentales. El documental no cuestiona el carácter monopólico que han adquirido las comunicaciones en la internet. Una abrumadora mayoría de los usuarios llega a la red de redes a través de alguno de los servicios del pequeño grupo de empresas conocido como GAFAM (Google, Apple, Facebook y Amazon). No es de extrañar entonces que en medio de la desoladora pandemia que golpea la economía mundial, altos ejecutivos como Jeff Bezos y Mark Zuckerberg hayan incrementado considerablemente sus patrimonios corporativos y personales.

Todas estas empresas son norteamericanas y todas, aunque lo nieguen, tienen agendas políticas. La primera y más evidente es la de legitimación del sistema capitalista y control o invisibilización de todas las voces y agendas contrapuestas. Los métodos para lograr esto son variados y van desde el cierre de cuentas hasta el uso de los algoritmos para aislar a usuarios conflictivos en pequeñas burbujas con otros usuarios que piensen como ellos, lo cual de hecho neutraliza la efectividad que pudiera tener un mensaje contrasistémico.

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