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MARTÍ Y FIDEL FRENTE A LOS ESTADOS UNIDOS. ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

El 18 de mayo de 2019, como homenaje al aniversario 124 de la caída en combate de José Martí, el sitio Presidencia de Cuba publicó este artículo del Dr. Elier Ramírez Cañedo. En él se rinde honores también al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Lo reproducimos hoy 28 de enero, cuando se cumplen 167 años del natalicio del Apóstol de la independencia de Cuba.

Martí y Fidel frente a los EEUU
Imagen: Presidencia Cuba

ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

ELIER 3Sin duda, Fidel Castro ha sido el más aventajado discípulo de las ideas y la praxis revolucionaria de José Martí.

No fue pura coincidencia histórica, sino que el líder de la Revolución Cubana asumió el ideario martiano de manera consciente y entregada.

Así lo ratificó en 1985 en sus conversaciones con Frei Betto: “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”.

En marzo de 1949, cuando marines yanquis profanaron la estatua del Héroe Nacional en el habanero Parque Central, Fidel fue uno de los que encabezó la airada protesta frente a la embajada de los Estados Unidos; en 1953, declararía a Martí como el autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes; durante su alegato de autodefensa conocido como la Historia me absolverá denunció como le habían impedido consultar las obras de Martí, pero que no importaba, pues traía en “el corazón las doctrinas del maestro”, el primer frente en la Sierra Maestra, dirigido por Fidel, ostentaría el nombre de José Martí. Estas son apenas algunas pinceladas que ilustran la hondísima vocación martiana de Fidel, algo que parecía genético. Hoy el líder de la Revolución descansa para siempre junto al Apóstol en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, en una piedra que alude a la conocida frase martiana que Fidel convirtió en una de las máximas fundamentales de su existencia: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Ambos fueron raigalmente humanistas, anticolonialistas y antiimperialistas, pero jamás antiestadounidenses, su política hacia la nación del Norte estuvo siempre basada en la fuerza de las ideas y los principios, no en odios y fanatismos.

Con “ojos judiciales” supieron distinguir las dos Norteamérica, la de Lincoln y la de Cutting. De la primera reconocieron sus virtudes y valores culturales, de la segunda -a la cual Martí llegó a nombrar como la Roma Americana o águila temible – no solo criticaron los aspectos políticos que más conocemos, sino también el modo de vida estadounidense que exalta la violencia, la irracionalidad y el culto desmedido hacia el dinero. Y es que una de las primeras similitudes que encontramos entre Martí y Fidel, es la ciclópea labor ideológica que desarrollaron para descolonizar el pensamiento que desde nuestra región exaltaba al Norte como el modelo a imitar.

Con apenas 18 años, Martí había hecho ya la siguiente observación:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, – Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad// Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos  se legislan?// Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?// Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más  alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa¡

Martí vivió en los Estados Unidos durante casi 15 años, y aunque Fidel no tuvo la misma experiencia, llegó a ver en sus entrañas de una manera tan aguda  como lo hizo el Apóstol. En esto influyeron sus estudios y lecturas –entre ellas las ideas de Martí sobre los Estados Unidos- y el contacto con la propia realidad, en especial la cubana, donde eran notorios los efectos más nocivos de la dominación imperialista del Norte.

Fidel llegó a convertirse en un verdadero experto en el conocimiento sobre los Estados Unidos, tanto de su dinámica interna como de su política exterior. Sobre esta cualidad de Fidel señaló Gabriel García Márquez: “El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”.

La estrategia revolucionaria de Fidel hacia los Estados Unidos, sintetiza en gran medida todo el pensamiento y la experiencia legada por José Martí, ajustada siempre, por supuesto, a las coordenadas de su tiempo histórico.

Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?

Uno de los grandes desvelos de Martí con relación al ya naciente imperialismo estadounidense fue la posibilidad de que este encontrara un pretexto, un recurso, para intervenir en la Isla, y de esa manera se frustrara la independencia cubana, garantía del equilibrio en las Américas y el mundo.

De ahí que se planteara la necesidad de una guerra “breve y directa como el rayo” que impidiera a tiempo que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos. “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”, le había escrito Martí a Gonzalo de Quesada desde 1889.

Poco tiempo después le advertía: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, -para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más soberbia no la hay en los anales de los pueblos libres: -ni maldad más fría”.

Esta fue también una de las grandes obsesiones de Fidel, evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de los Estados Unidos en Cuba, que escamoteara la victoria a los rebeldes frente a la tiranía batistiana.

En los meses finales de 1958, ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que provocara la intervención de los marines en Cuba.

La estrategia martiana de tomar cuenta la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y subjetivas, antes de plantear abiertamente sus objetivos revolucionarios más radicales, también fue seguida por Fidel, para evitar la hostilidad prematura del gobierno de los Estados Unidos:

MARTÍ Y FIDEL 2“En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”, le escribía el Héroe Nacional a su amigo Manuel Mercado horas antes de caer en combate el 19 de mayo de 1895.

Después del triunfo revolucionario de 1959, se haría aun más notoria la maestría del líder de la Revolución Cubana, para evitar cualquier circunstancia que pudiera servir como excusa a los Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla.

Entrar en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas.

Dentro de la estrategia martiana de organización de la Revolución en Cuba y para la futura República, estuvo la de influir políticamente tanto en el pueblo de los Estados Unidos, como en los propios sectores de poder en ese país. Martí hablaba de la necesidad de entrar “en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas”.

En un extraordinario libro de Rolando González Patricio, que lleva por título La diplomacia del delegado, el autor sostiene que Martí se propuso ganar la simpatía estadounidense, “…sin la cual la independencia sería muy difícil de lograr y muy difícil de mantener”. Su estrategia estaba dirigida a ganar al menos el respeto del gobierno de los Estados Unidos a las aspiraciones cubanas y a movilizar el respaldo moral del pueblo de esa nación.

Como parte de ese esfuerzo, no debe dejar de mencionarse el ingreso del Apóstol  como socio del Club Crespúsculo de Nueva York, institución integrada por personalidades de gran  influencia en los más diversos ámbitos de la sociedad estadounidense, agrupadas en esa asociación no solo por amor a la naturaleza y a la justicia, sino para encontrar respuestas a la crisis moral, ética y política en que se encontraban los Estados Unidos.

No cabe duda, que Martí vio en este Club, una vía importante para llegar al pueblo estadounidense con la verdad de Cuba y buscar aliados potenciales a la causa independentista de la Isla. Y no estaba  equivocado, pues meses después de la muerte de Martí, en sesión regular del 9 de abril de 1896, el Club Crepúsculo aprobó una resolución favorable a los revolucionarios cubanos, donde pedía al presidente Cleveland que los reconociera como beligerantes.

Esta capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba y los nobles propósitos de la Revolución, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos, fue precisamente uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la  Sierra Maestra.

El líder cubano recibió numerosos periodistas estadounidenses en la Sierra, y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes hacia los Estados Unidos.

Al más conocido de todos, el periodista Herbert Matthews, del New York Times, le expresó Fidel el 17 de febrero de 1958: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano”. Mensajes similares trasladaría Fidel al resto de los periodistas que continuarían la senda abierta por Matthews.

Mensajes conciliadores hacia el pueblo y gobierno de los Estados Unidos trasladó Fidel cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.

Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961 el líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna en construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de los Estados Unidos hacia Cuba y la normalización de las relaciones.

Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender personalidades de la política, los medios y la cultura de los Estados Unidos.

La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y del propio líder de la Revolución, y en muchos casos se convertían en abanderados en la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones. Seguir leyendo MARTÍ Y FIDEL FRENTE A LOS ESTADOS UNIDOS. ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

AMOR ERRANTE. JOSÉ MARTÍ

josé martí y su hijo

JOSÉ MARTÍ

HIJO, en tu busca
Cruzo los mares;
Las olas buenas
A ti me traen;
Los aires frescos
Limpian mis carnes
De los gusanos
De las ciudades;
Pero voy triste
Porque en los mares
Por nadie puedo
Verter mi sangre.
¿Qué a mí las ondas
Mansas e iguales?
¿Qué a mí las nubes,
Joyas volantes?
¿Qué a mí los blandos
Juegos del aire?
¿Qué la iracunda
Voz de huracanes?
A éstos—¡la frente
Hecha a domarles!
¡A los lascivos
Besos fugaces
De las menudas
Brisas amables,—
Mis dos mejillas
Secas y exangües,
De un beso inmenso
Siempre voraces!
Y ¿a quién, el blanco
Pálido ángel
Que aquí en mi pecho
Las alas abre
Y a los cansados
Que de él se amparen
Y en él se nutran
Busca anhelante?
¿A quién envuelve
Con sus suaves
Alas nubosas
Mi amor errante?
¡Libres de esclavos
Cielos y mares,
Por nadie puedo
Verter mi sangre!
Y llora el blanco
Pálido ángel:
¡Celos del cielo
Llorar le hacen,
Que a todos cubre
Con sus celajes!
Las alas níveas
Cierra, y ampárase
De ellas el rostro
Inconsolable:—
Y en el confuso
Mundo fragante
Que en la profunda
Sombra se abre,
Donde en solemne
Silencio nacen
Flores eternas
Y colosales,
Y sobre el dorso
De aves gigantes
Despiertan besos
Inacabables,—
¡Risueño y vivo
Surge otro ángel!

Ismaelillo, 1882

TORRES-CUEVAS: JOSÉ MARTÍ, NUESTRA IDEA DEL BIEN. MADELEINE SAUTIÉ

«No se ha atacado un busto, se ha atacado una imagen, se ha atacado el alma de Cuba, que es lo que es Martí», refiere, y explica que no por azar Fidel Castro lo nombró en 1953 autor intelectual del Moncada.

Las palabras hilvanan razones esenciales. Durante 60 años –explica–, Martí ha estado «viviendo» cotidianamente con nuestros niños, con nuestros jóvenes, con nuestros investigadores, con nuestros trabajadores. ¿Qué dirían los norteamericanos si les atacan a Washington? ¿Qué dirían los mexicanos si les atacan a Juárez?, pregunta, para ejemplificar cuánto puede doler a otros similar ultraje.

Cuando actos de este tipo suceden no es a una Revolución a la que se agrede, sino «a un pueblo. Están atacando las esencias mismas que le dan a ese pueblo su naturaleza y su grandeza. Precisamente aquello que lo representa en lo más puro de los ideales con los que se forja una nación», asegura, y su discurso sigue marcando la talla de la infamia.

TORRES CUEVAS 3
Eduardo Torres-Cuevas. Foto: Bohemia, Aagencia Cbuana de Noticias

Todos los cubanos, desde que nacemos, tenemos la imagen de Martí, la cual vamos asumiendo como un padre espiritual, como un padre moral, comenta, y certifica que no hubo que convocar a nadie para que la indignación fuese interna, que se percibe y va por dentro de todo el que se sienta un cubano, porque se ha ofendido «a la razón misma de un pueblo».

DEL ERROR DI EL ANTRO, DI LAS VEREDAS OSCURAS

En opinión del notable intelectual, los enemigos de Cuba que incentivan estos hechos han cometido un grandísimo error. «Es que nos han ayudado a tomar más conciencia de qué es lo que nos une, de qué es lo que somos, de cuáles son los valores que tenemos como pueblo, los que nos identifican».

Incluso para aquellos que no lo tenían tan claro –insiste–, en estos momentos se han dado cuenta de qué es Cuba y de cuántas cosas pueden suceder cuando no se ama y cuando se quiere destruir, y de lo que nos puede pasar si no somos capaces de defender lo que nos une.

Torres-Cuevas repara en lo tan importante que es ser cubano, «es la conciencia y la voluntad de serlo. Y la conciencia de serlo es saber por qué nos distinguimos», incluyendo virtudes y defectos, combatiendo estos y cultivando aquellas. Y es en su opinión ese el secreto de la respuesta popular, es decir, «una mayor identificación con lo que se es y, sobre todo, la voluntad de defender lo que somos».

En un aparte recordó una vieja discusión entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, la de a quién «pertenecía» Martí. Hasta a los contrarrevolucionarios de hoy estos hechos los dañan, pues «les quitan la cubanidad que ellos quieren exhibir».

«No puede haber ninguno que piense, no en la Cuba nuestra, sino en la Cuba que quieran construir –o destruir– si no es a partir de un lenguaje cubano», dice, y cuando se atacan símbolos de este tipo se está destruyendo no solo el sentimiento revolucionario, sino también el sentimiento patriótico.  Y tiene una agravante: si esta es la expresión de lo que nos espera según sus deseos, entonces realmente es la destrucción de todo lo que se construyó desde el siglo xviii hasta nuestros días. Y cita a Varela, José de la Luz, Mendive…

«Para nosotros la Revolución Cubana es la culminación de ese proceso y Martí es el lenguaje que da base a esa culminación. Y eso es lo que hemos defendido. Pero esto es una negación de todo, del espíritu y de la cultura», declara el Historiador, y asevera que esos actos vandálicos nos exigen el carácter decente de lo que estamos construyendo.

  MARTÍ ES EL AMOR, ES EL VERSO

De lo que debe hacerse por el Apóstol habla el Director de la Oficina del Programa Martiano y refiere trabajar en el día a día. Solicita emplear para referirnos a él un lenguaje que llegue a todos, incluso a los menos ilustrados, algunos de los cuales han olvidado la Historia. Para ello deben trabajar intensamente los clubes martianos, las escuelas, y hacerlo creativamente, además propone una campaña nacional para embellecer cada busto martiano. «La cultura tiene mil formas de expresarse», y hay que trabajar el sentimiento. Porque los niños empiezan por lo que emocionalmente les llega».

En otro intervalo, asegura que es en la escuela primaria, con los propios versos suyos, que todos empezamos a amar a Martí. «Y empezamos a sentir ese amor y a hacerlo racional. Ese sentir y pensar a Martí nace en la primaria como sentimiento y se expresa en la madurez como pensamiento. Y eso es lo que, creo, nos da mayor fuerza como nación».

Hay que estudiarlo, pero de manera inteligente. Vamos a buscar las obras suyas en función de aquellas cosas que nos fortalecen. ¿Qué es para Martí nuestra América, qué es Patria, qué es Humanidad, independencia? Si trabajamos en esas direcciones, estamos sembrando y fortaleciendo el pensamiento de la nación cubana.

Esa analogía entre Martí y el bien, defendida por el pueblo cubano, considera, es la que forja algo que nos hace mucha falta en esta época: la ética, la decencia, el modo de comportarnos. Y Martí es fundamental para inculcar estas ideas.

EN CONTEXTO

Los autores de la profanación de algunos bustos del Apóstol José Martí, el 1ro. de enero en La Habana, fueron detenidos en esta capital por las autoridades cubanas.

El denigrante hecho consistió en cubrir los bustos del Héroe Nacional con sangre de cerdo.

Reconocidos seguidores de la derecha de Miami aprobaron estos actos, mientras una gran ola de repulsa a estos hechos se generó en las redes sociales.

El pueblo cubano realiza actos de desagravio al Apóstol.

 

Fuente: GRANMA

ISMAELILLO. DEDICATORIA. JOSÉ MARTÍ

(… para mi nieta Eirene, que leerá a Martí)

marti y su hijo

Hijo:

Espantado de todo me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón.

¡Lleguen al tuyo!

ISMAELILLO PORTADILLA

 

CLAVES DE CONTINUIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

sándor, bandera, expo Mi Habana
Imagen: obra de Sándor González Vilar

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1En el criollo surgió la conciencia de la cubanía cuando inició los primeros sueños de hacer un país. Los aires de la independencia se manifestaron en América Latina y el influjo del Iluminismo había llegado a nuestras costas. El dominio de la metrópoli española extraía los bienes de la Isla. A diferencia de sus mayores, el criollo se abrió a los más anchos horizontes del mundo. Había accedido a la información y a la cultura. Se sentía dotado de la capacidad para dirigir nuestros destinos. Fracasados los esfuerzos por obtener ventajas a través de los «lobbies» que operaban en la corte, para traducir los sueños en realidades concretas resultaba indispensable formular una plataforma de ideas.

El primer paso reclamaba el socavamiento de las ataduras del dogmatismo, el tránsito se produjo con los empeños del padre José Agustín Caballero y, sobre todo, con la visión precursora de Félix Varela, desde su acción en la cátedra, sus planteamientos radicales como representante de la colonia en el breve período constitucional en la península y se mantuvo en tanto prédica ininterrumpida hasta su muerte en el exilio. Al mismo tiempo, las voces de los escritores y la obra de los artistas iban forjando las imágenes de nuestra identidad y de nuestro universo simbólico. Agotados los empeños reformistas, se impuso la necesidad de la insurgencia. La Guerra de los Diez Años dio continuidad a la lucha por la independencia política y económica. Dotó a la noción de soberanía de nuevos contenidos. Para configurar el perfil de la nación había que proceder a liquidar la infame institución de la esclavitud. La verdadera liberación nacional incluía la justicia social. Libertos y antiguos esclavos se incorporaron al combate y alcanzaron altos grados en el Ejército Libertador.

Privilegio singular, con visión de futuro, el organizador de la Guerra Necesaria fue un poeta. Los sueños de José Martí surgieron en las aulas de su maestro Mendive, quien tuvo la perspicacia de advertir las cualidades excepcionales de su discípulo. La atroz experiencia del presidio político llevó al adolescente a descubrir en carne propia los «horrores del mundo moral» del coloniaje, según el decir de otro poeta, José María Heredia, y a conocer de cerca lo más soterrado de la sociedad de la época. El exilio fue un largo proceso de aprendizaje. Supo de la España profunda y de las artimañas de la política en la península. Su trabajo cotidiano en varios países de América Latina lo condujo a detectar los males que pesaban sobre las nuevas repúblicas, pendientes todavía de una segunda y definitiva independencia, aherrojadas por tanto a un destino común. Radicado en Estados Unidos, se despojó de la mirada ingenua que dominaba entonces el pensamiento político. Detectó con perspectiva precursora los peligros que anidaban en el imperialismo naciente. Con esa experiencia acumulada, pensó en el diseño de la Cuba futura mientras batallaba por hacerla. Analizó las causas de la derrota de la Guerra de los Diez Años. Se entregó a la tarea de consolidar la unidad con paciencia infinita, apeló a los combatientes de ayer. Venció reservas y resquemores. Comprendió que había que trabajar también con los de abajo, con la base popular, que habría de ser el más sólido sostén de la nación. Mediante la prédica y la acción personal directa, se    vinculó a los obreros de Tampa y Cayo Hueso que le ofrecieron hospedaje y apoyo solidario en las horas difíciles. Para soslayar tentaciones de caudillismo, fundó el Partido Revolucionario Cubano. El concepto de soberanía había adquirido mayor dimensión y densidad. Había que conquistar la independencia política y económica en un empeño justiciero por la plena emancipación humana. Para garantizar el sostén de una república independiente en lo político y en lo económico, había que conjurar las amenazas del imperio naciente y asumir el ligamen con el destino de Nuestra América. Por eso, José Martí incluyó, en un mismo proyecto, la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Convertida en el primer laboratorio de un experimento neocolonial a partir de la intervención norteamericana en la guerra, marginada de las negociaciones para el tratado de paz entre el vecino del norte y el Gobierno de España, Cuba preservó el sueño de conquistar plena soberanía. Lo reivindicó por distintos medios, en lucha frontal contra las dictaduras de Machado y Batista, en el rescate de una memoria histórica, en la investigación de los valores de una cultura nacional integradora de sus distintas fuentes, incluida la afrocubana, en el repensar la nación y en el significativo aporte de la creación artístico-literaria en diálogo fecundo entre lo culto y lo popular, todo ello atenido a los contextos de la contemporaneidad. Era la argamasa sobre la cual, de manera orgánica, habría de construirse el radical proceso transformador de la Revolución. Bajo la conducción de Fidel, una vez más, el concepto de soberanía gana en profundidad. Del antinjerencismo, se pasaba al antimperialismo. El vínculo con el destino de Nuestra América se extendía a un Tercer Mundo lastrado por el coloniaje y el subdesarrollo. De modo consecuente, la noción abstracta de solidaridad internacional se traducía en acciones concretas. El concepto de soberanía se expandió al reconocimiento del imperativo de analizar con cabeza propia nuestra realidad y la del mundo que nos rodea, de impulsar un desarrollo científico en beneficio del crecimiento económico. Cuando todavía se combatía el analfabetismo se renovaba la enseñanza universitaria y se fundaban los primeros centros de investigación. En medio de la precariedad del período especial, se impulsó el trabajo en el campo de la biotecnología. No podíamos renunciar a apoderarnos del saber más avanzado.

Siempre hemos articulado el mirar hacia fuera con el mirar hacia dentro. En un planeta cada vez más interdependiente, las prácticas de dominación apelan a un variado espectro de recursos. No descartan el empleo de las armas. Organizan la subversión mediante el uso de distintas formas de golpes de Estado, por la vía tradicional de ejércitos entrenados a su servicio, por la vía de parlamentos doblegados a sus intereses, por el control de los medios de información a escala universal, por la utilización de fundamentalismos religiosos, por la demonización de las corrientes progresistas y mediante la inoculación sutil de falsas expectativas de vida. Construyen ilusorias aspiraciones de futuro que inducen a los incautos a votar contra sus intereses más legítimos. En el mirar hacia dentro, hay que hurgar en lo profundo de una sociedad compleja que ha mostrado, sin embargo, una admirable capacidad de resistencia en medio de las dificultades del vivir cotidiano. Se impone eliminar el lastre de la mentalidad burocrática, enfermedad que se reproduce a pesar de los reiterados esfuerzos por desterrarla desde la década del sesenta. En ello se refugia el apego a la rutina, el ocultamiento de la verdad en informes complacientes y triunfalistas, el cumplimiento formal de las tareas. Es inminente priorizar la sistemática capacitación y superación de los recursos humanos existentes. Pensar y hacer un país seguirá siendo tarea de todos mientras exista el imperialismo con su implacable voluntad de revancha.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

edmundo 1

Hay seres —como Edmundo Aray (1936)– que la muerte no podrá arrebatarnos jamás de la memoria. Perviven en nosotros de la manera más sencilla, que suele ser la más honda e indeleble: como una sonrisa o una palabra que se eleva y, apasionada (siempre apasionada en su caso), silencia al más enardecido de los auditorios. Como si toda la razón y la bondad del mundo hablaran en su voz. Como si un duende paseara por la casa y cada una de sus ocurrencias comportara un desafío. Fiel como el más fiel, cercano siempre, tanto que ya Edmundito es cubano.
Así fue, así lo veo y es para mí este hermano escritor y cineasta venezolano, de quien me dijeron hace unos días, así de golpe, que ahora estaba muerto. Como si fuera posible matar lo que él hacía, la vida misma. 
Edmundo y yo solíamos intercambiar textos y mensajes sobre los más diversos temas, incluidos el cine, la poesía y, por supuesto, la salud y la muerte, a quien jamás llegamos a tomar en serio. Compartimos amigos, dolencias, congojas y un planeta de sueños que él insistía en llamar «Esta alegría». 
En un signo de confianza y humildad, Edmundito tenía por costumbre pedir opiniones a algunos de sus amigos sobre los textos que llevaba en proceso de escritura. Fue así que a la altura de febrero y marzo de este año, intercambiamos pareceres acerca de su enjundioso ensayo «Ayer y hoy: resistencia y libertad», el cual probablemente permanezca inédito, al menos en la versión que aquí se ofrece.  Y sobre el Llamamiento que le sirve de colofón, cuya fecha al pie el autor fijara en «febrero del 2021» para burlar el tiempo.
Pero aquel diálogo, como siempre sucede cuando la Muerte asecha y nos acecha, quedó pospuesto por razones mundanas y algún que otro agobio inevitable. Ambos lo vamos a lamentar todo el futuro, entre otros motivos porque estábamos hablando también de poesía. Y Edmundo era un torrente que pensaba en versos, o mejor: el verso torrencial con que pensaba el mundo.
A pesar de que todavía me debe la versión definitiva de su ensayo, aquí les va la que recibí de él la penúltima vez, porque la última, como ya dije, no me ha llegado aún. Quien sabe si –venezolano al fin–, toda esta angustia sea obra de la impuntualidad. También les dejo su mensaje de entonces.
A ver si vuelves, poeta; hoy hay reunión en la Fundación y en la Escuela la mesa está servida. No estaré yo pero estarán los otros.

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Querido Hermano:
Te imagino en plena defensa, claro, ante la arremetida del tunante de Washington y su pandilla. En la misma estamos nosotros, como has observado, con el alma en vilo.
Te anexo el texto que revisara en estos días, diagramado de otra manera para enfatizar aún más, y con algunos ajustes.
Un fuerte abrazo.
Edmundo.

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EDMUNDO ARAY

EDMUNDITO 1Vivimos tiempos nuevos, dijimos al despuntar el siglo XXI. (Siempre vivimos tiempos nuevos). Hay cambios en América Latina. Cambios serios, perturbadores del camino emprendido en busca de un futuro digno para nuestros pueblos. El ejercicio socialdemócrata progresista ha sido gravemente golpeado por los triunfos de la derecha reaccionaria en Paraguay, Ecuador, Argentina, Colombia, Brasil. Ni qué decir de las acciones de contenido fascista del grupo de Lima y de los gobernantes pantalleros de la Unión Europea sometidos a la orientación de Washington. La derecha reaccionaria no ceja en sus esfuerzos anti-nacionales por abortar, estimulada por el Imperio, el proceso democrático, ampliamente participativo de Venezuela y las notables y ejemplares conquistas de las clases populares a lo largo del proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez, así como a las contribuciones a la unidad latinoamericana a través del Alba, Celac,  Unasur, Caricom, Petrocaribe.

¿Y el cine? ¿Y los cineastas? ¿Mantenemos los cimientos hacedores de estos años? ¿Somos meros observadores de los acontecimientos? ¿Enajenamos el oficio creador por el oficio de vivir? ¿Somos ciudadanos al margen de las coyunturas de la sociedad? ¿El cine documental testimonia de manera consecuente cuanto acontece en nuestros días de asedio imperial y desafueros fascistas? ¿Acaso los cineastas latinoamericanos no han sido dentro del movimiento cultural del continente y del Caribe, abanderados del proyecto bolivariano-martiano: la Patria es América.

Son interrogantes que permanentemente nos formulamos en el seno de nuestras agrupaciones, en los más diversos encuentros, en la confrontación de las películas con el público, en las aulas de formación, incluyendo las debidas revisiones curriculares, en los foros organizativos, en los organismos de fomento cinematográfico erigidos por los propios cineastas.  Al día de ayer el balance es positivo, no solo por el desarrollo de la producción, sino también por la calidad, la cual se expresa en el abordaje de nuevos temas, en el fortalecimiento argumental y dramatúrgico y en las ambiciosas propuestas estéticas. También es cierto que el espectro pudiera oscurecerse si el fervor popular es avasallado por las ambiciones del capital transnacional, dígase el neo imperialismo rapaz.

Necesario es irrumpir de nuevo, invocar la unidad de acción de los cineastas, defender sus atributos y valores, mantener su inquebrantable fidelidad a la irrevocable aventura del espíritu. Cuando la imagen es combustión ilumina las esencias más profundas de la libertad creadora. Nunca pongamos a media asta la bandera de la imaginación.

Recordemos las exigencias de Glauber Rocha: Para el cineasta su estética es una ética, es una política. ¿Cómo puede –se preguntó– forjar una organización del caos en que vive el mundo capitalista, negando la dialéctica y sistematizando su proceso creador con los mismos elementos formativos de los lugares comunes y mentirosos y entorpecedores? “El cine es un cuerpo vivo, objeto y perspectiva. El cine no es un instrumento, el cine es una ontología”. 

Es de hervores la memoria. ¡Cuántas contiendas en el curso! Se nos fueron unos, nos llevaron a otros con saña mortal, y una y otra vez abrimos y nos cerraron puertas. Pero con enconado fervor se hicieron películas, se discutieron entre compañeros, nos las pusieron entre rejas, pero también florecieron en paredes y pantallas del continente hasta alzarse altivas en los grandes festivales del mundo.

Las relaciones de dependencia y el poder que las mantiene, si bien avasalla, domina y extiende su régimen de agravios, no sepulta los viejos antagonismos, por el contrario, los recrudece, al tiempo que origina nuevas contradicciones No escapa a la lucidez de los cineastas la observación certera de este estadio del desarrollo del capital. Ni tampoco que el neo imperialismo rapaz socave su propio “orden” alimentado por una voracidad que ha conducido a una nueva relación de dependencia: la dependencia financiera, fuente de una crisis sin salida, no sólo porque opone al capital internacional contra los pueblos nacionales, como fuerza opresora, anárquica, incontrolable, sino también porque transparenta sus turbulencias: crisis espiritual, política, ideológica y moral.

La voracidad del capital financiero conduce a una crisis estructural crónica, que afecta directamente a la humanidad toda. Las aberraciones del sector financiero se traducen en una estafa a escala planetaria. Desaparecieron los parámetros. La Casa Blanca es una oscura casa protectora y benefactora de capitalistas delincuentes, de banqueros forajidos. El sistema es un gigantesco basurero. Seguir leyendo AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

HABANA 3

GRAZKIELLA 2No asomaban las primeras luces del amanecer cuando, sin haber cumplido aún los 12 años, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, hija del conde de Jaruco y futura condesa de Merlín, escapaba corriendo por las calles solitarias de La Habana colonial de la reclusión forzada en el Convento de Santa Clara y de sus claustros que hoy nos parecen tan hermosos.

Casi recién nacida, sus padres la habían dejado en manos de una abuela consentidora que le permitió crecer en plena libertad por el ancho espacio de las haciendas familiares. Para los condes de Jaruco importaba, sobre todo, hacer lobby en la corte de Madrid. Olvidaron la antigua advertencia de la Epístola moral a Fabio, según la cual «las esperanzas cortesanas / prisiones son do el ambicioso muere / y donde al más activo nacen canas».

Apostaron a la carta equivocada, la del invasor José Bonaparte. Sortearon peligros de toda índole para llegar a Francia cuando Fernando VII, «el deseado», recuperó el trono perdido. Pero ya María de las Mercedes se había casado con el conde de Merlín, alto oficial del ejército napoleónico. Tuvo un salón exitoso en París, donde recibía a los grandes músicos de la época. No olvidó del todo su tierra de origen. En el rejuego de la política, el primer reformismo cubano procuró su apoyo, teniendo en cuenta su destacada posición en la sociedad francesa. Viajó a La Habana y dejó un valioso testimonio de su estancia en el país natal.

Aunque criticara el trato abusivo a los esclavos, poco tuvo que ver la visión de la condesa con la historia de Aponte, ajusticiado ejemplarmente por lo que pudo haber hecho y por la amenaza que representaba para el poder colonial y en favor de la emancipación de los esclavos. Descendiente de libertos miembros de los batallones de pardos y morenos, informado de los acontecimientos que sacudieron a la vecina Haití, Aponte, portador de una cultura mestizada, hecha de oficio, de habilidades pictóricas, de conocimiento de la Biblia y de otros mitos, sometidos por él a una muy personal lectura, fue inmolado por intentar la organización de un movimiento contra el opresor con redes que, al parecer, se extendían más allá de la capital.

Años más tarde, nacida de la ficción y convertida en referente de nuestra cultura, la mestiza que hubiera podido parecer blanca, al decir del dramaturgo Abelardo Estorino, nombrada Cecilia Valdés, animaría con sus travesuras los alrededores de la Loma del Ángel.

Después del estallido de la Guerra de los Diez Años, un adolescente llamado José Martí andaba por las calles de la ciudad y pudo contemplar la violencia ejercida en el Teatro Villanueva con motivo del estreno de Perro huevero… Su rebeldía de entonces lo llevó a la dolorosa experiencia de trabajar encadenado en las canteras de San Lázaro. El relato estremecedor de esa vivencia en El presidio político en Cuba debiera ser lectura obligatoria para todos los nacidos en esta Isla.

Su fraterno Fermín Valdés Domínguez, compañero en las aulas de Mendive, se comprometió definitivamente con la causa redentora a partir de la vesania cometida por el Cuerpo de Voluntarios al exigir el fusilamiento de sus condiscípulos, los ocho estudiantes de Medicina.

Hay que reconocer que el capitán general, Miguel Tacón, impulsó la primera modernización de la ciudad y se comenzó entonces el derribo de las ya inútiles murallas, al desaparecer el peligro de los ataques piratas. Por lo demás, de poco sirvieron para defender la ciudad a la hora de los mameyes, en ocasión de la ocupación británica. Ahora, los piratas eran otros. Estaban en contubernio con los tratantes de esclavos.

La ciudad se expandió, siguiendo el trazado de las calzadas que señalan los puntos cardinales. Los sacarócratas establecieron sus mansiones en el Cerro, según creían, más salubre que el entorno portuario. Seguir leyendo SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

TENÍA APENAS 42 AÑOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARTÍ RANCA
Obra de Ernesto Rancaño

graziellaCuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

Antes, en los días del Hanábana, José Martí había contemplado con espanto el castigo impuesto al negro esclavo. Desterrado en España, prosiguió el aprendizaje de la historia. Comprendió los rejuegos políticos de liberales y conservadores que en nada se diferenciaban respecto a la necesidad de preservar su dominio sobre la Isla.

Descubrió también la naturaleza del país profundo, por lo cual llegada la independencia, los cubanos no guardarían rencor a los peninsulares que optaran por permanecer en Cuba, modestos trabajadores muchos de ellos. Examinó al detalle la historia viviente de las repúblicas latinoamericanas recién liberadas, para detectar las causas que obstaculizaron la plena realización del proyecto emancipatorio.

Al instalarse en Estados Unidos valoró los avances de la nación en desarrollo en relación con Europa, donde prevalecían regímenes autocráticos, pero descubrió muy pronto el peligro latente en el país que emergía para el futuro de la América Latina. Su saber enciclopédico e integrador y su preclara visión de la naturaleza de los fenómenos financieros le permitieron detectar los peligros que se cernían con la Conferencia Monetaria Panamericana. Su pensamiento de entonces conserva plena vigencia.

En ese contexto, José Martí tenía pendiente la asignatura  Cuba. Había que despejar a fondo las razones del fracaso de la Guerra Grande. No se conocía entonces el patético diario de Francisco Vicente Aguilera, uno de los más poderosos terratenientes de la zona oriental del país. Entregó la fortuna toda a la causa mayor. Por sus contradicciones insalvables con Céspedes y Quesada, fue enviado a representar los intereses de Cuba en el exterior. De una honestidad impoluta, llevaba al detalle las cuentas de los gastos incurridos. Nada guardaba para sí. Se privaba de las atenciones médicas elementales.

A pesar de los bienes heredados, Vicente Aguilera no había completado su aprendizaje en otros países. Desconocía los rejuegos de la alta política. Se vio atrapado en las maniobras de los Aldama, que mucho ofrecían y nada entregaban. Invirtió esfuerzos inútiles con políticos norteamericanos sin desentrañar los intereses reales de los vecinos del norte, nunca dispuestos a reconocer la República en Armas en espera de que la fruta madura cayera en sus manos. Enviado luego a Europa, desconocedor de sus lenguas y culturas, menos pudo hacer. Murió solo, en atroz agonía, devorado por el cáncer.

Martí se dio a la tarea de juntar voluntades, de devolver la fe a quienes la habían perdido. Para ganar la confianza de los veteranos sabía que habría de vencer obstáculos de toda índole. Para los antiguos combatientes era un intelectual inexperto, un improvisado sin experiencia alguna en las armas.

Se dedicó a una incansable labor persuasiva. Inmerso en el dominio de la realidad concreta, en Nueva York, en Cayo Hueso, en Tampa, se volvió hacia los de abajo. Contó con la generosidad extrema de quienes entregaban, sin pedir nada a cambio, los escasos ahorros y ofrecían alojamiento y comida al peregrino de la levita raída.

Centavo a centavo, obtuvo los recursos necesarios. Evitó contraer compromisos que lastraran el futuro de la nación. Trabajaba con sigilo, porque se sabía sometido a una vigilancia permanente. La traición de La Fernandina corroboró sus sospechas. Pero la suerte estaba echada. Había que iniciar la lucha con las manos vacías.

Para hacer patria era indispensable ganar la guerra con esfuerzo propio, libre de intromisiones y compromisos. Parejamente, era impostergable construir conciencia y nutrir el imaginario de la nación. Su palabra fue incansable, para liberarnos del lastre perverso del racismo. Teníamos que librarnos. No hay razas. El combate y la lucha  por la supervivencia en la manigua sería un crisol. La frontera del color era un instrumento del dominio hegemónico que horadaba desde la conciencia prejuiciada la unidad de la nación.

Martí fue reseñando las obras de nuestros escritores y artistas, aunque lo fundamental se revela en su creación personal, en su poesía y en su prosa, desbordante como los grandes ríos del continente, siempre seductora, aunque con frecuencia utilitaria. En sus últimos diarios accede a lo más alto de las letras hispanas. El recorrido de Playita a Dos Ríos, trazado con prisa en los momentos robados al descanso, encuentro tangible con el suelo añorado, con la naturaleza y el escalar montañas que hermana hombres, expresa la plenitud del ser en la fusión del sueño y la realidad.

En lo más profundo del desamparo de la República neocolonial, los intelectuales de la vanguardia iniciaron el rescate de su inmensa obra dispersa. Con el triunfo de la Revolución el trabajo se sistematizó; fueron saliendo sus Obras Completas. Es un capital que no podemos desperdiciar en la reiteración de las mismas citas reducidas a axiomas descontextualizados. Como hiciera en vida, tiene que seguir enseñándonos a pensar, con la pasión que animó su existencia gigante.

Sobrecoge contemplar cómo pudo hacer tanto en vida tan breve. Ante la áspera orilla de Playita de Cajobabo, me sobrevino la imagen del cuerpo endeble, remero inexperto, con las manos ampolladas, que se mantenía impulsando la embarcación al ritmo de sus compañeros de viaje. La férrea voluntad se sobreponía al dolor. Debió sentir una felicidad suprema. En la oscuridad de la noche, percibía la patria cercana.

Fuente. JUVENTUD REBELDE

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

JOSÉ MARTÍ Y FERNANDO ORTIZ: UN HUMANISMO COMPARTIDO. MIGUEL BARNET

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MIGUEL BARNET

Imposible en unas breves líneas fijar las coincidencias entre dos hombres que fueron sostén de la cultura cubana y pilares de la identidad de la nación.

Ambos, salvando los años que los separaron, compartieron principios que hoy tienen más vigencia que nunca.

José Martí, nuestro Héroe Nacional, iluminó a varias generaciones con su apostolado humanista y su poesía. Fernando Ortiz en las numerosas páginas que le dedicó, colocó su obra en el pedestal de los más esclarecidos pensadores del continente y en el de los más lúcidos indagadores en el controvertido tema de las razas en la cultura y en los valores civiles.

El antirracismo de Don Fernando no solo se nutrió de sus conocimientos antropológicos y de su experiencia personal sino del humanismo del mayor de los cubanos, a cuya obra le dedicó muchas horas de lecturas. Don Fernando tuvo el privilegio de estar cerca, muy cerca, de uno de sus más entrañables amigos, de su albacea Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Su suegro, el escritor y polígrafo Raimundo Cabrera, fue de los primeros en reconocer la inmensa obra pionera de Gonzalo de Quesada. Por esta cercanía y por su talento precoz asumió, a la muerte de Cabrera, la dirección de la Sociedad Económica Amigos del País y de su órgano de divulgación, la Revista Bimestre Cubana. Todo ello, más su profunda inquietud de humanista, lo acercaron a la obra de Martí. Tuvo, además, el privilegio de que en sus manos cayeran los primeros tomos de las obras del Apóstol apenas salidos de la imprenta.

Muchas fueron las coincidencias que unieron a estos dos hombres y que los llevaron, en circunstancias diferentes, al combate frente a la desidia, el colonialismo cultural y el racismo imperante.

En 1996 la Fundación Fernando Ortiz publicó una selección de los textos del maestro de los estudios antropológicos en Cuba, José Martí, al cuidado de Isaac Barrial y Norma Suárez, con una curiosa introducción de Ana Cairo enriquecida con datos biográficos y anecdóticos.

Con Martí humanista, título del libro, iniciamos aspectos poco conocidos de la obra de quien Juan Marinello calificó como el tercer descubridor de Cuba.

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ANA CAIRO BALLESTER: PALABRAS EN EL CINCUENTENARIO DE ‘BIOGRAFÍA DE UN CIMARRÓN’, DE MIGUEL BARNET

Duele y dolerá la ausencia de Ana Cairo Ballester en la cultura cubana. La recuerdo en  algunos debates en la UNEAC hace varios años, en la penúltima edición de la Feria del Libro, en los Jueves y otros actos de la revista Temas; la recuerdo entrando y saliendo de la Escuela de Letras con el ímpetu de un arroyo en crecimiento, torrencial a veces, y conversando en la presidencia del ICAIC sobre asuntos de y para el cine cubano. La recuerdo y veo tan vital que nunca podré imaginar su muerte. Ella, que fue profesora y, al mismo tiempo, colegiala inconforme; ella, que jamás calló verdades y siempre fue leal a su Patria. Los estudios cubanos de Ana perdurarán en el tiempo y en la memoria de sus muchos lectores y discípulos. Al recordarla viva, como debiera ser, vuelvo sobre estas palabras suyas, pronunciadas en el panel con motivo de los 50 años de Biografía de un Cimarrón, la célebre novela de Miguel Barnet, en el Pabellón Cuba, el 24 de febrero de 2016. Queden con Ana.

ANA CAIRO BALLESTER

Hoy es 24 de febrero, aniversario del inicio de la Revolución de 1895. Creo que el día se ha escogido muy bien, porque Esteban Montejo, el protagonista de este libro, fue también un combatiente del Ejército Libertador. De este modo, realizamos un homenaje a esos miles de hombres humildes que formaron parte de nuestro Ejército Libertador.

Pienso que el libro de Barnet es esencialmente patriótico. José Martí escribió que “El patriotismo es de cuantas se conocen hasta hoy la levadura mayor de todas las virtudes humanas” [1].

El sentido más fecundo que puede tener el patriotismo es cuando se siente, cuando te emociona y no se dice, cuando no se recalca.

La novela de Barnet enseña a entender al pueblo de Cuba, en su diversidad, en sus contradicciones, en los modos de verse a sí mismo y valorarse en distintos momentos de su historia. Además, quisiera hoy recordar una experiencia que ha sido muy rara, excepcional, en la historia de la intelectualidad cubana.

Barnet es un hombre con mucha suerte. Quizá los santeros dirían que tiene buen aché. En estos días él ha logrado disfrutar la singular emoción de asistir al cincuentenario de la publicación de su novela. Como soy profesora de literatura, evoco al gran poeta, narrador y dramaturgo alemán Goethe, quien, en 1825, festejó el mismo aniversario de su famosa novela romántica Las cuitas del joven Werter.

La novela de Barnet enseña a entender al pueblo de Cuba, en su diversidad, en sus contradicciones, en los modos de verse a sí mismo y valorarse en distintos momentos de su historia.

Goethe escribió y difundió un poema. No sé si Barnet terminará haciendo en estos días un poema a esa situación de extrañeza —evocando a José Lezama Lima— de ver que un libro suyo alcanzó la plena autonomía. Siempre recuerdo a Juan Pérez de la Riva cuando afirmaba que cada libro publicado era una especie de hijo que salía a correr una aventura por el mundo. Me parece muy importante el hecho de que un libro alcance trascendencia precisamente porque ha resistido la prueba del tiempo. Goethe y Barnet tuvieron la experiencia similar de descubrir que desde la primera edición ya el libro comenzaba a recepcionarse como un clásico, adjetivo que sintetizaba un interés mundializado.

Alejo Carpentier leyó el mecanuscrito de Biografía de un cimarrón. Felicitó al joven narrador, quien gestó una obra que se hermanaba con El reino de este mundo (1949). Estuvo entre los primeros en reconocer que Biografía… nacería como libro y ya pertenecería al linaje de nuestros clásicos.

Foto: Yander Zamora

El año 1966 fue muy importante para la literatura cubana. Propongo que en algún momento nos reunamos para festejar el cincuentenario de Paradiso, la gran novela de José Lezama Lima.

A los pocos días de la publicación de Paradiso, Lezama concedió una entrevista a Salvador Bueno en la que expresó su sorpresa y entusiasmo porque la tirada se había vendido completa. Rápidamente devino un clásico. En particular, esa edición ha sido muy cotizada por los bibliófilos nacionales y extranjeros. Amigos de Lezama, quienes tenían ejemplares con dedicatorias, sufrieron lamentables robos.

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DIÁLOGO CON FREI BETTO. GRAZIELLA POGOLOTTI

No lo conozco personalmente. He seguido sus pasos a través de su modo de obrar y sus publicaciones. Recién lo escuché en el espacio de la Mesa Redonda de nuestra Televisión. Compartimos, en lo fundamental, nuestras preocupaciones sobre el mundo contemporáneo y el enfoque de los problemas de la educación, situados a contracorriente de las tendencias dominantes en la actualidad.

Coincidimos en defender, cuando gran parte del planeta bordea el abismo, la necesidad de reafirmar la posibilidad de un mundo mejor en el batallar martiano a favor del mejoramiento humano, razones de mi apego tozudo al magisterio como vía de diálogo con las generaciones emergentes.

Junto a Frei Betto, a riesgo de parecer anacrónica, sostengo el rescate de un proyecto humano volcado hacia un horizonte utópico, y por la búsqueda de una felicidad verdadera cimentada en el derecho a soñar, en la participación social responsable y en los valores del espíritu. Lo hago sin desconocer los datos de una realidad que a veces nos abruma, signada por carencias materiales y conductas condicionadas por apetitos insaciables, la envidia, la mezquindad y el arribismo.

Sin embargo, la realidad no se define por el contraste primario entre blanco y negro. Tras la tempestad, se ilumina la hermosa variedad cromática del arcoíris. Las secuelas del devastador tornado que se abatió sobre La Habana ofrecieron una muestra palpable de la diversidad de comportamientos. Se manifestaron los indiferentes y los aprovechados. Se manifestaron también quienes entregaron horas de desvelo a las tareas restauradoras más urgentes y quienes movidos por el impulso de una solidaridad espontánea prestaron ayuda a los más necesitados, ofrecieron agua al sediento y pan al que nada tenía, quienes contribuyeron, en el fango y a mano limpia, sin demandar reconocimiento alguno, a levantar escombros. Muchos eran jóvenes, de esos que observamos con mirada crítica por el modo de vestir y de acomodarse el cabello.

Las palabras de Frei Betto me inspiran una reflexión. La ciencia pedagógica es uno de los puntales básicos de la filosofía. Ambas tienen como propósito desentrañar el sentido de la vida de los seres humanos en la Tierra.

Por ese motivo, no son neutrales. Se comprometen en la política, considerando este término en su acepción más abarcadora, aquella que procede de su origen etimológico, la polis griega. Maestro itinerante, Sócrates fue condenado a muerte. Asumió su destino con la mayor serenidad. Tuvo que beber la cicuta. Giordano Bruno fue condenado a la hoguera. Para proseguir su obra, Galileo Galilei se retractó.

En los días que corren, neoliberalismo y humanismo —concepto este que no debe confundirse con humanitarismo— responden a posiciones antagónicas irreconciliables. En el terreno específico de la enseñanza, el primero propone la producción de especialistas al servicio de las demandas transitorias del mercado laboral. En el segundo caso, se trata de formar a personas para alcanzar el pleno desarrollo de sus facultades, conscientes del proceso histórico, capaces de discernir con espíritu crítico entre la diversidad de caminos que se bifurcan, responsables de sus actos en lo personal y en lo social. Ambas posiciones tienen su correlato ético. El neoliberalismo exacerba la competitividad, el individualismo exalta el triunfo de los más fuertes sobre los perdedores, débiles y vulnerables. Para lograr esos fines todo vale.

Pocos recuerdan a Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Acogió al niño para nutrir su inteligencia, su espíritu y su corazón. Adelantado a su tiempo, fue un precursor. Viajero infatigable, su mirada se proyectó hacia el futuro de nuestra América cuando aún no se habían iniciado las guerras de independencia. Conocía a fondo las tendencias de pensamiento dominantes en Europa. Intuyó las fisuras en la obra de los enciclopedistas, la empresa gigantesca que definió el llamado Siglo de las luces.

En una Francia que incorporó las ideas mercantilistas a partir del programa implantado por Colbert, intendente de hacienda de Luis XIV, los enciclopedistas establecieron una noción de progreso bajo el impulso de la técnica divulgada a través de las espléndidas ilustraciones que acompañaban su gran libro. Discrepante, pobre y solitario, Juan Jacobo Rousseau indagó acerca del origen de la desigualdad entre los hombres, renovó los conceptos prevalecientes sobre la educación y rindió culto a la naturaleza.

Al emprender el camino hacia Roma, donde el Libertador haría su célebre juramento, en marchas emprendidas en gran parte a pie, como peregrinos del saber y de la emancipación humana, Simón Rodríguez impuso un rodeo. Había que pasar por Ginebra, patria chica de Rousseau, para inclinarse ante la memoria del autor de Las ensoñaciones del paseante solitario, Las confesiones y Emilio.

Quise ser maestra. Cuando me someto, como siempre lo hice, al cotidiano examen de conciencia, no dejo de preguntarme si he cumplido mi propósito de manera cabal. Subestimado, mal remunerado en todas partes, el magisterio, más que oficio, es tarea de misionero. Se ejerce dentro y fuera del aula. Lo hizo Fidel con sus compañeros en la prisión de Isla de Pinos. Lo siguió haciendo ante las multitudes de la Plaza, a través de las pantallas de la televisión y en los grandes foros internacionales. Nos estaba enseñando a pensar.

Coincido con Frei Betto en que el cerebro no se reduce a un almacén de conocimientos inertes. No predico la ignorancia. Todo lo contario. Pero, el saber verdadero pasa por la mente y el corazón, es el nutriente esencial de la vida y del espíritu, lo más hermoso que guardamos oculto en nuestro interior, tal y como decía Martí a María Mantilla.

Mi residencia está en la Tierra, cuando mi tiempo se abrevia, cumplido ya mi tránsito mayor. Reclamo junto a Frei Betto la necesidad de no caer en las trampas seductoras de una supuesta modernidad, de seguir andando con la mirada puesta hacia adelante, hacia un horizonte donde perdura la llama de una utopía que ha de convocarnos a la salvación de un planeta amenazado.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA LIBERTAD, LAS REDES SOCIALES Y LA RESPONSABILIDAD ÉTICA. CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER

El 27 de mayo, el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía, que apareció en el bisemanario La Caricatura, el 9 de junio de 1895.

carlos_rodriguez_almaguer (1)Lamento compartir esta dolorosa imagen que despertó la atención en las redes sociales. La cuestión a debate fue si esta foto pertenece o no al cadáver de Martí. El propio Martí nos enseña a dudar de todo, pero siempre con una duda razonable, nunca con ligereza.

Igualmente nos enseña que los estudios hechos no nos provocan más que una profunda vergüenza, porque lo primero que nos enseñan es cuánto nos falta todavía por conocer. De manera que bajo esas premisas martianas estoy claro de que en mí hay más dudas que certezas, y en lugar de envanecerme por lo que los demás suponen que yo sé, lo que hago es aterrarme por lo que yo mismo estoy consciente de que desconozco.

Sobre la foto en cuestión: lo que la historiografía cubana ha afirmado, a partir de fuentes oficiales españolas y testimonios personales de algunos participantes directos, es que el cadáver de Martí fue enterrado en cinco ocasiones hasta llegar al Mausoleo que ocupa hoy en el Cementerio de Santa Ifigenia, en la infatigable Santiago de Cuba.

El primer entierro ocurrió el 20 de mayo de 1895, al día siguiente de su muerte en el combate de Dos Ríos. Una vez reconocido su cadáver por los documentos que llevaba encima, fue enterrado sin ataúd, junto a un sargento español, en una fosa común del pequeño cementerio de Remanganagua, lugar relativamente cercano al sitio del combate.

Al emitirse la importante noticia, desde un telégrafo ubicado en el cuartel de Remanganaguas, a Santiago de Cuba, La Habana y Madrid, en ese orden, el capitán general de Cuba, Arsenio Martínez Campos, previa consulta con el Ministro de Ultramar, ordenaron la inmediata exhumación del cadáver y su exhibición pública para conocimiento general, dada la importancia política del dirigente caído.

El comandante general de las tropas españolas acantonadas en Santiago de Cuba, general de división Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, cursó órdenes inmediatas al coronel Ximénez de Sandoval para que se dirigiera, con parte de sus hombres, hacia territorio santiaguero. De igual manera envió rumbo a Remanganaguas al doctor en Medicina y Cirugía Pablo Aureliano de Valencia y Forns, habanero radicado en Santiago que además se desempeñaba en esa ciudad como práctico forense.

El 23 de mayo, el doctor Pablo Valencia hizo la autopsia para comprobar la identidad y lo embalsamó. Luego exhibieron el ataúd con los restos para dar mayor veracidad a sus informes militares y noticias en la prensa. Después su cadáver fue llevado a Santiago de Cuba y exhibido brevemente a un par de amigos el 27 de mayo, momento en que el fotógrafo Higinio Martínez tomó esta fotografía, que apareció en el bisemanario La Caricatura, el 9 de junio de 1895. Seguir leyendo LA LIBERTAD, LAS REDES SOCIALES Y LA RESPONSABILIDAD ÉTICA. CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER

MARTÍ. NICOLÁS GUILLÉN

GUILLÉN 1

NICOLÁS GUILLÉN

¡Ah, no penséis que su voz
es un suspiro! Que tiene
manos de sombra, y que es
su mirada lenta gota
lunar temblando de frío
sobre una rosa.

Su voz
abre la piedra, y sus manos
parten el hierro. Sus ojos
llegan ardiendo a los bosques
nocturnos; los negros bosques.
Tocadle: Veréis que os quema.
Dadle la mano: Veréis
su mano abierta en que cabe
Cuba como un encendido
tomeguín de alas seguras
en la tormenta. Miradlo:
Veréis que su luz os ciega.
Pero seguidlo en la noche:
¡Oh, por qué claros caminos
su luz en la noche os lleva!

DE DÓNDE VENIMOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

Dos acontecimientos concomitantes convergen en la necesidad de colocar en primer plano los temas que atañen al presente y al futuro de la nación. Conmemoramos los 150 años del inicio de nuestra primera Guerra de Independencia mientras se abre el debate público acerca del Proyecto de Constitución de la República.

En nuestro contexto, inseparable del complejísimo panorama mundial, el homenaje al Grito de Yara no puede reducirse a un acto conmemorativo. Implica recuento y rescate del hilo conductor que entrelaza la construcción de una nación soberana y la irrenunciable lucha por la emancipación humana. Una historia que se eslabona en cimarronajes, victorias y reveses. En Yara cristalizó el sueño independentista que se había ido forjando, bajo formas diversas, desde que los criollos tomaron conciencia de la expoliación de sus bienes por parte de una metrópoli voraz, los esclavos intentaron romper el yugo y el sector de negros y mestizos vio cercenados sus derechos sociales.

Algo aprendimos en los manuales escolares sobre la conspiración de Soles y Rayos de Bolívar. Mucho menos se ha indagado acerca de los alcances y el significado de la conspiración de Aponte y mucho falta por divulgar en torno a las medidas extremas que se tomaron en «el año del cuero» con la brutal represión de la llamada Conspiración de La Escalera. El poder colonial se había percatado de la complejidad creciente de la sociedad cubana, donde negros y mestizos conquistaban espacios mediante el desempeño de numerosos oficios, accedían a algunas profesiones y se manifestaban en el campo de las artes, sobre todo en la música. El efecto de las torturas silenció a algunos sobrevivientes y la inmolación de Plácido tuvo un valor simbólico.

Después de la derrota del Zanjón, Baraguá dejó abierta la posibilidad de una esperanza. La sociedad era otra. La nación había germinado. José Martí se dedicó a consolidar la unidad. Venció los recelos de los veteranos y, en primer lugar, forjó la unidad de los de abajo con su prédica y magisterio ante los emigrados humildes de Nueva York y los obreros de Tampa y Cayo Hueso.

La guerra del 95 tuvo una sólida base popular. La intervención norteamericana marginó a los cubanos del tratado de paz. El Ejército Libertador se desarmó. Se impuso la Enmienda Platt y los tratados de reciprocidad reafirmaron la dependencia económica. Hubo bandera en una república cercenada. La decepción y el desaliento se abatieron en un país empobrecido.

A poco de comenzar la tercera década del siglo, con una generación emergente se reagruparon las fuerzas en los sectores obreros, femeninos y estudiantiles. En torno al heterogéneo Grupo Minorista, los intelectuales fundieron en un mismo proyecto la renovación de los lenguajes artísticos y la participación en la vida pública.

El predominio de las dictaduras y la penetración creciente del imperialismo norteamericano que, como resultado de la Primera Guerra Mundial, desplazaba al capital franco-británico en el subcontinente, la resonancia de la Revolución de Octubre y del estallido mexicano de 1910, favorecieron el desarrollo de una conciencia latinoamericanista orientada a la conquista de la segunda independencia con acento descolonizador, arraigado en el reclamo de una auténtica emancipación humana. Mariátegui y Mella propusieron una relectura del marxismo desde la valoración de los rasgos concretos específicos de nuestra América.  Seguir leyendo DE DÓNDE VENIMOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL RESCATE DE JOSÉ MARTÍ. GRAZIELLA POGOLOTTI

En el año de su centenario, el Apóstol estaba muriendo. Los autores del golpe de Estado que fracturó la vida institucional del país conmemoraban, a bombo y platillo, la efeméride. Convertidos en mascarada, los actos oficiales violaban la esencia nutricia del proyecto martiano, lacerado, además, durante la República neocolonial por el empleo profuso de citas descontextualizadas en boca de demagogos corruptos.

A pesar de tanto desparpajo, la palabra del Maestro sobrevivía en la memoria popular y en un sector juvenil  decidido a encauzar esa llama viviente en un programa de acción.

Los asaltantes al cuartel Moncada amaban profundamente la vida. Disfrutaban la música, las fiestas, habían fundado familia o soñaban con hacerlo. Lazos  entrañables los unían al hogar, a los amigos con quienes podían compartir alguna vez una buena tortilla de papa, bien cocida, a la española. Disfrutaban del deporte.

Así me gusta evocarlos, animados por la  energía propia de la juventud, sonrientes, bromistas, portadores de futuro. Sin renunciar a la felicidad de cada amanecer, se sometieron a la rígida disciplina del clandestinaje. Cuando llegó el día señalado, marcharon hacia su destino, sabedores de que, quizá, la muerte los estaba aguardando.

Afrontaron torturas indescriptibles. Pocos cayeron en combate. La mayoría fue vilmente asesinada, porque la tiranía tenía que cobrar una cuota prefijada de sangre. A la hora del juicio, los sobrevivientes mantuvieron incólume su dignidad y su fidelidad a los principios. Autor intelectual del acontecimiento, Martí volvía a colocarse en el centro de la historia.

Me inclino —reverente— ante el pasado, pensando sobre todo en el presente y el porvenir. En el complejo panorama contemporáneo ha llegado la hora de emprender el rescate de José Martí, trascendiendo el ceremonial de las conmemoraciones y el reparto de migajas de corteza para llegar a lo más profundo de la esencia de un pensar que traspasó lo coyuntural y develó las amenazas latentes que pesaban sobre el porvenir de Nuestra América.

Martí detectó la naturaleza de las fuerzas que impelían al imperio en desarrollo a apoderarse de las tierras situadas al sur del Río Bravo. Como lo había intuido antes Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, comprendió la diferencia que separaba la noción abstracta e ilusoria de modernización del auténtico proyecto de modernidad, hecho a la medida de nuestra historia y de nuestras necesidades.

El aldeano vanidoso sucumbe ante las promesas tentadoras de un mercado desregulado. De producirse una situación crítica, se podría acudir a la ayuda del Fondo Monetario  Internacional, caer en la trampa de deudas impagables  e imponer y someterse a las arrasadoras políticas de ajuste. El poder hegemónico ha refinado al extremo un amplio abanico de recursos. El pensamiento neoliberal penetra todas las esferas y pervierte la aparente inocencia del lenguaje. Pone al servicio de la propaganda los recursos del marketing. Apela al golpe suave y no descarta, en caso necesario, las viejas fórmulas de intervención directa. Desacredita la política, convirtiéndola en espectáculo centrado en la realidad objetiva de la corrupción que socava el conjunto de las instituciones, incluidos los tres poderes —ejecutivo, legislativo y judicial— establecidos como rasgos definitorios de la democracia burguesa.

Ante una izquierda desconcertada, desgajada en fragmentos, vale la pena hacerse cargo de un nuevo rescate de José Martí, transfundirle aliento renovador mediante una relectura contemporánea integral. Decía en Nuestra América: «Al tigre no se le oye llegar,  porque viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene el tigre encima». Esa definición irrumpe en un discurso que puntualiza lo que habremos de hacer como autodefensa y principio de todas las cosas: «Los pueblos que no se conocen han de darse prisa por conocerse, como quienes van a pelear juntos». Subraya a continuación que el camino del conocimiento pasa por el ejercicio sistemático de la crítica.

Martí revive en una hora decisiva para el porvenir de los pueblos de Nuestra América. En trinchera de ideas no se combate con piedras. Como planteara Fidel, para salvar la continuidad de la necesaria Revolución redentora, hay que hacer en cada etapa lo que corresponde a ese momento. Retomar las claves de la historia, apropiarse de los saberes que afianzan el poder hegemónico, escudriñar a fondo la compleja realidad de nuestros países en lo que tiene de duradero en su memoria cultural y de mutante en las demandas del devenir de los tiempos, constituyen tareas impostergables.

Contamos con enormes reservas minerales, hídricas, y con una naturaleza que contribuye a oxigenar el planeta. Disponemos de un potencial de recursos humanos de gran valía, apto para acceder al conocimiento requerido para definir nuestro proyecto de modernidad, devolver a la palabra su prístina transparencia y desterrar para siempre al aldeano vanidoso.

Nuestra América está ahí, palpitante. Espera por nosotros. Se manifiesta en las voces de quienes acompañaron la campaña de López Obrador, en ese México tan cercano, donde el Apóstol vivió, trabajó, profundizó su aprendizaje del continente y encontró el calor de la amistad fraterna de Manuel Mercado.

Fuente: Juventud Rebelde

 

LOS PRÓDIGOS SESENTA. GRAZIELLA POGOLOTTI


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Toda Revolución es fuente de derecho. Toda Revolución auténtica tiene raíces en el subsuelo de la historia. Asume en su radicalismo renovador y justiciero la voluntad de extirpar males acumulados a través del tiempo. Por eso al conmemorarse los cien años de La Demajagua, Fidel planteó la insoslayable continuidad de un batallar por la configuración de una nación soberana, clave de una unidad forjada desde abajo que juntaba voluntades, más allá de diferencias de origen y de discrepancias tácticas. Cuando así sucede, la Revolución se constituye en estremecimiento telúrico, capaz de potenciar al máximo el talento y la creatividad de todos y cada uno.

Muy pronto se inició el asedio contra la Revolución de los barbudos. La Constitución del 40 proscribía el latifundio. En la práctica, el texto resultó letra muerta. La promulgación de la primera Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959 alentó la subversión. No se caracterizaba, sin embargo, por un radicalismo extremo, autorizaba la tenencia de 30 caballerías. Era mucho mayor en los casos de la ganadería, el cultivo de caña y arroz, cuando los rendimientos sobrepasaban la media nacional.

Los Estados Unidos ofrecían amparo a la subversión interna. La violación del espacio aéreo nacional y la consiguiente confrontación, causante de víctimas en la capital, dio la medida de la existencia de una amenaza real. La necesidad de convocar al pueblo a la defensa del país se volvió imperiosa. En octubre del 59 nacían las Milicias Nacionales Revolucionarias. Combatieron en Girón. Noche tras noche, los obreros se hacían cargo de la protección de sus centros de trabajo. A  los sabotajes se añadiría la organización de grupos de alzados en distintas regiones del país. La lucha más prolongada tuvo su centro en el Escambray. Implicó una enorme inversión de recursos humanos y materiales.

Simbólicamente, el año de Girón fue también el de la Alfabetización, aparejado al desarrollo de la educación de adultos, a la acelerada preparación de administradores, según orientación del Che. Simultáneamente, la Reforma Universitaria diseñaba un gigantesco salto hacia adelante en la formación de científicos, de hombres y mujeres de pensamiento consagrados a las distintas ramas del saber.

Cuba se convirtió en un hervidero de ideas. La Revolución se constituía en ejemplo en los años de despegue del movimiento descolonizador. Al hablar en las Naciones Unidas en septiembre de 1960, Fidel estremeció a la audiencia con su capacidad para develar, con lenguaje claro y directo, los peligros que podían cernirse  sobre los países recién liberados. Instalado en el Hotel Theresa, en pleno corazón de Harlem, recibió a destacados líderes del Tercer Mundo. Estaba comenzando a gestarse el Movimiento de Países No Alineados.

Mientras tanto, como peregrinos de la esperanza, acudían a La Habana personalidades connotadas del arte, la política y las ciencias sociales, procedentes de América Latina, Europa y Estados Unidos. Un espíritu de renovación reanimaba el pensamiento de izquierda. Para muchos, era el modo de curar antiguas lastimaduras. El proyecto socialista no podía desentenderse de su compromiso internacionalista con los pobres de la tierra. Cuando ha transcurrido medio siglo, los conceptos esbozados entonces tienen plena validez.  Seguir leyendo LOS PRÓDIGOS SESENTA. GRAZIELLA POGOLOTTI

UNA CULTURA DE LA RESISTENCIA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA

GRAZIELLA POGOLOTTI

Mucho falta por investigar acerca de la historia y la cultura durante medio siglo de República neocolonial. Sabido es que la expansión del latifundio azucarero a la región oriental del país profundizó la deformación estructural de la economía cubana.

En Problemas de la nueva Cuba, estudio elaborado por especialistas norteamericanos en 1934, después de las jornadas revolucionarias que siguieron el derrocamiento de Machado, se advertía el peligro potencial de estallidos sociales derivados de ese panorama. Un análisis realizado por encargo del presidente Carlos Prío Socarrás, casi en vísperas del golpe perpetrado por Fulgencio Batista, revelaba que la crisis latente se había agudizado.

El concepto de cultura incluye la creación artístico-literaria. Abarca, además, el extenso e impalpable territorio de la espiritualidad humana, con las tradiciones, costumbres, valores y una memoria transmitida por las vías formales implementadas por el sistema de educación y aquella otra que se construye a través de la comunicación oral y constituye nutriente esencial de los sueños y de las expectativas de vida.

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JOSÉ MARTÍ: EL MISTERIOSO CUERPO DE NUESTRA PATRIA O DE NUESTRA PROPIA ALMA. POR FINA GARCÍA MARRUZ

FINA

FINA GARCÍA MARRUZ

Martí es verdad irrevocable, pureza inmaculada, resonancia universal, poesía siempre. Una de sus más raigales estudiosas, nuestra Fina García Marruz, nos lo ha descrito con la exquisitez de su palabra en el ensayo que titulara, precisamente, José Martí. Sirvan estos fragmentos como homenaje al más grande de los cubanos, en el aniversario 123 de su caída en combate, el 19 de mayo de 1895


Desde niños nos envuelve, nos rodea, no en la tristeza del homenaje oficial, en la cita del político frío, o en el tributo inevitable del articulista de turno, sino en cada momento en que hemos podido entrever, en su oscura y fragmentaria ráfaga, el misterioso cuerpo de nuestra Patria o de nuestra propia alma. Él solo es nuestra entera sustancia nacional y universal. Y allí donde en la medida de nuestras fuerzas participemos de ella, tendremos que encontrarnos con aquel que la realizó plenamente, y que en la abundancia de su corazón y el sacrificio de su vida dio con la naturalidad virginal del hombre.

MARTI

Acaso por esto, siempre nos parece que los demás nos lo desconocen o fragmentan, porque cada cubano ve en él, un poco, su propio secreto. Y así lo vemos como el hermano mayor perdido, el que tenía más rasgos del padre, y al que todos quisiéramos parecernos porque contiene nuestra imagen intacta a la luz de una fe perdida. Pensamos que si estuviera entre nosotros todo sería distinto, lo cual es a la vez lo más sencillo y lo más misterioso que se pueda decir de alguien. Desconfiados por hábito o malicia, creemos en él a ciegas; enemigos de la rigidez de todo orden, aun del provechoso y útil, nos volvemos a este austero en quien la libertad no fue una cosa distinta del sacrificio; burlones y débiles, buscamos, como a invisible juez, la gravedad de este hombre, poderoso y delicado. Él es el conjurador popular de todos nuestros males, el último reducto de nuestra confianza, y olvidadizos por naturaleza, rendimos homenaje diario, profundo o mediocre, a aquel hombrecillo de cuerpo enjuto, de frente luminosa y ojos de una penetrante dulzura, que tiene esta irresistible fuerza: la de conmover.

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PENSAR DESDE EL SUR. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA
Bajo el signo de la globalización neoliberal, nos ha tocado vivir una etapa de extrema complejidad. En el plano internacional y en el interior de las naciones se acentúa con rapidez la brecha que separa a los poderosos de los desposeídos. La acción de la política,  de manera abierta y desembozada, con empleo de una supuesta institucionalidad judicial o mediante la fuerza represiva, sofoca las plataformas de resistencia.

Los medios contribuyen a manipular conciencias. Así, en brevísimo lapso, se ha modificado el panorama de América Latina. El dominio de las finanzas se ejerce con el respaldo de una ideología que se manifiesta  en el modo de representar la realidad y construir paradigmas.

Conflictos bélicos en áreas localizadas amenazan con bordear conflagraciones de mayor dimensión. Sobre ese panorama, el pensamiento conservador cobra fuerza y construye el gran relato de la historia. Situado desde  la perspectiva de lo que ahora conocemos como Primer Mundo, se evoca la imagen de una  «bella época», ubicada en el tránsito entre los siglos XIX y XX,  previo al estallido de la Primera Guerra Mundial.

En el París de entonces, las damas paseaban por el Bosque de Bolonia. En Montmartre nacía el cabaret. Era, en el entorno  del Molino Rojo, la atmósfera de tantas películas disfrutables. Sin embargo, en aquellos mismos días, se estaba efectuando el reparto definitivo de África, la expansión colonial alcanzaba todos los continentes y en Cuba se libraba la guerra por la independencia. Es la otra cara de la luna, oculta por los grandes relatos, asumidos como verdades incontrovertibles que también colocan en segundo plano los gérmenes de rebeldía convertidos en larga marcha en favor de la liberación que ha trasformado, en menos de un siglo, la configuración de Asia.

Descartados el mesianismo civilizatorio y la subestimación  de los valores forjados por otras culturas, sería improcedente renunciar al legado de un pensamiento que integró en el Mediterráneo saberes de diversa procedencia, construyó una historia de la Filosofía, inspiradora del análisis crítico de lo que somos, sobre todo cuando conmemoramos el segundo centenario del nacimiento de Carlos Marx. En ese ámbito, muchas veces a contrapelo de los dogmas dominantes, cristalizaron importantes contribuciones al desarrollo de las ciencias exactas, naturales y sociales, así como una  valiosísima  creación artístico-literaria.

Lejos de asumir un comportamiento mimético, nos corresponde apropiarnos de ese legado en beneficio propio. En carta a Armando Hart, el Che recomendaba la publicación en Cuba de algunos textos fundamentales tomados de la tradición histórica. Fidel, por su parte, se valió de la audaz iniciativa de las Ediciones Revolucionarias para garantizar la actualización respecto a las tendencias contemporáneas.

Sombras ominosas proyectan en América Latina el acelerado desmontaje de las conquistas logradas en años recientes. Atenidos a las realidades del mundo contemporáneo, se impone rearticular, con espíritu crítico, los fundamentos de un pensamiento de izquierda. No somos estatuas de sal, paralizadas con la mirada fija en el pasado. Pero no resulta ocioso  redescubrir  en nuestras propias fuentes  las fuerzas motrices de un pensamiento armado con las herramientas más eficaces de cada época y afincado en el análisis de nuestras realidades específicas.

Evocaba Casa de las Américas en fecha reciente el nonagésimo aniversario de la publicación de los Siete ensayos de José Carlos Mariátegui, texto fundador de un marxismo de inspiración latinoamericana que rompió fronteras y ejerció indiscutible influencia en el continente. Eran aquellos intensos 20 del pasado siglo, cuando una hornada intelectual se vinculaba a la vida política. Había ocurrido la Revolución de Octubre y poco antes, la Revolución Mexicana colocaba en primer plano las reivindicaciones agrarias, todavía  apremiantes en muchos países. Desde la lucidez de su juventud luminosa, Julio Antonio Mella  exploraba con pupila renovadora las ideas de Marx y de Martí.

Pensar desde el Sur demanda construir nuestro relato histórico remontando los orígenes y caracterizando la naturaleza de las contradicciones que sacuden nuestra contemporaneidad. Exige rescatar una tradición de pensamiento forjada en el proceso de lucha por la emancipación, entretejida a lo largo de un transcurrir secular, recordada a través de citas fragmentarias en acomodaticio olvido de la necesaria lectura en profundidad. Junto a Bolívar aparece el otro Simón, su maestro, quien bosquejó una temprana visión nuestramericanista.

 Por universal y enraizado en nuestro contexto,  José Martí escapa a todo intento de clasificación. En cada recodo del camino, son muchos los que han seguido uniendo acción y pensamiento, siempre informados acerca de las corrientes dominantes en el mundo para abordar con lucidez el desmontaje de las contradicciones latentes en cada momento, aunque su obra se diluya a veces en una desmemoria subdesarrollante. Por imperativos de la necesidad, aprendimos a pensar desde el Sur. Hacerlo ahora de manera consciente es exigencia impostergable.

EL COSTILLAR DE ROCINANTE. GRAZIELLA POGOLOTTI

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No fue un hombre de éxito. Herido en Lepanto, conoció los padecimientos de los galeotes. De regreso a España, sufrió miseria y alguna incursión en la cárcel. No alcanzó el favor de los poderosos, que benefició a algunos de sus contemporáneos, también gigantes literarios en aquellos deslumbrantes siglos de oro de la creación peninsular, como sucedió con el pródigo Fénix de los ingenios, el dramaturgo Lope de Vega. Y, sin embargo, el idioma hablado en la actualidad por millones de habitantes del planeta recibe el apelativo de lengua de Cervantes, porque su criatura mayor, Don Quijote, echó a andar un día sobre el lomo de Rocinante junto a su fiel y rústico escudero Sancho Panza. A través del Atlántico llegó de contrabando a las recién conquistadas tierras de América.

Sorprende la extensa difusión de la obra desde fecha temprana, cuando las embarcaciones se movían impulsadas por velas, sujetas al capricho de los vientos. Cabalgando sobre Rocinante, Don Quijote ha cruzado el espacio y el tiempo. Novela de aventuras llena de peripecias, parodia de las historias de caballería, mantiene una singular modernidad. Las empresas nacidas de la aparente locura del protagonista inspiran la risa del lector, movido a la vez por una creciente simpatía. Muchos especialistas han observado la progresiva quijotización del escudero Sancho. En verdad, el rudo y realista aldeano no es contrapartida del hidalgo empobrecido. Uno y otro se complementan, como sueño y conocimiento de la realidad conviven en cada uno de nosotros.

Sobre el paisaje de una España empobrecida, aunque dueña de un extenso imperio donde no se ponía el sol, intolerante con los mozárabes crecidos en ella durante generaciones, sometida a la insolencia de los poderosos, se levanta el perfil justiciero del Quijote. A su lado, el rudo escudero se convierte en Sancho amigo, capaz de impartir justicia de raigambre humana y popular mientras permanece en la ficticia gobernación de la ínsula Barataria. A lo largo de la aventura, en diálogo permanente, se entrecruzan el idioma cultivado del hidalgo y el habla refranera de su acompañante. La lengua de Castilla despliega toda su riqueza expresiva.

Por tradición establecida, de año en año, entre el griterío de los niños, depositamos flores y pronunciamos algunas palabras ante la estatua que evoca la memoria de Miguel de Cervantes en el habanero parque de San Juan de Dios. Es el 23 de abril, Día del idioma, ese indispensable medio de comunicación y conocimiento. Horneado durante siglos, en prolongada cocción de historia y cultura integró fuentes de origen diverso. Sobre la espina dorsal procedente del latín, dejó su huella la presencia secular de los árabes en España. En el cruce del Atlántico hacia la conquista y colonización de América, se hicieron palpables cadencias andaluzas y canarias. Del lado de acá, el contacto con los pueblos originarios y los migrantes voluntarios o traídos por la fuerza siguió acrecentando el caudal.

Sin renunciar a las esencias del legado recibido, los escritores nacidos en esta parte del planeta pegaron el oído a la tierra. Escucharon voces y melodías. Fijaron en la letra formas renovadoras. Enriquecieron así el poderoso torrente común. A pesar de la pequeñez de la Isla y de su tardía llegada a la independencia, Cuba no estuvo al margen de ese proceso.

Heredia anunció el arribo del Romanticismo con tonalidades, que mucho difería del que habría de desarrollarse en España. Precursor reconocido por Rubén Darío, Martí se situaba en el instante inaugural del Modernismo. Con su jolongo cargaría el Apóstol a la hora de emprender viaje hacia Playita de Cajobabo y dejar en su diario, impronta del breve tránsito hasta Dos Ríos, uno de los textos más extraordinarios escritos en nuestra lengua. Fiesta innombrable y reconocimiento de lo que somos, la palabra ha seguido haciéndose cuerpo, fijando matices y modulaciones en la obra de nuestros escritores. Es un tesoro que hemos contribuido a amasar en los trabajos y en los días, en el batallar por la defensa de nuestra soberanía. No podemos permitir que se nos empobrezca en el abandono a la ley del menor esfuerzo, reductora del léxico y la sintaxis en un habla que diluye poco a poco la articulación de las consonantes. El Día del idioma, homenaje a Cervantes, no puede limitarse a la celebración consuetudinaria de un acto formal. Debe convocar a una reflexión imprescindible.

Demasiado acomodado y apacible para mi gusto, persiste en mi memoria la imagen sedente de Cervantes en el parque San Juan de Dios, sitio que daba nombre al barrio de mi infancia. Prefiero a su criatura, el andariego hidalgo sobre el costillar de Rocinante, tal y como la evocara el Che en su carta de despedida. Ahí está, en otro lugar de La Habana, el parque del Quijote, porque al hidalgo manchego, adarga en ristre, le queda camino por andar con muchos entuertos por desfacer.

Fuente: Diario Juventud Rebelde