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CORONAVIRUS: PANDEMIAS Y EL JUEGO DE LA GUERRA. STELLA CALLONI

Mientras la Cancillería china sostiene que el Ejército de Estados Unidos podría haber llevado el coronavirus a la ciudad de Wuhan en octubre de 2019, Washington y sus socios de la OTAN rompen las medidas de control y contención de la pandemia y movilizan 37.000 soldados para los ejercicios militares "Defender Europa 20".

 STELLA CALLONI

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El coronavirus, nueva cepa del ya existente, cuya mutación está siendo investigada, puso al mundo entre las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza, capaz de utilizar los efectos de una pandemia para imponer un estado de terror a nivel global y justificar una crisis de las bolsas tanto en Estados Unidos, Japón, Europa y otros, mientras contradictoriamente concentran 37.000 soldados para desarrollar una maniobra en territorio europeo, violentando cuarentenas y toda medida de control de la pandemia reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además de las severas acusaciones sobre la posibilidad de que este virus se haya producido en laboratorios y diseminado en el centro preciso de China -para irradiar hacia todo el país-, en Irán o Italia, por estas horas están llegando a varios países europeos 20.000 soldados estadounidenses, que se unirán a los 10.000 estacionados en las bases militares norteamericanas en Europa y otros 7.000 que aporta esa región para una gran maniobra destinada a «mostrar músculos» a Rusia y China.

Esta llegada de tropas para las maniobras «Defender Europa 20» pone en duda la efectividad de la cuarentena mundial y sorprende que no hayan cancelado estos ejercicios que suponen el traslado de soldados hacia el frente europeo en semejante circunstancias.

A esto se añade una campaña mediática tan terrorífica como la que se desarrolló en los días posteriores a los atentados contra las Torres Gemelas (2001), sobre los que permanecen serias dudas tanto con respecto a los presuntos responsables del hecho como sobre el efecto implosión que desplomó tan rápidamente las poderosas construcciones con bases de acero.

Desde un punto de vista de la utilización de la guerra biológica, a lo que ha recurrido varias veces Estados Unidos -no olvidar el dengue hemorrágico, la fiebre porcina y otros utilizados contra Cuba- y que apoya su socio israelí, esto podría ser el perfecto ensayo de cómo reaccionaría el gigante chino que obsesiona al poder imperial y de cómo actuaría el mundo frente a esta situación, que se caracteriza por un virus «incontrolable» pero menos letal que las comunes epidemias de gripes y neumonías.

Por lo pronto, los poderosos acusan a la pandemia de sus males económicos, pero «la economía ya estaba enferma. El coronavirus es una prueba más de que sólo se mantiene a base de un dopaje continuo», sostiene Eric Toussaint, cientista político, profesor de las universidades de Lieja y de París, quien está al frente del Comité para la Abolición de la Deuda Ilegítima (CADTM).

Toussaint analizó puntillosamente todo lo sucedido en las caídas de las bolsas de esos grandes países, especialmente desde la última semana de febrero de 2020, la peor desde la crisis de octubre de 2008. «Todos los factores para una nueva crisis financiera estaban y están presentes y juntos desde hace varios años, al menos desde 2017-2018. Cuando la atmósfera está saturada de materias inflamables, en cualquier momento, una chispa puede provocar una explosión financiera. Es difícil prever dónde puede producirse la chispa. La chispa es como si fuera un detonador pero no es la causa profunda de la crisis. Todavía no sabemos si la fuerte caída bursátil de fines de febrero de 2020 ‘degenerará’ en una enorme crisis financiera. Pero es una posibilidad real», sostiene Toussaint.

Advierte asimismo que «es importante ver de dónde proviene realmente la crisis y no dejarse engañar por las explicaciones que constituyen una cortina de humo ante las causas reales».

En tanto, lo que se está viendo en Europa es nada más y nada menos que el desenmascaramiento de la destrucción del sistema de bienestar que, con sus bajas y sus altas, se había logrado instalar en esos países. Había una certidumbre -que no existió nunca en nuestra región- de que esto había sido adquirido para siempre.

Nadie comenta el enorme desfalco que significaron para cada uno de los países europeos los gastos en las guerras coloniales de este siglo. Desde un principio, Estados Unidos fue claro con sus asociados en la Organización del Atlántico Norte (OTAN): «Nosotros tenemos el armamento necesario, pero ustedes deben pagarlo».

Cuánto sacrificó Europa para hacerse cargo de una guerra con invasiones y ocupación de países con los que podía negociar y obtener productos como el petróleo pagados en euros, conveniente para unos y otros y en paz.

Las guerras de ocupación colonial contra Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen (ambas aún en curso), y otras en preparación, no solo han destruido países con la pérdida de millones de vidas, desastres humanitarios, destruyendo además sitios, ciudades que eran patrimonios de la humanidad, cunas de la civilización, violando todos los derechos de las naciones victimizadas y las leyes internacionales, amparados por una escandalosa impunidad.

Estas guerras coloniales unilaterales han significado una tragedia para los pueblos de Europa, víctimas además de las imposiciones neoliberales. Para pagar las armas y equipos sofisticados de última tecnología es posible que hayan utilizado, los gobiernos europeos, los casi 290.000 millones de euros que robaron al Estado libio como chacales, ya que estaban colocados a recaudo en bancos europeos ante el bloqueo de Estados Unidos.

Los mayores «beneficiados» en estas guerras coloniales de alta criminalidad son los fabricantes de armas y equipos en Estados Unidos e Israel.

Incluso economistas norteamericanos habían advertido que estas guerras, cuyas estrategias fueron trazadas en grandes mapas en los salones del Pentágono, estaban también destinadas a acabar con el bloque capitalista competitivo que podía ser la Unión Europea. Además de significar también una «guerra contra el euro», defendido a capa y espada por la alemana Ángela Merkel, la gobernante capitalista más política de Europa.

Al final del desastre humanitario que significaron las invasiones y ocupaciones, estas guerras dejaron a las puertas de Europa millones de inmigrantes, desesperados, hambrientos sin hogar, sin país, sin patria. Solo basta con mirar las cifras de organismos internacionales antes de estas invasiones brutales para entender que en Libia o Siria la población tenía un nivel de vida a veces más alto que la de un ciudadano europeo común. Seguir leyendo CORONAVIRUS: PANDEMIAS Y EL JUEGO DE LA GUERRA. STELLA CALLONI

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