Archivo de la etiqueta: LILLIAN ÁLVAREZ

DESTELLOS. LILLIAN ÁLVAREZ NAVARRETE

LILI 1

LILLIAN ÁLVAREZ NAVARRETE *

No puedo recostarme a mis infancias, ni a los adoquines, ni al humo hermoso de la ciudad imaginada. Ya no llueve. Los pájaros se recortan como figuras superpuestas sobre el silencio. Cantan, como si llamaran. Los árboles se arriman unos a los otros como pálidos ancianos dispuestos a ampararse ante un último y común adiós.  Abajo, un hervidero de disfraces. Una turba de entendidos deberes y reivindicada desazón. Un juego ingenuo y cruel para una isla pequeña, en ciernes, que inquietamente intenta levantarse. Una ruleta sobria y cadente, hoy, dueña de todo.

No puedo quedarme. No, si abofetean a mi madre. No, si a mis valientes hijos, que se arrancan y me arrancan, los ofenden. No, si en esta danza pérfida hay voces ebrias, hay lanzas al aire, hay ollas de mugre ardiente dispuestas a celebrar. No, si un ejército salivante y hosco se apresta a devorarnos, serviles de los infiernos del metal, encadenados felices que vacían sus pistolas al viento buscando más y más, la libertad visible del matar.

No tengo odios para llevar, me abrazo a los amores y me reclino por un momento. El único posible mientras los demás duermen cansados. No puedo llorar. No son las lágrimas las que darán aliento. No es el dolor regodeado el que vencerá en esta batalla sonora del silencio. Será algo como una luz que avance desde abajo, sibilante, tierna, una llama pequeña y asustadiza que se revelará, a veces, como marea, otras como un cono que se levantará desde el fondo, como un haz. Un espectro que, invadiendo, emplazará las almas. Y todo lo que ilumine se revolverá y los pájaros se arrojarán en bandadas temerarias y el resplandor se elevará en pequeñas plantas pisoteadas que germinan. Un verde rubor nos hará estremecernos. Los vivos colores se verán descomponerse como papel quemado. Los brazos musculosos se agrietarán y caerán al suelo las más pesadas armas de la muerte.

Eso fue lo que vi. Y la luz, también lo vi, hacía por brotar con timidez, de mis propias manos.

Hojas y tallos sobre el humo y el grito.

Destellos sobre los pintarrajeados carteles.

Blanca ofrenda sobre el intercambio grotesco de miserias y golpes.

 

* Ver Lillian Álvarez Navarrete: Una poetisa a tener en cuenta