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ERNESTO CARDENAL, CON LOS POBRES Y LAS REVOLUCIONES. MADELEINE SAUTIÉ

El destacado intelectual Ricardo Alarcón de Quesada coloca la Orden José Martí a Ernesto Cardenal.
El destacado intelectual Ricardo Alarcón de Quesada coloca la Orden José Martí a Ernesto Cardenal. Foto: Jorge Luis González

 

MADELEINE SAUTIÉ

MADELEINE 2Desde que fue noticia este domingo la muerte del nicaragüense Ernesto Cardenal –a causa de una complicación renal y cardíaca–, considerado por muchos, hasta entonces, el poeta vivo más importante de la lengua española, no se apartan de mi memoria aquellos versos lejanamente aprendidos, memorizados por legiones de enamorados del amor, que en palabras bienhechoras nos salvaron alguna vez, desde su sabia belleza, del chasco y la caída.

Al perderte yo a ti, / Tú y yo hemos perdido: /Yo, porque tú eras / Lo que yo más amaba /Y tú, porque yo era / El que te amaba más. / Pero de nosotros dos, /Tú pierdes más que yo: /Porque yo podré amar a otras /Como te amaba a ti, / Pero a ti nadie te amará / Como te amaba yo. (…)

Llegan al recuerdo grandiosos poemas suyos como somoza desveliza la estatua de somoza en el estadio de somoza, donde la ironía leída cosquillea en el sentido y la sorpresa ante la maravilla de la escritura que nos deja boquiabiertos. Y no podemos menos que honrar la partida, a los 95 años, de quien ha sido grande, lo mismo regresando a su obra que trayendo a estas páginas algunos apuntes de la vida de esta figura emblemática de la Teología de la Liberación,  amante de los libros y las ciencias, que vivió para los pobres y las revoluciones.

No es que yo crea que el pueblo me erigió esta estatua / porque yo sé mejor que vosotros que la ordené yo mismo. / Ni tampoco que pretenda pasar con ella a la posteridad / porque yo sé que el pueblo la derribará un día. / Ni que haya querido erigirme a mí mismo en vida / el momento que muerto no me erigiréis vosotros: /sino que erigí esta estatua porque sé que la odiáis.

Para Cuba –y en especial para Casa de las Américas, donde publicó una amplia selección de su poesía y fue jurado de su Premio Literario–, resultó entrañable este hombre de probada postura antimperialista, que se incorporó desde muy joven a la lucha contra la brutal dictadura militar de Somoza, integró las filas del movimiento sandinista de liberación nacional y fue Ministro de Cultura de su país al triunfar la revolución.

La Orden José Martí, que entrega el Consejo de Estado de la República de Cuba a distinguidas personalidades cubanas y extranjeras por grandes hazañas en favor de la paz y la humanidad, le fue conferida al poeta como reconocimiento a su lealtad a la Isla. De Cuba expresó: «Mi experiencia en Cuba se convirtió en algo fundamental para mí. Ha sido la experiencia más importante de mi vida después de mi conversión religiosa (…). Fue, en realidad, una conversión a la revolución. Antes, creía que debíamos buscar un tercer camino en la América Latina, pero en Cuba me encontré con que el camino era el de ellos, y que su revolución era muy buena, y que había el deber de respaldarla».

En palabras de Roberto Fernández Retamar, a propósito de la entrega de la distinción, firmada por Fidel Castro, la vida de Cardenal «se trenzó cada vez más con la revolución, en especial de su pueblo, pero también del resto del planeta». Y recordó: En un poema de 1972 expresaría la conjunción de sus dos creencias: «Comunismo o reino de Dios en la tierra, que es lo mismo».

En la ocasión, el intelectual cubano concluía sus palabras citando al propio Cardenal: «Habrá más revoluciones. Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo».

Tres días de duelo nacional han sido decretados por el presidente Daniel Ortega para rendirle merecido tributo al poeta redentor, tres veces nominado al Nobel de Literatura, condecorado por el Gobierno de Nicaragua con la máxima Orden de la Liberación Cultural Rubén Darío y la máxima Orden Augusto César Sandino, y galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por la obra de toda su vida, entre un sinnúmero de distinciones y una faena literaria con garantía en la eternidad.

Fuente: GRANMA