Archivo de la etiqueta: LITERATURA VENEZOLANA

UNA MANERA DE SER. FARRUCO SESTO

Mar de Leva

FARRUCO 1

FARRUCO SESTO

FARRUCO 2Tenemos una manera de ser, nosotros, los venezolanos, hombres y mujeres, que sorprende a la gente de otras partes del mundo. Cosas buenas, digo.  Por ejemplo esa universalidad del abrazo, cálido, profundo, verdadero, que lleva el saludo, en su concepto mismo y por supuesto en su práctica, a algo mucho más allá de un gesto ritual o de una formalidad. Con el abrazo revelamos nuestra disposición generosa y abierta hacia cualquiera, hacia la humanidad entera, sin complejos.  Yo he dicho más de una vez que “el abrazo es venezolano”. Porque creo que nos hemos ganado esa distinción.

Otra de las cualidades nuestras, que a veces no es apreciada como se debe por quienes no nos conocen bien, es la de la alegría caribeña, perenne y contagiosa que nos engalana la vida, aun en medio de la adversidad. Y no es una alegría banal, irresponsable, como alguien ha pensado o pudiera pensar.  Es una alegría de vivir, tan enraizada en nosotros que no se diluye con las dificultades.  Una alegría en cierto modo filosófica, como si proviniese de las entrañas del pensamiento,  pero muy natural. Seguramente para sacarle provecho al lado bueno de la existencia y desterrar el lado malo.  O simplemente, en colectivo,  para combatir contra la desgracia que en toda vida es posible, afirmándose al mismo tiempo en la esperanza.

Por estas y otras parecidas cualidades nuestras, de naturaleza sencilla pero profunda, es que yo digo que jamás el enemigo podrá vencernos.   Aunque él trabaja sin descanso para conseguir nuestro desánimo como una pieza indispensable de su perverso plan,  no podrá lograrlo.  Porque somos un pueblo con gran sentido de la dignidad, que de ninguna manera se doblega. Que no va a ceder en su sentido de la vida, ni en su mirada sobre si mismo y sobre el mundo.

¿Por qué traigo estas cosas a colación? Porque estos días nuestro ánimo está de fiesta aun más que de costumbre. Se siente especialmente la alegría. Y es que el sabor de la victoria es muy grato.  Y más cuando esa victoria va en beneficio de todas y de todos. En beneficio de la Patria.

Venga un abrazo, hermano.

Fuente: blog con farruco

EL REINO DEL LENGUAJE. EDMUNDO ARAY

edmundito-1EDMUNDO ARAY

palomares-5
Ramón Palomares

Tiempo de estallidos apocalípticos, y, al mismo tiempo, tiempo de génesis. Los  Sardianos, que buscaron su piedra en el discurso de San Juan,  izaron los años de 1957 y 1958 con el trabajo de calle contra la dictadura, y en el trabajo con la palabra, deslumbrados por ella, por sus infinitas posibilidades de revelación. Algunos salieron de la cárcel para juntarse con el pueblo en el festejo, como para celebrar luego la publicación de Las hogueras más altas, libro de cuentos de Adriano González León,   El Reino, de Ramón Palomares, y la novela Los pequeños seres, de Salvador Garmendia. Todos  –poetas, narradores, críticos y ensayistas en ciernes, pintores– en un solo haz, en una sola banda, en un movimiento de alto vuelo y muchos bares. Volcados, ciertamente, a una revisión de valores, a superar, sin dar cuartel, a los espantajos políticos, culturales, humanísticos y sociales. Sardio, sí, conformó “una generación cuya afinidad de ideas e intereses intelectuales, propició un espacio cultural insistentemente polémico y cuestionador”.

No eran estrechos los navíos, menos para Ramón Palomares, quien llegaba de la “tierra de nubes” y un magnífico  avío en los que asomaban el verso provenzal, la poesía precolombina, la voz andina, la palabra de  silbido interior, parecida a la neblina, a las incandescencia  de los poetas del Siglo de Oro como de la palabra que es verso en la voz de Escuque. Sobre todo con su propio, sorprendente modo del decir, audaz, único, deslumbrante. Ya Palomares se había anunciado con  poemas en la página literaria de El Nacional, estimulado por Mariano Picón Salas y el incontenible Adriano. Y he aquí un acontecimiento soberano: El Reino. Son muy altos los elogios, de encarnadura la crítica. Metido en la grandeza del mundo –escribirá Guillermo Sucre, en agosto de 1958 –, atento a los más puros hallazgos del hombre en la tierra, surge con un ímpetu embriagador y saludable en medio de las monsergas líricas y los remedos épicos de gran parte de la poesía venezolana.  Su idioma poético juega con las más variadas posibilidades, elíptico y directo al mismo tiempo, real y místico; renueva los giros más prosaicos y los prestigia con una gracia y una ternura inusitadas.  Seguir leyendo EL REINO DEL LENGUAJE. EDMUNDO ARAY

DISPARATE. EDMUNDO ARAY

edmundito-4
Edmundo Aray

1

       Mientras menos creo en Dios, más lo necesito. De esta manera corrió su velo el personaje principal de esta historia, quien ha decidido no revelarme su nombre, por ahora, mucho menos su oficio ni un algo de lo que es capaz de hacer para mantener su existencia en las carillas por venir. Vainas del pudor, aunque doy por cierto que no se ruboriza así no más. Es duro de roer. Prefiere que le llame Disparate, para parecerse al mundo –con toda la cacofonía- o, si se quiere, al país, colmado de disparates.

      Es un personaje aparentemente difícil, pero confío en que ustedes como yo terminaremos siendo amigos, a menos que a ustedes como a mí se nos ocurra el disparate de despreciarlo antes de que sepamos cuánto puede hacer en esta vida de palabreos sin ton ni son. (Palabras, palabras, palabras, tal mi país, blá, blá, blá. No es un decir. Acaso nos regrese al pasado de ayer no más. Acaso, como ayer, Simón, ¿trescientos años no bastan?

2

        Dice tener buenas lecturas, desde Jorge Manrique a Miguel, el de Alcalá de Henares, aunque tiende a ser infiel, pues de pronto los abandona por algún autor de poca monta, algunos afortunados versos o algún personaje que hubiera querido con mejor destino.

3

      En el amor pareciera no ser veleidoso. Gusta estos versos de Manrique: “Por fin de los que desea/ mi servir y mi querer/ y firme fe, / consentid que vuestro sea, / pues que vuestro quiero ser/ y lo seré/ y perded toda la duda/ que tomaste contra mí/de ayer acá, / que mi servir no se muda, aunque vos pensáis que sí, /ni mudará. Lo escucho y pienso que Disparate promete con ardor, aunque ello no sea suficiente como para confirmar fidelidad, si acaso terquedad de amor.  Seguir leyendo DISPARATE. EDMUNDO ARAY