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BAJO BOLSONARIO, EL ROCK ES PURO ABORTO, OBRA DE SATANÁS. ERIC NEPOMUCENO

Dante Mantovani, nuevo presidente de la Fundación Nacional de las Artes. 
ERIC NEPOMUCENO

 

ERIC 2‘El rock activa la droga del sexo, que activa la industria del aborto. Y la industria del aborto alimenta una cosa mucho más pesada, que es el satanismo”.

‘En la esfera de la música popular vinieron los Beatles, para combatir el capitalismo e implantar la maravillosa sociedad comunista’.

‘Agentes soviéticos que se infiltraron en la industria fonográfica norteamericana han insertado ciertos elementos en la música para realizar experimentos e ingeniaría social con niños y adolescentes’.

‘La Unesco es una máquina de propaganda en favor de la pedofilia’.

Son conceptos de un director de orquesta llamado Dante Mantovani, quien hasta ahora ostentaba como punto máximo en su carrera haber sido presentador de un programa musical en la emisora ‘Mano de Dios’, en el sur de Brasil. Es también ‘alumno’ del astrólogo auto-nombrado filósofo Olavo de Carvalho, gurú de la familia presidencial.

Bueno: a partir de hoy semejante figura preside la Fundación Nacional de las Artes (Funarte) de la secretaría Especial de Cultura.

‘Libros didácticos (adoptados en las escuelas) están llenos de versos de Caetano Veloso. Y luego no saben por qué hay tantos analfabetos…’.

La frase es una, entre tantas perlas semejantes, de Rafael Nogueira, quien fue nombrado para presidir la Biblioteca Nacional brasileña, una de las siete mayores del mundo.

También ‘alumno’ del inevitable Olavo de Carvalho, Nogueira no tuvo jamás ningún tipo de vínculo con instituciones culturales, y nadie sabe decir qué piensa de literatura, libros o lo que sea.

Al frente de la secretaría de Fomento e Incentivo a la Cultura está Camilo Calandreli, otro discípulo del astrólogo Carvalho, ícono y mentor de parte substancial de la más extrema derecha brasileña que florece bajo el clan Bolsonaro. Será el responsable por fomentar las directrices generales de las leyes de incentivo cultural.

A propósito, él ya declaró en las redes sociales que tales leyes no hacen más que fomentar el ‘marxismo cultural’.

Janicia Silva asume la secretaría de Diversidad Cultural. Conocida como ‘reverenda Jane’, se ignora cualquier trayectoria de semejante figura en medios artísticos y culturales.

¿A los lectores argentinos tales nombres –excepto, por supuesto, Los Beatles y Caetano Veloso  les suenan a nada?

Ningún problema: a los brasileños, también.

Pero fueron cuidadosamente elegidos para liquidar de una vez por todas a un sector de peligrosísimos enemigos de Bolsonaro, por él y su clan fervorosamente odiados: las artes y la cultura de Brasil.

Fuente: PÁGINA 12

IMAGINA QUE NO HAY POSESIONES. ABEL PRIETO

ABEL 1Nixon lo convirtió en el enemigo público número uno de los EE.UU. Lanzó tras Lennon y su esposa Yoko a la jauría del temible Hoover, director del FBI, quien dio indicaciones precisas a sus agentes. Debían escuchar las conversaciones telefónicas del matrimonio, espiarlos día y noche y hasta «plantar» drogas en lugares que frecuentaban para preparar con esta artimaña el escenario de «una redada imprevista».

Los recursos más sucios estaban permitidos para actuar contra ellos. Años después del asesinato de Lennon, se revelaría que el fbi había recopilado más de 280 páginas de archivos acerca del músico, incluidas las letras de sus canciones.

La persecución se intensificó en 1972, ante rumores de una posible gira de Lennon contra la guerra de Vietnam. A Nixon lo angustiaba su influjo sobre alrededor de 11 millones de nuevos votantes (era el primer año en que los jóvenes de 18 años podían votar) e hizo lo imposible para desacreditar y deportar al músico y a su esposa, como demuestra el documental The U.S. vs. John Lennon.

Casi medio siglo más tarde, los herederos de Nixon y de Hoover ultrajan la memoria de Lennon. El concierto «Venezuela Aid Live» del pasado 22 de febrero (uno de los performances mediáticos de la operación para introducir «ayuda humanitaria» en Venezuela y justificar la intervención militar) finalizó con Imagine, interpretada por el colombiano Fonseca. A Almagro, emocionado, se le salieron las lágrimas.

Un periodista escribió: «El ídolo de multitudes y pacifista, el ex-Beatle John Lennon, estuvo presente en el gran concierto que se realizó este viernes en Cúcuta, gracias a la interpretación, al cierre, de su himno de paz mundial». Se equivocó doblemente: por un lado, Lennon ni estuvo ni hubiera estado presente jamás, bajo ninguna circunstancia, en un show donde se concentró tanta mediocridad artística, politiquera y ética, tanta doblez, tanta sumisión al poder del dinero y del imperio; por otro, Imagine es más, muchísimo más, que un «himno de paz mundial».

Lennon defendió la paz, sí, pero no en abstracto; sino como un derecho del pueblo vietnamita y de todas las víctimas de la implacable y violenta represión del sistema. En cuanto a la canción misma, no olvidemos sus versos. «Imagina que no hay posesiones», dice, y nos invita a soñar con un mundo «sin codicia ni hambre», unido en una limpia fraternidad humana, sin fronteras ni guerras ni desigualdades ni odios. Ningún «famoso» con los bolsillos llenos y el alma vacía, ningún alcahuete de los yanquis, ningún politiquero corrupto, puede escucharla sin asustarse. La utopía de Imagine es demasiado radical y avanzada para que la tropa de «Venezuela Aid Live» sea capaz de asimilarla.

Los «famosos» invitaron a Almagro a subir al escenario y, entre una canción y otra, ofendieron al pueblo bolivariano. Fue un espectáculo indigno, cínico, donde se hablaba de «paz» y «altruismo» ante la supuesta «crisis humanitaria» que sufría Venezuela y se agredía al propio tiempo la soberanía del país, su integridad territorial, la autoridad de su gobierno legítimo. Más tarde, como sabemos, se conoció que los camiones cargados de «ayuda humanitaria» traían en realidad equipamiento para «guarimbas».

Hoy el imperio emplea los recursos más sucios contra Venezuela, contra Cuba, contra Nuestra América. Es inaceptable desde todos los puntos de vista que pretendan utilizar ahora a Lennon los representantes de la ultraderecha neofascista, los descendientes legítimos de sus perseguidores. Se trata de un símbolo que nos pertenece. Ni los «famosos» ni sus mecenas podrán apropiárselo.

Fuente: GRANMA

LOS BEATLES. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

los-beatles-1Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidare aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Ángel, donde apenas si teníamos donde sentarnos, había solo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles.

Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres; “Help, I need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es oiseau de malheur, es decir, pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñe, desde entonces, en incluir a los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un critico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a maquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen.
(…)
Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con mas de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quien soy, ni que carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar. Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo dialogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos.

16 de Diciembre de 1980
(Extractado de Notas de prensa 1980–1984)

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