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LO BELLO Y LA BESTIA. MADELEINE SAUTIÉ

Madeleine SautiéMADELEINE SAUTIÉ / GRANMA

«Traigo en mi tapasol –que no puedo dejar ni un solo día porque corro el riesgo de abrasarme en el camino al trabajo– la huella de su creyón de labios y traigo también algunos pisotones en los pies… La señora, que corre mi misma suerte, la de montarse en la primera guagua que pare, es impedida física. No lo supe hasta que unos cuantos golpecitos con el bastón, de esos que hubieran hecho a muchos mirar para atrás y decir tres cosas, me hicieron volverme para ver qué pasaba detrás de mí. La miro y veo en su cara la inseguridad de sus años y pienso en mi madre, que también es mayor, que también coge la primera A-50 que aparece, que viene cargada muchas veces, y con su natural nerviosismo, debe haberle dado no pocos empujones a los otros, que deben tal vez haberse virado y pueden (estoy segura) haberle dicho algo con desazón. Pienso en eso, sonrío, acomodo a la señora lo mejor que puedo, y callo».

Así posteé hace unos días en mi cuenta de Facebook una emoción que aún me dura, una impresión que me remite a la hermosura de los gestos, a la de hacer que prevalezca por sobre el impulso del enfado, la dosis de humanismo que a muchos está faltando, dejando que la irracionalidad se empodere de aquello que nos distingue de las bestias.

Muchas conductas cotidianas que tienen lugar cuando no se consigue echar afuera los demonios interiores, describen actitudes contrarias a la de pensar, observar, medir las palabras antes de soltar lo que una vez dicho, no tiene vuelta atrás.

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ENVEJECER. MADELEINE SAUTIÉ

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MADELEINE SAUTIÉ / GRANMA

Ya lo sabes. Desde que naces estás envejeciendo. Solo que de esa perogrullada vendrás a tomar conciencia cuando las primeras opacidades sombreen tu brillo juvenil con las primeras canas o con esos incipientes surcos que te escribirán en la piel un tiempo cada vez más hondo que no ocultará el más perfecto de tus maquillajes.

Mientras eres niño, los viejos —entre quienes con buena suerte un día estarás— son los otros, y con esa lenta destreza con que te salvan de todos los apuros, se archivan en tus recuerdos como si así hubieran nacido, como si ellos no hubieran sido niños también. Como si en ese ciclo irreversible que es la vida, les hubiera tocado desde siempre el invierno de la edad.

Pronto el mito de la eterna juventud se desvanece y de ello se encarga la propia composición familiar y algún que otro concepto biológico recibido en la escuela, sin embargo, todavía, la ancianidad seguirá siendo en tu conciencia algo tan lejano como temido, muchas veces vista con más prejuicios que con objetiva observación.

El divino tesoro que es sin dudas la juventud no entraña, aunque muchos asuman la actitud holgazana de la cigarra del cuento, una etapa vana que solo sirve para presumir la lisura de la tez. Cada ciclo vital, incluso la niñez, tiene su responsabilidad y la juventud es el terreno propicio para sembrar lo que después necesariamente tendremos que recoger. Hacerte de un oficio o profesión, independizarte económicamente, escoger el terreno, construir el nido, parir la descendencia. Cuando el cultivo se dé y los retoños asomen verdecidos sentirás que tocas el cielo, y podrá seguir pareciéndote que el tiempo se congela y que el camino para el declive no ha empezado aún a recorrerse. No en el acto, pero más rápido de lo que se espera, verás que no sucedió así.  Seguir leyendo ENVEJECER. MADELEINE SAUTIÉ

LOS SIERVOS DEL APLAUSO. MADELEINE SAUTIÉ

Las palabras tienen sus vínculos. Los diccionarios etimológicos guardan con celo los «lazos» lingüísticos indisolubles entre ellas, pero más allá de sus orígenes hay otros parentescos. A veces ni siquiera cercanas son, y sin embargo, distando sus conceptos, se les antojan al que habla y se cuelan en la conversación.

No era precisamente de ella que estábamos hablando cuando se nos «atravesó» en la charla que ahora escribo una que no suena bien y luce peor: la adulonería. Fue suficiente para que quedara a un lado el tema sostenido y con la fusta de quien no la puede admitir le hicimos a cuatro manos un retrato «personalísimo», que cada lector desde su experiencia podrá incrementar.

Teme siempre quien elogia, que es acto sano y cortés, que se le tenga por lisonjero.

Teme porque no es lo mismo, y porque estando tan de moda el «arte» de adular –o mejor dicho, habiéndose ejercido desde siempre–, nadie que sabe bien de sus «simas» quiere para sí tal etiqueta. Apena saber que para unos cuantos la adulonería es un ejercicio cotidiano del que si se tomara conciencia  no pasaría de ser un remoto fósil y  basta asomarnos al mundo para ver que no es así.

La adulonería es una vergüenza de la conducta humana que no sabe de inocencia, calcula cada sílaba exhalada y sabe perfectamente a dónde quiere llegar aunque para ello se vista de fantoche.  Seguir leyendo LOS SIERVOS DEL APLAUSO. MADELEINE SAUTIÉ

UN TRAPICHE DECIMONÓNICO EN EL SIGLO XXI

MADELEINE SAUTIE / GRANMA

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MORELOS, MÉXICO–Un trapiche de tracción animal, que data del siglo XIX y se encuentra en perfecto estado de funcionamiento, quedó inaugurado ayer lunes en el sur de este Estado, a cargo del proyecto Itinerarium, turismo y experiencias culturales, una empresa especializada en turismo cultural que tiene la misión de difundir y promover el patrimonio histórico, artístico y cultural del país por medio de este importante eslabón económico.

Liderado por Roberto Abe Camil, apasionado del arte, la cultura y la historia, quien estudia el modo de emparentar por medio de destinos turístico-culturales a México y Cuba, Itinerarium vivió en la tarde de ayer un verdadero suceso, no solo por el jolgorio en que terminó la inauguración, sino porque el hecho mismo es de por sí una fiesta.

Fabricado en 1884 este trapiche de hierro forjado, denominado El Jicarero, rescata con una yunta de bueyes el proceso artesanal de fabricación de azúcar y sus derivados como guarapo o jugo de caña, piloncillo, meladura y aguardiente, y representa, al decir de su director, el esfuerzo de Itinerarium por preservar y difundir el ritual de la obtención del azúcar por esta legendaria vía. Seguir leyendo UN TRAPICHE DECIMONÓNICO EN EL SIGLO XXI

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES. MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

 

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MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

Aunque así se titula un fabuloso cuento de Cortázar, no es de literatura que hablarán estas líneas. Profundamente entristecida contemplo la realidad actual del parque de mis amores y no encuentro consuelo para tanta destrucción.

Como una joya, por lo cuidado que siempre estuvo, y por el valor que para sus vecinos llegó a tener, podía considerarse el parque de mi comunidad, el que conocí desde niña, ubicado en la barriada de Lawton y llamado comúnmente el parque de la Asunción.

Paso por su lado y no lo reconozco. ¿Dónde está el parque de mi infancia, tan inmenso y colorido, al que como premio por las buenas conductas cotidianas nos llevaban el domingo a jugar? ¿Por qué no hallo la belleza que fue fondo de tantísimas emociones ubicadas no por azar en ese lugar?

Poco o nada queda de lo que fue aquel recinto con “aparatos” que regalaron horas de insuperable gozo a todos los niños del barrio. Poco o nada, no solo por el destrozo visible de columpios y canales, sino por el destino fatal de sus áreas exteriores, de hermosísimos árboles y bancos de madera, entre los que apenas unos pocos sobreviven.

El parque en más de una ocasión ha sido reparado. La vecindad es testigo de restauraciones que han tenido que llevarse a cabo más que por desperfectos propios del uso o el tiempo, por maltratos (que duele llamar simplemente indisciplinas sociales) a sus áreas. Para destruir un banco no siempre el malhechor se esconde. Acciones de lesa indolencia tienen lugar a veces a los ojos de los demás sin que el mal encuentre necesaria resistencia.  Seguir leyendo CONTINUIDAD DE LOS PARQUES. MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

VIEJAS FOTOS. MADELEINE SAUTIÉ

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MADELEINE SAUTIÉ / GRANMA 

La vida nos obliga a veces a tomarnos un descanso. No hablo de las vacaciones, necesarias y merecidas, en las que, aun cuando nos proponemos pasear y realmente distraernos, hallamos también el modo de acomodar un poco más que de costumbre los rincones del hogar. Me refiero a otro alto, cuando la salud nos avisa que debemos resolver algo pendiente o imprevisto, y la casa nos acoge por un tiempo mayor al que le podemos dedicar.

Un reposo inflexible tiene lugar los primeros días. Pero cuando comenzamos a sentirnos mejor, sin descuidar prescripciones, nos disponemos a re­visar gavetas, leer papeles —algunos ya amarillos—  o deshacernos de ob­jetos que dejaron de tener para no­sotros el valor que tuvieron cuando decidimos conservarlos. Entre las co­sas que con más celo guardamos es­tán las fotos, esos pequeños recuadros donde floreció una etapa lejana, o donde tendrán vida eterna algunos que ya no están.

Juntas en un álbum o en algún cajón, se hermanan en su condición de instantáneas de un tiempo distante, para decirnos que todo lo que ellas revelan fue tal como lo estamos viendo. Años, lustros y décadas “salpican” con efecto de cascada el presente y no pueden menos que llenarnos de nostálgica emoción.

Por nada del mundo volveremos a hacernos aquel peinado que vemos hoy tan desentonado, ni nos vestiremos, sin justificarnos con la moda común de entonces, con aquellas pren­das que ya no se usan. Ni hablar de repetir desacertados modismos pa­ra hacernos un retrato al estilo en que lo hicimos en nuestros quince o hasta más entrados en edad.  Seguir leyendo VIEJAS FOTOS. MADELEINE SAUTIÉ

HABLAR O LEER EN PÚBLICO, DOS COSAS BIEN DISTINTAS. MADELEINE SAUTIÉ

La vida cotidiana tiene mucho de estas experiencias, reiteradas a fuerza de estar integrados a organizaciones, proyectos laborales o de superación, sin contar el escenario escolar al que todo cubano tiene acceso y en el que son naturales incontables exposiciones.

La existencia de espacios donde hay que hablar en púbico es por tanto parte de la vida, y puesto que todo lo que está destinado a los demás debe ser cuidadosamente examinado, oportuna sería la revisión del modo en que nos dirigimos a otros cuando el orden previo avisa y somos conscientes de que tendremos que hacerlo.

Los contenidos que integran la oratoria aceptan que el discurso puede hacerse oral o escrito, por lo que la previa redacción de lo que otros habrán de escuchar puede, válidamente, elaborarse. Para eso, incluso, hay pasos, formas establecidas y recomendaciones, sobre todo, cuando se trata de un mensaje que busca enardecer los ánimos. Para los entendidos, estructuras y entradas  pueden escogerse ajustándose al gusto y estilo del orador, que gana mañas en el arte de hilvanar las ideas fundamentales que deberá compartir.  Seguir leyendo HABLAR O LEER EN PÚBLICO, DOS COSAS BIEN DISTINTAS. MADELEINE SAUTIÉ