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EL DOLOR SOCIAL, ARMA POLÍTICA DEL CAPITALISMO DIGITAL. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Vivimos en una sociedad enferma. Las manifestaciones son muchas. El uso de antidepresivos, ansiolíticos, y los derivados del opio muestran un comportamiento poco habitual. La crisis de la oxicodona en Estados Unidos ha convertido el dolor en un negocio para los laboratorios farmacéuticos. Asimismo, se ha transformado en una epidemia a la cual se unen conductas autolíticas. Autolesionarse resulta una vía de escape para millones de personas en el mundo. El temor al fracaso es una de sus causas más comunes. Los jóvenes y adolescentes se encuentran entre la población más vulnerable. Infringirse daño se transforma en un modo de sentirse libre, de romper ataduras.

No son los dolores del cuerpo los que provocan el deseo de autolesionarse. Por el contrario, son los dolores sociales, aquellos dependientes de las estructuras de explotación, dominio y desigualdad. La pérdida de confianza y la soledad actúan como catalizadores de un dolor cuya forma de combatirlo consiste en violentar el propio cuerpo. La depresión, la neurosis o el trastorno límite de la personalidad, caracterizado por la forma en la cual la persona se piensa y siente en relación consigo misma y los demás, son síntomas de una realidad propia del siglo XXI y el capitalismo digital.

Richard Wilkinson y Kate Pickett, en su ensayo Igualdad, cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, alertan: En Gran Bretaña, 22 por ciento de los adolescentes de 15 años se han hecho daño a sí mismos al menos una vez, y 43 por ciento de ese grupo afirmaron hacerse daño una vez al mes. En Australia, un estudio con adolescentes señala que 2 millones de jóvenes se autolesionan alguna vez a lo largo de su vida. En Estados Unidos y Canadá, los datos apuntan a que entre 13 y 24 por ciento de los escolares se lesionan voluntariamente y niños de sólo siete años se hacen cortes, se arañan, se queman, se arrancan el pelo, se provocan heridas y se rompen huesos deliberadamente.

Estas conductas hunden sus raíces en un cambio en la manera de percibir el dolor. “Cuesta imaginar que la angustia mental pueda convertir la vida en una experiencia tan dolorosa que el dolor físico resulte liberador y proporcione una sensación de control (…), pero son muchos los niños, jóvenes y adultos que afirman lesionarse al sentir vergüenza, autoexigirse o creer que no están a la altura”.

El dolor se construye y se articula. Así, entramos en otra dimensión en la cual las conductas hacia el dolor se pueden inducir y recrear. Según el coronel estadunidense Richard Szafranski, “se trata de influir en la conciencia, las percepciones y la voluntad del individuo, entrar en el sistema neocortical (…) de paralizar el ciclo de la observación, de la orientación, de la decisión y de la acción. En suma, de anular la capacidad de comprender”.

Miedo y dolor, una combinación perfecta. El miedo se orienta hacia objetivos políticos. Sus reclamos pueden ser el desempleo, la inseguridad, el hambre, la exclusión o la pobreza. En este contexto, el dolor entra con fuerza en la articulación de la vida cotidiana, muta en un mecanismo de control. Y aquí el concepto se extravía.

William Davies, en su estudio Estados nerviosos, cómo las emociones se han adueñado de la sociedad, subraya: “Hasta la segunda mitad del siglo XX, la capacidad del cuerpo para experimentar el dolor por lo general se consideraba una señal de salud y no como algo que debía ser alterado empleando analgésicos y anestésicos (…). El paciente que simplemente pide ‘termine con el dolor’ o ‘hágame feliz’ no está exigiendo una explicación, sino el mero cese del padecimiento (…). La frontera que separa el interior del cuerpo comienza a ser menos clara (…). En esencia, despoja el sufrimiento de cualquier sentido o contexto más amplio. Coloca el dolor en una posición de fenómeno irrelevante y por completo personal”.

El dolor social, el padecimiento colectivo, la conciencia del sufrimiento, se desvanece en una experiencia imposible de ser comunicada. Pierde toda su fuerza. Ser feliz, eliminar el dolor o derivarlo hacia una vivencia personal, desactiva la crítica social y política, uniéndose a conductas antisistémicas.

Pero al mismo tiempo, el dolor se instrumentaliza. En este contexto, es un arma eficaz. Se busca crear dolor, potenciar sus efectos en las personas. Hacer que forme parte de una conducta flexible y sumisa, donde el dolor paraliza. En este sentido, la construcción de conductas asentadas en el manejo del dolor se ve favorecida por el desarrollo del Big Data y la interconexión de dispositivos capaces de penetrar en lo más profundo de la mente-cerebro. La realidad aumentada bajo la inteligencia artificial posibilita expandir el mundo del dolor en todas las direcciones. El llamado Internet de las cosas se convierte en una fuente inagotable de emociones y sentimientos, forjando estados de ánimo capaces de doblegar la voluntad bajo el control político del dolor social. Y lo más preocupante, está en manos de empresas privadas.

Fuente: LA JORNADA

LAS LUCHAS POR LA DIGNIDAD HUMANA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Toussaint Louverture

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Lo conseguido por las clases explotadas está precedido del sacrificio consciente de miles de vidas. No importa si ha sido bajo las balas, en campos de concentración, cárceles o la tortura. La dignidad ha sido el referente. Valentía, integridad, defensa del bien común y esfuerzo. Peter Bieri, en su ensayo La dignidad humana, subraya: “No carece de dignidad aquel que fracasa en la autonomía porque le falta la visión de conjunto del pensamiento y tropieza. Uno puede equivocar el camino y perderse; puede estar demasiado exigido. Esto no entierra la dignidad. Se pierde solo cuando se pierde de vista la autonomía como criterio, o falta desde el principio. No es indigno el esfuerzo fracasado, sino el esfuerzo ausente”.

Muchas han sido las batallas por la dig­ni­dad. Pocos recuerdan que el derecho de huelga y mejora en las condiciones de trabajo viene precedido de represión, matanzas, despidos y muertes. Su práctica, no ha sido concesión de los empresarios, quienes ejercen la violencia para criminalizar su ejercicio. Sirva de ejemplo la huelga en el Egipto faraónico mientras gobernaba Ramsés III; corría el año 1152 antes de nuestra era. Los artesanos empleados en el Valle de los Reyes denunciaron corrupción, castigos e impago de salarios. Eran escultores, pintores, escribas y albañiles. Así se manifestaron: “tenemos hambre, han pasado 18 días de este mes, hemos venido aquí empujados por el hambre y la sed; no tenemos vestidos, ni grasas, ni pescado, ni legumbres”. Ocuparon templos, hicieron sentadas, construyeron una plataforma reivindicativa y triunfaron. Igualmente, la lucha de los esclavos por su libertad, está llena de heroísmo y dignidad. Una en particular ha pasado a la historia, la de Espartaco, quien juró nunca volver a servir a Roma. Huyó con menos de 200 compañeros y forjó un ejército de 60 mil combatientes. Ganó batallas como Vesubio; luego vino la derrota. Sin embargo, el miedo de la plutocracia obligó a mejorar las condiciones de vida de los esclavos. Su cadáver nunca fue hallado. La historia fue relatada por Howard Fast, quien en 1951 editó su novela con fondos propios. En Haití, la rebelión de los esclavos fue el inicio del movimiento emancipador en América Latina (AL). Toussaint Louverture o Jean Jaques Dessalines fueron sus líderes. Las luchas por los derechos civiles de la población afroestadunidense o contra el apartheid en Sudáfrica están asociadas a Martin Luther King y Mandela. En Nicaragua, el general de hombres libres Augusto César Sandino se enfrentó a la invasión estadunidense. Sin olvidar las luchas feministas en AL que recuerdan a Micaela Bastidas, en Perú, estratega de la rebelión de Túpac Amaru; Juana Azurduy, hoy reconocida como generala de los ejércitos libertadores; la mexicana Elena Arizmendi, presidenta de la primera Liga Internacional de Mujeres latinoamericanas en 1920, y qué decir de la ecuatoriana Matilde Hidalgo, quien luchó por el derecho al voto de las mujeres. En el siglo XX, la chilena Gabriela Mistral, la cubana Haydée Santamaría, las madres de la Plaza de Mayo, la comandanta Ramona del EZLN y la literata chilena Mónica Echeverría, cuya lucha contra la dictadura es digna de ser reseñada.

En este siglo las luchas por la dignidad persisten. Las justas, aquellas inevitables que tienen en el horizonte los derechos humanos, la justicia social, la igualdad, denunciar el machismo y el patriarcado. Todas, sin excepción, beben de quienes han regado el camino de la dignidad, parafraseando el poema de Violeta Parra dedicado al militante comunista español Julián Grimau, fusilado por el franquismo en 1963.

La dignidad entendida como decisión de actuar. La dignidad como manera de entender la vida. ¿Acaso no es este el mensaje del EZLN? “Hablamos con nosotros mismos, miramos hacia dentro y miramos nuestra historia […] vimos que no todo nos había sido quitado, que teníamos lo más valioso, lo que nos hace vivir, lo que hacía que nuestro paso se levantara sobre plantas y animales…, y vimos hermanos, que era dignidad todo lo que teníamos y vimos que era grande la vergüenza de haberla olvidado, y vimos que era buena la dignidad, para que los hombres fueran otra vez hombres.” Lo poco y nada que se ha ganado, que en perspectiva es mucho, está sembrado de dignidad, de la cual carecen las plutocracias, indignas y cobardes. Matan y asesinan.

Asistimos a las batallas contra los megaproyectos, contra el neoliberalismo. Son luchas por la dignidad. Hoy se cobra la vida de dirigentes sindicales, como Berta Cáceres, en Honduras, el militante zapatista José Luis Solís López, Galeano, en Chiapas, Camilo Catrilanca o Matías Catrileo Quezada, miembros del pueblo mapuche. Periodistas que destapan la corrupción son acribillados a balazos, maestros, campesinos, estudiantes, jóvenes de nuestra América, riegan con su esfuerzo, valentía y sangre, el camino de la dignidad. Mientras, las trasnacionales y los gobiernos cipayos crean y financian la acción de grupos paramilitares, militarizan y mandan a las fuerzas armadas que disciplinadas asesinan en nombre del poder y del dinero. Sin embargo, no han logrado su objetivo: humillar, denigrar y destruir la lucha por la dignidad y una vida plena.

Fuente: LA JORNADA

EL DESMANTELAMIENTO DE LA DEMOCRACIA Y CIUDADANÍA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

DOMINIO PÚBLICO

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Desde los años setenta del siglo XX, se está produciendo un ataque concéntrico a la democracia. Su objetivo, romper la ciudadanía mediante la despolitización de los procesos de toma de decisiones y la desideologización de la gestión pública.  El primer envite recayó en la bautizada Internacional del capitalismo allá por el año 1973. La Trilateral. En su interior, se dan cita empresas trasnacionales, banqueros, políticos liberales, conservadores o socialdemócratas, de Japón, Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá. Su objetivo refundar el capitalismo y realizar una crítica de fondo al concepto de la democracia acuñada por el keynesianismo.

La Trilateral, fue el buque insignia desde la cual se lanzaron las directrices para encarar las reformas neoliberales. Así se inició el desmontaje de los acuerdos nacidos tras la segunda guerra mundial para enfrentar la pobreza, el subdesarrollo, el hambre y la injusticia social. La carta de los derechos humanos, 1948, había sido el referente. El acceso a la vivienda, la salud, la seguridad social, la educación, condición sine qua non para construir una democracia representativa, a la par que un como proyecto de sociedad incluyente, fue cuestionada. El capitalismo con rostro humano perdía fuerza.

A inicios de los años setenta, con la primera crisis el petróleo, se dudó del sentido y los principios sobre los cuales se definía la democracia. La trilateral introdujo un argumento espurio. La extensión de los derechos democráticos ponía en riesgo la propia democracia y con ello el capitalismo. La ampliación de la ciudadanía, dirán, hace ingobernable la democracia. Si los ciudadanos exigen un aumento del gasto social, subidas salariales, jubilaciones dignas, es imposible que el capitalismo subsista a largo plazo. Hay que actuar de forma rápida y quirúrgicamente. Limitar las libertades y redefinir la democracia. Da igual el color del gobierno, socialdemócrata, liberal, conservador o democristiano. Hubo coincidencia. Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Felipe González, Miguel de la Madrid, Alan García, o el tirano Augusto Pinochet, todos coincidían. La democracia era un problema. Abrir las fronteras, flexibilizar el mercado laboral, quitar barreras arancelarias, y construir una economía de mercado eran los nuevos retos. Fueron la reforma del Estado y el proceso de gobernabilidad los pilares sobre los cuales comenzó el desmontaje de los derechos de ciudadanía y la jibarización de la democracia.  En 1979, el hoy ex director de El País, Joaquín Estefanía, publicó su ensayo La Trilateral, internacional del capitalismo. El poder de la trilateral en España. En el interior aparece el nuevo significado de la democracia trilateral como: “una profundización e impulso a la internacionalización del capital (…) y una defensa de las democracias autoritarias, o lo que Poulantzas ha denominado ‘estatismo autoritario’, consistente en el recorte de las libertades primarias dentro de un legitimador Estado de derecho”.

Ha trascurrido medio siglo y las democracias restringidas, protegidas u ordenadas se han expandido en el mundo de la mano de las políticas neoliberales y la reforma del Estado. Privatizar, desregular y descentralizar, han sido los argumentos para destruir la ciudadanía. Lentamente se han perdido derechos democráticos.  La inversión pública tiene topes constitucionales, la sanidad, la educación, la vivienda son trasformados en negocios rentables para fondos de riesgos. Igualmente los trabajadores han visto disminuir los salarios, criminalizar sus organizaciones sindicales, cuando no ver crecer contratos basura y el despido libre. Las desigualdades, la pobreza y el desempleo, se han cronificado. Se procedió a rematar y desmantelar el sector público, llevando a miles de ciudadanos a la indigencia, aumentando el número de pobres, junto a los suicidios por depresión.

La primera revolución neoliberal consiguió su objetivo, reformar el Estado y desarticular la democracia como una forma de vida, la redujo a una técnica procedimental. La democracia son, ahora, simplemente reglas del juego, un modelo normativo, un cascaron vacío.  Democracias sin demócratas y ciudadanos sin ciudadanía. De esta guisa emerge una definición de mínimos, los ciudadanos mutan en consumidores. Von Mises, teórico, junto a Hayek, exponente del liberalismo y la economía de mercado, aclara en La mentalidad anticapitalista, que debemos entender por democracia: “la democracia de mercado se desentiende del ‘verdadero mérito, de la íntima santidad, de la personal moralidad, de la justicia ‘absoluta’. Prosperan a la palestra mercantil, libre de trabas administrativas, quienes se preocupan y consiguen proporcionar a sus semejantes lo que éstos, en cada momento, con mayor apremio desean. Los consumidores, por su parte, se atienen exclusivamente a sus propias necesidades, apetencias y caprichos. Esa es la ley de la democracia capitalista. Los consumidores son soberanos y exigen ser complacidos”.

Hayek, por su parte, en un artículo publicado en 1976, ¿A dónde va la democracia? , señala cómo su significado ha degenerado y se ha vuelto un problema para las elites gobernantes: “democracia, un método saludable para llegar a tomar decisiones políticas (…) se ha convertido en pretexto para imponer fines sustancialmente igualitarios” Una democracia de mercado, no debe verse influenciada por decisiones éticas, ni valores igualitarios. Para Hayek, la justicia social o las políticas destinadas a favorecer a los sectores más vulnerables y desprotegidos son distorsionan las leyes del mercado y no forman parte de la democracia capitalista.

La democracia ha dejado de ser una práctica política, una forma plural de control y ejercicio del poder, mediado por el bien común y el interés general. Hace ya décadas, el mandar obedeciendo del sentir democrático se ha extraviado. Ya no es un proyecto de vida, de ciudadanía, de dignidad, de compromiso ético, de responsabilidad colectiva. Si hablamos de democracia, al decir de Pablo González Casanova, deberíamos preguntarnos qué tal andamos de participación, de representación, de mediación, de negociación y de coacción. La democracia no puede ser un método, una forma sin contenido.  Es un proyecto vital de ciudadanía, posee una dimensión social, de género, cultural, étnica y política. Es un acto de responsabilidad, su ejercicio tiene consecuencias.  Hoy, sufre un proceso de involución. La pandemia deja al descubierto los múltiples rostros de la injusticia social, la pérdida de derechos. En definitiva, hoy morirse de hambre se ha convertido en un hecho auténticamente democrático.

Fuente: PÚBLICO

PABLO GONZÁLEZ CASANOVA, UNA MILITANCIA POR LA VIDA DIGNA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Si algo caracteriza a Pablo Gonzalez Casanova es la coherencia. Una vida donde el amor y la lucha se entrecruzan. Amor para vivir la vida en plenitud y luchar por hacerlo posible. Sin esa capacidad de amar, su obra no tendría sentido. Pero no hablamos del amor como prédica moralizante: sólo estamos destacando el hecho de que biológicamente, sin amor, sin aceptación del otro, no hay fenómeno social, y que si aun así se convive, se vive hipócritamente la indiferencia o la activa negación. Así lo expresan los neurobiólogos Francisco Varela y Humberto Maturana.

Pablo Gonzalez Casanova no vive en la hipocresía, ni en el engaño, por el contrario, lo denuncia con fuerza. Desentraña las lógicas del poder, explica su funcionamiento, descubre sus debilidades. Llama a las cosas por su nombre. Es la lucha por la libertad, la justicia, la democracia y la igualdad, pero sobre todo la lucha contra la explotación del hombre por el hombre, del hombre hacia la naturaleza, del hombre sobre la mujer, de la sociedad de clases y castas contra los pueblos originarios, lo que guía su trabajo. Son los valores del humanismo lo que da sentido a su praxis teórica y política. Su obra es un alegato contra la violencia estructural del capitalismo en todas sus forma, entre otras el colonialismo interno.

Pablo González Casanova no rehúye el debate, lo alienta, lo desarrolla. Realiza propuestas y las pone sobre la mesa. Abre las ciencias sociales a un conocimiento emancipador. Su reflexión tiene la pausa del sabio, de quien no se deja llevar por las modas académicas. Ante la adversidad responde con ideas, no con insultos. Sus silencios hablan. Une pensar y actuar, en sus análisis no hay dobleces. Así lo subraya en su obra Las Nuevas Ciencias y las Humanidades. De la academia a la políticala victoria de los seres humanos es posible como lo es luchar por ella con toda la herencia del pensamiento crítico y del pensamiento tecnocientífico, a sabiendas de que no habrá soluciones sin contradicciones, ni contradicciones sin negociaciones, ni luchas que enfrenten a la democracia, la liberación y el socialismo en combinarlas y articularlas con prioridades, énfasis y adaptaciones que los tiempos y las fuerzas exijan. Unos darán más importancia a un objetivo, otros a otro, pero todos en uniones crecientes y no necesariamente lineales, de ciudadanos, trabajadores y pueblos. Las dificultades de concebir y construir una alternativa al mundo actual no se resuelven con categorías simples ni disyuntivas maniqueas.

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ELECCIONES EN ECUADOR, UNA PUERTA A LA ESPERANZA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

¿Cómo fue posible? Esa pregunta rondó la mente de muchos latinoamericanos que habían visto en Lenin Moreno, el mejor defensor de las políticas del Buen Vivir implementadas durante los gobiernos del presidente Rafael Correa. A la sazón había sido su vicepresidente. Sin embargo, su rol ha sido destruir, reprimir, privatizar, mentir y retrotraer a Ecuador a los tiempos de oscuridad donde la persecución política se adueña de la vida pública. Son tiempos de pandemia, de crisis, donde su gobierno ha dejado tirado al pueblo. Miles, han sido los ecuatorianos que han pagado con su vida la falta de respiradores, de profesionales de la salud y camas de hospital. El negocio con las mascarillas y antivíricos ha descubierto la trama en la cual está implicado el empresario y banquero, a la sazón candidato de la derecha, Guillermo Lasso. Un gobierno, el de Lenin Moreno, que dilapidó en cuatro años, el esfuerzo realizado en una década. Su mandato ha sido una carrera de despropósitos. Utilización del poder judicial para inhabilitar a sus adversarios, campañas de desprestigio, detenciones ilegales, descalificación política y entrega del país al capital foráneo , junto a los prestamos draconianos del FMI y el Banco Mundial que han desvalijado las arcas del Banco Central, hoy en vías de privatización. Lenin Moreno, será recordado por su traición al proyecto emancipador latinoamericano. Su nombre engrosará la historia de la infamia.

Pero hagamos memoria, hasta su llegada, en 2017, trascurrieron diez años del triunfo de Rafael Correa. En 2007, se abrió un proceso constituyente, y un año más tarde se aprobó una de las constituciones más democráticas de América latina bajo el principio del Sumak Kawsay. El buen vivir dio legitimidad al proyecto de ciudadanía activa.  La defensa de la soberanía nacional, bajo el ideario de los libertadores, facilitó la emergencia de un proceso de integración latinoamericana para fortalecer la región frente al imperialismo norteamericano. Nacen los proyectos de UNASUR, el Banco del Sur, ALBA, CELAC o TeleSur.

La injusticia social y el racismo criollo habían sido las señas de identidad de una plutocracia sumisa al capital trasnacional. En este contexto, Rafael Correa recibiría un país donde cientos de miles los ecuatorianos habían emigrado buscando una salida a la miseria, y a la mezquindad de sus elites, cuyas obscenas ganancias y sobre explotación profundizaron la desigualdad social y los niveles de concentración del ingreso. Gobiernos corruptos gobernaban como si el país fuese de su propiedad. Baste recordar a Jamil Mahuad, Abdala Bucaram o Lucio Gutiérrez, todos vinculados con desfalcos, evasión de capitales y malversación de caudales públicos. Habían sido décadas en las cuales las huelgas, las reivindicaciones del movimiento popular acababan con decenas de muertos en las calles. Estados Unidos controlaba las finanzas. La dolarización de la economía fue la puntilla.

El triunfo de Rafael Correa en 2007, y la revolución ciudadana, puso en la agenda la necesidad de potenciar la soberanía alimentaria, de construcción de una economía solidaria, de un plan para la inclusión social, junto a un proceso de planificación endógeno de desarrollo. El programa desató la ira de la plutocracia. Atentados, desestabilización e intento de magnicidio. Era el momento de forjar un proyecto de ciudadanía activa y   enfrentar nuevos retos. 

La lucha contra el cambio climático, la defensa de la naturaleza y el reconocimiento de los derechos de pueblos originarios sobre sus territorios, se tornaron en los ejes del programa de cambio social.  Asimismo, se implementaron políticas educativas, culturales y una propuesta pedagógica con el objetivo de potenciar la memoria colectiva forjadora de identidad del pueblo ecuatoriano. Fueron instantes donde primó la ética del compromiso y la responsabilidad social. Lenin Moreno destruyo ese sueño.

Ahora el pueblo ecuatoriano es llamado a las urnas. Una nueva candidatura, heredera de los gobiernos populares de Rafael Correa ha entrado en liza y se convierte en la opción que más apoyo está acaparando entre los 11 millones de ecuatorianos que el domingo 7 de febrero deben acudir a las urnas. Diversas empresas encuestadoras como: Elector Ecuador; América electoral; Atlas Intel; Comunicaliza; Ecuasondeos; Perfiles de Opinión o Clima Social, dan como ganador, con un porcentaje medio del 37,4% a la candidatura Unión Por la Esperanza, heredera de la Revolución Ciudadana encabezada por Andrés Arauz y Carlos Rabascall, frente a la del empresario y banquero Guillermo Lasso, del movimiento “Creando oportunidades”, que alcanza el 24,3%. En esta dinámica, y un tercer candidato, representante del movimiento indígena Pachakuti, Carlos Pérez, cuya organización apoyó el golpe de Estado contra el presidente Correa, le otorgan un 15,1% de los votos. El resto de candidatos hasta un total de 16, representarían entre todos un resto equivalente al 23,2%. Además, el 7 de febrero se eligen los 137 miembros de la Asamblea Nacional.

Aunque las encuestas consideran posible un triunfo en primera vuelta a la candidatura popular Unión Por la Esperanza, la derecha latinoamericana busca evitar el triunfo, y de esa manera forzar una segunda vuelta donde se ven ganadores. Para lograrlo han movilizado todos sus recursos, humanos y financieros.  Así, el Instituto Interamericano para la Democracia, cuyo Presidente, el cubano-norteamericano Tomás Regalado, ex alcalde republicano de Miami y su director, el boliviano Carlos Sánchez Berzaín, exministro de presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, acusado de crímenes de lesa humanidad, reúnen a periodistas, políticos y comunicadores para diseñar y divulgar la producción de falsas noticias contra la Arauz, Rabascall y los candidatos a la Asamblea Nacional, en esta última semana. Entre los asistentes ecuatorianos, nombres como Pablo Lucio Paredes, Patricia Estupiñán de Burbano, María Fernanda Egas y Oswaldo Hurtado, ex presidente que aglutina a un sector de empresarios de extrema derecha y a la democracia cristiana. En esta trama, Lenin Moreno y el Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, dan su visto bueno, aprovechando una reunión de la organización el 27 de enero en Washington. Tampoco puede pasar desapercibido el contacto de Lenin Moreno con Juan González, director Senior para el hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU.  Todo para desestabilizar y evitar el triunfo en primera vuelta de Arauz.

En este campo de condiciones, la candidatura, UNIÓN POR LA ESPERANZA, Arauz y Rabascall, han sabido recuperar la ilusión, haciendo suyos los valores que estuvieron presentes en la Constitución de Montecristi, aprobada en 2008.  Andrés Arauz Galarza   y Carlos Rabascall condensan las políticas del Buen Vivir como parte del proyecto de construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática, donde la dignidad humana se levanta como centro del quehacer político. No debemos olvidar que Arauz destacó como ministro coordinador de Conocimiento y Talento Humano, y en la cartera de Cultura y Patrimonio durante el gobierno de Rafael Correa, defendiendo la soberanía del conocimiento como escudo contra la colonialidad del saber. Por su parte, Carlos Rabascall, ha sido miembro del Frente de Trasparencia y Lucha contra la corrupción, destacando por su honestidad y compromiso. Una dupla cuyo compromiso abren la puerta a la esperanza. Su triunfo será el triunfo de la dignidad y de un nuevo momento democrático en Ecuador. La derecha buscara, por todos los medios evitarlo. En Ecuador se juega parte del futuro de América latina.

Fuente: DIARIO 16

PASADO Y FUTURO DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN AMÉRICA LATINA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

De la serie Habaneando, de Sándor González

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

La reflexión es pertinente. Desde hace algún tiempo, se viene planteando el problema del relevo generacional en el pensamiento social latinoamericano. Las grandes líneas que se marcaron en las décadas de los 50 y 60 fueron un punto de inflexión en el devenir de las ciencias sociales de la región. La institucionalización en planes y programas de estudios facilitó la creación de las facultades de ciencias sociales. En 1957 ve luz la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Su existencia permitió trabajar América Latina globalmente. Con sede en Santiago de Chile, constituyó un llamado para los jóvenes egresados de toda la región. En su seno, crecen las primeras generaciones de científicos sociales, que más tarde tendrían un peso destacado en el desarrollo de la sociología, la ciencia política o las relaciones internaciones en la región. Entre los primeros graduados de sus escuelas de Sociología y Ciencia Política, podemos mencionar a Orlandina de Oliveira, Aníbal Quijano, Humberto Muñoz, José Miguel Insulza, Teresita de Barbieri o Edelberto Torres Rivas. La lista es larga. Entre sus profesores destacaban Alain Touraine, Gino Germani, Florestán Fernández, Joan Garcés, Víctor Urquidi, Enzo Faletto, René Zabaleta Mercado y Rodolfo Stavenhagen. Las promociones graduadas entre 1957 y 1973 constituyen la llamada Flacso clásica. Rica en debates, el golpe de Estado en Chile el 11 de septiembre de 1973 supuso una diáspora, un cambio en los planes y programas de estudios y nuevas sedes.

Por otro lado, la mayoría de los titulados emigraban de la región para obtener sus doctorados. Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Canadá o Estados Unidos eran anfitriones. Sus universidades recibían alumnos de Chile, México, Brasil, Ecuador, Argentina o Centroamérica. Nombres como Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos, Bania Bambirra, Suzy Castor, Gerard Pierre Charles, Daniel Camacho, John Saxe-Fernández, Agustín Cueva, José Arico, Ricardo Lagos, Bolívar Echeverría, Octavio Ianni o Pablo González Casanova obtienen doctorados en La Sorbona, Milán, Florencia, Harvard, Cambridge, Oxford. Su retorno les vinculó a tareas administrativas y docentes en las nacientes facultades de ciencias políticas y sociología.

A la luz de la revolución cubana, surgen debates. La caracterización de las sociedades latinoamericanas, el rol de las vanguardias, la descripción de las estructuras sociales y de poder, la teoría de la dependencia, la sociología de la explotación, el colonialismo interno o el carácter del imperialismo. El cuadro se completaba con los estudios de la evolución de la población desarrollados desde Celade bajo la dirección de Carmen Miró.

En el territorio del pensamiento económico, la emergencia de la Cepal, bajo la batuta de Raúl Prebisch, en 1949, supuso un avance de proporciones inéditas. Fueron tiempos fructíferos. Estaba todo por hacer. Un debate latinoamericano recreaba las teorías marxistas, presentaba la escuela de Frankfurt o debatía sobre la sociología comprensiva de Max Weber. Adorno, Marcuse, Fromm, Parsons, Raymond Aron, eran lectura obligadas, junto a los clásicos latinoamericanos. Las lecturas de Mannheim, Parsons, Marx o Keynes se antojaban también imprescindibles.

En este contexto, la Cepal crea Ilpes en 1962, el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social; su objetivo, favorecer la formación de cuadros para la administración pública. En su dirección un republicano, exiliado español, cuyo trabajo había sido seminal en Flacso, José Medina Echavarría. En España trabajó con Ortega y Gasset. Traductor de obras como Ideología y Utopía, de Karl Mannheim o Economía y Sociedad, de Max Weber. Su texto Las consideraciones sociales del desarrollo económico en América Latina abre el debate de la sociología del desarrollo. Ilpes se transformó en un tanque de pensamiento. En su seno, varias generaciones de economistas y científicos sociales. Celso Furtado, Pedro Vuskovic, Aldo Ferrer, Osvaldo Sunkel, Aníbal Pinto, García D’Acuña, Miguel Wionczek, Max Nolff, Marcos Kaplan, Enrique Oteiza, Helio Jaguaribe o Ricardo Fajnzyber. La revista Trimestre Económico fundada por Daniel Cosío Villegas y más tarde editada por el FCE, se hizo eco de los debates. En sus páginas se hallan todos los grandes debates del pensamiento socioeconómico latinoamericano.

Este año, en medio de una pandemia, he sido invitado y he asistido como alumno a seminarios virtuales. La experiencia ha sido enriquecedora. Así, en el 60 aniversario del CELA, UNAM, México, reunión internacional, coordinada por su director Nayar López Castellanos, hubo intervenciones de jóvenes, cuyos trabajos y presencia se multiplicó durante el acto. También, tuve la suerte de participar en los encuentros virtuales de los grupos de trabajo de Clacso. Allí disfruté con sus ponencias. Rigor conceptual y conocimiento del pensamiento latinoamericano. Aprendí y me sentí reconfortado en los debates. Tenemos motivos más que suficientes para el optimismo. El pensamiento crítico latinoamericano está en buenas manos y goza de muy buena salud. Quienes somos sexagenarios y en ocasiones nos invade el pesimismo, debemos dar un paso adelante, potenciar el relevo, apoyar a las nuevas promociones de científicos sociales latinoamericanos, cuyo trabajo es brillante.

Fuente: LA JORNADA

BOLIVIA, EL PRINCIPIO DE ESPERANZA: REVERTIR UN GOLPE DE ESTADO. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN


No pocos son los incrédulos. Tras el golpe de Estado que derrocó al

gobierno constitucional de Evo Morales en 2019 se impuso un gobierno de facto. Las fuerzas armadas, los partidos tradicionales, en definitiva, la derecha en su conjunto, actuó al unísono. Bajo la acusación de fraude electoral, tomaron el poder. Avalados por la OEA, refrendados por Estados Unidos y sus aliados europeos, se decidió que el gobierno era ilegítimo. El presidente, vicepresidente y una parte del gabinete abandonaron el país, emprendiendo el penoso camino del exilio. Atrás dejaban logros en vivienda, salud, educación, cultura, género, nacionalizaciones, protección de los recursos naturales y riquezas básicas. Por primera vez en su historia se había elaborado una Constitución capaz de redefinir la nación. En ella, se reconocía una forma de Estado plurinacional y multiétnico. Pero el golpe de Estado parecía retrotraer el país a los tiempos de oscuridad. Las primeras noticias eran desalentadoras. Represión, detenciones y asalto a las casas de los dirigentes del MAS. Asimismo, el movimiento obrero, las organizaciones sindicales, los cargos públicos, alcaldes, concejales eran objeto de linchamientos, acompañados con el odio de una clase dominante cuyo rencor se hizo patente al ejercer una violencia inusitada contra todo aquello que se le antojó olía a democracia participativa y socialismo. Las fuerzas armadas se posesionaron junto a la plutocracia. En política exterior, los cambios se notaron de inmediato. Asalto a la embajada de Venezuela, expulsión de los médicos cubanos y la mano tendida a los gobiernos de Bolsonaro, en Brasil; Lenín Moreno, en Ecuador, o Iván Duque, en Colombia. De entrada se renunció a todo cuanto podía ser identificado como castro-chavismo: ALBA, Telesur, políticas de cooperación, etcétera. Los objetivos de autodeterminación y dignidad se transformaban en dependencia, entreguismo y violación de derechos humanos. El arsenal de la represión se expresó en los grupos paramilitares y las hordas neofascistas, amparadas en las autoridades de facto y las fuerzas armadas, cuya brutalidad no tuvo límites.

Así, los golpistas enarbolaban el discurso de una nueva convocatoria electoral que devolviese el país a su vieja normalidad institucional. Destejer y desandar tres lustros de logros democráticos. En el horizonte unas elecciones sin garantías y menos aún, un reconocimiento, si el triunfo recaía sobre el MAS. La memoria reciente tenía en mente casos relevantes para avalar lo dicho. Honduras, golpe de Estado, elecciones fraudulentas y gobiernos neoliberales. Paraguay, golpe de Estado, elecciones amañadas y recomposición oligárquica. Brasil, golpe de Estado, inhabilitación de Lula y triunfo del neoliberalismo en su versión más esperpéntica. Xenófoba, racista, ultraconservadora y negacionista. ¿Por qué Bolivia podría ser diferente?

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LA POST-PANDEMIA Y EL CAPITALISMO QUE VIENE. MARCOS ROITMAN

PLANTAS LETALES

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS 2La versatilidad del capitalismo no tiene límite, salvo la extinción de la especie y el colapso del planeta. Pero mientras esto sucede, sus cambios se aceleran en busca de una mayor tasa de explotación e incremento de beneficios. Si la lucha por la apropiación del plusvalor es una de las características de la contradicción capital-trabajo, hoy nos enfrentamos a una reinvención de las formas de dominación, enajenación del excedente y construcción de hegemonía. El capitalismo digital se pone al día utilizando las nuevas tecnologías bajo la pandemia del Covid-19. Si hacemos historia, es un proceso similar al sufrido por el capitalismo histórico entre los siglos XVI y XVIII, donde la proto-industrialización y los descubrimientos científicos aceleraron el proceso de acumulación de capital y la revolución industrial. Sus fases van desde el capitalismo colonial, la esclavitud hasta el imperialismo y la consolidación de la dependencia industrial, tecnológica y financiera. Sin embargo, su evolución ha tenido reveses. Los proyectos emancipadores anticapitalistas han trastocado sus planes, aunque sea de forma momentánea. Las luchas de resistencia, los procesos revolucionarios y los movimientos populares han alterado su itinerario, obligándolo a retroceder. El siglo XX ha dejado una huella difícil de borrar en su desarrollo. Fueron dos guerras mundiales, seguido del holocausto nuclear no exento de conspiraciones, golpes de estado y procesos desestabilizadores cuyos efectos los reconocemos en un crecimiento exponencial de la desigualdad, el hambre, la miseria y la sobrexplotación de un tercio de la población mundial. En este recorrido, el fascismo, eje de la modernidad, se proyecta en el siglo XXI. El neoliberalismo asume sus principios y los gobernantes adoptan sus proclamas bajo un llamado a la xenofobia, el racismo y el discurso anticomunista. Como señaló George Mosse en su ensayo La nacionalización de las masas, Hitler y el nazismo se explican bajo un simbolismo, una liturgia y una estética que atrapó a la población bajo el culto al pueblo. Una nueva política que atrajo no sólo a los nacionalsocialistas, también a miembros de otros movimientos que encontraban su estilo atractivo y útil para sus propios propósitos. Léase Trump, Bolsonaro, Piñera o Duque.

En pleno siglo XXI, asistimos a tiempos convulsos. El capitalismo busca su reacomodo. Hacer frente a los problemas de organización, costos de explotación y reajustar la función del gobierno en la gestión privada de lo público. Igualmente debe pensar en una nueva división internacional de los mercados, la producción y el consumo. La digitalización, el big-data, la robotización y las tecnociencias se subsumen para responder a las lógicas del capital. Asimismo, la dinámica de la complejidad aplicada al proceso productivo fija pautas en la especialización flexible, la deslocalización y el proceso de toma de decisiones. La realidad aumentada acelera la concentración de las decisiones y el acceso inmediato a los datos modifica las lógicas de un poder que se hace más arbitrario, violento y omnímodo. El traslado del mando real del proceso de decisiones a una zona gris, de difícil acceso, facilita eludir las responsabilidades políticas o bien las oculta bajo el manto de la post-verdad o las mentiras en red.

La transición del capitalismo analógico al digital es ya una realidad. Algunos ejemplos nos dan pistas. Basta ver el mensaje lanzado por Inditex en España. El dueño de Zara, benefactor de la sanidad pública, hará desaparecer más de mil 200 tiendas en todo el mundo, bajo la necesidad de estar en sincronía con las nuevas formas de compra-venta on line. Así, realizará una inversión de mil millones de euros en su reconversión digital en dos años (2020-2022), destinando mil 700 millones para trasformar sus locales al concepto de tienda integrada. Un servicio permanente al cliente allá donde se encuentre. En otras palabras, tendrá en su dispositivo portátil una aplicación de Zara. En esta versión digital del capitalismo, otro de los cambios que llega para quedarse es el teletrabajo o trabajo en casa. Una vuelta de tuerca a la sobrexplotación. Los horarios, la disciplina y el control lo ejerce el trabajador sobre sí, lo cual supone un elevado nivel de estrés y jornadas ilimitadas. En cuanto a la educación, sólo en las universidades se baraja la idea de articular clases en las aulas con lecciones virtuales. Las lecciones presenciales irán perdiendo peso, hasta desdibujar el sentido que las vio nacer, forjar ciudadanía y aprender el valor de la crítica colectiva. La universidad se reducirá a expedir títulos donde el aprendizaje muta en autodidactismo.

El capitalismo post-pandemia acelera el cambio del mundo cotidiano. Las firmas digitales, las videoconferencias, el control biométrico, los diagnósticos por ordenador, son algunos de los cambios que terminarán generando una modificación antropobiológica del ser humano. Y tal vez en este sentido, la lenta sustitución del dinero en efectivo, por el pago con tarjetas será fuente no sólo de mayor control social y poder de la banca, supondrá una mayor exclusión social. Quiénes tendrán y quiénes no tendrán tarjetas de crédito o débito. Suecia anuncia que el papel moneda se extinguirá dentro de la siguiente década. Más pobres, más esclavos de los bancos. Ese es el futuro incierto del capitalismo que viene tras la pandemia.

Fuente: LA JORNADA

 

LA DERECHA ESPAÑOLA SE MOVILIZA AL SON DEL IDIOTA SOCIAL. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

CARACOLES 2

 

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMANMientras Madrid resiste al coronavirus, la ciudad muestra sus desigualdades, carencias y distintas formas de habitarla. Barrios burgueses viven el confinamiento como si se tratase de una prisión. Se sienten atrapados en sus casas de cientos de metros cuadrados o en sus chalets con amplios jardines y servicio doméstico. No aceptan la cuarentena, buscan culpables y lo encuentran en adjetivar el gobierno como un régimen filo-comunista, bolivariano y terrorista. Cansados de ser tratados como iguales ante la ley, aducen a sus derechos individuales para violar las normas que rigen el estado de emergencia. Ellos pueden hacer y deshacer a su antojo. No les pidan responsabilidad social. La pandemia no va con ellos. En una Comunidad Autónoma como Madrid, gobernada desde hace décadas por la derecha, la cifra de muertos por coronavirus alcanza ya 19 mil 175 personas, de las cuales 5 mil 972 son ancianos fallecidos en sus residencias. Los señoritos, hasta ahora intocables, miran hacia otro lado. Se retratan. Su actitud ha sido renegar de cualquier muestra de reconocimiento al personal sanitario y de paso a lo público. No participan de los aplausos que se producen día tras día a las 20 horas para honrar a los muertos y apoyar la sanidad pública.

La derecha madrileña vive en su mundo. Ellos no dan palmas. ¿Por qué deben salir a sus balcones a mostrar su respeto a los trabajadores de los servicios esenciales que han mantenido en pie el abastecimiento de la ciudad? ¿A los del trasporte público, supermercados, farmacias o gasolineras? No hay motivo. Eso sería tanto como proteger el bien común. Su razonamiento es otro. Se les ha privado de la libertad de movimientos. Se consideran rehenes de un Estado totalitario. Y las analogías no faltan. Sus ideólogos no pierden el tiempo para movilizar al idiota social. Vargas Llosa, Aznar, Casado, Rivera, acompañados de las autoridades locales emprenden una nueva cruzada. En Madrid su alcalde, Díaz Almeida, y la presidenta, Díaz Ayuso, se han trasformado en adalides del idiota social. Ellos los consideran un referente. Solicitan que se manifiesten y rompan el sistema carcelario, dirán, impuesto por un gobierno que busca acabar con la economía de mercado.

Promovidas por la derecha, violando las normas mínimas de salud impuestas en cuarentena, sus huestes buscan notoriedad. En sus afiebrados actos, como idiotas sociales, no respetan la distancia de seguridad, ni son capaces de entender que su comportamiento pone en riesgo la vida de los demás. Van a lo suyo. Hacen ruido, mucho ruido, golpean cacerolas, a la par que gritan consignas pidiendo la dimisión del gobierno, dan vítores a las fuerzas armadas y sus equipos de música emiten marchas militares, acompañadas del himno nacional. Ondean banderas, y se cubren el cuerpo con ellas. Portan cristos, celebran misas y rezan pidiendo a Dios les conceda sus peticiones. Reclaman acabar con el confinamiento. Quieren ir de compras, comer en los restaurantes estrellas Michelin, pasear por la Milla de Oro, consumir y sobre todo explotar a sus trabajadores, con el pretexto de retomar la actividad productiva y empresarial. Se consideran los únicos damnificados. No tienen conciencia social ni sentido del bien común, les mueve el egoísmo, el odio y la codicia. Aprovechan cualquier situación para expresar su descontento e inundar las redes de noticias falsas. Todo es válido si el objetivo, hacer caer el gobierno, se consigue. No les preocupan los miles de víctimas del Covid-19, consecuencia de un sistema sanitario debilitado por las privatizaciones y residencias de la tercera edad, donde la finalidad ha sido siempre ganar dinero. Los mayores son un buen negocio. Hay que explotarlo. La democracia es cuestión de pobres. Son los muertos de hambre, los sin techo, sin trabajo, los jubilados, los trabajadores a tiempo parcial, con contratos basura quienes exigen cambios y políticas públicas de calidad. Ellos, por el contrario, son gente de bien, empresarios, emprendedores. Sus barrios cuentan con zonas verdes, centros comerciales, cines, teatros, restaurantes de lujo, colegios y clínicas de uso exclusivo. Gozan de un servicio de recolectores de basuras ad-hoc, sus calles están iluminadas y una policía complaciente les rinde pleitesía. Ahora demandan recuperar lo que han dejado de ganar. Ellos no solicitan las migajas del pastel, se sienten dueños del pastel. Por eso se manifiestan. Así, las derechas del mundo movilizan al idiota social, cuya característica esencial es no poseer un ápice de inteligencia. Fácilmente manipulable hace lo que se le ordena. Incapaz de ejercer el juicio crítico y la reflexión, simplemente actúa como parte de un rebaño. En conclusión, respetar el bien común, preocuparse por sus conciudadanos, es cosa de necios. Así, un ejército de idiotas sociales recorre el mundo como expresión de una derecha que ha perdido los papeles y sólo le interesa la política de cuanto peor, mejor. Ellos salvarán a la patria.

Fuente: LA JORNADA

 

CORONAVIRUS, UNA PANDEMIA MUY OPORTUNA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS 2La radiografía del momento son hospitales colapsados, personal sanitario exhausto y un sistema de salud pública resquebrajado por las privatizaciones. El Covid-19 destapa las vergüenzas de una gestión destinada a transformar la medicina en un gran negocio para empresarios ávidos de ganancias. Como suele ocurrir en estos casos, la iniciativa privada se frota las manos. Cualquier circunstancia es buena para hacer caja. Así, juegan con el miedo mientras ven aumentar sus beneficios. Han llegado a cobrar 300 euros por las pruebas del Covid-19. Su costo normal no supera los 25 euros. Son los empresarios quienes piden exenciones de impuestos, rebajas en el IVA, facilitar despidos y recibir ayudas para paliar la crisis abierta por la pandemia.

El Covid-19 es una buena excusa para especular. Dejar de ganar no es lo mismo que perder. Si lo valoramos en coyuntura, es una parálisis efecto de una situación extraordinaria. El cierre temporal puede no tener incidencia en el cuadro anual de resultados. Así lo hizo saber el ex ministro de Industria, Comercio y Turismo del PSOE (2008-2011) Miguel Sebastián: “Las parálisis económicas no tienen por qué ser una crisis económica… es un paréntesis… la clave (es) que no duren mucho… puede ser un mes o menos, y luego recuperar la actividad”.

Mientras tanto, la población es sometida a medidas que desatan la histeria colectiva y cuyo objetivo es frenar la acción del virus. El llamado a no salir de las casas deja un paisaje de ciudades semidesiertas. El gobierno y las autoridades solicitan comprensión y responsabilidad a los ciudadanos, la que ellos no tuvieron cuando firmaron los decretos de privatización, el despido de personal auxiliar y la amortización de médicos especialistas motivada por jubilación. Han sido cientas las plazas perdidas, lo cual ha dejado un sistema de salud en mínimos, disminuyendo el número de camas, los servicios especializados y de urgencias. En 2012, el Servicio Madrileño de Salud tenía 15 mil 531 camas funcionando, en 2018 eran 12 mil 565. Todos los inviernos la gripe común satura las áreas de urgencias de los hospitales públicos, pero no se hace nada, sólo ocultar los déficits.

Este año se suman los afectados por el virus Covid-19. La rapidez con la cual se expande en pacientes con patologías crónicas supone la imposibilidad material de gestionarlo hospitalariamente. Entender la salud como un negocio tiene consecuencias. No resulta extraño que en medio de la caída de valores en la bolsa, dos compañías farmacéuticas que trabajan en una vacuna, la anglofrancesa Novacyt y la estadunidense Aytu BioScience, vean subir su cotización. La primera, en 600 por ciento, y la segunda, en 80 por ciento. Nada sobre los avances del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, donde los cuatro pacientes italianos en la isla han sido tratados con el nuevo antiviral interferón alfa 2B recombinante (IFNrec), elaborado en la planta mixta cubano-china desde enero en la localidad de Changchún, provincia de Jilin.

Si el virus y su tratamiento son un problema que desconcierta a la comunidad científica (¿nuevo, una mutación, llegó para quedarse?), aconsejar el aislamiento total y evitar contacto humano para frenar su propagación resulta, al menos, sospechoso. Algo no cuadra. Podemos estar viviendo el mayor teatro de operaciones jamás creado para elevar el grado de sumisión y obediencia apelando al miedo-pánico, a fin de reorganizar los mecanismos represivos y coercitivos. Una visión primaria, pero efectiva. Ante una amenaza que se expande, cerrar ciudades, suspender la actividad comercial salvo alimentación, quioscos de prensa, estancos y farmacias, estaría justificado. El relato no puede ser más maniqueo. Es el momento de obedecer sin rechistar. Será cuestión de meses encontrar el antídoto. Así se consolida el comportamiento socialconformista, cuyo rasgo característico es la adopción de conductas inhibitorias de la conciencia en el proceso de construcción de la realidad. Se presenta como un rechazo a cualquier tipo de actitud que suponga enfrentarse al poder constituido. El conformismo social es asumido y presentado a los ojos de todos nosotros como actitud responsable. Un comportamiento que busca paralizar la acción colectiva y desarmar el pensamiento crítico. La guerra neocortical ha comenzado.

No se trata de negar, menospreciar ni buscar explicaciones en teorías conspiratorias. La realidad parece señalar que los motivos epidemiológicos para declarar una pandemia no están justificados, aunque sí desde una perspectiva política. Desde hace unos años, analistas pronostican una recesión en el interior del neoliberalismo y su fetiche, la economía de mercado. Su reacomodo requiere mayor grado de violencia, aumento de la desigualdad social, exclusión y sobrexplotación bajo un neoliberalismo militarizado. Contener las revueltas populares, desarticular los movimientos sociales y plantear un nuevo escenario se antoja necesario para evitar el colapso. Los ejemplos sobran. En Chile, Francia o Colombia, por citar tres casos, el coronavirus es una bendición. Por primera vez, si exceptuamos las dos guerras mundiales, la especie humana es sometida a una tensión donde el miedo, el control social y una información manipulada comparten el espacio. Todo aderezado con un relato sobre caos económico y las cuantiosas pérdidas. Seguramente, dentro de unos meses, las empresas habrán recuperado sus beneficios, las bolsas retomarán el pulso especulativo y el miedo-pánico desaparecerá. La factura, como de costumbre, la pagarán las clases trabajadoras.

Fuente: LA JORNADA

¿QUÉ TIENEN EN COMÚN MARIO VARGAS LLOSA, FELIPE GONZÁLEZ Y BERTÍN OSBORNE? MARCOS ROITMAN

MARCOS ROITMAN

MARCOS ROITMANEn el contexto del XII Foro Atlántico organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, Casa de América, espacio público dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital, cede sus instalaciones para el acto. Tres instituciones cuya labor sería velar por una programación, si no aséptica, al menos neutral, rompen las reglas del decoro diplomático. Saltándose el protocolo, las buenas maneras y las formas, Casa de América se transformó en un gallinero donde primaron los insultos y las descalificaciones hacia el gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.  Uno de los gallos, desplegando su ya vetusto plumaje, Felipe Gonzalez, se refirió a la Asamblea Constituyente, avalada por el voto de 8.089.320 ciudadanos venezolanos, como “La asamblea nacional prostituyente de Maduro”.   Mientras, el otro gallo que se disputaba el palo mayor del gallinero, Mario Vargas Llosa, cacareaba con brío: “si todos los dirigentes socialistas  tuviesen la lucidez de Felipe Gonzalez y hubiesen actuado de una manera clara, inequívoca, solidarizándose con los opositores venezolanos, otra sería la situación hoy  en día”. El tercero en discordia y presentador, el showman, Bertín Osborne, gallo en corral ajeno, solo pudo cacarear: “esto es un sin vivir…los momentos de euforia y felicidad en los cuales parece que el régimen de Maduro va a caer, nunca acaban de concretarse”…, ante tal desazón, Felipe Gonzalez  lo miro  sonriendo y busco tranquilizarle desvelando una conversación con el autoproclamado Juan Guaidó : “le he pedido –refiriéndose a Guaidó- no vuelvas a señalar  el día D y la hora H, porque esto es un proceso. Eso de anunciar el día D como la fecha en la cual caerá Maduro solo genera frustración”  Los asistentes aplaudieron entregados a los plumíferos bípedos y Bertín entró en shock. Ya no articuló frase, cuando le tocó clausurar el acto, cantó: “me ha gustado mucho moderar esto”.

Pero todo estaba pensado.  Bajo el título genérico “Un dialogo sobre los retos de España y América latina”,  el acto encubría un propósito, apoyar el golpe de Estado en Venezuela. La puesta en escena incluía la presencia de una plumífera de excepción, Fabiola Rosales,  esposa del autoproclamado. Su incomparecencia, fue reemplazada por la proyección de un video en el cual se aludían amenazas, persecución política,  falta de libertad de expresión y la negativa del “régimen” para justificar su ausencia. Nada se improvisa, a su lado Juan Guaidó, quien aprovechó para subrayar  el carácter de crisis humanitaria y “las amenazas que  hay a nuestra vida. Al Parlamento. Al ejercicio de la Política (…) Estamos agradecidos por la invitación. Por aproximar soluciones. Y la comunidad internacional será determinante. Seguimos adelante” Era el aporte emocional para un público entregado. Tras su proyección, un aplauso cerrado, vivas a Guaidó y la sedición golpista. Nuevamente Gonzalez, con su incontinencia verbal, cacareo ante las palabras de los ausentes: “es un ejemplo más del deterioro que sufre Venezuela”.

Por otro lado, el premio Nobel de literatura, Mario Vargas llosa,  tan proclive a escribir sobre golpes de Estado, tiranos, dictaduras y la explotación colonial del rey Leopoldo II de Bélgica, sufre amnesia y esquizofrenia al mismo tiempo. Él,  que publicó una crítica mordaz a las tertulias, debates televisivos, en La civilización del espectáculo, se trasformó en uno de sus personajes. Lo brillante de su escritura trasmuta en estiércol cuando se trata de relacionar la caída de los gobiernos constitucionales y democráticos con la intervención de los Estados Unidos, la CIA y el Departamento de Estado. Su hipocresía no tiene límites. Para justificarse, termina diciendo: “Es cierto que muchas democracias pueden estar más o menos marcadas por la corrupción y la ineficacia; pero sigue siendo mucho más preferible una democracia corrompida que una dictadura militar”.  Es cierto, pero le faltó agregar, sobre todo, si soy un beneficiario de la corrupción,  vivo mejor  gracias a ella y además la practico.   En este cúmulo de desaciertos,  Vargas Llosa introducía  en el debate, el populismo, germen de todos los males que aquejan América latina. Primero Chávez, luego Maduro y ahora Andrés Manuel López Obrador.  “…México me preocupa mucho. Porque ahora mismo tiene a otro populista en el poder. Un populista, además, que podría perpetuarse en él, rompiendo el sistema democrático, si se lo propusiese”. Era una buena excusa para avalar las palabras de Felipe Gonzalez: “el triunfo del populismo es la exaltación de la mediocridad. Los populistas ofrecen respuestas simples a problemas complejos, y siempre, además echando la culpa de sus propios males a terceros”.

El acto llegaba a su fin. Los tres gallos se regocijaban contemplando el gallinero que los aplaudía. En común hablar el idioma del imperio, llamar a la sedición golpista, desconocer los principios básicos de la democracia, negando cualquier tipo de negociación con el gobierno de Nicolás Maduro, en la mejor estrategia desestabilizadora. Bien se les puede calificar de trio de la muerte.  Así, los bípedos plumíferos acompañados de sus respectivas gallináceas se despedían del auditorio, sin darse cuenta que, aunque gallos, otros les dan de comer y los ponen a cantar o cacarear según sea…

VENEZUELA: SUMISIÓN, GUERRA Y PERIODISMO DE ENCUBRIMIENTO. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

Aunque publicado en agosto-septiembre de 2017 en La Jornada, Le Monde Diplomatique y otros medios de izquierda, este artículo del sociólogo, ensayista y profesor chileno Marcos Roitman Rosemann conserva plena vigencia en sus postulados esenciales. La guerra mediática contra el proceso bolivariano no sólo ha continuado, sino que se ha acentuado y ha adquirido matices cada vez más injerencistas y absolutos. En el contexto del debate general acerca de este fenómeno, invito a su relectura. 
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Informar no es tarea fácil. El periodismo de guerra es, tal vez, el más complejo. Inmerso en una batalla sicológica, está destinado a crear una opinión pública sumisa, acorde con los objetivos militares. Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para Occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. En esta guerra todo vale. Hasta el Vaticano se ha decantado. La Iglesia se siente amenazada y decide apoyar a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. El papa Francisco se quita la careta, se decanta por la oposición, que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. Lo mismo hizo la Iglesia en Chile con el gobierno de Salvador Allende, en 1973. Apoyó el golpe. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde. Miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es siempre el mismo: la fe está en peligro y la amenaza a los católicos.
El periodismo y los medios de información pertenecientes al establishment de los distintos países del bloque occidental han tomado una decisión: retrotraer a Venezuela a los tiempos del neoliberalismo, la economía de mercado y el pacto interoligárquico. Sin excepción, desde esta trinchera fundamentalista, alteran hechos, crean acontecimientos y fomentan el odio hacia el pueblo venezolano contrario a dichas posiciones y que sólo quiere vivir en paz. La última elección a la Asamblea Nacional Constituyente lo demuestra, pero la declaran ilegal y un fraude de ley. No aportan argumentos, salvo violencia, el sabotaje y la sedición golpista.
Mientras unos ejercen el derecho a voto y reclaman participar, otros queman urnas, ponen barricadas y lanzan cocteles Molotov contras las fuerzas armadas y la policía ¡Vaya dictadura más extraña! La oposición campa a sus anchas, desconoce el Poder Ejecutivo, amenaza a sus adversarios, los quema, impide ejercer derechos, usa la fuerza, manda a sus militantes a destruir edificios públicos, sabotear las elecciones y poner barricadas, vanagloriándose de este comportamiento. El mundo al revés. Tal vez por ese motivo sus representantes son admiradores de Francisco Franco, Augusto Pinochet y se sienten cómodos con el discurso neonazi y fascista. Para los incrédulos, sólo dos frases. Lilian Tintori, abanderada del antichavismo y compañera sentimental de Leopoldo López, declaró: Los opositores venezolanos es normal que vitoreen a Francisco Franco. Si viviera, nos apoyaría, como Rajoy. Y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido por sedición y llamar al golpe de Estado, dijo sin complejo alguno: Augusto Pinochet era una demócrata al servicio de su pueblo

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VENEZUELA: SUMISIÓN, GUERRA Y PERIODISMO DE ENCUBRIMIENTO. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMAN / LA JORNADA

Cuando se declara la guerra contra el gobierno constitucional y legítimo de Venezuela se hostiga y patrocina la estrategia del miedo y el terror.

Informar no es tarea fácil. El periodismo de guerra es, tal vez, el más complejo. Inmerso en una batalla sicológica, está destinado a crear una opinión pública sumisa, acorde con los objetivos militares. Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para Occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. En esta guerra todo vale. Hasta el Vaticano se ha decantado. La Iglesia se siente amenazada y decide apoyar a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. El papa Francisco se quita la careta, se decanta por la oposición, que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. Lo mismo hizo la Iglesia en Chile con el gobierno de Salvador Allende, en 1973. Apoyó el golpe. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde. Miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es siempre el mismo: la fe está en peligro y la amenaza a los católicos.

El periodismo y los medios de información pertenecientes al establishment de los distintos países del bloque occidental han tomado una decisión: retrotraer a Venezuela a los tiempos del neoliberalismo, la economía de mercado y el pacto interoligárquico. Sin excepción, desde esta trinchera fundamentalista, alteran hechos, crean acontecimientos y fomentan el odio hacia el pueblo venezolano contrario a dichas posiciones y que sólo quiere vivir en paz. La última elección a la Asamblea Nacional Constituyente lo demuestra, pero la declaran ilegal y un fraude de ley. No aportan argumentos, salvo violencia, el sabotaje y la sedición golpista.

Mientras unos ejercen el derecho a voto y reclaman participar, otros queman urnas, ponen barricadas y lanzan cocteles Molotov contras las fuerzas armadas y la policía ¡Vaya dictadura más extraña! La oposición campa a sus anchas, desconoce el Poder Ejecutivo, amenaza a sus adversarios, los quema, impide ejercer derechos, usa la fuerza, manda a sus militantes a destruir edificios públicos, sabotear las elecciones y poner barricadas, vanagloriándose de este comportamiento. El mundo al revés. Tal vez por ese motivo sus representantes son admiradores de Francisco Franco, Augusto Pinochet y se sienten cómodos con el discurso neonazi y fascista. Para los incrédulos, sólo dos frases. Lilian Tintori, abanderada del antichavismo y compañera sentimental de Leopoldo López, declaró: Los opositores venezolanos es normal que vitoreen a Francisco Franco. Si viviera, nos apoyaría, como Rajoy. Y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido por sedición y llamar al golpe de Estado, dijo sin complejo alguno: Augusto Pinochet era una demócrata al servicio de su pueblo.  Seguir leyendo VENEZUELA: SUMISIÓN, GUERRA Y PERIODISMO DE ENCUBRIMIENTO. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

LAS ENFERMEDADES DEL YO. MARCOS ROITMAN

“El pensamiento positivo, considerado en la actualidad el punto de llegada del nihilismo, se impone en todos los aspectos de la vida. El autoengaño se perpetúa para hacerlo viable. Los problemas no son sociales, sino individuales, y sólo yo tengo la culpa de vivirlos. El problema es de actitud. No por casualidad hoy proliferan los coach, los gurús, los entrenadores personales y, con ellos, los cursos para tener éxito, ganar dinero y romper el círculo negativo de la frustración.”

“Si tiene cáncer, no saca nada con enfadarse. Siéntase contento. Es un privilegiado. La enfermedad le permite vivir la vida de manera diferente. Un don de Dios.”

roitman-2MARCOS ROITMAN / LA JORNADA / CULTURA Y RESISTENCIA

Cada día, en primera persona, el yo gramatical es utilizado cientos de veces para designar estados de ánimo, afirmar nuestra identidad y expresar opiniones o sentimientos. Es un acto voluntario, que si no prestamos atención se hace imperceptible al oído. No somos conscientes de su protagonismo. No se dice estoy cansado, viajaré en autobús, estoy enfadado, caminaré, hablaré por teléfono. En su lugar se antepone el yo, enfatizando el sentido individual de la acción. Una especie de necesidad enfermiza. Yo estoy cansado, yo estoy contento, yo iré al cine, yo pienso, etcétera. La presencia del yo se convierte en personaje único y redundante.

En la medida en que la economía de mercado avanza, el neoliberalismo, doctrina que le da sustento, despliega su poder erigiendo sus valores, normas e instituciones. La dominación ideológica cumple su papel. Lo que en principio entendimos como virtud, el proceso de secularización, se ha convertido en excresencia del capitalismo. La separación de lo público y lo privado, lo social y lo individual, se utiliza como excusa para desarrollar conductas inhibitorias de la conciencia, apuntalar el individualismo y facilitar el retorno del idiota social. Todo ello recubierto de pragmatismo y una nueva manera de pensar, consistente en tener exclusivamente pensamientos positivos. Se trata de crear mecanismos compensatorios, soslayando, cuando no, huir de la responsabilidad ciudadana de participar en la vida política y social. Si la realidad es conflictiva, mejor excluirla de nuestro campo de condiciones. Sálvese quien pueda, pero yo primero.  Seguir leyendo LAS ENFERMEDADES DEL YO. MARCOS ROITMAN