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FELICIDADES, MARTA HERNÁNDEZ. SILVIO RODRÍGUEZ

Conocí a Marta Hernández varios años después de los que cuenta Silvio en esta crónica, exactamente en 1984. Trabajamos juntos en el Canal 6 de la Televisión Cubana, al igual  que lo hice con Juanito Vilar y con Juan Pin, hijo de ambos. A todos les agradezco haber sido mis compañeros y amigos (de verdad) en aquellos días de difícil aprendizaje para mí; a Silvio, una vez más, le agradezco su buena y leal memoria al escribir textos como este. Estar con Marta en ocasión de su cumpleaños, debe haber sido una fiesta para los sentimientos. La foto como que lo dice todo. 

SILVIO Y MARTA

Silvio con Marta, a las 11:30 de sus 90

SILVIO RODRÍGUEZ SEGUNDA CITA

En junio de 1967, pocos días después de mi debut televisivo en el programa Música y Estrella, un actor con el que había hecho muy buenas migas me invitó a una reunión en su casa. Se trataba de Humberto García Espinosa, a quien todo el mundo conocía por los sketches semanales que el ICAIC exhibía en los cines. El deseaba presentarme a algunos de sus amigos. Por mi parte yo empezaba a habituarme a que me invitaran a reuniones nocturnas, donde en algún momento alguien me pedía que cantara. Era una especie de ritual que, en aquellos días de descubrimientos, asumía incluso con placer. Por eso acudí, como siempre, acompañado de mi guitarra.

En aquellas reuniones, por modestas que fueran, solía haber alguito de picar, no mucho, y otro poquito de beber… Yo no era muy dado a la bebida. Tenía 20 años y los últimos tres los había pasado en las fuerzas armadas. No había tenido tiempo ni ocasión de aprender. Por eso me limitaba a probar, por cortesía, para no parecer desdeñoso.

Después de presentaciones y saludos, Humbertico dijo a los presentes que me había invitado a su casa porque quería que ellos, sus amigos, escucharan lo que yo hacía. Yo ignoraba que, entre aquellas personas, estarían una bella señora que había estudiado piano y cultivaba un refinado gusto musical, y su marido, un caballero delgado y sonriente, que en aquellos momentos era el administrador general de la radio y la televisión cubanas: me refiero a Marta Hernández y a Juanito Vilar.

Aquella fue una reunión más, de las miles que se celebraban esa noche en La Habana, ciudad de brindis y convites, si los hay. Sin embargo comprendo que para mi fue mucho más que eso, porque entre aquellos amigos amables y amantes, de cierta manera, quedó sellado mi destino. En aquella reunión ocurrió la chispa que después se convertiría en el programa Mientras Tanto y en todo lo que vino después… Fue Marta Hernández la que, por sus estudios musicales, argumentó con sensibilidad y juicios la idea de darle una oportunidad a un muchacho recién desmovilizado que hacía canciones. Y, de todos los presentes, el único que podía tomar una decisión al respecto, o al menos hacer una propuesta a sus superiores, era su esposo, Juan Vilar (quien fue mi amigo hasta que nos dejó).

Lo único que pretendo decir es que, en la cadena de bondades que me han traído hasta hoy, hasta esta mañana de un cálido abril en que me siento a recordar y escribir para ustedes, vibra y suena fuerte el eslabón de aquella señora inteligente y bella que se llama Marta Hernández y que hoy cumple 90 años.

Felicidades, querida amiga de mi alma.

(Publicada el sábado, 14 de abril de 2018)