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“EL CINE ESTÁ SIENDO REDUCIDO A SU MÍNIMO DENOMINADOR COMÚN: CONTENIDO”. MARTIN SCORSESE RADIOGRAFÍA LOS PELIGROS DE LA INDUSTRIA ACTUAL

VÍCTOR LÓPEZ G.

“El arte del cine está siendo devaluada sistemáticamente, marginada, degradada y reducida a su mínimo denominador común”, y buena parte de ello la tiene la tendencia a catalogar las obras cinematográficas como “contenido”. Esta es una de las afiladas tesis que Martin Scorsese ha enunciado en su fantástico ensayo titulado ‘Il Maestro’, centrado en la figura de Federico Fellini, y publicado en la última edición de Harper’s Magazine.

En su interesantísimo escrito, el cineasta, cuya ‘Killers of the Flower Moon’ está en camino a Apple TV+, ha radiografiado la realidad actual de la industria cinematográfica, el impacto de las plataformas, la preocupante deriva de la industria y la enorme importancia del lenguaje a la hora de catalogar una obra audiovisual para que no se pervierta su valor o importancia y, así, evitar meter en el mismo cajón un vídeo de YouTube y un clásico del séptimo arte.

De lenguaje y automatizaciones

Según el bueno de Marty, etiquetar utilizando el término “contenido” “ha creado una situación en la que todo se presenta al espectador en igualdad de condiciones, lo cual puede sonar democrático, pero no lo es”, lo cual nos conduce a otro de los grandes enemigos a los que debe enfrentarse el cine actualmente: el algoritmo. Un análisis de datos automatizado que está sustituyendo a la necesaria figura del curador en las plataformas de VOD.

“Si los próximos visionados son ‘sugeridos’ por algoritmos basados en lo que ya has visto, y las recomendaciones están basadas únicamente en géneros o temáticas, ¿qué tiene eso que ver con el arte del cine? La curación no es antidemocrática o ‘elitista’, un término que ahora se usa tan a menudo que ha terminado perdiendo su significado. Es un acto de generosidad; estás compartiendo lo que amas y lo que te ha inspirado. (Las mejores plataformas de streaming, como Criterion Channel y MUBI, y medios tradicionales como TCM, están basados en la curación). Los algoritmos, por definición, están basados en cálculos que tratan al espectador como un consumidor y nada más”.

Parte del catálogo de Mubi

El status quo actual de la industria ha modificado drásticamente la importancia y el impacto del cine ya no sólo dentro el marco de la cultura, sino en unos espectadores que, según Scorsese, “no pueden depender de la industria, tal y como está, si quieren interesarse por el cine”.

“En el negocio cinematográfica, que ahora es el negocio del entretenimiento masivo audiovisual, el énfasis siempre está puesto en la palabra ‘negocio’, y el valor siempre está determinado por la cantidad de dinero que puede obtenerse de alguna propiedad; por ello, todo, desde ‘Amancer’ a ‘La Strada’, pasando por ‘2001’, ya está exprimido y listo para meterse en el cajón del ‘Arte y ensayo’ de una plataforma de streaming. Todos los que conocemos el cine y su historia tenemos que compartir nuestro amor y nuestro conocimiento con la mayor gente posible. Y tenemos que dejar claro a los actuales dueños legales de esas películas que son mucho, mucho más que una simple propiedad que ser explotada y, luego, guardada bajo llave. Se encuentran entre los más grandes tesoros de nuestra cultura, y deben ser tratadas como tal.”

Si queréis leer a Martin Scorsese decir más verdades que un santo, y proferir amor ya no sólo hacia la obra de Fellini, sino al medio cinematográfico, tenéis el ensayo completo disponible en la web de Harper’s —ya os digo que merece muchísimo la pena—. Por lo pronto, sus palabras, que seguramente causen más irritación de la que deberían, invitan a reflexionar seriamente sobre la deriva que está tomando un arte centenario condenado al simple “consumo”.

Cabe recordar que esta no es la primera ocasión en la que el director de obras maestras como ‘Uno de los nuestros’ o ‘ Taxi Driver’ incendia la opinión pública cinematográfica con sus lapidarias sentencias. Sin ir más lejos, en octubre de 2019 criticó duramente las producciones de Marvel Studios, describiéndolas como algo más próximo a una atracción de parque temático que a un largometraje, y recalcando la falta de profundidad y desarrollo de sus personajes. Aunque, si nos fijamos bien en sus palabras de entonces, todo se resume al mismo conflicto: la evolución —o involución— de la industria.

Fuente: Espinof

¿SE INFANTILIZA EL CINE? ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

A las recientes declaraciones de Martin Scorsese acerca de que «el cine de superhéroes no es cine», se suman las de dos pesos pesados de la cinematografía internacional: Francis Ford Coppola (El Padrino, Apocalipsis ahora) y Peter Weir (Gallipoli, El club de los poetas muertos)

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Martin Scorsese

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

ROLANDITOA las recientes declaraciones de Martin Scorsese acerca de que «el cine de superhéroes no es cine», se suman las de dos pesos pesados de la cinematografía internacional: Francis Ford Coppola (El Padrino, Apocalipsis ahora) y Peter Weir (Gallipoli, El club de los poetas muertos).

Según declaraciones de Coppola al recibir hace unos días el Premio Lumière por toda su carrera, «se espera que el cine nos aporte algo: iluminación, conocimiento, inspiración… Martin se quedó corto cuando dijo que esas películas no eran cine. Se calló que son simplemente despreciables; eso es lo que yo pienso».

En entrevista realizada por el periódico El Mundo al australiano Peter Weir, este dijo, en relación con el hielo roto por Scorsese al ir en contra de las producciones de Marvel, Disney, y sus superhéroes, que quizá se trate «de una enfermedad que no solo infecta al cine, sino a toda la cultura. Hay un ansia por prolongar la infancia. La cultura y el cine se han infantilizado.

Todos hemos crecido leyendo cómics, pero esta obsesión actual por convertir el cine en un parque de atracciones para adolescentes me resulta incomprensible».

Como de costumbre, los fanáticos de los superhéroes volvieron a cargar contra las críticas alegando la nostalgia que embarga a esos realizadores cuando ya tienen, o están próximos a cumplir, los 80 años de vida. Sin embargo, las cifras de taquillas, año tras año, demuestran que cada vez más el cine se infantiliza con superproducciones que acaparan el denominado gusto masivo gracias a descomunales campañas de promoción dirigida a niños y padres.

 Francis Ford Coppola y Peter Weir

El marketing consumista condiciona y moviliza a los espectadores enganchados con sus superhéroes, nacidos ellos más del desarrollo de las nuevas tecnologías que de la creación artística. O para decirlo de manera más sencilla: es la tecnología la que utiliza al artista y relega a un plano secundario los elementos claves del arte, mediante un espectáculo reiterativo donde poco tiene que buscar la espiritualidad y el goce estético.

Se trata de un marco estrecho, y sin ventanas hacia otras opciones, que hace sufrir si no se corre a ver al  último héroe superdotado, ese cultivador de músculos  que para no pocos  se ha convertido  en el máximo exponente de lo que debe significar el cine, no importa que, como dijera Scorsese, está lejos de ser  «el cine de seres humanos tratando de transmitir experiencias emocionales y sicológicas a otro ser humano».

Tratar de defender la producción desenfrenada de tales cintas bajo el pretexto de «películas de entretenimiento» no sería por entero exacto, porque casi desde el mismo nacimiento del cinematógrafo  existieron esas entregas de corte comercial y muy variadas en temática, no pocas con un encomiable nivel  de realización dentro de su categoría y hasta merecedoras de un cierto reconocimiento  de «cine de autor».

Solo que siempre ha sido más exitoso para la llamada industria del entretenimiento concentrar esfuerzos y recursos en un producto abarcador en cuanto a la conformación del gusto. Y si las estadísticas demuestran que los que más cine ven son los pequeños y jóvenes, nada más fácil entonces que apoyarse en el concepto seductor de que todos crecemos con un niño adentro para infantilizar  la pantalla.

Con lo cual –a no dudarlo– se sigue disminuyendo el papel decisivo del cine en la cultura.

Fuente: GRANMA