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ANGELA NAGLE: “LAS HORDAS DE TWITTER PRACTICAN LA CAZA DE BRUJAS, DISFRUTAN DESTRUYENDO PERSONAS”

ANGELA NAGLE
La analista estadounidense, autora de ‘Muerte a los normies’, retratada en Barcelona. SANTI COGOLLUDO

JAVIER BLÁNQUEZ

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Angela Nagle (Houston, 1984). Su especialidad es la antropología de internet: las hordas de trols y las guerras culturales que han aupado fenómenos como la alt-right, que desmenuza en su ensayo Muerte a los normies (Orciny Press, 2018).

Defíname qué es un ‘normie’.

Alguien que se identifica con la corriente principal en gustos, consumo de noticias y opiniones políticas, y que se mantiene alejado de las subculturas de internet.

¿Y por qué deberían morir?

«Muerte a los normies» es una expresión que vi en 4chan. Indica que es imposible comunicarse con la gente normal. Cuando 4chan se convirtió en una plataforma más política, parecía que allí interpretaban mejor la realidad que la gente normal.

¿Conoce Forocoches, el 4chan español?

Me han explicado lo que es mientras he estado aquí. Pero no creo que pueda entender el lenguaje de esa comunidad.

Empezó su investigación a partir del crecimiento del discurso misógino en internet. Después del #MeToo, ¿dónde estamos?

El feminismo está ganando su guerra cultural, pero la misoginia crece como respuesta a la transformación del feminismo ya no en contracultura, sino en cultura mainstream.

Antes los trols eran traviesos y divertidos. ¿Se han vuelto peligrosos ahora?

Cuando escribí mi libro estaban bien organizados y sus ataques iban en serio, pero en los últimos meses esto se ha frenado porque muchas redes sociales, como Facebook o YouTube, los han ido borrando. Antes, escribía un artículo y aparecían cientos de trols para acosarme. Ahora ya no están.

ANGELA NAGLE - Muerte-a-los-normiesWEB

Se sentirá aliviada.

Sí, pero esto me plantea otra pregunta: ¿es correcto que estas plataformas decidan quién tiene libertad de expresión y quién no? La derecha en Estados Unidos concede este papel al estado, pero no a las empresas. Cuando aceptas sus condiciones, les das libertad para expulsarte. Podríamos ser los siguientes.

Lleva en Twitter desde 2016. ¿Es nueva, o es que ha vuelto?

Estuve, me fui y volví. Odio Twitter, me marcharé otra vez, pero ahora por trabajo debo estar. Es una plataforma horrible, hostil ante cualquier diversidad de opinión, como un patio de colegio.

En su libro habla sobre trols, pero no sobre los linchamientos vía Twitter. ¿Son lo mismo?

El trol adopta una posición antimoral, es maleducado y sucio, pero las hordas de Twitter practican la caza de brujas: disfrutan de la destrucción de una persona. Les une el odio, no la voluntad de ganar un debate.

¿Qué clase de trol es Donald Trump?

Es el último estertor de una idea clave de la alt-right, la resistencia a que los blancos sean en breve minoría en Estados Unidos. Es el último intento por mantener la idea de una América blanca y masculina.

Internet y el mundo real votan de manera distinta: la izquierda arrasa en las redes pero gobiernan los conservadores. ¿Va a cambiar?

La izquierda está en Twitter, y Twitter no es representativo: demasiados periodistas. Si quieres saber lo que piensa la derecha, ve a la sección de comentarios de los periódicos. La izquierda no gana, y de ahí la frustración que le causa sentirse infrarrepresentada.

Usted es progresista, pero crítica con la izquierda. ¿Cuál es su problema?

La izquierda crea debates en asuntos culturales: feminismo, género… No estoy en contra, pero tampoco son un gran problema. Y mientras tanto los salarios bajan y los alquileres suben. Nos hemos olvidado de lo material.

Y ese espacio lo ocupa la alt-right. ¿Puede ser hegemónica durante años?

No creo, pero sus ideas no desaparecerán. Los adolescentes despiertan ahora a la política en internet con las ideas de la alt-right.

¿Se soluciona algo abandonando internet?

Si vives fuera, serás más feliz. Pero una decisión individual no marca la diferencia. Lo ideal sería que todo el mundo dejara Twitter, pero mientras tanto, allí se generan debates poco realistas, y que influyen en la opinión pública mucho menos de lo que la gente cree.

Fuente: Papel, EL MUNDO