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SILVIO RODRÍGUEZ: “TODAS LAS CANCIONES, HABLEN DE LO QUE HABLEN, SON POLÍTICAS”. BÁRBARA SCHIJMAN

El trovador cubano habla sobre su último trabajo, su vida y la pandemia*

Sus canciones son testimonio de honestidad y de un compromiso social que abriga y reparte desde que era muy niño. En diálogo con Página/12, se refiere a Para la espera, una obra que dedicó a siete “excelentes creadores que el mundo ha perdido”. Su música, sus lugares, sus tiempos y la gente de su vida.

En junio último Silvio Rodríguez presentó Para la espera, un trabajo compuesto por trece canciones, diez inéditas y tres divulgadas anteriormente.

BÁRBARA SCHIJMAN

Para la espera incluye algunas de las canciones que he compuesto en los últimos años. En todos los casos son primeras versiones, realizadas poco tiempo después de haberlas compuesto”, aclara Silvio. “Los instrumentos y voces que aquí se escuchan soy yo mismo, tomando apuntes para desarrollar después. Solo tres de estos temas fueron divulgados anteriormente: ‘Jugábamos a Dios’ (2010) para los créditos del filme ‘Afinidades’ –dirigido por Jorge Perugorría y Vladimir Cruz–, ‘Viene la cosa’ (2016), interpretada en múltiples conciertos en barrios de La Habana y ‘Noche sin fin y mar’ (2017), dedicado a mi querido amigo Eduardo Aute. Los 10 temas restantes son inéditos”, detalla.

El total se completa con “La adivinanza”, “Aunque no quiero, veo que me alejo”, “Conteo atrás”, “Si Lucifer Volviera al Paraíso”, “Una sombra”, “Los Aliviadores”, “Modo frigio”, “Danzón para la Espera”, “Después de vivir”, y en la instrumental “Página Final”. El disco, que llega cinco años después de Amoríos (2015), tiene de todo: melancolía, reflexión, causas justas, esperas, familia y amigos.

Trece canciones en su regreso a un formato solitario, donde se acompaña con la guitarra, pero también toca el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Intimidad y comunión para dedicar su nueva entrega a siete amigos que murieron entre marzo y abril de este año: Tupac Pinilla, Juan Padrón, Luis Eduardo Aute, César López, Luis Sepúlveda, Marcos Mundstock y Óscar Chávez.

Se presenta como “trovador nacido en San Antonio de los Baños, Cuba, en 1946, hijo de Argelia y Dagoberto”.

–Dedicó Para la espera a siete amigos que murieron este año. El nombre del disco aparece en “Danzón para la espera”, una canción que habla sobre las esperas, la esperanza, los danzones que se van. ¿De los anhelos más profundos, hay alguno que espere especialmente?

–Algunos de los más profundos anhelos suelen vivir en una incertidumbre constante: sí pero no, pero sí, pero a lo mejor… La suerte es que uno es tan insolente (o necesitado) que apuesta.Sobre la dedicatoria, unos fueron más cercanos que otros, pero con todos tuve algún vínculo entrañable por su quehacer. En Para la espera hay canciones que visitan o se asoman a misterios. Una es “Noche sin fin y mar”, que le dediqué a Eduardo Aute, amigo de muchos años y de muchas cosas. Su familia es mi familia española. Está también “Después de vivir”, que es como una pausa, una suerte de respiro antes de soltar amarras, aunque todos los grandes cambios suelen tener sus preámbulos, sus limbos.

–Es músico de contacto, de mirada y aplauso cercano. En este contexto, ¿cómo vivió la experiencia de lanzar y presentar su nuevo disco en plataformas digitales?

–Hay que decir que ha sido el disco más gentil de los que he hecho. No tuve que ir a dar la lata a ningún sitio. Nadie tuvo que cambiar planes y movilizarse. Suavidad que nos regala el éter (aunque la musculatura se resienta).

–De chico soñaba con ser astronauta y, de hecho, muchas de sus canciones hacen referencia a la astronomía, al espacio. ¿Qué lugar ocupa lo lúdico en su música?

–Las estrellas son muy atractivas a los niños, todos nos preguntamos qué hay allá; supongo que era eso. También dije que quería ser astrónomo. Lo cierto es que yo leía comics de ciencia ficción: Buck Rogers, Flash Gordon, Cadetes del Espacio y otros. Años después fui dibujante de comics. Ahora los canto. Imagínese que a mi pueblo le dicen San Antonio del Humor. Se lo ganó por haber dado a dos de los dibujantes más importantes de la historia de Cuba: Eduardo Abela y René de la Nuez; y a un tercero que, aunque nació en Asturias, vivió con nosotros desde su adolescencia: José Luis Posada. Por eso en mi pueblo hay una Bienal del Humor y un Museo del Humor. Esto no quiere decir que todos los nacidos en el Ariguanabo seamos graciosos. Yo, por ejemplo, he tenido muy mala suerte haciendo chistes. Casi nunca la gente se percata de mis bromas y me toman en serio. Aunque por suerte cuando he hablado en serio me han tomado en broma.

–El documental Silvio Rodríguez. Mi primera gran tarea, realizado por The Literacy Project (El proyecto Alfabetizador) y producido por la realizadora Catherine Murphy, que se presentó en septiembre pasado, relata su fuerte compromiso social desde muy temprana edad. ¿Se identifica con la imagen que reproduce el trabajo de Murphy?

–Nombrar y clasificar ayuda al conocimiento, por eso es bueno tener organizado lo que se sabe; pero, tratándose de personas, me parece que nadie es en realidad el cartelito que le ponen. No somos más que una vida que casualmente apareció en una geografía; los nietos de nuestros abuelos, los hijos de nuestros padres; la muchacha o el muchacho que vivía en tal calle y edificio, en un número de apartamento; el compañero de clase de muchos. Los que por alguna razón nos visibilizamos tampoco sabíamos lo que nos esperaba, mucho menos que habría nuevas clasificaciones y exámenes de rendimiento. Uno nunca se despoja de sus ancestros, de su historia, de su familia, de los rincones de su vida; todos andamos con eso a todas partes.

–Justamente, sobre los rincones de su vida, ¿cómo fueron los tiempos en San Antonio de los Baños?

–En San Antonio viví en varios lugares: en casa de mis abuelos, que fue donde nací; después en una cuartería (ustedes les llaman conventillos); luego en una casita de madera que tenía un patio común con otra familia; más tarde en casa de un primo y por último en otra casita donde mi madre peinaba señoras y yo subía por las noches a los ómnibus locales a cantar, con varios compinches. Pero lo que más tengo presente de mi pueblo es el río y el monte, a donde me escapaba cada vez que podía (y cuando no también). La mayoría de mis mejores recuerdos de infancia tienen que ver con mi pueblo. De La Habana recuerdo felizmente las noches de los viernes en que mi tío Angelito me llevaba al cine, y al final íbamos a los chinos, a comer arroz frito.

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ONU 75: COOPERACIÓN O APOCALIPSIS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

Esta semana se desarrollala Asamblea General de la ONU dedicada a conmemorar el 75 aniversario de la organización. Entre los temas a debate, los desafíos multifacéticos de la pandemia, la pospandemia y gravísimas amenazas como el colapso climático o la carrera nuclear. Por eso menciono en el título de este trabajo, con plena deliberación, el apocalipsis; según el diccionario de la RAE: situación catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos que evoca la imagen de la destrucción total. Aquí me refiero a agentes humanos, pues su enrolamiento forzado en el sistema capitalista ha hecho a nuestra especie causante y víctima, a la vez, de las pandemias, del colapso climático y de la carrera nuclear, fenómenos que la empujan a su desaparición de la faz de la Tierra. Aunque ese trágico desenlace podría evitarse si avanzáramos a una radical transformación social que ponga freno al derroche capitalista y estimule la construcción de un mundo solidario y fraterno. Se trata del acto más democrático posible: hacer que prevalezca el derecho a la vida de la inmensa mayoría del género humano sobre el ilegítimo afán de lucro de una cada vez más exigua élite de magnates financieros.

En esta asamblea no han faltado palabras lúcidas de algunos de los líderes mundiales, comenzando por las iniciales del portugués Antonio Guterres, secretario general de la ONU, verdaderamente acertadas: Veinticinco años después de la Plataforma de Acción de Beijing, la desigualdad de género sigue siendo el mayor desafío individual a los derechos humanos en todo el mundo. Se avecina una catástrofe climática. La biodiversidad se derrumba. Añadió el peligro que entrañan las armas nucleares, así como las amenazas que crean las nuevas tecnologías y las fragilidades que ha expuesto la pandemia. Sólo podemos enfrentarlas juntos, dijo, y puso el dedo en la llaga: hoy en día tenemos un superávit de desafíos multilaterales y un déficit de soluciones multilaterales. Guterres volvió a pedir que callen las armas.

No podían faltar discursos totalmente contrarios a los del secretario general, como los de Trump ( America first) y sus títeres Bolsonaro, Duque (conocido como el mentiroso), Piñera, Moreno y sus homólogos, exponentes de la decadente derecha latinoamericana por no hablar de los deprimentes líderes de la Unión Europea.

Contienen contribuciones muy importantes al logro de la paz, la cooperación, el multilateralismo y la solidaridad internacional los mensajes de Putin, Xi Jinping y el iraní Hassan Rouhani. Ahora bien, de todos los que leí, que no fueron pocos, el que me pareció más completo e integral fue el del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, porque sintetiza, además, muchas de las mejores ideas expuestas ahí:

Tanto como la solución a la pandemia, urge ya la democratización de esta indispensable organización, para que responda de manera efectiva a las necesidades y aspiraciones de todos los pueblos. El anhelado derecho de la humanidad a vivir en paz y seguridad, con justicia y libertad, base de la unión de las naciones, es constantemente amenazado. Más de 1.9 billones de dólares se dilapidan hoy en una insensata carrera armamentista sustentada en la política agresiva y guerrerista del imperialismo, cuyo máximo exponente es el actual gobierno de Estados Unidos, responsable del gasto militar global. Hablamos de un régimen marcadamente agresivo y moralmente corrupto, que desprecia y ataca el multilateralismo, emplea el chantaje financiero en su relación con las agencias del sistema de Naciones Unidas y con una prepotencia nunca antes vista se retira de la Organización Mundial de la Salud, de la Unesco y del Consejo de Derechos Humanos. Hoy somos dolorosos testigos del desastre a que ha conducido al mundo el sistema irracional e insostenible de producción y consumo del capitalismo, décadas de un injusto orden internacional y de aplicación de un crudo y desenfrenado neoliberalismo, que ha agravado las desigualdades y sacrificado el derecho de los pueblos al desarrollo.

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AL RESCATE DEL ABUELO. IRIS OROPESA MECÍAS

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo…

Poema sobre la vejez,
José Saramago.

IRIS OROPESA MECÍAS

Cuando todo esto acabe y usted calcule los efectos a largo plazo del aislamiento sobre su capacidad mental y neurológica, tal vez deba tener en cuenta su edad, su género, su grupo social y hasta el tipo de barrio en que vive. Pero muchos no recordarán ni su propio nombre.

 Ahora mismo, por ejemplo, si le preguntáramos a un hombre educado y adinerado en un país primer mundista qué cambios ha traído esta pandemia para su vida, probablemente, aunque se trate de la misma cepa del virus su respuesta tenga muy poco que ver con la versión de un anciano pobre en el sur del mundo.

 Asimismo, un niño africano que recibía su única comida diaria en su escuela y lleva meses malnutrido por causa del cese de los cursos, no recordará del mismo modo este fenómeno, si sobrevive a él, que un joven de clase media de algún país europeo. Un adulto mayor sin familia de algún país pobre, no percibe hoy el mismo nivel de riesgo que un joven sano que reside en la zona burguesa de Sudáfrica, por ejemplo.

 Y aunque la verdad que revela la ciencia sea una en cuanto a microorganismos, procesos de contagio, y cura, hoy hay muchas pandemias, muchos aislamientos y muchas historias del mismo fenómeno.

 En una nación envejecida como la nuestra, donde centenares de adultos mayores han visto restringidas sus interacciones sociales e inundadas de peligros sus esperanzas de vida, el estudio de perspectivas y grupos etarios adquiere gran importancia científica.

 Nuestros abuelos, reducidos a pequeñas áreas dentro de las viviendas, sobresaturados de alertas noticiosas, y dependientes, cada vez más, del comportamiento de los jóvenes, nos llevan a enfocar los sucesos sanitarios de hoy desde el prisma por sectores, un camino por el cual recientes indagaciones pronostican las secuelas mentales y neurológicas para los ancianos encerrados en casa.

La mente de los ancianos, la más golpeada

Uno de los equipos que asumió la responsabilidad de estudios de perspectiva etaria fue el de la Universidad argentina Manuela Beltrán.

De acuerdo a la investigación de la Universidad, se ha encontrado que en una muestra de 200 adultos mayores con una media de edad de 71 años, el 46 por ciento de los evaluados presentan deterioro de sus procesos cognitivos y un 51 por ciento presentaba un envejecimiento normal. Las mujeres, con un 33 por ciento, presentaron mayor frecuencia de deterioro, frente a un 13 por ciento en comparación con los hombres.

Variables como la actividad física, alimentación saludable, el no consumo de alcohol y cigarrillo, y las relaciones sociales estaban relacionadas con un envejecimiento saludable y con una mejor calidad de vida entre los encuestados. Asimismo, las actividades de estimulación cognitiva como dibujar o cuidar a los nietos fueron un factor protector para los cerebros que resultaron mantenerse más sanos.

 Chile comparte una importante característica demográfica con Cuba, el gran envejecimiento de sus habitantes por la extensión de la expectativa de vida, por ello, por similar ruta investigativa, el Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile descubrió que se proyecta un eventual aumento en la incidencia y severidad de los cuadros de enfermedades cerebrales en adultos mayores para los próximos meses como consecuencia de la pandemia por la Covid-19.

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PRÓXIMO ESTRENO: UNA DELGADA LÍNEA PANDÉMICA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Crítica “cinematográfica” sobre una película que aún no se filma 

ilustración Fernando

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Todo es predecible. Pronto (antes de lo que uno imagine) aparecerá en las pantallas de las salas cinematográficas (cada día más convertidas en tele-salas caseras) o en sus variantes de exhibición “bajo demanda” (on demand), el show de la pandemia en manos de la ideología dominante. No es difícil adelantarse a las productoras fílmicas.

Protagonizado por alguno de los “galanes” más taquilleros y alguna de las mujeres más objetualizadas por el mercado de la imagen audiovisual, (en ese orden) veremos el drama desgarrador de una “historia de amor” atravesada por nociones científicas de moda y la “fatalidad” de una guerra inter-imperial entre chinos, rusos y yanquis, por el control de una vacuna milagrosa y planetaria, donde “el bien y el mal” de disputan el mercado farmacéutico trasnacional. Tendrá condimentos fuertes de horror.

Habrá escenas de alcoba y desnudez al límite, tensión dramática, violencia con sangre e insultos, diálogos perversos, miradas cándidas, vestuarios de lujo y contrastes de clase. Habrá persecuciones en automóviles en las avenidas más imposibles de las capitales mundiales más saturadas. Efectos especiales a granel, impactos sonoros, música planeada para manipular emociones y gran derroche de recursos con procedencia ignota: limusinas, aviones, yates, motocicletas y mansiones infestadas de lujuria burguesa. Podría ser una coproducción triple.

Es de esperarse que la pandemia sea usada, como todo lo que el capitalismo es capaz de manosear, a su impúdico e impune antojo sempiterno. Es de esperarse que al COVID-19 termine siendo inoculado ideológicamente y que para culpar y exculpar aberraciones de toda especie, aparezca en las pantallas como un género nuevo de maldad que amenaza a “la vida feliz burguesa” agazapada ya en algunos proyectos de “nueva normalidad”.

Y, desde luego, los mercachifles de la industria cinematográfica ya deben estar adelantando propuestas para comerciar con el número de contagios, muertes y devastaciones sufridas por causa del virus y por causa del sistema económico que hizo letal. Unos pensarán en largometrajes de acción y otros ya estarán diseñado series de 5, o más, temporadas. Quizá algunos “reality shows”, obras de teatro, novelas, cuentos y “stand up”. Nadie querrá quedarse afuera de un negocio que ayude a sublimar, con tramas cursis, el drama crudo de un sistema económico putrefacto que ha exhibido sus entrañas inhumanas.

No han tenido pudor para usar los muertos de Hiroshima y Nagasaki, los campos de exterminio financiados por los nazis, los golpes de estado y el asesinato de lideres y movimientos sociales… no hay límite para la voracidad de los mercachifles del espectáculo y sus patrocinadores. Y no hay sanción imaginable contra el abuso desaforado que somete las desgracias humanas al negocio de unos cuantos empresarios de la farándula.

La obscenidad no está sólo en el oportunismo (predecible), no está sólo en el hecho de comerciar con las tragedias humanas, tampoco está sólo en la desfachatez de acusar, en los “otros”, los defectos propios, ni en buscar compulsivamente, a quién echar la culpa de las canalladas vernáculas. La barbarie se expresa, con toda su amplitud, en el empeño desmesurado por inundar las cabezas de los pueblos con ideología chatarra basada en anestesiar conciencias con sobredosis de entretenimiento burgués. Y hacer de eso un negocio.

La obscenidad es despilfarrar dinero para fabricar historias cuyo “glamour” de mercado tiene por objeto aniquilar la crítica y suplantarla con solidaridad de clase. Empatías con el verdugo para mejorar sus ganancias. Muy mal. Pero con todo y lo obsceno, no se trata sólo de un problema moral. Se trata de una guerra semiótica, se trata del despojo y de la usurpación simbólica orquestada por los latifundistas de los “mass media” contra una población mundial ensimismada en sus miedos y en las fragilidades que se nos han multiplicado a raíz de la pandemia declarada sin consulta.

Toda esa parafernalia mediática, amasada por los monopolios de la información y las mafias de las farmacéuticas, militares y bancarias… tendrá, tarde o temprano, expresión en una y varias películas o “series” cargadas con el recetario nauseabundo del éxito mediático burgués. Repetirán su cursilería melosa, sus re-manidos  gestos de dolor, alegría y éxtasis; sus trabucadas frases, de corte psicótico y supremacista, con ambición de “slogan”. Harán lo imposible por comprimir una pandemia de magnitudes inmensas en una cápsula ideológica “pay per view”.

Todo eso ya lo sabemos, todo eso es predecible y adivinable. Quizá nos sorprendan con algún hallazgo tecnológico o algún efecto “3D”. Por lo demás será más de los mismo. Ya lo sabemos antes de que lo filmen. El gran desafío radica en estar, nosotros, preparados para dar la batalla semiótica. Estar alertas y en guardia intelectual y creativa, con el pensamiento crítico afilado y las precauciones indispensables para no quedar contaminados por una ideología tóxica y paralizante, como es la ideología de clase dominante. Otra pandemia para la cual aún no contamos con vacunas suficientes y al alcance de las luchas sociales. Preparémonos.

QUE LA CRISIS LA PAGUEN LOS RICOS. KATU ARKONADA

CARO Y LUJOSO 1

 

KATU ARKONADA*

KATU 4Después de la crisis económica de 2008, hubo un sector que no sólo se recuperó rápido, sino que siguió creciendo exponencialmente, el de los artículos de lujo. Mientras una buena parte de la población veía recortados sus derechos sociales y laborales, la ocupación de hoteles de 5 estrellas, la venta de inmuebles de firmas de lujo como Engel & Völkers, o la compra de productos como relojes caros, joyería o arte, aumentó por encima de 10 por ciento anual.

Este obsceno indicador sintetiza muy bien lo que significó la crisis de 2008 para la humanidad. La salida a la crisis la pagaron las mayorías sociales en beneficio de una élite. Se socializaron las pérdidas, mediante la compra de la deuda de los bancos privados con el objetivo de que no colapsara el sistema financiero internacional, y se privatizaron las ganancias. Se rescataron otras grandes empresas como General Electric o General Motors, sin que el Estado después de salvar a estas empresas, impusiera ninguna cláusula de recuperación de empleos. Y cuando una parte de esos trabajos se recuperaron, fue con unas condiciones salariales infinitamente peores que antes de la crisis.

Hoy día, cuando parece que ya ha pasado lo peor de la pandemia y la crisis de salud, nos encontramos a las puertas de una crisis económica mundial, probablemente más fuerte y profunda que la de 2008.

La Organización Mundial del Comercio ha estimado que la economía mundial podría contraerse hasta en 18.5 por ciento, y el informe de abril del Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB regional podría descender 5.2 por ciento, porcentaje mayor a 5 por ciento de los años 30 posteriores al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 y desde luego más grande que el 2 por ciento posterior a 2008.

En América Latina y el Caribe, una región exportadora de materias primas y productos manufacturados, la OIT calcula que más de 10 millones de personas perderán sus empleos por la pandemia, y la Cepal en su informe El desafío social en tiempos del Covid-19 calcula un aumento de la pobreza de 4.4 puntos porcentuales que se traducen en 28.7 millones adicionales de personas pobres (para alcanzar 214.7 millones de personas) y un aumento de la extrema pobreza de 2.6 puntos porcentuales, que eleva el total a 83.4 millones de personas en la región.

A todo lo anterior hay que sumarle la crisis petrolera, con una rebaja de la producción de 10 millones de barriles y el desplome de los precios que aunque ya en recuperación, no volverán a alcanzar a finales de 2020 los de 2019, según la Agencia Internacional de la Energía.

Si a todo lo anterior le sumamos la crisis estructural en forma de cambio climático que vivimos, con un aumento de las emisiones anuales de dióxido de carbono por encima de los 50 gigatones (cada gigatón equivale a mil millones de toneladas), el resultado es devastador: deshielo acelerado de los polos al mismo tiempo que se eleva el nivel del mar, y aumento de la temperatura media global de entre 1.2 y 1.3 °C en los próximos cinco años, que nos acerca al temido límite de más 2 °C de temperatura media del planeta por encima del periodo preindustrial.

Por todo lo anterior se hace cada vez más urgente el debate sobre el modo de producción capitalista, pero sin posiciones maniqueas como las que estamos acostumbrados a leer en todo lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo. Los países del sur no sólo tienen el derecho, sino la obligación de sacar a centenares de millones de personas de la pobreza, haciéndolo eso sí, en un equilibrio entre ese crecimiento al que tuvieron acceso los países del norte, y los derechos de la naturaleza en un planeta finito que no da mucho más de sí.

La pandemia global de coronavirus ha venido a acelerar una crisis que ya se atisbaba en el horizonte, el de un modo de producción insostenible, sobre todo de los países del norte, que además no quieren hacer una transferencia de tecnología, como pago parcial de la deuda ecológica que tienen con el sur por la explotación de sus pueblos, personas, y recursos naturales durante siglos. Si además le agregamos a la ecuación la variable de la financiarización de la economía, con cada vez menos producción de bienes tangibles, y mayor especulación económica, la combinación es explosiva, y sobre todo, insostenible.

Pero si algo bueno deja esta pandemia es el retorno del Estado, la ruptura entre amplias capas de la clase media del consenso cultural instalado por el neoliberalismo de que el Estado no era necesario, y de que a menos Estado, más eficiencia. Va a ser muy difícil para los defensores de la globalización neoliberal en crisis defender que los bienes comunes, especialmente la salud, no deben estar en manos del Estado para garantizar el acceso universal y en las mejores condiciones posibles a su población.

Ahí está la grieta para romper el consenso neoliberal, todavía hegemónico desde el punto de vista cultural. La necesidad del retorno del Estado. Y después de instalar ese nuevo consenso, es necesario dar un nuevo paso: que la crisis no la paguen las y los de siempre, los de abajo, los más humildes. Que la crisis económica que está llegando la paguen los de arriba. Que la crisis la paguen los ricos.

*Politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina

Fuente: LA JORNADA

FACTORES DE LA GUERRA MEDIÁTICA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

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FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ 

FERNANDO BUEN ABAD, ESCRITOR MEXICANO Y MÁSTER EN FILOSOFÍA POEstamos bajo el fuego de (al menos) tres guerras simultáneas: una Guerra Económica desatada para dar otra “vuelta de tuerca” contra la clase trabajadora; una Guerra Territorial para asegurarse el control, metro a metro, contra las movilizaciones y protestas sociales que se multiplican en todo el planeta, y una Guerra Mediática para anestesiarnos y criminalizar las luchas sociales y a sus líderes. Tres fuegos que operan de manera combinada desde las mafias financieras globales, la industria bélica y el reeditado “Plan Cóndor Comunicacional” empecinado en silenciar a los pueblos. Todo con la complicidad de gobiernos serviles especialistas en gerenciar los peores designios contra la humanidad. Hay que decirlo con claridad y sin atenuantes.

En particular, pero no aislada, se ha desatado contra el pueblo trabajador, de todo el planeta, una guerra mediática sin clemencia (aunque algunos todavía se nieguen a verla). Tal guerra mediática es extensión de la guerra económica del capitalismo y es inexplicable sin explicarse(histórica y científicamente) cómo opera el capitalismo en sus fases diversas, incluyendo su actual fase imperial. La guerra contra los pueblos no se contenta con poner su bota explotadora en el cuello de los trabajadores; quiere, además, que se lo agradezcamos; que reconozcamos que eso está “bien”, que nos hace “bien”; que le aplaudamos y que heredemos a nuestra prole los valores de la explotación y la humillación como si se tratara de un triunfo moral de toda la humanidad. La guerra oligarca contra los pueblos nunca ha sido sólo material y concreta… ha sido ideológica y subjetiva. Nada de esto es nuevo, no se anota aquí como descubrimiento ni como verdad revelada, es la condena de clase sobre la que se verifica nuestra existencia. Mayormente en silencio.

Al lado de las consecuencias concretas de la “Triple Guerra”, que en cada país deja huellas específicas, está el problema de entender sus efectos supra, trans e intranacionales. Una parte del poder económico-político de las empresas transnacionales tiene su identidad vernácula desembozada o maquillada por prestanombres de todo tipo. Se trata de una doble articulación alienante que supera a los poderes nacionales (no tributa, no respeta leyes y no respeta identidades), mientras ofrece respaldo a operaciones locales en las que se inclina la balanza del capital contra el trabajo. Así, empresas como Shell (energética), aliada con bancos locales o internacionales, financia frentes mediáticos (televisoras, radios, periodistas, prensa) y promueve “estrategias” de defensa para los Estados aliados. Sus aliados. El discurso financiado es un sistema de defensa estratégica transnacional operada desde las centrales imperiales con ayudas vernáculas. Mismo modelo imperial con décadas de añejamiento pero tecnología actualizada. Es decir, nada de esto es nuevo, lo supimos y los sabemos.

CONFLUENCIA DE VIRUS EN AMÉRICA LATINA. CLAUDIO KATZ

CLAUDIO KATZ

CLAUDIO KATZLa pandemia ya provocó en América Latina un drama mayúsculo en tres países (Brasil, Ecuador y Perú) y escenarios de gran peligro en otro grupo de naciones. El cuadro de situación cambia día a día y nadie sabe cuál será el impacto final de la infección. Hasta ahora el porcentual de fallecidos es inferior a Europa y Estados Unidos, pero la oleada de contagios no alcanzó su pico[i].

Como el coronavirus llegó más tarde, todos los gobiernos tuvieron cierto tiempo para implementar el distanciamiento social requerido para aplanar la curva de contagios. Esa medida fue rechazada o adoptada en forma tardía por los países que concentran el grueso de las víctimas[ii].

VARIANTES DEL NEGACIONISMO

Bolsonaro es el responsable de una tasa explosiva de infectados y un ritmo desgarrador de muertes. Los contendores sustituyen a las morgues, las fosas comunes reemplazan a los cementerios y los aviones transportan ataúdes. En algunos sanatorios rige un protocolo para definir quién será sacrificado en la asignación de los escasos respiradores.

Este dantesco escenario es un efecto directo de la ausencia de prevención. Las escasas medidas de protección sanitaria fueron instrumentadas en forma caótica por los gobernadores. Bolsonaro mantiene la política criminal que Trump y Johnson debieron abandonar. Prioriza los negocios a la vida humana y minimiza la “gripecita”, mientras propicia actividades masivas e incentiva el funcionamiento corriente de la economía. Actúa como un psicópata en la presidencia que sonríe durante los paseos acuáticos, en medio del luto nacional imperante por el récord de 10.000 muertos.

Ecuador ha sido testigo de una crueldad equivalente. Guayaquil concentra el mayor número de casos per cápita de la región, con fallecidos recogidos en sus domicilios sin ninguna atención hospitalaria. Muchos cadáveres permanecieron en las calles hasta que la alcaldía habilitó una fosa común. Ni siquiera funcionaron los crematorios que cobran altas sumas por la recepción de los cuerpos. Lenin Moreno oculta la magnitud de las víctimas fatales y compite con Bolsonaro en su indiferencia ante la muerte.

En Perú el torrente de fallecidos aumenta en forma vertiginosa, a pesar de los controles y la inversión en reactivos. La incapacidad para implementar el distanciamiento social ha confirmado el rol insuficiente de los testeos. Un sistema sanitario desmantelado por años de maltrato neoliberal ha quedado desbordado por la masa de los contagiados.

Otras variantes negacionistas han descollado en el plano retórico. El ministro de salud de Chile convocó a desconocer las cuarentenas y su par de Bolivia se opuso a las campañas de prevención. Los gobiernos derechistas -que finalmente implementaron en forma parcial el confinamiento bajo la presión de las provincias o los municipios- intentan relajar o anular esa restricción. Colombia es un ejemplo de esa aplicación a regañadientes y en cuentagotas de la cuarentena.

El alto número de testeos y la baja mortalidad inicial en Chile contrastan con la gran aceleración de los contagios y el potencial desborde del sistema hospitalario. Piñera no puede desentenderse como Bolsonaro de la pandemia. Bajo el impacto de una gran rebelión popular debe simular preocupación por el avance de la infección.

OTRAS RESPUESTAS

Varios gobiernos de la región adoptaron medidas de protección sanitaria. En Argentina se introdujo una cuarentena muy estricta y temprana para preparar los circuitos sanitarios, bajo un inédito comando de los epidemiólogos. Estas medidas han permitido controlar hasta ahora la tasa de contagios, el número de fallecidos y las camas disponibles. En estos tres indicadores se verifica una abismal distancia con las cifras de Brasil, Ecuador o Perú.

Pero el peligro persiste en las zonas más vulnerables de los suburbios, las cárceles y los geriátricos. Además, la proporción de personal de salud infectado se ubica en un tope internacional y el número de testeos es muy bajo.

Cuba ofrece otro modelo de protección, basado en un sólido sistema sanitario. La población está preparada para lidiar con catástrofes periódicas (como los huracanes) y afronta la pandemia con una cuarentena parcial y normas específicas de atención de la enorme población adulta.

El sistema de salud público e igualitario de la isla permite ajustar los dispositivos, en un escenario económico muy deteriorado por el desplome del turismo y la retracción de las divisas. Estos logros son silenciados por los grandes medios de comunicación, que siempre elogian algún caso significativo (ahora Costa Rica) para ignorar los méritos de Cuba.

También llama la atención la rápida reacción del gobierno venezolano frente a la pandemia, en un contexto económico-social durísimo. Se ha logrado mantener aplanada la curva de contagios, mediante un método de control domiciliario y telefónico. El gobierno utiliza la gran estructura de organismos populares (misiones, CLAPS) y el asesoramiento médico cubano. Ha conseguido un alivio, en el dramático escenario del bloqueo, la agresión externa, la dolarización informal de los altos ingresos y la asistencia social al grueso de la población. El país bombea un tercio del petróleo extraído en el pasado, en un marco de virulenta desvalorización de su principal producto de exportación.

En México la tasa de contagios y fallecidos se intensifica en un marco contradictorio. Las confusas declaraciones presidenciales al comienzo de la pandemia fueron seguidas por medidas de cuidado y vigilancia epidemiológica, pero sin cuarentena general. Se puso en práctica un sistema de testeo, alerta temprana y centralización del sistema sanitario. El gobierno explicita sus críticas a la destrucción neoliberal de la salud pública y a la mercantilización de un sistema que desatendió las enfermedades crónicas.

Existe además un foco de potencial contagio en las maquilas, que si no es contenido podría convertir a las ciudades fronterizas en la Lombardía de México. La decisión de proteger la vida de los operarios será puesta a prueba, frente a la presión estadounidense para forzar un retorno anticipado al trabajo en ese sector.

Nicaragua plantea un enigma. Allí no rige la cuarentena, ni los barbijos, ni los testeos. Tampoco se han aplicado políticas de distanciamiento social. El gobierno convoca a concentraciones masivas, propicia las actividades festivas y mantiene abiertas las fronteras. Además, un presidente ausente propone la lectura de la Biblia para lidiar con la pandemia, omitiendo todas las recomendaciones de los epidemiólogos. En ese escenario el número oficial de fallecidos es llamativamente bajo. Seguramente se podrá dilucidar en poco tiempo esa anomalía.

Muchos factores inciden en los distintos casos en la evolución general de la infección, pero las políticas de abandono o protección de la salud agravan o atenúan los contagios. La conducta de cada gobierno es determinante de esas consecuencias.

INDEFENSIÓN POR LA DEPENDENCIA

Como la demografía determina cursos muy variados hay que ser cuidadoso en las comparaciones con otras regiones. Al igual que en Medio Oriente o África, no se sabe aún si en América Latina la oleada más fuerte de coronavirus se ha demorado o pasará de largo.

La misma cautela se impone en los contrastes entre países. La desconexión con el exterior o las dificultades del transporte interno (resultantes del propio subdesarrollo) suelen actuar como barreras al movimiento de las personas infectadas. Algunos especialistas consideran, además, que la preexistencia de otras epidemias puede contrarrestar la expansión de las nuevas.

Lo único seguro es el atroz efecto de la pandemia, si alcanza en América Latina la magnitud observada en el hemisferio norte. La elevada urbanización de la región es sinónimo de pobreza, subalimentación y viviendas sin agua corriente. El hacinamiento y la dificultad para lavarse las manos impiden cumplir los requisitos básicos del distanciamiento social. En tres áreas críticas de la cuarentena -geriátricos, cárceles y femicidos- ya hay anticipos explosivos. La emergencia sanitaria empalma, además, con otras infecciones de gran impacto como el dengue.

El desamparo de América Latina salta a la vista en la magnitud de la brecha sanitaria. La inversión per cápita en salud no llega al 10% del gasto promedio en las economías avanzadas. Mientras que la OMS recomienda destinar el 6 % del PBI a la atención sanitaria, lamedia regional se ubica en 2,2 %. Las 8 camas de hospital por cada mil habitantes que propicia el organismo oscilan entre 0,3 y 2,2 en el país más poblado (Brasil)[iii].

Estas carencias de larga data fueron agravadas por el desmantelamiento neoliberal de la salud pública. El abandono del principio de universalidad ha derivado en estructuras privadas de calidad para una minoría, en medio del generalizado colapso del sector público.

El deterioro en ese ámbito es monumental. No sólo faltan camas y respiradores para la emergencia, sino que los propios testeos han sido muy reducidos. Todos los países afrontan dificultades para importar los buscados reactivos, que los estados solventan luego de un ensayo de comercialización privada a altísimos precios[iv].

La indefensión latinoamericana frente a la pandemia es un resultado de varias décadas de neoliberalismo, precedidas de una larga trayectoria de capitalismo dependiente. Esa condición impide erigir diques efectivos contra el contagio. La misma fragilidad se ha verificado frente a otras calamidades naturales. Cada terremoto, inundación o sequía provoca desastres humanitarios, en una región que ingresó al mercado mundial bajo la sombra de una infección mortal. La viruela introducida por los conquistadores europeos diezmó en muchas zonas al 70% de la población originaria.

El coronavirus ha puesto de relieve no sólo el inconmensurable desamparo que prevalece en comparación a las economías centrales. El contraste es también significativo con los países asiáticos. Se ha verificado una distancia sideral con Corea o Singapur en el manejo de reactivos, respiradores, hospitales o mecanismos informáticos de seguimiento de los contagiados. La pandemia ha retratado en forma dramática, el lugar que actualmente ocupa cada país en la división global del trabajo.

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MEDIOS DE PRODUCCIÓN Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN EN EL CAMPO TEÓRICO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

dinero y medicina

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Más tareas para la “post-pandemia”: Crítica de (cierta) mediocridad científica.

Sálvense todas las excepciones pero una “sensación” de empobrecimiento recorre los párrafos de algunas “investigaciones” que uno va leyendo. Es la “sensación” de cierta precariedad, o mediocridad, en la producción teórica de nuestro tiempo donde predomina el refrito de los refritos, el repaso sobre lo repasado, el revisionismo nuevamente revisado y no pocas audacias proclives a la prestidigitación terminológica, tipológica y taxonómica de moda. Claro que aquella “sensación” siempre es acompañada por la perplejidad o por las limitaciones, cuantitativas y cualitativas[1], que hoy se tienen en medio de la densidad y velocidad de las marejadas “editoriales” en sus versiones librescas o de “papers”. Entiéndase aquí por “teoría” lo que propone Elí de Gortari en su Introducción a la Lógica Dialéctica. 1978[2]: “…la teoría científica no es otra cosa que la hipótesis comprobada experimentalmente… suministra una perspectiva de conjunto, y desde un nivel más elevado, para investigaciones posteriores.” No poca “producción teórica” es efímera desde su concepción. El modo de producción teórica dominante es antagónico a los intereses de la humanidad.

¿Qué Ciencia cabe esperar en centros de producción teórica infestados por reaccionarios y por el conservadurismo? Es imprescindible la crítica[3]. Abundan, por ejemplo, los trabajos efectistas inspirados en causticas de moda. Según sea el ingenio de los teóricos, se abordan temáticas con aparente “equilibrio” (lo cual quiere decir que rehúyen al compromiso político) recurriendo, sin empacho, al socorrido lenguaje de las estadísticas o los números que se ofrecen como paradigmas de la objetividad fría. A veces un poco de observación minuciosa delata los móviles verdaderos de cierta “producción teórica” que sólo sirve como peldaño en el ascenso hacia los empleos o las simpatías de alguna institución privada, de Estado o de “carne y hueso”. Incluso la ética ha sido desfigurada. Sálvense las excepciones, insistamos.”ara la “Ca Svadas ogica ificos  reptir el formto mercantil en la enseñanza de l Comunicciia de la Repescubiertolas acciones rec “En el mundo se publican alrededor de tres millones de artículos científicos al año y, aunque pueda parecer algo bueno, lo cierto es que este nivel de publicaciones está directamente vinculado a malas prácticas y a falseamiento de resultados.”[4]

Esa “práctica” trepadora se desarrolla silenciosamente, a veces con penurias y a veces con orgullo. Suele imponerse al teórico una cadena tortuosa de becas, incentivos, apoyos… tatuados a fuego bajo el imperio del burocratismo académico, mercantil o de ego puro. Esa “práctica” prolifera en feligresías que suelen estar urgidas de halagos -y auto-halagos- para resistir, hasta la ignominia, los requisitos de la ascensión. Incluyendo los besamanos. Desde luego que el desarrollo científico y la solución de los problemas de la humanidad quedan para decorar algún prólogo o algún discurso… cuando llegue la ocasión. La prioridad es recortar aseadamente el objeto de estudio -especialmente recortarle las ramas políticas- y citar párrafo por párrafo, el santoral “teórico” que reina en el contexto. Muy en particular empacharse con parrafadas de quienes firman las becas y los “apoyos” financieros, al lado de quienes puedan servir a ulteriores beneficios. Está plagado el “mercado” con caritas frescas de muchachos y muchachas “de bien”, adiestrados por el establishment para escalar lo que sea, al costo que sea, como merito principal. Especialmente si ayudan a esconder la lucha de clases. “Es harto frecuente ver a un Becario de Investigación dar clases sin estar lo suficientemente preparado; recorrer la geografía española acudiendo a mil congresos absurdos de jóvenes –o no tan jóvenes– investigadores, en los que hay veinte o treinta mesas y talleres paralelos; hacer estancias de investigación que, en muchos casos, se alargan sine die innecesariamente, pues lo mismo que muchos hacen en París, Londres o Nueva York, lo podrían hacer perfectamente en Madrid, Barcelona o Valencia; y, por supuesto, publicar y publicar papers que, en un 90% de casos, siendo generosos, van directamente a la basura porque nadie, en su sano juicio, invertiría media hora de su vida en leerlos.”[5]

Otro sector, más profesionalizado, que ha podido saborear la mieles de sus méritos y goza con lisonjas variopintas, oficia de “consultor” incluso cuando nadie lo consulta. Valga lamentar las escenas que se verifican a menudo cuando, en su insistencia por pertenecer a ciertos circuitos de poder académico o científico, los dejan en la puerta, les regatean las sillas o no los dejan acercarse a los “poderosos” o a los “famosos”, a punta de codazos, endógenos o exógenos. Más de uno padece estados depresivos por eso. La “producción teórica”, en no pocos de esos cenáculos profesionalizados, suele ser sólo una cazuela de sofismas adosada con palabrerío de época para engordar la demagogia de los jefes. Realmente lastimoso. Algunos deambulan como profesores eméritos. “Ciertamente hay ahora más científicos de gran nivel y más Ciencia excelente que en ninguna otra época, pero también es cierto que nunca como ahora ha habido tanta Ciencia mediocre y casi superflua.”[6]

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LA PANDEMIA ESTÁ LEJOS DE TERMINAR. FLORENCIA LAGOS

Covid-19-1

 

FLORENCIA LAGOS

florencia lagos 3El sistema de salud chileno es un sistema absolutamente precario, privado y, en el caso de la salud pública, con muy escasos recursos y sin insumos suficientes para enfrentar esta devastadora pandemia.

El gobierno no ha tomado las medidas necesarias recomendadas por la “Organización Mundial de la Salud” (OMS), cuyo Director ha reiterado que “la Pandemia está lejos de terminar”, incluso fue enfático y repitió dos veces esta declaración.

Preocupados de su propia economía, el 1% más rico dueño del 26% de las riquezas de Chile, las siete familias (élites) dentro de la que está inmerso Sebastián Piñera, deciden decretar toque de queda, militarizar las calles, reactivar el comercio y retomar las clases. Esto en circunstancias que los casos de contagiados en el país llegan a la alarmante cifra de 20.000.

Con estas medidas exponen ante el virus letal a trabajadores y trabajadoras, niños, niñas y estudiantes. Es curioso que las primeras comunas en ser protegidas con cuarentena fueron las más ricas; sin embargo, dejaron que los contagios se desataran en los municipios más vulnerables, justamente aquellos municipios que fueron protagonistas del estallido social que comenzó el 18 de octubre.

Bajo los lemas de “Unidad Nacional” y “Unidad de Mando”, el gobierno chileno hace caso omiso al “Plan Nacional de Emergencia”, propuesta que entregó la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y las reiteradas solicitudes de distintos Alcaldes y Alcaldesas de diferentes comunas del país.

Todo parece indicar que el coronavirus ha sido un respiro para el gobierno de Piñera que hasta ahora se enfrentaba a multitudinarias manifestaciones que marcaron su agenda y que lograron se estableciera la fecha para un histórico plebiscito que decidiría una nueva Constitución que dejaría atrás a la actual Carta Magna impuesta en dictadura.

Un plebiscito que costó vidas, torturas a hombres mujeres y niños, centenares de pérdidas oculares, como lo ratifican informes de Amnistía Internacional, Human Rigths Watch y el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU.

La brutal represión continúa. El 1 de mayo fueron detenidos más de 50 trabajadores, entre ellos corresponsales de prensa extranjera y nacional.

El hambre aumenta junto con las ollas comunes, producto de los despidos masivos que dejan en absoluta vulnerabilidad a miles de chilenos y chilenas.

La pandemia está lejos de terminar. La pregunta es: ¿será capaz de enfrentar esta crisis un Presidente que fue capaz de declarar la guerra a su propio pueblo?

La Habana, 4 de mayo 2020.

Fuente: CRÓNICA DIGITAL

LA PANDEMIA ES UN PORTAL. ARUNDHATI ROY  

ILUSTRACIÓN ARUNDHATI
Trabajadores migrantes en uno de los campamentos instalados por el gobierno de Delhi, India. Foto Prakash Singh/ Afp

 ARUNDHATI ROY

ARUNDHATI 4¿Quién puede hoy usar el término “hacerse viral” sin estremecerse un poco? ¿Quién puede ver cualquier cosa -la manija de una puerta, un recipiente de cartón, una bolsa de verduras- sin imaginarlo repleto de esas partículas que no pueden verse, que no están muertas, que no están vivas, salpicadas de ventosas en espera de adherirse a nuestro pulmones?

¿Quién puede pensar en besar a un desconocido, en subirse a un camión o en enviar a su hijo a la escuela sin sentir un miedo real? ¿Quién puede pensar en el placer común y corriente y no evaluar su riesgo? ¿Quién de nosotros no es un falso epidemiólogo, virólogo, estadista y profeta? ¿Qué científico o doctor no está secretamente esperando un milagro? ¿Qué sacerdote no está -al menos en secreto- sometiéndose a la ciencia?

E incluso mientras el virus prolifera, ¿quién no podría estar emocionado con el aumento del canto de pájaros en las ciudades, los pavos reales en los cruces peatonales y el silencio en los cielos?

Esta semana [N de la T: La autora escribió el texto el 2 de abril], el número de casos ya rebasó el millón. Más de 50 mil personas han fallecido. Las proyecciones sugieren que ese número podría incrementarse a cientos de miles, o quizá más. El virus se ha movido libremente por los caminos del comercio y el capital internacional, y la terrible enfermedad que ha traído consigo ha encerrado a los humanos en sus países, sus ciudades y sus hogares.

Pero, a diferencia del flujo de capital, este virus busca la proliferación, no las ganancias, y por ende, sin proponérselo, hasta cierto punto ha invertido el flujo. Se ha burlado de los controles migratorios, la biometría, la vigilancia digital y todo tipo de análisis de datos, y le ha pegado más duro -hasta ahora- a las naciones más ricas y poderosas del mundo, frenando el motor del capitalismo. Temporalmente, quizá, pero el tiempo suficiente como para que podamos examinar sus partes, hacer una evaluación y decidir si queremos ayudar a repararlo o buscar un mejor motor.

A los mandarines que manejan esta pandemia les gusta hablar de guerra. Ni siquiera usan la guerra como una metáfora, la usan literalmente. Pero, si fuera una guerra, ¿quién estaría mejor preparado que Estados Unidos? Si no fueran mascarillas y guantes lo que sus soldados en la primera línea de batalla necesitan, sino armas, bombas inteligentes, destructores de búnkers, submarinos, aviones de combate y bombas nucleares, ¿habría escasez?

Noche tras noche, desde el otro lado del mundo, algunos de nosotros miramos las conferencias de prensa del gobernador de Nueva York con una fascinación difícil de explicar. Seguimos las estadísticas,  y escuchamos las historias de los hospitales saturados en Estados Unidos, de las enfermeras mal pagadas, con una carga excesiva de trabajo, teniendo que hacer mascarillas con bolsas de basura y viejos impermeables, arriesgando todo para ayudar a los enfermos. Escuchamos acerca de cómo los estados se ven forzados a competir uno contra otro para conseguir ventiladores, acerca de los dilemas de los doctores de a cuál paciente darle uno y a cuál dejar morir. Y pensamos, “¡Dios mío! ¡Eso es Estados Unidos!”

La tragedia es inmediata, real, épica, y se desenvuelve ante nuestros ojos. Pero no es nuevo. Son los restos de un tren que iba descontrolado, bamboleándose de un lado a otro sobre sus rieles, durante años. ¿Quién no recuerda los videos de “pacientes que botaban” -enfermos, aún en sus batas de hospital, con las nalgas al descubierto, subrepticiamente botados en las esquinas de las calles? Demasiadas veces les cerraron las puertas de los hospitales a los menos afortunados ciudadanos de Estados Unidos. Sin importar qué tan enfermos estaban o cuánto habían sufrido.

Al menos no importaba hasta ahora -porque hoy, en la era del virus, la enfermedad de una persona pobre puede afectar la salud de una sociedad próspera. Y sin embargo, aún ahora, Bernie Sanders, el senador que incansablemente ha hecho campaña por un sistema de salud para todos, es considerado atípico hasta por su propio partido, en su carrera por la Casa Blanca. [N de la T: Sanders abandonó su campaña el 8 de abril.]

 ***

¿Y qué es de mi país, mi pobre-rico país, India, suspendido entre el feudalismo y el fundamentalismo religioso, entre las castas y el capitalismo, gobernado por nacionalistas hindúes de extrema derecha?

En diciembre, mientras China luchaba contra el brote del virus en Wuhan, el gobierno de India lidiaba con una revuelta masiva de cientos de miles de sus ciudadanos que protestaban contra la descaradamente discriminatoria ley de ciudadanía anti-musulmana, que acababa de ser aprobada en el Parlamento.

El 30 de enero, reportaron el primer caso de Covid-19 en India, pocos días después de que el ilustre invitado de honor de nuestro Desfile del Día de la República, devorador de la selva del Amazonas y negacionista del Covid, Jair Bolsonaro, había partido de Delhi. Pero había demasiadas cosas que hacer en febrero como para acomodar al virus en la agenda del partido gobernante. Estaba la visita oficial del presidente Donald Trump, agendada para la última semana del mes. Lo habían atraído con la promesa de que habría un público de un millón de personas en un estadio deportivo en el estado de Gujarat. Todo eso costó dinero y tomó mucho tiempo.

Luego estaban las elecciones de la Asamblea de Delhi, que el Partido Bharatiya Janatawas (BJP, por sus siglas en inglés) estaba destinado a perder a menos de que apretara el paso, y lo hizo. Desató una feroz campaña nacionalista hindú, sin detenerse por nada, llena de amenazas de violencia física y de disparar contra los “traidores”. Seguir leyendo LA PANDEMIA ES UN PORTAL. ARUNDHATI ROY  

LAWFARE Y GUERRA ASIMÉTRICA VS. VENEZUELA. CARLOS FAZIO

ELLIOT ABRAMS
Elliot Abrams, representante especial para temas relacionados con Venezuela, del Departamento de Estado de Estados Unidos. Foto Afp

CARLOS FAZIO

FAZIO 1En la coyuntura de la llamada “epidemia del siglo”, la diplomacia de guerra de Estados Unidos ha decidido profundizar su guerra no convencional, asimétrica, contra Venezuela. Con una serie de acciones sucesivas que pretenden generar miedo y pavor (shock and awe) en filas “enemigas”, la administración Trump activó el 26 de marzo pasado el miserable plan diseñado por el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el representante especial para Venezuela, Elliott Abrams, cuyo objetivo final es intentar producir un “cambio de régimen” en el país que tienen la reservas probadas de hidrocarburos más grandes del mundo.

Ese día, en lo que parece marcar un nuevo punto de no retorno ahora bajo la pantalla judicial del golpismo (Lawfare), el fiscal general de EEUU, William Barr, anunció cargos criminales por narcoterrorismo, tráfico de cocaína, lavado de dinero y corrupción contra el presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro; una docena de altos funcionarios civiles y militares así como dirigentes del proceso bolivariano –e, incluso, un par de generales prófugos de la justicia venezolana–, bajo la grotesca argumentación de “haber participado en una asociación delictiva” que involucraría a una “organización terrorista extremadamente violenta” –las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC–, así como de “conspirar” para utilizar la venta de drogas como un “arma” contra Estados Unidos.

El 31 de marzo, en otra inadmisible intromisión –que viola  el Derecho internacional y los principios de la Organización de las Naciones Unidas, entre ellos, el de no intervención, la libre determinación de los pueblos y la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales−, Pompeo y Abrams hicieron público su “plan” denominado eufemísticamente “Marco para la transición democrática en Venezuela” (cuyo único fin es el derrocamiento de Maduro), lo que fue seguido, el 1 de abril, por el anuncio de Donald Trump del lanzamiento de un nuevo operativo militar naval antidrogas en aguas del Caribe y el Pacífico.

Trump, quien apareció flanqueado en la Oficina Oval por el secretario de Defensa, Mike Esper, y el jefe del estado mayor, general Mark Milley, dijo que las operaciones marítimas antinarcóticos estarán dirigidas contra lo que, afirmó, es una “creciente amenaza” de “narcotraficantes y terroristas” que buscarán “aprovecharse” de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus para introducir drogas en EEUU y afectar a la ciudadanía.

A su vez, el secretario Esper identificó a Venezuela como una amenaza en particular, al acusar al “régimen ilegítimo de Maduro” de depender de las ganancias del narcotráfico para mantenerse en el poder. Con lo cual, se cumplirían los propósitos encubiertos denunciados a mediados de marzo por el canciller venezolano, Jorge Arreaza, de que en el marco de una nueva fase de agresiones unilaterales estadounidenses contra su país, el Pentágono y el jefe del Comando Sur, Craig Faller, estaban contemplando un “bloqueo naval” a Venezuela, acción reconocida por la ONU como “uso de la fuerza”; medida que podría ser reforzada en la coyuntura con acciones coercitivas bajo el paraguas de la Organización de Estados Americanos (OEA), vía el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), ambos, viejos instrumentos de la guerra fría al servicio de Washington.

Pino Arlacchi y los bulos de la CIA y el Pentágono

En el marco de la nueva fase de guerra híbrida de EU contra el proceso bolivariano de Venezuela, cabe recordar que el 15 de abril de 2019, durante una sesión de preguntas y respuestas en la Universidad de Texas, el secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó entre risas y aplausos: “Yo era director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia). Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento”. (Aunque la transcripción oficial del Departamento de Estado no incluyó esas aseveraciones, sí quedaron registradas en video).

La confesión de Pompeo vino a confirmar lo que es público y notorio y está registrado en cientos de documentos oficiales y literatura sobre la CIA de los últimos 60 años. Pero no deja de ser grave que el jefe de la diplomacia estadounidense se refiera a sí mismo como mentiroso y ladrón. Máxime, en la actual coyuntura, cuando expertos comunicacionales del Pentágono y la CIA han echado a andar una nueva etapa de la guerra no convencional contra Venezuela, diseñada en base a operaciones de guerra psicológica, propaganda encubierta y mensajes indirectos a través de los medios de difusión masiva (radio, televisión, prensa escrita, Internet), direccionadas a conseguir el control y la manipulación de la llamada opinión pública mediante distorsiones informativas (noticias intoxicadas). Seguir leyendo LAWFARE Y GUERRA ASIMÉTRICA VS. VENEZUELA. CARLOS FAZIO

SEMIÓTICA DE LA PANDEMIA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Una lista larga de palabras, gestos, tecnicismos y decisiones proferidas por “autoridades”, de extracción muy diversa, abrió en campo semántico “nuevo” en el que reina la ignorancia -o la confusión- de las mayorías y no poca petulancia de algunas minorías especialmente repletas de burócratas en su peor acepción. Con sus honrosas excepciones. Sabiendo, muy relativamente, todo lo inédito del episodio que nos impone el “coronavirus”, (y en general las amenazas a la salud púbica) habríamos de exigirnos dosis generosas de humildad opuestas radicalmente al tonito doctoral de algunos “expertos” oportunistas con micrófonos o con títulos. Eso no implica suspender “lo categórico” de las recomendaciones más útiles para la defensa de la vida. Aunque existan muchos que confundan humildad con debilidad. Nos envuelve un miedo y una ignorancia enorme que estamos resolviendo planetariamente con ayuda de algunos talentos científicos no serviles al sistema. Y algunos “vivos” se aprovechan de eso.

Tal como fue declarada la pandemia del “coronavirus” (11-03-20) generó un paquete se “sentido” complejo, de dudas y certezas, para un escenario global en el que la salud de los pueblos ha sido mayormente abandonada a las aventuras mercantiles del capitalismo. Se trata de una red de “sentido” en la que transitan interrogaciones, y recomendaciones, tamizadas por el miedo (genuino o inducido) y la desconfianza generalizada. En plena crisis de credibilidad mundial nos piden confianza en su capacidad para manejar una crisis. Ahí donde el neoliberalismo pervirtió más rabiosamente el derecho humano a la salud, ahí se han multiplicado las muertes de manera desbordada. Aguardan con obscenidad la multiplicación de los muertos para dar rienda suelta a su circo macabro, interrumpido por avisos publicitarios. Algunos subieron el “rating”. Exacerban el individualismo, deslizan su xenofobia y aplauden soterradamente la lógica del sálvense quien pueda (o más tenga) pero con tono filantrópico burgués… o sea falso. Los “noticieros”, fabricados por los monopolios de medios, han exhibido toda su estulticia y su epistemología fascista de la información. Aunque la maquillen con sonrisas amables, medicuchos conservadores y caras de compungidos.

Demagogia de números. Nuevamente el sistema, mudo casi siempre de realidad, vuelve a relatarla casi exclusivamente con estadísticas. Cifras, porcentajes, comparaciones… y frases “ingeniosas” para hacer creer que se sienten “muy seguros” con las decisiones que asumen sin consultar a los pueblos. Opera una especie de “aristocracia académica” que, con el pretexto de que los pueblos “no saben”, dictan normas y decretos a granel para conducir la crisis por los senderos que, para ellos, son más seguros. En la lógica del combate al “coronavirus” reinan los silogismos del “estado presente” pero con pueblos desmovilizados a punta de pánico o de verdades a medias. “Todos a su casa” a fungir como espectadores de las cifras y de las acciones asumidas por quienes dicen saber qué hacer ante una amenaza de la que saben poco o nada. Nadie se imaginó una movilización de pueblos que, desde sus casas, desarrolle una experiencia de crítica política frente a los vacíos de sentido o contra el relleno semántico impuesto por el capitalismo para salir ganando a pesar de la pandemia. O por eso mismo.

Experimentamos la barbarie de una ocupación ideológica cuyo relato ha desfigurado –profundamente- el tejido social y ha forzado el sometimiento de comunidades enteras. Tal ocupación tiene por objeto establecer las hegemonías políticas y militares de la opresión y acceder a los territorios de la impunidad absoluta frente al saqueo y la explotación. La “guerra mediática” es también una estrategia para la apropiación y explotación de la memoria histórica, de la diversidad cultural y de la identidad de género. Consumimos el palabrerío hegemónico como si se tratase de la verdad.

Pero el “sentido” más importante que se produce, en el escenario de la pandemia, es esa solidaridad humana de la que se habla poco. Esa solidaridad que prospera en el caldo de cultivo que son las contradicciones de un sistema económico, político e ideológico destructor de fuerzas productivas (identidades y patrimonios culturales) a mansalva y ahora se disfraza de “salvador de la humanidad” vestido con “cubrebocas” y batas de salubridad. Nada de lo que hablan los técnicos, los científicos, los políticos, empresarios y farándula informativa del sistema, tiene importancia alguna si no mencionan la base económica y fraterna que aportan los pueblos a pesar del dolor, las incertidumbres, las contradicciones y los errores que (incluso lógicamente) se han cometido y cometerán en medio de una situación de “crisis” cuya dinámica no se reduce a la aparición del virus. Hemos vivido la crisis del capitalismo por demasiadas décadas.

El relato del poder sigue esperando que un “genio individual”, en un laboratorio privado, con dinero y poder suficiente, descubra la “vacuna milagrosa”, la salvación de coyuntura que traerá unos años más de respiro a un capitalismo en corrupción acelerada. Esperanzas del individualismo para un relato que, con su moraleja, nos adiestra para la resignación una vez más. Salvo excepciones, como la cubana, se construye un imaginario burgués que, de antemano, deja en manos de empresas trasnacionales de la salud el negocio inmenso de hacer, distribuir y vender las vacunas y sus adláteres. Ni una sola concepción comunitaria de las soluciones, los tratamientos, la responsabilidad colectiva. “Hay que confiar en los expertos”. Como si no supiésemos que todo el negocio oligarca de la salud, tan desastroso, costoso y mercenario como es, lo han construido y dirigido sus “expertos”. No se puede tapar la lucha de clases con un virus.

Una cosa es segura dentro de toda la parafernalia semiótico-mediática que envuelve y maquilla a la pandemia de estos días: los pueblos están entendiendo una dimensión de la barbarie capitalista que va quedando al desnudo según pasan las horas. El sistema tiembla por todas partes y para esconder sus temores habla en tono “científico” y derrama dinero que antes juraba no tener. Construye un sentido mesiánico de sí mismo. Descubre recursos donde dijo que no existían y reinventa soluciones que juró eran imposibles. Quieren demorar, con dinero, el despertar del los pueblos.

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