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CARTA DE ANTONIO GRAMSCI AL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA SOVIÉTICO

Hoy hace 82 años que el luchador revolucionario y comunista italiano Antonio Gramsci, falleció en Roma, y hace 93 años que escribiera esta carta dirigida al Comité Central del Partido Comunista soviético, enfrascado entonces en la más aguda y desgarradora de sus pugnas internas.  
Como quien quiere evitar lo inevitable, Gramsci defiende a toda costa la unidad, al tiempo que vislumbra las terribles consecuencias que tal escisión, de concretarse aún más,  pudiera tener para el movimiento obrero y comunista internacional.  
Lo demás, en el caso de una u otra fracción, es historia no sólo conocida, sino padecida. Y lo que es peor, todo indica que la lección aún no ha sido aprendida. 

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Queridos camaradas:

Los comunistas italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro país han seguido siempre con la mayor atención vuestras discusiones. En vísperas de cada congreso y de cada conferencia del P.C.R. hemos estado siempre seguros de que, a pesar de la aspereza de las polémicas, la unidad del Partido no se hallaba en peligro; aún más, estábamos seguros de que al alcanzar una superior homogeneidad ideológica y orgánica, a través de tales discusiones, el Partido estaría mejor preparado y dotado para superar las múltiples dificultades inherentes al ejercicio del poder en un Estado obrero. Hoy, en vísperas de vuestra XV Conferencia no tenemos la misma seguridad que en el pasado; nos sentimos irresistiblemente angustiados; nos parece que la actual postura del bloque de las oposiciones y la dureza de las polémicas en el P.C. de la URSS exigen la intervención de los partidos hermanos. Es precisamente esta profunda convicción la que nos impulsa a dirigiros esta carta. Podría suceder que el aislamiento en que nuestro Partido se ve forzado a vivir nos haya llevado a exagerar los peligros que se refieren a la situación interna del Partido Comunista de la URSS; en todo caso no son exagerados nuestros juicios sobre las repercusiones internacionales de esta situación y, como internacionalistas, queremos cumplir con nuestro deber.

La situación interna de nuestro partido hermano de la URSS nos parece diferente y mucho más grave que en las precedentes discusiones, porque hoy vemos producirse y verificarse una escisión en el grupo central leninista que ha sido siempre el núcleo dirigente del Partido y de la Internacional. Una escisión de este género, independientemente de los resultados numéricos en las votaciones del Congreso, puede tener las más graves repercusiones, no sólo si la minoría de oposición no acepta con la máxima lealtad los principios fundamentales de la disciplina revolucionaria del Partido, pero también si sobrepasa, en el curso de su lucha, ciertos límites que son superiores a toda la democracia formal.

Una de las más preciosas enseñanzas de Lenin ha sido la de que debemos estudiar mucho los juicios de nuestros enemigos de clase. Pues bien, queridos camaradas, lo cierto es que los periódicos y los hombres de Estado más notables de la burguesía internacional contemplan atentamente este carácter orgánico del conflicto existente en el núcleo fundamental del Partido Comunista de la URSS, cuentan con la escisión de nuestro partido hermano y están convencidos de que la misma llevará a la disgregación y a la lenta agonía de la dictadura proletaria, que esa escisión determinará esa catástrofe de la revolución que no lograron las invasiones y las insurrecciones de los guardias blancos. La misma fría circunspección con que hoy la prensa burguesa trata de analizar los acontecimientos rusos, el hecho de que procure evitar, en lo que le es posible, la violenta demagogia que le caracterizaba en el pasado, son síntomas que deben hacer reflexionar a los camaradas rusos, hacerles más conscientes de su responsabilidad. Hay aún otro motivo por el que la burguesía internacional cuenta con la posible escisión, o con la agravación de la crisis interna del Partido Comunista de la URSS. El Estado obrero existe en Rusia ya desde hace nueve años. Es cierto que sólo una pequeña minoría de las clases trabajadoras, e incluso de los mismos partidos comunistas en los otros países, está en condiciones de reconstituir en su conjunto todo el desarrollo de la revolución y de encontrar, incluso en los detalles que constituyen la vida cotidiana del Estado de los Soviets, la continuidad del hilo rojo que conduce hasta la perspectiva general de la construcción del socialismo. Y esto no exclusivamente en aquellos países en que no existe la libertad de reunión y la libertad de prensa ha sido completamente suprimida o está sometida a limitaciones inauditas, como en Italia (donde los tribunales han secuestrado y prohibido la impresión de los libros de Trotsky, Lenin, Stalin, Zinoviev y, últimamente hasta del Manifiesto Comunista), sino también en los países en que aún nuestros partidos tienen la libertad de proporcionar a sus militantes y a la masa en general una documentación suficiente. En esos países, las grandes masas no pueden comprender las discusiones que tienen lugar en el Partido Comunista de la URSS, particularmente cuando alcanzan la violencia actual y afectan no a un aspecto de detalle, sino a todo el conjunto de la línea política del Partido. No sólo las masas trabajadoras en general, sino la misma masa de nuestros partidos ven y quieren ver en la República de los Soviets, y en el Partido que está en el gobierno, una única unidad de combate que actúa en la perspectiva general del socialismo. Y sólo en cuanto las masas occidentales europeas ven a Rusia y al partido ruso desde este punto de vista, aceptan voluntariamente, y como un hecho históricamente necesario, que el Partido Comunista de la URSS sea el partido dirigente de la Internacional, sólo por eso hoy la República de los Soviets y el Partido Comunista de la URSS constituyen un formidable elemento de organización y de propulsión revolucionaria.

Los partidos burgueses y socialdemócratas, por la misma razón, explotan las polémicas internas y los conflictos existentes en el Partido Comunista de la URSS; quieren luchar contra la influencia de la Revolución rusa, contra la unidad revolucionaria que en todo el mundo se está forjando en torno al Partido Comunista de la URSS. Queridos camaradas, es sumamente significativo que en un país como Italia, donde las organizaciones estatales y del partido del fascismo logran aplastar toda manifestación importante de vida autónoma de las grandes masas obreras y campesinas, es significativo que los periódicos fascistas, especialmente en las provincias, estén llenos de artículos, técnicamente bien elaborados para la propaganda, con un mínimo de demagogia y expresiones injuriosas, en los que se busca demostrar, con evidente esfuerzo de objetividad, que en la actualidad, según las mismas manifestaciones de los líderes más conocidos del bloque de la oposición del Partido Comunista de la URSS, el Estado de los Soviets está transformándose, de toda evidencia, en un puro Estado capitalista, y que, por tanto, en el duelo mundial entre fascismo y bolchevismo, el fascismo prevalecerá. Esta campaña, si bien muestra cuán enorme es la simpatía de que goza la República de los Soviets en las grandes masas del pueblo italiano, que en algunas regiones no recibe desde hace seis años más que escasa literatura ilegal del Partido, también muestra que el fascismo, que conoce muy bien la real situación interna italiana, ha aprendido a trabajar con las masas y procura utilizar la postura política del bloque de las oposiciones para romper definitivamente la firme hostilidad de los trabajadores al gobierno de Mussolini y para conseguir, al menos, un estado de ánimo en el que el fascismo aparezca como una ineluctable necesidad histórica, no obstante la crueldad y las calamidades que le son inherentes. Seguir leyendo CARTA DE ANTONIO GRAMSCI AL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA SOVIÉTICO

CUANDO LA CIA “REFRENDÓ” A GRAMSCI. JORGE WEJEBE COBO

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JORGE WEJEBE COBO / CUBA ES SURTIDOR

WEJEBELa Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos fue creada en 1947 y de inmediato se involucró en una guerra cultural contra la URSS y el campo socialista, en la que paradójicamente obtuvo resultados al aplicar estrategias descritas en la obra teórica del marxista italiano Antonio Gramsci.

El también dirigente comunista nació en 1891 en el ámbito de una familia humilde de la empobrecida Cerdeña y desde sus primeros años estudiantiles manifestó inclinación por las ciencias sociales, pero su vocación lo llevó a involucrarse desde temprana edad, en las luchas sociales junto al movimiento marxista de su patria.

Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano y llegó a ser su secretario general y diputado de la república hasta que el dictador Benito Mussolini se hizo del poder en 1923 y tres años después, lo instruyó bajo los falsos cargos de “conspiración, instigación a la guerra civil, apología del crimen e incitación al odio de clase” y la farsa judicial culminó en una condena a 20 años de prisión para que su cerebro no funcionará más como dijo el fiscal del proceso.

Teoría desoída en campo amigo

Pero tal inactividad pronosticada no resultó y de la prisión sacó clandestinamente alrededor de 3000 páginas manuscritas en las que exponía como idea central que la conquista del poder y su ejercicio por la clase burguesa, no solo se garantiza con el dominio del estado y sus aparatos de represión, el ejército, las leyes y el propio régimen económico.

Para Gramsci el control total sobre la sociedad y el estado solo se cumple con la hegemonía cultural e ideológica de la burguesía, por medio de la enseñanza, como modo de reproducir en los educandos sus valores y creencias clasistas, junto con el uso de medios de comunicación y la religión, entre otras instancias imprescindibles para contrarrestar los cambios revolucionarios entre las masas que así vivirán el sometimiento al proyecto burgués.

Entre sus ideas también se encuentra la definición de los llamados “intelectuales orgánicos” a esa y cualquier otra cultura hegemónica, encargados de edificar y actualizar su contenido y formas en el sistema de símbolos, tradiciones, valores compartidos y costumbres de la conciencia popular que se debaten para lograr consenso definitivo en la sociedad civil, entendida como instancias privadas al estado, lo que fue otro de sus aportes.

Estos actores para el sustento del sistema, como los actuales hacedores de sueños quienes, desde la tecnología, el mercado y la cultura en general, establecen engañosas metas de realización personal y colectiva de la sociedad moderna donde el ideario capitalista terminó por imponerse.

Su obra fue recogida en los Cuadernos de la Cárcel que solo serían publicados limitadamente en 1952, después de su muerte en 1937 ocurrida a pocos días de ser liberado aquejado de graves dolencias. Aunque sus ideas no obtuvieron mayor impacto en el contexto en el cual   la URSS aplicó una rígida línea política al movimiento marxista internacional en la que no había espacio para sus aportes que eran criticados por supuestamente promover la individualidad y el revisionismo pequeño burgués.

Para entonces había acontecidos los cambios fundamentales del siglo XX. Se libró la Segunda Guerra Mundial que culminó en 1945 y de la que emergió EEUU como líder del sistema global imperialista y única poseedora del arma nuclear y adversaria principal de la URSS. Seguir leyendo CUANDO LA CIA “REFRENDÓ” A GRAMSCI. JORGE WEJEBE COBO