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RUBALCABA, EL HOMBRE QUE SABÍA. JUAN CARLOS MONEDERO

RUBALCABA

JUAN CARLOS MONEDERO

uan carlos monedero 1Ayer por la tarde, cuando reinaba la confusión,  me pareció que Rubalcaba había tramado su penúltima metáfora entre tubos y monitores. Llegaban noticias de que se había marchado. Alguna diputada socialista colgaba un tuit adelantándose a los acontecimientos y rápidamente lo borraba como si alguien la hubiera regañado. Las redacciones, que son los buitres del siglo XXI, echaban humo preparando los especiales. Pero Rubalcaba, el que todo lo planeaba, no se iba a morir hasta  que llegara Sánchez. Un último servicio al partido.

Aunque su relación con Sánchez no fuera digna de postal de San Valentín. Los panegíricos de los políticos fallecidos nunca los debieran escribir los de su familia política. Porque o bien son insultantes entre líneas o  bien mienten. A no ser que se escriban desde la derrota compartida. Es un buen oficio para un ex dirigente político. Escribir necrológicas. Pero los Rubalcaba, como los Fouché, nunca se jubilan. Rubalcaba iba a esperar a Sánchez. Pero no por Sánchez, a quien nunca había imaginado de Presidente del Gobierno, sino por el espacio compartido en Ferraz y, sobre todo,  por el “bien de España”.

Fraga tenía el Estado en la cabeza. El franquista, claro. Rubalcaba tenía también el Estado en la cabeza. Pero el salido de la Transición. Por eso fue él quien ajustó la ley de abdicación del emérito. Nadie como el PSOE ha defendido a los Borbones. Juan Carlos siempre lo supo. Su hijo, que ha sufrido menos, no lo ha entendido y eso le costará la Corona. Rubalcaba, más austero que Felipe González y menos poseído de eso que los idiotas llaman gloria, procuraba ir un paso por delante para preparar los acontecimientos. Y si algo tenía que cambiar para que las cosas permanecieran en su sitio, sin problema. Aunque eso le obligara a ser un secundario de lujo. Por eso la derecha le ha odiado como solo sabe odiar la derecha. Y como odian los de casa.

Rubalcaba tenía algo que siempre ha pertenecido al linaje del poder: el realismo. Releía el Fouché de Stefan Zweig y entonces tomaba decisiones. Nada de precipitaciones. Salvo las de la química. Y si el experimento fallaba, quitaba corriendo la probeta del fuego. Ha sido el secundario al que dan el Oscar solo por el conjunto de su carrera. Porque los aciertos tapan los errores. La noche del 15M nos mandó a los antidisturbios. Pero le bastaron unas horas para darse cuenta de que se había equivocado. Gracias a su error y a que luego dio marcha atrás es que existe Podemos. Qué paradoja.

Igual que un jugador lleva el burle en la sangre, Rubalcaba llevaba en las venas colocar ladrillos donde hubiera una obra. Y si no podía poner ladrillos, ponía piedras. Llevaba décadas fuera de la Universidad Complutense pero no hubo una elección a Rector en la que no enredara para que saliera su candidato. Hay que decir que perdió unas cuantas y otras tantas ganó. A Rubalcaba le gustaban los pasillos enrevesados de la política como a un ludópata la ruleta dando vueltas y vueltas y más vueltas. Que no se pare. Te miraba a los ojos y entonces sabía que sabías de su posesión enfermiza. Sonreía pero seguía. Había algo místico en su papel. Era el hombre esencial para pactar el fin de ETA. Otros de su generación, que venían del radicalismo de izquierdas, desarrollaron metástasis de cinismo. Pero Rubalcaba no era un cínico. Había acariciado las claves del poder y con las cosas del devenir no se juega.

Respetaba a Podemos, pero le jodía que se hubiera levantado ese espacio a la izquierda del PSOE. Donde, decía Guerra, solo había un abismo. Le hubiera gustado tenerlo como contrincantes con algunos años menos. O eso es lo que sentí en algunos debates. Era un nuevo desafío que le hacía sentirse vivo. Y eso también le llevó a cometer errores. Cuando conoces la razón de Estado, terminas siendo, de una manera u otra, preso de la razón de Estado. Por eso cometió el error de presentarse contra Carme Chacón, cometió el error de no apoyar a Eduardo Madina, cometió el error de ligar su última suerte a Susana Díaz y a Felipe González. Que le llevaron a un sitio gris en los últimos años. Una inteligencia política como la de Rubalcaba reventaba las costuras de un proyecto envejecido como el consejo asesor del grupo PRISA. Aún más con la anterior redacción, que era una caricatura de la peor prensa. Pero es verdad que para un político de raza, da más satisfacción dar un golpe con una portada o en un editorial que opinar en el Consejo de Estado sobre una ley que tardará años en brindar sus efectos. Seguir leyendo RUBALCABA, EL HOMBRE QUE SABÍA. JUAN CARLOS MONEDERO

ESPAÑA: REVOLUCIÓN PASIVA, CRISIS, Y ASCENSO DE VOX. KATU ARKONADA

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KATU ARKONADA

Francisco Franco moría en su cama un 20 de noviembre de 1975, tras 40 años de dictadura y una guerra civil que dejó decenas de miles de republicanos enterrados en fosas comunes.

A su muerte, el franquismo no pudo continuar pues ETA había volado por los aires a su sucesor, el Almirante Carrero Blanco, pero encontró en la llamada transición española y la Constitución española la vía para poder implementar otro tipo de dictadura, la que de verdad importaba, la del modelo neoliberal que comenzó a implementarse en los 80 en Europa. Los partidos socialdemócratas, como el PSOE, se volvieron social-liberales, y los partidos comunistas se volvieron socialdemócratas, y aquí paz y después gloria.

Ese consenso duró 30 años hasta que el famoso movimiento 15M o los procesos soberanistas en las periferias del Estado hicieron temblar los cimientos de la España postfranquista.

La respuesta estatal fue una revolución pasiva que podría haber escrito el mismísimo Antonio Gramsci en un manual: la abdicación del Rey Juan Carlos, en favor de su hijo Felipe VI, más joven, guapo, simpático y sin tanta afición a cazar elefantes en Botsuana o cobrar comisiones por contratos entre empresas españolas y países de la península arábiga. Y junto al recambio del Jefe de Estado, la irrupción al mismo tiempo de Podemos, un PSOE recargado con un discurso socialdemócrata sincero en una época de desmantelamiento del Estado de Bienestar, y un Ciudadanos que venía a representar el lavado de cara de la derecha en un país donde no existían electoralmente opciones de ultraderecha pues estas ideas estaban cobijadas al interior del Partido Popular.

Sin embargo, esa restauración pasiva impulsada por las élites políticas y económicas que de verdad gobiernan España se ha encontrado con resistencias, y prueba de ello es la crisis política que se refleja en lo electoral, con 3 elecciones generales en poco más de 3 años.

Es tal la crisis política española, que este 28 de abril se sabe quién va a ganar las elecciones (el PSOE de Pedro Sánchez), pero no quién va a gobernar.

No se sabe quién va a gobernar porque el sistema electoral en España es parlamentario, no presidencialista, y es una mayoría de parlamentarios electos quien designa al jefe del ejecutivo.

Parece claro que el PSOE en el gobierno será el más votado con alrededor del 30% de los votos. Pero a partir de ahí tenemos más incógnitas que certezas.

En primer lugar, porque los votos que obtenga Unidos Podemos (entre 10 y 15%) no le van a dar al PSOE para gobernar con Pablo Iglesias de Vicepresidente, ni siquiera con los votos/escaños de algún partido más, como el PNV o Coalición Canaria.

Por lo tanto, el PSOE y Podemos solo podrían formar gobierno a partir de un acuerdo con los independentistas vascos y/o catalanes, lo cual se antoja harto difícil después de la criminalización e incluso encarcelamiento de los líderes independentistas catalanes. Podría llegarse a algún tipo de entendimiento para una abstención en la sesión de investidura (que podría darse incluso a cambio de nada), pero a partir de ahí, cualquier ley o presupuesto a ser aprobado tendría que llevar contraprestaciones políticas que no parece el PSOE esté en condiciones de otorgar.

Una segunda vía es un acuerdo entre PSOE y un Ciudadanos que podría obtener hasta el 15% de los votos, lo cual tampoco garantiza en principio mayoría ni en votos ni en escaños. El PSOE ha negado la posibilidad de pactar con quienes proponen en campaña practicarle un cordón sanitario, pero, aunque las promesas de campaña son solo eso, y aunque este pacto es el preferido de las élites económicas en general, y de los bancos en particular, no parece que vayan a dar los números.

La tercera vía es la de la suma de una mayoría entre la derecha y la ultraderecha. Esta última opción depende del desempeño de Vox, el socio de Steve Bannon en España, que, con un discurso contra la ideología de género, el marxismo cultural (que comprende desde el independentismo a las reivindicaciones LGTBIQ) y la inmigración, se ha ido haciendo un hueco en el escenario político español y ya ha obtenido más del 10% en las recientes elecciones andaluzas.

Vox ha sido el elefante en la habitación de los 2 debates electorales celebrados esta semana. Un debate entre 4 candidatos, todos ellos hombres, que ya son parte del establishment político, y que temen la irrupción de Vox, o bien porque les quite votos o bien porque les impida conformar una mayoría electoral.

En un mundo donde la globalización está en crisis, no es casualidad que esta crisis se muestre con más intensidad en los dos países donde se implementó por primera vez, tras el experimento chileno, el neoliberalismo. Al igual que Trump en Estados Unidos y el Brexit en el Reino Unido son síntomas de este mundo de monstruos, Vox es también síntoma de un sistema político que no ha sabido dar respuesta a los problemas de las mayorías sociales y que aspira a volver al viejo orden, a un franquismo sin Franco.

Todos los escenarios están, por tanto, abiertos para las elecciones generales, incluso el de la repetición electoral si ninguno de los 3 bloques posibles alcanza la mayoría. Todo ello sin olvidar la segunda vuelta que van a suponer las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo.

“A VECES LES REGALAMOS UN PODER QUE NO TIENEN.» JUAN CARLOS MONEDERO

Entrevista al cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero sobre el desafío ante los conservadores
El académico español más relacionado con América latina habla de Macri, de la influencia que tienen los grandes medios y también de la que carecen, del realismo y de la necesidad política de arriesgar.
Juan Carlos Monedero. Imagen: Guadalupe Lombardo
Politólogo y político, profesor de la Universidad Complutense y cofundador de Podemos, este madrileño de 55 años es uno de los investigadores europeos más vinculados a temas latinoamericanos. Pasó por Buenos Aires invitado por la Universidad de Quilmes y con actividades en el Centro Cultural de la Cooperación y en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.

Hace un año la principal agrupación de la izquierda española presentó la primera moción de censura para que el Congreso de los Diputados le retirase la confianza al entonces presidente del Gobierno Mariano Rajoy, del derechista Partido Popular. El 1ª de junio último otra moción de censura terminó con Rajoy, referente internacional de Mauricio Macri, y puso en la Moncloa al socialista Pedro Sánchez.

   –Nosotros teníamos grandes intuiciones y, sobre todo, la firme voluntad de que Rajoy terminara -dijo Monedero en diálogo con Página/12.

–¿Y él imaginaba que su fin era posible?

–Rajoy estaba metido en la estrategia de la impunidad, en la que llevaba casi 15 años. Controlaban los espacios más relevantes de la Judicatura, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo. Pensaban que todo eso sería una garantía. Me gustaría insistir en algo, también para la Argentina: nunca tienen todo el poder. No tienen todos los jueces, no tienen todos los fiscales.

–No logran concretar la vieja ilusión del control total. 

–Dentro del marxismo hay una discusión. Las explicaciones muy estructuralistas toman al pie de la letra aquello de que el poder es el consejo de administración de los intereses de la burguesía y que es un ente cerrado que siempre obra a mayor gloria de las minorías. Pero no son explicaciones verdaderas. Ni el poder es uno, ni es el capital es uno, ni todo está tan organizado, y también se equivocan, y no lo controlan todo… A veces les regalamos un poder que no tienen. Una parte de nuestras sociedades democráticas existen por nuestras victorias. Cuando uno hace un discurso muy negativo o muy oscuro está renunciando a su parte de victoria.

–¿A qué parte de victoria renunciaría, por ejemplo?

–A los derechos laborales, al derecho al voto, la universalidad de la ley, el derecho a la manifestación y a la huelga, el derecho a reunirse, el derecho a la comunicación… Hay una serie de cuestiones que no perdimos. Yo entiendo que ahora mismo la Argentina está bajo riesgo. Y es obvio que la Junta Militar, con la excusa de la lucha contra la insurgencia, dinamitó el Estado de Derecho. Y es verdad que este gobierno quiere dinamitar todo lo que significó el kirchnerismo. Pero eso no quiere decir que les vaya a salir. No es cierto que estemos como en la dictadura. Es verdad que los principales diarios mienten y son empresas de comunicación al servicio del poder. Pero no es verdad que tengan toda la comunicación, que controlen toda la Internet, o que no exista PáginaI12. Con los discursos apocalípticos a veces estamos invitando a la resignación. Alguna izquierda cree que es más profunda y astuta cuando hace análisis muy pesimistas. En el fondo queda como rehén del enemigo.

–¿Cuál es la clave del análisis realista?

–No pensar deseando.  Seguir leyendo “A VECES LES REGALAMOS UN PODER QUE NO TIENEN.» JUAN CARLOS MONEDERO

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