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RAÚL MARTÍNEZ, EL PRIVILEGIO DE LO ETERNO*. OMAR GONZÁLEZ

*Palabras pronunciadas en la entrega del PREMIO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS 1994 a RAÚL MARTÍNEZ, en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Iniciando una tradición

OMAR GONZÁLEZ / LA JIRIBILLA

No es obra de la casualidad que, en la primera edición del Premio Nacional de Artes Plásticas, el jurado haya decidido, por unanimidad, conferirle a Raúl Martínez la más alta distinción que, a partir de ahora, se instituye en el seno de esta manifestación artística.

Si bien las deliberaciones de cualquier tribunal suelen permanecer en secreto, los integrantes del jurado me perdonarán que revele, desde mi estricta posición de convidado de piedra, lo que para nosotros resultó, si no sorprendente —dada la admiración que sentimos por Raúl y su obra—  sí muy revelador y simbólico. Y es que, al reconocerlo, reconocían también el aporte de la plástica cubana al proceso histórico de nuestra cultura. Porque el artista que se distingue hoy con este premio es mucho más que una figura destacada en el ejercicio de su profesión; es todo un símbolo, la síntesis en que se ven reconocidos el resto de los nominados y muchos otros colegas suyos que han hecho del arte una pasión y un modo cabal de expresar la dignidad, la belleza y la espiritualidad de nuestro pueblo.

Raúl Martínez, Premio Nacional de Artes Plásticas 1994

Decidir, entonces, fue un acto difícil, si tomamos en cuenta el esplendor alcanzado por esta manifestación artística en Cuba durante los últimos 36 años, la vigencia y el vigor de sus antecedentes fundacionales y de sus maestros contemporáneos; pero fue, al mismo tiempo, una determinación rápida, justa, inobjetable. Porque nadie en nuestro país puede negar que en Raúl Martínez, tan reacio a los elogios como a las formalidades de las ceremonias prefabricadas, se dan las mejores cualidades del ser humano dedicado al arte: su sencillez, su permanente indagación creadora, su cubanía, su vocación universal, su audacia y valentía en el tratamiento de cualquier tema o asunto, su honestidad y, siempre como quien habla con el corazón, su inclaudicable lealtad a la Patria, a la Revolución y a Fidel.

Por eso Raúl, en quien también se da la virtud del que predica más con los actos que con las palabras, es una figura emblemática. Un paradigma a los ojos de sus contemporáneos y principalmente de los jóvenes creadores, que lo asumieron como maestro y modelo de honestidad intelectual. Todos, entonces, nos identificamos con la decisión que adoptaron los 15 artistas, críticos y profesores que integraron el jurado. Un jurado en el que están representados esos mismos jóvenes discípulos de Raúl y aquellos a quienes el propio artista reconoce también como sus otros hermanos de fila y magisterio. Seguir leyendo RAÚL MARTÍNEZ, EL PRIVILEGIO DE LO ETERNO*. OMAR GONZÁLEZ