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LA CIA CONFIRMÓ QUE FELIPE GONZÁLEZ YA ERA DE DERECHAS ANTES DE GANAR LAS ELECCIONES DE 1982. JOSÉ ANTONIO GÓMEZ

Un informe de la CIA entregado a Ronald Reagan unos días antes de las elecciones de octubre de 1982 revelaba cómo Felipe González gobernaría de un modo muy diferente a lo que prometía mientras estaba en la oposición

Felipe González

JOSÉ ANTONIO GÓMEZ

Un informe de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), al que Diario16 ha tenido acceso, indica con claridad cómo la figura de Felipe González, cuando aún llevaba chaqueta de pana y camisa de cuadros, no generaba ningún tipo de temor para los servicios secretos norteamericanos por, precisamente, tener un carácter conservador que haría que en España no se implantaría un gobierno puramente de izquierdas y socialista, hecho este que sí preocupaba mucho en los primeros años de la Administración de Ronald Reagan.

En dicho informe, previo a la victoria electoral del PSOE en 1982 y clasificado como «Alto Secreto», se indican los perjuicios que podría tener la política exterior de Estados Unidos si el PSOE iniciara un giro a la izquierda, sobre todo si se seguían los postulados de Alfonso Guerra (quién le ha visto y quién le ve).

«Aunque el liderazgo del partido está comprometido con un curso moderado, las presiones dentro y fuera del partido podrían aumentar mucho más las políticas de izquierda después de que tomara el poder», indica la CIA.

Hay que incidir en el hecho de que en esos años la presidencia ultraconservadora de Reagan había vuelto a incrementar la tensión con la URSS y sus aliados y se pensaba que, si los socialistas accedían al poder en España, los soviéticos tendrían un nuevo aliado en un país donde los Estados Unidos tenían presencia militar en las bases de Torrejón, Zaragoza o Rota.

Portada del Informe de la CIA.

El documento de la CIA tranquiliza a la Administración Reagan porque califican a Felipe González como un moderado alejado del comunismo y cercano a una situación más conservadora, incluso, que la de los partidos socialdemócratas del centro y el norte de Europa, es decir, más próximo a la derecha que a la izquierda que tanto temían los estadounidenses: «los socialistas comenzarán aplicando políticas más moderadas que las desarrolladas por la mayoría de los partidos de centro izquierda en Europa occidental», indica el informe que, más adelante vuelve a incidir en los propósitos conservadores de Felipe González: «Si los intentos de los socialistas de acomodarse a los intereses conservadores se vuelven inútiles, podrían desarrollarse demandas sobre el liderazgo del partido para moverse hacia la izquierda».

La CIA hace mención a las diferencias internas que existían ya tras el congreso de 1981 y cómo Felipe González logró equilibrar «la necesidad de satisfacer a un electorado moderado con la necesidad de apaciguar a una militancia predominantemente de izquierdas».

Es decir, que el líder que ganó unos días después las elecciones generales ya tenía diseñado un programa oculto de reformas basado en la moderación, el conservadurismo y en la protección de las élites que ejecutó varios años después y, a la vez, con un programa electoral puramente de izquierdas mantuvo contentos a los críticos que se mantenían fieles a los preceptos ideológicos más progresistas.

A ese programa moderado se hace referencia más adelante y muestra las connivencias entre González y la clase empresarial: «Tal programa no podría tener éxito sin la confianza empresarial, y González recientemente ha tratado de convencer a los escépticos de la moderación del PSOE. Prometió que un gobierno socialista no alteraría sustancialmente las relaciones entre el gobierno y las empresas».

Por otro lado, en referencia a las relaciones entre España y Estados Unidos, la CIA tranquiliza a los halcones de Reagan porque, en el corto plazo, los espías norteamericanos afirmaron que «el compromiso de Felipe González con la moderación y las relaciones amistosas con Washington significa que las políticas de su partido en el gobierno serán menos radicales que sus posiciones declaradas en la oposición».

Fuente: DIARIO 16

RUBALCABA, EL HOMBRE QUE SABÍA. JUAN CARLOS MONEDERO

RUBALCABA

JUAN CARLOS MONEDERO

uan carlos monedero 1Ayer por la tarde, cuando reinaba la confusión,  me pareció que Rubalcaba había tramado su penúltima metáfora entre tubos y monitores. Llegaban noticias de que se había marchado. Alguna diputada socialista colgaba un tuit adelantándose a los acontecimientos y rápidamente lo borraba como si alguien la hubiera regañado. Las redacciones, que son los buitres del siglo XXI, echaban humo preparando los especiales. Pero Rubalcaba, el que todo lo planeaba, no se iba a morir hasta  que llegara Sánchez. Un último servicio al partido.

Aunque su relación con Sánchez no fuera digna de postal de San Valentín. Los panegíricos de los políticos fallecidos nunca los debieran escribir los de su familia política. Porque o bien son insultantes entre líneas o  bien mienten. A no ser que se escriban desde la derrota compartida. Es un buen oficio para un ex dirigente político. Escribir necrológicas. Pero los Rubalcaba, como los Fouché, nunca se jubilan. Rubalcaba iba a esperar a Sánchez. Pero no por Sánchez, a quien nunca había imaginado de Presidente del Gobierno, sino por el espacio compartido en Ferraz y, sobre todo,  por el “bien de España”.

Fraga tenía el Estado en la cabeza. El franquista, claro. Rubalcaba tenía también el Estado en la cabeza. Pero el salido de la Transición. Por eso fue él quien ajustó la ley de abdicación del emérito. Nadie como el PSOE ha defendido a los Borbones. Juan Carlos siempre lo supo. Su hijo, que ha sufrido menos, no lo ha entendido y eso le costará la Corona. Rubalcaba, más austero que Felipe González y menos poseído de eso que los idiotas llaman gloria, procuraba ir un paso por delante para preparar los acontecimientos. Y si algo tenía que cambiar para que las cosas permanecieran en su sitio, sin problema. Aunque eso le obligara a ser un secundario de lujo. Por eso la derecha le ha odiado como solo sabe odiar la derecha. Y como odian los de casa.

Rubalcaba tenía algo que siempre ha pertenecido al linaje del poder: el realismo. Releía el Fouché de Stefan Zweig y entonces tomaba decisiones. Nada de precipitaciones. Salvo las de la química. Y si el experimento fallaba, quitaba corriendo la probeta del fuego. Ha sido el secundario al que dan el Oscar solo por el conjunto de su carrera. Porque los aciertos tapan los errores. La noche del 15M nos mandó a los antidisturbios. Pero le bastaron unas horas para darse cuenta de que se había equivocado. Gracias a su error y a que luego dio marcha atrás es que existe Podemos. Qué paradoja.

Igual que un jugador lleva el burle en la sangre, Rubalcaba llevaba en las venas colocar ladrillos donde hubiera una obra. Y si no podía poner ladrillos, ponía piedras. Llevaba décadas fuera de la Universidad Complutense pero no hubo una elección a Rector en la que no enredara para que saliera su candidato. Hay que decir que perdió unas cuantas y otras tantas ganó. A Rubalcaba le gustaban los pasillos enrevesados de la política como a un ludópata la ruleta dando vueltas y vueltas y más vueltas. Que no se pare. Te miraba a los ojos y entonces sabía que sabías de su posesión enfermiza. Sonreía pero seguía. Había algo místico en su papel. Era el hombre esencial para pactar el fin de ETA. Otros de su generación, que venían del radicalismo de izquierdas, desarrollaron metástasis de cinismo. Pero Rubalcaba no era un cínico. Había acariciado las claves del poder y con las cosas del devenir no se juega.

Respetaba a Podemos, pero le jodía que se hubiera levantado ese espacio a la izquierda del PSOE. Donde, decía Guerra, solo había un abismo. Le hubiera gustado tenerlo como contrincantes con algunos años menos. O eso es lo que sentí en algunos debates. Era un nuevo desafío que le hacía sentirse vivo. Y eso también le llevó a cometer errores. Cuando conoces la razón de Estado, terminas siendo, de una manera u otra, preso de la razón de Estado. Por eso cometió el error de presentarse contra Carme Chacón, cometió el error de no apoyar a Eduardo Madina, cometió el error de ligar su última suerte a Susana Díaz y a Felipe González. Que le llevaron a un sitio gris en los últimos años. Una inteligencia política como la de Rubalcaba reventaba las costuras de un proyecto envejecido como el consejo asesor del grupo PRISA. Aún más con la anterior redacción, que era una caricatura de la peor prensa. Pero es verdad que para un político de raza, da más satisfacción dar un golpe con una portada o en un editorial que opinar en el Consejo de Estado sobre una ley que tardará años en brindar sus efectos. Seguir leyendo RUBALCABA, EL HOMBRE QUE SABÍA. JUAN CARLOS MONEDERO

ESPAÑA: REVOLUCIÓN PASIVA, CRISIS, Y ASCENSO DE VOX. KATU ARKONADA

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KATU ARKONADA

Francisco Franco moría en su cama un 20 de noviembre de 1975, tras 40 años de dictadura y una guerra civil que dejó decenas de miles de republicanos enterrados en fosas comunes.

A su muerte, el franquismo no pudo continuar pues ETA había volado por los aires a su sucesor, el Almirante Carrero Blanco, pero encontró en la llamada transición española y la Constitución española la vía para poder implementar otro tipo de dictadura, la que de verdad importaba, la del modelo neoliberal que comenzó a implementarse en los 80 en Europa. Los partidos socialdemócratas, como el PSOE, se volvieron social-liberales, y los partidos comunistas se volvieron socialdemócratas, y aquí paz y después gloria.

Ese consenso duró 30 años hasta que el famoso movimiento 15M o los procesos soberanistas en las periferias del Estado hicieron temblar los cimientos de la España postfranquista.

La respuesta estatal fue una revolución pasiva que podría haber escrito el mismísimo Antonio Gramsci en un manual: la abdicación del Rey Juan Carlos, en favor de su hijo Felipe VI, más joven, guapo, simpático y sin tanta afición a cazar elefantes en Botsuana o cobrar comisiones por contratos entre empresas españolas y países de la península arábiga. Y junto al recambio del Jefe de Estado, la irrupción al mismo tiempo de Podemos, un PSOE recargado con un discurso socialdemócrata sincero en una época de desmantelamiento del Estado de Bienestar, y un Ciudadanos que venía a representar el lavado de cara de la derecha en un país donde no existían electoralmente opciones de ultraderecha pues estas ideas estaban cobijadas al interior del Partido Popular.

Sin embargo, esa restauración pasiva impulsada por las élites políticas y económicas que de verdad gobiernan España se ha encontrado con resistencias, y prueba de ello es la crisis política que se refleja en lo electoral, con 3 elecciones generales en poco más de 3 años.

Es tal la crisis política española, que este 28 de abril se sabe quién va a ganar las elecciones (el PSOE de Pedro Sánchez), pero no quién va a gobernar.

No se sabe quién va a gobernar porque el sistema electoral en España es parlamentario, no presidencialista, y es una mayoría de parlamentarios electos quien designa al jefe del ejecutivo.

Parece claro que el PSOE en el gobierno será el más votado con alrededor del 30% de los votos. Pero a partir de ahí tenemos más incógnitas que certezas.

En primer lugar, porque los votos que obtenga Unidos Podemos (entre 10 y 15%) no le van a dar al PSOE para gobernar con Pablo Iglesias de Vicepresidente, ni siquiera con los votos/escaños de algún partido más, como el PNV o Coalición Canaria.

Por lo tanto, el PSOE y Podemos solo podrían formar gobierno a partir de un acuerdo con los independentistas vascos y/o catalanes, lo cual se antoja harto difícil después de la criminalización e incluso encarcelamiento de los líderes independentistas catalanes. Podría llegarse a algún tipo de entendimiento para una abstención en la sesión de investidura (que podría darse incluso a cambio de nada), pero a partir de ahí, cualquier ley o presupuesto a ser aprobado tendría que llevar contraprestaciones políticas que no parece el PSOE esté en condiciones de otorgar.

Una segunda vía es un acuerdo entre PSOE y un Ciudadanos que podría obtener hasta el 15% de los votos, lo cual tampoco garantiza en principio mayoría ni en votos ni en escaños. El PSOE ha negado la posibilidad de pactar con quienes proponen en campaña practicarle un cordón sanitario, pero, aunque las promesas de campaña son solo eso, y aunque este pacto es el preferido de las élites económicas en general, y de los bancos en particular, no parece que vayan a dar los números.

La tercera vía es la de la suma de una mayoría entre la derecha y la ultraderecha. Esta última opción depende del desempeño de Vox, el socio de Steve Bannon en España, que, con un discurso contra la ideología de género, el marxismo cultural (que comprende desde el independentismo a las reivindicaciones LGTBIQ) y la inmigración, se ha ido haciendo un hueco en el escenario político español y ya ha obtenido más del 10% en las recientes elecciones andaluzas.

Vox ha sido el elefante en la habitación de los 2 debates electorales celebrados esta semana. Un debate entre 4 candidatos, todos ellos hombres, que ya son parte del establishment político, y que temen la irrupción de Vox, o bien porque les quite votos o bien porque les impida conformar una mayoría electoral.

En un mundo donde la globalización está en crisis, no es casualidad que esta crisis se muestre con más intensidad en los dos países donde se implementó por primera vez, tras el experimento chileno, el neoliberalismo. Al igual que Trump en Estados Unidos y el Brexit en el Reino Unido son síntomas de este mundo de monstruos, Vox es también síntoma de un sistema político que no ha sabido dar respuesta a los problemas de las mayorías sociales y que aspira a volver al viejo orden, a un franquismo sin Franco.

Todos los escenarios están, por tanto, abiertos para las elecciones generales, incluso el de la repetición electoral si ninguno de los 3 bloques posibles alcanza la mayoría. Todo ello sin olvidar la segunda vuelta que van a suponer las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo.