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¡BASTA DE MENTIRAS! ENCUENTRO CON EVO Y ÁLVARO. Por ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITA

Los medios de difusión dominantes, capitaneados por Estados Unidos, intentan imponer un relato absolutamente falso sobre el golpe de Estado en Bolivia. Respecto a este peligro y la urgente necesidad de contrarrestarlo coincidíamos un grupo de compañeras y compañeros el martes 10 en un inolvidable y productivo encuentro con Evo Morales y Álvaro García Linera, presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, al que también asistió el siempre propositivo Rafael Correa, ex presidente de Ecuador. Nos acogen la amable hospitalidad del embajador de Venezuela en México, Francisco Arias Cárdenas y su esposa, así como del embajador de Bolivia José Crespo.

Debe quedar claro: en Bolivia no hubo nada parecido a un fraude electoral, mucho menos el “descomunal fraude” de que hablan sin pruebas medios como El País de Madrid, Clarín de Buenos Aires o CNN en español, que algunas personas todavía tienen por serios, cuando no son más que bocinas del ministerio de propaganda del imperio. Ni siquiera el sesgado informe “preliminar” de la OEA se atreve a afirmar que haya existido fraude en las elecciones generales del 20 de octubre y solo se refiere a irregularidades en relación con una muestra de actas cuya selección despierta muchas sospechas ya señaladas por el análisis que hizo el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas, prestigioso grupo de estudios con sede en Washington. El análisis(http://cepr.net/), un exhaustivo trabajo estadístico sobre los datos reales de las elecciones bolivianas “no encuentra evidencia de que hubo irregularidades o fraude que afecten el resultado oficial que le dio al presidente Evo Morales una victoria en primera vuelta.”

Lo que sí ha sido fraudulenta y traicionera es la actuación en las elecciones bolivianas de la OEA y, sobre todo, de su secretario general Luis Almagro. Primero, la OEA ofrece un informe el 21 de octubre en el que sin presentar pruebas de irregularidades que lo ameritaran y tomándose atribuciones de las que carece, recomienda ir a una segunda vuelta electoral en una grosera intervención en los asuntos internos de Bolivia. Esto envalentonó al ladrón y genocida candidato opositor Carlos Mesa.  Propició que se abriera cause al racismo y al fascismo anidados en importantes sectores de las clases medias tradicionales y que ya venían desatándose anteriormente. Mesa llamó a sus partidarios a protestar contra el “fraude”. De manera extraña, quien acusaba de fraude hizo que sus huestes quemaran cuatro Tribunales Electorales con papelería incluida. Raro, pues se supone que nadie más interesado en disponer de las pruebas del fraude que quien aduce ser víctima de este. Pero no para ahí. Cientos de indígenas y seguidores del oficialista MAS, entre ellos muchas mujeres, fueron vejados, apaleados o quemadas sus casas, particularmente en Santa Cruz, por los grupos de choque fascistas cruceños y más tarde los de Cochabamba y La Paz. Es escandaloso el caso de la alcaldesa masista a quien le cortaron el cabello, golpearon, empujaron por la calle, orinaron y vertieron pintura encima.

En medio de esta ferocidad derechista, Evo Morales, con el fin de relajar tensiones y pacificar el país llamó el 25 de octubre a la OEA a realizar una auditoría de la elección y se comprometió a acatar sus resultados.  Cuando se dio a conocer el informe preliminar de la auditoría que recomendaba convocar a nuevas elecciones, toda una canallada de Almagro, Evo, consciente de que el documento equivalía a una tea incendiaria, lo aceptó en el mismo ánimo de paz y anuncio la elección de nuevas autoridades electorales.

Pero ya en ese momento las turbas fascistas quemaban o amenazaban con quemar las casas de ministros del gobierno, líderes del MAS, gobernadores y legisladores con las familias adentro o eran amenazados de muerte sus familiares más cercanos si no renunciaban a sus cargos. En eso estalló el motín policial, cuya característica principal es que los efectivos policiales se encerraron en los cuarteles y negaron a controlar el orden público. Era también justo el momento en que las movilizaciones convocadas por el MAS parecían capaces de inclinar la correlación de fuerzas del lado del gobierno. Entonces vino el llamado del comandante de las fuerzas armadas en un discurso televisado a que el presidente renunciara, lo que hizo girar nuevamente hacia la derecha el balance de fuerzas. Ello obligó a Evo a presentar la renuncia (aun hoy no aceptada por la Asamblea Nacional), a esconderse y a acogerse al asilo en México, en una sucesión de hechos que pusieron en grave peligro su vida, incluyendo un frustrado intento de emboscada por el ejército en el aeropuerto de Chimoré, ya a bordo del avión de la Fuerza Aérea Mexicana que lo conduciría a este país, frustrado por miles de sus simpatizantes que se interpusieron entre los militares bolivianos y la aeronave.

Encima de todo esto, aprovechando el vacío de poder, la derecha animó la autoproclamación de una perfecta desconocida  como presidenta interina, siempre con el total apoyo de Washington y la activa participación de su antiguo hombre de confianza en Bolivia, Jorge “Tuto” Quiroga, que ha hecho correr ríos de dinero para comprar desde jefes militares hasta marchistas. Pero la autoproclamación viola toda la línea sucesoria establecida por la Constitución. ¿Qué es todo lo que vengo relatando sino un golpe de Estado clásico? Frente a una tormenta de balas y mucha sangre la heroica resistencia indígena y popular continúa. El asimétrico enfrentamiento entre ejército y fuerzas de seguridad, de un lado, y masas desarmadas del otro, es de alta tensión y, creo, de incierto pronóstico su desenlace.

Twitter:@aguerraguerra

ECUADOR: ¿DE LA REVUELTA A LA INSURRECCIÓN? ATILIO A. BORÓN

ECUADOR -A ATILIO

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3Ya van diez días del levantamiento plebeyo en Ecuador y la situación lejos de revertirse cobra nuevos bríos. La toma de edificios públicos se generaliza: masas movilizadas de indígenas, campesinos, capas medias empobrecidas y pobladores urbanos rodean el Palacio de Carondelet, sede del gobierno ecuatoriano. y el edificio de la Asamblea Nacional. Días pasados se tomaron la sede de la misión del FMI en Quito, ámbito donde reside “gobierno real” que tiene como su marioneta privilegiada a Moreno. El “estado de excepción” decretado por su gobierno, luego de su cobarde huída hacia Guayaquil, no logró desbaratar la ofensiva popular a la que se sumaron, en las últimas horas, indígenas amazónicos que nunca antes se habían incorporado activamente a las protestas que conmovieran al Ecuador en 1997, 2000 y 2005 y que culminaran con los derrocamientos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. La única respuesta del régimen, de la dictadura de Moreno, ha sido declarar el “toque de queda” desde las 15 horas de este sábado.

La situación, al caer la tarde de hoy ha sido descrita de este modo por un testigo muy calificado instalado en el teatro mismo de los acontecimientos: “es una verdadera lucha de clases … Quito paralizada con “toque de queda”   desde las 15h, sin hora límite. Indígenas rodeados en las zonas de sede. Bombas y disparos. Ciudad militarizada. En otras ciudades del país empiezan movilizaciones. Violencia brutal contra los protestantes. Varios muertos, centenares de heridos, mil y más apresados. Cortaron señal de Telesur. Imposible información porque nadie puede circular. Algo se informa en redes y ahí circulan videos, fotos, documentos. Lenin Moreno dice estar abierto al diálogo. La posición indígena: no negociar sino públicamente, con presencia de la televisión, ONU, derechos humanos, iglesia. No es solo movilización indígena sino también estudiantes, trabajadores, pobladores. Los indígenas son el centro y la fuerza popular más grande. Llegaron a Quito desde distintas regiones del país. El pedido fundamental: dejar insubsistente decreto de liberación de precios de combustibles. Cuestión de fondo: reacción contra las medidas anunciadas y acordadas con el FMI. Situación incierta. Sin salida por el momento. Para nosotros, quiteños, un ambiente de guerra con focos de enfrentamientos. Situación terrible.”

En toda crisis, como en las guerras, el papel de la prensa al informar o desinformar es de enorme importancia. De hecho, el conflicto se presenta como si fuera una reacción de los indígenas ecuatorianos, segmentando y subestimando la confrontación. En realidad el rechazo al “paquetazo” de Moreno atraviesa –como lo dice más arriba nuestro informante- casi toda la estructura social: comenzó primero en las ciudades: los transportistas y, de inmediato, estudiantes, maestros, la militancia política opositora, ciudadanas y ciudadanos de Quito y (en menor medida al principio) de otras ciudades. Pero esta revuelta  experimentó un “salto cualitativo” con la arrolladora incorporación de las comunidades indígenas y campesinas. Fueron éstas las que le otorgaron ese tono amenazantemente plebeyo a la insurgencia que el presidente fugitivo y sus compinches caracterizaron como la “revolución de los zánganos”, reflejando nítidamente el talante racista del bloque dominante.  Antes, los paniaguados de Lucio Gutiérrez también habían denigrado a las masas que, en el 2005, acabarían con ese otro traidor y que fueran anatemizadas como una “revolución de forajidos”.

Hay cuatro rasgos que distinguen a la actual coyuntura pre-revolucionaria de las revueltas anteriores: esta es muchísimo más masiva y multitudinaria; tiene presencia en casi todo el país mientras que sus predecesoras tenían lugar casi exclusivamente en Quito; su duración es mucho más prolongada; y la brutalidad de la represión oficial es muchísimo mayor, incluyendo el “toque de queda”. Según cifras oficiales había cinco muertos a manos de las fuerzas de seguridad al anochecer del viernes. Pero las organizaciones sociales ya hablan de un número bastante mayor y hay centenares de heridos -varios de ellos en grave estado- y más de mil personas detenidas.  Esto, antes del “toque de queda”. Además buena parte de los medios de comunicación están bajo control oficial y Telesur ha sido sacada del aire, al igual que un puñado de radios anatemizadas por el gobierno ecuatoriano como “correístas”. Además, los internautas están también siendo acosados y los que emiten noticias contrarias a los informes oficiales por las redes sociales están siendo bloqueados. Líderes y dirigentes opositores están detenidos o amenazados (por ejemplo, sobre Paola Pabón, prefecto de Pichincha, pesa una orden de captura por instigación a la violencia, sabotaje y terrorismo). Otros tuvieron que asilarse. Gabriela Rivadeneira buscó refugio en la embajada de México y a Ricardo Patiño se encuentra exiliado en ese país. Correa sigue en Bélgica y la persecución sobre otros dirigentes del correísmo es implacable.  El presidente prófugo sólo produjo como gesto de pacificación un mensaje por cadena nacional de 44 segundos (¡Sic!) diciendo que está dispuesto a dialogar con los revoltosos. Seguir leyendo ECUADOR: ¿DE LA REVUELTA A LA INSURRECCIÓN? ATILIO A. BORÓN

LENÍN Y LA DICTADURA DEL CAPITAL EN ECUADOR. KATU ARKONADA

La policía reprimió ayer nuevamente a manifestantes en Quito al mantener los indígenas la presión en las calles y carreteras contra los ajustes económicos pactados por Moreno con el FMI. Foto Ap
La historia de Ecuador es una historia de rebelión. Entre 1997 y 2007 el país de Eloy Alfaro tuvo ocho presidentes, tres de ellos –Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez– fueron derrocados por levantamientos populares. Sólo Rafael Correa logró la estabilidad suficiente, estando en el cargo durante 10 años, entre 2007 y 2017; fue sucedido por Lenín Moreno, quien había sido su primer vicepresidente.

En los tres casos de presidentes derrocados, el detonante fue la aplicación de medidas neoliberales contra el pueblo. Bucaram elevó 500 por ciento las tarifas de la luz y dejó de subsidiar las del gas, Mahuad dolarizó la economía y Gutiérrez –que había llegado con un programa de centroizquierda y el apoyo del movimiento indígena– traicionó su programa y apoyos para acercarse a Estados Unidos y Colombia, y fue desalojado del poder tras unas movilizaciones de la clase media urbana contra la corrupción y cooptamiento del poder judicial, en lo que fue conocida como Rebelión de los Forajidos.

Este es un esbozo de la memoria larga de las rebeliones en Ecuador, pero para entender lo que sucede hoy en el país andino también es importante una memoria corta que examine cómo nace la rebelión que vivimos actualmente, la rebelión de los zánganos, en palabras del presidente de apellido Moreno, cuyo nombre no me atrevo a teclear para no mancillar el recuerdo de un gran revolucionario.

Un presidente que llegó a ser candidato para suceder a Correa más por las encuestas (si llega a ser por capacidad o lealtad al proyecto, ahí estaban Ricardo Patiño o Gabriela Rivadeneira para sucederlo) que arrojaban que un señor bonachón en silla de ruedas, que venía de ser enviado especial del secretario general de la Naciones Unidas para la Discapacidad y Accesibilidad tras ser vicepresidente del primer gobierno de Rafael Correa, tenía más posibilidades de ganar al candidato de las élites económicas, el banquero Guillermo Lasso.

Y así fue, Moreno ganó en segunda vuelta con 51 por ciento de los votos, y en menos de dos años y medio de mandato metió en la cárcel a su vicepresidente Jorge Glas (también vicepresidente en el primer gobierno de la revolución ciudadana); aplicó el lawfare contra Rafael Correa; destruyó Alianza País a nivel nacional y la Unasur a nivel internacional; sacó a Ecuador del Alba y de la Opep; se incorporó al Grupo de Lima, y avanzó en su integración a la Alianza del Pacífico al mismo tiempo que retiraba el asilo a Julian Assange. El viraje de 180 grados a la derecha se consumaba.

Pero hacia la derecha siempre se puede girar aún más, y la nueva vuelta de tuerca llegaba el primero de octubre con el anuncio por parte de Moreno del Decreto 883, un paquetazo de medidas económicas como condición impuesta a los más de 4 mil millones de dólares prestados por el Fondo Monetario Internacional: eliminación del subsidio a las gasolinas (que suponía un incremento de 120 por ciento al diésel y 30 por ciento a la gasolina regular); 20 por ciento menos de remuneración para los contratos ocasionales; reducción de 30 a 15 días de vacaciones a los empleados públicos; la eliminación del impuesto de salida de divisas, y otra serie de medidas clásicas del shock neoliberal al estilo de las impuestas por el capital en la Argentina de Macri con el objetivo de la flexibilización laboral en primer lugar.

Las protestas de estos días, sin embargo, recuerdan más a la Guerra del Agua de Cochabamba en el año 2000, con trabajadores (los transportistas comenzaron las protestas), estudiantes, indígenas y clases medias en las calles, protestando contra un gobierno y un presidente que tuvo que huir de Quito a Guayaquil e imponer el estado de excepción, sacando a los militares a las calles a reprimir las protestas. Protestas con múltiples voces y sin un liderazgo claro, ni siquiera el de la Conaie, cuyos dirigentes han sido rebasados por sus propias bases.

El saldo preliminar de una semana de represión deja siete muertos y más de 600 heridos, además de 13 periodistas encarcelados y nueve medios de comunicación intervenidos. Ya se sabe que la primera víctima de cualquier guerra es la verdad. Y el gobierno no quiere que la comunidad internacional conozca la verdad sobre lo que sucede en Ecuador.

¿Es el fin del gobierno del señor de apellido Moreno? Aún es pronto para decirlo. No parece que las movilizaciones por sí solas vayan a provocar la renuncia del presidente, pero tampoco parece que Moreno, sin estructura partidaria ni gabinete propios (sus ministros son imposiciones de los diferentes grupos de poder) pueda llegar hasta la próxima elección presidencial de 2021 si las élites económicas, los medios de comunicación y la embajada de Estados Unidos dejan de sostenerlo una vez cumplida su misión, de manera similar a lo sucedido con Temer en Brasil.

La solución podría ser la muerte cruzada, una fórmula plasmada en la Constitución de 2008 que permite materializar el Que se vayan todos. El presidente tiene facultad para disolver la Asamblea Nacional, así como la Asamblea tiene la facultad de destituir al Presidente, pero en ambos casos se debería llamar a elecciones para sustituir a los integrantes de los dos poderes, Ejecutivo y Legislativo.

Mientras tanto, el estado de excepción y la violencia contra las mayorías sociales imponen en Ecuador la dictadura del capital.

Fuente: LA JORNADA

MARX Y LA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA. JUAN J. PAZ Y MIÑO-CEPEDA

JUAN PAZ Y MIÑO 2

JUAN J. PAZ Y MIÑO-CEPEDA

La teoría de Karl Marx (1818-1883) ingresó a Nuestra América Latina al comenzar el siglo XX, aunque algunos intelectuales, así como inmigrantes europeos, la conocían con anterioridad. Pero la difusión amplia de esa teoría, así como la búsqueda de interpretaciones ajustadas a las realidades de la región a fin de orientar las luchas políticas fue obra de los partidos marxistas, que inicialmente se identificaron bien como Socialistas o bien como Comunistas. Los anarquistas y los anarcosindicalistas convivieron con estos partidos en la misma época, aunque tuvieron más influencia en unos países (México, Argentina) que en otros.

Los partidos marxistas definieron y marcaron el espacio de la izquierda política en la región. Fueron fundamentales en el origen de las organizaciones clasistas de los trabajadores, pero también de campesinos e indígenas, como ocurrió en Ecuador, donde el Partido Comunista (1931) fue el gestor de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI, 1944) y de la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE, 1944). Además, dieron paso a la superación histórica del viejo bipartidismo (conservadores y liberales). Sus intelectuales, así como la difusión del ideario y la acción política en el ejercicio de la lucha de clases, igualmente generaron una conciencia favorable -y hasta inédita- con los sectores populares y particularmente con los trabajadores.

La Constitución Mexicana de 1917, pionera en inaugurar el constitucionalismo social latinoamericano, no solo fue una consecuencia teórica de la Revolución de 1910, sino del espacio afirmado por la izquierda política. Los códigos del trabajo, que también se irán adoptando en los distintos países con el avance del siglo XX (en Ecuador el Código del Trabajo se expidió en 1938), provenían del ambiente social y cultural creado precisamente por el espacio político de la izquierda, en el que, sin duda, tuvo decisiva influencia la Revolución Rusa (1917). El hecho de que los códigos laborales hayan sido acusados de “comunistas” y resistidos a su debido tiempo por los empresarios, da cuenta del avance logrado por las izquierdas.

Los populismos latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX pueden ser ubicados en el espectro de la izquierda política, aunque no son necesariamente marxistas. Así, la Revolución Juliana (1925-1931) en Ecuador inauguró el intervencionismo estatal en la economía, la institucionalización de la cuestión social en el Estado con las primeras leyes y entidades protectoras del trabajo, la seguridad social, los impuestos directos con el de rentas a la cabeza, y además, un largo proceso de lucha por la superación del régimen oligárquico.

Tampoco es una ubicación tajante y definitiva. En Chile, la dictadura de Carlos Ibáñez (1927-1931), con apoyo de liberales y conservadores, más la ilegalización del Partido Comunista, combinó la participación económica del Estado con cierto enfoque social. Pero el tenentismo en Brasil desde 1922, libró una constante batalla antioligárquica y uno de sus líderes, Luis Carlos Prestes, se reconocía como socialista revolucionario. Esa lucha es un antecedente para la revolución de los treinta y los gobiernos de Getulio Vargas (1930-1945 y luego 1950-1954) impulsaron el Estado Novo, con una modernización económica significativa, reforma social y “populismo”.

En rápido repaso, por la misma época Uruguay estabilizó su democracia y las instituciones progresistas; Costa Rica suprimió sus fuerzas armadas; en Argentina tomó impulso la Unión Cívica Radical (UCR) que llevó al triunfo a Marcelo Torcuato Alvear (1922-1928) e Hipólito Yrigoyen (1928-1930), quienes modernizaron al país, y solo después de la “década infame” (1930-1943) ascendió Juan Domingo Perón (1946-1955) con quien se marcó una política “populista” inédita. En Perú aparecieron el APRA fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre y el Partido Comunista fundado por Carlos Mariátegui; en Bolivia surgió la Federación Obrera del Trabajo antecesora de la COB, y años más tarde se produciría la impactante Revolución Nacional iniciada por la alianza minero-campesina, que posibilitó el largo gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) entre 1952 y 1964. En México, el ascenso de Lázaro Cárdenas (1934-1940) volvió sobre la reforma agraria y nacionalizó el petróleo, dando continuidad a los “populismos” clásicos.  Seguir leyendo MARX Y LA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA. JUAN J. PAZ Y MIÑO-CEPEDA

“EL MOMENTO ES AHORA” Y SOBRE ALFOMBRA ROJA. JUAN J. PAZ Y MIÑO

JUAN PAZ Y MIÑO

JUAN J. PAZ Y MIÑO

Lenín Moreno llegó a la presidencia de la República del Ecuador con el auspicio de Alianza País; con el respaldo abierto y directo de Rafael Correa (2007-2017) a fin de que sea su sucesor; teniendo en la mira el cumplimiento de un programa de gobierno planteado durante la campaña; sobre la base de que respetaría la Constitución de 2008; con la expectativa de América Latina para que su triunfo preserve todavía el ciclo progresista; y, ante todo, con el apoyo del 51.16% del voto popular en las urnas, de modo que los ecuatorianos votaron por un proceso político específico (la continuidad de la Revolución Ciudadana) y no por otro.

Después de un año, la situación es absolutamente distinta. De la diferenciación con el anterior régimen, el nuevo gobierno pasó a la ruptura total con Correa, y en ese camino hizo suya la “descorreización” del país, levantada por las derechas políticas en coincidencia con las izquierdas tradicionales, los marxistas pro-bancarios y las dirigencias de los movimientos sociales, pero también acompañada por un unificado cubrimiento mediático, todo lo cual resultó funcional para la geoestrategia del imperialismo contra los gobiernos progresistas en América Latina.

En materia económica, el gobierno dejó de guiarse por lo que sobre este campo dispone la Constitución, no hizo caso alguno a las propuestas provenientes de varias agrupaciones de economistas y académicos que durante el “diálogo” abierto por el mismo presidente Moreno plantearon medidas y políticas alternativas frente a la visión neoliberal, se sujetó exclusivamente a los planteamientos formulados por el “Foro de Economía y Finanzas”  del que formaban parte figuras identificadas con banqueros y empresarios, se subordinó a los intereses reivindicados por las cámaras de la producción y se alineó con las fuerzas internacionales que responden a los capitales transnacionales, abandonando el latinoamericanismo.

Así es que lo que se ha producido en Ecuador no es un cambio con alguna perspectiva de construcción de un país diferente, que incluso permita superar todo lo que sea necesario del régimen anterior, sino que el giro empresarial, las políticas gubernamentales seguidas y la “descorreización”, han provocado un cambio en los ejes del poder y un revoltijo institucional y jurídico, inéditos.

No se está construyendo un “capitalismo social”, una economía social de mercado, ni siquiera una economía neoliberal, sino un modelo empresarial como el que se edificó entre 1983-2006, es decir, un tipo de economía en función de los intereses y la visión de la élite más poderosa del país, a la cual se le atribuyen capacidades que históricamente no ha demostrado tenerlas.

Es inútil que, bajo esas condiciones, se piense en problemas grandes y sólidos, como los que América Latina ha movilizado desde hace mucho tiempo atrás precisamente en el campo de la academia, el pensamiento, la investigación o la teoría. Imposible que se comprendan los temas del desarrollo y la dependencia, el papel de las geoestrategias del capital en el mundo, el camino para superar el modelo primario-exportador, el origen histórico de las desigualdades sociales, las políticas de la región en materia de equidad, las finalidades y mecanismos de la redistribución de la riqueza, el papel del Estado en el progreso social, la necesidad de imponer el interés público sobre los intereses privados, así como los derechos laborales y sociales contra el rentismo típico que sigue caracterizando, en pleno siglo XX, a la visión oligárquica.

Se discuten temas más modestos, “prácticos” y sujetos a la presión de las cúpulas empresariales: rebajar o suprimir impuestos, liberar mercados, suscribir tratados de comercio, flexibilizar el trabajo, alentar la competitividad, reducir las capacidades del Estado y no estorbar el crecimiento de las iniciativas privadas, que se supone son las que producen desarrollo, empleo y adelanto nacional, sin entender que en este país, a diferencia de otros, los ciclos de claro intervencionismo estatal en la economía son los que han provocado mayor desarrollo, progreso y mejoramiento social para los ecuatorianos.

Pero es más fácil combatir y abanderarse contra el “estatismo”, que, como ocurrió entre 1983-2006, conduce a arruinar las capacidades estatales, la institucionalidad, la gobernabilidad y, desde luego, los servicios que necesariamente debe proveer el Estado a sus ciudadanos, como educación, medicina, salud, pensiones y una legislación que someta el capital a los intereses de la sociedad y no a la simple rentabilidad.  Seguir leyendo “EL MOMENTO ES AHORA” Y SOBRE ALFOMBRA ROJA. JUAN J. PAZ Y MIÑO

¿CUÁNTO LE CUESTA AL ECUADOR “DESCORREIZAR” EL PAÍS? PABLO QUIÑONES RIOFRÍO

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Rafael Correa, expresidente de Ecuador

PABLO QUIÑONES RIOFRÍO

PABLO QUIÑONES 1El 24 de mayo de 2017 Lenín Moreno se posesionaba como nuevo presidente del Ecuador, con la promesa de continuar las transformaciones iniciadas a lo largo de la década de gobierno de Rafael Correa, de quien Moreno fue vicepresidente en su período inicial. Sin embargo, con el pasar del tiempo las diferencias entre ambos se profundizaron hasta volverse insalvables. De haberlo catalogado como “el mejor presidente de la historia”, Moreno pasó a llamar a Correa “matón de barrio” y a posicionar un discurso, hoy hegemónico en los medios, sobre la necesidad de “descorreizar” el país.

No obstante, esto ha trascendido de un mero enfrentamiento entre dos facciones políticas y ha empezado a incidir de manera directa en la situación social y económica del país. Y es que la retórica de “descorreizar” ha servido de paraguas para un conjunto de acciones pensadas para desplazar las ideas progresistas —relacionadas con el Gobierno de la década pasada y con las que llegó Moreno al poder— y sustituirlas por una agenda de corte neoliberal, completamente opuesta a la propuesta ganadora en las urnas. Para tal fin Moreno ha tomado como excusa los supuestos errores del Gobierno anterior que, si bien existieron en algunos casos, la gran mayoría han sido creaciones e imposiciones mediáticas, como la afirmación del presidente Moreno de que “la mesa no está servida” referente al supuesto estado precario en que recibió la economía y que le ha costado el cargo ya a dos ministros de la rama (ministros que, en honor a la verdad, han desmentido al primer mandatario al respecto y se han opuesto a la adopción de medidas contrarias a las propuestas en campaña).

Y bajo ese discurso de “descorreizar” —que más bien parece una revancha de las élites que fueron desplazadas del poder por más de diez años— se han tomado decisiones cuestionables en materia de económica, en la conformación del gabinete, en las posturas adoptadas ante la coyuntura y demás, que más allá de afectar a algunos funcionarios del anterior Gobierno, han empezado a hacer sentir ya sus efectos en la economía nacional.

Días atrás, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) publicó las cifras de empleo, pobreza y desigualdad del primer semestre de 2018 y los resultados no fueron nada halagadores con el primer año de gestión de Moreno. La pobreza, la pobreza extrema y la desigualdad —que en la última década habían caído notoriamente— han crecido entre el primer semestre de 2017 y el primer semestre de 2018, mientras que el empleo ha dado señas de deterioro[i]. Tal información ha sido matizada, indicando que las variaciones en las cifras de pobreza y desigualdad no son estadísticamente significativas… aunque le costaron ya su cargo al ahora ex-director del INEC.  Seguir leyendo ¿CUÁNTO LE CUESTA AL ECUADOR “DESCORREIZAR” EL PAÍS? PABLO QUIÑONES RIOFRÍO

POR LULA, CRISTINA, CORREA Y MADURO. ÁNGEL GUERRA CABRERA

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  ÁNGEL GUERRA CABRERA

El miércoles 22 Evo Morales tuiteaba: nos unimos al pronunciamiento de la Red de Intelectuales que denuncia acción injerencista de Estados Unidos para derribar el gobierno de Venezuela, e impulsa persecución mediática y judicial contra hermanos Lula, Correa y Cristina.

Ante los continuos triunfos electorales de las fuerzas populares y progresistas y el éxito de sus gobiernos en el combate al neoliberalismo al en elevar el bienestar de nuestros pueblos, Washington y las derechas locales optaron por la tremenda. Lanzaron una contraofensiva integral basada en el esquema de las revoluciones de colores de Eugene Sharp, fundador y cabecilla de la organización ultraderechista Open Society, cuyo historial golpista y desestabilizador recorre la geografía planetaria donde quiera que haya gobiernos que no son del agrado de Estados Unidos.

Evidenciando una vez más en nuestra historia que solo respetan las reglas de la democracia representativa cuando los favorecen, el imperialismo yanqui y las derechas iniciaron una cadena de golpes de Estado contra los gobiernos progresistas. La primera víctima fue la pequeña Honduras, donde derribaron al presidente Manuel Zelaya(2009) por la fuerza de las armas, para lo que contaron con apoyo judicial, parlamentario y mediático. Siguieron los golpes contra el presidente Fernando Lugo en Paraguay(2012) y contra su homóloga Dilma Rousseff(2016) en el gigantesco Brasil.

Pero también ha habido varios intentos derrotados de golpe contra los gobiernos populares. El caso paradigmático es Venezuela por haberse utilizado casi la totalidad de los recursos de la guerra no convencional, híbrida o de cuarta generación. Por solo mencionar algunas acciones muy relevantes, se produjo el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002, precedido de un paro patronal y seguido a los pocos meses del paro petrolero, que paralizó la principal industria del país a un costo de miles de millones de dólares. El golpe llegó a sacar del gobierno a Chávez pero duró escasas 48 horas al reinstalar al líder venezolano luego de un contundente contragolpe popular-militar sin precedente. Allí se soldó la unidad cívico-militar que ha vencido los numerosos intentos de derrocar al chavismo, encarnado en los últimos años por el presidente Nicolás Maduro. Entre ellos, las feroces guarimbas de 2014 y 2017, el recrudecimiento sin límites de la criminal guerra económica y mediática y el recientemente frustrado intento de magnicidio contra el mandatario venezolano. No es casual, este estaba por lanzar una verdadera revolución económica y financiera dentro de la revolución, que golpeará muy duro a la especulación contra la economía popular y rompe con el dólar como moneda de cambio.

También fueron objeto de graves intentos de derrocamiento los presidentes Evo Morales (2008) y Rafael Correa (2010), los que, dada su esencia, no pueden calificarse sino de golpes de Estado de nueva generación. Ambos requirieron de una acción enérgica de UNASUR, hoy en proceso de liquidación por el actual gobierno ecuatoriano y otros gobiernos de derecha de América del Sur.  Seguir leyendo POR LULA, CRISTINA, CORREA Y MADURO. ÁNGEL GUERRA CABRERA

BASTA DE PERSECUCIÓN MEDIÁTICA Y JUDICIAL A NUESTRO/AS LÍDERES Y PROYECTOS POPULARES. DECLARACIÓN DE LA REDH

REDH.2

Podrán cortar mil flores, pero no podrán detener la primavera…

La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad llama la atención sobre el interés estratégico de derribar a los gobiernos progresistas y revolucionarios de nuestra región por parte de las oligarquías locales alineadas con Estados Unidos.

Pretenden hacer caer a los gobiernos populares en pie, desarticular los avances en la unidad latinoamericana y anular los liderazgos constituidos. Sobre todo, porque estos pueden ser referencias electorales para la vuelta de las fuerzas progresistas y revolucionarias donde las han logrado destituir mediante golpes de estado institucionales o estafas y fraudes pre o post electorales. Llegan al extremo de intentar la destrucción de referencias morales e históricas de líderes que ya no están como Fidel Castro, Hugo Chávez y Néstor Kirchner.

Los medios hegemónicos efectúan un linchamiento mediático de las y los líderes populares con el que allanan el terreno psicológico en las masas para que luego el poder judicial avance en su persecución y procesamiento.

Al igual que en los casos de Lula en Brasil y de Rafael Correa en Ecuador, se ha puesto en marcha, una vez más, esa arquitectura de la impunidad sobre la principal referente del campo popular y progresista en la Argentina: Cristina Fernández de Kirchner, así como sobre otras ex autoridades y militantes de su proyecto. La impunidad que les brinda ocupar todos los espacios de poder, les permite inventar cualquier cosa. No necesitan pruebas. Su palabra “superior”, heredera de las “democracias blancas” con las que forjaron a sangre y fuego nuestros estados nacionales, les es suficiente. Como en Brasil donde sólo hizo falta la “convicción” de un juez, formateado en Estados Unidos, de que Lula era culpable para enviarlo a la cárcel con el solo fin de que la preferencia popular sobre su candidatura a presidente no se haga realidad. O en Ecuador que intentan anular judicialmente a Rafael Correa al buscar incriminarlo en un supuesto secuestro frustrado de un personaje probadamente delictivo. O pueden inventar todo tipo de calumnias confesadas por empresarios que compran su impunidad a cambio de acusaciones.

Pero cuando las pruebas son convincentes y señalan a sus mercenarios o sicarios, como los drones que explotaron cerca del primer mandatario venezolano, no son suficientes para que los monopolios mediáticos reconozcan el obvio magnicidio, y en cambio acusen a sus propias víctimas. En medio de países en los que se fragua la explosiva mezcla de consecuencias sociales del retorno de las políticas neoliberales, se vuelve a desatar una ofensiva sobre quienes representan proyectos de justicia social.

Sin embargo, las rebeldías populares crecen por todos los resquicios del blindaje represivo y mediático. Por ello los gobiernos de derecha están desplegando una progresiva militarización de nuestras sociedades de manera “preventiva”. Obedecen al propósito de Washington de llenar con sus bases militares nuestros territorios y reformar y unificar las doctrinas militares, con el retorno de la doctrina de seguridad nacional. Apuntan a reorientar a la fuerza militar hacia supuestos enemigos internos.

Repudiamos la gira por Suramérica del jefe del Pantágono, James Mattis, quien vino a asegurar el creciente control estadounidense sobre nuestros recursos naturales, la subordinación de nuestros estados nacionales y el designio estratégico de derribar por la fuerza al presidente de Venezuela Nicolás Maduro Moros. Los pueblos nuestroamericanos que hemos sufrido más de 500 años de dominación, no abandonaremos los caminos emancipatorios que construimos día a día. Por el contrario, defendemos a nuestros y nuestras líderes populares con los que seguiremos construyendo la senda de la Patria Grande.

¡Basta de persecución a Cristina Fernández de Kirchner y a Rafael Correa!

¡Basta de la ofensiva integral contra el gobierno y el pueblo de Venezuela!

¡Libertad a Lula!

Evo Morales Ayma, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia; Nicolás Maduro Moros, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; Dilma Rousseff, ex presidenta de la República Federativa de Brasil​​​​; Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, República Argentina; Pablo González Casanova, ex rector UNAM y Premio Internacional José Martí de la UNESCO, México; Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas, República de Cuba; Jorge Arreaza, Ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela ; Ernesto Villegas, Ministro del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela ; Ricardo Patiño Aroca,​ ex Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Ecuador; Danny Glover, Estados Unidos; Fernando Morais, Brasil; John Saxe Fernández, México; Rafael Cancel Miranda, Puerto Rico; Gabriela Rivadeneira, Ecuador; Martín Almada, Paraguay; Fernando González LLort, Cuba; Jorge Veraza, México; Iraida Vargas, Venezuela; Fernando Rendón, Colombia; Galo Mora, Ecuador; Héctor Díaz-Polanco, México; Frei Betto, Brasil; Hildebrando Pérez Grande, Perú; Piero Gleijeses, Estados Unidos; Leonardo Boff, Brasil; Stella Calloni, Argentina; Pavel Egüez, Ecuador; Mario Sanoja, Venezuela; Hugo Yasky, Argentina; James Early, Estados Unidos; Fernando Buen Abad Domínguez, México/Argentina; Gilberto López y Rivas, México; Gustavo Espinoza Montesinos, Perú; João Pedro Stédile, Brasil; José Pertierra, Estados Unidos; Manuel Dammert, Perú; Teresa Castro, México; Pilar Bustos, Ecuador; Carlos Molina Velázquez, El Salvador; Daniel Kovalik, Estados Unidos; Alejandro Zúñiga, Australia; María Nela Prada, Bolivia; Estela Bravo, Estados Unidos; Irene León, Ecuador; Bill Fletcher, Jr., Estados Unidos; Oscar Bonilla, Ecuador;  H. Bruce Franklin, Estados Unidos; Héctor Béjar Rivera, Perú; Lachlan Hurse, Australia; Rosa Salazar, Ecuador; Manuel Robles, Perú; Consuelo Sánchez, México; Jane Franklin, Estados Unidos; Juan Cristóbal, Perú; Vicente Otta, Perú; Nelson Valdés, Estados Unidos; Orlando Pérez, Ecuador; Rick Sterling, Estados Unidos; Winston Orrillo, Perú; T. M. Scruggs, Estados Unidos; Eduardo González Viana, Perú; Margot Palomino, Perú; José Agualsaca, Ecuador; Oswaldo Galarza, Ecuador; Ricardo Ulcuango, Ecuador; Manuel Azuaje Reverón, Venezuela; Reinaldo Iturriza, Venezuela; Eleazar Díaz, Venezuela; María Fernanda Barreto, Venezuela; María Fernanda Barreto, Venezuela; Rosa Miriam Elizalde, Cuba; Enrique Ubieta, Cuba; Manuel Santos Iñurrieta, Argentina; Edwin Jarrin Jarrin, Ecuador; Soledad Buendía, Ecuador; Omar Olazábal, Cuba; Judith Valencia, Venezuela; Sonia González, México

Miguel Barnet, Presidente de la Unión de Escritores y Artistas, Cuba; Axel Kicillof, ex ministro de Economía de la República  Argentina; Farruco Sesto, ex ministro del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela; Ignacio Ramonet, Francia; Gerardo Hernández Nordelo, Cuba; Carlos López, Argentina; Arnold  August, Canadá; Luis Morlote, Cuba; Peter Phillips, Estados Unidos; Gerry Condon, Estados Unidos; Ana Jaramillo, Argentina; Florencia Saintout, Argentina; Carlos Fazio, México; Hernando Calvo Ospina, Colombia/Francia;  Oscar Laborde, Argentina; Juan Carlos Junio, Argentina; Víctor Hugo Morales, Argentina; Banbose Shango, Estados Unidos;  Luis Hernández Navarro, México; Ammar Jabour, Venezuela; William Castillo, Venezuela; Luis Toledo Sande, Cuba; Bill Hackwell, Estados Unidos; Iroel Sánchez, Cuba; Jeanie Kimber; Canadá; Ilka Oliva Corado, Guatemala/ Estados Unidos;  Ramón Pedregal Casanova, España; Barbara Barnet, Estados Unidos; Federico Thea, Argentina; Vicente Zito Lema, Argentina; Gustavo Campana, Argentina; Alicia Castro, Argentina; Carlos Raimundi, Argentina; Juliana Marino, Argentina; Ariel Basteiro, Argentina; Cheryl LaBash, Estados Unidos; Berta Joubert-Ceci, Estados Unidos; Telma Luzzani, Argentina; Jorge Drkos, Argentina; Sergio Arria, Argentina; John Pokrajac, Estados Unidos; Antonio Pinto, Estados Unidos; Roger D. Harris, Estados Unidos; Paul Larudee, Estados Unidos; Félix Salvador Kury, Estados Unidos; Gennaro Carotenuto, Italia; Eduardo Mernies, Uruguay; Amanda Bloom, Estados Unidos; Marcelo Brignoni, Argentina; Carlos Aznáres, Argentina; Jorge Elbaum, Argentina; Fernando Borroni, Argentina; Hector Bernardo, Argentina; Alicia Entel, Argentina; Héctor “gallego” Fernández, Argentina; Martin Ogando, Argentina; Manuel Bertoldi, Argentina; Diana Broggi, Argentina; Luis Wainer, Argentina; Nicolás Canosa, Argentina; Juan Marino, Argentina; Lautaro Rivara, Argentina; Daniel Siciliano, Argentina; Alí Mustafá, Argentina; Laura Berardo, Argentina; Pascual Manganiello, Argentina; Rodolfo Amawi, Argentina; Virginia King, Argentina; Leonardo Moyano, Argentina; Adriana Rossi, Argentina; Julio Ferrer, Argentina; Matias Caciabue, Argentina; Yemil Harcha, Chile/Palestina; Margaret Flowers, Estados Unidos;  Kevin Zeese, Estados Unidos; Chuck Kaufman, Estados Unidos; Agustina Ruiz Barrea, Argentina; Laura Vázquez, Argentina; Michel Chossudovsky, Canadá; Sara Flounders, Estados Unidos; Silvina Romano, Argentina; Gonzalo Carbajal, Argentina; Santiago Liaudat, Argentina; Gonzalo Armua, Argentina; Fabián Curotto, Argentina; Rosario Pacheco, Venezuela; Freddy Fernández, Venezuela; Vladimir Sosa Sarabia, Venezuela; Juan Ramon Guzmán, Venezuela;  Fatima Rallo Gutierrez, Paraguay; Claude Marks, Estados Unidos; Carol Costa, Estados Unidos; Gail Walker, Estados Unidos; Bill Camp, Estados Unidos; Bill Martínez, Estados Unidos; Camilo Mejia, Nicaragua/Estados Unidos; Greg Klave, Estados Unidos; Netfa Freeman, Estados Unidos

Secretaría de la REDH

Pablo Sepúlveda, Chile/Venezuela; Omar González, Cuba; Atilio Borón, Argentina; Carmen Bohórquez, Venezuela; Hugo Moldiz, Bolivia; Katu Arkonada, País Vasco; Ángel Guerra, Cuba/México; Luciano Vasapollo, Italia; Marilia Guimaraes, Brasil; Nayar López, México; Chandra Muzaffar, Malasia; David Comissiong, Barbados; Alicia Jrapko, Estados Unidos; Paula Klachko, Argentina; Roger Landa, Venezuela; Ariana López, Cuba.

Fuente: REDH-CUBA

SILVIO RODRÍGUEZ: “VEO ESTE CAMBIO CON ESPERANZA, ES BUENO PARA CUBA Y LA REVOLUCIÓN”. RAFAEL CORREA

RAFAEL CORREA / RT (RUSSIA TODAY)

¿Tienen derecho a descansar las grandes figuras de la revolución cubana? ¿Qué rol cumple el arte en un proceso revolucionario? Estos son solo algunos de los temas que trata el expresidente de Ecuador Rafael Correa en la nueva edición de su programa con el cantautor, guitarrista y poeta cubano Silvio Rodríguez.

Entrevistado por Rafael Correa, el cantautor y representante de la Nueva Trova cubana, Silvio Rodríguez, se refirió al rol de los artistas en los procesos revolucionarios. En ese sentido opinó que estos “son siempre apasionantes porque revuelven la realidad, la cuestionan, hacen avanzar el mundo en distintas direcciones”.

Según el músico cubano, es allí donde las distintas manifestaciones artísticas como la música, la fotografía, la danza, entre otras, “pueden ser usadas por artistas conscientes”. Para Rodríguez estos son aquellos que, “además de querer dejar su testimonio, quieren comprometidamente hacer un aporte a esa cosa apasionante que está sucediendo en su realidad”.

“La conciencia es ya algo que le sucede al individuo, incluso antes de tener una vocación”, opinó el cantautor, recordando su propia historia en la que, con tan solo 12 años, vivió la Revolución Cubana de 1959. Por aquellos años participó de la campaña de alfabetización y se sumó a la milicia durante la invasión de Playa Girón.

Silvio explicó que fue uno de los jóvenes que “entendió a través de los velos que nos quitó la revolución y, sobre todo, la palabra de Fidel, lo que era nuestro país, las necesidades que había y lo hermoso que era entregarse a trabajar por el bienestar de todos“. “Aquella cosa que digo en una canción del niño que se arranca los juegos de un tirón, eso fue lo que nos pasó a nosotros: la realidad nos obligó a dar un salto”, añadió.

El arte revolucionario

Para el músico cubano es importante “no solamente tener un compromiso con lo social”, sino también “tener un compromiso con el arte”. Desde su perspectiva, “el arte tiene que ser revolucionario, pero si no es de calidad no es arte”.

Recordó su viaje en el barco pesquero Playa Girón, en el cual estuvo casi cuatro meses cantando a los marineros que estaban llevando a cabo “un trabajo heroico” ya que, hasta el momento, no había una flota cubana de pesca. “Un pescador compartía su camarote conmigo”, rememoró el cantautor, detallando que cuando este se iba a trabajar él se quedaba “solo con una grabadorita pequeña” y con tres cassettes de 90 minutos. “Ahí grabé todo lo que se me ocurrió”, apuntó.

“Ahí escribí Ojalá y una canción que a mí me gusta y que considero que es algo de lo que he hecho que vale la pena: Playa Girón“, dijo. A partir de esa experiencia pudo reflexionar: “Cómo me ubico, cuál es el papel de lo que yo hago en medio de este gran movimiento de gente”

Cuba y América Latina

Consultado sobre el nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, el cantautor fue contundente: “Veo este cambio con esperanza, lo apruebo, lo aplaudo”. Para Silvio los dirigentes “históricos” tienen “la responsabilidad de haber echado a andar la revolución, pero son personas que le han dedicado toda su vida a esto y tienen derecho a descansar“.

Es por eso que consideró que este relevo “desde hace tiempo era necesario”. “Es bueno para Cuba, es bueno para la revolución y cuán bueno será, eso lo dirá el tiempo”, destacó.

“Evidentemente no basta con sacar de la miseria a la gente, hay que explicarles por qué, crearles conciencia de lo que se está haciendo por ellos y de lo necesario de que se comprometan con las ideas”.Silvio Rodríguez, músico cubano.

También expresó su admiración por Raúl Castro, principalmente por “su capacidad autocrítica“, que “nos da una lección a todos constantemente” aunque “algunos no la quieren oír y la soslayan”. En relación a Fidel, simplemente se acotó a señalar que es “el padre” de todos los cubanos.

Finalmente, opinó sobre otros líderes, donde consideró a Hugo Chávez “un iluminado” y a Evo Morales como “la dignidad de América”. Respecto a Lula da Silva, analizó que “de lo único que es culpable es de haber sacado de la miseria a millones de brasileños”.

“El problema es que evidentemente no basta con sacar de la miseria a la gente”, reflexionó el cantautor, agregando: “Hay que explicarles por qué, crearles conciencia de lo que se está haciendo por ellos y de lo necesario de que se comprometan con las ideas”. Por eso volvió a recordar a Fidel. En Cuba “hubo una persona que durante décadas se paraba, casi todos los días delante del pueblo, a explicar las cosas”, concluyó.

Durante este encuentro, Rafael Correa y Silvio Rodríguez profundizan también en otras cuestiones de actualidad y de gran interés, que podrán ver en el video del programa que les ofrecemos aquí en su totalidad.

CLAVES DE LA DISPUTA POLÍTICA EN ECUADOR

Claves de la disputa política en Ecuador

La crisis política del partido de gobierno (Alianza País-AP) ha trastocado las expectativas de la izquierda ecuatoriana y latinoamericana que, hace apenas seis meses, respiraba aliviada con la llegada de Lenín Moreno al Palacio de Carondelet. Ex vicepresidente de Rafael Correa y legitimado por un proyecto social en favor de las personas con discapacidad, Moreno aglutinaba las fuerzas de la continuidad. Siempre se esperó que el estilo fuese otro, pero pocos auguraban que las diferencias llegaran tan rápido y con el ritmo vertiginoso con que ocurrieron.

¿Cuál es la disputa real en Ecuador que parece no menguar? ¿Cuáles son las perspectivas para un proyecto que venía ganando catorce elecciones consecutivas y hoy tiembla en sus bases?  Proponemos algunas claves para entender cuáles son los elementos centrales de una disputa por la apropiación del liderazgo, que hoy se organizan en torno a un propósito claro: desestructurar la figura de Correa y desplazarlo de un escenario de gravitación.

La construcción del liderazgo de Lenín Moreno

Lenín Moreno ya advertía en la primera vuelta electoral: “El estilo será otro”. Con ello proponía un nuevo liderazgo, más conciliador con los que, según él, Correa había dejado de lado. Insistía en volver a los “actores”. Restañar las heridas. Después de diez años de gestión, del impacto de la crisis económica internacional y de un liderazgo envolvente, muchos consideraban que una parte de la sociedad quería cambios en el modo en como éste se administraba o se ejercía. Una sociedad que apoyaba la continuidad de algunas políticas e instituciones que dejó el correísmo con la aparición de un estilo de conducción distinto. El gran Diálogo Nacional –que inició Lenín Moreno– comenzó a aglutinar a todos los espacios partidarios, tanto a aquellos que se opusieron a la Revolución Ciudadana desde el primer momento como aquellos que se fueron oponiendo al transcurrir los años correístas. Invitó a aquellos que hace pocos días atrás le habían desprestigiado y denigrado en la campaña electoral. Esto, de alguna manera, suscitó la primera tensión que Moreno introdujo al liderazgo de Correa y a las fronteras políticas que éste y AP habían delineado. Un acercamiento a la nueva y antigua partidocracia, desde los Bucaram, sinónimo de corrupción, hasta Mauricio Rodas, quien llamó a la desobediencia y a la violencia en la segunda vuelta electoral. La segunda tensión que exacerbó la disputa entre liderazgos fue que esta política era apoyada por la banca, los medios de comunicación y toda la élite empresarial. Lenín Moreno, así, ensayaba una nueva geometría del poder. Mostrar esa capacidad política pateó el tablero de los dirigentes de AP que apoyaban la anterior configuración del poder presidencial.

Estas tensiones se produjeron al calor de la afirmación del nuevo estilo de liderazgo. Una perspectiva sobre el mismo y un actor clave jugarían un papel protagónico en este proceso. La perspectiva moralista y regeneracionista de Lenín Moreno –que enlaza desde una mirada pentecostalista y de cálculo político– y los medios de comunicación establecieron dos contrafiguras: Correa el “mafioso” y Moreno el “alma bella”. No se puede negar que, con su propuesta, el presidente actual capturó cierto apoyo social gracias a una figura antagónica al estilo del presidente Correa. Seguramente, también perdió el apoyo de aquellos que salieron a votar en segunda vuelta por Correa.  Seguir leyendo CLAVES DE LA DISPUTA POLÍTICA EN ECUADOR

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