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SÁNDOR GONZÁLEZ VILAR: “UN ARTISTA ES COMO UN FRANCOTIRADOR SOLITARIO, Y DEBE ESTAR DONDE LA HUMANIDAD LO NECESITE”

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Sándor González Vilar (La Habana, 1977)

ADALYS PÉREZ SUÁREZ 

ADALYS CUBARTEPor estos días en que la Covid 19 moldea nuestra vida cotidiana, el nombre de Sándor González Vilar (La Habana, 1977) ha ocupado en ocasiones parte de los espacios informativos del país, debido a las acciones de bien público y promoción cultural emprendidas por este artista visual desde las redes sociales.

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Visite la exposición en: FACEBOOK 

En fecha reciente, la exposición online Distancias conectadas, organizada por él, logró reunir obras de diez de nuestros más reconocidos creadores, entre ellas las del Premio Nacional de Artes Plásticas Eduardo Roca Salazar, Choco. Sobre esta muestra y otras vertientes de su trayectoria, González Vilar accedió a hablar para los lectores del Blog Cubarte

¿Cómo aprecias la recepción que ha tenido por parte de los internautas la exposición Distancias conectadas?

“Yo estoy muy contento con la exposición; pero, sobre todo, por lo felices que se sintieron los artistas que convoqué. La necesitaban. También me regocija ver la reacción de nuestras instituciones y de la prensa, en general. Agradezco mucho todo el apoyo que encontré.

Sobre la repercusión en las redes, sé que podemos lograr muchísimo más. Esto es solo el comienzo, pudo quedar mucho mejor, pero es parte de comenzar algo.

Nosotros no inventamos nada, las exposiciones online, visitas 3D a museos y galerías; incluso, subastas online, vienen ocurriendo hace mucho tiempo ya. No nos consideramos pioneros, pero sí hicimos algo en el momento que más lo necesitaban los artistas cubanos, sus galerías y nuestras instituciones.

Nos queda por delante mucho trabajo y mucho que aprender. Las redes sociales, como la internet, es algo en lo que no tenemos la más mínima experiencia, teniendo en cuenta que llegaron a nosotros hace muy poco. Todo consiste en un mundo de seguidores, likes, corazones, compartir publicaciones de otros, las historias, los estados, los hashtags, etc. Es un mundo aún desconocido en el cual reina la banalidad, como me dijo Rancaño en la entrevista que le hice, citando a Humberto Eco: las redes sociales le han dado tribuna a una legión de mediocres.

Si publicas una bronca callejera, un accidente o una mujer hermosa semidesnuda, al momento tendrás muchos likes, comentarios, seguidores, etc.; pero si publicas una obra de arte, apenas alcanzas un tercio de los que puedes alcanzar con lo antes mencionado.

También influye mucho ser una figura pública y los creadores visuales no lo somos; los músicos y los actores tiene esta ventaja, su trabajo lo requiere. A un concierto asisten miles de personas y una película o una novela, ni hablar del alcance que tienen,  mas los artistas plásticos casi nunca salimos en las cámaras, no porque los medios no nos promuevan. Muchos conocen nuestra obra, pero no nuestros rostros, ni siquiera nuestra voz y esto también influye.

Pero como le dije a la directora de una de nuestras galerías cubanas que se interesó en este proyecto para aprender y también hacerlo ellos como galería: lo único que les podré enseñar son los errores que voy a cometer. Estoy feliz, pero no satisfecho”.

Distancias conectadas no es la primera convocatoria que haces en internet, le antecedió en abril la campaña Somos Todos, llamando a la realización de videos en los cuales artistas e intelectuales, usando nasobuco, exhortaran a quedarse en casa. ¿Qué ha motivado estas iniciativas?

“La campaña Somos Todos surge cuando salí de casa después de un tiempo de confinamiento y noté la indisciplina social que había en la calle, con respecto a las normas de prevención y precaución que habían dictado las autoridades y el Ministerio de Salud de nuestro país.

Algo tenía que hacer… ¿y quién mejor que nuestros artistas en general, nuestros intelectuales, nuestros niños y hasta nuestros sacerdotes para mandar este mensaje? Ellos son los que más alcance tienen ya que muchos los conocen. Los videos de los niños los poníamos los domingos, pues para mí cada domingo es el día del niño.

Convoqué primero a los amigos y muchos se sumaron voluntariamente: artistas, intelectuales, coleccionistas, galeristas de muchos países, además de los nuestros, claro está. Fue muy lindo porque el mensaje es universal. En todo el mundo se ha sufrido y aun se sufren los afectos de la Covid 19.

Es mi obra más importante durante esta etapa de cuarentena. Como creador que soy, me siento responsable con el momento en el que vivo y creo que no hay obra más grande que la que se hace por el bien de todos; no hay lienzo o cartulina que soporte tanto, ni escultura más monumental.

Ya pasamos a fase uno de recuperación, ahora haremos un video con todos estos mensajes; será la obra física que perdure, mi testimonio y la constancia de lo que se puede hacer”.

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Transeúntes es una galería que ha estado en espacios poco convencionales. Primero, el fondo del mar en la Ciénaga de Zapata y, ahora, las redes sociales. ¿Es ella expresión de tu concepto del arte?

“Transeúntes nace en el año 2000, después de mi graduación en la Academia de Bellas Artes San Alejandro. Como su nombre lo indica, puede estar donde quiera, como un transeúnte más.

Donde yo esté, siempre estará: bajo el mar, en la cima del Turquino o en el barrio más humilde. Siempre me preocupé por apoyar a alumnos, escuelas de arte, artistas jóvenes, autodidactas o sencillamente desconocidos y hemos hecho mucho, muchísimo; pero esos logros no son públicos. Nunca fue mi intención. Los que allí estuvieron lo saben y eso para mí es más que suficiente. Seguir leyendo SÁNDOR GONZÁLEZ VILAR: “UN ARTISTA ES COMO UN FRANCOTIRADOR SOLITARIO, Y DEBE ESTAR DONDE LA HUMANIDAD LO NECESITE”

EXPOSICIÓN ONLINE ‘DISTANCIAS CONECTADAS’. GALERÍA ‘TRANSEÚNTES’

DISTANCIAS CONECTADAS 

La Galería Transeúntes surge en el año 2000. Creada por Sándor González Vilar, ha dedicado gran parte de su existencia a la promoción y al apoyo de artistas autodidactas y no tan conocidos, en espacios expositivos con sedes físicas variadas. De ahí su nombre, “Transeúntes”, o lo que es lo mismo: puede estar en cualquier lugar. En esta ocasión, lanzamos una muestra diferente, no en una galería, sino en el inapresable universo virtual, y para ello convocamos a un grupo de artistas -–también amigos– que, a pesar de las distancias y contratiempos, se han mantenido unidos y conectados a lo largo de no pocos años. Eduardo Roca “Choco”, Alexis Leyva Machado “Kcho”, Ernesto Rancaño, Eduardo Abela, Luis Enrique Camejo, Andy Rivero, Jorge Sáenz, Juan Carlos Pérez Balseiro, Enrique Wong y Sándor González, son los protagonistas de esta exposición, que pretende ser una propuesta DESDE el arte, pero no solo PARA el arte, sino para todos cuantos se interesen en la cultura cubana, la que, incluso en tiempos de pandemia, se reinventa, motiva y conecta hasta las distancias más remotas.  Claudia González Machado (Lic. Historia del Arte)

poster expo distancias conectadas

Visite la exposición en: FACEBOOK  e INSTAGRAM

Fuente del video: NOTICIERO NACIONAL DE LA TELEVISIÓN CUBANA, domingo 28 de junio de 2020.

Una exposición de SÁNDOR GONZÁLEZ VILAR: “EXORCISMOS DEL HORROR Y OTROS DEMONIOS”, palabras de CLAUDIA GONZÁLEZ MACHADO

2270 Tornado 160x130 cm mixta lienzo 2019)

CLAUDIA GONZÁLEZ MACHADO*

Mefistófeles: Parte soy de esa fuerza que pretende
siempre lo malo, y siempre hace lo bueno.
(…) ¡El espíritu soy que siempre niega!
(…) Digo la verdad pura.
Aunque el hombre, mundillo de locura,
suele tenerse por un todo entero,
soy parte de esa parte que fue todo
al principio, una parte de la sombra
que a la luz diera luz, la luz soberbia,
que disputa a la Madre Noche el sitio
y el rango, sin lograrlo, aunque se esfuerce,
porque en los cuerpos queda detenida.

Fausto: ¡Conozco tus dignísimos deberes!
No puedes destrozar nada en lo grande.

Wolfgang Goethe, Fausto

claudia 2La vida cotidiana se ha vuelto un espectáculo de exorcismos, del que todos somos coautores. Exorcizamos la fealdad, el dolor, la angustia, en cada acto que nos llega por los medios de comunicación o en cada suceso que presenciamos. El ser humano está asediado constantemente por un gigantesco cúmulo de información no siempre placentera, que no es capaz de procesar o que prefiere ignorar porque le aterroriza.

Estamos rodeados de imágenes desgarradoras que exponen desastres y desequilibrios de toda índole: niños muriendo de hambre con barrigas hinchadas, reducidos a meros esqueletos; inmigrantes ahogados en el mar tras largas horas de viaje, mujeres y niñas violadas, torturas, secuestros, asesinatos, suicidios, bombas, guerra, desastres naturales… Ante esa realidad, en gran parte creada por el propio ser humano, no pocos deciden cambiar el canal o mirar hacia otra dirección, para refugiarse en la soledad de sus hogares o en la colectividad no menos triste de sus centros de trabajo, como patéticos cucarachones de tierra. Pero, por más enajenación que podamos engendrar, siempre queda en nosotros el terror de que todo el desastre que vemos pueda también ocurrirnos a nosotros. La repulsión y la evasión hacia/de nosotros mismos es un hecho, independientemente de que todos estos actos puedan inspirar piedad, solidaridad, rebeliones, huelgas, manifestaciones y revoluciones.

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Sándor González nos habla de todo esto, en un lenguaje que se me antoja “crudo”, donde la “cocción” –dígase la interpretación- depende de cada uno de nosotros, primero como seres humanos, luego como espectadores. El horror y los demonios viven en cada una de estas obras, no como simples nociones expositivas sin el más mínimo trasfondo subjetivo; están allí para “tocarnos”, para convidarnos a actuar, a tomar una postura activa ante esta apocalíptica sociedad de la que todos somos parte. Sándor critica mientras también se exorciza de sus miedos y pesares, mediante un lenguaje pictórico que traduce un compromiso visceral con la época que le ha tocado vivir.

Obras como “Tornado” son de una vigencia doliente, en un momento tan crítico como la realidad cubana actual, donde más de mil personas perdieron sus viviendas, por solo citar uno de los terribles efectos del tornado que recientemente azotara a La Habana, ciudad que, cual mujer, lleva en sus espaldas el peso de tanta angustia y desolación. “La Caja”, por su parte, es como un grito ensordecedor, que nos estremece física y espiritualmente; de hecho nos repele, porque preferimos no presenciar tanto sufrimiento y alejarnos para “salvarnos”. “ReVolver” nos habla del fin de una vida, pero ¿qué es el fin a ciencia cierta? ¿Será que el fin no es más que un eterno renacer? Un arma, el casquillo de una bala… son metáforas del exterminio a gran escala de nuestros tiempos. “La hija de Ochosi”, cual diosa Artemisa, es esa mujer fuerte que se enfrenta al futuro, por más incierto que este pueda ser, para proteger a su especie. Es una guerrera que no teme a nada ni a nadie, es la mujer de estos tiempos y de los que vienen; capaz de afrontar adversidades y de llevar luz y equilibrio a todos.

NUBE. Foto, tinta, carbon-Cartulina.2017

La mujer es la protagonista de muchas de las piezas de esta exposición. La mujer como ser generador de vida, pero también como ser sufrido, que ha tenido que lidiar con una longeva carga histórica de represiones, maltratos, humillaciones y violaciones a su integridad y a su cuerpo. La mujer como isla, que muchas veces está sola, abatida por temporales de todo tipo (naturales y humanos) que intentan derrotarla en vano. La mujer que lleva en sí todo el peso de una larga tradición machista, que no tiene permitido alzar su voz pero que jamás renunciará a su libertad. Mujer maga, mujer maravilla, mujer guerrera.

En el mundo del arte, hay artistas que insinúan y hay artistas que expresan casi gritando. Sándor no es un artista que guste de ambigüedades ni muchas sutilezas; él no sugiere, él dice sin velos ni máscaras, sin necesidad de traductores. Sándor cuestiona, critica, siente y lo plasma con trazos fuertes que parecen rasgar el lienzo. Él se exorciza de sus demonios, pero no para ahogarnos a nosotros con ellos, no para atormentarnos ni horrorizarnos; sino para convocarnos a salir de nuestra zona de confort, a actuar y asumir la realidad de manera responsable, a hacer más que a decir.

A diferencia de lo que pudiera pensarse, “Del horror y otros demonios” no es una muestra fatalista. El pequeño hombrecito con su escalera a cuestas que veremos en muchas piezas, no es otra cosa que un símbolo de optimismo y esperanza. Él, como Sándor, sabe que no todo está perdido, aunque no olvide que en este mundo hay algo irreductible y tristemente maligno.

La Habana, Febrero de 2019

*Palabras para el catálogo de la exposición personal de Sándor González Vilar. Centro de Artes Plásticas y Diseño. Luz y Oficios. 12 de febrero de 2019.

Del horror y otros Demonios

 

FIN DE LA HISTORIA. OMAR GONZÁLEZ

Después de tu calvario, con los ojos culpables,
Bajo un almendro triste, él te vio tan extraña
Que no supo quién eras. ¿Meditabas, mujer?

Quién sabe si pensabas en tus idus de marzo,
En aquello que hiciste y no podías callar:
Tu venganza en la noche, entre un día y el otro,
A la espera del aire, en caída y sin fin.

Él nunca imaginó que volaras tan hondo,
A la luz de una tarde, a las puertas de abril,
Ni que apagaras fuego consumiéndote en él.

Es el fin de una historia.
Poco queda en el aire, casi nada en la tierra:
Una brizna de ayer, un pedazo de ti.

 

La Habana, a finales de marzo de 2014

Ilustración: Dibujo de Sándor González Vilar

SÁNDOR, EL PROTECTOR DE UN MILAGRO. ALINA PERERA ROBBIO

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Un joven desconoce por qué le tocó estar tan cerca de cierta joya dueña del aire. Lo cierto es que un colibrí —ser huidizo que en su vuelo estático es capaz de mover sus alas a una frecuencia de 80 veces por segundo— confió en la mano de un hombre para salvar su vida

ALINA 1ALINA PERERA ROBBIO / JUVENTUD REBELDE 
20 de Septiembre de 2014 

Esta conversación con Sándor González Vilar (La Habana, 1977) merecía haberse entablado desde hacía mucho tiempo y por múltiples razones.

En una casa parecida en sus entrañas al afán creativo del «pintor» —como puede ser llamado este joven, de manera simple pero también honorable por parte de cualquier vendedor o vecino que pase—, se va dibujando la historia de un cubano que siempre quiso dibujar, aunque reconoce alegrarse de todo paso dado antes de tomarse en serio un arte donde ha podido deslizar la intensidad y hermosura de su espíritu.

Evoca con gratitud sus años de estudio para formarse como técnico medio en Química Industrial, universo que en su entender siempre queda y ayuda para cualquier cosa que uno haga en la vida. Y desde luego recuerda como hoy su ingreso posterior y casi inmediato a la Academia de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana.

La tesis con la cual se graduó de la academia fue una casa, a tamaño natural, cubierta con dibujos suyos, hechos cuando tenía tres, cuatro años de edad. Su madre los había guardado en carpetas y él hizo con ellos un collage inmenso, y encima de esas creaciones colgó sus pinturas de aquel momento.

sándor alimenta a pancholo con miel.jpgSándor alimenta a Pancholo con miel. Foto: Cortesía del entrevistado.

Sándor, con su imaginación y sus herramientas de trabajo, se ha convertido en el creador de las casas creciendo como flores; de las ciudades árboles o empinadas hasta el vértigo en medio de la tempestad, o milagrosamente en pie o a punto de estallar. Es el pintor de torres que se empinan, de sillas que esperan, de escaleras recurrentes. En su mundo creado impera una furia vertical, una fuerza que sobrecoge y atrapa. Es el hombre que pinta escudos patrios —uno de ellos está estampado sobre su brazo izquierdo gracias al conocimiento depurado que él tiene de la técnica del tatuaje, experiencia en la cual incursionó, secretamente en un inicio, desde los días de su adolescencia.

Pero Sándor no ha pintado, que yo sepa, colibríes. Y ese es el motivo de mi encuentro con él: un colibrí que él ha salvado y al que puso por nombre Pancholo, que se posa sobre varillas que el joven sostiene y desde la cuales el animalito se alimenta o simplemente permanece unos instantes.

—¿Cómo fue posible, si ese ser huye hasta de la mirada?

—Estoy conversando con un grupo de niños, y veo que un zunzún viene dos veces a la mata que está justo frente a mi casa. «Ahí hay algo raro», me dije; y cuando me asomo veo que el animalito está haciendo un nido. Me quedo vigilando eso, sin decírselo a nadie en el barrio, algo difícil porque allí conozco a todos, especialmente a los niños.

Sándor pudo ver el nido terminado, luego dos huevos diminutos; y una noche, el pico de un pichón. Días después un niño descubrió al recién nacido e intentó atraparlo, pero el ave salió volando; y sin tener todavía fuerzas para ese despegue cayó cerca de un cesto de basura.

«Desde el nido hasta la caída fueron solo cinco metros, recuerda el entrevistado. Cogí esa cosita entre mis manos sin saber qué hacer. Casi no tenía plumas. Y pedí consejo a unos amigos que habían tenido muy cerca a un colibrí.

«Pensé que él moriría, y en el desespero busqué una caja de cartón vacía, le puse encima una mallita, y mandé a arrancar de la mata el nido».  Seguir leyendo SÁNDOR, EL PROTECTOR DE UN MILAGRO. ALINA PERERA ROBBIO

EL VIAJERO. SÁNDOR GONZÁLEZ VILAR

Lluvia de estrellas

“…en ocasiones creo que he vivido tanto que podría ceder mi espacio.

La vida siempre se las agencia para sorprendernos, o quizás somos nosotros los que erramos creyéndonos capaces de planificar nuestro día. Hace unos minutos me enteré de que el Güey (Emilio Solórzano Lescale), mi hermano de vida desde hace más de 20 años, tuvo un accidente y sufrió muerte cerebral. Mientras escribo, lo están desconectando de los equipos que lo mantienen oxigenado.

Me siento en el deber de escribir ya que no puedo gritar, no quiero llorar y menos temblar.

Hay quienes no pueden ser olvidados. Al Güey yo siempre lo estaba regañando, era como un hermano menor. En pocas ocasiones le pude decir lo orgulloso que estaba y estoy de ser su hermano, todos cometemos errores, pero cuando la virtud nace del corazón y no de la mente o de las manos, entonces se puede decir que estamos bendecidos. Emilio estaba bendecido, todo lo que emergía de su mente, su cuerpo y sus manos, le venía del corazón. Fíjense si es así que la vida le premio con la oportunidad de tener un hijo varón.

Dicen los ancianos que uno debe antes de partir al otro mundo tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. Él no solo nos dejó su legado, también sembró un bosque, dictó al viento más de una novela con sus disimiles experiencias, construyó una casa de madera en la Ciénaga de Zapata y lo más importante: vivió plenamente.

Murió de manera sorpresiva. Típico de él. Se fue como mismo llegó…. repentinamente, sin pedir nada y entregando lo mucho o lo poco que tenía. Se fue en libertad, en paz. Me dice Alejandra (su compañera y la madre de su hijo Bruno) que anoche él pasó más de 4 horas viendo una lluvia de estrellas, que estaba muy feliz, y lo describió como a uno de los días más felices de su vida. Emilio siempre estaba feliz, más bien yo creo que estaba listo para seguir su viaje, para ceder su espacio…

Muchos de los que lean estas palabras quizás no me entiendan, pues no saben quién fue; también sé de los que me leerán y dirán: “No es para tanto.” Quienes me conocen saben que eso no me importa. YO conocí a Emilio muy bien, vivimos mucho juntos y YO si tengo motivos para agradecerle por haberme acompañado incondicionalmente en cada paso que di en mi vida, sin importar lo que hubiese que hacer. Emilio siempre me dijo: “Bloque, cuenta conmigo.”

A él le digo: “Gracias, mi hermano. Gracias siempre, mi hermano. Dondequiera que estés debes saber que cuento contigo. Un fuerte abrazo, lindo viaje y mucha magia para ti.”

Sil
23 de Enero de 2017

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG.

Arte bajo el mar

Ana María Domínguez Cruz
Fuente: Cubahora

galería-submarina-sandor-gonzalez8Con mucho cariño atesora su primer cuadro pintado a 6 metros bajo el mar. Fue un fracaso pictórico, me dijo, y hacerlo con dos buzos sosteniendo cada extremo del lienzo cual caballete improvisado tampoco le trajo buenos resultados. Pero fue así como el licenciado en Química y artista de la plástica Sandor González se atrevió por primera vez a echar a andar su obra submarina.

“Siempre me gustó experimentar y la química me pareció genial para eso cuando era joven, no veía el arte como una forma de vida. Al final, dejé de ejercerla y estudié  grabado en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro, pues eso era lo único que no podía aprender en mi casa por los recursos que se necesita para eso.  Luego me percaté de que la química sirve para todo en la vida, y en especial en el arte, cuando vas a mezclar los colores, por ejemplo”.

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Crónicas de uno más… (Cap.31)

Texto y fotos: Sándor González Vilar

(…) en Sagua teníamos el campamento con el mismo nombre (Wifredo Lam) y allí pasamos la noche. También montamos las estrellas en el parque de la ciudad junto a la iglesia, donde permanecieron hasta la mañana siguiente.

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Las estrellas en el parque de Sagua la Grande, Villa Clara.

El día fue tranquilo y en la noche comenzó el movimiento, recogimos las estrellas pues debíamos salir muy temprano en la mañana. Kcho partió para La Habana, pues se acercaba la fecha del nacimiento de su hijo Alexis. Al otro día se encontraría con nosotros en el parque de la Glorieta, en el municipio cabecera de Santa Clara, donde montaríamos las estrellas para que el pueblo pudiese verlas. Estuvieron expuestas hasta las 18:00 horas, cuando se guardaron para regresar al campamento de Sagua. Al otro día saldríamos bien temprano rumbo a Matanzas. Seguir leyendo Crónicas de uno más… (Cap.31)

LUIS EDUARDO AUTE: «Estamos absolutamente abducidos por la nueva religión: la tecnología»*

  • LUIS EDUARDO AUTE, cantante y compositor español.
  • Por ANTONIO ARCO, periodista español
  • Dibujos, especialmente para esta edición: Sándor González Vilar, artista cubano

LA VERDAD, 24 enero 2016

Luis Eduardo Aute
Luis Eduardo Aute

Luis Eduardo Aute (Manila, 1943), ha cumplido 50 años como compositor de éxito, medio siglo de letras que generaciones de españoles han hecho suyas y han cantado, o susurrado, frente al mar o en el lecho. Con este motivo, tras la publicación de ‘Giralunas’ (Sony-Music), el disco-vídeo con el que destacados artistas de la llamada ‘generación del milenio’ le rinden homenaje, el artista -también pintor y autor de cortometrajes- se ha embarcado en ‘La Gira Luna (de la luz a la sombra)’, la serie de conciertos que hoy le trae, a las 20.00 horas, al Teatro Romea de Murcia.
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-Está usted espigado perdido, seguro que no tendrá colesterol malo.

-Pues no tengo ni idea, porque huyo de los médicos como de los políticos. Y, mientras tanto, sigo sin dejar el tabaco.

-¿Se cree que hayan pasado 50 años desde que se estrenó en la música?

-No me queda más remedio, pero de lo que yo tengo la sensación es de haber cumplido 50 años de vida, o todo lo más 51.

-¿Qué se dice para llevarlo bien?

-‘Luis Eduardo, mucho ajo y mucha agua’.

-¿Sobre qué hablan sus nuevas canciones todavía no grabadas?

-Hay varios motivos que son nucleares. Uno, que en efecto el tiempo vuela. Otro, que es una lástima que el bosque no nos deje ver el árbol. Precisamente, una de mis nuevas canciones se titula así: ‘El bosque no deja ver el árbol’. Estamos como emboscados y somos totalmente incapaces de valorar lo que realmente tiene valor, que es el árbol. El árbol es la madre de todos los corderos: el de la vida, el del conocimiento, el del Bien y del Mal, el de la fruta prohibida; el árbol da sombra, madera, echa raíces. Es un símbolo muy de síntesis de lo que debe ser la vida, cuyo sentido hemos perdido de vista. El árbol es un bicho raro, no le damos importancia pero es la hostia. Seguir leyendo LUIS EDUARDO AUTE: «Estamos absolutamente abducidos por la nueva religión: la tecnología»*