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LA GLORIA SECRETA DEL SURREALISMO. JULIEN GRACQ

SURREALISTAS

JULIEN GRACQ

Le pregunto a Breton por el curioso intento que hizo —con Aragon, Vitrac y una cuarta persona cuyo nombre no recuerdo— de poner en práctica el precepto del ManifiestoId por los caminos. Echaron a suertes el punto de partida, que resultó ser un pueblo de Loir-et-Cher: desde ese punto fueron al azar por el campo, a veces a pie y a veces cogiendo el tren para recorrer unas cuantas estaciones. Salió muy mal: Aragon tuvo la primera noche una agarrada con Vitrac, quien se volvió a París. Me cuenta Breton que los ánimos se agriaron enseguida: en las posadas rurales los miraban con suspicacia y no les daban habitación: con las largas etapas por las carreteras iba a más la sensación de malestar. La expedición concluyó enseguida en el tren de París y volvieron a la calle de Fontaine.
Y, no obstante, ese fracaso ridículo no testimonia, desde mi punto de vista, en contra de una empresa que sigue siendo ejemplar. El surrealismo es así, y ésa es su gloria secreta: está lleno de salidas que ninguna llegada podrá desmentir nunca.

Julien Gracq
Capitulares

Foto: Miembros de la Oficina Central
de Investigaciones Surrealistas, 1924. 
(De izquierda a derecha, de pie: Jacques Baron, Raymond Queneau, Pierre Naville, André Breton, Jacques-André Boiffard, Giorgio de Chirico, Roger Vitrac, Paul Eluard, Philippe Soupault, Robert Desnos y Louis Aragon; sentados: Simone Breton, Max Morise, Marie-Louise Soupault)

Tomado del blog CALLE DEL ORCO

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EL SURREALISMO. LA ÚLTIMA INSTANTÁNEA DE LA INTELIGENCIA EUROPEA. WALTER BENJAMIN

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WALTER BENJAMIN

[…] En qué singular sustancia estaba oculto al principio ese núcleo dialéctico que se ha desplegado en el surrealismo nos lo mostró Aragon en su Vague de rêves de 1924, es decir, en una época en la cual aún era imposible saber adónde llevaría el desarrollo. Pero ahora sí que lo sabemos. Porque no cabe duda de que ha llegado ya a su fin el estadio heroico cuyo catálogo de héroes nos expone Aragon en ese texto. En los movimientos de este tipo siempre hay un instante en que la tensión original de la alianza secreta tiene finalmente que explotar en la lucha profana y objetiva por el poder y el dominio, o decaer como manifestación pública y transformarse. El surrealismo se encuentra pues, ahora, en esa fase de transformación. Pero por entonces, cuando irrumpió sobre sus fundadores en forma de una ola inspiradora de sueños, el surrealismo parecía serlo más integral, lo absoluto y definitivo, dado que absorbía todo aquello con que entraba en contacto. La vida solamente parecía digna de vivirse allí donde el umbral que abre y separa la vigilia del sueño había quedado del todo destruido por pisadas de imágenes que ahora, de repente, fluían en masa, y a su vez el lenguaje ya sólo parecía ser el mismo donde palabra e imagen se entrelazaban tan plena y felizmente, con una exactitud tan automática, que no dejaba resquicio ya para el «sentido». La imagen y el lenguaje como tales tienen preferencia. Saint-Pol Roux, al irse a dormir por la mañana, pone en su puerta un letrero que nos dice: «El poeta trabaja». Y Breton anota: «¡Silencio! Mi intención es alcanzar donde nadie ha llegado todavía. ¡Silencio! Tras usted, mi querido lenguaje». Pues el lenguaje tiene preferencia.

Pero esto no sólo sobre el sentido. También sobre el yo. En el ensamble del mundo, el sueño afloja la individualidad como un diente hueco. Y este aflojamiento del yo en la embriaguez es, al mismo tiempo, la experiencia viva y tan fecunda que hizo salir a estas personas del hechizo de la embriaguez en cuanto tal.

L…J En el centro de todo ese mundo de cosas se encuentra el más soñado de sus objetos, la ciudad de Paris. Y así la revuelta saca a la luz por completo la imagen de su rostro surrealista. (Calles desiertas donde silbidos y disparos dictan ya sin más la decisión.) Pues ningún rostro es tan surrealista como el verdadero de una ciudad. Ningún cuadro de Chirico o de Max Ernst podría nunca medirse frente a los agudos y afilados contornos de sus fortificaciones interiores, que hay que conquistar y que ocupar para, de ese modo, dominar su destino; y en él, en el destino de sus masas, dominar el destino de uno mismo.  Seguir leyendo EL SURREALISMO. LA ÚLTIMA INSTANTÁNEA DE LA INTELIGENCIA EUROPEA. WALTER BENJAMIN