Archivo de la etiqueta: SUSAN SONTAG

LA SUERTE DEL LIBRO NUNCA ESTUVO EN IGUAL DECADENCIA. SUSAN SONTAG

CARTA DE SUSAN SONTAG (1933-2004) A JORGE LUIS BORGES (1899-1986),  DIEZ AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE

12 de junio de 1996

Querido Borges:

Dado que siempre colocaron a su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. (Borges, son diez años.) Si alguna vez un contemporáneo parecía destinado a la inmortalidad literaria, ese era usted. Usted era en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, sabía cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que resulta bastante mágico. Esto tenía algo que ver con la apertura y la generosidad de su atención. Era el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores… así como el más artístico. También tenía algo que ver con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo bastante prolongado, perfeccionó las prácticas de fastidio e indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental hacia otras eras. Tenía un sentido del tiempo diferente al de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían banales bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, formaba parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores.

Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia. Usted era un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no necesitaba ser indignante. Más bien, tenía que ser inventivo… y usted era, por sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia del ser que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró de qué manera no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que cualquier cosa que le suceda es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted fue un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de morir (Borges, son diez años)– dije en una entrevista: “Hoy no existe ningún otro escritor viviente que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el más grande escritor viviente… Muy pocos escritores de hoy no aprendieron de él o lo imitaron”. Eso sigue siendo así. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando. Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al mismo tiempo que proclamaba, una y otra vez, nuestra deuda con el pasado, por sobre todo con la literatura. Usted dijo que le debemos a la literatura prácticamente todo lo que somos y lo que fuimos. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es sólo una manera de escapar: un escape del mundo diario “real” a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más.

Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible, de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a pedido, y se podrá cambiar su apariencia, formular preguntas, “interactuar” con ese texto. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuaremos” según los criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva regida por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando –y que nos prometen– como algo más “democrático”. Por supuesto, usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección… y del libro.

Por esos tiempos no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca.

Querido Borges, por favor, entienda que no me da placer quejarme. Pero, ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura en sí– que a usted? (Borges, son diez años.)

Todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe.

Traducción: Claudia Martínez

Fuente: DIGO.PALABRA.TXT

CUENTOS REUNIDOS DE SUSAN SONTAG. SOLEDAD PLATERO

SOLEDAD PLATERO

Editados en castellano 15 relatos de una de las más grandes ensayistas del siglo XX

Susan Sontag

“Ciertas féminas de carácter enérgico son célebres por la estela de glamour que dejan a su paso. Sin embargo, la formidable figura de Sontag representa un baluarte de su colosal intelecto. En persona es como una diosa (al verla, acude a la mente Atenea): es, sencillamente, titánica”. Así describen Carl Rollyson y Lisa Paddock, sus biógrafos, a Susan Sontag, a quien conocieron en Polonia en 1980. Dicen saber que a ella no le interesaban las biografías (no le interesaba el género; no era ni siquiera uno de los que despertaban su curiosidad literaria), pero insisten en que su reconstrucción de Sontag no es el repaso de las circunstancias que la llevaron a ser la escritora que fue, sino el análisis de lo que la transformó en “una institución norteamericana y aun internacional”. En un ícono, símbolo y síntesis del intelectual estadounidense de fines del siglo XX. Y para dar cuenta de la medida de su importancia en la cultura occidental remiten a una cita de la película Gremlins 2 (Joe Dante, 1990) en la que la escritora es parte de la lista de cosas que definen a la civilización: “la Convención de Ginebra, la música de cámara, Susan Sontag”. Que su confirmación como estrella del firmamento de lo civilizado ocurra en una comedia de terror producida en Hollywood es justo con Sontag, una inquieta navegante de universos culturales limítrofes y lúcida analista de sus manifestaciones genuinas (ingenuas) o simuladas (irónicas).

Nacida en Nueva York el 16 de enero de 1933 (y muerta en la misma ciudad casi 72 años después, en diciembre de 2004), creció en el desierto, en Tucson (Arizona). Tenía seis años cuando empezó la escuela primaria, y una semana después de haber ingresado la habían puesto en tercer año. Era una niña extraordinariamente inteligente y con cierta vocación solitaria, pero no tenía problemas con sus compañeros. Una obsesión, sin embargo, la atormentaba: sentía la fascinación de los lugares remotos y las historias dramáticas. Les mentía a sus compañeros de clase para hacerles creer que había nacido en China (que era, en realidad, el país en el que sus padres se habían conocido, en el que, posiblemente, había sido concebida, y en donde su padre murió de tuberculosis en 1938, durante uno de los tantos viajes para atender el negocio de compraventa de pieles), porque pensaba que era, sin dudas, el lugar más lejano al que se podía llegar.

Seguir leyendo CUENTOS REUNIDOS DE SUSAN SONTAG. SOLEDAD PLATERO

BAJO EL SIGNO DE SATURNO. SUSAN SONTAG

 benjamin-sontag-1

SUSAN SONTAG / EL VIEJO TOPO 

En la mayor parte de sus retratos, tiene la mirada baja, la mano derecha en el rostro. La más antigua que conozco le muestra en 1927 –tiene treinta y cinco años– con cabello oscuro ondulado sobre una frente alta y un bigote sobre el grueso labio inferior: juvenil, casi guapo.

Con la cabeza baja, sus hombros envueltos en la chaqueta parecen empezar tras sus orejas; su pulgar se apoya en la mandíbula; el resto de la mano, un cigarrillo entre el índice curvado y tres dedos le cubren la barbilla; la mirada baja tras de sus gafas –la suave y soñadora mirada del miope– parece salir flotando hacia el extremo izquierdo inferior de la fotografía.

benjamin-sontag-2En una foto de finales de los treinta, el cabello ondulado casi no ha retrocedido, pero no queda ni rastro de juventud ni de guapura; el rostro se ha ensanchado y la parte superior del torso no sólo parece alta, sino enorme, hinchada. El bigote más grueso grueso y la mano regordeta, doblada, con el pulgar hacia abajo, le cubren la boca. La mirada es opaca, o sólo más absorta: podría estar pensando o escuchando. (“El que se esfuerza por escuchar nove”, escribió Benjamin en su ensayo sobre Kafka.) Hay unos libros tras su cabeza.  Seguir leyendo BAJO EL SIGNO DE SATURNO. SUSAN SONTAG

SUSAN SONTAG: LA MEJOR TEORÍA DE LA BELLEZA ES SU HISTORIA

susan-sontag-6
Susan Sontag (1933-2004)

SUSAN SONTAG / CULTURAMAS

1

Cuando finalmente, en abril de 2002, el Papa Juan Pablo II respondió al escándalo provocado por la revelación de innumerables encubrimientos de sacerdotes responsables de rapiña sexual, hizo el siguiente comentario ante los cardenales estadounidenses reunidos en el Vaticano: “Una gran obra de arte puede presentar melladuras, pero su belleza permanece. Esta es una verdad que cualquier crítico intelectualmente honesto reconoce”.

¿Es de extrañar que el Papa compare la Iglesia Católica con una gran –es decir, hermosa– obra de arte? Quizás no, ya que esta inocua comparación le permite transformar los aberrantes delitos en algo así como las ralladuras en la copia de una película muda o las despostilladuras en la superficie de una obra maestra de la pintura antigua: meras imperfecciones que instintivamente ignoramos o pasamos por alto. Al Papa le gustan las ideas venerables. Y “la belleza”, en tanto que remite (como la salud) a una excelencia indiscutible, ha sido un término al que se ha recurrido siempre para formular evaluaciones incuestionables.

La permanencia, sin embargo, no es uno de los atributos más evidentes de la belleza; y su contemplación –cuando es experta– puede estar entreverada en el pathos, tema que Shakespeare aborda en muchos de sus sonetos. Las celebraciones tradicionales de la belleza en el Japón, como el rito anual de contemplar los cerezos en flor, son sutilmente elegiacas; la belleza más conmovedora es la más evanescente. Hacer de la belleza algo en cierto modo perdurable ha requerido de un buen número de transposiciones y de remiendos conceptuales. La idea resultaba sencillamente demasiado atractiva, demasiado poderosa, como para ser malbaratada en loas a formas superiores. Había que multiplicar la idea, permitir que hubiera tipos de belleza, belleza con adjetivos, organizada en una ascendente escala de valores y de incorruptibilidad, donde los usos metaforizados (“belleza intelectual”, “belleza espiritual”) tuvieran prioridad sobre lo que el lenguaje ordinario alaba como bello, lo que proporciona un gozo a los sentidos.  Seguir leyendo SUSAN SONTAG: LA MEJOR TEORÍA DE LA BELLEZA ES SU HISTORIA

ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS (fragmento). SUSAN SONTAG

susan-5

SUSAN SONTAG (1933-2004) / ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS (fragmento) / REGARDING THE PAIN OF OTHERS

susan-libro3

¿Qué implica protestar por el sufrimiento, a diferencia de reconocerlo?

La iconografía del sufrimiento es de antiguo linaje. Los sufrimientos que más a menudo se consideran dignos de representación son los que se entienden como resultado de la ira, humana o divina. (El sufrimiento por causas naturales, como la enfermedad o el parto, no está apenas representado en la historia del arte; el que causan los accidentes no lo está casi en absoluto: como si no existiera el sufrimiento ocasionado por la inadvertencia o el percance). El grupo escultórico de Laoconte y sus hijos debatiéndose, las incontables versiones pintadas o esculpidas de la Pasión de Cristo y el inagotable catálogo visual de las desalmadas ejecuciones de los mártires cristianos, sin duda están destinados a conmover y a emocionar, a ser instrucción y ejemplo. El espectador quizá se conmisere del dolor de quienes lo padecen —y, en el caso de los santos cristianos, se sienta amonestado o inspirado por una fe y fortaleza modélicas—, pero son destinos que están más allá de la lamentación o la impugnación.

Al parecer, la apetencia por las imágenes que muestran cuerpos dolientes es casi tan viva como el deseo por las que muestran cuerpos desnudos. Durante muchos siglos, en el arte cristiano las descripciones del infierno colmaron estas dos satisfacciones elementales. De cuando en cuando, el pretexto puede ser la anécdota de una decapitación bíblica (Holofernes, Juan Bautista) o el folletín de una masacre (los varones hebreos recién nacidos, las once mil vírgenes), o algo por el estilo, con rango de acontecimiento histórico real y destino implacable. También se tenía el repertorio de crueldades, que es duro mirar, proveniente de la antigüedad clásica; los mitos paganos, aún más que las historias cristianas, ofrecen algo para todos los gustos. La representación de semejantes crueldades está libre de peso moral. Sólo hay provocación: ¿puedes mirar esto? Está la satisfacción de poder ver la imagen sin arredrarse.  Seguir leyendo ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS (fragmento). SUSAN SONTAG