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EL MONTAJE, MI HERMOSA INQUIETUD. JEAN-LUC GODARD

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JEAN-LUC GODARD

… Ya salvaremos eso en el montaje. Una máxima bien cierta en el caso de James Cruze, Griffith, Stroheim, pero que casi no lo fue en el de Mumau o Chaplin, y que se volvió irremediablemente falsa en todo el cine sonoro. ¿Por qué? Porque en una película como Octubre (Oktiabr, 1927) (y todavía más en Que viva México [Da zdravstrouiet Mexcika, 1931]), el montaje es ante todo la última palabra del trabajo de dirección. No podemos separar el uno del otro sin correr peligro. Es como querer separar el ritmo de la melodía. Elena y los hombres (1956), al igual que Mister Arkadin (1955), representan un modelo de montaje porque cada una en su género constituye un modelo de dirección… El axioma «Salvaremos todo eso en el montaje» es, pues, típico de un productor. Lo máximo que aportará un montaje correctamente realizado de una película, por otro lado carente de interés, es precisamente, en primer lugar, la impresión de que ha habido un trabajo de dirección. Proporcionará de nuevo a lo captado del natural esa gracia efímera que tanto menosprecian el esnob y el amateur, o metamorfoseará el azar en destino. ¿Acaso existe mayor halago que la mayoría del público lo confunda, con razón, con el découpage de escenas?

Si dirigir es una mirada, montar es un latido del corazón. Prever está en la naturaleza de ambos; pero lo que uno busca prever en el espacio, el otro lo busca en el tiempo. Pongamos que usted ve por la calle una joven que le gusta. Vacila entre seguirla o no. Un cuarto de segundo. ¿Cómo se expresa esa vacilación? La respuesta a la pregunta «¿Cómo abordarla?» la encontraremos en la dirección. Pero para hacer explícita esta otra «¿La amaré?», se verá forzado a atribuirle importancia a ese cuarto de segundo durante el cual nacen ambas preguntas. Es posible, pues, que ya no corresponda a la dirección propiamente dicha expresar con tanta exactitud como evidencia la duración de una idea, o su brusca aparición en el transcurso de la narración, sino que pase a manos del montaje. ¿Cuándo? Juegos de palabras aparte, cada vez que la situación lo exija, cuando en el interior de un plano un efecto de choque pida ser reemplazado por un arabesco, cuando en el paso de una escena a otra la continuidad profunda de la película imponga con un cambio de plano superponer la descripción de un personaje a la de la intriga. Gracias a este ejemplo podemos ver que hablar de dirección todavía significa hablar automáticamente de montaje. Cuando los efectos de montaje ganen en eficacia a los efectos de la dirección, la belleza de ésta se verá duplicada, con un encanto imprevisto que desvela los secretos a través de una operación análoga a la que, en matemáticas, consiste en despejar una incógnita.  Seguir leyendo EL MONTAJE, MI HERMOSA INQUIETUD. JEAN-LUC GODARD