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PRONUNCIAMIENTO DE LA UNEAC

Desde el pasado 30 de junio la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) hizo pública la convocatoria a su IX Congreso. Foto de Archivo UNEAC
Desde el pasado 30 de junio la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) hizo pública la convocatoria a su IX Congreso. Foto de Archivo UNEAC
Una vez más ha sido derrotada la política genocida de bloqueo, impuesta por el gobierno de los Estados Unidos de América contra nuestro pueblo. Con legítimo orgullo los escritores y artistas cubanos saludamos la victoria alcanzada por nuestro país en la Asamblea General de la ONU, con el respaldo de 189 naciones.

Desde el pasado 30 de junio la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) hizo pública la convocatoria a su IX Congreso, en la que se reafirman las palabras del General de Ejército por el 55 aniversario de la organización, al recordar que “hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada colonizadora global”. Con esta premisa trabajamos para que el evento de nuestros artistas y escritores acompañe a la sociedad cubana en la actualización del modelo socialista, que abarca desde una nueva Constitución, hasta cambios en la economía, donde la cultura en toda su complejidad y múltiples aristas, ejerce una gran influencia.

En amplia consulta popular del proyecto de Constitución, ejercicio democrático sin igual en el mundo moderno, aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular en su última sesión, los cubanos tenemos la posibilidad de diseñar el país al que aspiramos, en transparentes y profundos debates en barrios, centros laborales, escuelas, universidades, unidades militares, con la participación de trabajadores estatales y no estatales, campesinos y residentes cubanos en el exterior. De manera que todos podamos expresar libremente nuestros criterios y aportar sugerencias que enriquezcan el proyecto.

A diferencia de consultas populares realizadas en años anteriores, las organizaciones políticas y de masas, sociales, profesionales y otras que pertenecen a nuestra sociedad civil no participan como tales en dicho proceso; sus miembros lo hacen como ciudadanos en sus respectivos centros laborales o comunidades. De acuerdo con  este principio organizativo, la UNEAC desarrolló la consulta con los trabajadores de sus sedes y otros invitados vinculados a la institución. Sin embargo, bajo el supuesto de que la organización debió convocar a todos sus miembros al debate en sus asociaciones, secciones y filiales, hay quienes han cuestionado no solo el procedimiento, sino la autoridad y el prestigio de la UNEAC.

Nuestra organización nunca ha evadido el debate por complejo que este pueda ser. De hecho estamos inmersos en un proceso profundamente crítico  y participativo como parte de la preparación del IX Congreso. Hoy se requiere de una mirada incisiva sobre lo que hacemos, pero sustentada en un alto sentido de la responsabilidad y conciencia del momento histórico que vivimos.

Nada que lesione la fortaleza y la unidad de la comunidad artística e intelectual favorece a la Revolución. Los intentos de erosionarnos y dividirnos son reales y no un cuento de hadas. No podemos ignorar que la UNEAC resulta un obstáculo para quienes pretenden fracturar nuestro movimiento artístico, deslegitimar las instituciones culturales, vaciarlas de contenido revolucionario y humanista, y hacerlas girar hacia los intereses de los que aspiran a restaurar el capitalismo en Cuba.

La Presidencia de la UNEAC y la Comisión Organizadora de su IX Congreso consideran que defender la integridad de nuestra organización resulta vital. No renunciaremos al necesario debate en el campo de las ideas.

Convocamos a todos los escritores y artistas cubanos a continuar participando, como lo hemos hecho miles de creadores, en los debates que se realizan en barrios y centros laborales para enriquecer el proyecto constitucional. Rechazamos cualquier visión elitista que intente separarnos de nuestro pueblo; así como criterios irresponsables y manipulaciones que traten de establecer matrices de opinión sobre la presunta violación de los derechos humanos en Cuba, en especial los de los intelectuales. Repudiamos la forma inescrupulosa con que medios pagados por el enemigo tergiversan la naturaleza de nuestros debates.

Defendemos, sin complejos de culpa ni actitudes vergonzantes, la cultura comprometida con una Revolución que fomenta espacios de libertad para la auténtica creación artística y literaria.

Estamos convencidos de que la guerra que se nos hace es de pensamiento, ganémosla pues a pensamiento, como nos alertara hace más de cien años nuestro Apóstol José Martí.

Presidencia de la UNEAC

Comisión Organizadora del IX Congreso

La Habana, 2 de noviembre de 2018

 “Año 60 de la Revolución”

 

EL ARTE DE ESCUCHAR. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 2

Eran los años más duros del período especial. Con la pérdida de los mercados tradicionales, agudizadas las medidas de un bloqueo implacable, el país parecía condenado a precipitarse en el abismo. Escasearon los alimentos, carecíamos de los productos básicos para el aseo cotidiano. Ante la precariedad del transporte público, aparecieron las pesadas bicicletas chinas, garantía del cumplimiento de sus obligaciones por parte de trabajadores y estudiantes.

Interminables apagones acompañaban noches de insomnio. Para recaudar las divisas indispensables hubo que tomar decisiones dolorosas que laceraban principios de equidad. Ante tantas dificultades y un porvenir incierto, algunos flaquearon. Pero se impuso el espíritu de resistencia. A la hora establecida, yo sabía que mis alumnos me aguardaban en el aula. Las escuelas y los hospitales siguieron funcionando, aunque la industria cultural se encontró al borde de la quiebra.

Implicado en la solución de un cúmulo de tareas concretas mientras cargaba sobre sus hombros de atleta la inmensa responsabilidad moral e intelectual del estadista y el estratega, Fidel encontró tiempo para multiplicar sus encuentros con los escritores y artistas. En un comienzo, fueron intercambios sobre temas de trabajo. El país comenzaba a abrirse al turismo. Bien diseñada, la contribución de los creadores a la ambientación de los hoteles ahorraba gastos de importación, mostraba la singularidad y riqueza de nuestra cultura, preservaba la permanencia en la Isla del patrimonio nacional y constituía muestra palpable del desarrollo de diversidad de tendencias.

Fue el punto de partida de un diálogo que desbordaría en alcance y profundidad cualquier agenda previsible. Los efectos de las dificultades económicas repercutían en el delicadísimo entramado de la sociedad. En tan difíciles circunstancias, emergieron del fondo oscuro de la memoria remota valores que parecían periclitados. Aparecieron el buscavidas, el pícaro, el traficante, el maceta. Para un sector de la juventud se redujeron las perspectivas de estudio y trabajo. Más que nunca, había que pegar el oído a la tierra y tocar la realidad con las manos. Tal y como lo revela su extensa entrevista con Ignacio Ramonet, Fidel tuvo siempre lúcida conciencia de la inseparable relación dialéctica entre factores objetivos y subjetivos.

Los congresos y las reuniones del Consejo Nacional de la organización de los escritores y artistas se convirtieron     en espacio idóneo para un amplio   intercambio de ideas. Dejando a un lado asuntos de orden gremial, se abordaron, de manera irrestricta, problemas subyacentes que laceraban valores esenciales de la sociedad en construcción: las manifestaciones de un racismo larvado que marginaba de los trabajos mejor remunerados según el color de la piel, y las amenazas que pesaban sobre la preservación de valiosos conjuntos urbanos.

Fueron largas sesiones de diálogo, amplio, participativo, a veces involuntariamente ríspido, aunque siempre respetuoso. Nunca como entonces tuve la oportunidad de observar en Fidel la excepcional capacidad de escucha y discernimiento que le permitió advertir los síntomas de los problemas que se anunciaban, señales imperceptibles en el horizonte distante, y en la cercanía más inmediata el casi inaudible sonido de la yerba que estaba empezando a crecer.

Capaz de sostener durante horas una concentración sin parpadeo, registraba el sentido de cada palabra, reconocía los matices de la expresión extraverbal del gesto. Para hurgar en lo más profundo, sometía al interlocutor a un apretado interrogatorio. En el fragor de la batalla de ideas se fueron delineando, a partir del análisis de las circunstancias concretas, soluciones para afrontar las dificultades más acuciantes de la inmediatez y proyectar los fundamentos de una estrategia orientada a preservar las bases de una revolución comprometida con la soberanía nacional, los principios de justicia social y la irrenunciable emancipación humana.

Simbólicamente, un 13 de agosto, en pleno ejercicio de nuestro derecho ciudadano, habremos de involucrarnos en el examen del Proyecto de Constitución de la República, instrumento jurídico supremo de la nación. Lo hacemos cuando estamos conmemorando siglo y medio de lucha por la independencia, fragua de una nación que maduró en el enfrentamiento contra el coloniaje y el neocolonialismo y supo forjar, en medio de la guerra, en el campamento mambí, una tradición constitucionalista.

En ese tránsito secular, hubo altibajos, reveses y victorias. Sin renunciar al uso de la violencia en caso necesario, el neocolonialismo asume ahora los recursos de la seducción de inspiración neoliberal. En medio de tan complejo panorama, el debate en torno a la Constitución no puede tomarse a la ligera. Debemos participar con plena conciencia de la alta responsabilidad que estamos asumiendo. Por su carácter de Ley de leyes perdura en el tiempo y se proyecta también hacia el porvenir.

Fuente: Juventud Rebelde

MENSAJE A ESCRITORES, ARTISTAS, ACADÉMICOS Y AMIGOS NORTEAMERICANOS DE LA CULTURA CUBANA

REDH-Cuba

Nosotros, artistas y escritores cubanos, nos dirigimos a ustedes a partir del insólito cambio de política hacia nuestro país hecho público en Miami el pasado 16 de junio por el Presidente de los Estados Unidos.

En un discurso anticuado, obsoleto, cargado de falsedades y estereotipos que responden a la lógica de la Guerra Fría, se pronunció por abolir los pasos positivos que se dieron en la administración anterior. Sus palabras estuvieron dirigidas en particular a un auditorio que no representa a la mayoría de la emigración cubana y ha estado asociado al terrorismo contra Cuba y otros países de la región.

Aspiramos a seguir trabajando juntos para construir en el campo cultural una relación fecunda y sobre bases de igualdad, que favorezca el mutuo enriquecimiento espiritual de ambas naciones.

En la tradición ética y martiana de nuestro pueblo no ha habido ni habrá espacio para el odio.

Es más necesaria que nunca ahora la denuncia de esta nueva política y del brutal bloqueo que hemos padecido durante casi sesenta años.

Reciban nuestro sincero y eterno agradecimiento.

Miguel Barnet, poeta y escritor; Digna Guerra, directora coral; Luis Morlote, realizador audiovisual; Pedro de la Hoz, crítico y periodista; Arístides Hernández (Ares), artista plástico; Alex Pausides, poeta; Lesbia Vent Dumois, artista plástica; Rolando Núñez, actor; Guido López Gavilán, compositor y director de orquesta; Rosalía Arnáez, locutora y promotora cultural; Nieves Laferté, diseñadora escénica; Margarita Ruiz, curadora.

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Secretariado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba

CONVOCATORIA XVI PREMIO IBEROAMERICANO DE CUENTO JULIO CORTÁZAR

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JULIO CORTÁZAR

El Instituto Cubano del Libro, la Casa de las Américas, y la UNEAC, con el auspicio del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina y la Fundación ALIA, convocan a la décimo sexta edición del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, creado por la prestigiosa escritora y traductora lituana Ugné Karvelis.

Este premio, que tiene una frecuencia anual, fue concebido como un homenaje al gran escritor argentino, uno de los mayores de nuestra lengua, y tiene el objetivo de estimular a los narradores de todo el mundo que escriben en lengua castellana.

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