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HASTA QUE TODO SEA OTOÑO O PRIMAVERA. WALDO LEYVA PORTAL

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WALDO LEYVA PORTAL 

                               A Francisco López Sacha

Sé que el mundo en que estoy,
desde el sol que lo alumbra
hasta la última bacteria
del aire o del pantano,
va a desaparecer.
Una fría oscuridad ni siquiera soñada
convertirá en un ojo negro
al universo más hermoso del espacio sin fondo.

Nada, ni lo que escribo ahora, me salvará.
Los arqueólogos siderales del futuro sólo sabrán
que alrededor de la que fue una pequeña estrella viva,
se localizan puntos que pudieran ser parte de un sistema estelar.

Nada, ni el temblor de tu cuerpo al recibirme,
ni lo que escribo ahora, me salvará.

Tal vez esta hoja entre temblando en el futuro
pero no estaré allí.
Ni lo que he escrito ahora
ni lo que aún me falta por escribir, me salvará.

 

A PESAR DEL VIENTO Y LOS CUCHILLOS

Mis pies van hacia el sur, que nadie los detenga, yo esperaré su vuelta si es que vuelven a juntarse de nuevo con mis brazos que partieron también, cada cual hacia el punto cardinal que indicaban. Soy un tronco que espera detenido, vivo, a pesar del viento y los cuchillos, la cabeza en su sitio, dando vueltas, descubriendo lo esférico del mundo, dueña del tiempo y la distancia. Puedo esperar así sobre la tierra hasta que se derritan los relojes, hasta que todo sea otoño o primavera o cualquier estación que el hombre invente.

 

EPITAFIO PARA UN HOMBRE QUE VIVE

Yo conocí este hombre, supe de sus hazañas y sus miedos, recorrí junto a él diversas geografías y lo vi renunciar a la mujer que amaba sin saber que era yo quien la perdía. Muchas veces nos esperó la muerte en idénticos cruces de caminos. Los dos vimos la guerra cara a cara y fuimos vencedores, pero en distintos puntos cardinales. El tiempo fue dejando sus medallas, cicatrizando las roturas, estableciendo sus fronteras. ¿Dónde está el hombre que nació conmigo; qué ha sido de su incurable risa, de su odio mortal a los traidores, de su enfermizo asco a las miserias que siempre nos corroen el rostro y la palabra? Yo estoy donde él decía que era el único sitio, y espero que aparezca, que vuelva a entrar gritando su rabiosa esperanza, su simple humanidad de hombre que cree. No lo busquen. Si acaso se demora, o no regresa, es que perdió en la paz todas sus guerras.

febrero / 1987

CONTRA LA DESMEMORIA. WALDO LEYVA PORTAL

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Para José Omar Torres, hermano.

Cantemos la canción de los soñadores,
que no nos detengan las espaldas que se alejan
ni los oídos que sólo quieren escuchar
el repetido canto de las sirenas;
por muy solo que se anuncie el camino,
cantemos siempre la canción de los soñadores,
que el canto nos acompañe
con su melodía incorruptible.
El fin no es tocarlo sino perseguir el sueño.
Y si algún día, no quiero pensarlo,
nadie canta la canción de los soñadores
si alguna vez, no quiero imaginarlo,
sólo se escucha el alarido de las sirenas,
entonces yo, contra esa desmemoria,
seguiré cantando con mi torpe voz
y estoy seguro, eso quiero creer,
que alguien, cuyo recuerdo ignoro todavía,
se levantará de las aguas para sumarse al coro
y descubrir conmigo la canción de los soñadores.

POEMA POR ESCARDÓ. WALDO LEYVA

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El poeta y revolucionario cubano Rolando Escardó.

WALDO LEYVA PORTAL

Pero vino la muerte,
la última caverna,
y te fuiste con tu esqueleto
a alimentar las piedras de la Isla.

Rolando T. Escardó:
yo llegué a la poesía
después del manotazo de tu muerte,
cuando la Revolución se me instaló en el pecho
como un corazón lleno de pájaros furiosos.
Entonces:
ya tu nombre era un mito
y tu pecho una plaza donde el hambre
dejó abandonada una gorra,
una huella amarilla,
sus últimos harapos.

Rolando T. Escardó:
yo llegué a la poesía
después que reventaron las piedras de la Isla,
cuando el amor era una lluvia violenta
y tus huesos
un sonido de semillas bajo tierra.

Por eso yo no tengo tuyo
ni un manojo de conchas,
ni una carta,
ni la nostalgia de una conversación
rota en la noche.
Yo sólo guardo en el hueco del pecho
tu cara de triste comediante
y el angustiado ruido de tus versos.

Rolando:
voy a desenterrar tu corazón,
tu enorme corazón,
para llenarlo de piedrecitas blancas,
de campanas pequeñas.
Voy a soplarte un poco el esqueleto
para verte entrar de nuevo a la ciudad
dando gritos,
llenando de poesía las paredes,
los parques,
las ventanas,
como si el hambre fuera un poeta desesperado
y la ciudad
un pedazo de pan inalcanzable.

Rolando T. Escardó:
me he asomado al fondo de los ojos de tu madre
y he comprendido
que la muerte fue sólo un pretexto para romper la jaula,
el pájaro de tu corazón respira en todas partes.

UN GUION REPETIDO. WALDO LEYVA PORTAL

PALOMA MUERTA

WALDO LEYVA PORTAL

En qué minuto de la historia se pervirtieron los conceptos.
Desde cuando dejó la palabra de importar,
o el estrechón de manos enemigas para cerrar un pacto
que sería inviolable.
Cuando dejó la ética de guiar las conductas.
Donde se desvió la ruta que dio a los pícaros voz en la asamblea
y tribuna al corrupto para que decidieran por todos
desde su hambre infinita de poder.
Desde cuando el honor no tiene patria,
o la fama no es el reflejo del triunfo en las artes o la ciencia,
sino un vínculo on line con lo banal o el crimen más atroz.

Hoy he visto en la televisión a un adolescente de 17 años,
parado en el borde de una alta terraza de Chicago,
mientras dos policías (ella de origen latino y él descendiente de árabe)
lo conminaban a entregarse para que diera noticia
de la muchacha que había secuestrado con un cómplice tan joven como él.
Nada decía. La cámara, enferma como el tiempo que la guía,
se detuvo en sus ojos donde no había tristeza, ni arrepentimiento,
solo una meticulosa soledad que hiere.
Antes de dejarse caer, de espalda a la indiferencia de la ciudad,
a la memoria de la estirpe, a sí mismo,
respondió sin estridencia a los agentes, a nosotros, a su época,
en un tono de queja inexplicable: “yo solo quería ser famoso.”
El programa seguía con el mismo guión repetido muchas veces.
La cámara bajaba hasta la acera, donde el cuerpo roto
perdía la sangre y la muerte detenía el movimiento de los ojos.
Luego, con el ritmo vertiginoso que resulta atractivo,
entre coches que suben y bajan sin sentido
mientras suenan sirenas y se aprestan soldados
equipados para una batalla que no existe,
los mismos policías de este cuento, llegan a la escuela
donde el cómplice del muchacho que acaba de morir,
con la pistola del padre en sus manos vírgenes,
manos que no han tocado todavía un seno de mujer,
se dispone a matar a otros adolescentes,
por la sola razón de que no lo veían cuando pasaba.
Se repite la historia de la alta azotea de Chicago y de otros guiones:
los policías lo conminan a que entregue el arma
y él los mira desde algún punto de su memoria,
desde la soledad del ignorado, desde el vacío existencial
inoculado por la época, y solo le repite a los agentes,
a la cámara que vive de su angustia, a los televidentes
que vemos con indiferencia criminal estas escenas:
“No puedo, este es mi día, por favor no lo arruinen,
yo solo quiero que me vean, yo solo quiero ser famoso”

25 y abril de 2020

UN PUÑAL EN LA TERNURA DE LA TIERRA. WALDO LEYVA PORTAL

Durante los próximos días publicaré varios textos del poeta cubano Waldo Leyva Portal, quien se desempeña en la actualidad como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en México. Comenzaré por estos dos poemas, estrechamente ligados a la ciudad de Santiago de Cuba y a su historia. Conozco a Waldo hace casi cincuenta años, y siempre ha sido un amigo leal, un intelectual inequívocamente revolucionario y un extraordinario poeta. En estos días de pesares, ocupaciones y pensamientos cercanos y distantes, nada mejor que darnos este abrazo al amparo de un atribulado, aunque optimista, ciervo herido. 

WALDO LEYVA

WALDO LEYVA PORTAL

PARA UNA DEFINICIÓN DE LA CIUDAD

Si encuentras alguna piedra
que no haya sido lanzada contra el enemigo.
Si descubres una calle
por donde no haya pasado nunca un héroe.
Si desde el Tívoli no se ve el mar.
Si descubres alguna ventana
que no se haya abierto nunca a las guitarras.
Si no encuentras ninguna puerta abierta
puedes decir entonces: que Santiago no existe.
 

POR FRANK

I
Frank nació en Santiago,
en la Ciudad,
un siete de diciembre.
Su padre era un pastor evangelista
que a los setenta años
se bañaba en el mar con los muchachos,
que detuvo un tranvía con el cuerpo
y le dijo a la muerte que ahora no,
que ya habrá tiempo después para esas cosas;
y entonces,
como la Ciudad estaba triste
y ya ni siquiera se oían los tambores,
se montó con un órgano en un camión
y se fue, por todas las calles de Santiago,
sin sombrero,
asustando con su bastón el aire,
llenando de música las plazas.
Supo entonces que a la Ciudad
se le habían muerto todos los héroes,
y fue a Doña Rosario y la tocó en el vientre
y Frank nació en Santiago, en la Ciudad,
un siete de diciembre.

II
Si hablas con Rosario
hallarás vivo al Señor País;
es un recuerdo, una secreta rebeldía,
una mano abriendo las ventanas
y ofreciendo el pecho como la casa más segura.
Todo es su consecuencia,
y todo llegó a Frank desde la cuna,
porque para el niño de cinco años
no hubo muerte,
su padre se lo bajó del hombro,
lo puso sobre la tierra,
lo empujó suavemente
y se sentó a la orilla del camino.

III
Por eso hablar de Frank,
del hijo del pastor,
del maestro,
del joven capitán que un día vistió
de comandante a la Ciudad,
y se fue con ella hecho un grito ronco por las calles
hasta el mar,
hasta más allá del mar
y las montañas.

Hablar de Frank,
del organista que una tarde cualquiera de Santiago
hizo su comunión con el heroísmo.

Hablar de Frank,
del poeta empujado hacia los techos de la Ciudad
por los sonidos de las balas del Moncada.

Hablar de Frank,
del jefe de acción y sabotaje
que recogía violetas en las calles
después de haber hecho que la muerte muriera otro
poquito.

Hablar de Frank
y luego de David
y siempre de Frank
es saber hasta dónde su padre y la Ciudad
le llenaron de fuego el corazón.

IV
Al entierro de Frank fue toda la Ciudad
habían clavado un puñal en la ternura de la tierra.


Hoy Frank es un país,
su corazón es un camino por donde andan los niños
con los ojos abiertos.

Hoy Frank es una Isla violenta
un surco
el canto de una semilla reventando la tierra;
porque Frank está ahí, encima de la muerte
montado sobre una muerte que sólo logró regarlo
por la Isla, convertirlo en escuelas,
repartirlo en la risa de los niños
que andan tocándole el corazón caliente todavía.
La muerte nos lo puso más cerca, más adentro;
ya no anda su cuerpo por las calles
pero el sonido de sus pasos golpea todas las puertas;
ya sus dedos no son una rebeldía sobre el órgano,
pero el mar está lleno de música
y en las tardes violentas de Santiago
se oye una melodía que nos hace abrirnos la camisa.
Ya sus pies no son una angustia sobre los techos,
pero aún están sonando las balas del Moncada
y Frank sigue naciendo de la Ciudad,
saliendo de las calles,
creciendo de los techos,
repartiendo el corazón
como único pan posible para matar la muerte.