DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 15 de mayo de 1895

MARTÍ 1Ilustración de Ernesto RancañoLa lluvia de la noche, el fango, el baño en el Contramaestre: la caricia del agua que corre: la seda del agua. A la tarde viene la guerrilla: que Masó anda por la Sabana, y nos lo buscan: traen un convoy, cogido en la Ratonera. Lo vacían a la puerta: lo reparte Bellito: vienen telas, que Bellito mide al brazo: tanto a la escolta,-tanto a Pacheco, el capitán del convoy, y la gente de Bellito,-tanto al Estado Mayor: velas, una pieza para la mujer de Rosalío, cebollas y ajos, y papas y aceitunas para Valentín.

Cuando llegó el convoy, allí, el primero Valentín, al pie, como diciendo, ansioso. Luego, la gente alrededor. A ellos, un galón de “vino de composición para tabaco”,- más vino dulce: Que el convoy de Bayamo sigue sin molestar a Baire, repartiendo raciones. Lleva once prácticos, y Francisco Diéguez entre ellos : “Pero él vendrá: él me ha escrito: lo que pasa es que en la fuerza teníamos a los bandidos que persiguió él, y no quiere venir, los bandidos de EL, Brujito, el muerto de Hato del Medio”.- Y no hay fuerzas alrededor con que salirle al convoy, que va con 500 hombres. Rabí,-dicen-atacó el tren de Cuba en San Luis, y quedó allá.-De Limbano hablamos, de sobremesa: y se recuerda su muerte, como la contó al práctico de Mayarí, que había acudido a salvarlo, y llegó tarde. Limbano iba con Mongo, ya deshecho, y llegó a casa de Gabriel Reyes, de mala mujer, a quien le había hecho mucho favor: le dio las monedas que llevaba; la mitad para su hijo de Limbano y para Gabriel la otra mitad, a que fuera a Cuba, a las diligencias de su salida y el hombre volvió, con la promesa de 2,000 pesos, que ganó envenenando a Limbano. Gabriel fue al puesto de la guardia civil, que vino, y disparó sobre el cadáver, para que apareciera muerto de ella. Gabriel vive en Cuba, acusado de todos los suyos: su ahijado le dijo: “Padrino, me voy del lado de usted, porque usted es muy infame”.-Artigas, al acostarnos pone grasa de puerco sin sal sobre una hoja de tomate, y me cubre la boca del nacido.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

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